Diario Vasco
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Autor: iurresta
Una cruz en Ametzagaña (1942).
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Ion Urrestarazu | 17-06-2017 | 9:09| 0

Cruz en el parque de Ametzagaña. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

UNA CRUZ EN AMETZAGAÑA

75 AÑOS DE LA MUERTE DEL CENTINELA ARTERO

 

A la vera de una de las pistas del parque de Ametzagaña, hay una senda que conduce a una cruz de hormigón, oculta en la arboleda. En dicha cruz puede leerse la siguiente inscripción:

AL CENTINELA NICOLAS ARTERO GARCIA

MUERTO GLORIOSAMENTE Y EN ESTE

MISMO LUGAR EN ACTO DE SERVICIO

EL DIA

9

DE

JUNIO

DE

1942

R I P

En su día, nada pude averiguar sobre este hecho: en las hemerotecas, los diarios de época callaban al respecto. Años después, y gracias al archivo de la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola, pude tener acceso al informe pericial que recoge esta historia y que va a ser la única fuente disponible para este artículo.

Para hacer más comprensible el apartado médico, así como la autopsia, se ha contado con la inestimable ayuda de la técnico forense Sheila Sastre.

 

Acuartelamiento Loyola, en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.


 

LA NOCHE DEL 9 DE JUNIO DE 1942

A las 21:00, el cabo de ingenieros Rosendo García Navarro avanza por el terreno llamado “Campo de Pinos”, con la misión de relevar del puesto al centinela Nicolás Artero. El cabo descubre al soldado, tirado en el suelo y herido de bala; parece muerto. Alarmado, corre hasta el puesto de la Guardia de Prevención, en los cercanos Cuarteles de Loyola. Allí informa de lo sucedido y, en seguida, acudirán al lugar el teniente de guardia, Francisco Arbilla Espelocin, y dos soldados más. Al rato, también se presentará el teniente coronel, para ser informado de lo sucedido.

Tan pronto como el teniente coronel lo ordena, comienza la investigación. El juez instructor, capitán Gregorio Gil Diez, y el médico, capitán Enrique Acero Santamaría, acompañados de sus respectivos secretarios y dos soldados portando una camilla, subirán hasta el lugar de los hechos.

Una vez llegados allí, el juez Instructor comienza el reconocimiento. El cuerpo de Artero está tendido en el suelo, a unos tres metros de la garita. El fusil, que es hallado a una distancia similar, es examinado, hallándose en la recámara toda la munición, incluyendo el casquillo de la bala disparada.

El juez ordenó al capitán médico que procediese al reconocimiento del cadáver. La conclusión fue la siguiente: Artero presentaba una herida producida por arma de fuego “en la región pre-cordial, en quinto espacio intercostal izquierdo, un poco por dentro de la línea mamilar, con zona de tatuaje y orificio de salida al nivel del ángulo de la escapula del mismo lado”. Explicado más sencillamente: una herida de bala en el pecho —realizada a quemarropa—, bajo la tetilla izquierda, con salida por la zona dorsal izquierda.

Tras el reconocimiento, que apenas duró 30 minutos, el cuerpo fue llevado al depósito del Hospital Militar General Mola —actuales Juzgados de Atocha—, donde se le realizaría la autopsia al día siguiente. Todos los presentes en el reconocimiento fueron requeridos, con arreglo al Art.º 412 del Código de Justicia Militar, para que confirmasen si conocían al soldado Artero, declarando todos ellos desconocerlo.

Esa misma noche fue informado el juez municipal de San Sebastián, para solicitar el enterramiento del cadáver y su inscripción en el Registro Civil, notificando así la defunción.

 

Fusil Mauser modelo 1893 de la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

10 DE JUNIO, PROSIGUEN LAS DILIGENCIAS

Tras la llegada del cuerpo, los tenientes médicos Tomás Madrazo Beristain y Francisco López de Uralde Lazcano realizaron la autopsia.

“En cavidad torácica se aprecia: Orificio de entrada en región precordial por debajo de línea mamilar por herida de bala con gran tatuaje, intensa hemorragia en cavidad torácica izquierda con lesiones destructivas en lóbulo inferior, región hiliar, correspondientes todas éstas lesiones a la entrada del proyectil, orificio de salida entre 5ª y 6ª costillas región dorsal con fractura de las mismas. En pericardio contusión en la región correspondiente a punta de corazón, encontrándose en ésta ligera equímosis”.

La conclusión de los médicos fue que la muerte había sido a causa de la “hemorragia producida por la rotura de los vasos hiliares izquierdos”. Artero había muerto desangrado.

Para saber si el arma fue la causante del “accidente” —así consta en el informe—, se convoca al maestro armero del regimiento, José Riestra Rodríguez, al objeto de examinar el arma —un fusil Mauser modelo 1893—. Dictaminó que el arma estaba en buen estado y que solo pudo ser disparara apretando el gatillo, no creyéndose que hubiese podido hacerlo sola.

Viéndose que no quedaba claro cómo pudo ocurrir la tragedia, el juez pidió  documentación sobre Artero —seguramente barajó la teoría del suicidio—. Entre los documentos encargados se hallan la ficha personal y la “Hoja de Castigos”. Gracias a la primera sabemos que Nicolás Artero García era un joven de 22 años, natural de la provincia de Castellón, de oficio sastre y soltero; por la segunda, sabemos que fue arrestado el mes anterior a su muerte “por faltas en el Servicio”, siendo por ello depuesto del empleo de cabo y encerrado en el calabozo por espacio de un mes.

A lo largo del día también se sucederán varios interrogatorios. El teniente Francisco Arbilla, al cargo de la Guardia de Prevención, dará su versión sobre lo sucedido tras el descubrimiento del cadáver; el teniente Joaquín Santos del Castillo, al mando de la unidad de Artero, informará de las circunstancias del arresto de Artero y si le conocía; el soldado Tomás Cervera Corachen, amigo del Artero, será interrogado sobre el ánimo y situación económica del difunto. Todos ignoraban lo que pudo ocurrir aquella noche.

 

11 DE JUNIO, TERMINAN LAS DILIGENCIAS

El 11 de junio, a las 16:30, el soldado Nicolás Artero, de la 1ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 6, es enterrado en la parcela militar número cinco, quinto lugar. Al funeral, del que previamente se había informado al alcalde para su realización, solo se sabe que asistió el juez instructor.

Ese mismo día, tras recibir la lista de pertenencias del difunto y redactar el juez el informe, se darán por terminadas las diligencias. El caso sería archivado considerándose que el suceso “debió de producirse por imprudencia de la misma víctima”, o lo que es lo mismo: un “accidente”.

 

Lápida del soldado Artero en el cementerio de Polloe. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

¿ACCIDENTE, ASESINATO O SUICIDIO?

Como habrán podido leer en el artículo, el informe pericial concluye el asunto clasificándolo como un accidente. Tal catalogación me inquietó desde el principio. ¿No pudieron llegar a una conclusión más específica?

Releyendo el informe, y consultando con otros compañeros de aventura, llegamos a la conclusión de que el informe contenía algunas lagunas notables. Por ejemplo, el cabo Rosendo, que va a relevar a Artero de su puesto, va a solas, cuando la obligación —salvo raras excepciones— es hacerlo acompañado del centinela suplente. Otro, que es muy llamativo, es el detalle de que nadie escuchó el disparo. Disparo que, pese a ser realizado a quemarropa con un fusil, en una noche de verano como la de aquel 9 de junio, tendría que haberse escuchado, al menos, por parte de otros centinelas…

No contento con la conclusión del informe y viendo las lagunas que en él se hallaban, y que daban qué pensar, me decidí a realizar una serie de pruebas para intentar arrojar algo más de luz sobre el tema.

En la Sala Histórica del Acuartelamiento Loyola se conserva un ejemplar del mismo modelo de fusil presente en el suceso. Tras descolgarlo del expositor, comprobé primero la trayectoria del disparo señalada por los médicos en el informe; luego, procedí a poner a prueba las diferentes teorías, a saber: accidente, asesinato y suicidio.

La teoría del “accidente” fue rápidamente descartada. Por lógica —y teniendo en cuenta el peritaje del maestro armero—, nadie se apuntaría así mismo con un fusil y esperaría que éste, por su propia acción, se disparase solo. Por tanto, solo quedaba comprobar las teorías restantes. Y antes de profundizar en ambas teorías, quería puntualizar al lector una cuestión: esto es sólo un ejercicio teórico, con la información disponible no podemos confirmar que los supuestos hechos aquí analizados ocurrieran en realidad.

En torno a la hipótesis del asesinato, la conclusión fue que solo pudo haberse realizado de la siguiente manera: si un individuo apuntase el arma al esternón de la víctima y ésta, instintivamente, hubiese apartado el fusil hacia un lado sujetándolo por el cañón, en el preciso instante en el que el hipotético asesino apretaría el gatillo. El disparo, aparentemente, coincidiría con la herida citada en el informe. Pero como antes he dicho: sin más pruebas que el informe, la teoría del asesinato no tiene fundamento.

La teoría del suicidio es quizás la más plausible —personalmente es con la que me quedo—. Teniendo en cuenta la largura del arma —1,2 metros aproximadamente—, la única manera de acometer suicidio es la siguiente: tras apoyar la culata del fusil en el suelo y poner una rodilla en tierra, apoyado el pecho sobre en el cañón del arma —en el lugar de la herida—, se puede disparar el arma estirando el brazo para apretar el gatillo. Con el resultado de la pose, el fusil queda ligeramente ladeado, lo cual podría explicar las heridas resultantes.

¿Cuál podría ser la razón para el suicidio? No se sabe. Se puede pensar que estaría relacionado con la deposición del empleo de cabo y la estancia de un mes en el calabozo. Pero más allá de esto, sin más pruebas, la teoría del suicidio no se puede confirmar.

Tal vez, las autoridades militares no calificaron el suceso como suicidio al no encontrar pistas evidentes como una nota de despedida o un testimonio esclarecedor que pudieran dar pie a la conformación del mismo. Aunque también hay que tener en cuenta otro factor, como el de la época del suceso, en la que un suicidio era cosa censurable y más aún dentro del ejército, donde un hecho tal sería considerado como una mancha para la institución.

Al carecer de más fuentes a las que aferrarse, es difícil valorar lo que realmente pudo haber ocurrido aquella noche. Quizás, en el futuro, se pueda contar con algún testimonio de algún testigo de época o, quien sabe, de la propia familia del malogrado soldado. También queda pendiente saber cuándo o por quién fue erigida la cruz que hoy queda como silencioso testimonio de esta trágica historia.

 ION URRESTARAZU PARADA

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Jornada de puertas abiertas en el Acuartelamiento Loyola (2017).
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Ion Urrestarazu | 30-05-2017 | 11:00| 0

Exhibición de artes marciales. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

 

JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS EN EL ACUARTELAMIENTO LOYOLA

 

Como el año pasado, decidí visitar el “Acuartelamiento Loyola” —nombre oficial de los cuarteles—. Como habrán leído, el sábado visitaron el acuartelamiento unas 800 personas. Puedo dar fe de ello. Las tiendas, con el “menaje” militar expuesto, estaban repletas de curiosos; los pobres soldados no daban abasto atendiéndolos a todos. Lo mismo ocurría con los vehículos.

Para mi sorpresa, se habían preparado varias actividades novedosas. En el patio había una pequeña “pista americana” donde los niños competían en destreza, con entrega de premios incluida. También, desde los balcones que rodean la plaza, se habían dispuesto dos actividades que triunfaron entre el público más arriesgado: rápel y tirolina.

 

Pista americana para peques. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

En el centro del patio, cómo el año pasado, la banda de guerra tocó en varias ocasiones para ambientar la jornada. También se desarrolló la demostración cinológica —es decir, exhibición canina—. Pero, en esta ocasión, hubo también novedad: exhibición de defensa personal, en la que varios soldados hicieron gala de artes marciales en varios escenarios supuestos.

Hacia las 14:00 hubo convite para el público asistente. Los adultos pudieron disfrutar de la castrense paella y los “peques” de perritos calientes. Y yo aproveché la coyuntura para visitar la Sala Histórica.

 

Tirolina para grandes y pequeños. Foto Ion Urrestarazu Parada.

 

En apenas unos meses, la Sala Histórica ha sido corregida, enmendada y aumentada hasta rozar, en toda regla, el apelativo de “museo” con mayúsculas. La gente se ha volcado con las donaciones y préstamos, hasta el punto de que han tenido que ampliar y abrir salas nuevas. Una pieza destacada: la enorme maqueta del barco “Santísima Trinidad”, conocido como “el Escorial de los mares”, que, recientemente, ha sido restaurada.

El año pasado terminé el artículo con un “el próximo año más y mejor” y se ha cumplido. ¿Qué sorpresas nos deparará el Acuartelamiento Loyola en la próxima jornada de puertas abiertas? Hasta entonces toca esperar.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

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Y un avión cayó del cielo (1937).
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Ion Urrestarazu | 24-05-2017 | 7:30| 0

Avión derribado, en el puerto de Pasajes. Fotos UNIDAD.

 

Y UN AVIÓN CAYÓ DEL CIELO (1937).

 

24 de mayo de 1937. Unos pescadores faenan tranquilamente en su lancha, como cualquier otro día en la Zurriola, cerca de la punta de Monpás. De pronto, el rugido de un motor les hace dejar la tarea y alzar la vista al cielo. Es un avión de caza, el piloto les hace señas y parece que tiene problemas; el motor deja de sonar y poco después el avión ameriza aparatosamente. Los pescadores acercan su lancha al avión, del cual el piloto ha conseguido salir y subirse a uno de los planos. Es José Bastida Porras, piloto de las Fuerzas Aéreas de la República.

 

UN ARRIESGADO PLAN

Tras un fracasado primer intento de llegar al Frente Norte desde Francia para reforzar las variopintas fuerzas aéreas republicanas, desde la base aérea de Algete (Madrid) se decide intentar nuevamente el envío de refuerzos. El objetivo era hacer un vuelo directo, sobrevolando territorio enemigo, y aterrizar en el aeródromo de La Albericia (Cantabria).

El refuerzo estaba compuesto de una escuadrilla, formada a su vez de tres patrullas de modernos cazas biplanos Polikarkov I-15, conocidos como “Chatos” —armados de 4 ametralladoras y con capacidad para portar bombas—. El mando de la expedición se otorgó al teniente piloto José Riverola Grua —al parecer con escasa experiencia, según testimonio del piloto veterano Andrés García Lacalle—.

Al poco de despegar la escuadrilla comenzaron los problemas. Uno de los aviones, cruzando la sierra de Madrid, tuvo que volver por problemas en el motor. Por si fuera poco, el resto de la escuadrilla comenzó a desviarse del rumbo. Cosa que fue advertida por el jefe de una de las patrullas, Juan Comas Borrás, que tras intentar de manera infructuosa advertir al teniente Riverola de su error — o tal vez una avería en la brújula, según el propio Comas Borrás—, decidió coger su patrulla y tomar el rumbo correcto, dirigiéndose a La Albericia, a donde llegarían sin combustible y capotando uno de los aviones en el aterrizaje. El resto de la escuadrilla seguirá rumbo a Irún.

 

UN AVIÓN CAE EN SAN SEBASTIAN

La escuadrilla volaba con dirección a Irún… Y aquí, por desgracia, las fuentes consultadas discrepan en cuanto al rumbo seguido por la escuadrilla. Las más de las versiones nos dicen que la escuadrilla llega directamente a San Sebastián, sin más explicación. Mientras que la prensa sublevada habla de que, haciendo un largo rodeo, los aviones entran desde Francia. Veamos ésta versión de los hechos, al menos por curiosidad.

Según “La Voz de España”, único diario local que explica el recorrido de la escuadrilla —los demás, incluidos los partes oficiales, solo se quedan en el internamiento desde Francia—, los aviones se fueron desviando hasta Lérida, internándose en territorio francés para, más tarde, retornar a España por Hendaya —cosa que debió ocurrir hacia las 17:00, siempre según el diario—. Luego, sobrevolaron el monte Jaizkibel tomando rumbo a alta mar, al parecer, con la intención de evitar las batería antiaérea emplazada en Ulía y proseguir bordeando la costa con dirección a Bilbao. Sea como fuere, si esta versión es cierta o no, la escuadrilla terminó sobrevolando la costa donostiarra.

Una vez llegada la escuadrilla a San Sebastián, a la altura de Ulía, y sin haber hecho tiro la artillería antiaérea—ambos bandos lo confirman—, esta sufre una baja. Nuestro protagonista, José Bastida, comienza a tener problemas. Viéndose en la tesitura de que el avión se había quedado sin combustible y debía amerizar, hace unas señas con la mano —siempre según el testimonio de Bastida, recogido por García Lacalle— a unos pescadores, que faenaban con su lancha en las inmediaciones, para que le siguieran.

El avión capotó cerca de la punta de Monpás —otros afirman que lo hizo en la propia bahía de la Concha, incluido el propio Bastida— y, tras conseguir salir de la carlinga, se subió a un plano. El piloto fue recogido por los pescadores y llevado a tierra. Según la prensa sublevada, fue capturado por los artilleros de Monpás —después de “haber nadado rápidamente” hasta la orilla— y conducido a San Sebastián para ser entregado al Gobierno Militar donde, al parecer, fue interrogado. Tras esto, custodiado, es enviado a Vitoria. A partir de aquí se le pierde la pista, por un tiempo. No se preocupen, esta historia tiene final feliz.

Sobre el avión… No piensen que yace en el fondo del mar como un pecio olvidado. Si lo que nos cuenta la prensa sublevada es cierto —prensa que llega a vanagloriarse de que el susodicho fue derribado por cazas sublevados—, el avión fue rescatado del fondo marino inmediatamente tras el amerizaje, “batiendo un record” de 4 horas desde la extracción del aparato desde el fondo marino —unos 20 metros de profundidad— hasta su posterior traslado al puerto de Pasajes, donde sería fotografiado. Sobre cuál fue el destino de los restos no he hallado dato alguno.

A todo esto, el resto de la escuadrilla siguió en ruta, llegando hasta Lamiako (Vizcaya), donde otro avión capotaría al aterrizar. Tras la pertinente parada técnica, seguirían hasta La Albericia, en Santander, siendo derribado uno de los cazas por el camino, sobreviviendo el piloto, y reencontrándose con el resto de la escuadrilla, que ya les creían perdidos.

 

UN HOMBRE CON SUERTE

Nuestro protagonista, Juan Bastida Porras, recordemos, había caído en manos de las autoridades sublevadas. Tras tres meses de cautiverio, fue canjeado, junto con otros pilotos republicanos —el italo-yugoslavo Josip Križaj y el guatemalteco Manuel Gómez—, por unos pilotos italianos. Seguirá combatiendo el resto de la guerra hasta que la situación se haga insostenible, exiliándose primero a Francia y, luego, a México (1941), donde seguirá ejerciendo de piloto comercial y terminará dirigiendo la “Escuela de Aviación México”, la cual fue la más importante del país durante los años 60 y 70.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

FUENTES:

  • Buergo Troncoso, José Ramón. Pilotos Republicanos en México. México. Recuperado de: http://www.mexicanaviationhistory.com
  • Comas Borrás, Juan.  Diario de Juan Comas Borrás en la Guerra Civil Española de 1936 al 1939. AEROPLANO: Revista de Historia Aeronáutica. Año 2004. Nº 22.
  • Elejalde Aldama, Félix. La aviación en Guipúzcoa. Crónica y anécdotas: 1909-1996. Edit. Michelena. España. 1996.
  • García Lacalle, Andrés. Mitos y verdades de la aviación de caza en la guerra española. Edit. Oasis. México. 1973.
  • Saiz Cidoncha, Carlos. Aviación Republicana: Historia de las Fuerzas Aéreas de la República Española (1931-1939). Tomo II. Edit. Almena. España. 1999.
  • Salas Larrazabal, Jesús. Guerra Aérea 1936/39. Tomo II. Edit. Instituto de Historia y Cultura Aérea. España. 1998.

 

HEMEROTECA

  • El Diario Vasco. Martes, 25 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • El Diario Vasco. Miércoles, 26 de Mayo de 1937. Pág. 3.
  • El Diario Vasco. Jueves, 27 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • La voz de España. Martes, 25 de Mayo de 1937. Pág. 1.
  • Unidad. Martes, 25 de mayo de 1937. Pág. 1.
  • Unidad. Miércoles, 26 de mayo de 1937. Pág. 6.
  • Unidad. Sábado, 29 de mayo de 1937. Págs. 3 y 4.

 

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento