Diario Vasco
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Fecha: julio 8, 2013
Lúcidas travesuras de Robyn Hitchcock y Peter Buck
Ricardo Aldarondo 08-07-2013 | 2:21 | 6

Hacía décadas que no había podido volver a ver en directo a Robyn Hitchcock para reverdecer y/o confirmar aquel excelente primer concierto suyo en la sala The End de Vitoria en 1987, cuando estaba en pleno apogeo de una serie de discos espléndidos junto a los Egyptians, entre ellos I Often Dream of Trains (1984), Fegmania (1985) y Element of Light (1986). Y tantos años después, el pasado 20 de junio en el Centro Cultural Intxaurrondo de San Sebastián, aparte del pelo ahora completamente blanco, todo seguía siendo entusiasmante, divertido, perspicaz, elegante y poético en el hombre de las camisas psicodélicas y el espíritu soñador y surrealista tocado por la mejor tradición del pop y el rock.

El gancho del doble concierto para algunos era la presencia de Peter Buck, en la primera parte acompañado por The Venus 3 y en la segunda ejerciendo de guitarrista de acompañamiento, casi en la sombra, de Robyn Hitchcock, junto a dos de los Venus 3. Lo de Buck y colegas fue divertido y macarra (nada que ver con R.E.M., desde luego) pero tan convencional como lo que te puedas encontrar un noche de sábado en un buen bar británico. Salieron con furia y ganas de juerga y se entregaron a un rock&roll gamberro, con odas a la bebida mexicana Vaso Loco, canciones sobre monos, y este punkoide Outta This House. Puro entretenimiento para una estrella jugando al anonimato on the road (a destacar el conjunto imposible de formas y colores entre su camisa y su guitarra).

Robyn Hitchcock salió solo con guitarra acústica para ir entrando en calor y como evocando su faceta más barretiana, empezó con Cynthia Mask así como The Devil’s Coachman y Swirling, de su álbum Queen Elvis.

Ya con banda atacó la juguetona letra de What You Is, y siguió con el mismo disco Goodnight Oslo, y la canción que le da título. Rescató de nuevo a The Soft Boys con Queen of Eyes y fue inmediata la conexión con un público al que intentaba hablar continuamente en un castellano disparatado y desternillante y preguntaba (de tú a tú a los de la primera fila) la traducción de algunas palabras al euskera, hasta el punto de que, ya con banda (el bajista y el batería de Venus 3 más Peter Buck), entonaba con convicción un ‘maite zaitut’ al comienzo de I Love You. Fue esa una de las pocas canciones que ofreció de su nuevo disco, Love From London, también la pegadiza y pop Be Still. En el continuo salto entre todas sus épocas, hubo también incursiones en su obra de los primeros 80, como Airscape y Somewhere Apart de Element of Light y City of Shame de su primer álbum en solitario, Black Snake Diamond Role.


Entre los más sentidos momentos, la muy bonita elegía N. Y. Doll, seguida de otra estupenda canción de Olé Tarantula, Aventure Rocket Ship, así como la canción que da título al álbum. También recurrió a otro de los temas más emblemáticos de su primera banda, The Soft Boys, con Kingdom of Love para terminar la primera parte antes de lanzarse a los bises.

Con una obra propia tan magna y extensa, sería de desear que explorara más en ella para la traca final, pero a Robyn Hitchcock, siempre juguetón e imprevisible, siempre cambiando el repertorio, le gusta ponerse en el lado del fan y hacer versiones. En el primer bis empezó de nuevo en solitario y acústico con Isis de Bob Dylan y luego salió el impulsivo guitarrista de Venus 3, junto a los demás y se pusieron en plan jam con All Night Long y Robyn Hitchcock dejando la guitarra en favor de una divertida gesticulación y unas apasionadas ráfagas de armónica.

Y en el segundo y breve bis acabó definitivamente con sus inicios, la primera canción del primer disco de The Soft Boys, Give It To the Soft Boys. Nos extrañó que al despedirse Robyn Hitchcock se colgara la guitarra acústica para desaparecer tras el telón. Cuando salíamos despreocupadamente de la sala, y ante un inesperado embotellamiento en el pequeño pasillo descubrimos por qué: al fondo del hall de entrada y bajo el murmullo, estaban Robyn Hitchcock y el batería Bill Rieflin cantando a pelo A Day in the Life de The Beatles, nada menos. Y no fue cosa de un minuto, siguieron con Waterloo Sunset de The Kinks y la compleja Arnold Layne de los Pink Floyd de Syd Barrett. Lúcido autor, entertainer total.

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