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Cuando Puertollano escaló la torre del Buen Pastor (1926).

Tres imágenes de Puertollano escalando el Buen Pastor. Foto LVG.

 

Hace 90 años los donostiarras miraron hacia la torre del Buen Pastor. En lo más alto, un hombre colocaba una bandera. Había subido hasta allí sin más ayuda que la de sus propias manos. Aquel hombre era Miguel Puertollano, el “escalatorres”.

 

CUANDO PUERTOLLANO ESCALÓ LA TORRE DEL BUEN PASTOR

 

VIERNES 3: UN EXTRAÑO ESCALANDO LA TORRE DEL BUEN PASTOR

En torno a las ocho de la tarde del viernes 3 de septiembre de 1926, los donostiarras que paseaban por la plaza del Buen Pastor pudieron observar un espectáculo insólito: por la torre de la, entonces, iglesia, trepaba un hombre a mano desnuda.
Aquel espectáculo comenzó a atraer a numerosos espectadores que comenzaron a atestar las calles colindantes. Aquel hombre había escalado hasta la veleta y colocaba la bandera nacional, como si hubiese ascendido a la cumbre de una montaña. El rojo y gualda estará muy presente en esta historia. Eran tiempos de patriotismo exacerbado: dictadura de Primo de Rivera y la eterna guerra del Rif.
Aquel “hombre-araña” era el famoso Miguel Puertollano, hijo del también famoso escalatorres José Puertollano. Los Puertollano eran una familia de acróbatas circenses que, desde hacía tiempo, recorrían la geografía ibérica escalando las torres de las iglesias como espectáculo. El padre, José, había ganado gran fama escalando sin permiso la torre de la catedral de Santiago de Compostela en 1909. No hace falta decir que, Miguel, había heredado el “arte” de su padre. En Guipúzcoa, hacía poco tiempo habían escalado la iglesia parroquial de Elgoibar —entre el público asistente estuvo el Gobernador Civil—. Al final del artículo, en las fuentes, encontrarán links a otros artículos que recogen las peripecias de la familia Puertollano.
Durante la noche del mismo día que colocó la bandera, Puertollano, junto con su padre, se reunió con los periodistas para aclararles la razón de tal hecho y notificarles que el próximo lunes, volvería a escalar la torre para retirarla, ante la mirada de todo el público que acudiese a verlo. También anunció que entre la mañana o la tarde del domingo haría pruebas de entrenamiento, lo cual hacía prever que la plaza estuviese concurrida de espectadores.
En la reunión, los “escalatorres” explicaron, como expertos escaladores que eran, las dificultades que entrañaba el desafío, a saber: La torre del Buen Pastor —la cual mide aproximadamente 74 metros– era considerada difícil de escalar a causa de su moderna construcción, en la que apenas había puntos de apoyo, pues las cornisas eran tan inclinadas que impedían el descanso, haciendo que la ascensión resultase agotadora. Un diario —El Pueblo Vasco— añade que se colocarían puntos de apoyo para que Puertollano pudiese descansar y que el recorrido a seguir sería indicado con banderitas.

Debido a las dificultades, Miguel había decidido que lo mejor era comenzar la ascensión desde el reloj y no desde la base, siendo así más atractivo para el público; ya que, de lo contrario, la ascensión sería demasiado lenta a causa de los descansos. Si la escalada pudiese ser más interesante, repetiría la ascensión comenzando desde la base de la torre.

Evidentemente, la peligrosa aventura de trepar a la torre no era por puro alarde gratuito. Tras el espectáculo, se haría una cuestación entre los espectadores, de la que una buena parte del dinero recaudado sería destinado a una institución benéfica; el resto, se sobreentiende, sería para la familia Puertollano. El espectáculo no contó con el patrocinio de la Comisión de Fomento municipal, pero si el permiso de las autoridades para ser realizado, si bien lo de la cuestación estaba aun en negociaciones.
Retrato de Miguel Puertollano. LVG.

 

LUNES 6: PUERTOLLANO NO TREPA

El día había llegado, pero… Puertollano no escaló la torre. Según La Voz de Guipúzcoa,  “lo menos había cinco mil personas” reunidas en la plaza a la espera del acontecimiento. Aquel inmenso gentío se quedó con un palmo de narices. ¿Pero qué es lo que ocurrió?
A la noche, el “escalatorres” visitó la redacción de La Voz de Guipúzcoa —este diario aporta más datos sobre esta historia— para dar explicaciones y notificar al público el porqué del fiasco. Según Puertollano, el proceder del ayuntamiento pudo responder a “alguna mala interpretación”. También manifestó la proposición de intentar aclarar el asunto ante las autoridades y poder realizar su trabajo lo antes posible.
Sobre qué era aquella “mala interpretación” hay varias versiones. Según La Voz, ocurrió que dos horas antes del comienzo del espectáculo, Puertollano fue informado por la Alcaldía de que no le concedía permiso para trepar la torre con arreglo a lo que él “había solicitado desde un principio”. ¿Queda claro? No mucho. Otro diario —El País Vasco— comenta que no se le dió permiso para “verificar una cuestación pública”. Y quizás no solo fuese el tema de la cuestación: días más tarde, el 9, La Voz dirá que las autoridades, para evitar una desgracia, habían indicado que se colocase una cuerda a lo largo de la torre para “agarrarse a ella en el caso de que notase que cedía alguna piedra o cosa análoga que se hiciese comprender que iba a caer desde tan respetable altura”. Seguridad ante todo.
En los siguientes días, los diarios locales informarán sobre las novedades respecto a las gestiones de Puertollano y las probables fechas para celebrar la tan deseada escalada. Al final, se fijará una fecha: el viernes 10, a las seis de la tarde, Puertollano escalaría hasta la veleta de la iglesia del Buen Pastor.
“Miguel Puertollano, durante su arriesgadísima ascensión. (Foto Gueréquiz.)”. LVG.
VIERNES 10: PUERTOLLANO ESCALA EL BUEN PASTOR

El público acudió en masa para ver el espectáculo. La Voz de Guipúzcoa llegó a decir que se reunieron en torno al Buen Pastor “más de diez mil almas”. Sea como fuere, el público abarrotaba la plaza de la iglesia, las calles colindantes —desde la calle Loyola, la gente llegaba hasta la Avenida— y hasta asomaban por los balcones, ventanas y azoteas. Todos miraban ansiosamente la torre y, algunos, incluso, se habían provisto de prismáticos.

Entre el público destacaron dos miembros de la familia real. En la calle Loyola, entre la multitud, en un coche, estuvo el infante Gonzalo de Borbón. Mientras que su hermano, el príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón, en otro coche, estuvo en la calle Urbieta.

Como estaba previsto, a las seis en punto, a la altura del reloj, Puertollano hizo acto de presencia. Iba vestido con un pantalón blanco e iba en mangas de camisa —a juzgar por las fotografías, iba vestido “a la vasca”—. Tras saludar al público, éste estalló en un clamor ensordecedor. Ahora veamos cómo fue la ascensión.

Así lo relató La Voz de Guipúzcoa:

De un salto se colocó en la baranda, y a una señal de su padre, que se hallaba en la plaza, comenzó la ascensión, rápido, seguro y decidido, entre el asombro y los aplausos del público.

Con pasmosa tranquilidad ascendió el escalatorres, lo mismo por los grandes planos sin saliente alguno, que gateando por los adornos y la arista de la pirámide en que remata la torre.

Descansaba, saludaba al público, y seguía subiendo hasta llegar a la cúspide, de donde arrancan la veleta y el pararrayos, sobre la que ondeaba la bandera española, colocada por el mismo Puertollano.

Cuando se puso en pie, recostado sobre la varilla del pararrayos y saludó a la muchedumbre, ésta le tributó una gran ovación.

Después quitó la bandera, saludó con ella tremolándola, se mantuvo en un pie, y de corvas en los brazos de la cruz, se sostuvo boca abajo con una sola pierna e hizo una plancha pectoral como el más consumado gimnasta.

Había tardado cerca de 10 minutos en ascender hasta la veleta. En cambio, el descenso fue rápido y sin complicaciones: apenas duró 5 minutos. Una vez llegó hasta el reloj, bajó hasta la plaza deslizándose por medio de una cuerda, boca abajo. El público extasiado, acudió raudo, rodeando al “escalatorres” y llevándolo en volandas hasta su coche. Una vez montado en el vehículo, arrancó con dirección a su domicilio, siendo acompañado durante un gran trecho por el público, que le aplaudía incesantemente.

Mientras en el Buen Pastor todavía sucedía el espectaculo, varios autos adornados con banderas y pañuelos de Manila, recorrieron las calles y las plazas colindantes. En ellos, “lindas muchachas” —seguramente pertenecientes a la familia Puertollano—, armadas con cestillas, hacían la colecta prevista que, a juzgar por la prensa, debió de ser abundantísima, ya que “se llenaban rápidamente” a base de calderilla y monedas de plata.
Por cierto. Acabado el espectáculo, la gente se percató de un detalle: la bandera que Puertollano había prometido descolgar todavía seguía izada en la veleta. ¿Habría una segunda ascensión para quitarla? La habría.

Esa misma tarde, el padre de Miguel, José, pudo hablar con el príncipe de Asturias, Alfonso de Borbón y Battenberg. El príncipe deseaba volver a ver el espectáculo, pues había llegado tarde y solo pudo presenciar el descenso de la torre. Tal vez fue promesa o simple cuestión de aprovechar el momento, pero, para el domingo Miguel Puertollano intentaría repetir su hazaña después de las regatas, “desde más abajo del reloj” y que el público recibirá una sorpresa “en agradecimiento al cariño con que ayer trataron al escalatorres, donostiarras y forasteros”. Solo necesitaban las respectivas autorizaciones civiles y eclesiásticas.

 

DOMINGO 12: APLAZAMIENTO

Pese a estar anunciado que para el domingo se celebraría una nueva ascensión, Puertollano tuvo que suspenderla hasta fecha indefinida. El aplazamiento se debió a la “prohibición” por causa de la aglomeración de público que se esperaba con motivo de las regatas de yolas y traineras, además de la corrida de toros de Beneficencia. Ya el día del espectáculo hubo problemas con la multitud: las fuerzas de Seguridad y la Guardia Municipal eran insuficientes para contener aquel gentío y, por si fuera poco, después de la ascensión, hubo peligro de aplastamiento, en especial de los niños, que “estuvieron expuestos a ser arrollados y pisoteados por la gente, que quería ver de cerca al escalador”.
Aunque también hay otra versión de la prohibición. Según El País Vasco, “debido a encontrarse algo cansado”, Puertollano aplazaba la escalada; pero, en compensación, avisó de que “se introduciría una “verdadera sorpresa para el público”.
Sea como fuere, la ascensión terminaría siendo anunciada para el viernes 17. Una vez más, la prensa le dará amplia cobertura, en especial por la probable asistencia de la familia real. Así lo afirma El País Vasco: “Esta ascensión tiene el aliciente de que será presenciada por los reyes, que acudirán al acto, como parece deducirse de un besalamano que los escalatorres han recibido del duque de Miranda.”
“Miguel Puertollano “posando” para nuestro fotógrafo en uno de los salientes de la iglesia del Buen Pastor. –El escalatorres saludando al público desde uno de los chapiteles, en los que se mantiene con una sorprendente serenidad (Foto Gueréquiz)”. LVG.

VIERNES 17: PUERTOLLANO VUELVE A ESCALAR EL BUEN PASTOR

Desde las once a la una del mediodía, la familia Puertollano —Miguel incluído— recorrió las calles anunciando el acto y prometiendo, como aliciente, la asistencia al espectáculo de las “personas reales” —cosa cierta, pues presenciaron la ascensión desde un coche— y, además, repartían tarjetas con el retrato de Miguel Puertollano.
En esta ocasión, tenemos la crónica hecha desde el interior del Buen Pastor, hasta donde se había trasladado el reportero de La Voz de Guipúzcoa. Así lo relata:

A las cinco y media van afluyendo puntos negros a las cercanías de la iglesia del buen Pastor. La plaza y la calle de Loyola desaparecen, tapadas por miles y miles de personas, que ensombrecen la vía con una nota oscura y vibrante. Los sombreros de paja y algunos trajes femeninos de colores chillones tiemblan en medio de la uniforme masa, que se amontona en las calles de Loyola y Hernani. En las calles transversales, el sol franjea de plata la cinta vibrante de la multitud.

Miguel Puertollano examina al público desde arriba, con una sonrisa. Conversa con una tranquilidad pasmosa, fumando un cigarrillo y bebiendo un vaso de cerveza. Por el interior de la torre escala hasta lo alto, llevando una cuerda. Cuando ha llegado al pararrayos nos la arroja, para que sujetemos a su extremo un cartelón, primero, y luego un hato, en el que van flores y palomas.

Miguel deposita los bultos en una de las aberturas de la encajería de la torre y desciende a saltos, con una agilidad pasmosa, simiesca…

El reportero aprovechó su privilegiada situación para interrogar a Puertollano:

Parece mentira decimos que ande usted con esa seguridad a estas alturas.

Qué quiere usted. Desde que nací escalo torres. Siendo una criatura de pecho, mi padre me subía en sus ascensiones a las torres, y así fuí acostumbrándome a las alturas. Nunca he conocido el vértigo, nunca he sentido la menor sensación de miedo al vacío…

Con el tañido de una de las campanas, que anunciaban las seis, la multitud “lanzó un rugido sordo”. Puertollano comenzó la ascensión. El público veía como un punto blanco iba ascendiendo por la torre. El propio reportero nos lo cuenta:

Desde lo alto se divisa un punto blanco que trepa rápidamente. Miguel Puertollano se agarra a las cornisas, se pega a las piedras y de dominación en dominación va acercándose a nosotros, que le esperamos arriba de la torre.

De pronto se detiene, salta de una piedra a otra, y un grito de angustia se escapa de la multitud, que sigue con emoción creciente la ascensión del maravilloso escalador de torres.
Puertollano sigue trepando con agilidad simiesca y llega a donde estamos esperándole, bebe un sorbo de gaseosa y nos muestra los codos despellejados y nos dice sonriente que ha temido durante un momento que le fallaran las fuerzas… 
Continúa la ascensión. Ya no podemos verle, pero todos sus movimiento se reflejan en la agitación de la masa humana, que contempla desde abajo la intrepidez de Puertollano. 
Puertollano tardó 11 minutos en llegar a la veleta. Allí comenzó a hacer varias acrobacias, ejercicios gimnásticos y equilibrios. Luego hizo llover pétalos de rosa y, tras esto, desplegó un cartel saludando a la familia real. Esto último hizo que el público estallara en aplausos. Después soltó unas palomas, en cuyas patitas iban atadas cintas con los colores de la bandera nacional. Como último acto, antes de comenzar el descenso, volvió a practicar varias acrobacias y ejercicios.

Mientras, como la vez anterior, las “lindas señoritas” —como anunciaba la prensa, supongo como aliciente—, ostentando brazaletes con los colores nacionales, postulaban entre el público. Además, repartían tarjetas dedicadas por los Puertollano “al pueblo de San Sebastián”. ¡Quien las pillara! —las tarjetas, se entiende—.

Puertollano descendió rápidamente y el público lo ovacionó con como a un héroe. El reportero de La Voz de Guipúzcoa nos los cuenta así:

Y cuando Puertollano da por terminada su proeza y llega con sus alpargatas nuevas destrozadas, cuando los espectadores le aclaman y levantan en vilo separándole de nosotros, dirigimos una mirada a la torre y vemos en lo alto la bandera y el cartel. ¿Prepara una nueva ascensión? ¿Lo habrá dejado para recuerdo de su hazaña?

Por desgracia, nos quedaremos con la duda. La prensa local no volverá a hablar de Puertollano ni de hasta cuando siguió izada la bandera en lo alto de la torre del Buen Pastor.

ION URRESTARAZU PARADA
FUENTES:

HEMEROTECA:

  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 4 de Septiembre de 1926. Pág. 6.
  • La Voz de Guipúzcoa. Martes 7 de Septiembre de 1926. Pág. 14.
  • La Voz de Guipúzcoa.  Jueves 9 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 11 de Septiembre de 1926. Pág. 8.
  • La Voz de Guipúzcoa. Domingo 12 de Septiembre de 1926. Pág. 7.
  • La Voz de Guipúzcoa. Sábado 18 de Septiembre de 1926 Pág. 6.
  • El País Vasco. Martes 7 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • El País Vasco. Miércoles 8 de Septiembre de 1926. Pág. 5.
  • El País Vasco. Viernes 10 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El País Vasco. Sábado 11 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El País Vasco. Domingo 12 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Viernes 17 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
  • El País Vasco. Sábado 18 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 4 de Septiembre de 1926. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 17 de Septiembre de 1926. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 18 de Septiembre de 1926. Pág. 3.
WEB:

  • García Mariano. 1922: Los hombres que escalaron la torre del Pilar. Blog Tinta de Hemeroteca. 19 de octubre de 2009. Link.
  • “Hombres Araña” en Mondoñedo. Blog Miscelánea Mindoniense. 3 de noviembre de 2010. Link.
  • Acróbatas y funánbulos. Blog García y Adell. Viernes, 25 de marzos de 2011. Link.
  • Escalatorres en Borja. Blog: Centro de Estudios Borjanos. Domingo, 12 de mayo de 2013. Link.
  • Salgado Fernando. El escalatorres Puertollano. La Voz de Galicia. 13 de diciembre de 2015. Link.
  • Jiménez-Muriel, David R. Spider-Man era granadino. Blog La Alacena de las Ideas. Martes, 5 de julio de 2016.Link.

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Una jornada de puertas abiertas en los Cuarteles de Loyola.

Los Cuarteles de Loyola engalanados para la ocasión. Foto Ion Urrestarazu Parada.

Este sábado pasado, día 21, aproveché la ocasión única de poder visitar los Cuarteles de Loyola. Con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas se ha permitido el paso a civiles y, ya que hacía un bonito día, ¿por qué no hacer una visita?

Tras bajar en la estación y dirigirme a pie hacia mi destino, a medida que iba bordeando el Urumea, pude ver cómo los cuarteles estaban engalanados con banderas, señalando así el especial acontecimiento. Una vez cruzado el puente de Urdinzu, y pasar el pertinente control de seguridad, tuve vía libre hasta el Cuartel de Mª Teresa.

Stands en el zaguán del Cuartel de Mª Teresa. Foto Ion Urrestarazu Parada.

En el zaguán de dicho Cuartel, a modo de presentación, había colocados diferentes stands con fotografías y textos que contaban la historia de los Cuarteles desde su fundación hasta la actualidad. Allí mismo estaba el acceso a la novísima sala de Banderas, que desde su estreno el año pasado —la primera jornada de puertas abiertas en Loyola— ha ido aumentando exponencialmente sus fondos. Decidí postergar su visita y comenzar a disfrutar de los diferentes atractivos que ofrecía el Patio de Armas.

En torno al Patio habían sido desplegadas tiendas de campaña y diversos vehículos permanecían estacionados. Todo ello, a modo de pequeño muestrario, preparado para el disfrute de los curiosos que hasta allí se habían acercado.

Las tiendas se dividían de la siguiente manera: un puesto de información para futuros reclutas, donde a los más pequeños les pintaban las caras; un puesto médico con lo último en curas de emergencia, con diverso instrumental e, incluso, un maniquí de RCP para practicar el boca a boca; una cocina de campaña, donde se cocinaba la paella para los asistentes; y, por último, una serie de tiendas donde se exponían diversos artefactos bélicos que iban desde armas ligeras y pesadas a ingenios tecnológicos tales como visores nocturnos o sistemas de telecomunicación.

Algunos de los vehículos expuestos. Foto Ion Urrestarazu Parada.

Los vehículos se componían, básicamente, de ambulancias —donde los más pequeños se entretenían en darle a las sirenas y a los altavoces— y otros vehículos de transporte como camiones y todoterrenos artillados. Yo me subí en un todoterreno artillado —un URO VAMTAC— y tras asomarme por la escotilla y colocarme un casco que por allí había, le dije al soldado que estaba de cicerone: “La seguridad ante todo”, arrancándole con una carcajada.

Los soldados atendían a los curiosos con cortesía y, por qué no decirlo, con una santa paciencia infinita. Lo mimo hablaban de los portentos del granulado anti-hemorragias, ofrecían probar un chaleco antibalas o enseñaban a usar fusiles de asalto y lanzacohetes. Y, se me olvidaba, actuaban como improvisados fotógrafos, a solicitud de los civiles, para así obtener la tan ansiada fotografía de recuerdo.

El público asistente eran básicamente civiles —aunque también había soldados de permiso—, tanto curiosos ajenos al mundo militar —como un servidor— como las familias de los soldados aquí destacados. No se escandalice el lector por la presencia de niños en este acto, pues la inmensa mayoría eran hijos de militares ¿A caso no tienen derecho a saber en qué trabajan sus padres?

Apenas había comenzado la visita, cuando aparecieron desfilando los miembros de la banda de música, procediendo así al primer pasacalles que estaba programado a las 12:00. Tras situarse en el centro de la Plaza, tocaron conocidas marchas al toque de corneta y tambor, para luego volver a desfilar.

La exhibición canina. Foto Ion Urrestarazu Parada.

A las 13:00 se inició en el centro del Patio de Armas la exhibición canina, donde un cabo primero hizo las delicias de los más pequeños exhibiendo las aptitudes de un pastor alemán. El acto terminó con el saludo militar, tanto del cabo como del can.

Media hora después, se dio aviso de que se procedería con la degustación de paella, que sería servida en la cocina de campaña antes mencionada. Evidentemente, el público acudió raudo, cual langostas del Apocalipsis, para degustar el gratuito manjar. Yo, descorazonado por la larga cola ante la cocina y quemado por el fuerte sol del mediodía, decidí evadirme a la Sala de Banderas.

La nueva Sala de Banderas es, para el ojo experto, el punto fuerte de la visita. Tras un arduo trabajo de documentación y recolección de objetos —muchos de ellos donaciones particulares—, al que hay que sumarle el montaje y preparación de la sala, se ha creado un entorno propicio para divulgar una pequeña parte de la historia militar de San Sebastián.

La Sala de Banderas desde la entrada. Foto Ion Urrestarazu Parada.

Allí hay un poco de todo: armas y herramientas de época, estandartes y banderas, maniquís uniformados tanto con réplicas como con prendas originales, vitrinas temáticas que abarcan desde las Guerras Carlistas a las actuales misiones humanitarias, pasando por las guerras de África, Cuba y la Guerra Civil Española… Todo ello aderezado con cuadros donde se recogen los héroes y logros del Tercio Viejo de Sicilia. En fin, el sueño de cualquier apasionado de la historia.

Una de las cosas más curiosas que uno puede encontrarse en la sala es la vitrina en homenaje a Miguel de Cervantes, antiguo miembro de la unidad, donde se exponen restos de la tumba recientemente excavada.

A las 14:00, volvió a desfilar la banda para amenizar con la música guerrera; pero solo pude escucharla en la lejanía, pues mi atención estaba puesta por completo en todas y cada una de las maravillosas reliquias que se guardan en la Sala de Banderas. También hay que decir que, en la Sala, sonaban conocidas bandas sonoras épicas como la de Braveheart o Juego de Tronos.

La Sala de Banderas desde el extremo contrario. Foto Ion Urrestarazu Parada.

Tras remirar la sala de arriba abajo, pude hablar con el conservador de éste encomiable museo: el Sargento Domínguez. Domínguez me ha impresionado, es todo un entusiasta de la historia y se ve que le encanta su trabajo. Me explicó el origen de unas cuantas piezas allí expuestas, además de darme la noticia de que, para el próximo año, se abrirá una nueva sala que estará dedicada íntegramente a San Sebastián.

Tras disfrutar de una larga charla con el Sgto. Domínguez, marché fuera del cuartel a las 15:00, hora en la que se daba por acabada la jornada de puertas abiertas a los Cuarteles de Loyola. El próximo año más y mejor.

ION URRESTARAZU PARADA

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La quinta playa donostiarra

La Concha, de las más populares a nivel internacional y “sede oficial” de la realeza en los veranos de finales del siglo XIX. Ondarreta, de corte más familiar y motivo de debate en los últimos años por la invasión de piedras. Zurriola con oleaje más fuerte por estar más abierta al mar, es la más frecuentada por jóvenes y surfistas. Isla Santa Clara, disponible solo unas horas al día y la preferida por veraneantes “liliputienses” por su reducido tamaño. Hasta aquí, todo donostiarra habría conseguido el quesito azul de geografía del Trivial Pursuit (edición infantil) por responder de manera correcta a la pregunta de “¿cómo se llaman las cuatro playas de San Sebastián?”. Bien, cojamos nuestro DeLorean mental y viajemos a un futuro indeterminado en el tiempo en el que la pregunta modificase el número cuatro por el cinco. O simplemente debamos calzarnos unas botas de monte y acudir a Bidebieta. 

Parque Salvador Allende

Ante nosotros, Ulía, nuestro pequeño gran monte. A principios del siglo XX, durante la Belle Époque de la ciudad, Ulía se constituyó como parque de recreo para la aristocracia y hoy en día es un lugar de senderismo muy popular en la ciudad, además de ser una agradable caja de sorpresas poblada de arboles, con infinidad de caminos, y abundantes ruinas escondidas entre la maleza. Y aquí comienza todo…

Ubicándonos en el parque Salvador Allende, antiguo campo de tiro, nos adentramos en el bosque por un pequeño camino que nace a mano izquierda. Al poco de empezar nos encontramos unos pequeños socavones que nos hacen pensar en posibles fosas donde fueron enterrados donostiarras fusilados en el fascismo. Seguimos adelante por un sendero que se intuye hasta llegar a una plantación de bambú que recientemente ha sido talada. Cruzamos un pequeño arroyo que viene del monte y que nos sirve de guía para acercarnos a la falda de Ulía. Da la sensación que recientemente la zona ha sido tratada ya que no queda nada de la maleza que recordábamos meses atrás.
Paso a paso, metro a metro, nos encontramos en medio de la nada con una construcción que nos activa flashbacks de la serie “Perdidos”. ¿Es un bunker? ¿Es un fuerte? No, es un túnel de Junta de Obras del Puerto de Pasajes que atraviesa el monte hasta el mar, curiosa serendipia en medio de tanto verde. Construido en hormigón entre 1937 y 1940 con la función de canalizar el agua de tres manantiales, tiene una longitud aproximada de 530 metros, una anchura de 120 centímetros y una altura de 180 centímetros (algo menos si queremos evitar que ciertos arácnidos hagan mudanza para habitar en nuestra cabeza). Debemos activar el zoom de nuestra mirada para poder apreciar el final del mismo pero como la curiosidad mató al gato, como buenos felinos decidimos atravesarlo linterna en mano para, en 10 minutos, descubrir una joya natural en toda regla; la ensenada Ilurgita. 

Volviendo a hablar de ese futuro indeterminado, por qué no pensar en una vía poco transitada pero adecuada al peatón en la que pudiésemos llegar a esta cala en chancletas y sin necesidad de coger las cuatro ruedas. Una cala ya conocida por los senderistas de Ulía y que con el túnel evitaría los abruptos caminos que conducen a ella. Una cala que si Hasbro (propietaria de Trivial Pursuit) nos preguntase por las playas de San Sebastián, ya podríamos hablar de la quinta playa donostiarra. 

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El Hundimiento del Príncipe de Asturias en San Sebastián (1916).

El trasatlántico Príncipe de Asturias en una postal. Internet.

Son las cuatro de la mañana del día 5 de marzo de 1916. La lluvia arrecia y la densa niebla cubre el horizonte. En frente del buque se divisa un arrecife, el capitán José Lotina ordena dar “atrás toda”. La maniobra es insuficiente, el buque impacta de costado y se abre una gran vía de agua en el casco. Cinco minutos después, el trasatlántico Príncipe de Asturias se hunde en las oscuras aguas de la costa brasileña.

Así comienza la tragedia de éste buque y de sus pasajeros, entre los que figuraban varias familias de San Sebastián…

***

El “Príncipe de Asturias”, fue un trasatlántico perteneciente a la Naviera Pinillos. Fue construido en Glasgow apenas dos años antes de la tragedia. Tenía 150 metros de eslora, 20 de manga y 10 de puntal y desplazaba 16.500 toneladas. Podía navegar a 18 nudos y transportar 1.900 pasajeros. Costó 200.000 libras de la época. En su tiempo, fue considerado como uno de los más hermosos buques de la flota mercante española.

El buque zarpó de Barcelona el 17 de febrero con destino a Buenos Aires, no hallando novedad alguna hasta llegar al lugar del naufragio. Portaba 588 pasajeros y tripulantes.

Tras la imposibilidad de entrar al puerto de Santos (Brasil) a causa del mal tiempo, el capitán José Lotina decide esperar un día más. Durante la noche el tiempo empeoraba por momentos, el cielo se cubrió de niebla y la lluvia caía torrencialmente. Confiando en su pericia, el capitán decidió intentar entrar al puerto en la madrugada del día 5 de marzo. Su decisión sería fatal.

 

“Don José Lotina, capitán del «Príncipe de Asturias», que pereció en el naufragio. Era éste el último viaje que pensaba realizar”. Foto y texto: EPV.

 

A las cuatro de la mañana, los oficiales a duras penas pudieron avistar el arrecife de punta Pirabura. Pese a las órdenes del capitán para evitar el choque, nada se pudo hacer. El Príncipe de Asturias chocó de costado y se abrió en el casco una enorme vía de agua que iba de proa a popa. La nave estaba herida de muerte.

El trasatlántico se hundió en menos de cinco minutos, llevándose al fondo del mar 445 almas. De las 143 almas rescatadas solo 57 eran pasajeros; las 86 restantes eran tripulantes. En su momento fue la mayor catástrofe naval en la historia de España.

En la actualidad, el “Príncipe de Asturias”, yace en el fondo del mar a una profundidad de 45 metros, cerca de la punta de Boi, en la isla de San Sebastián. Es casi inaccesible para los submarinistas debido al clima adverso, la escasa visibilidad y las fuertes corrientes.

***

La noticia del hundimiento llega a San Sebastián el 7 de marzo. Inmediatamente, como suele ser en estos casos, los angustiados familiares de los viajeros, acudieron a los principales diarios demandando toda la información disponible sobre los pasajeros.

También acudieron a la Agencia del señor Julián de Salazar, consignataria de la Naviera Pinillos, donde los pasajeros habían adquirido los billetes, para reclamar toda noticia sobre los mismos. El señor Salazar se apresuró a telegrafiar a la Dirección de la Naviera, en Cádiz, que le aseguró la pérdida total del buque y el salvamento de varias personas, pero sin confirmar nombres.

 

“Doña Eusebia Garitonandia de Guerra y su hijo Felipe, de cuatro años, que también han perecido. Conocidísimos en San Sebastián era ella sobrina de don Víctor Garitaonandía”. Foto y texto EPV.

 

Al día siguiente (día 8), las portadas de los principales diarios locales consultados (El Pueblo Vasco y La Voz de Guipúzcoa) se hacen eco de la tragedia de manera extensa. Aquel día, la pérdida del trasatlántico estuvo presente en todas las conversaciones de San Sebastián.

Los diarios consultados publican dos listas de pasajeros. Como podrá observar el lector, apenas coinciden. Seguramente ésto sea producto de la desinformación reinante en los primeros momentos:

 

“La Voz de Guipúzcoa”:

  • Don Marcial Aguirre, que iba con su señora, cuatro hijos, dos criadas y una cocinera.
  • Don Francisco Jaureguialzo, con su señora y dos hijos. Aquí dejaron otros cuatro hijos, dos en Vergara y dos en el colegio de los Maristas de esta capital.
  • Don Luciano Unda y señora.
  • Don José Ruiz y señora.
  • Doña Eusebia Guerra, con un niño de cuatro años.
  • Don Luis Echeverría.
  • Don Felipe Gaspar Blanco y señora.
  • Señor Mitchal y señora.
  • Don Norberto Múgica. Este iba sólo y tiene su familia en San Sebastián.
  • De buena procedencia, pero sin garantías de absoluta certeza, se nos dijo anoche que un amigo del señor Aguirre había enviado desde el Brasil un cablegrama anunciando que dicha familia se ha salvado enteramente. (Luego veremos que se confirmó precisamente lo contrario).
  • También aseguraba la misma noticia que entre los salvados figura igualmente otra familia de Vergara, cuyo nombre desconocemos.

 

“El Pueblo Vasco”:

  • Ezpeleta
  • Jaureguialzo
  • Mitchel
  • Unda
  • González
  • Echeverría
  • Blanco
  • Eusebia Guerra
  • Marcial Aguirre

 

“El Pueblo Vasco” llega a comentar que en el buque iba un joven matrimonio de San Sebastián, que había embarcado para recoger una herencia en América, dejando en un piso de la calle Fuenterrabía una niña de mes y medio de edad al cuidado de su abuela.

Se da noticia de que podrían haber embarcado 33 guipuzcoanos. Esta conclusión se debe a que ése fue el número de billetes expedidos por la Agencia del señor Salazar.

 

“Don Francisco Jaureguialzo y su esposa doña Cecilia Urteaga, que fallecieron con cuatro de sus hijos en el naufragio del trasatlántico «Príncipe de Asturias»”. Foto y texto: EPV. 

 

El día 9 se facilitan los nombres de algunos pasajeros que han sobrevivido a la tragedia:

  • Luciano Unda y su esposa.
  • Felipe Gaspar.
  • Emilio Gaviria, famoso ex pelotari de cesta-punta que viajaba como camarero.

 

El sábado 10, la familia de Norberto Múgica recibe una noticia desde “Iquiqui” (¿Iquique, Chile?), anunciándoles el salvamento de Norberto. Por desgracia, la noticia, que estaba sin confirmar, llevaría una efímera esperanza a la familia Múgica. Norberto se hallará entre los fallecidos.

El mísmo día, se recibía la noticia del fallecimiento del matrimonio eibarrés conformado por Román Hernández y Rudina Aranzabal y sus hijos gemelos de corta edad. También se señala la presencia de Vicente Aldazabal, un eibarrés bastante conocido, y se temía su fallecimiento.

Para el día 11 se tiene la certeza de quienes fueron los fallecidos. He aquí la lista:

  • El matrimonio Marcial Aguirre y Segunda Zuriarrain de Aguirre, de 42 y 28 años respectivamente; con sus hijos Manuel, Mª Luisa, Mª Asunción y Mª del Carmen. Toda la familia al completo falleció en el naufragio. Al parecer, una criada que iba con ellos también falleció.
  • El matrimonio Francisco Jaureguialzo Albizu y Cecilia Urteaga Dorronsoro, con sus hijos Ignacia, Paula, Juan y Carmen. Dejaron en San Sebastián huérfanos a cinco hijos naturales y uno político.
  • Norberto Múgica Beovide. Dejó en San Sebastián viuda e hijos.
  • Luis Echeverría, de 17 años de edad.
  • Eusebia Garitonandia de Guerra y su hijo felipe, de tan solo 4 años.
  • Josefa Albizu y Arsuaga, de 25 años de edad.

***

Tras confirmarse las muerte, se abrieron dos suscripciones en pro de las familias damnificadas por la tragedia: La de la Naviera Pinillos, abierta desde el día 12 en Barcelona, y la de la Agencia Salazar en San Sebastián.

“La Voz de Guipúzcoa” publica una carta de Julián de Salazar que nos ofrece la primera lista de donaciones hechas en su Agencia:

  • Hijo de Julián de Salazar, S. en C.: 250 ptas.
  • Juan San José, capitán del vapor “Iciar”: 5 ptas.
  • Servando Sáenz de Miera, capitán del vapor “La Providencia”: 5 ptas.
  • Pío Anza: 5 ptas.
  • Cándido Bidaguren: 5 ptas.
  • Total: 270 ptas.

 

El día 17, “La Voz de Guipúzcoa” vuelve a dar noticia sobre los donativos; se suman 328 pesetas.

A partir de ésta última fecha no han sido hallados más datos que indiquen el total de lo recaudado en Guipúzcoa.

***

Tras la confirmación de los fallecimientos, en su memoria se realizaron los siguientes funerales:

El Lunes 13, a las diez de la mañana, se celebró en la iglesia del Sagrado Corazón misa de réquiem, con responso, por Eusebia Garitaonandia de Guerra y su hijo Felipe. Encargada por el tío de ésta, el presbítero Víctor Garitaonandia.

El mismo día, a las diez y media, en la iglesia de los Capuchinos, se celebró una misa de Gloria, que había sido encargada por los amigos de los niños de la familia Aguirre.

A las once, encargada por el Círculo Easonense, se celebró en la parroquia de Santa María una misa de Requiem, en sufragio de las almas de los fallecidos. El acto, como era de esperar, estuvo muy concurrido, figurando entre los asistentes muchos socios del Círculo, amigos y deudos de los fallecidos.

 

“Don Marcial Aguirre, su esposa y sus hijos con una de las sirvientes que les acompañaba, todos los cuales han perecido en el naufragio del trasatlántico «Príncipe de Asturias»”. Foto y texto: EPV.

 

El miércoles 15, a las nueve y media, en la capilla del Colegio Católico de Santa María (Marianistas), se celebró otra misa por los náufragos y, en especial, por Luis Echeverría, antiguo alumno de la institución; Norberto Múgica y las familias Jaureguialzo y Aguirre, parientes y allegados de alumnos del Centro.

El mismo día se haría otra misa en honor de Norberto Múgica, a las diez de la mañana en la parroquia del Buen Pastor.

El jueves 16, se celebraron los funerales de la familia Jaureguialzo-Urteaga en la parroquia del Buen Pastor, a las once de la mañana.

El viernes 17, en Fuenterrabía, a las diez y media, se celebraron los funerales de la familia Aguirre-Zuriarrain.

El mismo día, a las once de la mañana, se celebró el funeral del joven Luis Echeverría, en la parroquia del Buen Pastor.

El sábado 18, a las nueve de la mañana, en la parroquia de Santa María, se celebró el funeral de Josefa Albizu y Arsuaga.

El lunes 20, en la parroquia del Buen Pastor, a las once de la mañana, se celebraron los funerales de la malograda familia Aguirre-Zuriarrain.

Semanas después, el lunes 10 de abril, aparece una nueva esquela: la de Francisco Espeleta Buruaga. Su funeral se celebró ese mismo día, a las  diez de la mañana, en la parroquia del Buen Pastor.

***

El día 13 de abril, en las oficinas de la Agencia Pinillos, en Barcelona, quedó constituida una comisión cuya misión sería la de «cuidar de la clasificación y reparto de los socorros a las familias necesitadas de los tripulantes y pasajeros de tercera desaparecidos en el naufragio». Para entonces, ya se tiene constancia del número total de víctimas: 108 tripulantes y 197 pasajeros.

Las cantidades recaudadas hasta entonces, por las suscripciones de Barcelona y Cádiz, ascendían a unas 112.000 pesetas; desconociéndose el total de las cantidades reunidas en otros puertos. Aun uniendo aquellas cantidades desconocidas a la cantidad conocida, la propia comisión anunciaba que sería insuficiente para atender al tamaño de la catástrofe.

 

ION URRESTARAZU PARADA

Fuentes:

Hemeroteca:

  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 7 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 8 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • La Voz de Guipúzcoa. Martes 14 de Marzo de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 15 de Marzo de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 15 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Jueves 16 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Viernes 17 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Lunes 27 de Marzo de 1916. Pág. 2.
  • La Voz de Guipúzcoa. Lunes 10 de Abril de 1916. Pág. 3.
  • La Voz de Guipúzcoa. Jueves 13 de Abril de 1916. Pág. 1.
  • La Voz de Guipúzcoa. Miércoles 19 de Abril de 1916. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Martes 7 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 8 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 9 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 10 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 10 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • El Pueblo Vasco. Sábado 11 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • El Pueblo Vasco. Domingo 12 de Marzo de 1916. Pág. 1.
  • El Pueblo Vasco. Martes 14 de Marzo de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Martes 14 de Marzo de 1916. Pág. 5.
  • El Pueblo Vasco. Miércoles 15 de Marzo de 1916. Pág. 5.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 16 de Marzo de 1916. Pág. 3.
  • El Pueblo Vasco. Jueves 16 de Marzo de 1916. Pág. 5.
  • El Pueblo Vasco. Viernes 17 de Marzo de 1916. Pág. 4.
  • El Pueblo Vasco. Domingo 19 de Marzo de 1916. Pág. 5.
  • El Pueblo Vasco. Lunes 20 de Marzo de 1916. Pág. 2.
  • El Pueblo Vasco. Lunes 10 de Abril de 1916. Pág. 5.

Web:

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Sobre el autor Ion Urrestarazu
Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento