Diario Vasco
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Fecha: diciembre, 2013
Lo que implica un día en IKEA
Amaia Michelena 11-12-2013 | 9:06 | 0

El “hasta que la muerte os separe” de toda la vida, ha cambiado desde que abrieron IKEA.

Desde IKEA dicen que se esfuerzan, para que sus precios sean bajos y accesibles para todos. En nombre del común de los mortales, se lo agradezco, pero, ¿qué hay de nuestro bienestar familiar? Cuentan, que “sus precios son bajos y accesibles, pero no a cualquier precio”. Y yo qué creía que con está afirmación, se habían dado cuenta de la realidad del asunto. Pues no. Nada más lejos. Ellos se refieren a que sus procesos de diseño no perjudican el medio ambiente, ni tampoco su producción.

Analicemos:

Cuando en casa hace falta una pequeña mesa para poner los pies, mientras vemos la tele, en lugar de hacerlo sobre la nueva que os regaló tu suegra, decides ir con tu pareja a IKEA.  Probablemente no seas consciente de lo “mucho que la necesitabas”, hasta que tu chica te lo ha dicho. Y probablemente lo ha dejado caer, cuando has llegado a casa, después de haber tomado un par de cervezas con tus amigos, al terminar el partido de “fútbol 7” de todos los jueves. Cansado pero contento, decides que el mejor día para ir es el sábado por la mañana, ni muy pronto ni muy tarde.

Llegado el día, tú, tampoco lo sabes, pero ella lleva una lista en su bolso, más larga que la del “Eroski”, con todo lo que de golpe y porrazo necesitáis. Aunque no sospechas nada, ella decide bajar un poco antes que tu al garaje, para así “ordenar” el maletero. (Lo que ha hecho es sacarte las botas para ir al monte, los bastones, el balón y las cajas medio vacías que no quieres tirar, pero tampoco subir a casa.

Llegáis, y pasáis unas dos horas aproximadamente viendo salones y midiendo dormitorios. ¡Seguro que te has puesto morado de robar minilápices que no saldrán del coche jamás cuando os marchéis! Vigila a tu chica, que lo del metro que lleva en el bolso junto a su lista de necesidades no es casualidad. Se os ha ido el santo al cielo, y os tenéis que quedar a comer, pero como no os gustan ni el salmón noruego ni las albóndigas, ella, te convence para “echar un vistazo rápido por la parte de menaje” e iros a picar algo fuera del centro comercial.

Ten cuidado, parece que el día ha terminado, pero se te ha vuelto a olvidar, que para las de San Sebastián, el mejor plan para la tarde es visitar el “Primark” que tampoco tenemos. Y una vez hecho acopio de calcetines, braguitas y pijamas para arropar a todo el vecindario, sólo te queda llegar, cargar con todo el peso porque eres todo un machote, y dedicar el domingo a montar la mesa, los estores, y las catorce cosas más, que habéis tenido que comprar para seguir viviendo.

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Yo soy de “mojo picón”
Amaia Michelena 10-12-2013 | 10:32 | 2

Yo soy de callos y panceta, de brocheta de riñones, de huevos rotos y de huevos con todo. ¡A, y de gente simpática, jolinas! Qué de eso en los tiempos que corren, no se lleva mucho. No se qué es el “picadillo”, pero suena a cocido montañés. Me encantan las fabes, el marisco y la vinagreta. ¡Cómo me gustan las tascas! Y los festejos a la luz del día.

Si el gris es el nuevo negro, y los treinta, son los nuevos veinte, ¿será el sushi el nuevo menú del día a doce euros? Soy de mestizaje y de interculturalidad en todos los sentidos, pero me niego, a renunciar a las barras de pintxos, y a la cocina de la tierra. ¡Amén!

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Complementos y disgustos
Amaia Michelena 09-12-2013 | 9:28 | 0

Yo siempre he sido muy de abalorios y colgajos. Respetando el sempiterno “menos es más”, soy de las que es incapaz de salir de casa sin reloj. Reloj para hacer deporte, para salir por la noche, reloj informal para ir a la oficina. Pero hazme caso, cada complemento tiene su función y su lugar. Si lo tuyo es un chaleco de camuflaje, deja en casa el estampado de leopardo. Y si el remache de tus botas va en neón, acompáña tu look con un bonito pañuelo, pero que eso sea todo, el resto sobra.

De un tiempo a esta parte, procuro desplazarme en bicicleta por la ciudad. Y qué mejor uniforme, que gafas de sol modernas con gorro enorme a la moda también. ¡Pues al loro con la moda del turbante, sombreros o  gorritos polares!

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Qué no te engañen las modelos de la foto. Tu puedes ir igual de estupenda que ellas, cierto, pero sólo, y hazme caso, si tu idea es pasear y respirar aire puro. La primera vez que yo metí la pata fue en una cena informal. ¡Y menos mal que fue en confianza! Salí con tiempo de casa para disfrutar del paisaje y hacer algo de ejercicio. Aparqué mi bicicleta casi en la puerta del restaurante, llegué puntual y además repleta de endorfinas liberadas, ¡me creía la mejor!

Tomé un par de cervezas, y me senté a la cabecera de la mesa, orgullosa, cual presidente de “Microsoft” en plena cena de navidad. Hasta que me tocó visitar el servicio. ¡Horror! Nadie me había dicho nada, pero entre Misscarrot, y Carmen de Mairena, apenas había diferencias. No quedaba nada de mi maquillaje natural. Lo que empezó siendo un colorete gracioso acentuando el pómulo, se mezclaba con dos borrones negros, al haberse corrido la máscara de pestañas. Mis labios parecían un cuadro viejo, agrietados, y únicamente quedaba en color rojo el perfilador. Y no os cuento cómo tenía el pelo, después de haberme quitado el gorro. ¡Era capaz de cargar el móvil si me lo enchufaban en la cabeza, toda la electricidad del mundo se había detenido sobre mi pelo!

Amigas, el que avisa no es traidor. Si queréis compatibilizar vida sana con costumbres del día a día, lo primero es comprarse un espejo de mano, y llegar cinco minutos antes que el resto al evento. De no ser así, vuestra reputación morirá ese mismo día, como una mariposa en primavera.

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