Diario Vasco
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Visita del presidente de Portugal Bernardino Machado (1917).
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Ion Urrestarazu | 24-10-2017 | 23:23| 0

VISITA DEL PRESIDENTE PORTUGAL

BERNARDINO MACHADO

Hace 100 años de la visita del presidente de Portugal Bernardino Machado. A las 10 de la mañana, del 10 de octubre de 1917, llegó en tren especial a San Sebastián el presidente de la República de Portugal, Bernardino Machado, acompañado de su séquito.
“El presidente de Portugal en España don Bernardino Machado (1), jefe del estado portugués, al llegar a San Sebastián, en cuya estación fue recibido por nuestro monarca Alfonso XIII (2) y las autoridades”. Foto Ramón Alba. ABC.

LA LLEGADA 
A partir de las nueve y media de la mañana, comenzaron a llegar a la estación del Norte los coches y automóviles que conducían a las autoridades y personalidades invitadas al recibimiento del presidente Machado. Entre los presentes, se hallaban el ministro de Estado, marqués de Lema; el vicepresidente de la Diputación, Laffitte; el diputado provincial, Zulaica; el gobernador civil, conde de Artaza; el gobernador militar, Martínez Anido; el presidente de la Audiencia; el alcalde de San Sebastián Laffitte; el secretario de la delegación portuguesa; el director general de Seguridad, general La Barrera; el agregado militar de la embajada rusa; Paulino Caballero; Marqueze; el hijo del cónsul de Portugal—en representación de su padre—; el secretario del gobierno civil, Pastrana; el introductor de embajadores, Heredia; el ministro de Jornada, Palacios, varios agregados de las embajadas aliadas, muchas personalidades civiles y militares. También la prensa estuvo presente en el acto.
Se habían adoptado grandes medidas de seguridad—seguramente en prevención de sucesos como el intento de Huelga Revolucionaria ocurrido durante ese mismo verano—. En el interior de la estación había fuerzas de la Guardia civil y una compañía del regimiento de Sicilia, en traje de media gala, con bandera y música. No eran las únicas medidas de seguridad: en los extremos del puente María Cristina guardias civiles a caballo hacían guardia; mientras que en los alrededores de la estación fuerzas del Cuerpo de Seguridad acordonaban la zona.
A las diez menos cuarto, llegaría el capitán general de la región, marqués de Valtierra que, en seguida, revistó a las tropas allí presentes. Pocos minutos más tarde, también llegaría la comitiva de la Casa Real. El rey Alfonso XIII—vestido de capitán general, con casco—, venía acompañado del marqués de la Torrecilla, el marqués de Viana, el general Huertas y el coronel Querol. Una vez en el interior de la estación, el rey saludó a los allí presentes y revistó a la compañía del Regimiento de Sicilia. Alfonso XIII felicitó al capitán Saldaña, que mandaba la compañía, y al teniente coronel Enrique Masdeu Juliá, que mandaba dicho regimiento, “por el brillante estado en que se había presentado el piquete”. Hasta la llegada del tren, el monarca se entretuvo charlando con diferentes personalidades, en especial con el agregado militar ruso, vestido con el uniforme de capitán del ejército del Zar, y en advertir a las autoridades que les presentaría al presidente Machado, por lo que debían colocarse de acuerdo a su jerarquía.
A las diez, justo como se esperaba, llegó en tren especial del presidente de la República de Portugal, Bernardino Machado, acompañado de su séquito. Cuando entró en agujas, las fuerzas de Sicilia le rindieron honores y la banda interpretó el himno de Portugal. El presidente asomó la cara por una ventanilla y todas las personalidades presentes en el andén se descubrieron.
El presidente Machado descendió del vagón, sombrero en mano, y fue saludado efusivamente por el rey Alfonso. Luego, ambos pasaron a revistar la compañía del regimiento de Sicilia. Posteriormente, el presidente saludó a las autoridades españolas y a presentar a su séquito, entre los que destacaban: el presidente del consejo de ministros, Alfonso Costa; el ministro de Negocios Extranjeros, Soárez; el secretario general de la Presidencia, Barreto; el ministro de Portugal en España, Vasconcellos; el marqués de Gonzalvo, puesto a las órdenes del presidente para acompañarle durante su permanencia en España; el agregado militar español en Portugal, Almeida; el secretario particular de Alfonso Costa, Santos Taboada; Arturo Costa, hijo del Presidente del Consejo; D’Angelo Voz; el agregado militar español en Lisboa, el marqués de Camarena y varios periodistas y fotógrafos que les acompañaban. Tras las presentaciones, la compañía de Sicilia desfiló ante ellos, y, al pasar frente al presidente la bandera, Machado, que se hallaba descubierto, elevó su sombrero a modo de saludo.
Organizada en varios coches, la comitiva se trasladó al hotel María Cristina. Muchos curiosos presenciaron la escena. Una vez en el hotel, los portugueses se retiraron a sus habitaciones para cambiarse de ropa y descansar un poco. Mientras, el rey Alfonso, marchó al palacio de Miramar.
“El presidente Machado en San Sebastián. D. Bernardino Machado (1) con el presidente del consejo de ministros de Portugal, Alfonso Costa (2) y acompañamiento, ante el monumento de la reina doña María Cristina”. Foto Ramón Alba. ABC.

DE PASEO POR SAN SEBASTIÁN 
Hacia las once, el presidente Machado salió del hotel para darse un paseo por la ciudad—. Mientras salía, en la terraza, se encontró con un grupo de periodistas a los que saludó, y dijo: “He aquí al cuarto poder. Ustedes querrán que yo les diga alguna cosa. Pues deseo decirles que estoy sumamente complacido por las demostraciones afectuosas que he recibido desde que entré en España”. Confirmó que estaba satisfecho del viaje, pese a su brevedad, y que le agradaba que la entrevista con el rey Alfonso se hubiera realizado en San Sebastián, población que ya conocía y que le gustaba.
Tras charlar con los periodistas, montó en un coche de la Casa Real y se dispuso a dar una vuelta por la ciudad. En varios vehículos marchó la comitiva portuguesa, acompañada por el gobernador civil Artaza y el alcalde Laffitte. El primer lugar visitaron el parque de Alderdi-Eder, donde contemplaron el mar desde el voladizo y el ya desaparecido monumento del centenario. Según el diario “La Información”, elogiaron el monumento, en especial la también desaparecida estatua de la reina María Cristina. Luego se dirigieron al Paseo Nuevo, todavía en construcción, que también fue alabado y, luego, marcharon al monte Igueldo.
Mientras ascendían a Igueldo, se encontraron en la carretera con el rey Alfonso, que subía a pie acompañado de su secretario particular, Emilio de Torres. No le llegaron a saludar porque no le reconocieron.
Ya en Igueldo, Machado visitó las dependencias del Casino y admiró las vistas. En el restaurante, el alcalde Laffitte obsequió a todos los presentes con un lunch. Cabe destacar que, en el tema de la bebida, lo hicieron de la siguiente manera: los españoles tomaron Oporto y los portugueses bebieron Jerez. En el brindis, Machado levantó su copa haciendo votos por la prosperidad de ambas naciones y, cómo no, de la ciudad de San Sebastián, “su ciudad ideal”. El alcalde Laffitte, agradeció lo dicho y brindó, recíprocamente, por Portugal. Machado se despediría de Laffitte cordialmente, asegurándole que, cuando le fuese posible, a la vuelta de su viaje a Francia, volvería a San Sebastián a pasar “dos o tres días”.
Cuando la comitiva portuguesa iba a abandonar el monte, el introductor de embajadores Heredia les presentó a la marquesa de Lema, que estaba casualmente de paseo por la zona.
De Igueldo bajaron otra vez a San Sebastián, pasearon por la parte vieja, el boulevard, el paseo del árbol de Guernica y los alrededores de la Diputación. A eso de las doce regresaron al María Cristina, para volver a salir en automóvil a almorzar en el palacio de Miramar.
El presidente Machado en el monte Igueldo. Museu da Presidencia da República.
ALMUERZO EN MIRAMAR 
A la una del mediodía, el rey Alfonso obsequió a Machado con un almuerzo íntimo en el palacio de Miramar. No estuvieron solos, también estuvieron las reinas Victoria Eugenia y María Cristina; el presidente del Consejo, Alfonso Costa; ministro de Estado, marqués de Lema; ministro de Negocios Extranjeros, señor Soárez; secretario general de la Presidencia, Barreto. ministro de Portugal en España, señor Vasconcellos; el diplomático marqués de González, á las órdenes del Presidente, mientras su permanencia en España; introductor de embajadores, Emilio de Heredia; marqués de Viana; príncipe Pío de Saboya; ministro de Jornada, Palacios; marqués de la Torrecilla; jefe superior de Palacio, general Huertas; teniente coronel, marqués de Camarena, agregado militar de la Embajada en Lisboa; el secretario del rey, Emilio María Torres; coronel Querol; duquesa de San Carlos; la marquesa de Salamanca; el marqués de Castel-Rodrigo; los generales Huerta y Carranza, y otros invitados.
Hacia las tres, una vez terminado el almuerzo, que discurrió con cordialidad, la comitiva portuguesa se despidió de la familia real y marchó al hotel María Cristina, acompañados de los marqueses de González y Camarena y el introductor de embajadores Heredia, para prepararse para reanudar el viaje a Francia.
“El viaje del presidente Machado el jefe del estado portugués (1) y el presidente de su consejo de ministros (2), acompañados del ministro del estado español, Marqués de Lema (3), y el instructor de embajada, Marqués de Heredia (4), al salir del Hotel, en San Sebastián, para seguir su viaje a Francia”. Foto: Ramón Alba. ABC.
VIAJE A FRANCIA 
A las 15:30, tras cambiar de traje, se dispuso a partir para Francia la comitiva portuguesa. Machado se entretuvo algunos minutos en conversar con el marqués de Lema, mostrándole el agradecimiento por las atenciones recibidas durante la corta estancia en San Sebastián. En la terraza del hotel se despidió de los periodistas con una amable sonrisa y una inclinación de cabeza. En los alrededores del hotel se congregaron bastantes personas para despedirse del presidente. Tras esto, y en tres autos pertenecientes al palacio de Miramar, la comitiva marchó a Hendaya. Con ellos iba el gobernador civil, conde de Artaza, y el agregado militar de España en Lisboa, teniente coronel, marqués de Camarena.
Llegaron a Irún a eso de las cuatro menos cuarto, entraron por la entonces nueva Avenida de Francia, al final de la cual y a la entrada del puente sobre el Bidasoa, les esperaban para saludarles el alcalde de Irún, León Iruretagoyena; el primer teniente de alcalde, don Blas Echegoyen; el jefe de la Sección de Vigilancia gubernativa (policía), el capitán de la Guardia Civil y algunas personalidades más. El coche del presidente paró en medio del puente y de él se apeó el gobernador civil, el marqués de González y personal diplomático, que regresaron á San Sebastián. Tras esto, los vehículos cruzaron la frontera.
Una vez llegados a Hendaya, fueron recibidos por el general Debas, miembro del cuarto militar del presidente de Francia, Poincaré; un oficial de Marina; el prefecto y el subprefecto de Pau; el subprefecto de Bayona; el alcalde y el jefe de policía de Hendaya; el agregado militar de la embajada francesa en Lisboa, el embajador de Francia en Portugal, que vino desde París para acompañar al presidente; un hijo de Alfonso Costa, que era oficial del ejército expedicionario portugués; el cónsul general de Portugal en Bayona; el agente consular de Francia en Irún, Mr. Ramillon, y distintas personalidades, así como numeroso gentío. Una compañía de infantería del 49º regimiento de línea, con música, rindió honores al presidente Machado.
Tras los saludos, el presidente portugués se subió al tren presidencial, compuesto de cinco coches y enviado exprofeso por el presidente Poincaré. En el coche-salón, el presidente conversó con las autoridades francesas, mientras se disponía la salida del tren, el cual salió con 25 minutos de retraso, a causa del retraso del tren español que traía el equipaje. A las cuatro y media, el presidente de Portugal partió en tren especial hacia París, siendo ovacionado por los ciudadanos de Hendaya. El presidente Machado viajaría directamente hasta Verdún, donde se esperaba que llegase al día siguiente hacia las ocho de la mañana, y recorrería el frente de batalla acompañado de Alfonso Costa. El periplo por Francia iba a durar una media de quince días.
ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES:
  • Diario Vasco 1916-1919. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 2.
  • La Información: diario independiente. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Miércoles 10 de Octubre de 1917. Pág. 1.
  • ABC. Miércoles 10 de octubre de 1917. Págs. 11 y 12.
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Las hazañas de “Kiki”, “Benitin” y Brujalada (1927).
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Ion Urrestarazu | 06-10-2017 | 20:22| 0
Fotos policiales de Kiki, Benitín y Brujalada

Fotos policiales de Kiki, Benitín y Brujalada

Las hazañas de “Kiki”, “Benitin” y Brujalada  (1927).

UNA CARRERA METEÓRICA

Durante la noche del 21 al 22 de agosto de 1927, la fonda de la Estación del Norte de Irún fue robada. Unos ladrones entraron por una ventana, llevándose 1.000 pesetas en billetes y monedas de plata. Durante el resto del mes, los ladrones decidieron visitar Hendaya, cometiendo en la villa fronteriza dos robos. Uno fue realizado en el comercio llamado “Palacio de Cristal”, donde, con toda tranquilidad, se llevaron objetos por un valor estimado en 8.000 francos. Dos días más tarde, mediante el método de la palanca, harían lo propio en “Villa Merkiena”, en cuya planta baja, ocupada por dos comercios de importancia, robarían objetos de valor—entre ellos relojes y cadenas— por un valor que rondaba los 10.000 francos.

En la noche del 15 al 16 de septiembre, darían su mayor golpe. Nuevamente en Hendaya, asaltaron el comercio “L’Elegance”, sito en la plaza del mercado de Hendaya. Tras saltar la cerradura de la puerta con la palanca, con pasmosa tranquilidad, arramblaron, como suele decirse, con todo lo que no estaba sujeto al suelo. Se hicieron con un botín muy completito: Unos 2.000 francos en metálico y gran cantidad de objetos, entre los que destacaban alhajas diversas de oro de ley, estilográficas, gemelos de teatro, relojes y, además, varias prendas entre las que había camisas de seda, chalecos de punto, tres trincheras, un abrigo, pañuelos, etc. Según confesión del dueño del local, el valor de los objetos sustraídos rondarían entre los 36.000 y 50.000 francos.

Los ladrones cargaron el copioso botín en tres maletas que hallaron en “L’Elegance” y, con la misma tranquilidad con que robaron, pasaron la frontera subidos a un tren de mercancías con dirección a San Sebastián. De allí, en un automóvil de alquiler, marcharon a Bilbao. Llegados a la Villa, visitarían a un perista del barrio de Solokoetxe, que, a sabiendas de que lo que le ofrecían eran materiales robados, adquirió toda la mercancía a cambio de unas escasas 556 pesetas. Los ladrones, posiblemente descontentos por la escasa ganancia, volverían pronto a las andadas.

En la noche del 24 al 25 de septiembre, volvieron a actuar en Irún. En esta ocasión, colándose por una ventana, entraron en “Villa Larrañaga”, propiedad del entonces alcalde de Irún, Luis Larrañaga. De allí sólo pudieron sacar una estilográfica “Fiat”, cien sellos de correo de 25 céntimos y varios de otros valores, una navaja con cachas de nácar y algunos objetos más de escaso valor. Seguramente, viendo el escaso resultado obtenido, durante la misma noche decidieron improvisar otro golpe en la ciudad fronteriza.

La nueva víctima elegida fue el “Bar de la Frontera”, propiedad de Bautista Bergés. Tras el palanquetazo y asalto a la caja normativos, consiguieron 40 ptas. en calderilla y 15 en plata. Visto que el botín les pareció insuficiente, con total descaro se dieron un banquete con los géneros del local. Tras alegrarse el espíritu a base de pan y queso, rehogando todo ello con vino, dejaron como recuerdo de su “visita” una nota en la que afirmaban, con total recochineo, que “habían tenido mucho gusto en probar géneros tan excelentes”. Ahí no acabó la cosa.

Dice un dicho que con pan y vino se anda el camino, y nuestros protagonistas lo cumplieron. Esa misma madrugada, decidieron darse un paseo y visitar el “Stadium Gal”. Allí, en la caseta de jugadores, decidieron despachar dos botellitas de vino que se habían traído del bar junto con las tan necesarias copas. Tras agarrarse una buena melopea, y encontrar un balón, se pusieron a jugar al fútbol bajo la lluvia. Después de unos cuantos chutes, se retiraron a la tribuna de prensa a seguir bebiendo, donde quedarían para la posteridad, simétricamente alineadas sobre una mesa, las botellas y las copas.

Tras su última aventura, nuestros protagonistas desaparecen por un tiempo. Al parecer, se refugiaron en Bilbao, dedicándose, entre otras cosas a la juerga y a realizar algunos menesteres de su oficio. Pero, como suele decirse, la avaricia rompe el saco. Pronto tuvieron que salir de Bilbao y la cosa se torció aún más cuando volvieron a Guipúzcoa. En Rentería intentaron penetrar en el depósito de gasolina de la viuda de Londáiz, situado en la bifurcación de la carretera de Oyarzun. Allí, los serenos los sorprendieron infraganti y, tras echarles el alto y viendo que se resistían, los rechazaron a tiros. Huyendo por el campo como iban, uno de los ladrones acabó cayéndose por un barranco, resultando herido de escasa gravedad.

LOS CACOS: KIKI, BENITÍN Y BRUJALADA

Hagamos un alto para presentar a los, hasta ahora, desconocidos protagonistas de esta historia. Veamos quienes eran:

Serafín Vázquez González, alias “Kiki”, de 20 años de edad, natural de Celanova (Orense). Excorneta del regimiento de Sicilia, fue expulsado del mismo por conducta “depravada”. Dos años antes había sido detenido por un robo en el establecimiento “El Rey de los Impermeables” de Hendaya, siendo detenido en unión de otro delincuente llamado Azpiri. Cuando se hallaba preso en el cuartel de San Telmo, se evadió por el retrete., tras lo cual sería detenido como desertor. Le sirvió de abono para la menor responsabilidad de los delitos cometidos, el no haber cumplido diez y ocho años de edad.

Benito Fernández Michelena, alias “Benitín”, de 19 años —20, según otras fuentes—, era natural de Irún y de oficio mecánico.

Fernando Brujalada Ruiz, de 31 años —24, otras fuentes—, era natural de Jaca.

Los tres eran expertos en la materia del robo, y viejos conocidos de la policía.

LA INVESTIGACIÓN

Al principio, la policía estaba desconcertada a causa del número de robos. Tres agentes serían los encargados de la investigación: Mateo, Olave y Reales. A estos se les unirían dos policías procedentes de Bilbao—uno de ellos el inspector Vela—, que también buscaban a nuestros protagonistas por un robo sucedido en la Villa. Pero no sería hasta octubre, cuando obtendrían la primera pista fiable. En los partes de viajeros que llegaban al Gobierno civil, vieron que en un casa de huéspedes de Chominenea, propiedad de Agapito Díez —mezcla de bar, estanco y hospedería—, aparecían los nombres de tres individuos fichados: nuestros protagonistas. A partir de aquí, la cosa fue rodada.

El día 5 de octubre, con las debidas precauciones, los agentes se presentaron en Chominenea con la intención de darles caza; pero los “pájaros” habían volado. Sólo pudieron averiguar que la banda llevaba allí hospedada desde el día anterior. Al día siguiente, muy temprano, volverían a intentar nuevamente su captura, ya que tenían miedo de perderles la pista. Comprobaron que los delincuentes no habían pasado la noche en la casa de huéspedes; pero que sí habían estado en el bar-estanco hacía un momento. Los agentes consiguieron averiguar que la banda estaba reunida en el monte Ametsagaña, en un montículo cercano al camino del ya desaparecido Sanatorio, a unos 600 metros de la casa de huéspedes. Desde aquella posición, los ladrones podían ver todo lo que sucedía en torno al valle de Loyola. Así que a los policías no les quedó más remedio que intentar una nueva estrategia.

LA CAPTURA

En los cercanos Cuarteles de Loyola, los agentes se entrevistaron con el coronel Mateo, del regimiento de Sicilia, para pedirle que les prestasen algunos soldados. El coronel accedió, seguramente entusiasmado por lo curioso de la situación. Fueron tres los soldados escogidos para la misión: Tirso Aguado Alonso, Luis del Teso Gutiérrez y José Larrañaga Aspiazu.  La estrategia a seguir por éstos era sencilla: subir al monte, como dando un paseo, entrar en contacto con los ladrones y entretenerles hasta que la policía tomase posiciones para poder sorprenderlos y capturarlos. Así se hizo.

Los soldados se acercaron a los ladrones, que tendidos en la hierba, estaban a la expectativa. Los soldados se sentaron en el suelo, a cierta distancia, como ajenos a la presencia de la banda. Pasados unos minutos, los soldados saludaron a los ladrones, y trabaron conversación, empezando con una temática tan típica como “el tiempo”, para proseguir con otros temas, como los bailes de Loyola y Rentería o la vida militar. La conversación se fue animando, llegando a hablarse de mujeres y a fanfarronear sobre conquistas. Mientras, los agentes comenzaron a tomar posiciones.

Tras percatarse de la presencia de los policías, y que el encuentro con los soldados era una trampa, los cacos tomaron, cada uno por su lado, las de Villadiego. “Benitín” huyó monte arriba, siendo perseguido por el agente Reales y un soldado, dándole caza tras una larga persecución. Brujalada hizo lo propio, pero monte abajo, perseguido por el agente Mateo, los policías bilbaínos y otro soldado; terminaría siendo detenido en una bocacalle, tras haber conseguido cruzar el puente de Loyola. “Kiki” también huyó monte abajo y, justo cuando el agente Olave y el tercer soldado restante lo iban a capturar, se tiró, vestido como estaba, al Urumea; intentó cruzarlo a nado, pero no lo conseguiría, porque el agente Olave le amenazó con dispararle, consiguiendo así amedrentarlo y que deshiciera lo nadado. La pintoresca persecución llamó la atención de los loiolatarras, que desde las ventanas de sus casas admiraron el singular espectáculo, que debió resultar bastante cómico.

EL FINAL

Una vez detenidos y esposados, “Kiki”, “Benitín” y Brujalada fueron llevados en tranvía al Gobierno civil. Allí, los cacos confesaron con total tranquilidad todos los robos —incluido el realizado en Bilbao—, dando detalles que confirmaban su implicación. También se comprobó que los detenidos llevaban chalecos de punto robados en “L’Elegance”. El 7 de octubre, serían fotografiados para la ficha en el gabinete atropométrico, a cargo del agente Castellar; fotos que serían facilitadas a la prensa—y que acompañan al artículo—. Y, como era de esperar, nuestros protagonistas terminaron con sus huesos en la donostiarra  cárcel de Ondarreta.

Mientras, en Bilbao, el agente Vela detendría al perista de Solokoetxe, pudiendo recuperar varios objetos robados en “L’Elegance”, averiguando, además, que algunos objetos ya habían sido vendidos a algunos comerciantes de la villa.

ION URRESTARAZU PARADA

 

Almacenes "A L'Elegance", de Hendaya

Almacenes “A L’Elegance”, de Hendaya

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Batalla campal en Loyola (1922).
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Ion Urrestarazu | 12-10-2017 | 08:07| 0
Barrio de Loyola, a principios del siglo XX. Guregipuzkoa.

Batalla campal entre gallegos y navarros

en los Cuarteles de Loyola

En la tarde del 11 de octubre de 1922, en las obras de construcción de los Cuarteles de Loyola, comenzó una agria disputa entre los obreros allí presentes. Al principio, discutieron por cuestiones del oficio, pero pronto pasaron a mayores y saltaron a rivalidades étnicas.

Viendo lo que iba a ocurrir, los encargados de la obra corrieron en busca de la guardia rural, en un intento desesperado para poner orden en la escabechina que iba a suceder.

Los obreros, gallegos y navarros principalmente —parece que hubo también riojanos de por medio—, formaron bandos según patria y, para empeorar aún más las cosas, echaron mano de las herramientas de la obra para atizarse mutuamente. Azadas, palas y picos pasaron a convertirse en armas de guerra, y, así, la pelea comenzó.

Aquello habría terminado aún peor si los guardias no hubieran llegado a aparecer. Estos, no sin dificultades, pudieron poner orden entre la belicosa turba.

El resultado de la reyerta, por suerte, no llegó a ser tan grave como cabría esperar. Al parecer, sólo hubo dos heridos de consideración. Uno, Manuel Fernández, terminó con una fractura abierta en el tercio medio del cubito izquierdo—es decir, el antebrazo izquierdo—; el otro, Marino Goicoechea, acabó con una contusión con erosión en la región costal izquierda.

Pese a que en la pelea intervinieron más obreros, los agresores detenidos fueron: un navarro de Artajona, llamado Aniceto Guembre, el ya mentado Goicoechea y un gallego de Pontevedra, llamado Bernardino Camiña. Todos ellos fueron detenidos y conducidos al Gobierno Civil, en la calle Oquendo.

ION URRESTARAZU PARADA

(Donostiando)

FUENTES:

  • La Voz de Guipúzcoa. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Jueves 12 de Octubre de 1922.
  • La Tierra. Jueves 12 de Octubre de 1922.
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Cosacos en el Chofre (1927).
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Ion Urrestarazu | 06-10-2017 | 20:16| 0

 

Cosacos en el Chofre

Cosacos en el Chofre

 

Cosacos en el Chofre (1927).

Todo se aprestaba para una tarde de entretenimiento en la plaza de toros del Chofre. El programa no podía ser más llamativo: de primero una corrida con dos jovencísimos novilleros y de segundo cosacos acróbatas. El precio, además, era atractivo por su baratura —2,50 ptas. la sombra y 1 al sol—. Todo esto llamó la atención del público donostiarra, ávido de novedades y sensaciones fuertes. Veamos cómo se desarrolló el festival.

FESTIVAL DOBLE

La tarde del jueves 1 de septiembre de 1927, los donostiarras acudieron a la plaza de toros a disfrutar del festival. Pese a ser un día de trabajo, acudió gran número de personas, llegando a ocupar dos terceras partes de los tendidos y de las gradas. La que se preveía iba a ser una gran tarde empezó de manera bastante frustrante.

Los novilleros José García, “Maravilla”, y José Fuentes Bejarano, “Bejarano II” —ambos adolescentes—, acompañados de sus respectivas cuadrillas, les tocó despachar a cuatro novillos de la vacada de Manuel Santos. El espectáculo, sencillamente, no gustó. Los animales, mansos, preferían correr a dejarse torear —solo el tercero dio algo de emoción—. Mientras, los imberbes diestros poco pudieron hacer: “Maravilla” no acertaba con el estoque y “Bejarano II” fue cogido en varias ocasiones, siendo trasladado a la enfermería magullado. En definitiva, los bóvidos no estuvieron por la labor y la actuación de los toreros fue mediocre.

LOS COSACOS AL RESCATE

Por suerte, el público donostiarra pudo maravillarse con el “segundo plato” del festival: los famosos Cosacos Djiguites, especialistas en acrobacias ecuestres.

Estos veinticinco cosacos, provenientes del Don, habían servido como jefes y oficiales en la Guardia Imperial del Zar. Durante la Guerra Civil Rusa militaron en el Ejército Blanco y, tras ser derrotado dicho ejército y con los soviéticos ejerciendo una persecución sistemática hacia los cosacos, decidieron exiliarse y buscar trabajo como acróbatas, exhibiéndose en circos y festivales como el que nos acontece —precisamente, pocos meses antes habían actuado en la plaza de toros de Valencia—.

Durante su actuación en la plaza del Chofre, los avezados jinetes hicieron gala de la famosa destreza que les había hecho célebres. Junto a sus 20 formidables caballos ejecutaron volteos peligrosos, un trapecio a galope, una gran pirámide humana, saltos sobre las llamas, simulacros de avanzadas, retirada de muertos en combate…

El espectáculo encantó al público, que aplaudía con verdadero entusiasmo la ejecución de cada arriesgado número. Se puede decir que, tras el chasco de la primera parte, la tarde quedó “arreglada” gracias a los cosacos. No sería su última actuación en la capital.

LA SEGUNDA ACTUACIÓN

Según se anunciaba en prensa, los cosacos, “agradecidos a la amable acogida y generosa hospitalidad que les ha dispensado el noble pueblo donostiarra”, habían decidido dar un último espectáculo, a modo de despedida.

El jueves 9, aprovechando la festividad del día —Virgen de Aránzazu, patrona de Guipúzcoa—, y el asequible precio de las entradas, el público acudió a la plaza en mayor número que en la anterior ocasión. Nadie quería perderse la que sería la segunda y última actuación de los jinetes.

Los cosacos llevaron a cabo un espectáculo variadísimo y más completo que el del primer día, resultando todos los arriesgados números ecuestres aplaudidos con gran entusiasmo. Además, cantaron varias composiciones rusas “con gran afinación y maestría”.

Como era de esperar, el público donostiarra quedó satisfecho. Algunos, que ya habían acudido a la primera actuación, repitieron. Entre los curiosos que se acercaron a disfrutar del festival, destacó el conocido ilustrador Lagarde, que realizaría algunos bocetos que aparecerían posteriormente publicados en “La Voz de Guipúzcoa”.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

Los cosacos según Lagarde

Los cosacos según Lagarde

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Submarinos suecos en Pasajes (1927).
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Ion Urrestarazu | 06-09-2017 | 23:30| 0
Submarinos suecos en la bahía de Pasajes. Kutxateka.

LLEGADA A PASAJES
El 1 de septiembre de 1927, procedente del puerto francés de Cherburgo, arribó al puerto de Pasajes una escuadra de submarinos de la Armada de Suecia. No era una visita oficial, llevaban navegando 15 días, en misión de entrenamiento.
A eso de las once de la mañana, los submarinos emergieron frente a la boca de la bahía. Fueron avistados por el atalayero que, inmediatamente, dio aviso a los prácticos para que salieran en su busca.
El práctico Pedro Aranzabal, subió a bordo del “Uttern”—en el cual viajaba el jefe de la escuadrilla—, y guió el buque por el estrecho canal de la entrada de Pasajes. Tras él, siguieron el resto de submarinos, siendo instalados todos en el centro de la bahía y amarrados a boyas.
Tan pronto como recibieron la noticia de la llegada de los submarinos, los representantes suecos en San Sebastián, el cónsul Olof Ohlsson y el encargado de negocios Winqvist, fueron a entrevistarse con el comandante de la escuadrilla, conde de Hamilton, a bordo del Uttern, y saludar a los comandantes de los restantes submarinos.
Tras la visita protocolaria, los representantes suecos bajaron a tierra acompañados del conde Hamilton y del capitán de fragata Landqvist, y, juntos, fueron a saludar al comandante de Marina del Puerto de Pasajes, García de Caveda. Durante el día no hubo más visitas oficiales, a causa de la tardía llegada de los submarinos a puerto por causa de la niebla.
Popas de los submarinos, con el pabellón sueco izado. Kutxateka.
LOS SUBMARINOS
Pertenecientes a la Armada Sueca—Svenskan Marinen—, los submarinos pertenecían a dos modelos diferentes: clase “Hajen” y clase “Bävern“. Desplazaban en torno a 500 toneladas y, a juzgar a ojos de la prensa local, eran de los más modernos de su tiempo: “No son de gran tonelaje, pero el corte del casco es sumamente esbelto, por la proa erguida y la popa atenuada”, así los describe “La Voz de Guipúzcoa”.
Todos estaban pintados de color gris oscuro y, en las torres, resaltaba la gran letra inicial del nombre de cada submarino. En la proa, en letras mayúsculas, se podían leer sus nombres completos. En las popas, se podía distinguir, izado, el pabellón sueco.
Los nombres de los submarinos procedían de animales marinos, al parecer, costumbre de la Armada Sueca: “Uttern” (nutria), “Bävern”(castor), “Hajen” (tiburón) y “Valrossen” (foca).
La siguiente lista pueden ver los submarinos, los años de botadura y la clase a la que pertenecían:
  • HSWMS Uttern (1921). Clase Bävern.
  • HSWMS Bävern (1921). Clase Bävern.
  • HSWMS Hajen (1917). Clase Hajen.
  • HSWMS Valrossen (1918). Clase Hajen.
La tripulación de la escuadrilla se componía de 12 oficiales y 103 marineros, los cuales estaban en viaje de instrucción.
LOS MARINOS SUECOS EN SAN SEBASTIAN
El conde de Hamilton y Landqvist, marcharon junto con el cónsul Ohlsson, invitados a almorzar en el Hotel Continental por el encargado de negocios Winqvist. Mientras que el resto de la tripulación, tras desembarcar, se desperdigó por San Sebastián —un gran número de ellos acudió a ver una novillada en la plaza de toros del Chofre—.
Alguno que otro se perdió por el camino, como nos cuenta la prensa local. Dos marineros, a la una de la madrugada, serían detenidos en la calle General Echagüe por romper el cristal de un bar. Al no entenderse con el dueño — quizá por cuestiones idiomáticas—, fueron detenidos y llevados a la Comisaría de Vigilancia. Una vez allí, y gracias a las dotes de negociación los agentes, se llegó a un acuerdo con los marinos para que se aviniesen a pagar las ocho pesetas que debía de costar resolver el estropicio, quedando así en libertad.
Los periodistas también se hicieron eco de la satisfacción de los oficiales de los submarinos tras la visita a la capital. Así lo cuenta el diario “El País Vasco”:

[…] no creían haber hallado una ciudad tan bella como la nuestra al un espíritu tan cordial y tan hospitalario, aunque tenían referencias de la hidalguía española, que transciende a todos los países, a todos los continentes.

Primo de Rivera en el submarino Uttern. Kutxateka.
VISITAS OFICIALES
Al día siguiente, por la mañana, el conde Hamilton y el capitán Landqvist, acompañados siempre por el cónsul Ohlsson y el encargado de negocios Winqvist, visitaron a las autoridades.
A lo largo del día, los submarinos serían visitados por el público curioso y algunos personajes conocidos. Veamos.
Durante la mañana, tripulando una lancha gasolinera, el entonces príncipe de Asturias Alfonso de Borbón y el Infante Jaime, visitaron los submarinos. Posteriormente lo harían otros Infantes: Juan —abuelo del actual rey Felipe— y Gonzalo. Mientras que por la tarde, el dictador general Primo de Rivera —Presidente del Consejo de Ministros en aquel momento— haría lo propio, recibiendo a bordo los honores de ordenanza. Elogió “la perfecta disposición de los buques y de la pericia de las tripulaciones”. Y, allí, sobre el submarino Uttern fue fotografiado, como pueden ver.
Por la noche, el cónsul Ohlsson obsequió con una cena en el Hotel María Cristina al conde de Hamilton y al capitán Landqvist. A la cena acudieron el encargado de negocios, Winqvist; el comandante de Marina, Venancio Nardiz; el segundo comandante, Villegas; el alcalde de San Sebastián, Beguiristain, y el teniente de alcalde, Ibáñez. Durante la cena, que tuvo carácter de intimidad, se hicieron “fervientes votos por la prosperidad de ambos países amigos”.
LA DESPEDIDA
El domingo por la tarde, el conde de Hamilton, acompañado de los comandantes de los submarinos, del cónsul Ohlsson y del encargado Winqvist, visitó a las autoridades para despedirse de ellas y manifestó su agradecimiento por el trato recibido.
Al día siguiente, por la mañana, abandonaron el puerto de Pasajes con dirección a Bilbao, donde se aprovisionaron de combustible, aceite y engrases. Tras esto, zarparon con dirección al puerto británico de Cardiff, en viaje de retorno.
ION URRESTARAZU PARADA
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La bandera del grupo “Thaelmann” (1936).
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Ion Urrestarazu | 30-08-2017 | 15:31| 0
Los milicianos del grupo "Thaelmann" desfilando en San Sebastián con su nueva bandera. Foto Frente Popular.

Los milicianos del grupo “Thaelmann” desfilando en San Sebastián con su nueva bandera. Foto Frente Popular.

LA BANDERA DEL GRUPO “THAELMANN”

Hoy trataremos sobre la bandera del grupo de milicianos “Thaelmann” y la ceremonia de entrega realizada en la calle San Marcial de Donostia-San Sebastián el 30 de agosto de 1936. El siguiente artículo ha sido realizado siguiendo las escasas noticias de la única fuente disponible: el diario “Frente Popular”. También, se ha realizado una reconstrucción básica de la bandera, siguiendo la información hallada en la misma fuente.

INTRODUCCIÓN

Según el diario “Frente Popular”, la idea de entregar una bandera al grupo “Thaelmann” —perteneciente a las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) y vinculadas, a su vez, al Partido Comunista de España— partió de un grupo de “entusiastas leales”, a los que se unieron algunos vecinos de la calle San Marcial mediante suscripción popular.

El diario en ningún momento argumenta la razón por la cual los vecinos de dicha calle deciden dedicar una bandera a los milicianos. Una probable explicación sería que, apenas dos semanas antes de la entrega, el 13 de agosto de 1936, San Sebastián sufrió dos bombardeos aéreos. En el segundo, ocurrido durante la tarde, la calle San Marcial resultó ser la más castigada: en sus inmediaciones las bombas causaron, al menos, ocho muertos.

Sea como fuere, el grupo “Thaelmann”, tras combatir en el frente de Irún, marcharía el día 29 a San Sebastián para tomar parte en la entrega de la bandera y descansar unos días, con toda seguridad, en el hotel María Cristina, convertido en Cuartel General de Milicias.

LA CEREMONIA DE ENTREGA

El domingo 30, al mediodía, todo estaba dispuesto para dar comienzo a la ceremonia de entrega de la bandera. Al acto, que se realizaría con sencillez, acudió mucho público, que ocupaba los andenes y la calzada entre las calles de Easo y Urbieta.

Los milicianos del grupo “Thaelmann”, dirigidos por Agustín Zumalabe, formaron al final de la calle San Marcial, lugar donde se realizaría la ceremonia.

La madrina, “una bella y gentil señorita republicana” llamada Elvira Arregui, hizo la entrega de la bandera pronunciando un discurso en el que se elogiaba a los milicianos por su sacrificio y la participación de donantes y costureras en la manufactura del estandarte. El discurso terminó con vivas al grupo de milicianos, a los “proletarios del mundo unidos en lucha justiciera”, la libertad y la “República de los trabajadores”.

Los vivas, a los que se sumarían los aplausos, serían contestados tanto por los milicianos como por el público. Tras esto, Ramón Ulacia, como representante de los milicianos, pronunció un breve discurso en el que agradecía aquel obsequio y afirmaría que defenderían la bandera con “ardor” mientras sus “corazones proletarios” palpitasen y sus “pechos milicianos” alentasen. Terminó afirmando que volverían a San Sebastián con la bandera y, en caso de que esto no sucediese, es decir, en la derrota, solo sus “despojos” deberían esperar; nunca “el cuerpo vivo”. Como despedida, terminó con vivas a la libertad y la “España libre”.

Los presentes nuevamente respondieron con aplausos y vivas. Como acto final el grupo de milicianos comenzó a desfilar por las calles de San Sebastián, siendo nuevamente aplaudido y vitoreado.

Hipotético aspecto que podría tener la bandera. Diseño Ion Urrestarazu Parada.

Hipotético aspecto que podría tener la bandera. Diseño Ion Urrestarazu Parada.

LA BANDERA

Realizada por “muchachas entusiastas a la causa”, estaba realizada en raso rojo y artísticamente bordada con la siguiente inscripción: “La calle San Marcial al Grupo Thaelmann”. Además, llevaba bordada la estrella de cinco puntas y las siglas M.A.O.C.

En la actualidad, se desconoce si sobrevivió al conflicto o se conserva en alguna colección privada o museo.

ION URRESTARAZU PARADA

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Escuadrilla de inspección en Lasarte (1927)
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Ion Urrestarazu | 24-07-2017 | 08:25| 0

El comandante Zamarra y los capitanes González Marín, Bermúdez Reina y Soriano, posando en Lasarte. Foto Galardi.

ESCUADRILLA DE INSPECCIÓN EN LASARTE

 

LA ESCUADRILLA Nº 180

Como final al programa de enseñanza de las escuadrillas de instrucción de la Aeronáutica Militar, se decidió planificar una serie de viajes de reconocimiento con motivo de estudiar los diversos campos de aterrizaje de toda la península.

La escuadrilla nº 180 —con sede en Getafe— realizaría el recorrido Burgos-Vitoria-San Sebastián, con la misión de inspeccionar el aeródromo de Lasarte y efectuar un reconocimiento aéreo de la provincia de Guipúzcoa. Estaba compuesta de 3 aviones modelo “Havilland escuela” —variante del DH-9 y fabricada por Hispano-Suiza—, tripulados por los capitanes José Luis Bermúdez Reina (E-12), Pedro Pérez Marín (E-15), y Fernando Soriano (E-6), acompañados, respectivamente, de dos observadores mecánicos y del comandante de Estado Mayor Francisco Zamarra Agustín, al mando de la escuadrilla.

 

ACCIDENTADA LLEGADA A LASARTE

Tras elevarse a los cielos de Madrid el día 2 de julio de 1927, la escuadrilla tomó rumbo norte, realizando el recorrido por etapas. A San Sebastián llegarían el día 5, tras apenas cincuenta minutos de vuelo desde Vitoria. Hacia las diez y media de la mañana, los donostiarras pudieron ver cómo la ciudad era sobrevolada por tres biplanos que, tras hacer una breve pasada, se dirigieron a Lasarte.

Al sobrevolar Lasarte, los pilotos se llevaron una desagradable sorpresa: ¡no podían aterrizar! La “pista” se hallaba plagada de estacas. Los aviones evolucionaron reiteradamente sobre el aeródromo, hasta que varios vecinos acudieron rápidamente a desclavar las estacas del suelo.

Tan pronto como se retiraron los obstáculos, dos de los aparatos tomaron tierra a lo largo de la carretera. El tercero, pilotado por el capitán Soriano, mientras maniobraba para aterrizar, sufrió el percance de encontrarse de frente con un caballo —de los tantos que debía haber por allí pastando—, obligándole a remontar el vuelo.

 

Biplano E-6 estrellado en Villafranca. Foto Armesto.

 

MALAS IMPRESIONES

La opinión de los militares sobre el reconocimiento del aeródromo no pudo ser más negativa. El comandante Zamarra afirmó “que el aeródromo de Lasarte es deficientísimo, de los peores, si no el peor, de España”; y como experto en la materia explicó: “hay falta de campo; y es peligrosa la ascensión, a causa del arbolado y de una línea de alta tensión que por allí pasa“.

El asunto saltaría tanto a la prensa local como a la nacional. El Pueblo Vasco, calificándolo de “vergüenza”, critica el estado las instalaciones: “El hangar se halla desvencijado y con el techo medio destruído”; y también señala la razón de que hubiese caballos y estacas: al Ayuntamiento de San Sebastián no se le había ocurrido mejor idea que arrendar los terrenos del aeródromo para pastos.

Al margen de las críticas al bochornoso estado del aeródromo, estaban también las voces que clamaban sobre el futuro de la viabilidad económica del aeródromo. La aviación estaba de moda —unos meses antes Lindbergh había cruzado el Atlántico—, y ya era un vehículo de comercio y turismo. Francia estaba planeando convertir el aeródromo de Bayona en la escala del proyecto de la línea Madrid-París y los críticos exigían que Lasarte fuera esa escala, en lugar de Bayona.

Días más tarde —15 de julio— se trataría el tema del estado del aeródromo en el Ayuntamiento. También se hablaría sobre el asunto de la ruta Madrid-París… Pero, al final, la conclusión fue que el aeródromo no se repararía hasta que los “técnicos” confirmasen la utilidad del mismo para las empresas civiles o los militares.

 

Otra perspectiva del biplano estrellado. Foto Armesto

 

Y AÚN MÁS ACCIDENTADO VIAJE DE DESPEDIDA

El día 13, tras terminar las labores de inspección en la provincia, los pilotos retornaron a Lasarte y, una vez allí, comenzaron a realizar pruebas con los motores para preparar la salida. Al día siguiente, a las ocho y media de la mañana, despegaron para sobrevolar la provincia de Guipúzcoa y proseguir el viaje, cuyo siguiente destino, al parecer, era Valladolid.

Pasadas las nueve, el biplano E-6 sufrió una avería en el motor —a causa de una pérdida de agua en el radiador— y tomó tierra de manera aparatosa en la graja de “San Isidro”, en el término municipal de Villafranca, actual Ordizia. Los dos tripulantes, capitanes Fernando Soriano y Antonio García Vallejo —este último, antiguo miembro de la Aeronáutica Militar y oficial de Zapadores en San Sebastián, aprovechaba el viaje para ir a Valladolid—, no sufrieron daño alguno; el avión, sin embargo, sufrió desperfectos: la hélice quedó dañada. El avión quedaría allí para su reparación —esa misma tarde volvería Vallejo con un mecánico para arreglarlo— y los tripulantes serían llevados en automóvil a San Sebastián.

Una vez en la capital, a eso de las doce, los aviadores accidentados pudieron ver a sus compañeros sobrevolar la ciudad. La playa de la Concha estaba abarrotada de gente y los pilotos evolucionaron con sus aviones hasta casi tocar el agua, arrancando así la ovación del público, que les saludaba con los pañuelos. Los aviones dieron dos vueltas sobre la ciudad, sobrevolaron los montes Urgull y Ulía y, luego, giraron hacia Lasarte, para más tarde seguir rumbo oeste.

 

ION URRESTARAZU PARADA

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Una cruz en Ametzagaña (1942).
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Ion Urrestarazu | 17-06-2017 | 07:09| 0

Cruz en el parque de Ametzagaña. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

UNA CRUZ EN AMETZAGAÑA

75 AÑOS DE LA MUERTE DEL CENTINELA ARTERO

 

A la vera de una de las pistas del parque de Ametzagaña, hay una senda que conduce a una cruz de hormigón, oculta en la arboleda. En dicha cruz puede leerse la siguiente inscripción:

AL CENTINELA NICOLAS ARTERO GARCIA

MUERTO GLORIOSAMENTE Y EN ESTE

MISMO LUGAR EN ACTO DE SERVICIO

EL DIA

9

DE

JUNIO

DE

1942

R I P

En su día, nada pude averiguar sobre este hecho: en las hemerotecas, los diarios de época callaban al respecto. Años después, y gracias al archivo de la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola, pude tener acceso al informe pericial que recoge esta historia y que va a ser la única fuente disponible para este artículo.

Para hacer más comprensible el apartado médico, así como la autopsia, se ha contado con la inestimable ayuda de la técnico forense Sheila Sastre.

 

Acuartelamiento Loyola, en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.


 

LA NOCHE DEL 9 DE JUNIO DE 1942

A las 21:00, el cabo de ingenieros Rosendo García Navarro avanza por el terreno llamado “Campo de Pinos”, con la misión de relevar del puesto al centinela Nicolás Artero. El cabo descubre al soldado, tirado en el suelo y herido de bala; parece muerto. Alarmado, corre hasta el puesto de la Guardia de Prevención, en los cercanos Cuarteles de Loyola. Allí informa de lo sucedido y, en seguida, acudirán al lugar el teniente de guardia, Francisco Arbilla Espelocin, y dos soldados más. Al rato, también se presentará el teniente coronel, para ser informado de lo sucedido.

Tan pronto como el teniente coronel lo ordena, comienza la investigación. El juez instructor, capitán Gregorio Gil Diez, y el médico, capitán Enrique Acero Santamaría, acompañados de sus respectivos secretarios y dos soldados portando una camilla, subirán hasta el lugar de los hechos.

Una vez llegados allí, el juez Instructor comienza el reconocimiento. El cuerpo de Artero está tendido en el suelo, a unos tres metros de la garita. El fusil, que es hallado a una distancia similar, es examinado, hallándose en la recámara toda la munición, incluyendo el casquillo de la bala disparada.

El juez ordenó al capitán médico que procediese al reconocimiento del cadáver. La conclusión fue la siguiente: Artero presentaba una herida producida por arma de fuego “en la región pre-cordial, en quinto espacio intercostal izquierdo, un poco por dentro de la línea mamilar, con zona de tatuaje y orificio de salida al nivel del ángulo de la escapula del mismo lado”. Explicado más sencillamente: una herida de bala en el pecho —realizada a quemarropa—, bajo la tetilla izquierda, con salida por la zona dorsal izquierda.

Tras el reconocimiento, que apenas duró 30 minutos, el cuerpo fue llevado al depósito del Hospital Militar General Mola —actuales Juzgados de Atocha—, donde se le realizaría la autopsia al día siguiente. Todos los presentes en el reconocimiento fueron requeridos, con arreglo al Art.º 412 del Código de Justicia Militar, para que confirmasen si conocían al soldado Artero, declarando todos ellos desconocerlo.

Esa misma noche fue informado el juez municipal de San Sebastián, para solicitar el enterramiento del cadáver y su inscripción en el Registro Civil, notificando así la defunción.

 

Fusil Mauser modelo 1893 de la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

10 DE JUNIO, PROSIGUEN LAS DILIGENCIAS

Tras la llegada del cuerpo, los tenientes médicos Tomás Madrazo Beristain y Francisco López de Uralde Lazcano realizaron la autopsia.

“En cavidad torácica se aprecia: Orificio de entrada en región precordial por debajo de línea mamilar por herida de bala con gran tatuaje, intensa hemorragia en cavidad torácica izquierda con lesiones destructivas en lóbulo inferior, región hiliar, correspondientes todas éstas lesiones a la entrada del proyectil, orificio de salida entre 5ª y 6ª costillas región dorsal con fractura de las mismas. En pericardio contusión en la región correspondiente a punta de corazón, encontrándose en ésta ligera equímosis”.

La conclusión de los médicos fue que la muerte había sido a causa de la “hemorragia producida por la rotura de los vasos hiliares izquierdos”. Artero había muerto desangrado.

Para saber si el arma fue la causante del “accidente” —así consta en el informe—, se convoca al maestro armero del regimiento, José Riestra Rodríguez, al objeto de examinar el arma —un fusil Mauser modelo 1893—. Dictaminó que el arma estaba en buen estado y que solo pudo ser disparara apretando el gatillo, no creyéndose que hubiese podido hacerlo sola.

Viéndose que no quedaba claro cómo pudo ocurrir la tragedia, el juez pidió  documentación sobre Artero —seguramente barajó la teoría del suicidio—. Entre los documentos encargados se hallan la ficha personal y la “Hoja de Castigos”. Gracias a la primera sabemos que Nicolás Artero García era un joven de 22 años, natural de la provincia de Castellón, de oficio sastre y soltero; por la segunda, sabemos que fue arrestado el mes anterior a su muerte “por faltas en el Servicio”, siendo por ello depuesto del empleo de cabo y encerrado en el calabozo por espacio de un mes.

A lo largo del día también se sucederán varios interrogatorios. El teniente Francisco Arbilla, al cargo de la Guardia de Prevención, dará su versión sobre lo sucedido tras el descubrimiento del cadáver; el teniente Joaquín Santos del Castillo, al mando de la unidad de Artero, informará de las circunstancias del arresto de Artero y si le conocía; el soldado Tomás Cervera Corachen, amigo del Artero, será interrogado sobre el ánimo y situación económica del difunto. Todos ignoraban lo que pudo ocurrir aquella noche.

 

11 DE JUNIO, TERMINAN LAS DILIGENCIAS

El 11 de junio, a las 16:30, el soldado Nicolás Artero, de la 1ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 6, es enterrado en la parcela militar número cinco, quinto lugar. Al funeral, del que previamente se había informado al alcalde para su realización, solo se sabe que asistió el juez instructor.

Ese mismo día, tras recibir la lista de pertenencias del difunto y redactar el juez el informe, se darán por terminadas las diligencias. El caso sería archivado considerándose que el suceso “debió de producirse por imprudencia de la misma víctima”, o lo que es lo mismo: un “accidente”.

 

Lápida del soldado Artero en el cementerio de Polloe. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

¿ACCIDENTE, ASESINATO O SUICIDIO?

Como habrán podido leer en el artículo, el informe pericial concluye el asunto clasificándolo como un accidente. Tal catalogación me inquietó desde el principio. ¿No pudieron llegar a una conclusión más específica?

Releyendo el informe, y consultando con otros compañeros de aventura, llegamos a la conclusión de que el informe contenía algunas lagunas notables. Por ejemplo, el cabo Rosendo, que va a relevar a Artero de su puesto, va a solas, cuando la obligación —salvo raras excepciones— es hacerlo acompañado del centinela suplente. Otro, que es muy llamativo, es el detalle de que nadie escuchó el disparo. Disparo que, pese a ser realizado a quemarropa con un fusil, en una noche de verano como la de aquel 9 de junio, tendría que haberse escuchado, al menos, por parte de otros centinelas…

No contento con la conclusión del informe y viendo las lagunas que en él se hallaban, y que daban qué pensar, me decidí a realizar una serie de pruebas para intentar arrojar algo más de luz sobre el tema.

En la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola se conserva un ejemplar del mismo modelo de fusil presente en el suceso. Tras descolgarlo del expositor, comprobé primero la trayectoria del disparo señalada por los médicos en el informe; luego, procedí a poner a prueba las diferentes teorías, a saber: accidente, asesinato y suicidio.

La teoría del “accidente” fue rápidamente descartada. Por lógica —y teniendo en cuenta el peritaje del maestro armero—, nadie se apuntaría así mismo con un fusil y esperaría que éste, por su propia acción, se disparase solo. Por tanto, solo quedaba comprobar las teorías restantes. Y antes de profundizar en ambas teorías, quería puntualizar al lector una cuestión: esto es sólo un ejercicio teórico, con la información disponible no podemos confirmar que los supuestos hechos aquí analizados ocurrieran en realidad.

En torno a la hipótesis del asesinato, la conclusión fue que solo pudo haberse realizado de la siguiente manera: si un individuo apuntase el arma al esternón de la víctima y ésta, instintivamente, hubiese apartado el fusil hacia un lado sujetándolo por el cañón, en el preciso instante en el que el hipotético asesino apretaría el gatillo. El disparo, aparentemente, coincidiría con la herida citada en el informe. Pero como antes he dicho: sin más pruebas que el informe, la teoría del asesinato no tiene fundamento.

La teoría del suicidio es quizás la más plausible —personalmente es con la que me quedo—. Teniendo en cuenta la largura del arma —1,2 metros aproximadamente—, la única manera de acometer suicidio es la siguiente: tras apoyar la culata del fusil en el suelo y poner una rodilla en tierra, apoyado el pecho sobre en el cañón del arma —en el lugar de la herida—, se puede disparar el arma estirando el brazo para apretar el gatillo. Con el resultado de la pose, el fusil queda ligeramente ladeado, lo cual podría explicar las heridas resultantes.

¿Cuál podría ser la razón para el suicidio? No se sabe. Se puede pensar que estaría relacionado con la deposición del empleo de cabo y la estancia de un mes en el calabozo. Pero más allá de esto, sin más pruebas, la teoría del suicidio no se puede confirmar.

Tal vez, las autoridades militares no calificaron el suceso como suicidio al no encontrar pistas evidentes como una nota de despedida o un testimonio esclarecedor que pudieran dar pie a la conformación del mismo. Aunque también hay que tener en cuenta otro factor, como el de la época del suceso, en la que un suicidio era cosa censurable y más aún dentro del ejército, donde un hecho tal sería considerado como una mancha para la institución.

Al carecer de más fuentes a las que aferrarse, es difícil valorar lo que realmente pudo haber ocurrido aquella noche. Quizás, en el futuro, se pueda contar con algún testimonio de algún testigo de época o, quien sabe, de la propia familia del malogrado soldado. También queda pendiente saber cuándo o por quién fue erigida la cruz que hoy queda como silencioso testimonio de esta trágica historia.

 ION URRESTARAZU PARADA

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Jornada de puertas abiertas en el Acuartelamiento Loyola (2017).
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Ion Urrestarazu | 30-05-2017 | 09:00| 0

Exhibición de artes marciales. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

 

JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS EN EL ACUARTELAMIENTO LOYOLA

 

Como el año pasado, decidí visitar el “Acuartelamiento Loyola” —nombre oficial de los cuarteles—. Como habrán leído, el sábado visitaron el acuartelamiento unas 800 personas. Puedo dar fe de ello. Las tiendas, con el “menaje” militar expuesto, estaban repletas de curiosos; los pobres soldados no daban abasto atendiéndolos a todos. Lo mismo ocurría con los vehículos.

Para mi sorpresa, se habían preparado varias actividades novedosas. En el patio había una pequeña “pista americana” donde los niños competían en destreza, con entrega de premios incluida. También, desde los balcones que rodean la plaza, se habían dispuesto dos actividades que triunfaron entre el público más arriesgado: rápel y tirolina.

 

Pista americana para peques. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

En el centro del patio, cómo el año pasado, la banda de guerra tocó en varias ocasiones para ambientar la jornada. También se desarrolló la demostración cinológica —es decir, exhibición canina—. Pero, en esta ocasión, hubo también novedad: exhibición de defensa personal, en la que varios soldados hicieron gala de artes marciales en varios escenarios supuestos.

Hacia las 14:00 hubo convite para el público asistente. Los adultos pudieron disfrutar de la castrense paella y los “peques” de perritos calientes. Y yo aproveché la coyuntura para visitar la Sala Histórica.

 

Tirolina para grandes y pequeños. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

En apenas unos meses, la Sala Histórica ha sido corregida, enmendada y aumentada hasta rozar, en toda regla, el apelativo de “museo” con mayúsculas. La gente se ha volcado con las donaciones y préstamos, hasta el punto de que han tenido que ampliar y abrir salas nuevas. Una pieza destacada: la enorme maqueta del barco “Santísima Trinidad”, conocido como “el Escorial de los mares”, que, recientemente, ha sido restaurada.

El año pasado terminé el artículo con un “el próximo año más y mejor” y se ha cumplido. ¿Qué sorpresas nos deparará el Acuartelamiento Loyola en la próxima jornada de puertas abiertas? Hasta entonces toca esperar.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

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Y un avión cayó del cielo (1937).
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Ion Urrestarazu | 24-05-2017 | 05:30| 0

Avión derribado, en el puerto de Pasajes. Fotos UNIDAD.

 

Y UN AVIÓN CAYÓ DEL CIELO (1937).

 

24 de mayo de 1937. Unos pescadores faenan tranquilamente en su lancha, como cualquier otro día en la Zurriola, cerca de la punta de Monpás. De pronto, el rugido de un motor les hace dejar la tarea y alzar la vista al cielo. Es un avión de caza, el piloto les hace señas y parece que tiene problemas; el motor deja de sonar y poco después el avión ameriza aparatosamente. Los pescadores acercan su lancha al avión, del cual el piloto ha conseguido salir y subirse a uno de los planos. Es José Bastida Porras, piloto de las Fuerzas Aéreas de la República.

 

UN ARRIESGADO PLAN

Tras un fracasado primer intento de llegar al Frente Norte desde Francia para reforzar las variopintas fuerzas aéreas republicanas, desde la base aérea de Algete (Madrid) se decide intentar nuevamente el envío de refuerzos. El objetivo era hacer un vuelo directo, sobrevolando territorio enemigo, y aterrizar en el aeródromo de La Albericia (Cantabria).

El refuerzo estaba compuesto de una escuadrilla, formada a su vez de tres patrullas de modernos cazas biplanos Polikarkov I-15, conocidos como “Chatos” —armados de 4 ametralladoras y con capacidad para portar bombas—. El mando de la expedición se otorgó al teniente piloto José Riverola Grua —al parecer con escasa experiencia, según testimonio del piloto veterano Andrés García Lacalle—.

Al poco de despegar la escuadrilla comenzaron los problemas. Uno de los aviones, cruzando la sierra de Madrid, tuvo que volver por problemas en el motor. Por si fuera poco, el resto de la escuadrilla comenzó a desviarse del rumbo. Cosa que fue advertida por el jefe de una de las patrullas, Juan Comas Borrás, que tras intentar de manera infructuosa advertir al teniente Riverola de su error — o tal vez una avería en la brújula, según el propio Comas Borrás—, decidió coger su patrulla y tomar el rumbo correcto, dirigiéndose a La Albericia, a donde llegarían sin combustible y capotando uno de los aviones en el aterrizaje. El resto de la escuadrilla seguirá rumbo a Irún.

 

UN AVIÓN CAE EN SAN SEBASTIAN

La escuadrilla volaba con dirección a Irún… Y aquí, por desgracia, las fuentes consultadas discrepan en cuanto al rumbo seguido por la escuadrilla. Las más de las versiones nos dicen que la escuadrilla llega directamente a San Sebastián, sin más explicación. Mientras que la prensa sublevada habla de que, haciendo un largo rodeo, los aviones entran desde Francia. Veamos ésta versión de los hechos, al menos por curiosidad.

Según “La Voz de España”, único diario local que explica el recorrido de la escuadrilla —los demás, incluidos los partes oficiales, solo se quedan en el internamiento desde Francia—, los aviones se fueron desviando hasta Lérida, internándose en territorio francés para, más tarde, retornar a España por Hendaya —cosa que debió ocurrir hacia las 17:00, siempre según el diario—. Luego, sobrevolaron el monte Jaizkibel tomando rumbo a alta mar, al parecer, con la intención de evitar las batería antiaérea emplazada en Ulía y proseguir bordeando la costa con dirección a Bilbao. Sea como fuere, si esta versión es cierta o no, la escuadrilla terminó sobrevolando la costa donostiarra.

Una vez llegada la escuadrilla a San Sebastián, a la altura de Ulía, y sin haber hecho tiro la artillería antiaérea—ambos bandos lo confirman—, esta sufre una baja. Nuestro protagonista, José Bastida, comienza a tener problemas. Viéndose en la tesitura de que el avión se había quedado sin combustible y debía amerizar, hace unas señas con la mano —siempre según el testimonio de Bastida, recogido por García Lacalle— a unos pescadores, que faenaban con su lancha en las inmediaciones, para que le siguieran.

El avión capotó cerca de la punta de Monpás —otros afirman que lo hizo en la propia bahía de la Concha, incluido el propio Bastida— y, tras conseguir salir de la carlinga, se subió a un plano. El piloto fue recogido por los pescadores y llevado a tierra. Según la prensa sublevada, fue capturado por los artilleros de Monpás —después de “haber nadado rápidamente” hasta la orilla— y conducido a San Sebastián para ser entregado al Gobierno Militar donde, al parecer, fue interrogado. Tras esto, custodiado, es enviado a Vitoria. A partir de aquí se le pierde la pista, por un tiempo. No se preocupen, esta historia tiene final feliz.

Sobre el avión… No piensen que yace en el fondo del mar como un pecio olvidado. Si lo que nos cuenta la prensa sublevada es cierto —prensa que llega a vanagloriarse de que el susodicho fue derribado por cazas sublevados—, el avión fue rescatado del fondo marino inmediatamente tras el amerizaje, “batiendo un record” de 4 horas desde la extracción del aparato desde el fondo marino —unos 20 metros de profundidad— hasta su posterior traslado al puerto de Pasajes, donde sería fotografiado. Sobre cuál fue el destino de los restos no he hallado dato alguno.

A todo esto, el resto de la escuadrilla siguió en ruta, llegando hasta Lamiako (Vizcaya), donde otro avión capotaría al aterrizar. Tras la pertinente parada técnica, seguirían hasta La Albericia, en Santander, siendo derribado uno de los cazas por el camino, sobreviviendo el piloto, y reencontrándose con el resto de la escuadrilla, que ya les creían perdidos.

 

UN HOMBRE CON SUERTE

Nuestro protagonista, Juan Bastida Porras, recordemos, había caído en manos de las autoridades sublevadas. Tras tres meses de cautiverio, fue canjeado, junto con otros pilotos republicanos —el italo-yugoslavo Josip Križaj y el guatemalteco Manuel Gómez—, por unos pilotos italianos. Seguirá combatiendo el resto de la guerra hasta que la situación se haga insostenible, exiliándose primero a Francia y, luego, a México (1941), donde seguirá ejerciendo de piloto comercial y terminará dirigiendo la “Escuela de Aviación México”, la cual fue la más importante del país durante los años 60 y 70.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

FUENTES:

  • Buergo Troncoso, José Ramón. Pilotos Republicanos en México. México. Recuperado de: http://www.mexicanaviationhistory.com
  • Comas Borrás, Juan.  Diario de Juan Comas Borrás en la Guerra Civil Española de 1936 al 1939. AEROPLANO: Revista de Historia Aeronáutica. Año 2004. Nº 22.
  • Elejalde Aldama, Félix. La aviación en Guipúzcoa. Crónica y anécdotas: 1909-1996. Edit. Michelena. España. 1996.
  • García Lacalle, Andrés. Mitos y verdades de la aviación de caza en la guerra española. Edit. Oasis. México. 1973.
  • Saiz Cidoncha, Carlos. Aviación Republicana: Historia de las Fuerzas Aéreas de la República Española (1931-1939). Tomo II. Edit. Almena. España. 1999.
  • Salas Larrazabal, Jesús. Guerra Aérea 1936/39. Tomo II. Edit. Instituto de Historia y Cultura Aérea. España. 1998.

 

HEMEROTECA

  • El Diario Vasco. Martes, 25 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • El Diario Vasco. Miércoles, 26 de Mayo de 1937. Pág. 3.
  • El Diario Vasco. Jueves, 27 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • La voz de España. Martes, 25 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • Unidad. Martes, 25 de mayo de 1937. Pág. 1.
  • Unidad. Miércoles, 26 de mayo de 1937. Pág. 6.
  • Unidad. Sábado, 29 de mayo de 1937. Págs. 3 y 4.

 

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento