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Categoría: Donostia
El crimen de Lasarte (1917-1920)

Víctima y verdugo, ante la casa del crimen, hoy desaparecida.

Víctima y verdugo, ante la casa del crimen, hoy desaparecida. Fotos Mundo Gráfico.

EL CRIMEN DE LASARTE

Es la noche del 27 de noviembre de 1917. En la casa “Chimista-Enea” de Lasarte una anciana se debate entre la vida y la muerte. Alguien forcejea con ella, intentando ahogarla con su propia toquilla. Poco tiempo después, la anciana será enterrada a toda prisa en el sótano de la casa.

UNA DENUNCIA

El 1 de enero de 1918, un vecino de Pasajes, llamado José Fernando Beloqui, se presentó en la comisaría de San Sebastián para formular una denuncia con motivo de la desaparición de su hermana, la anciana Antonia Beloqui Vidarte, vecina de Lasarte. Los agentes pronto dieron con el principal sospechoso en esta historia: Prudencio Zozaya Ibarra.

Prudencio había llamado la atención del vecindario. Un recién llegado, con fama de aventurero—fue a Argentina en busca de fortuna—, gasta-duros y sin oficio conocido. Apenas llegó a Lasarte, comenzó a convivir con la desaparecida, gracias, al parecer, a que la  madre de Prudencio era criada de la anciana.

La policía se llevó a Prudencio para interrogarlo. Una y otra vez repetía lo mismo: la anciana había salido de Lasarte para París, a finales de noviembre y que él la había acompañado hasta Irún. Añadió, que para contactar con ella debía de hacerlo mediante la Lista de Correos. La policía no creyó la coartada.

Cuando procedieron al cacheo, los agentes se llevaron una gran sorpresa. Prudencio llevaba encima unos cuantos papeles incriminatorios. Entre ellos, destacaban un pasaporte francés, recibos de bancos, resguardos de valores extranjeros y minas de Río Tinto por un valor aproximado de 400.000 ptas.; todo a nombre de la desaparecida. Automáticamente Prudencio quedó detenido como principal sospechoso.

HALLAZGO MACABRO

Durante la tarde del 3 de enero, se procedió al registro de “Chimista-Enea”. Allí se encontraron algunos detalles sospechosos, como 14.000 ptas. en valores escondidos, una caja de caudales que había sido violentada y cubiertos de plata acumulados en cantidad. La policía no encontró rastro alguno de la anciana Beloqui.

La policía sospechaba ya que se trataba de un asesinato. Tras no hallar el cadáver en la vivienda, procedieron a excavar la huerta y el pozo de la finca, siempre acompañados de dos perros, propiedad de la desaparecida. No encontraron nada.

Entonces, decidieron investigar la bodega de la casa. Allí vieron algo que les hizo sospechar: bajo un montón de leña perfectamente colocada, la tierra parecía removida. Los perros, nerviosos, comenzaron a ladrar y a escarbar.

El hedor de la putrefacción pronto llenó el aire de la bodega. Casi a ras de tierra hallaron el cadáver de la anciana Beloqui. En la boca, a manera de mordaza, tenía una toquilla metida. Estaba claro que había sido un asesinato.

EL JUICIO

Prudencio, que había permanecido en la cárcel de Ondarreta todo este tiempo, terminó confesando cómo había asaltado a Antonia mientras esta dormía, con un pañuelo impregnado en cocaína, creyendo que dicha sustancia la anestesiaría. Aquello no funcionó. Viendo que la anciana estaba despierta y a la defensiva, intentó hacerla callar introduciéndole parte de la toquilla en la boca. Terminó estrangulándola con las manos y, tras enterrarla, con toda frialdad, se fue a dormir.

En principio, la policía no creyó que el crimen hubiera sido cosa de una sola persona. Se procedió a la detención preventiva de la madre y del padrastro de Prudencio. Además se interrogó a una docena de personas, entre las que destacó un conocido jockey llamado O’Connor, al parecer “amigo” del sospechoso. Todos hablaron de los dispendios de Prudencio, como los constantes convites a champán, las visitas al hipódromo o algún restaurante caro de San Sebastián.

El juicio comenzaría el 31 de marzo y duraría tres días. Generó gran expectativa. El público acudió en masa al Palacio de Justicia de San Sebastián, quedando la sala abarrotada durante todas las sesiones. La guardia civil tuvo que contenerlos para evitar males mayores, ya que llegaron a darse desmayos y el bullicio generado provocó que la sala fuera evacuada en varias ocasiones.

El abogado defensor fue Gabriel María de Laffitte—ex-alcalde de San Sebastián—. Su defensa se basó en las minusvalías de Prudencio—alcoholismo crónico, enfermedad venérea y supuesta ceguera de un ojo—, para evitar a toda costa la pena capital. También defendió las afirmaciones del encausado sobre el dudoso origen de la fortuna de Antonia—supuestamente por corrupción y proxenetismo de menores—.

El fiscal Pérez Moso desmontó las tesis de Laffitte con éxito, fundamentando la teoría de la premeditación para cometer el crimen con intención de robo. El veredicto del jurado fue claro: pena de muerte. Pero, pese a la dramática sentencia, el 23 enero de 1920, con motivo de su santo, el rey Alfonso XIII firmaría un real decreto con el indulto para Prudencio Zozaya, que pasaría a sufrir cadena perpetua en Figueras, dedicando el resto de sus días a hacer cestas de palma y a criar canarios.

 

ION URRESTARAZU PARADA

 

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Visita del Ministro de Hacienda del Reich (1943).

Schwerin von Krosigk y Hoßfeld saliendo de la Diputación. Kutxateka.

Schwerin von Krosigk y Hoßfeld saliendo de la Diputación. Kutxateka.

Visita del Ministro de Hacienda del Reich,
conde Schwerin von Krosigk

LA VISITA

Hace 75 años, en la mañana del 19 de marzo de 1943, llegaba a San Sebastián, procedente de Francia, el Ministro de Hacienda de la entonces Alemania nazi: conde Johann Ludwig Schwerin von Krosigk.

La visita fue sin pompa alguna, seguramente por lo improvisado de la misma. En la prensa local, que dio más importancia al bautizo del hijo del Gobernador civil, solo el diario “Unidad” se hizo eco del suceso.

¿Y por qué decidió el gerifalte alemán cruzar la frontera para visitar San Sebastián? La versión oficial dice que el conde Schwerin von Krosigk estaba realizando un viaje de inspección por Francia y aprovechó la coyuntura para visitar la capital guipuzcoana, casi como cualquier turista.

Schwerin von Krosigk con su séquito en la Diputación. Kutxateka.

Schwerin von Krosigk con su séquito en la Diputación. Kutxateka.

Le acompañó un séquito compuesto de altos funcionarios del Ministerio de Hacienda alemán (Reichsfinanzministerium) y de la Dirección General de Aduanas. Gracias a las fotografías conservadas, sabemos que uno de los acompañantes era Johannes Hoßfeld, Inspector General de la “Guardia de Fronteras Aduaneras” (Zollgrenzschutz).

A dicho séquito se sumaron las correspondientes autoridades locales, entre las que destacaron los Gobernadores civil y militar, el Jefe provincial de Falange, el Delegado de Hacienda de Guipúzcoa, el Alcalde y primer teniente de Alcalde de San Sebastián.

El recorrido fue sencillo y muy tópico. La comitiva visitó el monte Igueldo, el palacio de la Diputación y el museo de San Telmo, donde Schwerin von Krosigk estuvo admirando los lienzos de Sert. A primeras horas de la tarde, los alemanes abandonarían Guipúzcoa para volver a Francia.

Schwerin von Krosigk admirando los lienzos de Sert en San Telmo. Kutxateka.

Schwerin von Krosigk admirando los lienzos de Sert en San Telmo. Kutxateka.

¿QUÉ FUE DE LOS VISITANTES?

Schwerin von Krosigk siguió detentando su cargo hasta la caída del Tercer Reich. Tras el suicidio de Hitler, con el almirante Dönitz convertido en Jefe de Estado, recibió el dudoso honor de ser el Canciller de la recién derrotada Alemania. Como era de esperar, fue detenido por los Aliados y juzgado en Núremberg en 1949. Hallado culpable de crímenes de guerra a causa del allanamiento sistemático de propiedades judías por parte de la Hacienda alemana, fue condenado a 10 años de prisión. En 1951 saldría en liberad a causa de una amnistía y fallecería en 1977 a los 89 años de edad.

Hoßfeld tendría peor suerte. En 1944, acusado de estar implicado en la Operación Valkiria, fue detenido por las SS el día de su 65 cumpleaños, siendo liberado en enero de 1945. Para su desgracia, el día antes de su liberación, su mujer y su segundo hijo se suicidaron. Tras la derrota alemana, a causa de su alto rango y su vinculación al partido nazi, fue detenido por el NKVD soviético, falleciendo en 1946 en el campo de prisioneros de Sachsenhausen.

ION URRESTARAZU PARADA

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La caravana de los “Chevrolet”(1928).

Caravana de Chevrolets avanzando por la Avenida. EPV.

Caravana de Chevrolets avanzando por la Avenida. EPV.

La caravana de los “Chevrolet”

Como bien anunciaba “El Pueblo Vasco”, iba a ser el acontecimiento del día. El domingo 11 de marzo llegó a San Sebastián una imponente caravana de novísimos autos “Chevrolet” modelo 1928, con la intención de promocionar las novedades de la conocida marca de “General Motors”.
Desde luego, cabe destacar que fue un reclamo muy original, como bien destacada el citado diario. La estrategia publicitaria en la prensa—muy descarada, la verdad—, sumado el espectáculo del desfile, atrajo a muchos compradores y curiosos. La iniciativa partió del gerente del Auto-Salón de la calle Príncipe nº 51—hoy Arrasate—, Paulino Astigarraga.
La caravana recorrió las calles de San Sebastián, entrando por la Avenida y estacionándose en la calle Garibay, donde los curiosos, literalmente, asaltaron los vehículos, ávidos de informarse y probar los vehículos. Allí estaban el representante Paulino y sus empleados, que atendieron al público dando toda clase de detalles sobre los coches, repartiendo catálogos y llegando a iniciar, incluso, algunas operaciones de venta en medio de la vía pública; operaciones que terminarían siendo culminadas al día siguiente, lunes, en el Auto-Salón.
No solo San Sebastián pudo disfrutar de la caravana. El domingo 18 volvió a la carretera, recorriendo Pasajes, Rentería, Irún y Fuenterrabía, entre otras poblaciones. Viendo la cantidad de gestiones de venta que tenía que hacer el Auto-Salón de San Sebastián, se tuvo que nombrar a dos nuevos representantes: Marcelo Angoso para Irún y a Labrousse para Fuenterrabía.
ION URRESTARAZU PARADA
Los coches siendo inspeccionados por el público en la calle Garibay. EPV.
Los coches siendo inspeccionados por el público en la calle Garibay. EPV.

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Hauxine Harmens, la primera víctima (1936).

La calle Larramendi tras terminarse la batalla por San Sebastián. Kutxateka.

La calle Larramendi tras terminarse la batalla por San Sebastián. Kutxateka.

 

HAUXINE HARMENS,

LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA CIVIL EN SAN SEBASTIÁN

Hoy, “Día de la Mujer”, he decidido recuperar esta dramática historia, desconocida para muchos, sobre la primera víctima oficial de la Guerra Civil Española en San Sebastián: Hauxine Harmens, esposa del cónsul de Finlandia.

En la madrugada del miércoles 22 de julio de 1936, en el quinto piso del número 20 de la avenida Libertad, Hauxine, alarmada por aquellos primeros disparos que empezaban a resonar por las calles de San Sebastián, tomó la imprudente decisión de asomarse al balcón. Aquella decisión le iba a costar caro. Una bala traicionera fue a herirla en el vientre. Su situación era doblemente grave, pues estaba embarazada.

Pronto acudió en su ayuda una ambulancia. En ella viajaba un bombero para, precisamente, ayudar en el traslado de la mujer. Tras recoger a Hauxine, la ambulancia marchó a toda prisa con dirección a la Casa de Socorro, en la calle Easo con Larramendi, en pleno centro de la batalla.

En este preciso instante, la desgracia vuelve a cebarse con nuestra protagonista: la ambulancia fue tiroteada. Una de las balas que atravesaron la parte trasera del vehículo, fue a herirla mortalmente en la boca. El bombero que la acompañaba solo recibió un rasguño en una oreja y la suerte de poder ver su guerrera agujereada por las balas sin mayores consecuencias.

Tan pronto como llegó la ambulancia al benéfico establecimiento, el médico, tras ver que no podía hacer nada por Hauxine y contemplando el avanzado estado de gestación, decidió practicarle una cesárea en un intento de salvar al bebé. Fue inútil, la criatura moriría pocos instantes después de la operación.

Hauxine Harmens se convirtió oficialmente en la primera persona en ser atendida en la Casa de Socorro durante la batalla de San Sebastián y la primera víctima de la Guerra Civil en San Sebastián. Apenas contaba con 28 años. Su muerte, junto la sensación de inseguridad y el cierre de comunicaciones, hará que los extranjeros residentes en la ciudad empiecen a pensar en la evacuación.

ION URRESTARAZU PARADA

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Una Tamborrada comunista (1937).

Una instantánea del desfile. Foto Euzkadi Roja.

Una instantánea del desfile. Foto Euzkadi Roja.

UNA TAMBORRADA COMUNISTA

Durante la Guerra Civil, en el San Sebastián sublevado no hubo tamborrada alguna. La fiesta, de acuerdo a las circunstancias, se había tornado totalmente religiosa, carente de todo elemento profano. Pero, en un lugar tan distante como Bilbao, algunos donostiarras iban a llevar la contraria, celebrando la tradicional fiesta como se había celebrado hasta entonces.
Un grupo de milicianos donostiarras, pertenecientes a las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas) se habían refugiado en Bilbao tras la caída de Guipúzcoa. Viendo cómo se acercaba la fecha del día de San Sebastián, y padeciendo de morriña, decidieron improvisar una tamborrada. No serían los únicos. Otros lugares de la geografía vizcaína, como Amorebieta, Durango, Guernica, Bermeo o Lequeitio, serían testigos de improvisadas tamborradas.
A las nueve de la mañana del 20 de enero de 1937, salió del cuartel de Santiago Apóstol de Bilbao un grupo de cocineros, barrileros y tamborreros. Recorrieron las calles de Bilbao tocando los clásicos “Iriyarena” y “Tatiago”. Cabe destacar que la comitiva era acompañada por una carroza alegórica de San  Sebastián, con una gran concha en la que iba una “lindísima camarada koxkera”.
Aprovechando la coyuntura del desfile, los comunistas realizaron una cuestación pro “Konsomol”—carguero soviético hundido supuéstamente por el “Canarias” el diciembre anterior—, llegando a recaudar, a lo largo del día, ocho mil pesetas.
A las doce del mediodía, la tamborrada llegó al Arenal, donde daría un concierto junto con la banda de las MAOC. La banda tocó algunas obras clásicas vascas, mientras que la tamborrada se dedicó a lo suyo. El concierto tuvo mucho éxito, acudiendo un gran gentío que ovacionó a los músicos.
La tamborrada saludó a diferentes cargos de los departamentos oficiales y al presidente del gobierno provisional de “Euzkadi”, el lehendakari José Antonio Aguirre, que presenció el desfile desde el balcón principal de la Presidencia, en el Hotel Carlton.
El alcalde de San Sebastián en el exilio, Fernando Sasiaín, arengó por radio a los donostiarras que como él se hallaban en Vizcaya. Informó del saqueo realizado por los sublevados en los comercios de los industriales huidos y de la destitución automática de los funcionarios municipales que se quedaron en San Sebastián para servir a los sublevados. El diario “Euzkadi Roja” se lamentó de que no tuviera en su discurso el detalle de dedicar unas palabras a los “gudaris” donostiarras que se hallaban combatiendo en los frentes.
A las siete de la tarde, hubo un baile en los locales del Partido Comunista de Euzkadi de la calle Hurtado de Amézaga. El precio fue de 1 peseta para el “sexo fuerte” y 50 céntimos para las “compañeras”. Estuvo concurrido, acudiendo muchos jóvenes.
Ya de noche, a las diez, terminó la fiesta al son del “Iriyarena” y la “Marcha de San Sebastián”, arriándose solemnemente la bandera de donostiarra.
ION URRESTARAZU PARADA
Aunque de mala calidad, se pueden ver a los cocineros y una cantinera. Foto La Gaceta del Norte.

Aunque de mala calidad, se puede ver a los cocineros y una cantinera. Foto La Gaceta del Norte.

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La muerte del duque de Mandas (1917).

Cristina Enea en la actualidad.

Cristina-Enea en la actualidad. Foto Ion Urrestarazu Parada.

LA MUERTE DEL DUQUE DE MANDAS

El miércoles 19 de diciembre de 1917, con dos horas y media de retraso, llegó a San Sebastián el cadáver de Fermín de Lasala y Collado, duque de Mandas. Dos días antes, a los 85 años de edad, había fallecido en la villa y corte de Madrid.

En la estación esperaban los albaceas testamentarios, Lojendio y Machimbarrena, y el párroco de San Ignacio, Uranga. Pese a no ser un acto oficial, acudieron muchos próceres locales a rendir un último homenaje al duque. Entre ellos se hallaban los marqueses de Riscal y Camarasa y el alcalde Zuaznávar.

El pesado ataúd de ébano con herrajes de plata oxidada fue colocado en un coche fúnebre y conducido a “Cristina-enea”, donde fue preparada la capilla ardiente.

EL FUNERAL

A las diez y media de la mañana del día 21, la Diputación, presidida por el gobernador civil conde de Pinofiel, el Ayuntamiento en corporación y numerosas personalidades acudieron a la iglesia de San Ignacio.

En el centro del templo había sido colocado un catafalco rodeado de hachones encendidos y todos los altares estaban iluminados. La misa, oficiada por Ángel Zalacain, fue de canto gregoriano. Al final, el obispo de la diócesis, Eijo, revestido con capa pluvial y mitra, rezó un responso ante el catafalco. Acto seguido, los asistentes se trasladaron a “Cristina-Enea” para la conducción del cadáver.

El cortejo fúnebre se organizó de la siguiente manera:

Asilados de la Beneficencia, portando hachones encendidos, abrían la marcha. Les seguía la cruz parroquial de San Ignacio, con todo el clero donostiarra vestido de sobrepelliz. Tras estos iba el ataúd, a hombros de familiares del duque. El féretro iba escoltado por ocho miqueletes y un cabo, sin armas. La presidencia del duelo estaba formada por el duque de Arcos, el obispo de la diócesis, los marqueses de Riscal y Tenorio, los testamentarios Machimbarrena y Lojendio y el párroco de San Ignacio. Les seguían la Diputación, presidida por el gobernador civil, y el Ayuntamiento, precedido de maceros y presidido por el alcalde Zuaznávar. Por último, la Banda Municipal interpretaba una marcha fúnebre.

La comitiva, que fue seguida por el numeroso público pese a lo desapacible del tiempo, tuvo que hacer un descanso en el cruce de Alcolea, dejando el féretro sobre una mesa, momento que se aprovechó para rezar un responso. La comitiva reemprendería la marcha al cementerio de Polloe, y tras un breve acto en la capilla, el cadáver del duque de Mandas fue enterrado en el panteón familiar, donde todavía yace.

El sábado 22, a petición de la Diputación, se celebraría en la Iglesia de Santa María una misa de réquiem por el alma del finado. Asistieron los diputados, una comisión del Ayuntamiento y demás autoridades civiles y militares de San Sebastián. Tras la misa, el Orfeón Donostiarra cantaría el “Réquiem” de Brahms.

LA HERENCIA

El duque de Mandas no tuvo descendencia y por esta misma razón decidió legar el grueso de sus bienes a la Diputación de Guipúzcoa, como único y universal heredero. No sería el único heredero, también recibieron su parte el Ayuntamiento de San Sebastián y algunas iglesias locales. Veamos cómo se distribuyó.

La Diputación se llevó una gran suma de dinero, con unas cláusulas muy claras sobre cómo administrarla—entre ellas destaca la de fundar una “Escuela-Obrador”, en la que se enseñaría lo que hoy llamamos Formación Profesional—. El ayuntamiento donostiarra se quedó con la archiconocida finca de “Cristina-Enea”, la biblioteca ducal y varias condecoraciones—entre ellas el Toisón de Oro, actualmente en paradero desconocido—. En cuanto a las iglesias, cabe destacar que lo recibido sirvió para la realización de los ventanales de San Vicente, la torre de San Ignacio y el órgano del Buen Pastor.

ION URRESTARAZU PARADA

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento