Diario Vasco
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Desde Cannes (7): Desacierto de pleno
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 09:36| 0

El palmarés en Cannes suele ser bastante acertado. Los jurados cambian cada año, claro, y como en todos los festivales hay que recordar que los premios son la voz de quienes los otorgan, no del propio festival. A veces, la Palma no es la más adecuada, a tenor del sentir general, pero se compensa con otros premios bien atinados. No tenemos tanta memoria, ni hay tiempo de repasar toda la historia del festival, pero un desacierto tan total como el del jurado presidido por George Miller parece algo inédito.
En un año con muchas películas notables, que presentaba dificultades para elegir la excelencia en todas las categorías, este jurado optó por premiar lo anodino, lo desorientado y hasta lo abucheado. Para destacar lo memorable y perdurable de esta edición hay que citar justamente las películas que se han quedado sin premio. Era, sobre todo, la ocasión de darle la Palma de Oro a Jim Jarmusch, su redonda Paterson lo merecía. Pero se ha preferido otorgar de nuevo el premio máximo a Ken Loach (que ya lo obtuvo con El viento que agita la cebada) por I, Daniel Blake, otra de sus buenas intenciones convertida en película, una defensa del trabajador muy plausible pero presentada con pocos matices, un mundo de buenos y malos. Como denuncia social de los manejos de los grandes poderes era mucho más original, impactante y brillante la brasileña Aquarius, que tenía dentro a una Sonia Braga muy merecedora del premio a la mejor actriz. Sin embargo se lo llevó la filipina Jaclyn Jose por Ma’ Rosa, una de las películas más anodinas de su director Brillante Mendoza.


Curiosamente han sido premiados en esta edición varios cineastas que han presentado sus películas más flojas de una carrera otrora brillante: el gran Olivier Assayas anda un poco desorientado en su Personal Shopper y tampoco es normal hacerle compartir premio con el más acertado esta vez Cristian Mungiu por Bacalaureat. El ‘niño bonito’ de Cannes, Xavier Dolan, que esta vez decepcionó incluso a sus fans con Juste le fin du monde, era el menos indicado para obtener el Gran Premio del Jurado. Y Asghar Farhadi, que tiene muy buenas películas en su haber como Nader y Simin, una separación, ha hecho con Forushande su obra menos destacada, correcta sin más. Pero se llevó dos premios.
Ni uno solo de los apartados del palmarés quedó acertado, al menos entre los largometrajes a concurso. La mayor alegría con mucho fue el premio al mejor cortometraje para el director español ‘Timecode’, de Juanjo Giménez, sobre dos guardas de seguridad de un parking. El premio de la Semana de la Crítica lo ganó otro español, Oliver Laxe, con Mimosas. Así que mientras en la sección oficial competía Almodóvar, otro de los directores importantes que se han quedado sin nada, el cine español ha triunfado en los márgenes de Cannes. Eso sí que es un acierto.

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Desde Cannes (6): El sonido de la polémica: Assayas, Winding Refn, Sean Penn
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 09:23| 0

El abucheo forma parte de la tradición de Cannes. Incluso cuando, como este año, el nivel general ha sido notable. Pero cada año hay un par de películas que provocan bronca. Quizás es un gesto feo y descortés. También cabe pensar que si se admiten las ovaciones habrá que cargar con los rechazos. Además siempre hay algún aplauso valiente: ponerse a la contra, defender causas perdidas o extravagancias locas es el deporte preferido en Cannes.
Se abucheó a Olivier Assayas, más por decepción que por odio a su errática pero no desastrosa Personal Shopper, y también a Nicolas Winding Refn, cosa que siendo un ‘enfant terrible’ siempre provocador, era previsible. Algunos nos pusimos de su parte: la asombrosa estética digital y el diseño visual de su The Neon Demon casan muy bien con el mundo plastificado y aséptico de mujeres diseñadas con bisturí, esclavizadas por el mundo de la moda y canibalizadas entre sí en busca del éxito. A Winding Refn se le va la olla, sobre todo en la parte final, pero su extravagante e hipnótica apuesta tiene el valor de lo insólito, y una coherencia con el mundo que describe. La aparente superficialidad de The Neon Demon dice mucho de unos seres humanos convertidos en diseño hipercompetitivo.


Más estupefactos nos dejó The Last Face, de Sean Penn, que utiliza las guerras en África, las matanzas a inocentes y especialmente a niños en primer plano, como mero trasfondo para contar una relamida y rebuscada pasión amorosa entre dos médicos, interpretados por Charlize Theron y Javier Bardem. No hay ningún desarrollo de personajes nativos, su sufrimiento sangrante es solo un bombardeo de imágenes sin contenido, sobre la que cabalga la belleza e intensidad de los protagonistas. Visualmente, remite a lo más discutible del cine ONG de Iñárritu, Terrence Malick y Angelina Jolie. Moralmente, es incomprensible. Aunque haya discurso final para concienciar al mundo del sufrimiento de África, la puntilla del dislate.

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Desde Cannes (5): El pulso de Iggy
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 01:20| 0

No contento con haber aportado la película más redonda de la competición de este Cannes que ya entra es su recta final, Paterson, Jim Jarmusch presentaba ayer fuera de concurso otra película, un documental sobre “la mejor banda de rock & roll” de la historia, The Stooges. Con ese convencimiento, y armas para demostrar que si no fue la mejor, la banda despegó Iggy Pop como un cohete peligroso es, desde luego, única, mítica y con una capacidad de influencia a posteriori abrumadora.

En su faceta de amante de la música y documentalista, Jarmusch vuelve a volcar su maestría. Como concepto de documental, ‘Gimme Danger’ es casi clásico: una entrevista actual sin desperdicio a Iggy Pop es la columna vertebral (no torcida, como la del protagonista), de un relato modélico, con un montaje de imágenes admirable, rápido y conciso, pero que evita la tan habitual acumulación que aturde. Jarmusch revela como un grupo que ni siquiera tuvo el reconocimiento posterior de The Velvet Underground, rompió todos los esquemas, con un desafío sin igual a todo lo establecido. Y además sin ninguna intención política, social o trascendental. Abocados al peligro, empujados por un nervio eléctrico, capaces de hacer con dos acordes música de vanguardia.

Las zambullidas de Iggy en el público que él inventó, su frotamiento con el escenario hasta sangrar o los visibles desfases con las drogas darían para mucho morbo, pero Jarmusch abomina del espectáculo gratuito: esto es rock & roll salvaje auténtico y desde dentro. No solo hay imágenes documentales de un grupo de oscura trayectoria, Jarmusch construye con flashes de series, noticiarios o escenas de animación realizadas para la ocasión lo que Iggy y los otros miembros del grupo van contando, hasta sacar a la luz magnificament e la historia y el pulso interno del grupo y también de la época que marcaron. La forma sencilla, visual, rotunda, de explicar cómo en los Stooges está el germen del punk, entre otras cosas, resulta modélica. Y que uno de los cantantes con imagen más peligrosa y enloquecida se revele tan lúcido, preciso y apasionante en todo lo que relata, es tan asombroso como el carácter de superviviente que exhibe entre el orgullo y la risa. Ahí está, coleando en el centro de la imagen, mientras Lou Reed y David Bowie, con quienes se cruzó en un momento determinante del Nueva York de los 70, tristemente sucumbieron.

 

 

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Desde Cannes (4): De puertas afuera, Almodóvar y Laxe
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 00:13| 0

No hay más que echar un vistazo a las publicaciones francesas, inglesas o americanas que se ven aquí en kioskos o en el Festival: Pedro Almodóvar está en la portada de varias de ellas, y todas dedican un lugar preferente a Julieta en los reportajes de presentación de esta edición. Almodóvar está muy considerado, eso es evidente, en el mundillo cinematográfico extranjero. En su país, ya tal. No hay gestos de admiración y orgullo institucional-político, como sí los hay con los deportistas, aunque es evidente que Almodóvar es ‘un Rafa Nadal’ de la cultura de puertas afuera. Siempre se prefiere citarlo con cualquier cosa que no tenga que ver con sus películas, pero el manchego está en el olimpo internacional del cine. Ayer en Cannes se aplaudió su notable Julieta y dio una rueda de prensa que se disfrutó como un gran espectáculo en sí mismo.

Quiso la casualidad, o el ojo de los programadores, que a la misma hora matinal se ofreciera en otro lugar de Cannes, la Semaine de la Critique, la nueva obra de otro cineasta español (de nacionalidad, porque nació en París, circunstancias de sus padres emigrantes), el gallego Oliver Laxe. Hace seis años ya debutó en la Quinzaine des Realisateurs con Todos vós sodes capitáns y ahora vuelve a Cannes con Mimosas, que tiene poco de española y ningún apoyo oficial. Sin embargo Laxe es un eslabón más en lo que se certifica continuamente: que los cineastas españoles que trabajan en el cine más marginal o experimental son los que tienen continua y firme presencia en los festivales internacionales más destacados. Laxe, que hace cosa de un año presentó su primer filme en Los Jueves del Trueba en San Sebastián, muestra en Cannes un sugerente, enigmático y bello recorrido de una caravana que acompaña a un jeque moribundo en el Atlas de Marruecos. Una cierta idea de la fe, ambigua y abierta, conduce un relato que se apoya en escarpados paisajes y personajes desprovistos de cualquier artificio. Laxe deja puertas abiertas a la interpretación y la reflexión personal, con un filme si no místico, sí en busca de una cierta trascendencia. Y rodado con mucha valentía y esfuerzo, o eso parece.

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Desde Cannes (3): Jim Jarmusch y Jeff Nichols
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 00:33| 0

Cuando se aplica el adjetivo ‘poética’ a una película, saltan todas las alarmas. Lo más probable es que sea bella, evocadora o incluso cursi. Pero nada que ver con la poesía. Todos caemos en la tentación de ese adjetivo. Jim Jarmusch no ha hecho con Paterson una película poética, pero pocas veces el cine ha indagado de una manera tan natural y cristalina en la poesía como impulso del ser humano, de cualquiera con un lápiz y una hoja en blanco.

El argumento de Paterson se puede resumir en un conductor de autobús y una chica que hace ‘cupcakes’ que se quieren y son felices. Él además escribe poemas en una libreta. Y Jarmusch cuenta su rutina durante los siete días de la semana. Lo asombroso es la cantidad de cosas que sugiere Jarmusch a través de pequeñas conversaciones casuales de otros personajes, cómo entrecruza la vida diaria de una población que parece fuera del tiempo, sin salirse de esa pequeña rutina de la pareja, y trasciende lo anecdótico para hablar de todo lo importante desde su característico minimalismo. Su ironía refinadisima y paradójica, sus citas cinematográficas, literarias y musicales exentas de pedantería, la perfecta medición de la estructura y de cada plano tan calculados y tan naturales al mismo tiempo y el encanto permanente de Adam Driver y Golshifteh Farahani, hacen de Paterson un compendio magistral del genuino estilo de Jarmusch sin que nada aparezca reiterativo o gastado. Jarmusch sigue siendo moderno con esta delicadeza luminosa e inspiradora.

También Loving está protagonizada por dos seres que se aman y son felices. O lo serían si en algunos de los Estados Unidos en los años 50 y 60 no estuviera perseguido el matrimonio entre un blanco y una negra. El director Jeff Nichols entrega su película más convencional de estilo y con un planteamiento que podría ser carne de telefilme. Pero la sutileza y la elegancia clásica de su puesta escena hacen de este melodrama algo especial y emotivo, nada lacrimógeno. Le dirán que la ha hecho mirando a los Óscar. Pero no es un producto mecánico, ni hace de su reivindicación un panfleto.

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