Diario Vasco

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Tracey Thorn sola, un recopilatorio con sentido
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Ricardo Aldarondo | 07-12-2015 | 17:21| 2

No entiendo, y me asombra, que en estos tiempos en que se supone que no se compran discos porque la gente prefiere el zapeo y accesibilidad del streaming, o las marejadas del pirateo, se sigan vendiendo y produciendo en gran cantidad y con despliegue publicitario, discos recopilatorios. Me refiero sobre todo a los socorridos ‘grandes éxitos’, que siguen en los grandes escaparates aunque sea con anzuelos como un segundo disco de rarezas o conciertos, o dos o tres temas nuevos del grupo separado hace tiempo. Y también a esa estridencia infumigable de los discos que antes llevaban la pegatina de ‘anunciado en TV’, subproductos salidos de programas de efímero éxito, contenedores a granel de las canciones de éxito del año y demás. Hoy cualquiera se puede hacer su playlist de favoritas, y si se trata de ‘grandes éxitos’ su disponibilidad será total, lógicamente. Pero ahí están los recopilatorios más banales coupando anuncios, vitrinas, espacio vital.

Pero como siempre hay una balsámica excepción a la regla, Tracey Thorn acaba de publicar uno de los pocos recopilatorios que no solo tienen sentido y merece pagar por ellos: se podría decir que es absolutamente necesario, para los oyentes que han quedado fascinados por su voz y su elegancia en las tres últimas décadas, y para completar el rompecabezas de su carrera. En el caso de Tracey Thorn, una panorámica era pertinente, sobre si como esta se dedica a lo menos evidente, a lo periférico y sin embargo importante. Desde su efímero inicio con Marine Girls, en su gloriosa (doble) etapa en Everything & the Girl, la electroacústica y la electrónica, y en su no menos brillante aunque demasiado esporádica carrera en solitario, Tracey Thorn se ha caracterizado además a lo largo de los años por colaborar con muchos otros grupos. Y, sea casualidad o buen gusto, siempre con artistas y en canciones que han quedado como algo especial, memorable.

La personalidad de su voz, por muy tímida que parezca, traspasa fronteras. Estilísticas, sobre todo. Sólo así se entiende que haya tanta coherencia entre sus colaboraciones con grupos tan distintos como Working Week, Massive Attack o The Style Council. ‘Solo: Songs and collaborations 1982-2015′ mezcla temas propios y colaboraciones con otros, en una secuenciación que ni siquiera es cronológica, pero describe una sinuosa línea de sensibilidad, buen gusto, emociones y coherencia.

Desde las fabulosas ‘The Paris Match’ de The Style Council y ‘Venceremos’ de Working Week (con la colaboración también de Robert Wyatt), que merecían quedar resaltadas como hitos de su carrera aunque oficialmente pertenezcan a otros hasta canciones de su última etapa tan notables como ‘Oh, the Divorcees’, o ejemplos de su importante disco navideño como ‘Joy’, entresacando un tema como ‘Small Town Girl’ de su primer disco en solitario, el de 1982 ‘A Distant Shore’, o una pieza de su breve banda sonora para ‘The Falling’ que publicó en un EP, consigue un recorrido gozoso de principio a fin. Otra joya: su versión de una de las maravillosas canciones que cantaba en su casa Molly Drake, la madre de Nick Drake, y que afortunadamente fueron recuperadas. ‘How Wild The Wind Blows’ es sobrecogedora en la versión original de Molly Drake, y sólo Tracey Thorn podía estar a la altura.

El segundo disco es más electrónico, empezando por ‘Protection’ de Massive Attack, la canción en la que muchos escucharon su voz por primera vez, y su siguiente colaboración con el grupo. Su etapa más clubber, aparte de la propia deriva de Everything But the Girl, resulta más pesada y, curiosamente, resiste peor el paso del tiempo, o eso nos parece, tanto en remixes de otros a partir de sus temas, como en sus aportaciones a la electrónica de Adam F, Tevo HowardTiefschwarz. Aún así, el conjunto es sustancioso, espléndido.

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Sly & Robbie y Nils Petter Molvaer: gran sesión con trastienda #Jazzaldia 6
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Ricardo Aldarondo | 29-07-2015 | 10:36| 0

PUNKT DONOSTIAN 3
Músicos: Sly Dunbar (batería), Robbie Shakespeare (bajo), Nils Petter Molvaer (trompeta), Eivind Aarset (guitarra), Vladislav Delay (Live sampling, teclados). Remezcla: Mungolian Jet Set, feat. Erland Dahlen, Jan Bang. Lugar: Teatro Victoria Eugenia. Fecha: 25-VII-2015. Asistencia: 635 personas.

Con toda su solera, el Victoria Eugenia ha acogido el rincón más experimental de este Jazzaldia. Tres sesiones a medianoche bajo la marca y manera del festival noruego PUNKT, que proponía la unión entre diferentes y el concierto con trastienda: después de la interpretación en sí, un grupo de remezcladores que aparecía al levantarse el fondo del escenario, reconstruía lo escuchado anteriormente, aunque el remix se parecía poco al original. La tercera cita fue la más concurrida, porque contenía mitos: Sly & Dunbar, la pareja rítmica de Peter Tosh, Bunny Wailer y de la mayor parte de las grabaciones de la era dorada del reggae, unidos al trompetista Nils Petter Molvaer, cuya brumas y ecos ya hemos conocido en varias ocasiones en el Jazzaldia.

Foto: Lolo Vasco / Jazzaldia

Esta fusión noruego-jamaicana puede parecer chocante si acudimos a tópicos contrastes metafóricos de frío y calor. Pero si tenemos en cuenta que Molvaer ya trabajó en sus inicios con el “drum & bass”, estilo rítmico que trasladaba a la electrónica polirritmias originadas en esos magos jamaicanos, el encuentro resulta tan natural y sugerente como apareció en una hora de concierto estimulante en todas sus fases. Desde el machacón comienzo con el peso del bajo de Robbie y la batería de Dunbar en perfecta conjunción, a los múltiples efectos que Molvaer extrae de los pedales que aplica a su trompeta. Les acompañaba el guitarrista Eivind Aarset, que consiguió pasajes de enorme belleza, sobre todo cuando se quedó sólo con Molvaer, pero también funky, y un Vladislav Delay que parece tener en su apellido la clave de su técnica: el retardo de sonidos, los ecos. Una emotiva balada cantada por Robbie cerró la gozosa conjunción de sonoridades.

Foto: Lolo Vasco / Jazzaldia

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John Zorn: corto pero intensísimo #Jazzaldia 5
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Ricardo Aldarondo | 29-07-2015 | 10:08| 0

JOHN ZORN, BILL LASWELL, DAVE LOMBARDO: BLADERUNNER TRIO
Músicos: John Zorn (saxo), Bill Laswell (bajo eléctrico), Dave Lombardo (batería). Lugar: Auditorio Kursaal. Fecha: 26-VII-2015. Asistencia: Unas 1.000 personas.

No se agotaron las entradas pero estaba prácticamente lleno el Auditorio en su formato reducido, con el cortinón que elimina la tercera zona, como en los dos conciertos previos (el de Jamie Cullum sí estuvo al completo). El de John Zorn era el más caro de los cuatro del ciclo del Kursaal, 45 euros frente a los 18 de Golson o los 30 de Cullum: Zorn se hace valer. El saxofonista neoyorkino regresaba en formato trío después de la gran cuadrilla de músicos que se trajo hace dos años para su Masada Marathon. Era uno de los nombres más esperados de esta edición, no en sentido numérico, pero sí por el fervor que provoca entre iniciados.

Fue también el concierto más corto: a los 55 minutos ya se estaban despidiendo, aunque alargaron la concesión diez minutos más en dos bises, el segundo realmente arrancado por la insistencia del público. Son las peculiridades de Zorn: corto pero intensísimo. Ya había llegado con sus peculiaridades. Prohibió los fotógrafos de prensa aunque finalmente permitió dejar testimonio gráfico al del Jazzaldia. No se puede hablar de caprichos de estrella: su estilo es desgarbado, nada regio. El saxo sin abrillantar y los pantalones militares, su marca.

Con las primeras notas de su bajo a Bill Laswell le sonó el móvil, lo que se saldó con unas risas antes de entrar en materia. Enseguida estaba envuelto en sus sonidos extragraves y machacones (fue curioso que en la noche anterior habíamos visto a Robbie Shakespeare, “padre” de ese sonido abultado), mientras Dave Lombardo iba incrementando las posibilidades de su batería de doble bombo, media docena de platillos y varios timbales, un despliegue propio de una banda de “metal” como Slayer, de la que proviene.

Su velocidad y contundencia espectaculares compite con el ataque con multiple técnica habitual de Zorn, que a veces parece estar tocando varios saxos a la vez, generando sonidos continuos cual turbina (espectacular su forma de respirar y soplar a un tiempo) usando su rodilla como turbina, produciendo endiabladas melodías superpuestas y sonoridades de elefante desbocado, magnético en todas sus variantes.

Como una aventura en la que unos tratan de sorprendese a otros, abrazaron bases funk, rock y jazz para desconstruirlo todo con la inercia del momento, aunque la velada no fue tan fiera ni tan “free” como cabía esperar y hubo momentos de contagioso éxtasis, y alguno lírico. Unos cuantos desertaron enseguida, pero la mayoría del público comulgó con la trinidad de un Zorn que parecía encantado con la experiencia y cuando ya se iban regaló otra píldora de medio minuto: puro talante “hardcore”.

 

 

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The Bad Plus Joshua Redman, la suma que multiplica #Jazzaldia 4
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Ricardo Aldarondo | 27-07-2015 | 17:46| 4

THE BAD PLUS JOSHUA REDMAN
Músicos: Reid Anderson (contrabajo), Ethan Iverson (piano), David King (batería), Joshua Redman (saxo). Lugar: Auditorio Kursaal. Fecha: 25-VII-2015. Asistencia: 1.100 espectadores.

RICARDO ALDARONDO
Tienen tanto el trío como el solista amplias trayectorias y sólidos reconocimientos como para recibir ovaciones cada cual en su camino. Joshua Redman ya estuvo en el Jazzaldia tres veces en los años 90, su era de despegue. The Bad Plus, hace seis años, demostraron las grandes posibilidades de su moderna visión del clásico formato de trío. La fórmula que juntos despliegan ahora poco tiene que ver con la tradicional suma de un solista a un grupo. Esta es una suma que multiplica: el trío se convierte en cuarteto, porque la interacción es similar entre todos ellos por mucho que Joshua Redman lleve un cierto papel melódico estelar, pero además el gran potencial de cada músico crece exponencialmente con los otros. Ese “plus” del trío con el que juegan para nombrar esta asociación que parecía ocasional pero muy consolidada, dice mucho.

Larguirucho y muy delgado, mucho más que en su juventud, con esos dedos extensos que acarician el saxo sacando una especie de electricidad estática que le provoca patadas ocasionales, Joshua Redman se muestra tan controlado como libre. Empezaron con el tono casi funerario en el piano de Love Is the Answer y Redman dosificaba su soplo con precisión asombrosa, como queriendo darle la expresión más recogida a la melodía. Pero se fue creciendo hasta el éxtasis en una primera intervención que ya acabó en ovación.

No se basan en solos, a pesar del protagonismo que pueda tener Redman, porque los tres integrantes de The Bad Plus están en contínua doble función, son solistas y acompañantes al mismo tiempo, o mejor, parte de una conversación milagrosa en la que todos destacan y todos escuchan a la vez. Todos son ritmo y melodía al unísono.

Con especial dedicación al único disco que han publicado juntos de momento, The Bad Plus Joshua Redman van elevando composiciones como As This Moments Get Away o The Mending aún por encima de las altas cotas del álbum. Uno de los atractivos de estas composiciones reside en el perspicaz juego de ritmos que consiguen combinando unas pocas notas, dando pie al crescendo y el éxtasis.

Si el concierto empezó en lo alto y fue subiendo en intensidad y belleza, la interpretación de People Like You fue sublime, con Redman derivando hacia un tono solemne y emocionante, cada vez más delicado, que al terminar arrancó una ovación que parecía no acabar nunca. Acto seguido mostraron la otra cara, la endiablada complejidad de County Seat, igual de emocionante. Y se despidieron con la preciosa Dirty Blonde. En las presentaciones en bastante buen castellano de Reid Anderson, Redman e Iverson le interrumpieron con una balada, y el contrabajista sorprendió cantando en falsete: “San Sebastián nos gusta / sois lo más guapo y más inteligente / hemos disfrutado mucho / y ‘nos encantaremos’ volver”. Y es que, por si fuera poco, tienen humor. El sentimiento es recíproco. Que vuelvan y que nos vuelvan a impresionar tanto como ayer.

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Culmen de la trinidad de Cullum #Jazzaldia 3
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Ricardo Aldarondo | 26-07-2015 | 23:49| 0

La sorpresa fue considerable: en el tercer y último show de Jamie Cullum en este Jazzaldia, el de la plaza de la Trinidad. El inglesito salió acompañado por una poderosísima sección de metales, con la potencia y el sabor de una big band. Solo piano, bajo, batería y los metales. Así que, para quienes proclaman que cuánta repetición de Cullum, hay que aclarar que ninguno de los tres shows en esta visita ha sido igual que los de las anteriores. Lo de DJ y el concierto en solitario eran absolutamente inéditos, y esta banda tampoco tenía que ver con las anteriores, ni en formación ni en sonoridad. Quienes exigían más jazz también tuvieron respuesta, pues el Cullum de la Trinidad estuvo claramente escorado al swing y al jazz, aunque con su repertorio habitual, dosis de pop y hip-hop ‘acústico’ incluidos.

Además de su historia de amor arrebatado con San Sebastián, y su capacidad como showman y entertainer de masas, Jamie Cullum es un gran músico, que pone la música por encima de todo lo demás. Salió al escenario dispuesto a todo, y lo dio todo desde el primer instante, no sólo en su comunión con el público, sino en su inagotable expresividad. Así fue el comienzo (vídeo de Posi Pox), después de salir solo al piano para ponerse a tono con la lluvia que arreciaba en ese momento (reconoció que es gafe con el tema, solo ha llovido en esta edición en sus dos noches al aire libre), con un personalísimo ‘Singing in the Rain’:

Sigue asombrando su talento para cambiar continuamente de estilo y ambiente, pero asombra cómo le responde el cuerpo y la cabeza: pasa de saltar en pleno extásis colectivo y coreador, a sentarse al piano para desgranar con la requerida gravedad y sentimiento un tema como ‘Losing You’ de Randy Newman. Se ríe a veces de los caminos por los que le lleva su propia efusividad, y a continuación se marca un ‘Don’t Let Me Be Misunderstood’ que tiene sentido y sentimiento profundo (con gloriosa sección de viento) a pesar de ser canción tan versioneda:

El repertorio incluyó unos cuantos de sus éxitos, pero no fue un ‘quedabien’ populista (evitó, por ejemplo, ‘Don’t Stop the Music’, muy propia para las masas, que sin embargo sí hizo la tarde anterior en la intimidad del Kursaal. Sí repitió el medley de ‘All At Sea’ y ‘High and Dry’, con el ‘Amazing Grace’ por medio, pero mis momentos favoritos estuvieron en lo más swingeante, ‘Get Your Way’ ‘When I Get Famous’ y ‘Twentysomething’.

Y el final fue pura apoteosis controlada al milímetro por un tipo que se las sabe todas para levantar a las masas. He aquí ‘Mixtape’:

50. Heineken Jazzaldia: Jamie Cullum (band) from Donostia Kultura on Vimeo.

Ya se había despedido definitivamente, no podía elevar más arriba el concierto. Pero salió solo al piano, y mientras las gotas de lluvia creaban un acogedor sonido sobre los chubasqueros, y la gente aún coreaba el estribillo del tema anterior, se arrancó con “Realign the stars above my head…”, aplacó instantáneamente toda euforia y, dejó la despedida plagada de melancolía con la sublime ‘Gran Torino’.

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