Diario Vasco
img
Autor: miradasdeunpeaton_4057
Los bombardeos navales de agosto (1936)
img
Ion Urrestarazu | 01-09-2016 | 11:04| 0

Mapa interactivo de los bombardeos navales de agosto de 1936. Donostiando.

 

Hoy trataremos sobre los bombardeos realizados por los buques sublevados —acorazado España y cruceroAlmirante Cervera— desde mediados a finales del mes de agosto de 1936, en el lado oriental de la costa de Guipúzcoa. Como en el caso del artículo sobre los bombardeos aéreos del 13 de agosto, se incluye un mapa interactivo para poder visualizar los efectos de los bombardeos. Si pulsan sobre la imágen de la cabecera podrán disfrutar de la experiencia. donde se localizaron los impactos.

 

LOS BOMBARDEOS NAVALES DE AGOSTO DE 1936.

(DÍAS 17, 18, 19, 22, 23, 24 Y 31). 

 

LOS PLANES

En la madrugada del martes 11 de agosto de 1936, a pocas millas del puerto de San Sebastián, los pescadores que habían salido a faenar se encontraron con la siniestra silueta de un barco de guerra. Vista la nave, los arrantzales dieron media vuelta sin haber podido faenar. Aquel barco era el Almirante Cervera y su presencia no auguraba nada bueno para San Sebastián y el resto de la costa guipuzcoana.

La flota sublevada había recibido la orden del jefe del Ejército del Norte, el general Emilio Mola, de bombardear los puertos de Bilbao, San Sebastián y Pasajes. La orden terminaba con la siguiente indicación:

… Desde Cabo Busto hasta el Bidasoa puede hacer fuego sobre la costa donde lo estime pertinente con el fin de sembrar el pánico entre los habitantes de aquella región…

Al margen de la explícita aclaración de Mola, el objetivo principal era apoyar el avance sublevado procedente de Navarra y “distraer” a las fuerzas republicanas.

El crucero Almirante Cervera. Foto Internet.

AMENAZAS SOBRE SAN SEBASTIÁN: 13 AL 15 DE AGOSTO.

El día 13 —día en que San Sebastián fue bombardeada desde el aire— apareció en el horizonte el crucero Almirante Cervera. Pronto, Radio San Sebastián, en manos del Frente Popular, denunció la presencia del “barco pirata” —apelativo desdeñoso usado por ambos bandos para con los buques del contrario— frente a la bahía. Según el periodista G. L. Steer, desde el buque sublevado se lanzó un ultimátum contra la ciudad buscando la rendición. Dicho ultimátum expiraba a media noche. Evidentemente, la respuesta enviada por las autoridades no fue otra que, si atacaba, habría represalias contra los presos sublevados.

En torno a los días 14 y 15 —no está claro— (Steer dice el 14; Pardo San Gil el 15), se presentó el acorazado España. Tanto Pardo San Gil como G.L. Steer coinciden en que, acompañando al acorazado, vino el destructor Velasco. Otro que también confirma su presencia, pero sin concretar fechas, es el periodista Manuel Chiapuso. Y, mientras, el diario Frente Popular sólo hablará del Cervera y del España. Sea como fuere, el Velasco aparecerá el día 16 bombardeando la costa vizcaína, para luego retirarse a la base de El Ferrol, en poder de los sublevados.

El juego del ultimátum comenzado días atrás por el Cervera volverá a sucederse y —siempre según Steer— el teniente de carabineros Ortega, ya Gobernador Civil de Guipúzcoa, amenazó con fusilar a “cinco prisioneros por cada víctima de los bombardeos navales o aéreos”. El “juego” del ultimátum se acabará el 17 de agosto, fecha en que el Cervera y el España comienzan a cañonear la costa.

Mientras todo ésto sucedía, en San Sebastián reinaba la inquietud. Recordemos que los donostiarras acababan de ser bombardeados por aviones. Los turistas, en especial aquellos que se hospedaban en los hoteles cercanos a la bahía de la Concha, estaban de los nervios —y con razón—, por la perspectiva de un bombardeo naval. Y aún con todo, la gente iba a la playa como si nada, algo que contrastaba con el ambiente reinante.

El acorazado “España”. Foto Internet.

PRIMER BOMBARDEO: 17 DE AGOSTO.

A las 8:00 del 17 de agosto de 1936 —Steer lo retrasa hasta las 9:00, tras levantarse la bruma— los habitantes se despertaron a base de cañonazos. Como era de esperar, el desconcierto reinó momentáneamente y los sobresaltados ciudadanos corrieron a refugiarse a los sótanos sin tan siquiera llegar a sonar las sirenas de alarma. Todavía tenían presentes los bombardeos aéreos del día 13.
Steer, desde Hendaya, vió así el comienzo del ataque:

“Desde mi balcón de Hendaya, sobre el suave azul del mar, a unos ocho kilómetros, divisé el pálido horizonte, y como apoyado sobre él por su rígida chimenea, una alargada silueta gris. El “España” parecía inmóvil. Dos fogonazos, sorprendentemente horizontales, iluminaron su costado. Después de largo rato se sintió el estampido de la doble detonación: las ventanas del hotel vibraron con el discreto gong que llama a la comida. Las cabezas se asomaron al unísono a las ventanas. Se oyó un profundo ¡bum, bum! y dos oscuras columnas de humo surgieron cerca del fuerte de Guadalupe”.

“Al mismo tiempo, el “Almirante Cervera” abrió fuego sobre los fuertes y La Concha de San Sebastián. Alcancé a oír las sordas detonaciones de sus cañones en el extremo opuesto, entre las cuidadosamente prolongadas pausas de actividad del España”.

En San Sebastián, el cañoneo de los buques fue contestado por las defensas costeras emplazadas en los montes de Ulía y Urgull. En Ulía, en la punta de Monpás, estaba la Batería de la Diputación —hoy, lamentablemente, en ruinas—, cuya artillería se reducía a 4 vetustos cañones Ordóñez, de cuando la guerra de Cuba. En Urgull, en la batería de Bardocas, habían sido colocadas varias piezas de campaña procedentes de los Cuarteles de Loyola. En Fuenterrabía, el fuerte Guadalupe también se sumará al contraataque —el fuerte contaba con 4 obuses H.S. de 21 cm Mod. 1891 y 6 cañones H.E. de 15 cm Mod 1885—.
Milicianos del Frente Popular
Milicianos del Frente Popular manipulando un cañón en el Fuerte de San Marcos. Kutxateka.
El cañoneo se sucedió a lo largo de toda la mañana e iba dirigido contra los elementos defensivos de la zona: los fuertes de Guadalupe, San Marcos y Txoritokieta, y las defensas costeras de Monpás y Urgull. Algunos proyectiles impactarán en la ciudad de San Sebastián, causando destrozos, pero no víctimas. Un obús fue a parar al muelle, rompió un trozo del malecón que separa el muelle de la dársena y la metralla resultante causó destrozos, levantando algunos trozos de piedra y esparciéndolos sobre la playa. Hacia el mediodía los barcos se retiraron, alejándose de la costa.
A la tarde los barcos sublevados volvieron al ataque. Hacia las 16:00, el Almirante Cervera volverá a cañonear Urgull, San Marcos, Monpás y Txoritokieta. Uno de los proyectiles irá a parar a las obras del nuevo Hospital, cerca del Asilo de Zorroaga. Aquello podía haber sido grave, pues, como se ha dicho, estaba relativamente cerca el orfanato de Zorroaga. El España seguirá atacando el Fuerte de Guadalupe con insistencia. Tras intercambiarse el último cañonazo entre los buques y las defensas, los primeros optaron por retirarse mar adentro.

Según el diario Frente Popular, a lo largo del día, los buques sublevados habían disparado 150 proyectiles, no llegando a causar víctimas; pero sí daños materiales. Durante la mañana se hicieron aproximadamente 100 disparos contra Guadalupe, y unos 20 contra San Marcos, Ventas de Astigarraga y San Sebastián, en especial, contra el monte Urgull. Durante la tarde se hizo aproximadamente unos 30 disparos sobre San Sebastián y alrededores. Según Pardo San Gil, las dotaciones de artilleros de los buques sublevados eran inexpertas y su principal misión en estos bombardeos iniciales era el entrenamiento.

Tras el ataque, el diario Frente Popular, en un intento de calmar a la población, comentará tras el ataque:

“la gente, viéndose bien defendida, se tranquilizó rápidamente. Buena prueba de ello es que las calles se mantuvieron animadisimas y las mujeres, siempre más susceptibles al temor, continuaban en las colas de aprovisionamiento de agua y dedicadas a las compras en los mercados.”

El periodista G. L. Steer lo confirma así:

Los turistas ingleses allí presentes afirmaron que la población civil resistió el bombardeo con la mayor sangre fría: las mujeres siguieron haciendo cola en las fuentes de las calles para recoger su ración de agua, y efectuaron sus compras diarias con los vales del Frente Popular; esculturales y descubiertas mujeres de España.

Al día siguiente  (día 18), el diario Frente Popular, en su portada, dará noticia del combate y avisará a los posibles alarmistas —los que propaguen bulos o induzcan al derrotismo—, serán considerados “facciosos” y penados de muerte. También dará la noticia de que se da licencia a cualquier ciudadano guipuzcoano para detener a los alarmistas y entregarlos en los comisariados para ser juzgados y sancionados. Los avisos contra alarmistas se repetirán con cada bombardeo, a los que se sumarán diversas medidas restrictivas, dejando entrever, al parecer, que las autoridades de la Junta de Defensa temían la presencia de un espía en su campo.
El mismo diario también dará noticia sobre el aumento del número de sirenas “contra aviones”, que, como ya hemos visto, comenzaron a usarse ante la presencia de barcos enemigos. La nueva sirena sería la de la fábrica de cervezas Kutz y el público, en caso de necesidad, podría refugiarse en los sótanos de dicha fábrica.
Nota del Gobernador Civil que fue radiada el 18 de agosto. Foto Frente Popular.

BOMBARDEO DEL 18 DE AGOSTO

El bombardeo del día 18 es el peor para San Sebastián, las bombas caerán sobre la ciudad y habrá muchos heridos, varios muertos y cuantiosos daños materiales. Lo veremos por partes.
A primera hora de la mañana, frente a Urgull, se situó el acorazado España, mientras que el crucero Almirante Cervera se posicionó frente a Guadalupe. Antes de las 9:00 volvió a resonar en las calles de San Sebastián el funesto sonido de la sirena de la Avenida Libertad, situada en el edificio del antiguo diario El Pueblo Vasco. Las gentes corrieron a refugiarse y, sobre San Sebastián, comenzó a llover fuego. El acorazado no disparaba sobre las defensas de la ciudad; disparaba contra la ciudad. Según el periodista Steer, llegó a disparar un total de 80 proyectiles. Mientras aún caían las bombas, las ambulancias y los bomberos comenzaron a recorrer las calles. La artillería local —Monpás y Urgull— hizo lo que pudo con sus deficientes piezas. El barco sublevado estaba fuera de su alcance. Hacia el mediodía —a las 11:00, según Pardo San Gil— cesó el fuego. y pronto se advirtieron las consecuencias del ataque.
En Guadalupe la cosa fue distinta. El Almirante Cervera, con menor potencia de fuego, dio peores resultados que el España el día anterior, siendo repelido por fuego del fuerte —y supuestamente dañado por uno de los obuses—.
Durante la tarde reinó una tensa paz. Las baterías donostiarras dispararon contra el España, que se mantuvo alejado y no “contestó” al ataque —aunque Pardo San Gil habla de que siguió cañoneando contra los fuertes de Guadalupe y San Marcos—. El Almirante Cervera, supuestamente dañado tras su retirada de Guadalupe, fue avistado en San Sebastián junto al España, para luego ser visto navegar hacia occidente, con destino al puerto de El Ferrol.Al día siguiente (día 19), el diario Frente Popular abrirá portada con la interrogativa frase: “¿Se ha hundido en el mar el Almirante Cervera? Especulará con el hundimiento del buque, haciendo mucha propaganda del hecho, pese a no poder garantizarlo. Pardo San Gil —en su obra sobre la Marina Auxiliar Vasca— comentará, en cambio, que el Cervera marchó con dirección al Ferrol para repostar combustible. Fuera “herido” o no, lo que sí es cierto es que no se hundió, siguió combatiendo a lo largo de la guerra y, por si fuera poco, estuvo en servicio hasta 1965. Ahora veamos a dónde fueron a parar los obuses.
Destrozos en la Casa de Maternidad de Aldaconea, hoy Nazaret Zentroa. Imágen procedente de noticiero británico.

LOS DESTROZOS DEL 18 DE AGOSTO

Uno de los proyectiles cayó sobre la Casa de Maternidad, en Aldaconea —hoy Nazaret Zentroa—. Pudo haber sido una verdadera desgracia. El obús al impactar pasó de una llamarada a una nube de humo que envolvió todo el edificio. En un principio se pensó que se había declarado un incendio y se avisó a los bomberos, pero, por suerte, no hubo tal. Del vecindario acudieron multitud de personas —más de cien personas, comenta el diario Frente Popular—, que se congregaron en torno al edificio para auxiliar a los posibles heridos. Los destrozos fueron grandes, así lo describe el diario:

“el obús o los obuses que allí cayeron dieron de plano en la parte alta del edificio y arrasaron las tres cuartas partes de los pisos altos que dan al Paseo de Atocha. Solamente quedó en pie el torreón y parte baja del inmueble. Los dos pisos altos quedaron reducidos a escombros.”

No solo el edificio quedó destrozado, también las camas y el resto del mobiliario se echó a perder. En el jardín de la Maternidad quedaron también destrozados dos automóviles, que fueron prácticamente cubiertos por los cascotes procedentes de la cornisa y del tejado. Uno era propiedad del doctor Arrillaga; el otro, el de servicio del establecimiento.
Por suerte no hubo víctimas: todas las enfermas habían sido trasladadas a los sótanos y planta baja del edificio. En la parte alta solo quedaron el administrador, Astudillo, y otros dos médicos. Nadie sufrió daño.
En Eguía hubo escenas terribles. Frente a la Tabacalera, en las casas números 7 y 9, los proyectiles cayeron en la parte posterior, derribando todas las paredes, desde el 5º al 1º. Así lo describe el diario:

“Con estrépito y con polvareda imponentes producidos por los escombros. Se entremezclaba con el derrumbamiento, los ayes de los heridos.”

Los vecinos, prontos a salvar sus enseres, comenzaron a sacarlos de las ruinas y colocarlos en la plazoleta situada frente a la Tabacalera, a las puertas del parque de María Cristina —Cristina Enea—. Otros ayudaban a extraer los heridos y muertos para llevarlos al Hospital. Los ilesos eran atendidos en la Tabacalera.
Dos imágenes de los desperfectos de San Martín, 55. Kutxateka y Frente Popular.
Un obús fue a caer en la casa nº 4 de la calle de Ronda. El proyectil entró en el piso 4º y atravesó el suelo hasta llegar al 1º, destrozando a su paso tabiques y muebles. El resultado, a parte de los destrozos, fueron dos heridos.
Otro proyectil impactó contra una casa de la calle de Aguirre Miramón cuya entrada estaba por el Paseo de Colón nº 9. Entró por la parte alta del 2º, rompiendo el balcón al completo y traspasando tres tabiques. No causó víctimas, pero estuvo a punto de hacerlo, ya que los vecinos estaban conversando en la cocina. A consecuencia de la explosión reventaron los cristales de casi todas las casas de la calle Aguirre-Miramón.
En la calle de Usandizaga un obús impactó contra las casa números 15 y 13. No explotó, pero atravesó los tabiques del cuarto piso de la primera para terminar en el primero de la segunda. A consecuencia del “trasiego” del proyectil, el ascensor y las escaleras quedaron tan gravemente dañados que los arquitectos ordenaron apuntalar las paredes.Un proyectil, que no explotó, cayó en medio de la calle de Peña y Goñi, esquina con la Avenida del Kursaal —Av. Zurriola—, quedando enterrado. Al día siguiente fue extraído del lugar.
Otro obús fue a parar a unos metros de la casa de Altolaguirre, situada en la Avenida de Francia, esquina con Iztueta. Una esquina del edificio sufrió desperfectos y la metralla llegó a arrancar una piedra de la barandilla del Urumea y a esparcirse por los alrededores.

En su trayectoria, un proyectil arrancó la chimenea de un chalet de la Concha y terminó en el 55 de la calle San Martín, en el lugar donde en aquel tiempo estaba el comercio El Barato. La bomba alcanzó la parte baja del edificio destrozando el portal y matando a una mujer embarazada.

 
Destrozos en Zubieta 52, vistos desde el paseo de la Concha. Imágen procedente de noticiero británico.
Tres villas de la Concha recibieron el impacto directo de un proyectil. La que llevó la peor parte fue el número 52 de la calle Zubieta. El obús arrancó la balaustrada que daba a la Concha y destruyó la terraza, haciendo volar grandes bloques de piedra hasta el centro del Paseo. La bodega quedó destrozada y hubo algunos heridos. Los pilares de la villa quedaron dañados y tuvo que ser  acordonada por haber peligro de derrumbe.
Otras villas de la calle Zubieta, números 30 y 32, recibieron grandes destrozos. Un proyectil entró entre ambas, y se dividió, destruyendo los dos pisos altos de las villas, saliendo por la calle Zubieta por dos orificios distintos. La metralla alcanzó a la fachada casa sita en frente.
Las casas números 31 y 33 de la calle San Bartolomé —una de ellas propiedad de Romaguera y Garmendia y la otra de Lojendio—, terminaron en muy mal estado. El obús impactó en el 4º y arrasó los pisos desde el 6º hasta el 2º. Todo ellos quedaron destrozados, incluido el mobiliario. Al existir peligro de derrumbamiento, el número 31 fue desalojado. Pese a que algunos de los vecinos se ocultaron en la bodega, hubo heridos.
En las cercanías de la Concha cayó un proyectil de gran tamaño que no llegó a detonar.
En la Parte Vieja hubo también desperfectos, pero no hay más información.
En la zona de Aldapeta cayeron varios proyectiles. Un obús fue a parar a la finca Arbaicenea —perteneciente al, entonces, “exduque” de Sotomayor—, causando grandes destrozos, especialmente en el arbolado. No hubo víctimas, ya que parte de la vecindad se ocultó en la bodega. Otro proyectil cayó en la finca del señor Rozanes, situada en la cumbre de Aldapeta —hoy Duque de Baena, 42—. Sufrió grandes destrozos en las torres y parte alta del edificio. En los campos de Aldapeta la metralla destrozó parte del arbolado. Y, en el alto, hubo un obús que no llegó a explotar y que sería recogido al día siguiente.
En la zona de Amara los proyectiles fueron a parar en torno a la Fábrica de Gas, consiguiendo solo levantar grandes extensiones de tierra. En el Alto de Amara, un obús fue a impactar en las cocheras de Goenaga —al parecer dañadas en un bombardeo anterior—. La explosión levantó mucha tierra, arrancó dos árboles, que fueron a caer en un abrevadero, que existía allí para unos mulos, y sobre el Matadero.
 
Imágen de mala calidad de los destrozos en el 31 y 33 de San Bartolomé. Frente Popular.
Dos proyectiles de gran calibre fueron a parar a Oriamendi, que no llegaron a explotar y serían trasladados al Ayuntamiento de Hernani.
En Añorga, en las proximidades de la fábrica de cemento, cayeron dos obuses cerca de donde ocurrió la catástrofe ferroviaria del 12 de julio (1936). Al no explotar, terminaron siendo recogidos por los bomberos.
Ese mismo día, se entregaron en la Diputación trozos de obús de entre 50 y 60 kilos de peso. Según el diarioFrente Popular, los proyectiles disparados sobre la ciudad tenían un peso que oscilaba entre los doscientos y los trescientos kilos.

Tras el bombardeo, durante toda la tarde, los supervivientes se dedicaron a rescatar los enseres entre los escombros. Algunos vecinos que perdieron sus casas buscaron refugio en los domicilios de sus amistades.Al día siguiente (día 19), el diario Frente Popular publicará en portada la ya mencionada duda del “hundimiento” del Almirante Cervera y un manifiesto titulado “Baterías del Pueblo: La ciudad no se rinde”. En segunda página la noticia del bombardeo ocupará la totalidad de la plana, con títulos enunciando la criminalidad del suceso, junto con una nota —que el día anterior había sido radiada— del Gobernador Civil dando parte de las acciones de venganza en caso de nuevo bombardeo. En la tercera página seguirá hablándose del supuesto hundimiento del Cervera. En la cuarta página se habla del Consejo de guerra ocurrido en la madrugada del mismo día (todavía, supuéstamente en marcha al imprimir la edición). En última página, el diario expone un reportaje fotográfico con los destrozos ocasionados por el bombardeo.También se vuelve a dar noticia sobre las sirenas: la Comisaría de Guerra recibió quejas de que el sonido de la sirena de El Pueblo Vasco (Av. Libertad), apenas llegaba a los vecinos del barrio de Gros. Las autoridades habilitarán la sirena de la fábrica de Louit.

Es curioso advertir que en primera plana, en una columna, que trata sobre la figura del espía. Acuérdense de lo dicho más arriba sobre los alarmistas. Puede parecer una casualidad, pero luego veremos algunas cosas que darán que pensar. No será la única nota del diario, habrá otras como la de la Comisaría de Comunicaciones avisando sobre el uso del teléfono bajo autorización oficial o la prohibición del paso de cualquier persona, aunque tenga salvoconducto oficial de las Comisarías, por el Puente Internacional de Irún. A medida que pasen los días las restriccines irán en aumento.
 
Destrozos en Zubieta 52, vistos desde el paseo de la Concha. Imágen procedente de un documental británico.

LAS VÍCTIMAS DEL 18 DE AGOSTO

El diario Frente Popular facilita la siguiente lista de heridos. Según el diario, la cifra de muertos asciende a 4 muertos y 38 heridos —la redondea en 40 heridos—. El propio diario avisa de que la lista de fallecidos podría estar incompleta por estar buscándose entre los escombros de las casas de Eguía a dos vecinos.LOS HERIDOS:
En el Hospital Civil de Manteo fueron atendidos:
  • Lucila Diaz Muñoz, de 21 años, casada. Domicilio en Eguía, 7. Fallecida.
  • Petra Pineda Huarte, de 22 años, casada. Domicilio en Eguía, 7. Fallecida.
  • Anónima, señora embarazada, habitaba en la calle de San Martín, 55. Fallecida.
  • Pío Tamarón Ochotorena, de 70 años. Conmoción cerebral, de carácter grave.
  • Aurelio Mesa Alonso, de 40 años. Domicilio en el Alto de Amara, 1. Fractura conminuta de pie. Grave.
  • Juan Insausti Yugueros, de 30 años, de Tolosa. Habitante en Atocha, Z. Pronóstico reservado.
  • Manuel Guembre (o Güembe) Miraso. Ronda, 4, cuarto. Grave.
  • María Teresa Rodrigo Diaz, seis meses. Eguía, 7. Leve.
  • Benjamina San Vicente Ayucar, 55 años. Eguía, 7. Leve.
  • Roberto Machin Relancio, 8 años. San Bartolomé, 31. Leve.
  • Carmen de Caso Ridaura, 17 años. San Bartolomé, 33. Leve.
  • Manuel Martínez Rodríguez, 29 años. Atocha-Eguía. Leve.
  • Miguel Arratibel Iraeta, de 2 años. Herido en la Maternidad. Leve.
  • María Jesús Bereciartúa Ibarzábal, 4 años. Atocha, 5. Leve.
En el Hospital de Sangre del Hotel de Londres fueron asistidos:
  • Luisa Dueñas, de 46 años, de Dueñas (Palencia), con domicilio en Atocha, 9, 2º. Magullamiento general.
  • Petra Cantalapiedra, de 23 años. Domicilio en Eguía. Fractura de la nariz y heridas contusas en diversas partes del cuerpo.
  • Mercedes Ruiz de Galarreta, 18 años. Domicilio en Ronda, 4, 3º. Natural de Pamplona. Herida contusa en la región occipital y contusiones en ambos brazos.
  • Roberto Machim de Relancia, 8 años, San Bartolomé, 31. Leve. [se repite, ¿un error?]
  • Eugenio Garbizu, 62 años. Zubieta, 52. Herida en el tercio superior del muslo izquierdo. Leve.
  • Hilaria Ezquerra, 23 años. Natural de Lizarraga, domiciliado en Bermingham. Herida en la calle de Aguirre Miramón. Contusiones en la región frontal. Leve.
En la Casa de Socorro, fueron asistidos:
  • Maximino Ochoa. Leve.
  • Antonio Echeverría. Pronóstico reservado.
  • Francisco García. Pronóstico reservado.
  • Lucía García. Leve.
  • Mercedes Fernández. Leve.
  • María Vergara. Leve.
  • Flora Mochín. Leve.
  • María Sorna. Leve.
  • Manuela Arregui. Leve.
  • Pablo Vergara. Leve.
  • José Luis Mafioli. Leve.
  • Beatriz Cristóbal. Leve.
  • María Teresa Arratibel. Leve.
  • Paquita Alzugaray. Leve.
  • Anita Manzano. Leve.
  • Celedonia Aguinaga. Leve.
  • Luis Martínez. Leve.
En el Asilo de niños de San José, fueron asistidos:
  • Un niño de unos tres años, anónimo y que fue recogido en el barrio de Eguía (Aldacoenea). Su estado era gravísimo y se temía que falleciese de un momento a otro.
  • Magdalena Lanchas, con domicilio en el Paseo de Colón, D, 2º Dcha. Leve. Procede de la Maternidad y pasó a su domicilio.
  • Un niño llamado Felipe, de 4 años, recogido en Aldacoenea y que fué llevado al cuartel de las Milicias.
  • Blanca Alcalá del Olmo, de 93 años, domiciliada en la calle de San Martín, 55, segundo izquierda. Su estado fué calificado de pronóstico reservado.
En la Casa de Maternidad fueron asistidas otras tres personas que sufrían contusiones por heridas causadas por cristales rotos. Pese a que el diario da la cifra de 38 heridos, y la redondea a 40 en el titular, según la lista aportada, los heridos ascenderían a 41.

A posteriori, se dará noticia de la sensible mejora de los heridos Aurelio Mesa y Manuel Güembe Miraso.

Esquela publicada en el diario Frente Popular. Foto Frente Popular.
LOS FALLECIDOS:Como hemos visto, en principio, y según el diario, eran 4 los fallecidos: dos jóvenes (Lucila y Petra) y una mujer embarazada. Pero la cifra tal vez sea mayor. Veamos qué es lo que pasa.
El periodista G. L. Steer, corrobora las cifras del diario —4 muertos y 38 heridos—; pero hay una variación en quiénes son los fallecidos y un probable error de contabilidad. Según él fueron: dos muchachas jóvenes de 21 y 22 años —Lucila y Petra, claramente—, una mujer de 50 y un hombre de 60. La mujer de 50 años tal vez se trate de la embarazada anónima del diario. Entonces, al estar embarazada, harían 5. El hombre de 60 quizás sea Quirino Martín, que fallecería un día más tarde.
El día 20 se dará noticia de la muerte de Quirino Martín González —miembro del Sindicato de Acomodadores y Similares de la UGT— a consecuencia del bombardeo. Apenas se había recuperado de una enfermedad cuando cayó una bomba en su domicilio.
Como ya se ha dicho, la cifra de fallecidos podría no ser correcta. Incluso, podrían ser más, ya que el propio diario avisa de la “inminente muerte” de un niño anónimo, de tres años y recogido en Aldaconea. Lo que haría ascender la lista de muertos a 5 o 6 —la última cifra es confirmada el diario La Vanguardia, junto con los 40 heridos—. Y aún así, también faltaría saber si los heridos más graves y los dos supuestos desaparecidos de Eguia sobrevivieron.
Sobre los funerales sólo conocemos el de las dos jóvenes. A las 16:00 del día 19, se trasladaron a Polloe los cadáveres de Lucila y Petra, ambas vecinas de Eguía, 7. La comitiva fue numerosa y salió del Pº Duque de Mandas, letra N, lugar donde vivía la madre política de una de ellas. Al día siguiente, en la prensa aparecerá una nota de agradecimiento de los dos maridos —Daniel Diez Aparicio y Ángel Rodríguez— por las condolencias recibidas y por la imposibilidad de hacerlas personalmente.
Imágen de la Cárcel de Ondarreta, hacia 1947. Revista San Sebastián (1948).

MADRUGADA DEL 19 DE AGOSTO: LA REPRESALIA

Como ya hemos visto, tanto por radio como por la prensa, se dió aviso de las consecuencias que tendría un bombardeo sobre la ciudad: represalia contra los presos. Tras el bombardeo, en la madrugada del día 19, el Consejo de Guerra dictó sentencia en Ondarreta contra 8 sublevados acusados de rebelión:
  • Enrique Herce Huarte, comandante de Carabineros, 43 años. Fusilamiento.
  • Eugenio Calvo Granada, capitán de Carabineros, 45 años. Fusilamiento.
  • Juan Recacho Eguía, teniente de Carabineros. Fusilamiento.
  • Félix Sáiz Baile, alférez de Carabineros, de 58 años. Absuelto.
  • Ángel Fuentes García, alférez de Carabineros, de 53 años. Absuelto.
  • Vicente Domínguez Hera, teniente de Carabineros, de 33 años. Fusilamiento.
  • Félix Fernández Prieto, capitán de Infantería de la Escuela Superior de Guerra. Fusilamiento.
  • Alfonso Vignau, procurador de los Tribunales. Pena de reclusión perpetua.
Tras ser dictada la sentencia, se dió a conocer a Madrid por vía telegráfica y, tras ser aprobada, fue leída a los procesados y ejecutada a última hora de la tarde. 5 hombres serían fusilados. Cuando los sublevados tomen el control de San Sebastián, serán convertidos en “mártires” y usados como parte de la propaganda.

BOMBARDEO DEL 19 DE AGOSTO

A las 9:30 volvió a aparecer el acorazado España frente a la costa y, pocos minutos más allá de las 10:00, comenzaron los cañonazos. Y vuelta a la rutina de costumbre: alarma en el vecindario, las baterías donostiarras responden contra el acorazado. Entonces, el España cambió de plan: apuntó en dirección a Pasajes y abrió fuego. No queda clara la razón de tal actitud. Según el diario Frente Popular, pudiese tratarse de un intento de destruir los depósitos de la CAMPSA y volar un supuesto polvorín que se hallaba en las inmediaciones. En cambio, Pardo San Gil dice que bombardeó San Marcos.
El fuerte de Guadalupe comenzó a responder al fuego enemigo. Hacia la primera hora de la tarde, tras disparar el acorazado poco más de una docena de obuses, éste tornó su proa al horizonte y marchó con dirección a El Ferrol a carbonear y municionar. Y poco más tarde, a eso de las 14:55, sonó la sirena de El Pueblo Vasco dando los tres toques que avisaban de la desaparición del peligro. El diario Frente Popularinsinuará que la rápida retirada del España respondía a un impacto recibido.
A la tarde se volvieron a escuchar explosiones. Aquello no fueron más que las detonaciones de las bombas sin estallar que el Almirante Cervera había disparado el día anterior. También toda la metralla y obuses que se fueron encontrando en los alrededores, fueron llevados a la Diputación.
Durante el día, el embajador de Francia se personó ante el Gobernador civil para darle noticia de la condenación del ataque del día 18. El embajador, acompañado de su señora y varios periodistas franceses e ingleses, recorrió la ciudad visitando los lugares afectados por el bombardeo. El embajador hizo una donación a favor de la “Suscripción Pro Damnificados” por valor de 500 pesetas.
Entre el 18 y el 19 ocurrió un hecho que podía haber cambiado el sino de la campaña. El submarino republicano C-6, proveniente de Cartagena, tuvo en su mira tanto al Almirante Cervera en Asturias como alEspaña en San Sebastián. No llegó a disparar. El comandante, Mariano Romero, hizo todo lo posible por evitar el torpedeamiento. Sus hombres lo acusarán de traidor y lo entregarán a las autoridades en Cartagena, donde será destituido del mando. Posteriormente se pasará al bando sublevado.
Dos instantáneas de obuses cayendo en la bahía de la Concha. Frente Popular.

BOMBARDEO DEL 22 DE AGOSTO

Vuelve a aparecer en el horizonte un barco. El diario Frente Popular, no dará nombre alguno y se limitará a darlo por “desconocido”. Según Pardo San Gil se trata del Almirante Cervera, que como se ha dicho, no debió resultar “herido” y siguió actuando en torno a la costa asturiana, para reaparecer en la costa guipuzcoana el día 22. Se explica el silencio del diario…
El barco hizo acto de presencia a eso de las 10:00 y disparó no más de cuatro cañonazos sobre San Sebastián. Solo se sabe el paradero de tres de los proyectiles: uno cayó en el jardín de la casa del vigía del castillo, otro en la dársena del muelle y un tercero hacia Monpás. Ninguno de los proyectiles causó daño, salvo algunos desperfectos producto de la metralla. El fuego fue contestado por las baterías —al parecer, según la prensa, desde Guadalupe se hicieron 35 disparos— y el buque se retiró.
A la tarde volvió a presentarse el mismo buque y disparó cerca de una veintena de proyectiles, al parecer sin un objetivo claro. Sobre el paradero de los obuses se sabe que dos o tres cayeron en la bahía de la Concha; uno en la plazoleta que hay frente a La Perla, quedando enterrado sin explotar; otros “bordearon” los fuertes próximos a San Sebastián, “incrustándose en la tierra”; otros pasaron sobre la ciudad “silbando” y cayendo en los campos de Loyola “o más lejanos aún”. También la metralla hizo de las suyas: uno de los trozos cayó en la calle Churruca, esquina con la Avenida Libertad frente al, entonces, Banco Central —hoy La Caixa—, alcanzando un carrito de los helados al que hizo un pequeño boquete en el techo, cayendo después al suelo, sin más daños. No hubo víctimas. El bombardeo fue nuevamente contestado por las baterías y, a última hora de la tarde, el buque se alejó mar adentro.

Si le damos algo de credibilidad a lo que dice el diario Frente Popular, los donostiarras ya estaban acostumbrándose a las “visitas” de los barcos de guerra:

“… el vecindario, acostumbrado ya a estos bombardeos no interrumpe sus colas para el abastecimiento, o con un poco de audacia se estaciona en el Paseo Nuevo para presenciar el bombardeo…”.

Las diferentes fortificaciones mencionadas en el trabajo: 1) Fuerte de San Marcos, 2) Fuerte de Txoritokieta, 3) Fuerte de Guadalupe y 4) Batería de la Diputación. Fotos Internet.

EL BOMBARDEO DEL 23 DE AGOSTO

Poco más allá de las 8:00 comenzó a sonar la sirena. La gente comenzó el trasiego hacia las bodegas, plantas bajas y sótanos. La calma llegó pronto y, pocos minutos más tarde, en San Sebastián se hacía vida normal.
Por la mañana, el Almirante Cervera —aunque Steer y otros medios, tanto la prensa sublevada como la republicana, dicen que era el Canarias, cosa que sería imposible, ya que dicho buque estaba todavía en preparativos—, disparó contra Guadalupe, cayendo los obuses a su alrededor. Al parecer el fuerte no respondió, ya que el barco no estaba a tiro y la niebla sobre el mar era muy densa.
Por la tarde, a las 16:30, comenzaron los barcos —el diario habla en plural, quizás se trate de un error y se trate solamente del Cervera— a bombardear San Sebastián. Varios proyectiles cayeron en la bahía de la Concha, sin causar daño. Pese a que por toda la ciudad se escucharon los silbidos de los obuses, no hay más noticias de impactos.
En el diario Frente Popular del día 24, se da noticia de un nuevo cambio en los toques de sirena. A partir del día 24 los barrios del Antiguo y de Loyola —no hay datos sobre la ubicación exacta de la segunda sirena— son advertidos de que los toques de prevención ante ataques aéreos o navales se hará de la siguiente forma:
  • Un toque de atención largo cuando se acerque un avión.
  • Dos toques de atención largos cuando el que se acerque sea un barco enemigo.
  • Tres toques cortos, tanto en uno como en otro caso, cuando se estime que ha desaparecido el peligro.

BOMBARDEO DEL 24 DE AGOSTO

Hacia las 6:00, la sirena de El Pueblo Vasco comenzó a aullar anunciando el peligro —tal vez por avistamiento de aviones, no queda claro—, pero, a causa de la hora, gran parte del vecindario dormía todavía. Solo unos pocos pudieron escucharla: gentes que hacían cola para el racionamiento de agua y leche. No hace falta decir que, tan pronto como la escucharon, corrieron a los refugios. Por suerte para todos, no pasó nada. Media hora más tarde, hacia las 6:30, comenzaron a escucharse en la lejanía los cañonazos de las baterías. Según Steer, a partir del día 20 los bombarderos sublevados comenzaron a hostigar Irún y San Sebastián. Chiapuso también comenta la presencia de aviones entre las fechas de los bombardeos navales.
Más tarde, hacia las 10:00, volvió a sonar la sirena. Los barcos sublevados —seguramente el Cervera y elEspaña— volvían a apuntar sobre San Sebastián. Una hora más tarde, la gente volvía a estar en la calle y, según el diario Frente Popular: “la población volvió a presentar su habitual fisonomía. las calles, concurridísimas: el mercado y los comercios, muy animados”. Los cañonazos se escuchaban en la lejanía, se estaba bombardeando Guadalupe.
A la tarde, a eso de las 15:30, volvió una vez más a sonar la sirena de la Avenida Libertad. Lanzó dos aullidos avisando de la presencia de barco enemigo. Minutos más tarde se escuchaban lejanos cañonazos. Otra vez las defensas estaban siendo atacadas. El público, con resignación, volvió a los refugios.
A las 19:00 sonó una vez más la sirena, avisando otra vez de la presencia enemiga. Esta vez el cañoneo no fue lejano, los proyectiles cayeron en la ciudad. Uno de ellos fue a parar en las proximidades de la iglesia de Santa María, penetrando en un patio que forman la calle del Puerto y la manzana final de la izquierda de la calle Mayor, lugar donde estaba el bar Alcalde —hoy Casa Alcalde—. El obús destrozó la cocina y la alcoba de uno de los pisos del patio. Por suerte, pese a que la explosión sorprendió a la clientela que allí estaba, no hubo heridos. Otro cayó en Mira-Concha, cerca del Convento del Sagrado Corazón y de una toma de agua habilitada para el racionamiento. Un tercer proyectil terminó en el jardín de Villa Amparo —número 16 de Mira-Concha—. Nadie sufrió daño alguno, solo hubo que lamentar desperfectos en el jardín y los cristales de la villa y otros inmuebles próximos.
A la noche, en torno a las 23:00, entre el Paseo de los Fueros y el barrio de Gros, sonó una explosión. Los sorprendidos ciudadanos pronto pensaron de que se trataban los barcos sublevados que, ésta vez, atacaban por la noche. Solo fue un susto, alguien había colocado un “petardo” en la terraza del café Kutz. Días antes había ocurrido algo similar en la terraza del café Madrid y días posteriores volverá a suceder. La constante de estallidos de “petardos” y los continuos avisos y medidas contra el alarmismo y el espionaje, hacen pensar que pudiese tratarse de algún tipo de acción clandestina. También se incluirán medidas como el toque de queda, la creación de una Guardia Cívica y la retirada de radios.

BOMBARDEO DEL 31 DE AGOSTO

El acorazado España vuelve a hacer acto de presencia en la costa guipuzcoana. El día 31 merodeará en torno a Jaizkibel y volverá a intentar una vez más hacer blanco sobre el Fuerte de Guadalupe, de manera infructuosa. Según Pardo San Gil, la historia podría ser ligeramente diferente: el España comenzó a bombardear Guadalupe unos días antes, el día 27, pero como la niebla le impidió atacar, esperó hasta el día 30 para volver a bombardear y, luego, efectuó un último bombardeo el día 31. Sea como fuere, a partir del día 31 no hay más noticias sobre bombardeos navales en torno a San Sebastián y Jaizkibel. Aquí terminan los bombardeos navales de Agosto.

LA PRENSA Y LOS BOMBARDEOS

Como fuente principal para redactar el artículo se ha usado el diario donostiarra Frente Popular. Gracias a él se pueden saber detalles como los días de los bombardeos, las ubicaciones más o menos precisas de los daños y la lista de víctimas, además de otros hechos en torno a los bombardeos. A modo de contraste he consultado diarios, de ambos bandos, de la época; pero, por desgracia, solo he tenido acceso a un contado número de ejemplares.En general, los diarios dan breves reseñas de los sucesos y solo se muestran interesados en el constante cañoneo entre ambas partes, la cuantiosidad de proyectiles disparados y pocos detalles más. Las únicas diferencias encontradas son algunas rocambolescas versiones de los hechos. Veámoslo por partes.La prensa republicana calca la información publicada por el diario donostiarra —especialmente los diarios vizcaínos—. A ésta información se le sumarán pequeños breves de orígenes diversos y poco fiables. Quitando el hecho más grave —el bombardeo del 18 de agosto—, la noticia a la que se le da más importancia es la del supuesto hundimiento del Almirante Cervera, que correrá como la pólvora.En cambio, la prensa sublevada se limitará a reseñar muy brevemente los bombardeos. Solo hablará de la constancia de los bombardeos sobre San Sebastián y Guadalupe. Estas informaciones saldrán de medios tan diversos y poco fiables como los usados por sus oponentes —curiosamente, compartirán la información de alguno de estos medios—. A todo esto hay que sumar las noticias más o menos exageradas como: la “destrucción” del Fuerte de Guadalupe, la Plaza de Toros y hasta el Kursaal; e, incluso, la espontánea rendición de la ciudad —según Queipo de Llano—, o el fusilamiento de dirigentes nacionalistas como Telesforo Monzón… También se llegará a decir que en San Sebastián se ha declarado una epidemia de tifus —seguramente una exageración de la noticia publicada, y seguramente radiada, por el Frente Popular (día 20) sobre la salubridad de las aguas de la provincia: “totalmente potables, pese a las restricciones” y del “ofrecimiento gratuito de la vacuna del tifus para voluntarios”—. Algunas noticias hablan del Canariasbombardeando la costa de Guipúzcoa que, como ya se ha dicho, sería imposible por estar todavía en puerto.También me he servido de los trabajos de los periodistas Manuel Chiapuso —Los anarquistas y la guerra de Euskadi— y G. L. Steer —El árbol de Gernika: un ensayo de la guerra moderna—. Ambos, desde sus funciones, estuvieron más o menos presentes en los hechos: Chiapuso era redactor del diario anarquista donostiarra El Crisol y Steer estaba como corresponsal de guerra en Hendaya.
Este muro está situado en el monte Urgull y es el único testimonio visual del bombardeo del acorazado España. El muro fue reconstruido con posterioridad al ataque, de ahí la franja de cemento hacia la mitad de la imágen. Foto Donostiando.

A POSTERIORI

La batalla de Irún comenzará el 27 de agosto. Los barcos, en su maniobra de entretenimiento, han conseguido que las tropas sublevadas avancen desde Navarra y tomen posiciones en torno a la ciudad. Tras la caída de ésta el 5 de septiembre, San Sebastián quedará sentenciada: será evacuada y abandonada a su suerte.
Tiempo después —30 de abril de 1937—, se volverá a hablar del acorazado España. Éste se hundirá ante la bocana del puerto de Gijón, tras chocar con una mina supuestamente colocada por un minador de su propio bando, el Júpiter. Allí, a una profundidad respetable a la que solo los más avezados buzos pueden bajar, yace el que fuera el buque insignia de la armada sublevada. Y  el Almirante Cervera, como ya hemos visto, nunca fue hundido, sino jubilado muchos años después.

Y MUY A POSTERIORI

Una sorpresa deparará el futuro: la que ocurrió en octubre de 1999. En la Librería Internacional —hoy desaparecida—, situada el número 6 de la calle Churruca, el público descubrió que en su sótano se escondía un proyectil del acorazado España.

La historia del obús es muy curiosa. Dicho proyectil fue a caer en San Marcos, seguramente durante el bombardeo del 17 de agosto, sin llegar a explotar. Allí lo desactivo el padre del, entonces, propietario, Juan Repiso. De allí pasó al sótano de la librería, del que no saldría hasta más de 60 años después. Los dueños de la librería, hartos de tropezarse con él y, ya que ocupaba tanto espacio, decidieron deshacerse del proyectil. Repiso llamó a la Ertzaintza para que inspeccionaran y retiraran el artefacto.
En la librería se presentó la unidad de desactivación de explosivos. Y como no pudieron subirlo por las escaleras —el proyectil superaba el metro de altura—, hicieron un boquete en la parte baja del escaparate y, tras soldarle dos argollas, con una grúa, de las que se usan para retirar coches, lo sacaron de allí.
El “espectáculo” llamó la atención de los peatones, que allí se congregaron a observar las maniobras de la policía. Mientras, los paisanos especulaban con que sí el obús podía explotar, cosa imposible porque, como ya se ha dicho, se hallaba desactivado. El asunto acabó a las 12:00 y del obús nunca más se volvió a saber. Actualmente sigue en paradero desconocido.
Pese a todos los cuidados que se tuvieron durante la operación, hubo un herido: un ertzaina. Éste estaba en el sótano y cayó sobre su pie una viga que por allí había mal colocada y tuvo que ser evacuado al Hospital de Aránzazu en una ambulancia de la Cruz Roja. Por suerte no hubo consecuencias.
ION URRESTARAZU PARADA

FUENTES:

HEMEROTECA:

Frente Popular:

  • Frente popular: Diario de la República. Domingo 16 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Martes 18 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Miércoles 19 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Jueves 20 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Viernes 21 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Domingo 23 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Lunes 24 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Martes 25 de Agosto de 1936.
  • Frente popular: Diario de la República. Martes 1 de Septiembre de 1936.
  • ABC. Madrid, 19 de Agosto de 1936.
  • El Liberal. 19 de agosto de 1936.
  • El Nervión. Martes, 18 de Agosto de 1936.
  • El Nervión. Miércoles, 19 de Agosto de 1936.
  • El Nervión. Jueves, 20 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 18 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 19 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 21 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 22 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 23 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 25 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Vasco. 30 de Agosto de 1936.
  • El Sol. Madrid, jueves 20 de agosto de 1936.
  • El Sol. Madrid, sábado 22 de agosto de 1936.
  • Hoja Oficial del Lunes. Bilbao. 24 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Martes, 18 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Miércoles, 19 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Jueves, 20 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Viernes, 21 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Domingo, 23 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Martes, 25 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Domingo, 30 de agosto de 1936.
  • La Gaceta del Norte. Martes, 1 de septiembre de 1936.
  • La Guinea española. 23 de agosto de 1936.
  • La Libertad. Miércoles 19 de agosto de 1936.
  • La Libertad. Jueves 20 de agosto de 1936.
  • La Vanguardia. Jueves, 20 de agosto de 1936.
  • La Vanguardia. Viernes, 21 de agosto de 1936.
  • La Vanguardia. Sábado, 22 de agosto de 1936.
  • La Voz. Miércoles 19 de agosto.
  • La Voz. Lunes 24 de agosto.

Sublevados:

  • ABC. Sevilla, 20 de Agosto de 1936.
  • ABC. Sevilla, 25 de agosto de 1936.
  • Acción. Las Palmas. 19 de agosto de 1936.
  • Acción. Las Palmas. 26 de agosto de 1936.
  • Acción. Las Palmas. 30 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, miércoles 19 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, jueves 20 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, viernes 21 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, miércoles 26 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, viernes 28 de agosto de 1936.
  • El Compostelano. Santiago, martes 1 de septiembre de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Miércoles 19 de Agosto de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Jueves 20 de Agosto de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Sábado 22 de Agosto de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Miércoles 26 de Agosto de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Viernes 28 de Agosto de 1936.
  • El Diario de Pontevedra. Martes 1 de Septiembre de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Martes 18 de Agosto de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Miércoles 19 de Agosto de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Jueves 20 de de Agosto de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Pontevedra 22 de Agosto de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Miércoles 26 de Agosto de 1936.
  • El Progreso: Diario Independiente. Viernes 28 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo, Martes 18 de Agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Miércoles 19 de agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Viernes 21 de agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Sábado 22 de agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Lunes 24 de agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Viernes 28 de agosto de 1936.
  • El Pueblo Gallego. Vigo. Sábado 29 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 17 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 18 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 19 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 20 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 21 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 22 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 23 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 25 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 26 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 27 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 28 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 29 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 30 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 31 de agosto de 1936.
  • Gaceta de Tenerife:diario católico de información. 1 de septiembre de 1936.

Revista Naval. Noticias de la Armada Española: Aparece un obús del acorazado “España en el sótano de una librería de San Sebastián. 29 de octubre de 1999.

LIBROS:

  • Barruso, Pedro. Verano y Revolución: La Guerra Civil en Gipuzkoa. Edición digital.
  • Chiapuso, Manuel. Los anarquistas y la guerra de Euskadi: La Comuna de San Sebastián. 1978. Edición digital.
  • Pardo San Gil, Juan. Euzkadiko Gudontzidia/La Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi (1936-39). 2ª ed. Untzi Museoa/Museo Naval. Donostia-San Sebastián, 2008. Edición digital.
  • Steer, G. L. El árbol de Gernika: un ensayo de la guerra moderna. 1938. Edit. Txalaparta.
  • Mortera Pérez, Artemio. Guerra Civil Española: La Artillería del Norte Republicano (I). 2000.
  • Mortera Pérez, Artemio. “Si vis Pacem…”: La Costa Cantábrica. Revista española de historia militar. 2008, Nº. 102-103.

Ver Post >
Los bombardeos aéreos del 13 de agosto (1936).
img
Ion Urrestarazu | 13-08-2016 | 8:55| 0

Mapa interactivo de los bombardeos aéreos del 13 de agosto de 1936. Donostiando.

 

Hoy hace 80 años de un suceso olvidado y, por desgracia, mal documentado: Los bombardeos aéreos del 13 de agosto de 1936. Como novedad, acompañando al estudio sobre este suceso, y para visualizar mejor los efectos del bombardeo, he incluído un mapa interactivo. Si pulsan sobre la imágen de la cabecera, podrán disfrutar de una nueva experiencia.

 

LOS BOMBARDEOS AÉREOS DEL 13 DE AGOSTO DE 1936

 

Introducción

El 17 de julio de 1936 comienza la sublevación militar que desembocará en la cruenta guerra civil de la cual, en estas fechas, se conmemora el 80 aniversario. En San Sebastián la sublevación fracasará ante la imposibilidad de los sublevados de hacerse con el control de la ciudad. Tras retirarse, y ser asediados en los Cuarteles de Loyola, capitularán en la mañana del 28 de julio. Tras acabar con la sublevación, las fuerzas del Frente Popular se reorganizarán en pos de hacer frente a las fuerzas sublevadas que avanzan desde Navarra.

Mientras, en la ciudad, pasados los primeros acontecimientos, se vivirá cierta normalidad. San Sebastián en aquel momento contaba con unos 80.000 habitantes, sin contar con los turistas que, a causa del conflicto, no podían retornar a sus lugares de orígen. Aquella extraña paz iba a desaparecer a causa de un nuevo horror de la guerra moderna: el bombardeo aéreo indiscriminado.
Daños en la casa de la Parte Vieja. Foto Frente Popular.

El primer bombardeo

En la mañana del 13 de agosto de 1936, 6 aviones —presuntamente italianos y procedentes de un aeródromo en la Rioja— comenzaron a sobrevolar la ciudad a gran altura, abrieron las compuertas y comenzaron a dejar caer la mortal carga. No se sabe el orden en que cayeron las bombas ni las intenciones exactas del bombardeo, así que, de momento, me limitaré a reseñar los lugares de impacto; más tarde hablaré de los hipotéticos objetivos.

Una de las bombas fue a caer el patio de la manzana que comprende el número 7 de la calle San jerónimo y los números 14 y 16 de la calle Embeltrán. Allí se vivirá dos dramáticas escenas:
En el piso 3º del 7 de San Jerónimo, la viuda de Sotés, una anciana que vivía imposibilitada en su cama, estaba siendo ayudada por una muchacha de la familia, Candida Ruesgas, estudiante de Magisterio, a ponerse las medias. En aquel preciso instante, escucharon los motores de los aviones y se apresuraron a ponerse sobre seguro. Un momento después, cayó la bomba, que destrozó una chimenea, causando el incendio de la misma, y diversos destrozos en la vivienda de la anciana y en varios pisos de ambos inmuebles.
En el 4º Dcha. del 16 de la calle Embeltrán, vivía la familia de la viuda de Arbaolaza. El hijo, un muchacho de unos 17 años, dormía en aquel preciso momento. A causa de las explosiones y el ruido de los aviones, al despertarse, se vistió de cualquier manera, y se asomó por la ventana de su cuarto —que daba al patio del bar Iruña— para ver el “espectáculo”. Al momento, ocurrió la explosión, causando abundantes daños en el mobiliario del piso, saliendo el muchacho indemne, sin rasguño alguno.
Izq.: impacto en el 54 de la calle Urbieta. Dcha.: marcas de metralla en la actualidad. Fototeka Gipuzkoa y Donostiando.
Una bomba cayó junto al 54 de la calle de Urbieta, lugar que ocupaba la tienda de alimentación Carrasquedo. El proyectil causó un hoyo de unos dos metros cuadrados por uno y medio de profundidad. Los cascotes de la explosión hirieron a los vecinos que se habían refugiado en la bodega de dicho establecimiento. La explosión destrozó la tienda de Carrasquedo, quedando comunicada con la tienda de al lado, vacía en aquel momento y que anteriormente había sido una cordelería. En la actualidad se conservan marcas de metralla en el lateral derecho del portal número 56, siendo, quizás, el único rastro superviviente de este bombardeo.
En la casa que ocupa el número 6 de la Plaza del Centenario, una bomba entró por el 6º, atravesando los sucesivos pisos hasta estrellarse en el 2º —domicilio de la familia Campane—, sin llegar a estallar. El proyectil fue trasladado a la CNT —seguramente al cercano cuartel de las escuelas de Amara—.
A poca distancia del anterior edificio, en el número 1 de la misma plaza —propiedad de la familia Zappino— otra bomba alcanzó el 5º Izq., domicilio en aquel entonces de la viuda e hijos de Barcáiztegui. El proyectil entró por el “ángulo noroeste del marco del lucero sobre la cocina del piso alto de servicio”, cayendo sobre una mesa de mármol, destrozandola y llenando de cascotes el inmueble. La bomba, en su caída, derribó una chimenea, cayendo ésta a la terraza del inmueble inmediato, y causando daños en otras dos chimeneas. En el momento del ataque, tanto el 4º —habitado por la familia Lemoniez— como el 5º, habían sido evacuados por orden del Frente Popular, por haberse incautado de la torrecilla superior de la casa para usarla en previsión de un ataque sublevado.
En la casa número 9 de la calle Amara, de reciente construcción y propiedad del industrial Landart, cayó otra bomba, causando serios desperfectos. El proyectil impactó de refilón, destrozando las habitaciones de los pisos 4º y 5º. Según el diario Frente Popular, uno de los pisos estaba habitado por una familia que trabajaba en la Tabacalera. El edificio se conserva en la actualidad, pero tuvo que sufrir en su fachada una reforma radical, perdiendo su aspecto vanguardista.
Casa Landart, en Amara; la fachada tuvo que ser modificada radicalmente. Kutxateka.
Otra bomba cayó en el número 18 de la calle Urdaneta, en cuyos bajos se encontraba la Escuela de la Sagrada Familia. El proyectil atravesó los diferentes pisos para llegar al primero sin llegar a estallar, siendo recogido por el Cuerpo de Bomberos, sito en la misma manzana. El diario Frente Popular especuló con que dicha bomba iba dirigida contra la Casa de Socorro —cuyo tejado estaba pintado con una cruz roja de gran tamaño—, ya que una de las naves de la misma colindaba con el edificio bombardeado.

Otros bombas fueron a caer en la bahía de la Concha, en los Cuarteles de Loyola, en la parte trasera de la iglesia de Santa María, y, siempre según el diario Frente Popular, “acaso en algún otro lugar”.

Sobre la bomba que cayó en la bahía de la Concha, hace poco me facilitaron un testimonio que podría encajar en el suceso. En la playa de la Concha, estaba la niña María Trinidad Castillo —de unos 12 años—, vecina de San Bartolomé, junto con su madre y hermanos disfrutando de la playa. Entonces, observaron a un avión sobrevolar la bahía. Por el momento no se sobresaltaron, pues pensaron que se trataba de la avioneta publicitaria de “Impermeables El Búfalo”, la cual solía “bombardear” con impermeables a los veraneantes. En lugar de impermeables, el avión dejó caer una bomba. No hace falta decir que el susto fue tremendo, una simple escena lo resume: a causa de las prisas, quedaron los zapatos de la niña María Trinidad enterrados en la arena. Este testimonio ha sido facilitado por Eva Etxebeste, hija y nieta de las protagonistas.
A parte de los daños materiales, los daños personales se redujeron a 5 heridos. En principio todos ellos fueron asistidos en la Casa de Socorro, aunque los más graves serían trasladados al Hospital Civil de Manteo.
Destrozos causados en el interior del 32 de la calle Garibay. Foto Frente Popular.

El segundo bombardeo

A la tarde, los aviones volvieron a sobrevolar San Sebastián con nefastas intenciones y, por desgracia, con peores resultados que en el bombardeo de la mañana.

Nuevamente, los aviones dejaron caer dos bombas en Amara, ésta vez en las cercanías del retrete del parque de Amara, sin producir desgracia alguna. No será la única, dos bombas más caerán en los Altos de Amara, sin llegar a explotar: una a pocos metros de la vivienda de María Teresa Fortea, viuda del malogrado Manuel Andrés Casaus —un día de estos hablaremos de él—, y otra en la huerta de los señores Echave; ambas recogidas por los bomberos. Más adelante analizaremos el posible porqué de esta “obsesión” por bombardear Amara.

En la calle de Moraza, en las proximidades de la linternería Torres, caerá otra bomba que, por suerte, no llegará a explotar. También sería recogida por los bomberos.

Dos bombas más cayeron sobre el número 4 de la calle Urbieta: una fue a parar al patio interior y la otra atravesó los pisos 5º y 4º, quedando alojada en el 3º. Pese a los grandes destrozos no hubo ninguna desgracia personal.
Otra cayó en el número 32 de la calle Garibay, próximo a la sede del diario Frente Popular —antigua sede del Diario Vasco—. En el instante en que cayó la bomba, la “fuerza percutora” hizo que varios periodistas fueran lanzados a “varios metros de distancia” del lugar donde se hallaban. El propio diario especulará con que aquel proyectil iba dirigido contra la redacción y talleres.
Al parecer, el proyectil chocó con la esquina de la terraza del 6º piso, arrancando un pedazo de la misma, y explotando sobre el balcón del 4º —habitación de Bernardo Beristain—. La metralla entró en el piso, arrasando con el mobiliario de cuatro habitaciones, el techo y haciendo un hoyo en el suelo, desde que podía verse el piso inferior, el 3º —habitado entonces por el notario Fernando Fernández Sabater—, donde también habían quedado destrozadas las cuatro habitaciones de la misma rasante del piso superior. Pese a los grandes destrozos, no hubo que lamentar víctimas gracias a la casualidad: en el domicilio de Bernardo Beristain, se hallaba la esposa de éste y tuvo la suerte de haberse “recluido” en las habitaciones que daban a la calle Garibay (?), cosa que le salvó la vida. En el piso inferior, pasó algo similar: el notario Fernando Fernández Sabater y su padre —un hombre de avanzada de edad—, al hallarse en las habitaciones exteriores también pudieron salvar la vida.
Otra bomba fue a caer en la calle San Marcial, en el edificio del bar la Espiga. El proyectil impactó en el tejado, atravesando tres pisos —llegando a atravesar una cuna con su colchón, en la que por suerte no había nadie— haciendo explosión y quedando la espoleta sobre la cama de una habitación del primer piso. La espoleta fue recogida por los bomberos.
Fotografía de los destrozos causados en el tercer piso del Nº 32 de la calle Garibay. Foto Frente Popular.
En aquellos instantes se vivió un momento verdaderamente trágico. En el momento que se advirtió la presencia de los aviones, María Zabalegui Errazquin, dueña de una carnicería existente en la calle de San Marcial, apremió a todos los viandantes a que entraran en el establecimiento para guarecerse del bombardeo. La fatalidad quiso que, María, siendo madre de siete hijos, al no ver a ninguno de ellos a su lado, se decidió a salir en su búsqueda. En aquel fatal y preciso instante, la metralla caía sobre la calle. María no llegó a salir de su tienda. El diario Frente Popular no pudo ser más explícito: “la pobre señora fué alcanzada por un casco que le destrozó el vientre y la región dorsal produciéndole la muerte casi instantáneamente. Casi no tuvo tiempo de salir, pues con un pie dentro de su establecimiento le sorprendió la muerte”.
Otro lugar donde cayó una bomba fue en el edificio que hace esquina entre la calle de Easo con la de San Marcial. Allí impactó en el balcón central de un piso propiedad de un tal Elorza. El proyectil arrancó de cuajo la repisa balaustrada de piedra del balcón y la baranda; en el granito de la base del edificio produjo enormes destrozos y la puerta de acceso a la casa número 1 quedó totalmente destruída. El diario Frente Popular especulará con que el proyectil iba dirigido contra el Hotel Londres, que había sido convertido en hospital de sangre.

La bomba caída ante el Hotel Londres causó varios muertos. En el momento en que hicieron aparición los aviones, Plácida San Juan, junto con su hija, abandonó el domicilio familiar, sito en la calle Fuenterrabía número 22, y se dispuso a buscar a sus otros cuatro hijos, que estaban en la playa. En el preciso instante en que llegaba a la altura de la calle Easo, hizo explosión la bomba de la que hemos hablado, matando en el acto a la madre e hiriendo mortalmente a la hija. No serán las únicas víctimas mortales del momento: la metralla segará en un instante la vida de otros dos hombres y dejará herido mortalmente a otro: Eustaquio Prior Marco.

Eustaquio Prior Marco, era un conocido taxista de San Sebastián. En el momento en que cayó la bomba del Hotel Londres, marchaba para coger su coche; quedando gravemente herido, fallecerá tres días más tarde.
Como dice el diario Frente Popular, aquella explosión debió de ser verdaderamente tremenda. Un trozo de metralla hirió en un brazo a un ciudadano que se hallaba a cien metros de distancia, en la puerta de la farmacia Carrasco, que se hallaba en la esquina de la calle Easo con Pí y Margall —hoy Arrasate—.
Tras el bombardeo, los sanitarios enclavados en el Hotel Londres y los enviados por la Comisaría de Sanidad —situada en el Hotel del Príncipe— harán todo lo posible por dar asistencia a las víctimas.
Coches ambulancia frente al hotel Londres, convertido en Hospital de Sangre. Foto Frente Popular.

Las Víctimas

En este apartado se ha recogido la relación de víctimas, tanto de la mañana como de la tarde, y los respectivos establecimientos de acogida. A falta de más fuentes, toda la información ha sido extraída del diario Frente Popular.

Afortunadamente, durante la mañana solo resultaron cinco heridos. En principio todos ellos fueron asistidos en la Casa de Socorro, los más graves serían trasladados al Hospital Civil:

Casa de Socorro:

  • Josefa Munárriz Uranga, de 32 años, soltera, natural de San Sebastián y habitante en la calle del 31 de Agosto 29, 4º. Lesiones por metralla en el pecho (en otra referencia solo se menciona una herida de metralla en la mano), estimadas en principio como graves. Debido a la aparente gravedad de sus heridas fue trasladada al Hospital Civil de Manteo.
  • Manuel Sierra, de 34 años, jornalero. Contusión en el antebrazo izquierdo.
  • Manuel Usandizaga, de 47 años. Heridas de mano y pie izquierdo, ambos de pronóstico reservado.
  • Juan Garalloa, de 5 años. Herida punzante en la cabeza, considerada leve.
  • Guadalupe Terrazas, de 24 años. Heridas contusas en ambas piernas, consideradas leves, salvo complicaciones.
Tras el bombardeo de la tarde, a los heridos de la mañana habrá que sumarles los heridos y muertos resultantes del segundo bombardeo. El ataque es demoledor, al carecer de una hora precisa para asegurarlo, se puede afirmar que ocurrió en un momento en que la gente abundaba en las calles.

Hotel Londres:

  • Venancio García, de 19 años, asturiano residente en San Sebastián. Heridas incisas en las regiones frontal y palmar derecha.
  • Santiago Argobaniz, de 32 años de Vitoria. Herida incisa en la región palmar izquierda.
  • Santiago Ruiz, de Santander, 23 años. Herida de metralla en el muslo izquierdo.
  • Eduardo Olazagutia, de Vitoria, 23 años. Herida incisa con desgarro en el cuero cabelludo.
  • Mariano Díaz, de Madrid de 29 años. Herida incisa en la región palmar.
  • Angel Larrauri, de 23 años de San Sebastián. Herida incisa en la rodilla.
  • Santos Ibáñez de 20 años de Vitoria. Herida de metralla en el tercio inferior de la pierna izquierda.
  • Ramón Castresán de 20 años, de San Sebastián. Una herida de metralla en el muslo izquierdo y otra en la región plantar.
  • Manuel Murguía de 17 años, de San Sebastián. Heridas de metralla en el hombro y brazo derechos.
  • Venancio Ortega de 29 años, de San Sebastián. Herida con desgarro de tejidos en la región facial derecha, en sedal con orificio de entrada y salida en el hombro derecho.
Hospital Civil de Manteo:
  • Josefa Munárriz de 32 años de San Sebastián. Herida de metralla en la mano derecha (el diagnóstico difiere con el dado más arriba).
  • María Leturiondo Eguía de 36 años de Villabona. Herida de metralla en el tobillo derecho, siendo preciso amputarle la pierna. Además heridas de metralla en la espalda, muslo y brazo.
  • Gregorio Sánchez Iglesias, de 32 años, natural de Casar de Monte, Cáceres, y vecino de Rentería. Herida de metralla en la rodilla. Resultó herido estando en la Concha.
  • Higinio Martín Iglesias de 28 años de Moraleja. Herida en la rodilla con fractura conminuta.
  • Julián Ortiz Saez de 73 años. Confusión en el abdomen y excitación nerviosa.
  • Encarnación Gorbea, hija de Plácida San Juan, de 16 años. Ingresó en estado preagónico con enormes destrozos en manos y piernas.
Clínica de San Ignacio:

  • Enrique Ituarte. Heridas con desgarro en la mano izquierda, haciendo precisa la amputación de un dedo, y dos grandes heridas con desgarro en la pierna izquierda. Herido al salir del fotógrafo Pedroa, en la calle Easo.
  • Juan Echeverría, tío del anterior. Heridas de metralla en las piernas. Al igual que el anterior, herido al salir del fotógrafo Pedroa en la calle de Easo.
Sin llegar a precisar en qué “otros centros” médicos fueron asistidos, el diario Frente Popular da la siguiente lista de heridos:

Otros heridos:

  • José María Zubiaurre. Herido de metralla en la región glútea izquierda.
  • Ramón Bordenave, de treinta y nueve años, sereno de la Avenida. Herida de metralla en el codo con fractura del húmero y heridas contusas en las piernas.
  • José Aoja, de Mondragón, de 29 años. Herida de metralla en el pie izquierdo.
  • Pedro Nieva, de San Sebastián, de 28 años. Herida de metralla en la pierna izquierda.
  • Esteban Fernández, de 50 año. Herida de metralla en el muslo izquierdo.
  • Juan Echave, de 28 años. Herida en el pie izquierdo.
  • Concha Alustiza, de 17 años. Herida en la pierna izquierda.
  • Juan Alvarez, de 18 años. Herida contusa en el brazo derecho.
La lista termina añadiendo que otros muchos heridos fueron curados “en sus propias casas”.

Esquelas de las  mujeres fallecidas a consecuencia de la bomba caída ante el Hotel Londres. Foto Frente Popular.

Los Muertos:

Por lo que hemos visto, no se puede asegurar el total exacto de heridos, pero sí el de fallecidos. El día 15, el diario Frente Popular da un balance “definitivo” de seis muertos: dos mujeres y una muchacha, más dos hombres y un niño. Las mujeres y uno de los hombres (fallecido en el Hospital) fueron enterrados en Polloe el día 14.

Por desgracia, la cifra que en un principio ofrece el diario Frente Popular es inexacta. Días después, en la madrugada del 16 de agosto, fallecerá el taxista Eustaquio Prior Marco, de 26 años. Hasta la fecha será el último fallecido a causa del bombardeo del que se tiene cuenta. Así pues, corrigiendo la cifra dada por el diario, son 7 las víctimas del bombardeo.

El funeral de Eustaquio debió ser de ser importante. A causa de su oficio era un hombre muy conocido en la ciudad; pero también por ser colaborador del Frente Popular, para el que desde el primer momento hizo labores de transporte de milicianos y “otros menesteres encomendados por el Frente Popular”. Según el diario consultado —cuyo breve artículo es toda una “laudatio” del hombre en pro de la causa— la labor del chófer fue tan intensa que “tuvo que guardar cama por prescripción facultativa para reponerse”. Sin estar restablecido por completo, se dispuso aquella fatal tarde a coger su coche una vez más, momento en que cayó la bomba. Tras fallecer en la madrugada del día 16, su cadáver fue conducido el mismo día a las 16:30 desde su domicilio en Eguía, número 34, hasta el cementerio de Polloe, escoltado por una multitud de “miles de personas” en la que “se escuchaban durísimas frases de condenación para el criminal proceder de los fascistas”.

Para mejor comprensión, incluyo la lista de fallecidos:

  • María Zabalegui Errazquin, dueña de una carnicería existente en la calle de San Marcial.
  • Plácida San Juan Gil, madre de Encarnación Gorbea, de 42 años.
  • Encarnación Gorbea San Juan, hija de Plácida San Juan, de 16 años.
  • Eustaquio Prior Marco, de 26 años, de profesión taxista. Fallecido en la madrugada del día 16.
  • Faltan por identificar a otros tres varones: dos hombres y un niño.

El bombardeo en la Prensa.

La prensa afín al Frente Popular apenas hace mención de los bombardeos. Evidentemente, el que más hincapié hace en el bombardeo es el diario local Frente Popular. Del resto de los diarios consultados, sólo en el bilbaíno “La Gaceta del Norte” se hace mención explícita a éste suceso, mostrando indignación y copiando palabra por palabra el artículo del donostiarra “Frente Popular”. El resto de la prensa republicana a la que se ha tenido acceso no hace mención alguna del hecho.

La prensa sublevada hace otro tanto, pero con algunas diferencias. De los diarios consultados, pocos hacen mención explícita del suceso. “El Diario de Pontevedra” es el más explícito; sin tapujos informará: “Los aviones nacionales dejaron caer ayer en San Sebastián unas 60 bombas, causando víctimas”. La misma cifra de bombas será confirmada por la “La Gaceta de Tenerife”, aunque sin hacer referencia a los aviones. Otro diario canario, “La Acción”, afirma que la ciudad fue bombardeada por 5 aviones.

Otros diarios sublevados —”El Pueblo Gallego” y “Diario de Navarra”— no hablan de bombardeo y se limitan a decir que los pilotos del aeródromo de Agoncillo, en la Rioja, al sobrevolar San Sebastián e Irún vieron que “había numerosas banderas blancas”. Evidentemente, ésto parece ser pura propaganda alejada de la realidad.

Bando publicado por la Comisaría de Guerra en el diario “Frente Popular”. DK.

A posteriori

Tras el ataque, el día 14, la Comisaría de Guerra mandó publicar en la portada del diario Frente Popular un bando con las medidas a seguir por la población ante la eventualidad de que San Sebastián volviese a ser atacada por aviones. Para algunos ciudadanos ya era demasiado tarde.

El ataque acelerará acontecimientos. La Junta de Defensa de Guipúzcoa adelantó el consejo de guerra contra los mandos sublevados de Loyola a la madrugada del día 14. El consejo de guerra, tras la toma de San Sebastián por los sublevados, será tildado de farsa y usado por éstos como propaganda.

***
Foto de un Savoia SM81 “Pipistrelo”, tipo probable de bombardero usado sobre San Sebastián. Foto Wikimedia.

Reflexiones: Los aviones sublevados ¿Un bombardeo al azar o estratégico?


Los aviones sublevados:

Hasta la fecha, por desgracia, sobre qué aviones realizaron los bombardeos no hay información concluyente. Menos todavía al respecto de la unidad que efectuó la incursión.

Según el diario Frente Popular —como ya hemos visto— los aviones eran italianos y provenientes, supuestamente, de Recajo, en la Rioja. Fuentes sublevadas —”El Pueblo Gallego” y “Diario de Navarra”— afirmarán que provenían de la Rioja, pero, en esta ocasión del aeródromo de Agoncillo. Sin embargo, “El Diario de Pontevedra” asegura que los aviones podrían haber partido de Burgos. Como se ve, nadie se pone de acuerdo.

También habría que tener en cuenta que por “italianos” podría entenderse como un término propagandístico, más que una realidad. En el bando sublevado, en cambio, solía usarse el apelativo “ruso” contra cualquier tipo de avión usado por el bando enemigo.

En la obra “Crónica de la Guerra Civil de 1936-1937 en la Euzkadi peninsular” —cuyas fuentes son el diario Frente Popular y el libro “Las fuerzas aéreas en la Guerra Civil Española” (Edit. San Martín. 1979)— da como cierto que los bombarderos fueron “Savoia SM81”, apodados “Pipistrello” —murciélago—. El mismo libro habla de otras unidades de bombardeo compuestas a base de Dragon Rapide, Fokker FVH, Ju52 y HE51; todos ellos usados en los comienzos de la campaña del norte.

La única manera de cerciorarse de qué aviones bombardearon San Sebastián, sería teniendo acceso a los planes de vuelo de la escuadrilla que participó en la acción. Por desgracia, actualmente, obtener ésta información es una tarea imposible de llevar a cabo.

¿Un bombardeo al azar o estratégico?:

Sobre la intencionalidad del bombardeo tampoco se puede afirmar nada, pues sólo tenemos la visión sesgada que nos aporta el diario Frente Popular. El diario afirma abiertamente que las bombas iban contra objetivos civiles de manera indiscriminada —la Casa de Socorro o el Hotel Londres—; esto podría ser tan cierto como una vulgar maniobra de propaganda. Repitiendo lo dicho más arriba con respecto a los aviones: sin los planes de vuelo no se puede saber la verdad sobre este asunto.
Si atendemos a la tesis que afirma el diario y analizamos los lugares de impacto y sus alrededores, claramente se puede sacar la conclusión de que sí se buscaban objetivos concretos. Juguemos a las conjeturas:

Sobre el bombardeo de la mañana se puede observar que se concentró en torno a dos zonas muy concretas: la Parte Vieja y Amara. También hay que añadir algunas bombas solitarias. Analicemos cada parte.

En torno a la Parte Vieja había varios posibles “objetivos”: La Casa del Pueblo, situada a la altura de la calle 31 de Agosto con San Jerónimo; el Gran Casino, sede de la Comisión de Transportes y actual Ayuntamiento; el Gobierno Militar, situado en el Palacio Goikoa; y el Hotel Continental, que fue usado durante la batalla de San Sebastián como puesto de mando y cuartel de milicias. Ninguna bomba acertó en dichos objetivos.

En Amara las bombas caen en torno a lo que en la época era la estación de Ferrocarriles Vascongados —hoy Euskotren—; pero ni una sola bomba cae en el nudo ferroviario. Todas van a parar a las últimas casas del barrio —1 y 6 de la Pza. del Centenario—, al Alto de Amara y a la calle Urbieta. Salvo en el caso de Urbieta, en cuya relativa proximidad estaba la checa anarquista del Colegio del Sagrado Corazón, el resto de objetivos pueden responder a información estratégica anticuada. Luego lo analizaremos detenidamente.

Sobre las bombas solitarias… Está la bomba que cayó en la bahía de la Concha, que al no saberse la altura a la que cayó, poco se puede hacer. La bomba que cayó en Urdaneta lo hizo cerca de la Casa de Socorro, la cual tenía el tejado decorado con la cruz roja para evitar ser bombardeado. El caso más curioso es la solitaria bomba de Loyola: ¿sería una suerte de venganza por haber tomado los Cuarteles?

En el bombardeo de la tarde, vemos que se repite la concentración de explosiones en torno a Amara. También vemos cómo se bombardea en torno al barrio de San Martín y se lanza una solitaria bomba en la calle Guetaria. Analicemos cada sector.

El caso del barrio de San Martín llama la atención, pues no había ningún objetivo militar ni político en la zona: solo el hospital de sangre del Hotel Londres. No es de extrañar que el diario Frente Popular culpe a la aviación sublevada de “intenciones criminales”.

Sobre la solitaria bomba de la calle Guetaria, el diario Frente Popular afirma que “iba contra ellos”, por estar su sede en las proximidades del lugar de la explosión.

Como ya hemos visto, las bombas vuelven a caer en Amara, y casi en el mismo sitio: se vuelve a bombardear el Alto, una bomba cae en algún lugar de la calle Moraza y otras dos bombas caen en el parque de Amara —hoy Araba—. Vuelve a pasar lo mismo que en el caso anterior ¿Qué buscaban bombardeando esos mismos lugares?

Hay que tener en cuenta dos cosas sobre el barrio de Amara: una, lo que hoy se llama Amara Viejo era el extrarradio de San Sebastián, más allá no había “nada”; dos, era uno de los principales puntos de acceso a la ciudad, ya sea por carretera o ferrocarril. No deja de ser llamativo que no cayera una sola bomba en el nudo ferroviario y que todas las bombas se centren en sus alrededores.

Al respecto de bombardear Amara con tanta insistencia, en mi opinión, responde a información obsoleta procedente de los primeros días de lucha. Las bombas caen en el alto de Amara, antigua posición de artillería del Frente Popular, usada para bombardear los Cuarteles de Loyola durante el asedio. En el caso de los edificios, 1 y 6, de la Plaza del Centenario, eran los “últimos” edificios de San Sebastián, por estar emplazados en el extrarradio y, debido a su altura, los hacía perfectos puestos de observación. En el número 1, se sabe con certeza de su uso como observatorio, mientras que en el caso del número 6, se desconoce. Tal vez la bomba fue a parar a éste último por error. Otras bombas caen en las calles Moraza y Urbieta, lugares donde hubo barricadas en los primeros días de lucha y en cuya proximidad estaba la calle Larramendi, lugar donde se hallaba el ya mencionado Colegio del Sagrado Corazón, convertido en checa de los anarquistas.

Revisada toda la información ofrecida por el diario Frente Popular, tras analizar detenidamente el mapa y, sobre todo, a falta de tener los ya mentados planes de vuelo de la escuadrilla sublevada, se puede afirmar que los bombardeos aéreos ocurridos a lo largo del día 13 de agosto de 1936 fueron contra objetivos concretos: civiles, militares y políticos; buscando tanto la desmoralización como la destrucción de objetivos estratégicos.

ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES:

HEMEROTECA:

Prensa del Frente Popular:

  • Frente Popular: diario de la República. 14 de agosto de 1936. Pág. 1.
  • Frente Popular: diario de la República. 14 de agosto de 1936. Pág. 2.
  • Frente Popular: diario de la República. 14 de agosto de 1936. Pág. 6.
  • Frente Popular: diario de la República. 15 de agosto de 1936. Pág. 4.
  • Frente Popular: diario de la República. 16 de Agosto de 1936. Pág. 1.
  • Frente Popular: diario de la República. 17 de Agosto de 1936. Pág. 4.
  • Gaceta del Norte. Bilbao. 15 de Agosto de 1936. Pág. 5.
  • Gaceta del Norte. Bilbao. 18 de Agosto de 1936. Pág. 3.
Prensa Sublevada:
  • El Diario de Pontevedra: Periódico liberal. 14 de agosto de 1936. Pág. 3.
  • El Pueblo Gallego. Vigo: Viernes 14 de agosto de 1936. Pág. 1.
  • La Gaceta de Tenerife. Viernes 14 de agosto de 1936. Pág. 2.
  • La Acción. 14 de agosto de 1936. Pág. 6.
  • Diario de Navarra. 14 de agosto de 1936. Pág. 6.

LIBROS:

  • Barruso, Pedro. Verano y Revolución; la Guerra Civil en Gipuzkoa. Edición digital. Link.
  • Urgoitia, José Antonio. Crónica de la Guerra Civil de 1936-1937 en la Euzkadi peninsular. Tomo I. Págs. 357-359.

Ver Post >
Montajes fotográficos: El comienzo de la Guerra Civil en San Sebastián.
img
Ion Urrestarazu | 18-07-2016 | 4:49| 0

Montajes fotográficos:

El comienzo de la Guerra Civil en San Sebastián.

 

Hoy, conmemorando el 80 aniversario del comienzo de la Guerra Civil Española, usando montajes fotográficos para ver el antes y después, haremos un breve recorrido por San Sebastián durante el comienzo de la Guerra Civil Española. En un primer párrafo explicaremos el suceso histórico en torno a la fotografía, para seguir con otro párrafo donde se analizarán los pormenores de la imagen.

Iglesia de los Padres Carmelitas Descalzos. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada.
Según el diario Frente Popular, entre el 18 y 19 de julio, los anarquistas, al tener noticia de la sublevación, comenzaron a levantar barricadas en torno al barrio de Amara (hoy Amara Viejo), que en aquel momento eran las afueras de la ciudad y uno de los principales puntos de acceso a la misma. No sería el único lugar, también en el barrio de Eguía se levantarían barricadas.
Como puede verse en la fotografía, las barricadas se hicieron a base de levantar los adoquines de la carretera y acumularlos junto con cualquier otra cosa que pudiese servir como protección como, por ejemplo, carros.
Barricada en la confluencia de las calles Fuenterrabía, Prim y Larramendi. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada.
Durante la Batalla de San Sebastián (22-23 de julio), los combates fueron especialmente intensos en el barrio de Amara. Los sublevados avanzaron sobre la ciudad por el barrio de Amara, encontrando gran resistencia, siendoles necesario tomar calle por calle. Los combates fueron verdaderamente duros, llegándose a combatir, incluso, desde las azoteas y usando todo tipo de artefactos explosivos.
En esta foto y la siguiente, podemos ver la barricada por ambos lados. La barricada protegía el acceso a la Calle Larramendi, uno de los objetivos a tomar por los sublevados por ser el emplazamiento del colegio Sagrado Corazón. Este colegio había sido tomado por los anarquistas y usado a modo de cuartel general y checa.

Seguramente, la misma barricada de antes, vista desde el otro extremo. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada. 
En su avance, los sublevados dividieron sus fuerzas. Una parte se mantuvo combatiendo en Amara, la otra consiguió avanzar y tomó diferentes puntos estratégicos. A las fuerzas de Amara, les fue imposible avanzar, retirándose a los Cuarteles de Loyola y abandonando a sus compañeros que quedaron atrincherados en el Gran Casino y el Hotel María Cristina.
En la foto podemos ver un coche habilitado como ambulancia y a varios milicianos posando, agazapados, tras la barricada. Según el diario Frente Popular, los sublevados atacaron indiscriminadamente las ambulancias que recorrían la ciudad.
Milicianos frente al Hotel María Cristina. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada.
El día 23, el Hotel María Cristina, tras ser bombardeado por el torpedero Xauen, es asaltado por los milicianos, siendo tomado en poco tiempo. Ésto causará la desmoralización de los sublevados que irán retirándose de varios puntos de la ciudad como el edificio de “La Equitativa” y la Estación del Norte, para terminar retirándose definitivamente a los Cuarteles de Loyola.
En la foto vemos a tres milicianos posando, seguramente después de la toma del hotel. Al fondo, en el suelo, se pueden ver cascotes, probablemente producto del cañonazo del torpedero Xauen. Los milicianos van ataviados con ropas de obrero como alpargatas de esparto, boina y monos azul mahón. El de la boina porta, además, un pañuelo como signo de filiación política, tal vez de color rojo (comunista o socialista) o rojinegro (anarquista). Los demás, portan gorras militares cuarteleras, conocidas como “isabelinos”. Sobre el resto de pertrechos militares: son las típicas cartucheras, trinchas y armas del ejército español. Las trinchas claras del miliciano de la derecha, podrían ser trinchas de gala del arma de artillería o ingenieros, o de uso ordinario de la Guardia Civil. Los fusiles son del modelo Mauser 1893.
Milicianos y “Tiznado” fotografiados frente al Gran Casino. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada.
En la Batalla de San Sebastián, junto con los anarquistas que, recordemos, luchaban en Amara, participó la columna del Frente Popular proveniente de Eibar. Parte de dicha columna se había formado en Mondragón a base de fuerzas provenientes de San Sebastián y de otras partes de Guipúzcoa, con el objetivo de atacar Vitoria; en Eibar se le sumaron fuerzas de Bilbao. El componente humano estaba formado por milicianos asturianos, gallegos, guipuzcoanos y vizcaínos y fuerzas del orden como carabineros, guardias civiles, guardias de asalto, y miqueletes (unos 3000 hombres en total). A ellos había que sumarles armas (dinamita, granadas, morteros) y vehículos vehículos de varios tipos (ambulancias, autobuses, camiones blindados).
En la foto, realizada ante el Gran Casino, podemos ver un guardia de asalto, con su mono de combate y gorra de plato, junto con varios milicianos, posando ante un “tiznado”. El tiznado, que no es más que un camión con un blindaje improvisado artesanalmente, pertenece a las fuerzas provenientes de Bilbao; los especialistas lo conocen como “Deusto Nº 1”. El vehículo va decorado con slogans como “Soldados no tirar, somos la República”, U.H.P. (Unión de Hermanos Proletarios) o Viva la República.
Barricada en la Iglesia del Corazón de María, del barrio de Gros. Fotomontaje: Ion Urrestarazu Parada.
Los anarquistas fueron claves en la Batalla de San Sebastián, debido a su combatividad contrarrestaron el ataque sublevado hasta la llegada de la Columna de Eibar. Muchos de los anarquistas eran inmigrantes gallegos, establecidos en el puerto de Pasajes y pertenecientes al sindicato Avance Marino. Nada más enterarse de las primeras noticias de la sublevación comenzaron a “blindar” camiones y a armarse para la lucha. Por desgracia no todo son logros en lo que respecta al anarquismo local. Durante la lucha, establecieron tres checas en San Sebastián donde pudieron aplicar la “justicia revolucionaria”. Las checas desaparecieron a medida que la Junta de Defensa del Frente Popular de Guipúzcoa fue consolidándose.
En la foto podemos ver una barricada formada con sacos terreros ante la Iglesia del Corazón de María. Tras ella, un grupo de anarquistas posan, vestidos varios de ellos con monos de obrero y armados con simples escopetas. Al frente se ve un “tiznado”, en cuyo guardabarros ondea la bandera de la FAI-CNT, que porta un improvisado blindaje a base de colchones. La Iglesia del Corazón de María fue convertida en checa y ante ella, en el lugar donde se hallaba el Garaje Universal, se realizaron fusilamientos.
ION URRESTARAZU PARADA


FUENTES:

  • Barruso, Pedro. Verano y Revolución: La Guerra Civil en Gipuzkoa. Edición digital: Link.
  • Chiapuso, Manuel. Los anarquistas y la guerra en Euskadi: La comuna de San Sebastián. Edición digital: Link.
  • Donostia-San Sebastián, Ayuntamiento. Mapa de la Memoria Histórica. Edición digital: Link.
  • El Gaje del Oficio, Blog. Días de Plomo: Gallegos en la defensa de Donostia (1 y 2). Edición digital: Link 1Link 2.
  • Frente Popular: Diario de la República. Lunes 27 de Julio de 1936. Edición digital: Link.
  • Frente Popular: Diario de la República. Martes 28 de Julio de 1936. Edición digital: Link.

 

Ver Post >
Escándalo en el Frontón Municipal (1916).
img
Ion Urrestarazu | 12-07-2016 | 2:56| 0

Ese mismo año, el 12 de abril, en el Iris Park de Barcelona, Franch Hoche contra Harry Allack con Jack Johnson como árbitro. Foto Arxiu del Centre Excursionista de Catalunya.

 

Escándalo en el Frontón Municipal.

Son las 21:30 del 7 de julio de 1916. El Frontón Municipal está a rebosar. El público donostiarra está extasiado: van a pasar la noche viendo combatir a un impresionante elenco de boxeadores y ¡sólo por 0,50 pesetas la entrada! Pero… hay un problema. Los luchadores que hacen acto de presencia en el ring no tienen nada que ver con los del cartel y, por encima, no saben ni luchar. “¿Pero ésto qué es?”, se pregunta el público. Así comienza la crónica de una estafa muy descarada.

La noticia

El primer diario que se hizo eco de la sensacional novedad fue “La Voz de Guipúzcoa”: un empresario norteamericano, llamado Richard Klegin, había venido a San Sebastián con la idea de organizar un campeonato de boxeo y otro de lucha grecoromana. Ambos combates se sucederían durante dos días, alternando boxeo con lucha grecorromana.
Según el diario, el programa de boxeo iba a ser más o menos como sigue:

El día 6 a las 21:00 comenzaría el evento en el Frontón Municipal.

1º El norteamericano Closey contra el belga Jun Blak. El combate sería a 10 rounds con 2 minutos de tiempo cada uno.

2º El español Franch Hoche contra el norteamericano Gus Rhodes.

3º Los dos hijos del profesor de boxeo Anderson, harían una demostración.

4º El británico Grand contra el español Rafael Barrero. Ambos jokeys, pesaban 51 y 49 kilos respectivamente.

5º El norteamericano Joven Smitch contra el holandés Joon Keunedy. Ambos, según la prensa, eran considerados temibles boxeadores.

La Voz daba otros tantos datos jugosos para alimentar las imaginación del público: Closey, vencedor de 250 luchas, tras haber sido derrotado por Black hacía dos años en París, iba a buscar la revancha en San Sebastián. O sobre Gus Rhodes, que ya era famoso por méritos propios, comentaba que era sobrino del famoso campeón Jack Johnson “el gigante de Galveston”. Hay que darse cuenta de la importancia del campeonato, muchos de ellos eran auténticas estrellas del momento.
No será el único diario en que se hable del evento. “El Liberal Guipuzcoano” y “El Pueblo Vasco”, anunciarán haberse inscrito para el campeonato “más de doce luchadores”, entre los que destacaban nombres muy conocidos para el momento en la lucha grecorromana: Petersen, campeón del mundo; Pottier, campeón canadiense; Rosset, campeón Suizo, y Luis Uni “Apollón”, campeón de fuerza.
En el campeonato de lucha grecorromana, que se celebraría el día 7, los luchadores se batirían por un premio que ascendía a la jugosa cifra de 10.000 pesetas de la época.
Y por si todo ésto pudiera parecer poco, los donostiarras podrían presenciar ambos espectáculos por el módico precio de 0,50 pesetas la entrada general y cinco pesetas la butaca. Mejor imposible.

El suceso

Como se esperaba, a las nueve y media de la noche del 6 de julio iba a dar comienzo el primer combate de boxeo en el Frontón Municipal; pero algo extraño sucedió.
La Voz de Guipúzcoa comentaría al día siguiente: “Nos decía anoche un popularísimo empresario y actor, muy formal en lo primero y muy querido por el público, que si se colocan á un lado todos los que han venido á ganar dinero á San Sebastián y á otro lado los que tienen que pagarlo, vencen en numéro los primeros”. No le faltaba razón. En la misma hora que se hacía dicho comentario, como si una premonición se tratase, en el Frontón Municipal ocurría un escándalo.
Como ya hemos dicho, en el Frontón Municipal, que estaba arrendado por el empresario Richard Klegin, se iban a celebrar varios combates de boxeo. El público donostiarra ávido de espectáculo, había acudido en masa debido a lo atractivo del elenco y lo económico de la entrada. Pero, tan pronto como llegó la hora del comienzo del campeonato, comenzaron a apreciar que algo no iba bien.
Ante el público, desfilaron por el ring una serie de boxeadores que nada tenían que ver con el cartel. La Voz de Guipúzcoa ironiza al respecto diciendo que los boxeadores habían sido sustituidos por otros de marca “Codorniú”. Sólo un boxeador coincidía con el cartel: el español Hoche; el resto, eran todos sustitutos.
También “El Pueblo Vasco” comenta como aquellos sustitutos “se condujeron en forma tan impropia é incorrecta que, en realidad parecían mofarse del público” y pone un ejemplo muy explícito del esperpéntico cambiazo: “un vecino de Getafe salió á boxear en calidad de sobrino (Gus Rhodes) de Jack Johnson”. Aquel cambiazo no habría sido tan descarado si el norteamericano Gus Rhodes no hubiese sido negro.
Según “El Liberal Guipuzcoano”, el programa no se realizó por completo. La velada terminó demasiado pronto y se dió anuncio de que se iba a preparar otro combate. Combate que no llegaría a realizarse a causa de que un luchador —presumiblemente Hoche— se negó a seguir con aquella farsa. El tiempo pasaba y, tras ver que en largo rato este último combate no terminaba por celebrarse, el público comenzó a subirse por las paredes.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Tras la primera incertidumbre, los espectadores perdieron la paciencia y, luego, estallaron a gritos y, de ahí, a arrasar con el mobiliario, reduciendo, literalmente, las butacas a astillas. Al parecer, la autoridad tuvo que entrar en el frontón a apaciguar los ánimos.
Tras el primer “desahogo”, el indignado público salió a la calle y pasó a montar una manifestación, marchando en número de 300 a 400 defraudados, sin violencia alguna, con dirección al Gobierno Civil y con intención de protestar y exigir la devolución del dinero. Vamos, como tiene que ser.
Entre tanto, el gobernador civil, López Monís, estaba en el teatro disfrutando de la velada nocturna cuando recibió la noticia de lo que ocurría. Apresuradamente, salió del teatro para recibir a los manifestantes en el palacio de Bellamar, sede del Gobierno Civil. Allí, los manifestantes expusieron los hechos, que fueron confirmados por los agentes, y exigieron acciones al respecto.
El gobernador no pudo proceder a la devolución del dinero, ya que buena parte del público había tirado los resguardos de las entradas. Así que era imposible asegurar la cantidad a devolver. Por ello, hizo un cálculo de las ganancias obtenidas por el arrendatario del frontón, el tal Klegin, y decidió imponerle una multa de 500 pesetas.
También fue informado de que para el día siguiente, Klegin, había solicitado un permiso para celebrar otra velada, esta vez de lucha grecorromana. El gobernador, a fin de garantizar el orden, suspendió la autorización temporalmente y pidió a los miembros del Club Fortuna, considerados la primera institución deportiva de la ciudad, que comprobasen el cartel del campeonato de lucha grecorromana para ver si había alguna irregularidad.

A posteriori

Al día siguiente, 7 de julio, como es de rigor, los diarios se hicieron eco del bochornoso espectáculo y celebraron por igual la actuación del público donostiarra y del gobernador civil.
El Club Fortuna emitió su veredicto de acuerdo a la organización del match de lucha grecorromana. Claramente, fue negativo.
En la redacción de La Voz de Guipúzcoa se presentaron el campeón del mundo de lucha grecorromana Pettersen, y el boxeador Gus Andrew Rhodes, sobrino del famoso Jack Johnson. Ambos explicaron a los periodistas que habían venido a San Sebastián a inscribirse en los campeonatos, pero viendo lo que pasó quisieron hacer saber al público donostiarra que nada tenían que ver con lo sucedido y que solo participarían en espectáculos con garantía. Por si se celebraba algún campeonato serio, Pettersen se quedó algunos días más en la ciudad.
Esa misma noche, Gus Rhodes volvería a dar explicaciones, ésta vez en la redacción de El Pueblo Vasco, añadiendo que, en breve, podría vérserle luchando en compañía de su afamado tío y otros boxeadores. Rhodes, como despedida, tuvo un gesto de simpatía con los reporteros e hizo una pequeña demostración de sus habilidades, golpeando la mano de uno de ellos con un leve shake-hand reduciéndosela a “fosfatina”.
El día 8, durante la mañana, Rhodes visitó al gobernador civil, notificándole las intenciones de realizar varias exhibiciones en San Sebastián junto con Jack Johnson, Pettersen y otros tantos. El gobernador, visto lo sucedido, le advirtió que no se celebraría ninguna exhibición que no contase con el visto bueno del Club Fortuna.
En esta ocasión fue Pettersen el que visitó la redacción de El Pueblo Vasco. Allí contó más o menos lo mismo que Rhodes, a saber: haber venido a San Sebastián para participar en el torneo, pero que renunció a participar en él, debido a las irregularidades del match de boxeo. Éste había venido con su familia, y decidió quedarse en la ciudad para tal vez participar en alguna velada “íntima” como obsequio al público. También elogió al luchador español Javier Ochoa “El León Navarro”, con quien lucharía el domingo en Pamplona, considerándolo “C’est un vrai taureau” (es un toro bravo). La carrera de Ochoa fue de vértigo, llegó a salir invicto en más de 1.500 combates, tan solo perdiendo en 8 ocasiones, ganándose con razón el mote de “El León Navarro”; pero eso, es otra historia.
ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES: 
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 5 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 8 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Jueves 6 de Julio de 1916. Pág. 4.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • Diario Vasco. Domingo 9 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 6 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 8 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • El Pueblo Vasco. Domingo 9 de Julio de 1916. Pág. 4.

Ver Post >
Locura y muerte en el Asilo de Zorroaga (1926).
img
Ion Urrestarazu | 10-06-2016 | 5:40| 0

“Manuel Lecube, inconsciente autor de la tragedia de ayer. (F. Guerézquiz.)”. Foto LVG.

 

 

LOCURA Y MUERTE EN EL ASILO DE ZORROAGA.

 

Son las 2 de la madrugada del 8 de junio de 1926. En el segundo pabellón del Asilo Reina Victoria, un hombre yace en su cama despierto. Está inquieto y no deja de sollozar. Llegará el momento en que anuncie a voces que va a matarse. Se levantará, se vestirá y empuñará un cuchillo que escondía con nefastas consecuencias. Así comienza una noche de locura y muerte en el Asilo de Zorroaga.

 

EL COMIENZO

Como cualquier otro día, los asilados de Zorroaga marcharon a dormir a sus respectivos pabellones. Las Hermanas de la Caridad hicieron la última ronda sin observar nada anormal. A la 1:00 de la madrugada, se retiraron a su propio pabellón. Mientras todas las hermanas se disponían a descansar, una de ellas —sor Justa Murga— decidió hacer una última requisa hacia la 1:40. Según la prensa, si hubiera tardado cinco minutos más, habría sido sorprendida por la tragedia.

Hacia la 1:45 —hay quien dice las 2:00—, en el dormitorio del piso principal, mientras todos duermen, uno de los asilados, no pudiendo dormir, observa a su compañero, que también se ha despertado y solloza. El asilado que solloza, al cabo de un rato, anunció en voz alta: “¡Me voy a matar!”. Tras decir esto, el presunto suicida, llamado Manuel Lecube, preso de una gran excitación, saltó de la cama, se vistió y empuñó un cuchillo que tenía escondido. En éste instante es cuando comienza la tragedia.

Por desgracia, hay varias versiones sobre cómo se desarrolla la tragedia y que contradicen tanto el desarrollo de los sucesos como el orden de heridos. Aproximadamente, esto es lo que sucedió:

Lecube, muy alterado y dando voces, empezó a acuchillar a los asilados que más cerca tenía y que aún dormían. Según la versión de “El Pueblo Vasco”, el primero en ser acuchillado fue Martín Cristobalena; según otra —la del capellán del asilo—, fue el jorobado José Borda. Tras el primer ataque, se dirigió al resto de camas. Al parecer, los siguientes en ser acuchillados fueron los asilados Luis Manterola y Francisco Michelena, respectivamente.

Pronto, el pánico cundió en la sala. Los asilados, a medida que se despertaban, se encontraban con la enorme figura de Lecube, que, como poseído por una rabia furiosa, avanzaba asestando cuchilladas contra todo aquel que le salía al paso. La confusión es enorme, los asilados huyen como pueden y por donde pueden. Algunos ancianos, al advertir lo que ocurría, se escondieron bajo sus camas. Un asilado, al ver que Lecube se dirigía sobre él, echó a correr y saltó desde una ventana al tejado, para librarse de las iras del agresor; tras salvar la vida, dará la voz de alarma.

La confusión fue en aumento en el instante en que Lecube abandonó la sala y corrió por la escalera interior, ensangrentado y dando voces, con dirección al dormitorio de la planta baja.

En un momento que no queda claro, Nicolás Cestona, un asilado que además ejercía como enfermero, despierto tras escuchar los gritos que proferían los asilados, vio que Lecube actuaba de manera extraña, con “idéntica actitud que cuando estaba acometido por el acceso de locura” y que su rostro estaba “como rojo de ira, de furor”. Decidió intentar calmarlo y le habló; Lecube no hizo caso alguno. Alarmado, corrió al piso superior en busca de ayuda; pero, no hallando nada más que silencio, decidió volver sobre sus pasos. Tan pronto como bajaba las escaleras, se encontró cara a cara con Lecube y, tras dirigirse a él por segunda vez, también de manera infructuosa, escuchó los lamentos de un herido y se dio cuenta de que Lecube se había vuelto peligroso. Entonces, Lecube se abalanzó sobre Cestona y ambos forcejearon; pero Lecube, corpulento y fuerte como era, pudo desasirse y asestarle a Cestona una cuchillada en el hombro.

Lecube, tras dejar a Nicolás Cestona herido en las escaleras, volvió a la planta baja para proseguir en el dormitorio su macabra obra. Una vez dentro, fue directo a por la segunda cama —ya que la primera estaba parcialmente oculta tras la puerta—, apuñalando mortalmente al anciano Antonio Egurza. Al sentirse herido, Egurza intentó incorporarse, pero las fuerzas le abandonaron. Tras herir a otros dos asilados en dicho dormitorio, salió de la sala. A partir de aquí, Lecube desaparece. Todo había ocurrido en apenas cuarenta minutos.

 

LAS AUTORIDADES HACEN ACTO DE PRESENCIA

Los gritos no fueron escuchados por las monjas, pues dormían en otro pabellón bastante alejado de los de los asilados. El asilado, antes mencionado, que saltó por una ventana para refugiarse en un tejado, desesperado, corrió en su busca. Golpeó desesperadamente la puerta, despertando con ello a las monjas. Informadas de la desgracia, pidieron al asilado que fuera también en busca del capellán.

El capellán y las monjas se encontraron un escenario dantesco: los ancianos asilados huían despavoridos al campo, otros se habían acurrucado en sus camas y los heridos, que estaban en los pasillos manchados por la sangre, “se revolcaban en la madera”, permanecían como “alocados” o petrificados, demandando auxilio.

Desde las proximidades de Martutene, dos guardias rurales escucharon el griterío que provenía del Asilo Reina Victoria. Montaron en un coche que pasaba casualmente por allí y se dirigieron al lugar. Una vez allí, y tras la funesta sorpresa, se dio avisó por teléfono a las autoridades municipales y sanitarias. Poco tiempo después llegó la ambulancia, que llevaría los heridos más graves al Hospital de Manteo y los demás a la Casa de Socorro.

Tras tener noticias de lo sucedido, el alcalde Elósegui se trasladó al Cuarto de Socorro y desde allí al Hospital de Manteo, para luego seguir hasta el Asilo de Zorroaga. Le acompañaban el teniente de alcalde, doctor Maíz, y el jefe de la Guardia Municipal, Antonio Vivar. También se personó en el asilo el Juez de instrucción Cobian, para comenzar la práctica de las diligencias.

El Juez Cobian interrogó a los compañeros de dormitorio del agresor, después tomó declaración al herido Ramón Santacreu —tras haber vuelto este de la Casa de Socorro— y las demás personas que pudieron facilitar detalles para elaborar el sumario. Tras el interrogatorio, dispuso que el cadáver de Antonio Egurza fuera trasladado al depósito judicial.

La confusión es enorme en el Asilo, incluso después de la desaparición de Lecube. No aparecía por ninguna parte. Los guardias registraban habitación por habitación y los alrededores del asilo. Se pensaba que Lecube podía estar al acecho o, también, haber huído para ponerse a salvo o suicidarse.

 

LAS VÍCTIMAS

Tras la llamada a las autoridades, es enviada una ambulancia a recoger los heridos. Se determinó que los heridos leves fuesen trasladados a la Casa de Socorro de la calle Garibay y al Hospital de San Antonio en Manteo. En ambos establecimientos, la sorpresa de ver entrar por sus puertas a tantos heridos, quejándose y con las ropas ensangrentadas, fue grande.

Los heridos desplazados a la Casa de Socorro fueron: Ramón Santacreu, Prudencio Hernández, Antonio Manterola y José Borda. Todos ellos presentaban heridas cortantes, la mayoría en las manos; salvo Manterola, que tenía una en el cuello. Fueron atendidos por el doctor Larburu y el practicante Santolaya, a los que se les sumó el doctor Maíz, teniente de alcalde.

Ramón Santacreu resultará ser el más leve de los heridos y por ello, volverá al Asilo esa misma mañana. El resto —Borda, Hernández y Manterola— serán trasladados al Hospital de San Antonio Abad (Manteo).

Los heridos desplazados al Hospital fueron: Nicolás Cestona, Francisco Michelena, Martín Cristobalena y Luis Manterola. Estaba de guardia el doctor Joaquín Ayestarán, pero debido a la necesidad tuvo que sumarse el doctor José María Zurriarán. Tras las intervenciones, los hospitalizados serían atendidos por las hermanas de la caridad, que les sirvieron “caldos, a los que podían tomarlos, y reconfortantes”.

Esta es la lista de los heridos y sus historiales:

  • Ramón Santacreu (o Santacruz). De 62 años. El único herido leve, con una pequeña lesión en el brazo. Tras ser curado en el Cuarto de Socorro, retornó al Asilo, donde quedó asistido y fue interrogado por las autoridades.
  • Prudencio Hernández, de 64 años, herido de pronóstico reservado. Fue trasladado junto con José Borda desde el Asilo a la Casa de Socorro.
  • José Borda (o Bordas o Bonda). Un hombre que, al parecer, podría padecer algún tipo de deficiencia mental. La prensa lo tacha de “idiota” o “idiotizado”, “que no se daba cuenta de lo sucedido” y “ni recordaba los años que tiene”. Era giboso y, para mayor desgracia, recibió una cuchillada en la parte superior de la joroba, pues en el momento del ataque se hallaba dormido boca abajo. Según la prensa, sus gritos de dolor solo hicieron que Lecube se enardeciera aún más y que arreciara en sus golpes.
  • Nicolás Cestona, de 35 años (o 32), natural de San Sebastián. Presentaba una herida incisa en la región escapular izquierda, considerada grave. Pese a estar asilado ejercía como enfermero. Tras el ataque, Cestona se hallaba bajo los efectos del miedo.
  • Francisco Michelena (o Michelarena), de 59 años, natural de Orio. Presentaba una herida inciso-punzante en las regiones temporal derecha y en la occipital, con pronóstico muy grave.
  • Martín Cristobalena (o Cristobalina), de 69 años (o 60), natural de Villanueva (Navarra). Presentaba herida en la región axilar derecha.
  • Luis Manterola (o Antonio), de 56 años, natural de Guetaria. Presentaba una herida incisa en el maxilar (otros dicen en el cuello) izquierda con hematoma. Según la prensa, parecía ser un hombre “que no se asusta fácilmente”.

 

EL ÚNICO FALLECIDO

El único fallecido fue Antonio Egurza. Tenía en el momento del fallecimiento 64 años y era natural de Aya, Guipúzcoa. Llevaba varios años asilado en Zorroaga. Era hermano del jardinero del campo de fútbol de los señores Satrústegui.

La prensa especuló que no sufrió, pues la puñalada “le partió el corazón” y “que no sintió en absoluto el tránsito de la vida a la muerte”; pero según el diario “El País Vasco”, esto no debió de ser así. Egurza, mientras dormía recibió dos puñaladas a la altura de la tetilla izquierda y, tras el ataque, intentó incorporarse, desfalleciendo en el intento. Siguió vivo el tiempo suficiente para recibir del capellán los auxilios espirituales. Según “El País Vasco”, con su particular gusto para lo macabro, el rostro del difunto “tenía la boca abierta y su rostro se advertía como una mueca de terror”. El cadáver quedó tendido en la misma cama, cubierto con una sábana hasta las primeras horas del día, luego sería trasladado por orden del juez de instrucción, Covian, al depósito judicial.

En la tarde del día anterior, Egurza había estado hablando con Lecube, no habiendo ningún tipo de señal que indicase lo que luego pasaría.

“LA TRAGEDIA DEL ASILO DE ZORROAGA. —Arriba: la sala en que dormía Lecube, ocupando la cama que está marcada con un aspa. —Abajo: la sala en que fué asesinado el anciano Antonio Egurza, que ocupaba la cama señalada también por un aspa. —En un ángulo: Martín Cristobalena, gravemente herido por Lecube. —En el centro: la ventana por donde se dió a la fuga el agresor. (Composición Fot. Marín)”. Foto EPV.

 

LA PRENSA LLEGA AL ASILO

Aproximadamente, a eso de las 2:30, la prensa es avisada del suceso. Los reporteros se presentan en el asilo, con Lecube todavía suelto y siendo buscado por la policía tanto en el edificio como por los alrededores. Al entrar en el edificio, el cuadro que se encuentran los reporteros es desolador:

En la entrada del pasillo, había un gran charco de sangre, que las monjas no osaron tocar hasta la llegada del juez. En el dormitorio que quedaba a mano derecha, estaba el cadáver de Egurza, cuya sangre empapaba la cama y formaba un gran charco bajo la cama. En otras camas se podían ver los charcos de sangre de los asilados que, mientras dormían, sufrieron la ira de Lecube. La escalera que conducía al primer piso también estaba llena de sangre, al igual que el dormitorio del primer piso, donde comenzó la tragedia.

El diario de “La Voz de Guipúzcoa”, no puede ser más explícito:

“Cuando llegamos al Asilo, el aspecto de la casa no podía ser más horrible. Desde la puerta de entrada los pasillos se hallaban regados con sangre, a grandes charcos, salpicadas las paredes, los zócalos y las escaleras. Por todas partes se veían ropas empapadas de sangre y sobre la segunda cama de la sala se hallaba el cadáver del asilado Antonio Egurza, natural de Aya, de 64 años, que presentaba una gran cuchillada en el pecho, debajo de la clavícula izquierda, que le había atravesado el pulmón.

En el lecho y en el suelo había otro enorme charco de sangre, pues el desdichado Egurza quedó exangüe, por efecto de la terrible cuchillada.”

Los periodistas interrogaron a algunos de los asilados, ancianos todos ellos, que, sin darse apenas cuenta de lo que había ocurrido, como comentaba “El Pueblo Vasco”, les “castañeteaban los dientes” a causa del terror. Allí les explicaron cómo Lecube los había querido matar y cómo algunos se habían escondido bajo las camas para salvar la vida. Pronto recopilaron el material necesario para la “crónica roja” con la que sorprenderían a la sociedad donostiarra.

 

LA BÚSQUEDA

Son cerca de las 4:30 y todavía no se sabe nada de Lecube. Pese a la presencia de las autoridades en el asilo, la confusión y la inquietud siguen siendo grandes. Los guardias siguen registrando el asilo y los alrededores. Piensan que Lecube puede estar al acecho o, simplemente, ha huido para ponerse a salvo o suicidarse. ¿Pero dónde está Lecube? ¿Cómo ha desaparecido?

Sobre la desaparición de Lecube hay tres versiones:

  • La primera: Tras entrar en la sala de la planta baja, volvió a subir la escalera y saltó desde la ventana del primer descansillo, pues todas las puertas se hallaban supuestamente cerradas. Ésta versión es desacreditada por parte de la prensa, juzgándola poco verosímil, pues la ventana estaba a bastante altura y, si se hubiera arrojado por la misma, se habría “fracturado las piernas o recibido un golpe mortal”, considerando como “un milagro” si hubiese quedado en condiciones de huir tras la caída. Según “La Voz de Guipúzcoa”, el propio Lecube confesará haber huído por la ventana. También hay que recordar al asilado que huyó de Lecube por una ventana para saltar a un tejado.
  • La segunda: Según el testimonio del herido Francisco Michelena, Lecube intentó abrir una de las ventanas y al no poder hacerlo, rápidamente, se dirigió con gran velocidad hacia la puerta del pabellón, desapareciendo en pocos segundos. El testimonio contradice a lo afirmado arriba.
  • La tercera: Se especulaba que podía haberse escondido en algún lugar del asilo, cómo el desván o alguna otra sala usada como trastero. Como luego se verá, esta teoría quedó descartada.

 

A las 4:30, cuando las autoridades se disponían a salir del asilo, uno de los asilados llegó precipitadamente para avisar que en el desván se escuchaban ruidos y que allí podía estar escondido Lecube. Al parecer, esto una falsa alarma, ya que el muchacho debía de tener “perturbadas las facultades mentales ” y el miedo le había jugado una mala pasada.

La policía, pese a no encontrar a Lecube en el interior del asilo, siguió pensando que se hallaba en el interior, cosa que causaba espanto entre los asilados y las monjas. Para asegurar el lugar y tranquilizar los ánimos, Vivar, Jefe de la Guardia Municipal, y dos guardias rurales se quedaron de guardia.

También se dio aviso a la Policía Gubernativa y a la Guardia Civil para detener a Lecube. La policía se trasladó al Muelle, antiguo lugar de residencia de Lecube y donde era muy conocido, para realizar pesquisas y averiguar su paradero. La Guardia Civil se sumó a la batida por los aledaños de Zorroaga. Buscaban a un hombre alto y fornido, que vestía camisa y alpargatas o, según otros, un traje.

Vivar, al no ver resultados, perdiendo la esperanza por encontrarlo, salió a participar en la búsqueda. Acortando por un atajo, para llegar a la carretera de Hernani, llegó encima del túnel del ferrocarril del Norte. Desde allí vio a un guardia rural hablando con un hombre con ropas ensangrentadas y que estaba próximo al paso a nivel de Chominenea. Aquel hombre era Lecube.

Resulta que el guardia rural de Ategorrieta, llamado Sorbet, estaba patrullando por Loyola y vio de lejos a Lecube, en plena carretera, frente al conocido Chominenea. El guardia detuvo a Lecube, que no ofreció resistencia el ser detenido. En esas estaban, cuando apareció Vivar.

Lecube estaba herido, presentaba un tajo poco profundo en el lado derecho del cuello y daba muestras de gran agitación nerviosa. Vivar y el guardia Sorbet fueron hablando con Lecube hasta la casilla del fielato. Una vez allí, llamaron por teléfono a la Inspección municipal para que les enviaran una ambulancia. Eran las 5:30 y ya empezaba a clarear.

En esos momentos de charla, le preguntaron quien le había causado la herida del cuello. Serenamente, Lecube contestó que él mismo se la había hecho, presentando una navaja pequeña que entregó a los policías. Al ser interrogado por qué había escapado del asilo, Lecube, tras reflexionar un rato, afirmó haber hecho mucho daño allí.

 

LECUBE EN EL HOSPITAL

La ambulancia llevó a Lecube a la Casa de Socorro, en la calle Garibay. Pese a presentar un corte en el cuello, bajó del vehículo por su propio pie. Según los médicos, la herida no era profunda y no revestía gravedad. Le fue inyectado un calmante para paliar la excitación nerviosa y, luego, le fue practicada la primera cura. Convenientemente vigilado, fue trasladado nuevamente en ambulancia hasta el Hospital de Manteo, donde ingresó a las 6:30 de la mañana. Allí fue puesto a disposición del juez e instalado en la cama número 2 de la galería de San Blas y, en la puerta, se colocó a un guardia de Orden Público para vigilarlo.

A partir de aquí, la información vuelve a ser confusa. Según “La Voz de Guipúzcoa” Lecube, una vez hospitalizado, y seguramente fruto del tranquilizante, demostró estar en pleno uso de sus facultades mentales, al menos hasta después del interrogatorio, cuando le sobrevino un ataque epiléptico. Sin embargo, “El País Vasco” contradice esta información, diciendo que Lecube pasó toda la mañana preso de “la más tremenda excitación nerviosa” y “con intervalos daba grandes voces, pidiendo auxilio y llorando”, hasta que al mediodía le dio el ataque epiléptico.

Según “La Voz de Guipúzcoa”, Lecube confesó querer matar a una monja —tal vez Sor Justa Murga— y a Nicolás Cestona, para seguir explicando lo sucedido:

“—Yo comencé—siguió diciendo el demente—a repartir golpes a todos los que se hallaban en las camas durmiendo, y después volví a subir la escalera, arrojándome por la ventana para huir y, cuando me hallé libre en el campo y comprendí lo que había hecho, me dirigí a la vía para arrojarme al paso del tren, llegando a ella cuando ya había cruzado el tren. Pensé en echarme al paso del primer tranvía y allí me esperé, dándome un tajo con la navajilla para ver si me mataba, no consiguiéndolo. Luego me detuvieron y me trajeron al Hospital”.

En “El País Vasco”, también se habla de la intencionalidad, pues afirma que no quería matar a nadie sino “saldar una antigua cuenta con un asilado y un empleado del Asilo”. Tanto este diario como “El Pueblo Vasco, coinciden en que, al ser interrogado por el juez, “no recordaba nada de lo ocurrido”.

Lecube recordó que su mujer, Cristina Elizgaray, trabajaba en el hospital como enfermera y pidió verla y que la avisaran de que él estaba allí; pero no se le hizo caso para evitar “una dolorosa escena”.

Tras el interrogatorio, como se ha dicho más arriba, Lecube comenzó a alterarse y a sufrir un ataque epiléptico, teniendo que ser asistido por el médico de guardia. Desde ese momento, se fueron repitiendo los ataques, quedando en “un estado de sopor” que le duró el resto del día. Debido a esto, el juez Cobian, no pudo interrogarle convenientemente.

Las instalaciones del asilo de Zorroaga a mediados del S XX. Kutxateka.

 

EL “LOCO”

José Manuel Lecube era un hombre alto, fornido, de 49 años de edad, natural de Motrico y antiguo pescador de profesión. Había vivido en el Muelle de San Sebastián, donde era muy conocido.

Lecube padecía con frecuencia de ataques epilépticos. A causa de esto, fue ingresado en el Hospital San Antonio Abad (Manteo), al parecer, durante varios meses. Allí, según “La Voz de Guipúzcoa”, “gozaba de generales simpatías entre los enfermos y entre los superiores, por su buen carácter, afable y compasivo, y jamás dio muestras de violencia, ni aun en los momentos de los ataques epilépticos que padecía”. Cabe recordar que la mujer de Lecube trabajaba como enfermera en dicho hospital. Tras darse de alta en el hospital, pasó al asilo Reina Victoria (Zorroaga). Parece ser que de tener simples ataques epilépticos pasó a manifestar síntomas de enajenación mental.

En el asilo, se habían repetido los ataques y, por ello, siempre había sido atendido con gran cuidado. Según “El País Vasco”, tenía la manía de bajar “con frecuencia extraordinaria” al pabellón inferior. Pese a los ataques, parecía ser un hombre relativamente normal. Uno de los heridos, tras ser interrogado, manifestó que “era hombre que razonaba con extraordinario discernimiento, en los momentos de lucidez, que eran muy frecuentes”. Como hemos visto, los asilados no le temían, pues nunca mostró signo alguno de agresividad.

El diario “El País Vasco” nos describe los síntomas que padecía antes de sufrir los ataques:

“Los síntomas del ataque eran los siguientes: comenzar un paseo, en actitud ligeramente descompuesta; abiertas las manos, avanzar con las manos abiertas, como si fuese en busca de alguien, pero manteniendo constantemente la actitud de ser un ser ausente de sí mismo; pasaba cerca de los otros asilados y jamás les dirigió una palabra molesta, una frase en la que pudiera revelarse el propósito de agresión.”

Otro diario —”El Pueblo Vasco”—, añade un dato que podría ayudar a comprender el probable orígen de la enfermedad: Lecube era alcohólico.

También, según el testimonio del capellán del asilo, Lecube era “cardíaco” —es decir, padecía del corazón— y desde hacía unos días no se sentía bien. Dos días antes de la tragedia, había discutido acaloradamente con otro asilado, hasta el punto de llegar a decir que “estaba cansado de todo y que o iba a suicidarse o iba a matar a alguien”.

La tarde del mismo día de la tragedia, a las 19:00, estuvo en el despacho del director del asilo —el sacerdote Timoteo Iraola— hablando con él “correcta y reposadamente” y sin que revelase ninguna clase de anormalidad. Esa misma tarde, también estuvo hablando con Nicolás Cestona. Hizo la vida normal del asilo y se acostó como de costumbre en la galería superior, hasta que uno de los compañeros que se hallaba despierto, le oyó sollozar y decir á voces: “¡Me voy á matar!” El resto, como ya hemos visto, no hace falta explicarlo. Lecube llevaba asilado desde hacía algo más de un año —hay quien dice dos años—, sin haber causado conflicto alguno.

Una vez capturado, los diarios contarán los pormenores de su vida y, por si fuera poco, “El País Vasco”, en un alarde de sensacionalismo, contará un suceso pasado que tenía a Lecube por protagonista, para reafirmar que Lecube estaba “perturbado” de hacía tiempo:

“Era el año pasado, paseaba una tarde con un amigo suyo por el muelle. Entraron ambos a beber vino en una taberna de aquella parte de la población. Libaron bastante, y al salir, sin que entre ambos mediase palabra alguna, Lecube se abalanzó sobre su amigo, lo cogió por las solapas y sin darle explicación alguna, lo arrojó a la dársena.”

 

EL ARMA DEL CRIMEN

Nadie sabe de dónde sacó Manuel Lecube el arma del crimen. Las monjas aseguraron que se había efectuado hacía escasas semanas una recogida de armas —recogida hecha bajo la supervisión de un concejal—, no dejando ni tan siquiera “la más insignificante navajita” y que a los asilados se les había comprado cuchillos de mesa para el comedor. La prensa especula con que pudo haber adquirido el arma en una de sus salidas del asilo, ya que los asilados podían salir a pasear los domingos y los días festivos sin control alguno.

Por otro lado, nadie se pone de acuerdo en el tipo de arma: si un cuchillo de cocina de grandes dimensiones, un puñal o una simple navaja. Según el testimonio de los asilados, el capellán y las religiosas: un cuchillo de grande, de cocina. Según la opinión de los médicos, tras analizar las heridas de los asilados en la Casa de Socorro y el Hospital de Manteo, debió de ser una simple navaja. El diario “El País Vasco” al interrogar a los médicos nos dice lo siguiente:

“Según nos expresó uno de los médicos el arma con que se cometió la agresión fue una navaja, como lo demuestra el corte que tiene uno de los heridos, corte que demuestra que el arma se cerró en el momento de chocar con aquella.”

El propio Lecube reconoció, durante su confesión en el Hospital, “que no empleó ningún cuchillo para cometer sus fechorías y sí solo la pequeña navaja” —navaja que fue entregada a la policía tras la detención—; pero el diario “El País Vasco”, desmiente este comentario argumentando la gravedad de las heridas, contradiciéndose con lo arriba afirmado.

Quizás, el miedo y la propia fuerza de Lecube, hicieron pensar a los aterrorizados asilados y personal de Zorroaga que pudiera tratarse de un arma de mayor tamaño. La prensa, ávida de sensaciones fuertes, se mostrará claramente inclinada por la “historia” del gran cuchillo de cocina.

 

A POSTERIORI

Los diarios aprovecharon la ocasión para causar sensación con la noticia del suceso. La noticia corrió como la espuma por San Sebastián. Como es evidente, la gente quedó consternada y, como también era de esperar, comenzaron las críticas contra la dirección del asilo y la escasez de vigilancia del lugar. Las propias monjas del asilo manifestaron a la prensa su descontento por la falta de vigilancia en el establecimiento, en el que los asilados podían entrar y salir por la puerta cuando lo deseaban, burlando la vigilancia del único guardia disponible.

Se irían sucediendo diferentes visitas oficiales: El Alcalde Elosegui giró una visita al Asilo para ver a la Superiora y hermanas. El Gobernador Civil, Chacón, visitó el Hospital de Manteo, interesándose por las víctimas y aprovechando la coyuntura para inspeccionar todo el establecimiento; llevándose buena impresión de los observado.

En los siguientes días fueron sucediendose las noticias sobre el estado de los heridos. En el Hospital de Manteo, todos los heridos se restablecían, salvo Martín Cristobalena, que debido a su avanzada edad no progresaba.

El juez Cobian volvió a visitar a los heridos y, junto con el forense, tomó declaración a todos los heridos. Tanto Lecube como sus víctimas, prestaron declaración, no difiriendo de lo que dijeron el día del suceso.

También se sucedieron los funerales por el asesinado Antonio Egurza. Uno se celebró en la capilla del Hospital de San Antonio Abad, al que asistió el alcalde Elósegui. El otro se celebró en la capilla del Asilo Reina Victoria y al que asistieron el alcalde Elósegui, varios vocales de la Junta de Beneficencia y el personal del asilo junto con los asilados.

Por desgracia, no sabemos a ciencia cierta cuál fue la suerte de Lecube. Los diarios dan por sentado que sería trasladado al manicomio de Santa Águeda (Mondragón) cuando su estado lo permitiese y, hasta entonces, quedaba vigilado en su celda del Hospital de Manteo.

 

CONCLUSIÓN

¿Premeditación o Locura? No podemos asegurarlo con certeza. Como ya se ha dicho más arriba, la propia información aportada por la prensa tiende a contradecirse. Por un lado, muestra inclinación por hablar de locura espontánea, para luego añadir que “el loco” Lecube tenía como objetivo asesinar a ciertas personas. Me inclino a pensar que Lecube no estaba tan loco como quería hacer creer la prensa —el amarillismo está presente en todo momento— y que podía albergar cierta inquina por algunas de las víctimas y la monja antes mencionada, pudiéndose excusar en su “demencia” para proceder al asesinato. Pero nada de ésto se puede afirmar sin tener los datos del juzgado de instrucción y la opinión de un psiquiatra forense.

ION URRESTARAZU PARADA

FUENTES:

HEMEROTECA

  • El Pueblo Vasco. Martes 8 de Junio de 1926. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 9.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 11 de Junio de 1926. Pág. 5.
  • La Voz de Guipúzcoa. Martes 8 de Junio de 1926. Pág. 5.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 6.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 1.
  • La Constancia: diario íntegro fuerista. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 4.
  • El País Vasco. Martes 8 de Junio de 1926. Pág. 1.
  • El País Vasco. Martes 8 de Junio de 1926. Pág. 2.
  • El País Vasco. Miércoles 9 de Junio de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Jueves 10 de Junio de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Viernes 11 de Junio de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Domingo 13 de Junio de 1926. Pág. 3.

WEB

Ver Post >
Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento