Diario Vasco
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Autor: miradasdeunpeaton_4057
Cosacos en el Chofre (1927).
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Ion Urrestarazu | 07-10-2017 | 10:00| 0

 

Cosacos en el Chofre

Cosacos en el Chofre

 

Cosacos en el Chofre (1927).

Todo se aprestaba para una tarde de entretenimiento en la plaza de toros del Chofre. El programa no podía ser más llamativo: de primero una corrida con dos jovencísimos novilleros y de segundo cosacos acróbatas. El precio, además, era atractivo por su baratura —2,50 ptas. la sombra y 1 al sol—. Todo esto llamó la atención del público donostiarra, ávido de novedades y sensaciones fuertes. Veamos cómo se desarrolló el festival.

FESTIVAL DOBLE

La tarde del jueves 1 de septiembre de 1927, los donostiarras acudieron a la plaza de toros a disfrutar del festival. Pese a ser un día de trabajo, acudió gran número de personas, llegando a ocupar dos terceras partes de los tendidos y de las gradas. La que se preveía iba a ser una gran tarde empezó de manera bastante frustrante.

Los novilleros José García, “Maravilla”, y José Fuentes Bejarano, “Bejarano II” —ambos adolescentes—, acompañados de sus respectivas cuadrillas, les tocó despachar a cuatro novillos de la vacada de Manuel Santos. El espectáculo, sencillamente, no gustó. Los animales, mansos, preferían correr a dejarse torear —solo el tercero dio algo de emoción—. Mientras, los imberbes diestros poco pudieron hacer: “Maravilla” no acertaba con el estoque y “Bejarano II” fue cogido en varias ocasiones, siendo trasladado a la enfermería magullado. En definitiva, los bóvidos no estuvieron por la labor y la actuación de los toreros fue mediocre.

LOS COSACOS AL RESCATE

Por suerte, el público donostiarra pudo maravillarse con el “segundo plato” del festival: los famosos Cosacos Djiguites, especialistas en acrobacias ecuestres.

Estos veinticinco cosacos, provenientes del Don, habían servido como jefes y oficiales en la Guardia Imperial del Zar. Durante la Guerra Civil Rusa militaron en el Ejército Blanco y, tras ser derrotado dicho ejército y con los soviéticos ejerciendo una persecución sistemática hacia los cosacos, decidieron exiliarse y buscar trabajo como acróbatas, exhibiéndose en circos y festivales como el que nos acontece —precisamente, pocos meses antes habían actuado en la plaza de toros de Valencia—.

Durante su actuación en la plaza del Chofre, los avezados jinetes hicieron gala de la famosa destreza que les había hecho célebres. Junto a sus 20 formidables caballos ejecutaron volteos peligrosos, un trapecio a galope, una gran pirámide humana, saltos sobre las llamas, simulacros de avanzadas, retirada de muertos en combate…

El espectáculo encantó al público, que aplaudía con verdadero entusiasmo la ejecución de cada arriesgado número. Se puede decir que, tras el chasco de la primera parte, la tarde quedó “arreglada” gracias a los cosacos. No sería su última actuación en la capital.

LA SEGUNDA ACTUACIÓN

Según se anunciaba en prensa, los cosacos, “agradecidos a la amable acogida y generosa hospitalidad que les ha dispensado el noble pueblo donostiarra”, habían decidido dar un último espectáculo, a modo de despedida.

El jueves 9, aprovechando la festividad del día —Virgen de Aránzazu, patrona de Guipúzcoa—, y el asequible precio de las entradas, el público acudió a la plaza en mayor número que en la anterior ocasión. Nadie quería perderse la que sería la segunda y última actuación de los jinetes.

Los cosacos llevaron a cabo un espectáculo variadísimo y más completo que el del primer día, resultando todos los arriesgados números ecuestres aplaudidos con gran entusiasmo. Además, cantaron varias composiciones rusas “con gran afinación y maestría”.

Como era de esperar, el público donostiarra quedó satisfecho. Algunos, que ya habían acudido a la primera actuación, repitieron. Entre los curiosos que se acercaron a disfrutar del festival, destacó el conocido ilustrador Lagarde, que realizaría algunos bocetos que aparecerían posteriormente publicados en “La Voz de Guipúzcoa”.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

Los cosacos según Lagarde

Los cosacos según Lagarde

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Submarinos suecos en Pasajes (1927).
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Ion Urrestarazu | 07-09-2017 | 9:30| 0

Submarinos suecos en la bahía de Pasajes. Kutxateka.

LLEGADA A PASAJES
El 1 de septiembre de 1927, procedente del puerto francés de Cherburgo, arribó al puerto de Pasajes una escuadra de submarinos de la Armada de Suecia. No era una visita oficial, llevaban navegando 15 días, en misión de entrenamiento.
A eso de las once de la mañana, los submarinos emergieron frente a la boca de la bahía. Fueron avistados por el atalayero que, inmediatamente, dio aviso a los prácticos para que salieran en su busca.
El práctico Pedro Aranzabal, subió a bordo del “Uttern”—en el cual viajaba el jefe de la escuadrilla—, y guió el buque por el estrecho canal de la entrada de Pasajes. Tras él, siguieron el resto de submarinos, siendo instalados todos en el centro de la bahía y amarrados a boyas.
Tan pronto como recibieron la noticia de la llegada de los submarinos, los representantes suecos en San Sebastián, el cónsul Olof Ohlsson y el encargado de negocios Winqvist, fueron a entrevistarse con el comandante de la escuadrilla, conde de Hamilton, a bordo del Uttern, y saludar a los comandantes de los restantes submarinos.
Tras la visita protocolaria, los representantes suecos bajaron a tierra acompañados del conde Hamilton y del capitán de fragata Landqvist, y, juntos, fueron a saludar al comandante de Marina del Puerto de Pasajes, García de Caveda. Durante el día no hubo más visitas oficiales, a causa de la tardía llegada de los submarinos a puerto por causa de la niebla.
Popas de los submarinos, con el pabellón sueco izado. Kutxateka.
LOS SUBMARINOS
Pertenecientes a la Armada Sueca—Svenskan Marinen—, los submarinos pertenecían a dos modelos diferentes: clase “Hajen” y clase “Bävern“. Desplazaban en torno a 500 toneladas y, a juzgar a ojos de la prensa local, eran de los más modernos de su tiempo: “No son de gran tonelaje, pero el corte del casco es sumamente esbelto, por la proa erguida y la popa atenuada”, así los describe “La Voz de Guipúzcoa”.
Todos estaban pintados de color gris oscuro y, en las torres, resaltaba la gran letra inicial del nombre de cada submarino. En la proa, en letras mayúsculas, se podían leer sus nombres completos. En las popas, se podía distinguir, izado, el pabellón sueco.
Los nombres de los submarinos procedían de animales marinos, al parecer, costumbre de la Armada Sueca: “Uttern” (nutria), “Bävern”(castor), “Hajen” (tiburón) y “Valrossen” (foca).
La siguiente lista pueden ver los submarinos, los años de botadura y la clase a la que pertenecían:
  • HSWMS Uttern (1921). Clase Bävern.
  • HSWMS Bävern (1921). Clase Bävern.
  • HSWMS Hajen (1917). Clase Hajen.
  • HSWMS Valrossen (1918). Clase Hajen.
La tripulación de la escuadrilla se componía de 12 oficiales y 103 marineros, los cuales estaban en viaje de instrucción.
LOS MARINOS SUECOS EN SAN SEBASTIAN
El conde de Hamilton y Landqvist, marcharon junto con el cónsul Ohlsson, invitados a almorzar en el Hotel Continental por el encargado de negocios Winqvist. Mientras que el resto de la tripulación, tras desembarcar, se desperdigó por San Sebastián —un gran número de ellos acudió a ver una novillada en la plaza de toros del Chofre—.
Alguno que otro se perdió por el camino, como nos cuenta la prensa local. Dos marineros, a la una de la madrugada, serían detenidos en la calle General Echagüe por romper el cristal de un bar. Al no entenderse con el dueño — quizá por cuestiones idiomáticas—, fueron detenidos y llevados a la Comisaría de Vigilancia. Una vez allí, y gracias a las dotes de negociación los agentes, se llegó a un acuerdo con los marinos para que se aviniesen a pagar las ocho pesetas que debía de costar resolver el estropicio, quedando así en libertad.
Los periodistas también se hicieron eco de la satisfacción de los oficiales de los submarinos tras la visita a la capital. Así lo cuenta el diario “El País Vasco”:

[…] no creían haber hallado una ciudad tan bella como la nuestra al un espíritu tan cordial y tan hospitalario, aunque tenían referencias de la hidalguía española, que transciende a todos los países, a todos los continentes.

Primo de Rivera en el submarino Uttern. Kutxateka.
VISITAS OFICIALES
Al día siguiente, por la mañana, el conde Hamilton y el capitán Landqvist, acompañados siempre por el cónsul Ohlsson y el encargado de negocios Winqvist, visitaron a las autoridades.
A lo largo del día, los submarinos serían visitados por el público curioso y algunos personajes conocidos. Veamos.
Durante la mañana, tripulando una lancha gasolinera, el entonces príncipe de Asturias Alfonso de Borbón y el Infante Jaime, visitaron los submarinos. Posteriormente lo harían otros Infantes: Juan —abuelo del actual rey Felipe— y Gonzalo. Mientras que por la tarde, el dictador general Primo de Rivera —Presidente del Consejo de Ministros en aquel momento— haría lo propio, recibiendo a bordo los honores de ordenanza. Elogió “la perfecta disposición de los buques y de la pericia de las tripulaciones”. Y, allí, sobre el submarino Uttern fue fotografiado, como pueden ver.
Por la noche, el cónsul Ohlsson obsequió con una cena en el Hotel María Cristina al conde de Hamilton y al capitán Landqvist. A la cena acudieron el encargado de negocios, Winqvist; el comandante de Marina, Venancio Nardiz; el segundo comandante, Villegas; el alcalde de San Sebastián, Beguiristain, y el teniente de alcalde, Ibáñez. Durante la cena, que tuvo carácter de intimidad, se hicieron “fervientes votos por la prosperidad de ambos países amigos”.
LA DESPEDIDA
El domingo por la tarde, el conde de Hamilton, acompañado de los comandantes de los submarinos, del cónsul Ohlsson y del encargado Winqvist, visitó a las autoridades para despedirse de ellas y manifestó su agradecimiento por el trato recibido.
Al día siguiente, por la mañana, abandonaron el puerto de Pasajes con dirección a Bilbao, donde se aprovisionaron de combustible, aceite y engrases. Tras esto, zarparon con dirección al puerto británico de Cardiff, en viaje de retorno.
ION URRESTARAZU PARADA

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La bandera del grupo “Thaelmann” (1936).
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Ion Urrestarazu | 02-09-2017 | 11:01| 0

Los milicianos del grupo "Thaelmann" desfilando en San Sebastián con su nueva bandera. Foto Frente Popular.

Los milicianos del grupo “Thaelmann” desfilando en San Sebastián con su nueva bandera. Foto Frente Popular.

LA BANDERA DEL GRUPO “THAELMANN”

Hoy trataremos sobre la bandera del grupo de milicianos “Thaelmann” y la ceremonia de entrega realizada en la calle San Marcial de Donostia-San Sebastián el 30 de agosto de 1936. El siguiente artículo ha sido realizado siguiendo las escasas noticias de la única fuente disponible: el diario “Frente Popular”. También, se ha realizado una reconstrucción básica de la bandera, siguiendo la información hallada en la misma fuente.

INTRODUCCIÓN

Según el diario “Frente Popular”, la idea de entregar una bandera al grupo “Thaelmann” —perteneciente a las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) y vinculadas, a su vez, al Partido Comunista de España— partió de un grupo de “entusiastas leales”, a los que se unieron algunos vecinos de la calle San Marcial mediante suscripción popular.

El diario en ningún momento argumenta la razón por la cual los vecinos de dicha calle deciden dedicar una bandera a los milicianos. Una probable explicación sería que, apenas dos semanas antes de la entrega, el 13 de agosto de 1936, San Sebastián sufrió dos bombardeos aéreos. En el segundo, ocurrido durante la tarde, la calle San Marcial resultó ser la más castigada: en sus inmediaciones las bombas causaron, al menos, ocho muertos.

Sea como fuere, el grupo “Thaelmann”, tras combatir en el frente de Irún, marcharía el día 29 a San Sebastián para tomar parte en la entrega de la bandera y descansar unos días, con toda seguridad, en el hotel María Cristina, convertido en Cuartel General de Milicias.

LA CEREMONIA DE ENTREGA

El domingo 30, al mediodía, todo estaba dispuesto para dar comienzo a la ceremonia de entrega de la bandera. Al acto, que se realizaría con sencillez, acudió mucho público, que ocupaba los andenes y la calzada entre las calles de Easo y Urbieta.

Los milicianos del grupo “Thaelmann”, dirigidos por Agustín Zumalabe, formaron al final de la calle San Marcial, lugar donde se realizaría la ceremonia.

La madrina, “una bella y gentil señorita republicana” llamada Elvira Arregui, hizo la entrega de la bandera pronunciando un discurso en el que se elogiaba a los milicianos por su sacrificio y la participación de donantes y costureras en la manufactura del estandarte. El discurso terminó con vivas al grupo de milicianos, a los “proletarios del mundo unidos en lucha justiciera”, la libertad y la “República de los trabajadores”.

Los vivas, a los que se sumarían los aplausos, serían contestados tanto por los milicianos como por el público. Tras esto, Ramón Ulacia, como representante de los milicianos, pronunció un breve discurso en el que agradecía aquel obsequio y afirmaría que defenderían la bandera con “ardor” mientras sus “corazones proletarios” palpitasen y sus “pechos milicianos” alentasen. Terminó afirmando que volverían a San Sebastián con la bandera y, en caso de que esto no sucediese, es decir, en la derrota, solo sus “despojos” deberían esperar; nunca “el cuerpo vivo”. Como despedida, terminó con vivas a la libertad y la “España libre”.

Los presentes nuevamente respondieron con aplausos y vivas. Como acto final el grupo de milicianos comenzó a desfilar por las calles de San Sebastián, siendo nuevamente aplaudido y vitoreado.

Hipotético aspecto que podría tener la bandera. Diseño Ion Urrestarazu Parada.

Hipotético aspecto que podría tener la bandera. Diseño Ion Urrestarazu Parada.

LA BANDERA

Realizada por “muchachas entusiastas a la causa”, estaba realizada en raso rojo y artísticamente bordada con la siguiente inscripción: “La calle San Marcial al Grupo Thaelmann”. Además, llevaba bordada la estrella de cinco puntas y las siglas M.A.O.C.

En la actualidad, se desconoce si sobrevivió al conflicto o se conserva en alguna colección privada o museo.

ION URRESTARAZU PARADA

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La fiesta de la infantería (1916).
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Ion Urrestarazu | 08-12-2016 | 12:00| 0

El gobernador militar Centaño, rodeado de autoridades militares y civiles, ante la iglesia de Santa María, el día 8. Foto Marín, Novedades.

 

LA FIESTA DE LA INFANTERÍA (1916)

 

En esta ocasión trataré sobre la festividad de la Inmaculada Concepción, fiesta del arma de infantería, y de su celebración en San Sebastián, en el año 1916, por el Regimiento Sicilia n.º 7, conocido como “El Valeroso”.

 

El PROGRAMA

Diseñado por una comisión presidida por el comandante José Mantilla, e impreso originalmente en la imprenta del regimiento, el programa fue entregado a los periodistas por el coronel del regimiento Sicilia n.º 7, Carlos Tuero O’Donell. El texto que viene a continuación es una reconstrucción a partir de la prensa local, la cual presenta pequeñas diferencias entre sí.

 

Regimiento Sicilia, n.º 7. Programa de los festejos que para solemnizar su Excelsa Patrona celebra el Regimiento los días 7, 8 y 9 de Diciembre de 1916.

Día 7.—A las siete de la mañana:

El disparo de cohetes y chupinazos, anunciará el principio de las grandes fiestas.
La Música y Banda del Regimiento, después de tocar la alegre Diana en el patio del cuartel, recorrerán las calles de las inmediaciones repitiéndola.

A las once de la mañana:

Gran concurso de “Presentación Personal”, adjudicándoseles siguientes

PREMIOS

1.º de diez pesetas; 2.º de cinco pesetas; 3.º de tres pesetas.

NOTA: Las clases y soldados que deseen tomar parte en este Certamen, se presentarán en el patio del cuartel en traje de kaki claro: el Jurado les indicará el traje en que deben presentarse, y entre los que lo hagan en menos tiempo, más aseados y mejor vestidos, serán distribuidos los premios.

2.º Concurso de “Tracción de la cuerda” por equipos de compañía.

PREMIOS

1.º UNA COPA para la compañía, y dos pesetas á cada uno de los que formen los equipos.

Nota.—Para ganar la copa en propiedad, es necesario haber obtenido el triunfo dos años. La copa está actualmente en poder de la 3.ª del 2.º, que la ganó el año pasado.

A las tres de la tarde:

Gran corrida de toros, en la que se lidiarán dos toros bravos de una acreditada ganadería navarra, que serán muertos á estoque por los afamados diestros Víctor Camino (Caminito) y Daniel Garrido (Danielin).

Cuadrilla de “Caminito”.—Banderilleros: Félix Ulecea (Lecumberri II), Alejandro Manzano (Camueso) y Pablo Pajarón (Pajarete).

Cuadrilla de “Danielin”.—Banderilleros: Antonio Rubio (Chatillo), Antonio Saltín (Antonete) y Pedro Herranz (Peré).

Picadores. —Vicente Arabengoa (Veneno) y Justo Minerales (Melones).

Puntillero: José Uría (Fulminante).

En el primer toro realizará la arriesgada suerte de Don Tancredo, Mauricio Batiz (Jeringa).

Se correrá además un novillo en el que los famosos y populares “Charlot” y “Llapisera” lucirán su extenso repertorio regocijante.

2.º Presentación de la gran Murga “Terremotera”, dirigida por el maestro concertador Terremoto.

3.º Grandes carreras en sacos, con premios en metálico.

4.º Presentación de la notable rondalla “Telmina”.

5.º Se quemará una gran colección de fuegos artificiales, de la afamada pirotécnica “Casa Espinós”.

6. Elevación de grandes Globos Grotescos.

A las ocho de la noche:

Gran retreta ejecutada por la Banda y Música.

Día 8.—A las siete de la mañana:

Gran diana lo mismo que el día anterior.

A las once y media de la mañana:

Misa en honor de la EXCELSA PATRONA en la Iglesia de Santa María.

A la una de la tarde:

Comida extraordinaria, con sujeción al siguiente menú:

Entremeses variados.—Tortilla a la española.—Salchichas.—Ragout.—Chuletas de cerdo con pimientos.—Tarta Bizcochela.—Vino, Café y Cigarros.

Día 9.—A las diez de la mañana:

Misa en la Iglesia de Santa María por el alma de los fallecidos del Arma durante el año.

A las tres de la tarde:

Interesante sesión de Cinematógrafo en el Teatro Victoria Eugenia para la fuerza del Regimiento, debido á la esplendidez del empresario don Federico Ferreirós.

Durante los tres días, la fachada del cuartel y patios inferiores, lucirán espléndida iluminación eléctrica y de faroles á la veneciana.

 

La lidia iba a ser dirigida por el, en aquel entonces famoso, torero vizcaíno Zacarías Lecumberri, que desinteresadamente se había ofrecido para tal misión.

Como el clima no acompañaba, se apuntó que, en caso de lluvia, se aplazarían los festejos para ser anunciados más tarde por medio de la prensa.

A los actos fueron invitadas tanto las autoridades como los periodistas de los diversos diarios locales, entre ellos: El Pueblo VascoLa Voz de GuipúzcoaLa ConstanciaDiario Vasco —el antiguo, no el actual— y La Información.

 

El gobernador militar Centaño rodeado de jefes y oficiales en el hall del Hotel Continental. Photo-Carte, La Información.

 

PRIMER DÍA (Día 7)

En el patio del cuartel de San Telmo todo estaba dispuesto. Los cohetes estallaron en el aire anunciando la fiesta, pero… el clima, como se preveía, empeoró. Por tanto, los festejos quedaron suspendidos hasta nueva orden. En caso de que mejorar el tiempo, se esperaba que en la tarde del día siguiente se efectuase la corrida de toros y demás actos.

El resto del día giró en torno al torero Zacarías Lecumberri —que había sido capitán de la marina mercante, luego pasó a ser torero y, con los años, volvió a la mar—. Recién llegado de Bilbao, se dispuso a inspeccionar el ganado y, luego, fue obsequiado en el cuarto de banderas por los jefes y oficiales del regimiento

A las 21:00, y al margen del programa de festejos, todos los jefes y oficiales de infantería que se encontraban en la ciudad, se reunieron para celebrar un gran banquete en el Hotel Continental. Acudieron 63 jefes y oficiales, y estuvo presidido por el gobernador militar, general Centaño, que había pertenecido al arma. He aquí el menú:

 

Hors d’Oeuvres.

Consommé Crout an Pot.

Supreme de Sole Dieppoise.

Granadins de Veau Glacés Nessebrad.

Chousfleurs Polonaise.

Perdreaux Roti Sur Canapes.

Salade Verte.

Bombe Roumanie.

Petits fours.

Fenits.

Café.—Licores.

 

Terminado el banquete, el teniente coronel Díaz se levantó y leyó una carta del coronel Tuero, ausente por enfermedad, y en la que se excusaba por su ausencia y se adhería a los vivas que acontecerían al final de la comida. Tampoco asistieron por enfermedad otros mandos, como el general Gómez Barbeno y el coronel de la Zona, Enrique de los Santos.

Con motivo del acto, el general Centaño envió dos telegramas. Uno fue dirigido al rey Alfonso XIII y, el otro, al coronel honorario del regimiento Sicilia, capitán general Primo de Rivera, marqués de Estella —tío de aquel otro Primo de Rivera que llegará a ser dictador en 1923—. He aquí los dos telegramas:

 

“8 Diciembre 1916.

Al capitán general marqués de Estella.

Reunidos jefes y oficiales infantería esta guarnición, bajo mi presidencia, en íntimo banquete celebración Patrona Arma, tengo honor, en nombre todos, ofrecer a V. E. homenaje nuestro respeto al Ilustre Coronel de este Regimiento Sicilia y Primer Veterano del Arma.”

“Al capitán general de la Región:

Reunidos jefes y oficiales Infantería esta guarnición, bajo mi presidencia, en íntimo banquete, celebración festividad Patrona Arma, tengo honor, en nombre de todos, presentar a V. E. homenaje nuestros respetos y rogarle exponga a S. M. el Rey testimonio nuestra inquebrantable lealtad y votos hacemos felicidad Real Familia.”

 

El acto se dio por terminado con los ya mencionados vivas —¡viva España! y ¡viva el rey!, respectivamente— y el agradecimiento del teniente coronel del Sicilia Rich Font, al gobernador militar por su asistencia.

 

 

Altar preparado para la ocasión en la iglesia de Santa María. Foto Marín, Novedades.

 

SEGUNDO DÍA (Día 8 )

A las 11:30, en la iglesia de Santa María, tocaba función religiosa dedicada a la Patrona. Había sido costeada por la Asociación de Señoras de la Purísima de la Infantería, presidida por Carlota Mallavia de Almarza. Al acto fueron también invitadas las autoridades civiles y los periodistas.

El regimiento acudió de gala, y en formación de desfile llegó al templo en este orden: A la cabeza marchaban ciclistas, seguidos por el coronel Tuero al frente del regimiento, acompañado de jefes y oficiales retirados que habían pertenecido a la unidad; tras éstos seguían los jefes y oficiales que por sus cargos no tenían puesto en formación, y por último, los dos batallones del regimiento Sicilia.

Al llegar al atrio de la iglesia, se hizo alto, y tras presentar las armas, el coronel se adelantó, tomó la bandera del regimiento y la entró al templo. Después, el regimiento desfiló ante el gobernador militar e invitados y entró al templo, formando en el centro. Como es de rigor, en lugar preferente se colocaron las autoridades civiles y militares. A parte de los militares e invitados, el público acudió en gran número, llenándose así las naves del templo.

Entre los invitados militares destacaban comisiones de los diferentes cuerpos de la guarnición de San Sebastián, jefes y oficiales con destino en la zona y otras dependencias; mientras que entre los invitados civiles, destacaban el alcalde en funciones, una representación de la audiencia, el delegado de hacienda, varios funcionarios y la prensa.

En el interior de la iglesia, a la izquierda del altar mayor, había otro altar profusamente decorado para la ocasión. Había sido preparado bajo la dirección del capitán Enrique de los Santos. La imagen de la Virgen estaba rodeada de flores, iluminada con velas y colocada sobre los pliegues de la bandera nacional; la escoltaban dos candelabros elaborados a base de fusiles y bayonetas.

La misa fue solemne. Desde el púlpito, el sermón, adecuado para la ocasión, fue predicado por el padre Vicente Alcorta, Superior de los Jesuitas y capellán del Regimiento. El diario La Información es el único que nos da luz sobre el contenido de la plática:

 

[…] Alcorta, pronunció una elocuentísima plática; comenzó por afirmar que, mientras en toda Europa se discutía aún en el siglo pasado el dogma de la Inmaculada, en España, y desde tiempo Inmemorial, el mendigo que solicitaba limosna, el niño al entrar en la escuela, los vecinos al saldarse, todos, en fin, empleaban la fórmula “Ave María Purísima”, a la que se replicaba “Sin pecado concebida”.

Combatió luego el P. Alcorta las teorías de racionalistas y sensualistas y opuso a sus argumentos la fuerza y la belleza simbolizadas en la Inmaculada. Afirmó que la lucha es antigua, tan antigua como el mundo, pues comenzó cuando, tentada Eva por la serpiente, fué ésta vencida por el poder divino de María.

“Hay, pues, que decidirse—continuó el ilustre orador sagrado— por María o por la serpiente”. En cuanto a la Infantería española, no es preciso preguntarle qué camino seguirá.

Terminó el P. Alcorta su notabilísima plática cantando las glorias de la valerosa Arma, instándola a seguir siempre poniéndose al amparo de María Inmaculada, y requiriendo a las madres españolas a que desde la infancia de sus hijos les inculquen el amor a la Reina de los cielos y tierra, con lo cual conseguirán venturas en ésta y en aquéllos dicha eterna.

 

En el momento de alzar sonó la Marcha Real y, al terminar la misa, los soldados cantaron, con acompañamiento de órgano, el antiguo himno del regimiento, compuesto por Julio Ochoa y Pablo Poblado, autores de la letra y la música, respectivamente:

 

¡Salve, salve, paladín de la victoria,

salve, excelso luchador,

que al archivo sacrosanto de la Historia,

has legado una herencia de honor!

Con la sangre de tus venas han ungido.

los laureles de tu sién,

VALEROSO la Patria te ha llamado,

en Lepanto, en Huesca y Bailén.

Para tejer los colores

escogió la Patria un día

de esta bandea gloriosa,

vida y muerte, cuna y fosa

del Ejército español,

escogió la Patria un día

como símbolos sagrados,

la sangre de sus soldados,

y el oro de nuestro sol.

¡Salve, Regimiento mío,

semilla de donde brota

el aliento del patriota,

que es aliento de la fé!

¡Salve a tu insigne bandera

donde yo he dejado impreso

todo mi amor en un beso

que jamás olvidaré!

¡Salve, salve, paladín de la victoria,

salve, excelso luchador,

que al archivo sacrosanto de la Historia

has legado una herencia de honor!

Con la sangre de tus venas has ungido

los laureles de tu sién.

VALEROSO la Patria te ha llamado,

en Lepanto, en Huesca y Bailén.

 

Después se cantó un himno dedicado a la Virgen. Los solos fueron cantados por el teniente Villanueva y el soldado Ángel Pérez —según otros José Pérez—, ambos del regimiento de Sicilia. Ángel Pérez, tenor del Orfeón Bilbaino, entonó una copla á la Virgen, resultando un espectáculo emocionante para los presentes.

Con el mismo ceremonial que en el momento de la entrada, se sacó la bandera del templo, tras la cual salió el regimiento, que, en columna de a cuatro, comenzó a desfilar al son de la banda regimental y el volteo de las campanas de Santa María. El regimiento desfiló ante el numeroso público, que se había reunido en los alrededores de la iglesia para ver el acto, y ante el gobernador militar, general Centaño, que, junto a su Estado Mayor, estaba situado frente al Gran Casino.

Hacia las 12:30, el regimiento llegó al cuartel para dar comienzo a la comida extraordinaria. A pesar del amplio comedor, hubo de habilitarse otra sala para dar cabida a los más de novecientos comensales que había entre invitados y soldados.

La tropa, pudo disfrutar del siguiente rancho extraordinario:

 

Chuletas de cerdo

Salchichas de cerdo

Estofado sabroso

Aceitunas como entremés

Postres, tartas,

Café, copa y cigarro.

 

Los suboficiales también hicieron lo propio en su propio comedor. Este fue el menú:

 

Merluza en salsa tártara

Paella a la valenciana

Pollos asados

Postres variados

Licores, vinos, café y cigarros.

 

Ambos banquetes fueron presididos por el coronel Tuero, donde fue aclamado, junto con los oficiales.

A primera hora de la tarde, comenzó a acudir al cuartel el numeroso público invitado, entre el que destacaban las “numerosas y bellas damas”. El mal tiempo dio un respiro y, a las 15:00, pudo comenzar la corrida de toros en la improvisada plaza que era el patio del cuartel. Ésta había sido acondicionada con tenidos, barreras y palcos.

Los dos novillos fueron toreados por Lecumberri —que dirigía la lidia— y el elenco de toreros y cuadrilleros amateurs: todos ellos reclutas del regimiento. Al parecer, según el diario El Liberal Guipuzcoano, los toros fueron embolados porque “eran de cuidado”. Se realizó la suerte de Don Tancredo y, también actuaron “Charlot” y “Llapisera”, expertos en “charlotadas”, o toreo cómico. El espectáculo fue amenizado por la banda regimental y el público lo disfrutó.

Zacarías Lecumberri, antes de que terminase la fiesta, fue obsequiado con un estuche que contenía una artística pitillera y fosforera de plata, con dedicatoria grabada en la primera, del regimiento de Sicilia.

Tras los toros, hubo baile amenizado por la misma banda regimental —dirigida por Manuel Aroca—. A esto le sucedieron los conciertos de la murga “Terremotera” y la rondalla “Telmina”.

Los siguiente fue la quema de fuegos artificiales de la casa Espinós, de la cual se conserva el programa:

 

1.ª Parte: “El Faro eléctrico” cambiando de color y con círculos de luces, terminando con una alegoría.

2.ª Parte: “Fuente Giratoria” adornada de luces y despidiendo balas de colores, con volcán al final.

3.ª Parte: “El Caracol” adornado de brillantes luces y final de fuegos dorados.

4.ª Parte: “Juego de una Corona” y una mariposa que gira a su alrededor, terminando con un círculo de estrellas.

5.ª Parte: “Linda copa de Venus”; adornada de luces y despidiendo al final un torbellino aéreo.

6.ª Parte: “La Ciudadela” despidiendo grupos de culebrillas y otros fuegos variados, terminando con un hermoso surtido giratorio.

7.ª Parte: “Cascada” fija con volcán a la cúspide y ruega intermitente al centro.

8.ª “Abanico Americano” de sorpresa con una rosa al pie, y transformándose al final de una espléndida alegoría.

 

Le siguió la elevación de “globos grotescos” y, a las 20:00, se ejecutó la retreta, “floreada”, por la Banda y Música del regimiento. Cuando anocheció del todo, se dio por acabada la fiesta y se tocó silencio.

Los invitados fueron obsequiados en el Cuarto de Banderas, con un lunch a base de pastas y jerez. Lecumberri, fue especialmente agasajado —se había negado a toda retribución por venir a torear—; el coronel Tuero, tras felicitarle, le hizo entrega de una caja de puros habanos.

 

 

El soldado Alarcia y el cabo Aramendía, ganadores del concurso de presentación personal. Photo-Carte, Novedades.

 

TERCER DÍA (Día 9)

A las 10:00, en la iglesia de Santa María, se realizó la misa de “Requiem” por el alma de los fallecidos del arma durante el año. Asistieron el gobernador militar, los jefes y oficiales de infantería residentes en la ciudad, las señoras de la Asociación de la Inmaculada —costeadoras de la misa— y la fuerza del regimiento, con su teniente coronel Rich Font al frente.

Una hora más tarde, a las 11:00, las tropas volvían al cuartel. Media hora después, y tras ser despachado el rancho matutino, en el patio del cuartel se celebraron los concursos que el día 7 habían sido suspendidos. Mientras, en el cuarto de banderas el gobernador militar había sido obsequiado por jefes y oficiales con un lunch.

Para no alargar más la cosa, citaré de manera esquemática los resultados de las dos únicas pruebas de las que nos ha quedado testimonio:

 

Concurso de tracción de la cuerda: Ganó el equipo de la 3.ª Cía., 1.º Bon.

Concurso de presentación personal: Primer premio: Soldado Aurelio Alarcia, de la 4.ª Cía., 2.º Bon. Segundo premio: Cabo José Aramendía, de la 1.ª Cía., 2.º Bon.

 

A parte de éstos premios, el gobernador militar premió, de su propio bolsillo, a los que tomaron parte en los diversos concursos.

A las pruebas le siguió la rondalla “Telmina”, que interpretó varios números e hizo las delicias de todos los presentes. Las fiestas de la mañana se dieron por terminadas tras un nuevo lanzamiento de globos grotescos.

A las 15:00, en el Teatro Victoria Eugenia, la fuerza del regimiento pudo disfrutar del último acto de las fiestas: la sesión de cinematógrafo, obsequio del empresario Federico Ferreirós. No sabemos los títulos de las películas, pero sí la temática de éstas: bélicas y cómicas.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

FUENTES:

  • El Pueblo Vasco. Miércoles 6 de Diciembre de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 7 de Diciembre de 1916. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 8 de Diciembre de 1916. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Jueves 7 de Diciembre de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Viernes 8 de Diciembre de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 2.
  • La Información: diario independiente. Jueves 7 de Diciembre de 1916. Pág. 1-2 y 4.
  • La Información: diario independiente. Viernes 8 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • La Información: diario independiente. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • La Información: diario independiente. Sábado 10 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Jueves 7 de Diciembre de 1916. Pág. 3
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • Diario Vasco 1916-1919. Jueves 7 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • Diario Vasco 1916-1919. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 1.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Sábado 9 de Diciembre de 1916. Pág. 2.

 

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Cuando Puertollano escaló la torre del Buen Pastor (1926).
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Ion Urrestarazu | 21-09-2016 | 9:57| 0

Tres imágenes de Puertollano escalando el Buen Pastor. Foto LVG.

 

Hace 90 años los donostiarras miraron hacia la torre del Buen Pastor. En lo más alto, un hombre colocaba una bandera. Había subido hasta allí sin más ayuda que la de sus propias manos. Aquel hombre era Miguel Puertollano, el “escalatorres”.

 

CUANDO PUERTOLLANO ESCALÓ LA TORRE DEL BUEN PASTOR

 

VIERNES 3: UN EXTRAÑO ESCALANDO LA TORRE DEL BUEN PASTOR

En torno a las ocho de la tarde del viernes 3 de septiembre de 1926, los donostiarras que paseaban por la plaza del Buen Pastor pudieron observar un espectáculo insólito: por la torre de la, entonces, iglesia, trepaba un hombre a mano desnuda.
Aquel espectáculo comenzó a atraer a numerosos espectadores que comenzaron a atestar las calles colindantes. Aquel hombre había escalado hasta la veleta y colocaba la bandera nacional, como si hubiese ascendido a la cumbre de una montaña. El rojo y gualda estará muy presente en esta historia. Eran tiempos de patriotismo exacerbado: dictadura de Primo de Rivera y la eterna guerra del Rif.
Aquel “hombre-araña” era el famoso Miguel Puertollano, hijo del también famoso escalatorres José Puertollano. Los Puertollano eran una familia de acróbatas circenses que, desde hacía tiempo, recorrían la geografía ibérica escalando las torres de las iglesias como espectáculo. El padre, José, había ganado gran fama escalando sin permiso la torre de la catedral de Santiago de Compostela en 1909. No hace falta decir que, Miguel, había heredado el “arte” de su padre. En Guipúzcoa, hacía poco tiempo habían escalado la iglesia parroquial de Elgoibar —entre el público asistente estuvo el Gobernador Civil—. Al final del artículo, en las fuentes, encontrarán links a otros artículos que recogen las peripecias de la familia Puertollano.
Durante la noche del mismo día que colocó la bandera, Puertollano, junto con su padre, se reunió con los periodistas para aclararles la razón de tal hecho y notificarles que el próximo lunes, volvería a escalar la torre para retirarla, ante la mirada de todo el público que acudiese a verlo. También anunció que entre la mañana o la tarde del domingo haría pruebas de entrenamiento, lo cual hacía prever que la plaza estuviese concurrida de espectadores.
En la reunión, los “escalatorres” explicaron, como expertos escaladores que eran, las dificultades que entrañaba el desafío, a saber: La torre del Buen Pastor —la cual mide aproximadamente 74 metros– era considerada difícil de escalar a causa de su moderna construcción, en la que apenas había puntos de apoyo, pues las cornisas eran tan inclinadas que impedían el descanso, haciendo que la ascensión resultase agotadora. Un diario —El Pueblo Vasco— añade que se colocarían puntos de apoyo para que Puertollano pudiese descansar y que el recorrido a seguir sería indicado con banderitas.

Debido a las dificultades, Miguel había decidido que lo mejor era comenzar la ascensión desde el reloj y no desde la base, siendo así más atractivo para el público; ya que, de lo contrario, la ascensión sería demasiado lenta a causa de los descansos. Si la escalada pudiese ser más interesante, repetiría la ascensión comenzando desde la base de la torre.

Evidentemente, la peligrosa aventura de trepar a la torre no era por puro alarde gratuito. Tras el espectáculo, se haría una cuestación entre los espectadores, de la que una buena parte del dinero recaudado sería destinado a una institución benéfica; el resto, se sobreentiende, sería para la familia Puertollano. El espectáculo no contó con el patrocinio de la Comisión de Fomento municipal, pero si el permiso de las autoridades para ser realizado, si bien lo de la cuestación estaba aun en negociaciones.
Retrato de Miguel Puertollano. LVG.

 

LUNES 6: PUERTOLLANO NO TREPA

El día había llegado, pero… Puertollano no escaló la torre. Según La Voz de Guipúzcoa,  “lo menos había cinco mil personas” reunidas en la plaza a la espera del acontecimiento. Aquel inmenso gentío se quedó con un palmo de narices. ¿Pero qué es lo que ocurrió?
A la noche, el “escalatorres” visitó la redacción de La Voz de Guipúzcoa —este diario aporta más datos sobre esta historia— para dar explicaciones y notificar al público el porqué del fiasco. Según Puertollano, el proceder del ayuntamiento pudo responder a “alguna mala interpretación”. También manifestó la proposición de intentar aclarar el asunto ante las autoridades y poder realizar su trabajo lo antes posible.
Sobre qué era aquella “mala interpretación” hay varias versiones. Según La Voz, ocurrió que dos horas antes del comienzo del espectáculo, Puertollano fue informado por la Alcaldía de que no le concedía permiso para trepar la torre con arreglo a lo que él “había solicitado desde un principio”. ¿Queda claro? No mucho. Otro diario —El País Vasco— comenta que no se le dió permiso para “verificar una cuestación pública”. Y quizás no solo fuese el tema de la cuestación: días más tarde, el 9, La Voz dirá que las autoridades, para evitar una desgracia, habían indicado que se colocase una cuerda a lo largo de la torre para “agarrarse a ella en el caso de que notase que cedía alguna piedra o cosa análoga que se hiciese comprender que iba a caer desde tan respetable altura”. Seguridad ante todo.
En los siguientes días, los diarios locales informarán sobre las novedades respecto a las gestiones de Puertollano y las probables fechas para celebrar la tan deseada escalada. Al final, se fijará una fecha: el viernes 10, a las seis de la tarde, Puertollano escalaría hasta la veleta de la iglesia del Buen Pastor.
“Miguel Puertollano, durante su arriesgadísima ascensión. (Foto Gueréquiz.)”. LVG.
VIERNES 10: PUERTOLLANO ESCALA EL BUEN PASTOR

El público acudió en masa para ver el espectáculo. La Voz de Guipúzcoa llegó a decir que se reunieron en torno al Buen Pastor “más de diez mil almas”. Sea como fuere, el público abarrotaba la plaza de la iglesia, las calles colindantes —desde la calle Loyola, la gente llegaba hasta la Avenida— y hasta asomaban por los balcones, ventanas y azoteas. Todos miraban ansiosamente la torre y, algunos, incluso, se habían provisto de prismáticos.

Entre el público destacaron dos miembros de la familia real. En la calle Loyola, entre la multitud, en un coche, estuvo el infante Gonzalo de Borbón. Mientras que su hermano, el príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón, en otro coche, estuvo en la calle Urbieta.

Como estaba previsto, a las seis en punto, a la altura del reloj, Puertollano hizo acto de presencia. Iba vestido con un pantalón blanco e iba en mangas de camisa —a juzgar por las fotografías, iba vestido “a la vasca”—. Tras saludar al público, éste estalló en un clamor ensordecedor. Ahora veamos cómo fue la ascensión.

Así lo relató La Voz de Guipúzcoa:

De un salto se colocó en la baranda, y a una señal de su padre, que se hallaba en la plaza, comenzó la ascensión, rápido, seguro y decidido, entre el asombro y los aplausos del público.

Con pasmosa tranquilidad ascendió el escalatorres, lo mismo por los grandes planos sin saliente alguno, que gateando por los adornos y la arista de la pirámide en que remata la torre.

Descansaba, saludaba al público, y seguía subiendo hasta llegar a la cúspide, de donde arrancan la veleta y el pararrayos, sobre la que ondeaba la bandera española, colocada por el mismo Puertollano.

Cuando se puso en pie, recostado sobre la varilla del pararrayos y saludó a la muchedumbre, ésta le tributó una gran ovación.

Después quitó la bandera, saludó con ella tremolándola, se mantuvo en un pie, y de corvas en los brazos de la cruz, se sostuvo boca abajo con una sola pierna e hizo una plancha pectoral como el más consumado gimnasta.

Había tardado cerca de 10 minutos en ascender hasta la veleta. En cambio, el descenso fue rápido y sin complicaciones: apenas duró 5 minutos. Una vez llegó hasta el reloj, bajó hasta la plaza deslizándose por medio de una cuerda, boca abajo. El público extasiado, acudió raudo, rodeando al “escalatorres” y llevándolo en volandas hasta su coche. Una vez montado en el vehículo, arrancó con dirección a su domicilio, siendo acompañado durante un gran trecho por el público, que le aplaudía incesantemente.

Mientras en el Buen Pastor todavía sucedía el espectaculo, varios autos adornados con banderas y pañuelos de Manila, recorrieron las calles y las plazas colindantes. En ellos, “lindas muchachas” —seguramente pertenecientes a la familia Puertollano—, armadas con cestillas, hacían la colecta prevista que, a juzgar por la prensa, debió de ser abundantísima, ya que “se llenaban rápidamente” a base de calderilla y monedas de plata.
Por cierto. Acabado el espectáculo, la gente se percató de un detalle: la bandera que Puertollano había prometido descolgar todavía seguía izada en la veleta. ¿Habría una segunda ascensión para quitarla? La habría.

Esa misma tarde, el padre de Miguel, José, pudo hablar con el príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón y Battenberg. El príncipe deseaba volver a ver el espectáculo, pues había llegado tarde y solo pudo presenciar el descenso de la torre. Tal vez fue promesa o simple cuestión de aprovechar el momento, pero, para el domingo Miguel Puertollano intentaría repetir su hazaña después de las regatas, “desde más abajo del reloj” y que el público recibirá una sorpresa “en agradecimiento al cariño con que ayer trataron al escalatorres, donostiarras y forasteros”. Solo necesitaban las respectivas autorizaciones civiles y eclesiásticas.

 

DOMINGO 12: APLAZAMIENTO

Pese a estar anunciado que para el domingo se celebraría una nueva ascensión, Puertollano tuvo que suspenderla hasta fecha indefinida. El aplazamiento se debió a la “prohibición” por causa de la aglomeración de público que se esperaba con motivo de las regatas de yolas y traineras, además de la corrida de toros de Beneficencia. Ya el día del espectáculo hubo problemas con la multitud: las fuerzas de Seguridad y la Guardia Municipal eran insuficientes para contener aquel gentío y, por si fuera poco, después de la ascensión, hubo peligro de aplastamiento, en especial de los niños, que “estuvieron expuestos a ser arrollados y pisoteados por la gente, que quería ver de cerca al escalador”.
Aunque también hay otra versión de la prohibición. Según El País Vasco, “debido a encontrarse algo cansado”, Puertollano aplazaba la escalada; pero, en compensación, avisó de que “se introduciría una “verdadera sorpresa para el público”.
Sea como fuere, la ascensión terminaría siendo anunciada para el viernes 17. Una vez más, la prensa le dará amplia cobertura, en especial por la probable asistencia de la familia real. Así lo afirma El País Vasco: “Esta ascensión tiene el aliciente de que será presenciada por los reyes, que acudirán al acto, como parece deducirse de un besalamano que los escalatorres han recibido del duque de Miranda.”
“Miguel Puertollano “posando” para nuestro fotógrafo en uno de los salientes de la iglesia del Buen Pastor. –El escalatorres saludando al público desde uno de los chapiteles, en los que se mantiene con una sorprendente serenidad (Foto Gueréquiz)”. LVG.

VIERNES 17: PUERTOLLANO VUELVE A ESCALAR EL BUEN PASTOR

Desde las once a la una del mediodía, la familia Puertollano —Miguel incluído— recorrió las calles anunciando el acto y prometiendo, como aliciente, la asistencia al espectáculo de las “personas reales” —cosa cierta, pues presenciaron la ascensión desde un coche— y, además, repartían tarjetas con el retrato de Miguel Puertollano.
En esta ocasión, tenemos la crónica hecha desde el interior del Buen Pastor, hasta donde se había trasladado el reportero de La Voz de Guipúzcoa. Así lo relata:

A las cinco y media van afluyendo puntos negros a las cercanías de la iglesia del buen Pastor. La plaza y la calle de Loyola desaparecen, tapadas por miles y miles de personas, que ensombrecen la vía con una nota oscura y vibrante. Los sombreros de paja y algunos trajes femeninos de colores chillones tiemblan en medio de la uniforme masa, que se amontona en las calles de Loyola y Hernani. En las calles transversales, el sol franjea de plata la cinta vibrante de la multitud.

Miguel Puertollano examina al público desde arriba, con una sonrisa. Conversa con una tranquilidad pasmosa, fumando un cigarrillo y bebiendo un vaso de cerveza. Por el interior de la torre escala hasta lo alto, llevando una cuerda. Cuando ha llegado al pararrayos nos la arroja, para que sujetemos a su extremo un cartelón, primero, y luego un hato, en el que van flores y palomas.

Miguel deposita los bultos en una de las aberturas de la encajería de la torre y desciende a saltos, con una agilidad pasmosa, simiesca…

El reportero aprovechó su privilegiada situación para interrogar a Puertollano:

Parece mentira decimos que ande usted con esa seguridad a estas alturas.

Qué quiere usted. Desde que nací escalo torres. Siendo una criatura de pecho, mi padre me subía en sus ascensiones a las torres, y así fuí acostumbrándome a las alturas. Nunca he conocido el vértigo, nunca he sentido la menor sensación de miedo al vacío…

Con el tañido de una de las campanas, que anunciaban las seis, la multitud “lanzó un rugido sordo”. Puertollano comenzó la ascensión. El público veía como un punto blanco iba ascendiendo por la torre. El propio reportero nos lo cuenta:

Desde lo alto se divisa un punto blanco que trepa rápidamente. Miguel Puertollano se agarra a las cornisas, se pega a las piedras y de dominación en dominación va acercándose a nosotros, que le esperamos arriba de la torre.

De pronto se detiene, salta de una piedra a otra, y un grito de angustia se escapa de la multitud, que sigue con emoción creciente la ascensión del maravilloso escalador de torres.
Puertollano sigue trepando con agilidad simiesca y llega a donde estamos esperándole, bebe un sorbo de gaseosa y nos muestra los codos despellejados y nos dice sonriente que ha temido durante un momento que le fallaran las fuerzas… 
Continúa la ascensión. Ya no podemos verle, pero todos sus movimiento se reflejan en la agitación de la masa humana, que contempla desde abajo la intrepidez de Puertollano. 
Puertollano tardó 11 minutos en llegar a la veleta. Allí comenzó a hacer varias acrobacias, ejercicios gimnásticos y equilibrios. Luego hizo llover pétalos de rosa y, tras esto, desplegó un cartel saludando a la familia real. Esto último hizo que el público estallara en aplausos. Después soltó unas palomas, en cuyas patitas iban atadas cintas con los colores de la bandera nacional. Como último acto, antes de comenzar el descenso, volvió a practicar varias acrobacias y ejercicios.

Mientras, como la vez anterior, las “lindas señoritas” —como anunciaba la prensa, supongo como aliciente—, ostentando brazaletes con los colores nacionales, postulaban entre el público. Además, repartían tarjetas dedicadas por los Puertollano “al pueblo de San Sebastián”. ¡Quien las pillara! —las tarjetas, se entiende—.

Puertollano descendió rápidamente y el público lo ovacionó con como a un héroe. El reportero de La Voz de Guipúzcoa nos los cuenta así:

Y cuando Puertollano da por terminada su proeza y llega con sus alpargatas nuevas destrozadas, cuando los espectadores le aclaman y levantan en vilo separándole de nosotros, dirigimos una mirada a la torre y vemos en lo alto la bandera y el cartel. ¿Prepara una nueva ascensión? ¿Lo habrá dejado para recuerdo de su hazaña?

Por desgracia, nos quedaremos con la duda. La prensa local no volverá a hablar de Puertollano ni de hasta cuando siguió izada la bandera en lo alto de la torre del Buen Pastor.

ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES:

HEMEROTECA:

  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 4 de Septiembre de 1926. Pág. 6.
  • La Voz de Guipúzcoa. Martes 7 de Septiembre de 1926. Pág. 14.
  • La Voz de Guipúzcoa.  Jueves 9 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 11 de Septiembre de 1926. Pág. 8.
  • La Voz de Guipúzcoa. Domingo 12 de Septiembre de 1926. Pág. 7.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 18 de Septiembre de 1926 Pág. 6.
  • El País Vasco. Martes 7 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • El País Vasco. Miércoles 8 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • El País Vasco. Viernes 10 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El País Vasco. Sábado 11 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El País Vasco. Domingo 12 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Viernes 17 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Sábado 18 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 4 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 17 de Septiembre de 1926. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 18 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
WEB:

  • García Mariano. 1922: Los hombres que escalaron la torre del Pilar. Blog Tinta de Hemeroteca. 19 de octubre de 2009. Link.
  • “Hombres Araña” en Mondoñedo. Blog Miscelánea Mindoniense. 3 de noviembre de 2010. Link.
  • Acróbatas y funánbulos. Blog García y Adell. Viernes, 25 de marzos de 2011. Link.
  • Escalatorres en Borja. Blog: Centro de Estudios Borjanos. Domingo, 12 de mayo de 2013. Link.
  • Salgado Fernando. El escalatorres Puertollano. La Voz de Galicia. 13 de diciembre de 2015. Link.
  • Jiménez-Muriel, David R. Spider-Man era granadino. Blog La Alacena de las Ideas. Martes, 5 de julio de 2016.Link.

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento