Diario Vasco
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Fecha: mayo 19, 2012
Desde Cannes (3): Algunos nombres buenos
Ricardo Aldarondo 19-05-2012 | 11:41 | 0

Algunos se han apresurado a contar a Jacques Audiard entre las decepciones en lo que llevamos de Cannes 2012, pero ese es un concepto que depende de las expectativas. Bien, Un profeta sería extraordinaria, pero la sorpresa que causó aquí esa anterior película de Audiard no es fácil de repetir. De rouille et d’os es más convencional y sentimental, no es una película extraordinaria, pero sí muy estimable. Una historia de vidas de algún modo mutiladas, incompletas, de supervivencia en un entorno y circunstancias hostiles, un drama intimista contado con delicadeza y elegancia por Jacques Audiard. Los protagonistas están extraordinarios, sobre todo una Marion Cotillard que (¡atención spoiler!) se pasa casi toda la película sin piernas por un peculiar accidente laboral (la mutilación implica unos efectos especiales asombrosos), y también Matthias Schoenaerts, bruto y delicado a partes iguales. Aunque tenga detalles previsibles en el desenlace, y no termine siendo el dramón que algunos parecen exigir en estas ocasiones, De rouille et d’os es una buena película.

¿Unas maduritas regordetas austriacas que se van a Kenia con el fin de catar hombre joven? Sí, en Paradise: Liebe, la primera película de una trilogía que se completará este mismo año. Pero esto no es una comedia ligera con bonitos paisajes, aunque tenga unas situaciones divertidísimas en su comienzo, y algunos encuadres asombrosamente bellos. El director es Ulrich Seidl, ese señor austriaco que sin ningún aspaviento, con una narrativa aparentemente fría, de milimétrico diseño, es capaz de diseccionar la sociedad que le rodea y encontrar dentro mucha podredumbre, sin que nada se manche. Tras películas como Dog Days, y aquella urbanización aterradora en su perfección residencial o Import/Export, en Paradise: liebe va describiendo el patetismo de unas mujeres que se toman a los negros de Kenia como material a explotar, en un intento imposible de sentirse deseadas, y hasta queridas en sus vacías vidas. Pero tampoco Paradise: liebe es una película sobre el turismo sexual, más bien sobre el colonialismo sexual y las relaciones de explotación, con la particularidad de que tampoco los deseados hombres negros que ponen su cuerpo al servicio de las damas europeas son ningunos angelitos, ni víctimas de su ingenuidad. Mientras permanece la luminosidad, la belleza de las playas, la elegancia y perfección máxima en cada uno de los encuadres de Seidl, aumenta progresivamente la sordidez, una forma de degeneración humana aparentemente inocua, que culmina en una escena de una supuesta fiesta en la que Seidl consigue una vez más que su cine sea veraderamente perturbador. Es quizás un poco repetitiva, pero impacta la forma de llegar a ciertas miserias humans en la aparente normalidad que consigue Seidl.

Y siguiendo con películas que no son redondas ni especialmente reveladoras, pero sí sólidas e interesantes, lo máximo a lo que hemos podido aspirar hasta ahora en Cannes, está Lawless de John Hillcoat. El director australiano ya en su primera película, Ghosts of the Civil Dead (1988) recurrió a un guión del músico Nick Cave. Luego la colaboración continuó en The Proposition (2005) y de nuevo en Lawless el guión es de Nick Cave, que además ha firmado la música de todas esas películas, y de To Have and Hold, y en esta ocasión lo hace de nuevo junto a Warren Ellis. La ambientación absolutamente rural de esta historia de tres gangsters hermanos en los años 30, con su destilería y venta ilegal de alcohol, y su enfrentamiento a un perverso agente especial, interpretado por Guy Pearce, es uno de los  atractivos de una película con códigos bien conocidos pero que siempre encuentran un punto de singularidad. Destacan dos de los tres hermanos protagonistas, el taciturno y brutal con leyenda de inmortal (Tom Hardy, gran papel) y el joven más entusiasta e ingenuo (un Shia La Beouf que parece haberse hecho mayor de pronto), e impactan los ramalazos de violencia que van más allá de los tiroteos de metralleta a automóvil. Sangre sin tapujos, y una ironía sobre el concepto de leyenda que entronca con el western. Para aficionados a la música: además de la banda sonora de Cave y Ellis, suenan dos curiosas versiones, en plan balada rural y pantanosa años 30, de White Light / White Heat de The Velvet Underground, una de ellas interpretada por The Bootleggers con Mark Lanegan.

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Desde Cannes (2): una delicia de Wes Anderson
Ricardo Aldarondo 19-05-2012 | 4:56 | 0

Wes Anderson tiene un estilo tan particular que es de los que pueden provocar rechazos. Su percepción del mundo, entre lo infantil y lo irónicamente perverso, su humor visual tan clásico como los maestros del cine mudo y rabiosamente moderno a un tiempo, tienen unos códigos especiales, nada difíciles por otra parte. Cuando se entra en su mundo el gozo es permanente.

Moonrise Kingdom es una celebración a lo grande de su estilo con una historia pequeña, como un cuento delicioso. Cada uno de sus planos es una preciosidad de composición y colorido,’con elementos graciosos, chocantes, ingeniosos en su interior. Los protagonistas de esta historia de boy scouts, y preadolescentes enamorados, y adultos que son como personajes de cómic, son los niños, pero la pressencia de Bruce Willis, Bill Murray o Edward Norton es rotunda en su corto tiempo, también la pequeña aparición de Harvey Keitel. Sin el delirio surrealista de Life Aquatic, o la emotividad de Viaje a Darjeeling, Wes Anderson completa un filme aparentemente liviano, pero cargado de detalles placenteros.

Y atención a la colección de pantalones de Bill Murray en la película, a juego con la chaqueta que llevó en la rueda de prensa de la película.

 

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Desde Cannes (1): Decepciones o no
Ricardo Aldarondo 19-05-2012 | 11:29 | 2

Los nombres consagrados son lo que hacen atractivo, a priori, un festival. En Cannes siempre los hay de sobra, así que las espectativas están disparadas. Caldo de cultivo para las decepciones, terreno abonado para colgar mitos de una cuerda, o consagrar definitivamente a otros.

De momento en Cannes se están dando primordialmente decepciones. Pero sobre todo batiburrillos. Ya no hay película que no tenga sus detractores y sus “pues a mí me ha gustado”. Con las prisas, y en la era twitter, no suele haber mucho más comentario que el del dedo hacia arriba o hacia abajo de las puntuaciones instantáneas, y el resultado es un bonito caos de opiniones escuetas.

Así, se pueden escuchar sonoros aplausos al final de la insustancial ‘Reality’ de Mateo Garrone, pero luego no encuentras a nadie que le haya gustado. Y se alarga la gran ovación en sala a ‘Beasts of The Southern Wild’, que ganó en Sundance y ahora está en Un Certain Regard, pero luego solo ves coincidencias con el “psé” que te inspiró a ti el supuesto peliculón. Unos incomprensibles aplausos contrarrestan los pitidos a Above The Hills de Cristian Mungiu. Así que titulares socorridos como “Fulano deja frío a Cannes” u “Ovación a Mengano” son tan inexactos como inservibles para pulsar qué está pasando en Cannes. Que esto es demasiado grande y bullicioso como para escuchar un solo sonido alto y claro.

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