Diario Vasco
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Categoría: sweet home
Silla balancín

¡Estoy en un “hay” !Resulta que el sábado me enamoré. Bueno, ya venía yo enamorada desde que las revistas de decoración sacaron sus números de primavera, y llevaron a las portadas la genial “Mecedora Balancín de Vitra”. ¡La he encontrado en versión “low cost”, y no puedo parar de pensar en ella. Llevo todo el fin de semana imaginando cómo voy a comerme un libro detrás de otro ahí sentada, a ritmo de “bossa nova” y pelando pistachos.

El sábado tuve mi particular y secreta, jornada de reflexión, y fui incapaz de sacármela de la cabeza. Ayer no estuve en casa, y por la noche, cuando abrí el ordenador, buceé de web en web, al tiempo que media el poco espacio que tengo libre. Hice un par de amagos de comprarla, pero finalmente vacié el carrito las dos veces, ¡hasta hoy!

Por la mañana, y rodeada de papeles y “quehaceres” la he vuelto a mirar, y  la he enviado por email a dos gurús del buen gusto, qué sabía, iban a secundar mi moción. Una no se ha hecho esperar, y la segunda respuesta me ha llegado a medio día, dándome vía libre, por supuesto.

¡Al volver por la tarde a mi vorágine, me he dispuesto a comprarla! Lo que iba a ser una gestión rápida y sin perder tiempo, se ha convertido en un caos absoluto. La página se ha atascado. Después el sistema no reconocía mi tarjeta, porque por lo visto no la actualicé cuando debía. Lo siguiente que me han contado, es que tenía que  someterme a no sé qué sistema de dígitos para poder comprar. El caso es, que he estado un buen rato chateando con un tal Alberto, de la compañía, que ha intentado todo lo que estaba en su mano para vendérmela. ¡En cuanto a atenciones un diez!

Finalmente he hecho una transferencia bancaria, que espero me confirmen como correcta en menos de cuarenta y ocho horas. Tampoco ha sido ágil el intento. Mientras mi banco ya había descontado el dinero, salía un mensaje-recado en pantalla, afirmando un “error al procesar la operación”. ¡He llamado para quedarme tranquila, y parece, que en menos de una semana podré sentarme en una como esta!

 

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Las flores en la familia, esconden bonitas historias

Una de mis primas tiene un jardín precioso, lleno de árboles frutales, hortalizas, y plantas. Entre todas, destaca una hortensia, frondosa como la que más. Y lo más bonito. es que esconde una historia entrañable. Cuando murió mi abuela, y desapareció “Villa Alta”, ella cogió un esqueje del jardín, que más tarde floreció en su propia casa.

Mi otra abuela, nos ha dejado hace no mucho. Y hoy, en casa de mi madre, he visto una planta, que ha estado presidiendo su salón, desde que tengo memoria, y habíamos subido a un armario, para que los más pequeños de la familia, no se la cargasen a balonazos. Pues bien, he cortado, con permiso materno, unos cuantos rabitos, he comprado tierra, y los he trasplantado en mi tiesto más señorial, que casualmente estaba vació, y esperando.

Ésto tan ridículo, es lo que hay, de momento. Espero tener la misma mano que mi prima, y poder gozar, también en mi casa, de plantas centenarias,  que pasen de madres a hijas por el resto de los tiempos.

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Lo qué esconde el cubo rojo de mi cocina

Siempre se ha dicho que para conocer bien a una persona, hay que bandearse en su terreno. Creo, que dónde mejor podemos adivinar, cómo es alguien, es visitando su humilde morada. Y voy aún más allá. La mejor manera de saber cómo es tu vecino, no es espiando su correo, ¡sino, hurgando en su basura! Y aunque lo digo en sentido figurado, lo pienso de verdad. Ahora, con el tema del reciclaje, la cosa está más difícil, pero cualquiera que se convierta en analista por un día, y pase por ejemplo, por mi casa, puede llegar a la conclusión de qué tipo de persona soy.  

En primer lugar,  desafiando a las estadísticas, jamás de los jamases tiro comida. Sólo me deshago de cáscaras y pieles insalbables que no pueden ingerirse. Nunca se me pone nada malo en la nevera, y si algo, se encuentra rozando el abismo de la fecha de caducidad, arriesgo. ¡Me gusta vivir  al límite! Tampoco encontraréis nunca, en mi cubo, sobras de nada cocinado. Congelo, clasifico en tuppers de colores, se lo regalo a mi prima la de Alsasua, repito o tripito para no tirar. Lo qué sea, ¡antes reventar que sobre!

Lo que siempre encontraría el Inspector Gadchet entre mis despojos, es la etiqueta de algún trapo de cocina, calcetines, o camiseta, que he comprado en algún bazar del barrio antes de subir a casa. ¡Los plásticos y precios, envoltorios y tickets, en seguida me delatan! Se camuflan entre las eternas semillas de los panes de pipas, que me ha dado por comprar, y de los que ya os he hablado en otra entrada. Si sois seguidores fieles de Misscarrot, sabéis de qué os hablo, si no, ¡menos mal que llega el fin de semana, porque tenéis deberes!

Y ya para terminar, no pienso dedicar más que este pequeño párrafo, a mis marañas desagradables. Vivir con animales, es lo que tiene. O te conviertes en uno de ellos, o te pones las pilas. Mis restos de alpiste, y pelusas de polvo tipo peli del Oeste grabada en Almería, en la década de los cincuenta. Sí, esas en las que el sherif, siempre sorprende al malo por detrás, justo antes de disparar al bueno. Pues bien, esas bolas que giran, suelen estar en mi cubo rojo de basura desde primerísima hora del día, ¡esas sí!

 

 

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Animaladas

Todos juntos, pero no revueltos. Ese es el lema de los cuarenta metros cuadrados en los que vivo. Todo el mundo es bienvenido en mi casa, y el secreto es el mismo que el de “Pacha Ibiza”, “¡salen tres, entran tres!”.

Mis mascotas, este año, no han deseado una “Feliz Navidad” a nadie, pero sí han querido enseñaros dónde, y cómo viven, y mandaros un fuerte y cariñoso abrazo.

(Propósito para 2014: curso de fotografía, o cuanto menos, más interés o luz de ambiente a la hora de tomar las instantáneas, I promise!)

Tras el tributo a la genial “Omaita” de “Los Morancos” con el gallo recuero de Portugal,  y haciendo honor al mejor de los restaurantes chinos….. ahora sí qué sí; la joya de la corona: Yuca and cia!!!

mi querida Yuka

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Lo que implica un día en IKEA

El “hasta que la muerte os separe” de toda la vida, ha cambiado desde que abrieron IKEA.

Desde IKEA dicen que se esfuerzan, para que sus precios sean bajos y accesibles para todos. En nombre del común de los mortales, se lo agradezco, pero, ¿qué hay de nuestro bienestar familiar? Cuentan, que “sus precios son bajos y accesibles, pero no a cualquier precio”. Y yo qué creía que con está afirmación, se habían dado cuenta de la realidad del asunto. Pues no. Nada más lejos. Ellos se refieren a que sus procesos de diseño no perjudican el medio ambiente, ni tampoco su producción.

Analicemos:

Cuando en casa hace falta una pequeña mesa para poner los pies, mientras vemos la tele, en lugar de hacerlo sobre la nueva que os regaló tu suegra, decides ir con tu pareja a IKEA.  Probablemente no seas consciente de lo “mucho que la necesitabas”, hasta que tu chica te lo ha dicho. Y probablemente lo ha dejado caer, cuando has llegado a casa, después de haber tomado un par de cervezas con tus amigos, al terminar el partido de “fútbol 7” de todos los jueves. Cansado pero contento, decides que el mejor día para ir es el sábado por la mañana, ni muy pronto ni muy tarde.

Llegado el día, tú, tampoco lo sabes, pero ella lleva una lista en su bolso, más larga que la del “Eroski”, con todo lo que de golpe y porrazo necesitáis. Aunque no sospechas nada, ella decide bajar un poco antes que tu al garaje, para así “ordenar” el maletero. (Lo que ha hecho es sacarte las botas para ir al monte, los bastones, el balón y las cajas medio vacías que no quieres tirar, pero tampoco subir a casa.

Llegáis, y pasáis unas dos horas aproximadamente viendo salones y midiendo dormitorios. ¡Seguro que te has puesto morado de robar minilápices que no saldrán del coche jamás cuando os marchéis! Vigila a tu chica, que lo del metro que lleva en el bolso junto a su lista de necesidades no es casualidad. Se os ha ido el santo al cielo, y os tenéis que quedar a comer, pero como no os gustan ni el salmón noruego ni las albóndigas, ella, te convence para “echar un vistazo rápido por la parte de menaje” e iros a picar algo fuera del centro comercial.

Ten cuidado, parece que el día ha terminado, pero se te ha vuelto a olvidar, que para las de San Sebastián, el mejor plan para la tarde es visitar el “Primark” que tampoco tenemos. Y una vez hecho acopio de calcetines, braguitas y pijamas para arropar a todo el vecindario, sólo te queda llegar, cargar con todo el peso porque eres todo un machote, y dedicar el domingo a montar la mesa, los estores, y las catorce cosas más, que habéis tenido que comprar para seguir viviendo.

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Decoupage

Hace unos días, os conté que iba a yoga con mi amiga Nuria. Pues bien, ahora os cuento, que también vamos a clase de restauración de muebles, ¡esta vez los viernes!

Es un método anti-estrés sin igual, y además, te ahorras unos cuantos euros recogiendo muebles de casas antiguas o contenedores de basura de barrios bien. (Cualquier día me pego con un recolector oficial, de esos que van con el carro,¡pobres!).

Hoy os voy a mostrar mi último trabajo, y cómo hacerlo. Adjuntaré un par de fotos del antes y el después, y la teoría paso a paso por si alguien se anima. Nada de tutoriales, que francamente, los que hay por internet, son horrorosos. Se trata de una mesita camilla que utilizo como escritorio, mesa para el ordenador, en fin, dónde os escribo las aventuras de Misscarrot. ¡Ya sabéis, la que se subastará en “Chelsea” por un millón de dólares, en plan bolígrafo mordido de J.K Rowlin!

Cómo necesitaba una mesa, estaba canina, y además voy a clases, decidí recoger una en “Emaus”, y tunearla con la “técnica de las servilletas”, o haciendo “Decoupage“, que es lo mismo, pero en francés suena infinitamente mejor.

Materiales

Lo único que se necesita es lo siguiente:

  • SERVILLETAS (Cualquier paquete que os guste. Las hay en tiendas de manualidades, pero las más bonitas que yo he visto siempre, han estado en “Zara Home”. (¡Así, sutilmente!)
  • COLA (Aquí si que os pongo en manos de un profesional, ya que como veréis a continuación, tiene que ser especial, y hace las veces de pegamento tradicional, y de barniz para que el mueble creado no se dañe)
  • BETÚN DE JUDÉA (Se utiliza para envejecer zonas del mueble)
  • TIJERAS (Para cortar a vuestro gusto las servilletas)
  • BROCHA (Qué sea de cerdas suaves para aplicar la cola con cuidado, las servilletas son muy, muy, muy, delicadas)
  • BOLSAS CONGELADO (Es lo mejor para presionar la servilleta y que se adhiera bien al mueble)
  • PACIENCIA (Lo comprobará quien se anime)

Técnica de las servilletas: decoupage

  1. Coger el paquete de servilletas y dejar únicamente la capa que lleva el estampado. Es bastante tedioso, pero merece la pena. A nada que la servilleta lleve más de una capa, la cola no puede aplicarse bien.
  2. Cortar las servilletas. Los expertos aconsejan que en cuatro, pero mi consejo es que a vuestro gusto. Es simplemente para un manejo más fácil.
  3. Aplicar una capa fina de pegamento sobre el mueble.
  4. Pegar los trozos de servilletas con mucho cuidado, presionando una vez se haya adherido, con un par de bolsas a modo de guante.
  5. Aplicar nuevamente cola, sobre el mueble, ya con las servilletas, pero esta vez la capa que aplicamos debe de ser muy gruesa, para que se cree una película protectora.
  6. Aplicar el “Betún de Judéa” para envejecer ciertas zonas a modo de mueble antiguo (esto ya va en el gusto de cada uno).
  7. Aplicar una última y definitiva capa de “barniz-cola”.

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