Diario Vasco
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Escuadrilla de inspección en Lasarte (1927)
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Ion Urrestarazu | 24-07-2017 | 08:25

El comandante Zamarra y los capitanes González Marín, Bermúdez Reina y Soriano, posando en Lasarte. Foto Galardi.

ESCUADRILLA DE INSPECCIÓN EN LASARTE

 

LA ESCUADRILLA Nº 180

Como final al programa de enseñanza de las escuadrillas de instrucción de la Aeronáutica Militar, se decidió planificar una serie de viajes de reconocimiento con motivo de estudiar los diversos campos de aterrizaje de toda la península.

La escuadrilla nº 180 —con sede en Getafe— realizaría el recorrido Burgos-Vitoria-San Sebastián, con la misión de inspeccionar el aeródromo de Lasarte y efectuar un reconocimiento aéreo de la provincia de Guipúzcoa. Estaba compuesta de 3 aviones modelo “Havilland escuela” —variante del DH-9 y fabricada por Hispano-Suiza—, tripulados por los capitanes José Luis Bermúdez Reina (E-12), Pedro Pérez Marín (E-15), y Fernando Soriano (E-6), acompañados, respectivamente, de dos observadores mecánicos y del comandante de Estado Mayor Francisco Zamarra Agustín, al mando de la escuadrilla.

 

ACCIDENTADA LLEGADA A LASARTE

Tras elevarse a los cielos de Madrid el día 2 de julio de 1927, la escuadrilla tomó rumbo norte, realizando el recorrido por etapas. A San Sebastián llegarían el día 5, tras apenas cincuenta minutos de vuelo desde Vitoria. Hacia las diez y media de la mañana, los donostiarras pudieron ver cómo la ciudad era sobrevolada por tres biplanos que, tras hacer una breve pasada, se dirigieron a Lasarte.

Al sobrevolar Lasarte, los pilotos se llevaron una desagradable sorpresa: ¡no podían aterrizar! La “pista” se hallaba plagada de estacas. Los aviones evolucionaron reiteradamente sobre el aeródromo, hasta que varios vecinos acudieron rápidamente a desclavar las estacas del suelo.

Tan pronto como se retiraron los obstáculos, dos de los aparatos tomaron tierra a lo largo de la carretera. El tercero, pilotado por el capitán Soriano, mientras maniobraba para aterrizar, sufrió el percance de encontrarse de frente con un caballo —de los tantos que debía haber por allí pastando—, obligándole a remontar el vuelo.

 

Biplano E-6 estrellado en Villafranca. Foto Armesto.

 

MALAS IMPRESIONES

La opinión de los militares sobre el reconocimiento del aeródromo no pudo ser más negativa. El comandante Zamarra afirmó “que el aeródromo de Lasarte es deficientísimo, de los peores, si no el peor, de España”; y como experto en la materia explicó: “hay falta de campo; y es peligrosa la ascensión, a causa del arbolado y de una línea de alta tensión que por allí pasa“.

El asunto saltaría tanto a la prensa local como a la nacional. El Pueblo Vasco, calificándolo de “vergüenza”, critica el estado las instalaciones: “El hangar se halla desvencijado y con el techo medio destruído”; y también señala la razón de que hubiese caballos y estacas: al Ayuntamiento de San Sebastián no se le había ocurrido mejor idea que arrendar los terrenos del aeródromo para pastos.

Al margen de las críticas al bochornoso estado del aeródromo, estaban también las voces que clamaban sobre el futuro de la viabilidad económica del aeródromo. La aviación estaba de moda —unos meses antes Lindbergh había cruzado el Atlántico—, y ya era un vehículo de comercio y turismo. Francia estaba planeando convertir el aeródromo de Bayona en la escala del proyecto de la línea Madrid-París y los críticos exigían que Lasarte fuera esa escala, en lugar de Bayona.

Días más tarde —15 de julio— se trataría el tema del estado del aeródromo en el Ayuntamiento. También se hablaría sobre el asunto de la ruta Madrid-París… Pero, al final, la conclusión fue que el aeródromo no se repararía hasta que los “técnicos” confirmasen la utilidad del mismo para las empresas civiles o los militares.

 

Otra perspectiva del biplano estrellado. Foto Armesto

 

Y AÚN MÁS ACCIDENTADO VIAJE DE DESPEDIDA

El día 13, tras terminar las labores de inspección en la provincia, los pilotos retornaron a Lasarte y, una vez allí, comenzaron a realizar pruebas con los motores para preparar la salida. Al día siguiente, a las ocho y media de la mañana, despegaron para sobrevolar la provincia de Guipúzcoa y proseguir el viaje, cuyo siguiente destino, al parecer, era Valladolid.

Pasadas las nueve, el biplano E-6 sufrió una avería en el motor —a causa de una pérdida de agua en el radiador— y tomó tierra de manera aparatosa en la graja de “San Isidro”, en el término municipal de Villafranca, actual Ordizia. Los dos tripulantes, capitanes Fernando Soriano y Antonio García Vallejo —este último, antiguo miembro de la Aeronáutica Militar y oficial de Zapadores en San Sebastián, aprovechaba el viaje para ir a Valladolid—, no sufrieron daño alguno; el avión, sin embargo, sufrió desperfectos: la hélice quedó dañada. El avión quedaría allí para su reparación —esa misma tarde volvería Vallejo con un mecánico para arreglarlo— y los tripulantes serían llevados en automóvil a San Sebastián.

Una vez en la capital, a eso de las doce, los aviadores accidentados pudieron ver a sus compañeros sobrevolar la ciudad. La playa de la Concha estaba abarrotada de gente y los pilotos evolucionaron con sus aviones hasta casi tocar el agua, arrancando así la ovación del público, que les saludaba con los pañuelos. Los aviones dieron dos vueltas sobre la ciudad, sobrevolaron los montes Urgull y Ulía y, luego, giraron hacia Lasarte, para más tarde seguir rumbo oeste.

 

ION URRESTARAZU PARADA

Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento