Diario Vasco
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Categoría: how to do today
Tres txakolis y zasca!

El otro día  fui de copas por la noche. Es lo mejor de vivir en una ciudad pequeña, turística y costera. Aunque sea un muermo nueve meses al año, siempre hay algo qué hacer en verano, y con buen tiempo, no hay mejor destino vacacional.

Apurar las rebajas, vestirme de pitiflor y subir a  mis mejores tacones es todo uno, para pasear palmito mientras se esconde el sol. Y como se ha puesto de moda verlo desaparecer tipo “Café del Mar”, mi plan fue asomarme a la “Barandilla de la Kontxa”, y hacer de camaleón pelirrojo entre las masas de turistas.

Después un par de pintxos y una porción de las mejores tartas del mundo. Terraceo máximo, y nuevamente entre la muchedumbre. El plan estos días es ideal. La temperatura, la mejor, y como dirían algunos, ¡sin “rebequita”! El problema de todo esto, es que ya sea en Ibiza, Salamanca, o Nueva York, las chicas debemos tener, muy, pero que muy en cuenta el “modelito” que escogemos.

Aquí las visitas, vienen generalmente en “modo verano”. Vemos olas de noruegos en chanclas de playa, desde su “Erasmus” del segundo semenstre en Deusto, qué empieza en febrero. Ellas siempre lucen pantorrilla, y llevan minúsculos bolsos, en los que probablemente no entra ni el móvil. Ellos me importan menos, hoy.

Es genial verlas salir de casa al anochecer, ya sea miércoles, lunes, o domingo. ¡Qué vivan juventud y vacaciones! A su outft, añadamos siempre pelo mojado de recién duchadas, y perfumazo del duty free, ya que, por lo general,  no suelen facturar la maleta. Siempre espigadas, sonrosadas y brillantes, cual cochinillo de Segovia, preparado en horno de panadería.

A medida que van pasando las horas y la cosa decae, sus tripillas van asomando cada vez más hasta formar convenciones de barrigonas en las calles más frecuentadas, con bares  que cambian barras de pintxos mediocres, por luces de neón hasta altas horas. Es vital escoger una camisola adecuada. O eso, o no cenar ni beber, porque con el cuarto txakoli empiezan siempre los problemas de memoria, y hasta la alumna aventajada de matrícula de honor, se olvida de mantenerse erguida y meter tripa, aguantando la respiración.

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Me voy pal pueblo

De mente abierta, progresistas e inquietos. Con ganas de  ver mundo, pero más donostiarras que la “Barandilla de la Concha”. Con una media de cuatro “Vueltas al Paseo Nuevo” a la semana, y siete visitas al “Peine del Viento”, llueva o truene. Vamos nadando a la isla, al menos una vez cada verano, y sacamos fotos a las olas en todos los temporales. Asiduos a los bidegorris y “vigila-obras” oficiales. Siempre orgullosos de vivir en esta pequeña jaula de oro, que es San Sebastián.

Si tu pareja te partió el corazón, allá por 2006, ten por seguro, que seguirás coincidiendo con el y sus gemelos, por lo menos, hasta que estos hagan la primera comunión. Y si has decidido, no volver a hablar a tu amigo de la infancia, hazte a la idea de que su madre, va a seguir pasando por delante de tu portal los lunes y miércoles, quieras o no, para ir al polideportivo, a su clase de  “aquagym 60+”.

Quién más, quién menos, ha disfrutado de una mañana soleada en temporada baja. “La ciudad y yo”. Fue lo que no paré de repetir, en mi último etapa de paseos  por Urgull hace ya tiempo, gracias a Dios. ¡No es lo mismo estar parado en Getafe, que en este bellezón a orillas del Cantábrico, a pesar de lo engorroso de la situación en ambos casos. Palacio de veraneo para jubilados.

Los donostiarras tenemos poca cultura de taxi. Nuestras jornadas laborales son infinitas, porque nos gusta comer en casa. Y lo que más ilusión nos hace, es poder decir que nos da tiempo de ir a casa a medio día. Vestimos muy bien por aquí. Lo llevamos en el ADN, y a pesar de todo, no somos tan de aperitivo con corbata, como en la vecina Bilbao.

Muy de “Orfeón”, regatas, y helado de los “Italianos” después de los fuegos. Condición sine quanum, a seguir en el manual del buen donostiarra. ¡Así somos!

 

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Sí a los nidos de cigüeña

De un tiempo a esta parte, todos mis amigos parecen más guapos. Los novios de mis vecinas, cada día son más atractivos, y mis primos de toda la vida, están qué se salen. No hace falta ser demasiado observadora, pero si encima te sobra el tiempo, como a mi está última temporada, enseguida te das cuenta, de qué algo pasa por la zona, y no es un subidón hormonal de última hora, ¡os lo aseguro!

Aquí somos muy de modas. Últimamente, se lleva lo de decir, ” que pasas de seguir la moda”, pero claramente, si te traes a algún amigo de visita el fin de semana (catalanes, y madrileños modernos, no cuentan), enseguida se da cuenta, de que el rollo de por aquí, es otro diferente al del resto del mundo. Tenemos un “nosequé”, que lo carga el cantábrica, difícil de imitar.

He subido la cuesta de casa, y sin poder evitarlo, se me ha escapado una sonrisa al cruzarme con un bello barbudo, que bajaba en dirección contraria. Los astros han debido de alinearse hoy, porque aún con la sonrisa en la boca, otro maromo, exactamente igual, pero más alto y musculado, me ha adelantado. Los tenemos por las mañanas y por las noches. Por las tardes de paseo con carricoches, y surcando las calles en monopatín. Por fin voló el tremendo “mustache” y ha llegado la barba para quedarse.

Hace poco, confesé en familia, que al pasar junto a un par de bomberos corriendo una mañana, solté en voz alta lo que interiormente estaba pensando. “Tierra trágame”, fue lo siguiente que pasó por mi cabeza mientras me ponía como un chile rojo y me ardían las orejas. Todo quedó en dos sonrisas preciosas por parte de los fornidos apagafuegos y un “gracias guapa”, del que todavía me acuerdo y me pongo colorada. ¡Y si me paro a recordar, ninguno iba recién afeitado! Misterio costero norteño, más barbas “cubre todo” han hecho a esta ciudad más grande. El secreto es taparse la cara, y si además ahora que es verano y todo vale, añadimos gafas y gorra, el resultado es brutal. ¡Chicas, estamos rodeadas de modelos de revista surfera, de todas las edades. ¡Ya no hay feos en la city! Hasta los que fueron pijos se han desmelenado de un tiempo a esta parte, y vienen casándose con barbaza de Tom Hanks haciendo de Chuck, en su isla perdida.

El otro día, participé en un pequeño debate, “barba sí, barba no”, declarándome firme defensora de los chicos limpios y aseados. En lo que a mi parecer, implicaba el afeitarse cada mañana. Pues hoy, lo niego todo, y apoyo totalmente las barbas. Las de tres días, las de montañero en el K2, las que pinchan,  las de los calvos, los nidos de cigüeña, ¡hoy acepto todas! Bardem, Beckham y Brad Pitt, llevan barba. Antonio Banderas, Casillas, Miguel Angel Silvestre, George Clooney y ¡hasta Conchita de Eurovisión!

Hoy día, vivir en Donostia,  ser hombre, y no llevar barba, es  como ser un guisante, en un plato de lentejas. ¿A qué esperas?

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Welcome June!

Llevo un mes sin cinturón en la gabardina de “entre-tiempo” y parezco un pingajo. Me da miedo subirme al altillo a por el. Juraría haberlo buscado el mes pasado, con el cambio de armario, pero no hay forma humana de encontrarlo. Creí haber lanzado todo lo necesario para la nueva temporada desde arriba. Capazo, vestidos, aletas, almohada hinchable para apoyar la cabeza en la playa, nevera térmica para excursiones, licra, raquetas, y demás juguetes lógicos y coherentes para una joven, que ya ha pasado la treintena.

Abdica “Juancar” y, casi, ni sale el sol para celebrarlo. ¡Yo estoy harta! Porque, de “ola de calor”, ni hablamos, claro. Dónde quedaron las moscas de la fruta, y el pantalón corto. Los calcetines, en lugar de medias y leotardos, para los uniformes del colegio, y los melones y las sandías, “en verano”, para merendar.

Deberían de estar prohibidas la manga corta, y la ensaladilla rusa en invierno. Los garbanzos y el puré, a partir de junio, y únicamente las chanclas, como calzado oficial hasta que comiencen de nuevo los niños las clases, el quince de septiembre. Ahora seguimos helados y con edredón nórdico, hasta bien pasada la “hoguera de San Juan”, y nos visitan las “abejas asiáticas”. Las “carabelas portuguesas” sustituyen a las medusas de toda la vida, y aunque sólo invierten en publicidad durante un par de meses, los “Magnum”, se venden a lo largo del año, en los arcones  congeladores de cualquier supermercado.

Va a ser verdad esto del cambio climático, y que tenemos que dejar de usar aerosoles. Y aunque nuestra cabeza esté “de domingo” en lunes, y de lunes en día de fiesta,  qué no nos quiten las ganas. Qué ya han puesto los toldos y gabarrones en las playas,  y los festivales siguen programados. ¡Qué estamos en junio, chavales! En Ibiza ya han hecho casting de gogós,  Bertín Osborne, seguirá presentando galas en la primera, y como en la peli, ¡las bicicletas, son para el verano!

 

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yo-yo-yo

¿Creíais que después de una semana de balanceos en mi silla nueva, la cabeza no me daba para más? ¡Pues de eso nada, amigos y lectores ocasionales!  Qué ilusión de todas maneras, cuando algo entra en tu vida de golpe y porrazo, y te preguntas cómo has podido estar tantos años sobreviviendo sin “eso” qué te faltaba. Desde el miércoles, mis días dentro de casa vienen siendo parecidos a los anuncios de “Ikea”, de la cama al “balancín” y del “balancín” a la cama. De seguir así una semana más, hago un agujero en la tarima de tanto “vete y ven” para arriba y para abajo. De momento ¡todo en orden!

El caso es que estaba pensando yo hace un rato, en cómo somos cada uno, y en que por más que pretendamos cambiar, los defectos sólo se acentúan a medida que pasan los años. Y virtudes, pocas van a aparecerle ya, a quién no las tenía. El qué esté como “las maracas de Machín”, a mejor no va a ir nunca, pero, ¿para qué cambiar, a estas alturas de la vida?

Yo soy muy normalita, ¡y me vanaglorio! Siempre doy las gracias a mis padres por haberme parido, y a mis abuelos a su vez por haberse conocido, e idem para mis bisabuelos, allá por el siglo pasado. También comento con mis amigas, la suerte que hemos tenido de vivir cerca, de habernos conocido y aguantado,  y la pescadilla vuelve a morderse la cola, porque llegamos a lo “normales” que son nuestros padres que nos han parido y educado, y llevado al mismo colegio…. zzzzZZZZZ

Yo soy más, de pañuelos que de Kleenex. Me gusta cuidar las cosas, aunque no sean para toda la vida. Yo soy muy de carril derecho. Nerviosa y acelerada, pero,  de esas a las  que les gusta salir con tiempo, y ceder el paso. Cumplidora de las normas, y de demasiado fácil conformar. Mal, muchas veces mal, lo sé.

Yo soy muy de  forrar los libros, de ordenar las camisetas por colores y las toallas por tamaños. Cuidadosa, ordenada, y asquerosamente pulcra con lo mío.  Vengo despistada de familia. Por eso, en mi casa, apuntamos todo “lo que nos importa”, para que no se nos olvide. El problema es que lo hago con una letra tan de médico de urgencias en Medellín,  que no hay quien lo entienda después. Hay veces, que incluso, pongo a prueba mi memoria, con anotaciones sin terminar,  o medio en clave. Ahorro en “sudokus”, y gano en practicidad,  y agilidad mental.

Yo siempre he sido muy de robar saludos. De qué me vuelvan la cara, más que de volverla. Concentrada en mis cosas, y con gafas desde que tengo uso de razón, si me ves, y no te veo, ¡házmelo saber!

“Asín” soy,  y “asín, os lo he contado”, un poco más “Pepi” qué “Luci” o “Bom”, pero no más que “otra chica del montón.

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De pintxos con mi chico Almodóvar

Cuando un donostiarra tiene visita, lo primero que piensa es ¡Dios, otra vez no llego a final de mes! Inmediatamente después del paseo por la Kontxa, la ruta del pintxo es tarea obligada, para todo aquel que pasa,  al menos una tarde, en la capital gipuzkoana.

Fue hace unos días, el día de mi cumpleaños. Había pedido fiesta en la oficina, aunque no tenía un plan demasiado especial. Un buenísimo amigo, de esos a los que no hace falta ver cada día,  me llamó de víspera anunciando sus vacaciones por la zona a bombo y platillo. “¿No te agobiarás, si vamos el día de tu cumpleaños?”, me dijo. La verdad es que nada más lejos. Caía en martes, un día de labor corriente y moliente, y víspera de Semana Santa. Aparte de muchas llamadas y la comida familiar de todos los años, no había planeado nada especial. Cruzamos tres palabras más, y en seguida lo organizamos.

La mañana la pasé nerviosa, contenta, y pegada al teléfono. Y justo cuando el día comenzaba a calmarse, lo mejorcito de Vitoria, afincado en Madrid, aparcó en pleno centro. Tras muchos besos y abrazos, paseo por la Zurriola abarrotada de ociosos, con un sol de julio más que de primavera a la vasca. Medio Paseo Nuevo, justo hasta la “valla fronteriza” que señala las obras, en la fotográfica,  y rápido retorno a la parte vieja. ¡Empezaba lo bueno, y olé!  Txakoli, más cocina en miniatura, y qué vivan los pequeños placeres.

En esta ocasión, como buenos jóvenes conscientes de la situación del bolsillo del otro, nos entendimos perfectamente desde el principio. No obstante, os voy a contar, los trucos de un foráneo, que tiene que sobrevivir a las visitas de sus amigos de Erasmus, primos de Huelva, o suegros de Alcorcón. Vendemos ciudad turística, ciudad gastronómica y turismo del !”pintxo” principalmente. Y a eso es  a lo que vienen nuestros visitantes Y lo que debemos  defender a capa y espada, sin hundirnos en la miseria más absoluta, ojo, y para eso, recojo a continuación, unos cuantos consejos.

El  primer “as en la manga” es llegar tarde. Te entretienes comprando unas revistas. Te “entretienen” al teléfono. Te has liado a última hora con, “qué-sé-yo”. Cualquier excusa es buena para ganar tiempo. Recuerda, quince minutos tarde = un bar menos = 30 € más.

En segundo lugar, y con lo bonito que es el entorno, lo mejor es programar un paseo, también para ganar tiempo. Aunque,  ¡no hay que pasarse! No sea que se mueran de hambre y sea peor, el remedio que la enfermedad!

El pecado mayor del reino es ponerse hasta las orejas en el primer bar. Generalmente es uno de los que más nos gusta, por eso lo hemos visitado el primero, queremos marcarnos un tanto. Pues bien, aquí es cuando hay que andar al loro, contarles lo buenísimos que son los demás bares de la zona, y no dejar que el camarero les adjudique el “plato turista”.

Es muy, muy, muy importante, hacer un ejercicio de reflexión, y recordar, con qué se volvía loca la prima Purita, cuando era pequeña. Si dejamos este bar para el final, probablemente tengamos suerte y se guarde de comer demasiado hasta llegar.

¡También tenemos la opción “b”. Podemos llevar a la prima Purita al bar con sus pintxos preferidos en primer lugar para que se plante!

Es primordial que estén cansados, de ahí lo del paseo. Si nos dejamos caer, casualmente, por la “Consti”, verán infinidad de terrazas y querrán sentarse. El turista es como un ratón trotamundos, pero el plan de estar de pie, demasiado tiempo sin andar, cansa a cualquiera ¡hacedme caso!

Lo mejor de todo es que uno coja el coche, porque se alojan en algún agroturismo de la provincia. Tú, déjales hablar a solas, adelántate con tu pareja, y gana espacio un par de veces. Verás como enseguida, te dicen amablemente y apurados, que han de marcharse y que se lo han pasado genial.

Como todo es buenísimo en esta ciudad. Si después de mucho tiempo, no has conseguido que tus invitados se retiren, otro buen plan es llevarles a algún bar, en el que el “pintxo/ración estrella” sea el postre. Además de disfrutar, sabrán, a poco avispados que sean, que se acerca el final.

Otra sentencia absoluta, es llevarlos a una cafetería. Matáis dos pájaros de un tiro. La prima Purita, podrá descansar las piernas, sentarse, coger fuerzas, y todo el mundo sabe, que el dulce es el final para cualquier comida, ya sea sentados, de pie, plato de cuchara o en miniatura.

Y si después de todo esto, seguís sin quitaros de encima a los japoneses del trabajo, que han venido de visita, es que no habéis querido, pero también es una victoria. ¡Podéis comer fresas el resto del mes, que están a muy buen precio, y vais a ser los reyes de la operación bikini!

 

 

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