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Categoría: Deportes
Cosacos en el Chofre (1927).

 

Cosacos en el Chofre

Cosacos en el Chofre

 

Cosacos en el Chofre (1927).

Todo se aprestaba para una tarde de entretenimiento en la plaza de toros del Chofre. El programa no podía ser más llamativo: de primero una corrida con dos jovencísimos novilleros y de segundo cosacos acróbatas. El precio, además, era atractivo por su baratura —2,50 ptas. la sombra y 1 al sol—. Todo esto llamó la atención del público donostiarra, ávido de novedades y sensaciones fuertes. Veamos cómo se desarrolló el festival.

FESTIVAL DOBLE

La tarde del jueves 1 de septiembre de 1927, los donostiarras acudieron a la plaza de toros a disfrutar del festival. Pese a ser un día de trabajo, acudió gran número de personas, llegando a ocupar dos terceras partes de los tendidos y de las gradas. La que se preveía iba a ser una gran tarde empezó de manera bastante frustrante.

Los novilleros José García, “Maravilla”, y José Fuentes Bejarano, “Bejarano II” —ambos adolescentes—, acompañados de sus respectivas cuadrillas, les tocó despachar a cuatro novillos de la vacada de Manuel Santos. El espectáculo, sencillamente, no gustó. Los animales, mansos, preferían correr a dejarse torear —solo el tercero dio algo de emoción—. Mientras, los imberbes diestros poco pudieron hacer: “Maravilla” no acertaba con el estoque y “Bejarano II” fue cogido en varias ocasiones, siendo trasladado a la enfermería magullado. En definitiva, los bóvidos no estuvieron por la labor y la actuación de los toreros fue mediocre.

LOS COSACOS AL RESCATE

Por suerte, el público donostiarra pudo maravillarse con el “segundo plato” del festival: los famosos Cosacos Djiguites, especialistas en acrobacias ecuestres.

Estos veinticinco cosacos, provenientes del Don, habían servido como jefes y oficiales en la Guardia Imperial del Zar. Durante la Guerra Civil Rusa militaron en el Ejército Blanco y, tras ser derrotado dicho ejército y con los soviéticos ejerciendo una persecución sistemática hacia los cosacos, decidieron exiliarse y buscar trabajo como acróbatas, exhibiéndose en circos y festivales como el que nos acontece —precisamente, pocos meses antes habían actuado en la plaza de toros de Valencia—.

Durante su actuación en la plaza del Chofre, los avezados jinetes hicieron gala de la famosa destreza que les había hecho célebres. Junto a sus 20 formidables caballos ejecutaron volteos peligrosos, un trapecio a galope, una gran pirámide humana, saltos sobre las llamas, simulacros de avanzadas, retirada de muertos en combate…

El espectáculo encantó al público, que aplaudía con verdadero entusiasmo la ejecución de cada arriesgado número. Se puede decir que, tras el chasco de la primera parte, la tarde quedó “arreglada” gracias a los cosacos. No sería su última actuación en la capital.

LA SEGUNDA ACTUACIÓN

Según se anunciaba en prensa, los cosacos, “agradecidos a la amable acogida y generosa hospitalidad que les ha dispensado el noble pueblo donostiarra”, habían decidido dar un último espectáculo, a modo de despedida.

El jueves 9, aprovechando la festividad del día —Virgen de Aránzazu, patrona de Guipúzcoa—, y el asequible precio de las entradas, el público acudió a la plaza en mayor número que en la anterior ocasión. Nadie quería perderse la que sería la segunda y última actuación de los jinetes.

Los cosacos llevaron a cabo un espectáculo variadísimo y más completo que el del primer día, resultando todos los arriesgados números ecuestres aplaudidos con gran entusiasmo. Además, cantaron varias composiciones rusas “con gran afinación y maestría”.

Como era de esperar, el público donostiarra quedó satisfecho. Algunos, que ya habían acudido a la primera actuación, repitieron. Entre los curiosos que se acercaron a disfrutar del festival, destacó el conocido ilustrador Lagarde, que realizaría algunos bocetos que aparecerían posteriormente publicados en “La Voz de Guipúzcoa”.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

Los cosacos según Lagarde

Los cosacos según Lagarde

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Escándalo en el Frontón Municipal (1916).

Ese mismo año, el 12 de abril, en el Iris Park de Barcelona, Franch Hoche contra Harry Allack con Jack Johnson como árbitro. Foto Arxiu del Centre Excursionista de Catalunya.

 

Escándalo en el Frontón Municipal.

Son las 21:30 del 7 de julio de 1916. El Frontón Municipal está a rebosar. El público donostiarra está extasiado: van a pasar la noche viendo combatir a un impresionante elenco de boxeadores y ¡sólo por 0,50 pesetas la entrada! Pero… hay un problema. Los luchadores que hacen acto de presencia en el ring no tienen nada que ver con los del cartel y, por encima, no saben ni luchar. “¿Pero ésto qué es?”, se pregunta el público. Así comienza la crónica de una estafa muy descarada.

La noticia

El primer diario que se hizo eco de la sensacional novedad fue “La Voz de Guipúzcoa”: un empresario norteamericano, llamado Richard Klegin, había venido a San Sebastián con la idea de organizar un campeonato de boxeo y otro de lucha grecoromana. Ambos combates se sucederían durante dos días, alternando boxeo con lucha grecorromana.
Según el diario, el programa de boxeo iba a ser más o menos como sigue:

El día 6 a las 21:00 comenzaría el evento en el Frontón Municipal.

1º El norteamericano Closey contra el belga Jun Blak. El combate sería a 10 rounds con 2 minutos de tiempo cada uno.

2º El español Franch Hoche contra el norteamericano Gus Rhodes.

3º Los dos hijos del profesor de boxeo Anderson, harían una demostración.

4º El británico Grand contra el español Rafael Barrero. Ambos jokeys, pesaban 51 y 49 kilos respectivamente.

5º El norteamericano Joven Smitch contra el holandés Joon Keunedy. Ambos, según la prensa, eran considerados temibles boxeadores.

La Voz daba otros tantos datos jugosos para alimentar las imaginación del público: Closey, vencedor de 250 luchas, tras haber sido derrotado por Black hacía dos años en París, iba a buscar la revancha en San Sebastián. O sobre Gus Rhodes, que ya era famoso por méritos propios, comentaba que era sobrino del famoso campeón Jack Johnson “el gigante de Galveston”. Hay que darse cuenta de la importancia del campeonato, muchos de ellos eran auténticas estrellas del momento.
No será el único diario en que se hable del evento. “El Liberal Guipuzcoano” y “El Pueblo Vasco”, anunciarán haberse inscrito para el campeonato “más de doce luchadores”, entre los que destacaban nombres muy conocidos para el momento en la lucha grecorromana: Petersen, campeón del mundo; Pottier, campeón canadiense; Rosset, campeón Suizo, y Luis Uni “Apollón”, campeón de fuerza.
En el campeonato de lucha grecorromana, que se celebraría el día 7, los luchadores se batirían por un premio que ascendía a la jugosa cifra de 10.000 pesetas de la época.
Y por si todo ésto pudiera parecer poco, los donostiarras podrían presenciar ambos espectáculos por el módico precio de 0,50 pesetas la entrada general y cinco pesetas la butaca. Mejor imposible.

El suceso

Como se esperaba, a las nueve y media de la noche del 6 de julio iba a dar comienzo el primer combate de boxeo en el Frontón Municipal; pero algo extraño sucedió.
La Voz de Guipúzcoa comentaría al día siguiente: “Nos decía anoche un popularísimo empresario y actor, muy formal en lo primero y muy querido por el público, que si se colocan á un lado todos los que han venido á ganar dinero á San Sebastián y á otro lado los que tienen que pagarlo, vencen en numéro los primeros”. No le faltaba razón. En la misma hora que se hacía dicho comentario, como si una premonición se tratase, en el Frontón Municipal ocurría un escándalo.
Como ya hemos dicho, en el Frontón Municipal, que estaba arrendado por el empresario Richard Klegin, se iban a celebrar varios combates de boxeo. El público donostiarra ávido de espectáculo, había acudido en masa debido a lo atractivo del elenco y lo económico de la entrada. Pero, tan pronto como llegó la hora del comienzo del campeonato, comenzaron a apreciar que algo no iba bien.
Ante el público, desfilaron por el ring una serie de boxeadores que nada tenían que ver con el cartel. La Voz de Guipúzcoa ironiza al respecto diciendo que los boxeadores habían sido sustituidos por otros de marca “Codorniú”. Sólo un boxeador coincidía con el cartel: el español Hoche; el resto, eran todos sustitutos.
También “El Pueblo Vasco” comenta como aquellos sustitutos “se condujeron en forma tan impropia é incorrecta que, en realidad parecían mofarse del público” y pone un ejemplo muy explícito del esperpéntico cambiazo: “un vecino de Getafe salió á boxear en calidad de sobrino (Gus Rhodes) de Jack Johnson”. Aquel cambiazo no habría sido tan descarado si el norteamericano Gus Rhodes no hubiese sido negro.
Según “El Liberal Guipuzcoano”, el programa no se realizó por completo. La velada terminó demasiado pronto y se dió anuncio de que se iba a preparar otro combate. Combate que no llegaría a realizarse a causa de que un luchador —presumiblemente Hoche— se negó a seguir con aquella farsa. El tiempo pasaba y, tras ver que en largo rato este último combate no terminaba por celebrarse, el público comenzó a subirse por las paredes.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Tras la primera incertidumbre, los espectadores perdieron la paciencia y, luego, estallaron a gritos y, de ahí, a arrasar con el mobiliario, reduciendo, literalmente, las butacas a astillas. Al parecer, la autoridad tuvo que entrar en el frontón a apaciguar los ánimos.
Tras el primer “desahogo”, el indignado público salió a la calle y pasó a montar una manifestación, marchando en número de 300 a 400 defraudados, sin violencia alguna, con dirección al Gobierno Civil y con intención de protestar y exigir la devolución del dinero. Vamos, como tiene que ser.
Entre tanto, el gobernador civil, López Monís, estaba en el teatro disfrutando de la velada nocturna cuando recibió la noticia de lo que ocurría. Apresuradamente, salió del teatro para recibir a los manifestantes en el palacio de Bellamar, sede del Gobierno Civil. Allí, los manifestantes expusieron los hechos, que fueron confirmados por los agentes, y exigieron acciones al respecto.
El gobernador no pudo proceder a la devolución del dinero, ya que buena parte del público había tirado los resguardos de las entradas. Así que era imposible asegurar la cantidad a devolver. Por ello, hizo un cálculo de las ganancias obtenidas por el arrendatario del frontón, el tal Klegin, y decidió imponerle una multa de 500 pesetas.
También fue informado de que para el día siguiente, Klegin, había solicitado un permiso para celebrar otra velada, esta vez de lucha grecorromana. El gobernador, a fin de garantizar el orden, suspendió la autorización temporalmente y pidió a los miembros del Club Fortuna, considerados la primera institución deportiva de la ciudad, que comprobasen el cartel del campeonato de lucha grecorromana para ver si había alguna irregularidad.

A posteriori

Al día siguiente, 7 de julio, como es de rigor, los diarios se hicieron eco del bochornoso espectáculo y celebraron por igual la actuación del público donostiarra y del gobernador civil.
El Club Fortuna emitió su veredicto de acuerdo a la organización del match de lucha grecorromana. Claramente, fue negativo.
En la redacción de La Voz de Guipúzcoa se presentaron el campeón del mundo de lucha grecorromana Pettersen, y el boxeador Gus Andrew Rhodes, sobrino del famoso Jack Johnson. Ambos explicaron a los periodistas que habían venido a San Sebastián a inscribirse en los campeonatos, pero viendo lo que pasó quisieron hacer saber al público donostiarra que nada tenían que ver con lo sucedido y que solo participarían en espectáculos con garantía. Por si se celebraba algún campeonato serio, Pettersen se quedó algunos días más en la ciudad.
Esa misma noche, Gus Rhodes volvería a dar explicaciones, ésta vez en la redacción de El Pueblo Vasco, añadiendo que, en breve, podría vérserle luchando en compañía de su afamado tío y otros boxeadores. Rhodes, como despedida, tuvo un gesto de simpatía con los reporteros e hizo una pequeña demostración de sus habilidades, golpeando la mano de uno de ellos con un leve shake-hand reduciéndosela a “fosfatina”.
El día 8, durante la mañana, Rhodes visitó al gobernador civil, notificándole las intenciones de realizar varias exhibiciones en San Sebastián junto con Jack Johnson, Pettersen y otros tantos. El gobernador, visto lo sucedido, le advirtió que no se celebraría ninguna exhibición que no contase con el visto bueno del Club Fortuna.
En esta ocasión fue Pettersen el que visitó la redacción de El Pueblo Vasco. Allí contó más o menos lo mismo que Rhodes, a saber: haber venido a San Sebastián para participar en el torneo, pero que renunció a participar en él, debido a las irregularidades del match de boxeo. Éste había venido con su familia, y decidió quedarse en la ciudad para tal vez participar en alguna velada “íntima” como obsequio al público. También elogió al luchador español Javier Ochoa “El León Navarro”, con quien lucharía el domingo en Pamplona, considerándolo “C’est un vrai taureau” (es un toro bravo). La carrera de Ochoa fue de vértigo, llegó a salir invicto en más de 1.500 combates, tan solo perdiendo en 8 ocasiones, ganándose con razón el mote de “El León Navarro”; pero eso, es otra historia.
ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES: 
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 5 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 8 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Jueves 6 de Julio de 1916. Pág. 4.
  • El Liberal Guipuzcoano: diario de la tarde. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • Diario Vasco. Domingo 9 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 6 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 7 de Julio de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 8 de Julio de 1916. Pág. 3.
  • El Pueblo Vasco. Domingo 9 de Julio de 1916. Pág. 4.

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento