Diario Vasco
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Categoría: healthy food
Síndrome del pincel oxidado

Los artistas pasamos por épocas de larga sequía creativa, o eso he leído. Escritores que no tienen qué contar, pintores que no encuentran paisajes ni rostros que plasmar, y finalmente nosotros, los blogueros. Nuevas oleadas de seudo- aficionados a entretener al personal de mil amores.

Hace un año que empecé con este blog. No he parado de rellenar cuadernos y papelajos con todo lo que me ha ido viniendo a la cabeza. Y hoy es el día en que necesito ordenar ideas, para, de forma rutinaria, volver a contaros aventuras, si no cada día, sí con cierta frecuencia. Vacaciones, “veranos locos de El Corte Inglés”, tumbonas y paseos en bicicleta. El caso es que no es la mejor fecha para retomar. Yo lo intento y me empeño.

Pero hoy casualmente tengo un problema. Y es que me duele la barriga. Soy de naturaleza zampona, no tengo remedio, y ayer me puse colorada de endivias con queso. Pensaréis que roquefort, pero no. También añadí “tomates raf” a la bacanal, guacamole, y bien de pan. Soy aficionada a los de cereales, y a la segunda vuelta por el aceitillo del aliño, me acordé de que no hay nada mejor en una ensalada de verano, que los frutos secos. A la media hora ya estaba KO, ni postre, imaginad lo verde de mi cara y mi mal cuerpo.

Para intentar que desaparezca mi barriga de embarazo de gemelos, llevo paseando retorcida desde el punto de la mañana, como alma en pena,  por la ciudad. Andando a trabajar, andando a los recados, andando a la fotocopiadora cada seis minutos. Conclusión; agotada. Todo parece normal, pero estoy peor que una niña de diez años empachada de sandwiches de chorizo, en la merienda  final del cursillo de natación.

Otro día más  y mejor amigos, lo prometo.

 

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Yo soy de “mojo picón”

Yo soy de callos y panceta, de brocheta de riñones, de huevos rotos y de huevos con todo. ¡A, y de gente simpática, jolinas! Qué de eso en los tiempos que corren, no se lleva mucho. No se qué es el “picadillo”, pero suena a cocido montañés. Me encantan las fabes, el marisco y la vinagreta. ¡Cómo me gustan las tascas! Y los festejos a la luz del día.

Si el gris es el nuevo negro, y los treinta, son los nuevos veinte, ¿será el sushi el nuevo menú del día a doce euros? Soy de mestizaje y de interculturalidad en todos los sentidos, pero me niego, a renunciar a las barras de pintxos, y a la cocina de la tierra. ¡Amén!

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¡Más fácil imposible, hummus para el viernes!

¿A cuántas fiestas, barbacoas, cenas o picoteos habéis ido este año, en las que había un bol con hummus? Pues bien, esa crema fina, muy suave y exótica al paladar, que podemos acompañar con un poco de pan crujiente o pita recién horneada, no es más que puré de garbanzos, o crema, que parece que suena más chic. El hummus o crema de garbanzos griega, es todo un clásico de la cocina mediterránea, que está al alcance de todo el mundo. Barato, sencillo y donde el garbanzo está… pero no lo parece. Aunque es un plato para cualquier época del año, es ideal ahora en verano. Vale como crema, como fondo en una ensalada, en bocadillo, croquetas o como guarnición con unos pimientos.

El Hummus lo preparan a lo largo y ancho de Oriente Medio, Grecia, Turquia y Chipre,, y aunque parecidos, la receta varía según la región. Os voy a mostrar una en la que se añade canela, y aceitunas negras, y por el resto de ingredientes y preparación parece asemejarse más a un plato griego que de la zona del Líbano. La mezcla más popular lleva además tahini y deja un ligero sabor a sésamo que esta delicioso, incluyo en la receta cómo prepararlo por si no lo encontráis, es también muy fácil.

 

Ingredientes

  • 1 bote de 400 g de garbanzos cocidos o cantidad similar de garbanzos naturales
  • 2 cucharillas de comino molido
  • Una cucharilla de canela en polvo
  • Agua o el caldo de cocción de los garbanzos (al gusto, de esto depende de si quieres más o menos densa la crema)
  • Un diente pequeño de ajo
  • Sal y pimienta negra recién molida (al gusto)
  • 1 cucharadita de pimentón dulce o picante de La Vera (al gusto)
  • 3 cucharadas de Tahini*
  • 1 ramita de cilantro (vamos a emplear sólo las hojas)
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra ILove Picual ( y un poquito más para adornar la crema)
  • El zumo de medio limón
  • De manera opcional, unas pocas aceitunas negras, le da un toque

Preparación

  1. Para esta receta puedes aprovechar unos garbanzos que hayan sobrado de un cocido o utilizar un bote de garbanzos cocidos que venden en cualquier sitio. La receta sale igualmente bien, ya sean de bote o cocidos.
  2. Escurrimos los garbanzos del líquido en el que se conservan, veréis un poco de espuma, pasadlos por agua hasta que desaparezca. Reservamos en el escurridor.
  3. Hacemos zumo con la mitad de un limón, lo colamos por si quedan pepitas y reservamos.
  4. Pelamos el diente de ajo. Colocamos los garbanzos en el vaso de la batidora con el diente de ajo, el tahini, la canela, el cilantro (o en su defecto perejil), el zumo de medio limón colado, el comino molido, una pizca de pimienta negra, sal, el aceite de oliva virgen extra y un toque de pimentón.
  5. Batimos con la máxima potencia hasta que nos quede una crema tipo puré pero un poco más denso y reservamos en la nevera. Frío está mucho mejor. Y por último espolboreamos en el bol que hemos escogido para su presentación un chorrito de aceite de oliva y un poco de pimentón
  6. Podemos acompañarlo con pan normal, pan de pita con un toque de horno (lo que mejor le va), nachos, chips de patatas fritas o bastoncillos de vegetales crudos como zanahorias o pepino.

Preparación del Tahine o Tahina: Si no encontráis donde comprar esta pasta tradicional árabe a base de sésamo es muy fácil prepararlo en casa, así lo tendréis recién hecho y con un poco de aceite de oliva virgen os durará un montón de tiempo, incluso se puede congelar. Las semillas de sésamo las podéis encontrar en cualquier supermercado.

  • Comenzamos tostando o dorando las semillas a fuego muy bajo durante unos 10 minutos. Puedes hacerlo tanto en una sartén como en el horno, lo que más cómodo te resulte. Una vez que estén levemente doradas (sin que se exploten), las colocamos en un molinillo de café, le damos dos toques y pasamos a un mortero. Eso para los nostálgicos que no acostumbran a tirar nada. Si no tienes molinillo lo haces directamente en el mortero.
  • Añadimos un chorrito de aceite  y un poquito de agua y mezclamos con el mortero hasta conseguir una emulsión. La consistencia debe ser cremosa y hasta algo espesa, debe quedar una pasta entre blanca y dorada con un  sabor pronunciado que se asemeja al de los frutos secos. Añadimos sal al gusto.

 

 Espero que os guste la receta de hoy. ¡Buen provecho y buen fin de semana!

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¡Pisto pre-pintxo pote!

Segundo jueves de agosto  ¡y pintxopote! Para hoy, he pensado en otra receta con verduras, qué se sirva fría y sea veraniega, El pisto es un plato bastante consistente, y hoy es el día en el que tenemos que coger fuerzas para la que nos viene a partir de las siete de la tarde! Espero que mis amigos alaveses sigan el “recetario depurativo”, tras esta, su semana más grande del año, en cuanto a festejos, jolgorio y excesos. ¡Aprovecho para mandarles un saludo y un fuerte abrazo desde aquí, GORA CELEDÓN!

El pisto manchego o como lo conocemos comúnmente, el pisto, es un plato que preparaban los campesinos en época de huerta al aire libre, y en origen solamente llevaba verduras de fácil acceso recién cogidas. Las que se cultivan por esa zona son los pimientos rojos y verdes, tomates y calabacín, pero con el tiempo han ido incorporándose más ingredientes y la receta ha variado.

Ingredientes 

– 1 calabacín
– 1 cebolla
– 1 pimiento rojo
– 1 pimiento verde
– 1 berenjena
– 4 zanahorias
– 1 lata de tomate triturado
– 1 cucharada de azucar
– sal
– aceite de oliva

Preparación:

  1. Lavar y cortar todas las verduras en trozos pequeños.
  2. Pochamos todas las verduras en una sarten con aceite de oliva, empezando por la cebolla y terminando por la berenjena y el calabacín que sueltan mucha agua. Es preferible cocinarlas a parte y añadirlas al final a la sartén con el resto de ingredientes.
  3. Añadimos una pizca de sal y vamos mezclando con cuidado todos los ingredientes para que se vayan ligando  los sabores y aromas de cada pieza de verdura.
  4. Pasados 30 minutos, podemos escalfar unos huevos si lo que nos gusta es comer el pisto caliente. Si queremos comerlo frío, podemos dejarlo reposar en la nevera durante un par de horas y estaría listo para servirse en la mesa.

¡Qué aproveche!

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¡Por un pan digno ya!

¡Hoy toca post gastronómico!

No voy a ser yo quien os vuelva a hablar de pintxos, siderías o restaurantes de cinco tenedores, puesto que la red está repleta de vascos que ya lo hacen, y con mucho mejor criterio que el mío, que me limito al buen comer y soy de fácil conformar. Sí voy a ser, en cambio, quien os hable del pan que acompaña a aperitivos, viandas y platos de cuchara. De un tiempo a esta parte, estamos rodeados de infinidad de variedades, que no se yo, si son todas aptas del buen comedor.

Estamos en crisis y a todos nos viene mejor pagar cincuenta céntimos por una barra, que dos euros.  Pero, ¿hasta dónde está bien pagado ese euro? Generalmente, se trata de panes congelados o semi-hormeados, que apenas lo sacas  del establecimiento se doblan como un chicle boomer, ¡y eso sin meterlos en el papelito que te dan para que no te ensucies!

Tenemos infinidad de cadenas de panaderías, supermercados y hasta gasolineras que nos venden pan a diario en cualquier esquina. Panaderías puristas en la ciudad, creo que quedan tres. En Francia, una panadería, es únicamente la que realiza todo el proceso de principio a fin en el mismo establecimiento. Así, el “artesano panadero” puede supervisar la elaboración y controlar desde el amasado hasta la fermentación de la masa y el horneado. Según expertos en la materia, la clave está en la técnica y en una buena materia prima, reduciendo todo a harina, sal y agua. A mayor fermentación, mejor pan. “La clave es jugar con la fermentación y su control”. No hay por qué inventar variedades tipo “pan con aceitunas”, con “siete cereales” o “pasas de corinto” para crear un buen pan.

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