Diario Vasco

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The Bad Plus Joshua Redman, la suma que multiplica #Jazzaldia 4
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Ricardo Aldarondo | 27-07-2015 | 17:46| 4

THE BAD PLUS JOSHUA REDMAN
Músicos: Reid Anderson (contrabajo), Ethan Iverson (piano), David King (batería), Joshua Redman (saxo). Lugar: Auditorio Kursaal. Fecha: 25-VII-2015. Asistencia: 1.100 espectadores.

RICARDO ALDARONDO
Tienen tanto el trío como el solista amplias trayectorias y sólidos reconocimientos como para recibir ovaciones cada cual en su camino. Joshua Redman ya estuvo en el Jazzaldia tres veces en los años 90, su era de despegue. The Bad Plus, hace seis años, demostraron las grandes posibilidades de su moderna visión del clásico formato de trío. La fórmula que juntos despliegan ahora poco tiene que ver con la tradicional suma de un solista a un grupo. Esta es una suma que multiplica: el trío se convierte en cuarteto, porque la interacción es similar entre todos ellos por mucho que Joshua Redman lleve un cierto papel melódico estelar, pero además el gran potencial de cada músico crece exponencialmente con los otros. Ese “plus” del trío con el que juegan para nombrar esta asociación que parecía ocasional pero muy consolidada, dice mucho.

Larguirucho y muy delgado, mucho más que en su juventud, con esos dedos extensos que acarician el saxo sacando una especie de electricidad estática que le provoca patadas ocasionales, Joshua Redman se muestra tan controlado como libre. Empezaron con el tono casi funerario en el piano de Love Is the Answer y Redman dosificaba su soplo con precisión asombrosa, como queriendo darle la expresión más recogida a la melodía. Pero se fue creciendo hasta el éxtasis en una primera intervención que ya acabó en ovación.

No se basan en solos, a pesar del protagonismo que pueda tener Redman, porque los tres integrantes de The Bad Plus están en contínua doble función, son solistas y acompañantes al mismo tiempo, o mejor, parte de una conversación milagrosa en la que todos destacan y todos escuchan a la vez. Todos son ritmo y melodía al unísono.

Con especial dedicación al único disco que han publicado juntos de momento, The Bad Plus Joshua Redman van elevando composiciones como As This Moments Get Away o The Mending aún por encima de las altas cotas del álbum. Uno de los atractivos de estas composiciones reside en el perspicaz juego de ritmos que consiguen combinando unas pocas notas, dando pie al crescendo y el éxtasis.

Si el concierto empezó en lo alto y fue subiendo en intensidad y belleza, la interpretación de People Like You fue sublime, con Redman derivando hacia un tono solemne y emocionante, cada vez más delicado, que al terminar arrancó una ovación que parecía no acabar nunca. Acto seguido mostraron la otra cara, la endiablada complejidad de County Seat, igual de emocionante. Y se despidieron con la preciosa Dirty Blonde. En las presentaciones en bastante buen castellano de Reid Anderson, Redman e Iverson le interrumpieron con una balada, y el contrabajista sorprendió cantando en falsete: “San Sebastián nos gusta / sois lo más guapo y más inteligente / hemos disfrutado mucho / y ‘nos encantaremos’ volver”. Y es que, por si fuera poco, tienen humor. El sentimiento es recíproco. Que vuelvan y que nos vuelvan a impresionar tanto como ayer.

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Culmen de la trinidad de Cullum #Jazzaldia 3
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Ricardo Aldarondo | 26-07-2015 | 23:49| 0

La sorpresa fue considerable: en el tercer y último show de Jamie Cullum en este Jazzaldia, el de la plaza de la Trinidad. El inglesito salió acompañado por una poderosísima sección de metales, con la potencia y el sabor de una big band. Solo piano, bajo, batería y los metales. Así que, para quienes proclaman que cuánta repetición de Cullum, hay que aclarar que ninguno de los tres shows en esta visita ha sido igual que los de las anteriores. Lo de DJ y el concierto en solitario eran absolutamente inéditos, y esta banda tampoco tenía que ver con las anteriores, ni en formación ni en sonoridad. Quienes exigían más jazz también tuvieron respuesta, pues el Cullum de la Trinidad estuvo claramente escorado al swing y al jazz, aunque con su repertorio habitual, dosis de pop y hip-hop ‘acústico’ incluidos.

Además de su historia de amor arrebatado con San Sebastián, y su capacidad como showman y entertainer de masas, Jamie Cullum es un gran músico, que pone la música por encima de todo lo demás. Salió al escenario dispuesto a todo, y lo dio todo desde el primer instante, no sólo en su comunión con el público, sino en su inagotable expresividad. Así fue el comienzo (vídeo de Posi Pox), después de salir solo al piano para ponerse a tono con la lluvia que arreciaba en ese momento (reconoció que es gafe con el tema, solo ha llovido en esta edición en sus dos noches al aire libre), con un personalísimo ‘Singing in the Rain’:

Sigue asombrando su talento para cambiar continuamente de estilo y ambiente, pero asombra cómo le responde el cuerpo y la cabeza: pasa de saltar en pleno extásis colectivo y coreador, a sentarse al piano para desgranar con la requerida gravedad y sentimiento un tema como ‘Losing You’ de Randy Newman. Se ríe a veces de los caminos por los que le lleva su propia efusividad, y a continuación se marca un ‘Don’t Let Me Be Misunderstood’ que tiene sentido y sentimiento profundo (con gloriosa sección de viento) a pesar de ser canción tan versioneda:

El repertorio incluyó unos cuantos de sus éxitos, pero no fue un ‘quedabien’ populista (evitó, por ejemplo, ‘Don’t Stop the Music’, muy propia para las masas, que sin embargo sí hizo la tarde anterior en la intimidad del Kursaal. Sí repitió el medley de ‘All At Sea’ y ‘High and Dry’, con el ‘Amazing Grace’ por medio, pero mis momentos favoritos estuvieron en lo más swingeante, ‘Get Your Way’ ‘When I Get Famous’ y ‘Twentysomething’.

Y el final fue pura apoteosis controlada al milímetro por un tipo que se las sabe todas para levantar a las masas. He aquí ‘Mixtape’:

50. Heineken Jazzaldia: Jamie Cullum (band) from Donostia Kultura on Vimeo.

Ya se había despedido definitivamente, no podía elevar más arriba el concierto. Pero salió solo al piano, y mientras las gotas de lluvia creaban un acogedor sonido sobre los chubasqueros, y la gente aún coreaba el estribillo del tema anterior, se arrancó con “Realign the stars above my head…”, aplacó instantáneamente toda euforia y, dejó la despedida plagada de melancolía con la sublime ‘Gran Torino’.

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Jamie Cullum vale tanto solo como bien acompañado #Jazzaldia 2
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Ricardo Aldarondo | 24-07-2015 | 14:59| 1

JAMIE CULLUM (SOLO)
Músico: Jamie Cullum (voz, piano, guitarra, bajo, armónica). Lugar: Auditorio del Kursal. Fecha: 23-VII-2015. Asistencia: Lleno, 1.800 espectadores.

RICARDO ALDARONDO

Si alguien pensó que al presentarse en solitario, sin el apoyo de una banda, Jamie Cullum iba a hacer un concierto lineal o monótono, estaba muy equivocado. Claro, que sería raro pensar eso de quien ya ha demostrado sobradamente que tiene recursos ilimitados: vocales, rítmicos, estilísticos, físicos y emocionales. “Nunca he dado un concierto en solitario, esta es la primera vez y vamos a experimentar un poco”, comentó en los primeros minutos, después de expresar una vez más su amor a “una de las mejores ciudades del mundo”, a los pintxos, “y esas cervezas pequeñitas de las que te bebes veinte”.
El segundo de los tres shows que Cullum ofrece en este Jazzaldia fue realmente una experiencia única, desde que salió al escena trajeado, deconstruyendo y acariciando entre susurros el clásico ‘I Got You Under My Skin’. En la segunda pieza ya estaba rompiendo la previsión de que fuera a dedicarse a los standards americanos (ni siquiera tocó ‘Gran Torino’). Abordó en cambio una de sus canciones mas rítmicas y efusivas, o más bien una ajena que ha hecho suya mejorando la original, ‘Don”t Stop The Music’, popularizada por Rihanna. Solo en ese tema ya desplegaba una enorme cantidad de recursos: llevaba el ritmo golpeando la madera del piano, pellizcaba las cuerdas, se quitaba la chaqueta sin dejar de cantar, jugaba con la fuerza y la sutileza. Un auténtico “one man band”.

Pero, cuidado: el hecho de que cambiara a cada momento de herramientas, técnicas y expresiones, no tuvo nada de circense. No era un más difícil todavía. Cullum se apasiona con todo lo que hace, esta en permanente motivación, degusta cada frase, se deja llevar, busca sorprenderse a sí mismo, improvisa sin perder nunca el norte, e incluso integra con reflejos un acorde mal dado. Y saca chispas a cada canción, cada estado de ánimo.

Alternó clásicos de todas las épocas con temas de su propio repertorio sin evitar los más rítmicos y complejos. Y en total complicidad con el público que, si ya de entrada le recibió con una ovación interminable, se comportó como un coro casi profesional, cubriendo las armonías vocales de los temas más conocidos, sólo con un leve gesto del jefe.

Introdujo la armónica en una preciosa versión de ‘Not While I”m Around’ del musical ‘Sweeny Todd’. Cogió la guitarra acústica tras advertir “dejé de tocar la guitarra hace tiempo, pero he estado ensayando un poco esta tarde”. Pero le salió estupendamente ‘London Skies’. Más tarde cogió un bajo eléctrico, pero para tocarlo como una guitarra rítmica en ‘Get a Hold of Yourself’.

También contó como de niño escuchaba a AC/DC y Metallica, luego se pasó al trip-hop de Bristol, de ahí al hip-hop, y entonces descubrió el jazz al eschuchar ‘Do You Knowe What It Means To Miss New Orleans’, que interpretó con pasión de pianista de tugurio.

Y se bajó al pasillo y cantó sin ningún instrumento, y entera, ‘I Get A Kick Out of You’, paseandose entre el público por toda la sala. Luego volvería a cantar “a capella”, pero además sin micrófono, ayundándose con sus manos como altavoz desde el escenario, para entonar ‘Make Someone Happy’.

Acometió un reconocible ‘Blackbird’ de The Beatles, pero le insufló un solo de piano free-jazz, y después swing, antes de volcarse en una emocionante balada, de las que borda cuando se pone sentimental a lo Sinatra. Mientras tocaba ‘These Are the Days’ preguntó si había alguien entre el público que supiera tocar el piano. Dos chicas se animaron a salir, y acabaron los tres improvisando vibrante blues a seis manos. ‘But For Now’ aportó más emoción a un tramo final en el que fue enlazando un tema tras otro, incluyendo ‘All At Sea’ y una versión de Radiohead (‘High and Dry’) mezclada con ‘Amazing Grace’. Para el bis solo reservó ‘The Wind Cries Mary’ de Hendrix, pero ya lo había dado todo en casi dos horas de concierto, solo con su gran talento, que terminó, como es menester, subido en lo alto del piano. Abajo, el público, una vez más, rendido.

Por si fuera poco, después se fue a la Plaza de la Trinidad, salió como ‘chico de las flores’ a entregar el tradicional ramo a Silvia Pérez Cruz y, más tarde, estuvo como invitado para tocar el piano con Zaz. Jamie Cullum, dispuesto a todo en San Sebastián.

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Funky in the rain #Jazzaldia 1
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Ricardo Aldarondo | 24-07-2015 | 11:35| 0

La primera noche del 50 aniversario del Jazzaldia estuvo pasada por agua, y algo de viento. Incómoda a ratos, especialmente mientras pinchaba Jamie Cullum como DJ en el primero de sus tres shows distintos.

Pero luego el tiempo se calmó un poco, y al calorcito de Earth, Wind & Fire (“and rain” era el chiste recurrente) la gente bailó con paraguas y chubasquero. Y fue mucha la gente, teniendo en cuenta la desapacible noche en lo meteorológico, que acabó siendo jolgoriosa en lo musical y bailable.

Para ser solo una rama de los originales, la formación de Earth, Wind & Fire, mucho más joven de lo que se le suponía a una banda que tuvo su tiempo de gloria en los años 70 y los 80, funcionó a la perfección. La raíz está en el guitarrista Al McKay, que ejerce de venerable guía para un trío de cantantes en el frente de tanto peso como agilidad, en lo físico y en lo metafórico. La gran baza reside en un repertorio glorioso de funk y soul comercial, de cuando era posible que esas músicas se convirtieran en éxitos planetarios. Con las magníficas Boogie Wonderland’ y ‘September’ como perlas irresistibles, la banda estuvo tan profesional como apasionada y navegando con la fuerza de una abultada sección de viento. Si llega a hacer una verdadera noche veraniega aquello hubiera sido la gloria. Aunque con ‘September’ lo parecía…

En el escenario Frigo, todo lo contrario, pero aún más riguroso. La banda The Cookers, que integra a glorias del jazz como Billy Harper, Eddie Henderson y Donald Harrison, estuvieron tan impecables y bien encajados como sus trajes, navegando por un jazz entre clásico y contemporáneo sin concesiones a la ‘fiesta’, y sin embargo magnético y gozoso para el público que abarrotaba el lugar.

De Jimmy Cliff sólo vimos la primera parte, suficiente para comprobar que tiene la voz en excelente forma y cuenta con una banda muy sólida y versátil, y para disfrutar de un largo inicio de raíces africanas, sólo con percusión y las poderosas armonías vocales de Cliff y sus coristas, alrededor de un Rivers of Babylon grave y cadencioso y otras piezas del mismo tono. Luego entro el reggae a toda potencia.

 

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Marcos García, codirector de ‘Vinyland’: “Todos los padres deberían educar musicalmente a sus hijos”
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Ricardo Aldarondo | 26-12-2014 | 10:54| 3

Cualquiera que sea aficionado al rock y aledaños en Gipuzkoa sabe que Bloody Mary, en Irún, es, más que una tienda de discos, un tótem, una referencia ineludible como lugar de peregrinaje para el coleccionista de discos, un incansable dinamizador de la música en todas sus facetas. Juancar García, siempre sonriente detrás del mostrador, no solo vende discos, organiza conciertos y giras de grupos de todas las latitudes que alimentan buena parte de la escena local y más allá.
Bloody Mary cumplirá 25 años en 2015, y ese ha sido uno de los detonantes de una película muy especial que se gesta en los últimos meses en Gipuzkoa, ‘Vinyland’. Está escrita y dirigida al alimón por Mikel Insausti, toda una institución de la crítica de cine vasca desde las páginas de Gara, y el joven de 19 años Marcos García, hijo de Juancar, pero ya autónomo como cineasta. En esta docuficción, narran la historia de un coleccionista de discos, José Luis Olabeaga, aficionado apasionado a la música y personaje ineludible del ambiente musical local.

Mañana se desvelan las primeras imágenes, con el estreno del trailer de ‘Vinyland’, en una fiesta que se celebra en Psilocybenea (Hondarribia) a las 22.00 horas, con la actuación de Kurt Baker Combo y The Lie Detectors.

Esta entrevista es un complemento al reportaje que publico hoy en El Diario Vasco sobre ‘Vinyland’, con más información sobre la película.

-¿Qué estudios estás haciendo en París y cuales han sido tus primeros pasos con la cámara y el montaje?

-Lo llaman “Estudios cinematográficos y audiovisuales” y en la universidad en la que estoy intentan juntar lo teórico con la práctica. Yo siempre grababa los conciertos de mi padre, y hacía muchas fotos. Con 14 o 15 años descubrí el programa Movie Maker en el ordenador y empecé a hacer montajes de todo tipo: con vídeos, fotos, música… Luego hice cursillos de cortometrajes en Irun y Donosti , y fui a la ESCAC en 2012 para hacer un corto.

-La afición por la música está claro de donde te viene, ¿y la del cine?

-De las primeras películas que vi, estoy seguro que fue una de Hitchcock, y no me di cuenta de la importancia de este maestro hasta mucho tiempo después. Siempre me ha encantado ver pelis, porque disfruto mucho, y desde el principio fue mi madre la que me aconsejaba y me enseñaba películas, pero llegó un día en que pensé: sería genial que yo pudiese crear una película, y compartir esa historia con los demás. Desde que estoy en París, ya hace un año, siento que veo de manera distinta las películas y he descubierto muchísimas películas gracias a la Cinemateca Francesa. Esto ha reforzado mi pasión por el cine totalmente, y me ha ayudado a entender que el cine no es sólo un espectáculo, sino un arte.

Marcos García, codirector, y José Luis Olabeaga, actor de 'Vinyland'

 

-¿Tu padre te ha inculcado grupos y discos en plan maestro adoctrinador o te ha dejado ir descubriendo a tu aire?

-Yo creo que al principio sí fue un “maestro adoctrinador” pero en el buen sentido. Creo que todos los padres deberían educar a sus hijos musicalmente. Los primeros discos que me dijeron de escuchar fueron de los Hi-Risers y Los Straitjackets con 11 o 12 años. Yo, como soy curioso, en la tienda me fijaba en las portadas de los vinilos y le preguntaba a mi padre, y él me enseñaba. Estuve muy enganchado una temporada con los Ramones y los Clash. Mis padres, no me enseñaban digamos los grupos que todo el mundo conocía (los Rolling Stones, o los Beatles, por ejemplo), pero me han descubierto grupos maravillosos como Gun Club, Reigning Sound, The Flamin’ Groovies, Nikki Sudden, etc. Luego, he ido descubriendo por mi cuenta (T.Rex, Jack White, Bowie, Lou Reed, Elvis Costello, Patti Smith, New York Dolls…), escuchando, pero también leyendo libros.

-¿Qué significa la película para ti desde un punto de vista personal y afectivo, en relación a tu padre y la tienda?

-Que mi primera película se llame ‘Vinyland’ y trate sobre el coleccionismo de vinilos, me hace mucha ilusión. Bloody Mary cumplirá en 2015, 25 años, y “Vinyland” homenajea a la tienda de mi padre juntando música y cine. Dos pasiones sin las cuales no podría vivir, y de las que cada día me alimento intensamente. La película será una experiencia asombrosa, como ver un concierto. Y desde que lanzamos el Facebook de ‘Vinyland’, me entusiasma ver los comentarios de la gente y el interés que demuestran.

-¿Es atrevido dirigir un largometraje con 19 años?

-Yo creo que da igual la edad mientras lo hagas con pasión, ganas y confianza en uno mismo. Xavier Dolan es el ejemplo perfecto, y mira dónde ha llegado. Yo he dedicado el verano entero a ‘Vinyland’ y en vacaciones la estaré montando. El rodaje ha sido una experiencia inolvidable y ha reforzado mi pasión por ser cineasta. También es importante la curiosidad, por eso voy a la Cinemateca de París y veo todas las pelis que puedo.  El año pasado mismo, fui a ver todas las películas de los Coen en una retrospectiva que organizaban. También voy a masterclases: tuve la suerte de escuchar a Ken Loach, William Friedkin, Abel Ferrara, y dentro de poco a Francis Ford Coppola!!

-Por lo que me han contado, la estructura narrativa y visual va a ser bastante especial. ¿Cómo la ves tú?

-Digamos que tiene una estructura poco convencional, pero lo más novedoso, es que no hay casi nada de diálogos, la música es la que habla por sí sola, y evidentemente la selección de temas está siendo estudiada rigurosamente. Viendo algunas tomas de noche me ha gustado mucho el color que captó la cámara, y visualmente quedará algo muy vistoso.

-No ha habido financiación alguna, y todo lo habéis hecho con ayuda de los amigos. ¿Ha complicado eso el rodaje?

-Yo creo que lo ha facilitado ya que hemos hecho con lo que teníamos y lo hemos aprovechado al máximo. Eso sí, hemos estado todo agosto sin parar de rodar y yendo de aquí para allá. Hemos rodado en tiendas de discos, salas de conciertos, bares, ferias… Fue cansino, pero ya tengo ganas de repetir con otra peli. Lo que sobre todo ha habido es un ambiente muy bueno entre los actores y nosotros. En general la mayoría de los personajes hacían de ellos mismos, lo cual les facilitaba, y daba mucha más naturalidad.

-Alguna anécdota o curiosidad del rodaje, en qué situaciones te has sentido más cómodo, alguna cosa que te hayas quedado con ganas de hacer…

-Me he sentido cómodo pero algunas veces con un poco de estrés y nervios, pero eso es lo fundamental en un rodaje, y más en un rodaje como el de ‘Vinyland’. Hay demasiadas anécdotas que podría contarte, pero te puedo decir que algunos actores necesitaron dobles para las escenas de alto riesgo! José Luis es el que está repleto de anécdotas, cuando acabábamos la jornada de rodaje le llevábamos de vuelta y por el camino nos contaba una cantidad de historias…

-¿Qué tipo de cámara has utilizado, profesional o amateur?

-He utilizado una Canon prestada por mi tío, ya que tiene una resolución y calidad muy alta.

-¿Hay alguna película o cineasta que te haya inspirado para tu película?

-Antes del rodaje tenía claro que quería hacer unos planos de vinilos como el principio de ‘Only Lovers Left Alive‘ de Jim Jarmusch, pero no tenía en mente a un cineasta en particular, excepto, quizás a Buñuel para una escena. Mirando el material grabado nos dimos cuenta que algunas tomas recordaban al cine de David Lynch. Como el guión ya estaba escrito, digamos que no me venían inspiraciones directas de directores y películas, estaba más pendiente en como Mikel Insausti y yo íbamos a captar la escena.

 

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