Diario Vasco
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Fecha: abril 5, 2014
El imprescindible regreso de The Stranglers, 30 años y medio después de su concierto en el Autódromo
Ricardo Aldarondo 05-04-2014 | 1:36 | 4

En aquel sueño breve pero intensísimo que fue el Autódromo de Lasarte, la sala que Santi Ugarte montó a primeros de los años 80 para hacernos vivir simultáneamente nuestro propio Rock-Ola al lado de San Sebastián, una de las noches más gloriosas fue la del 24 de septiembre de 1983. ¡Venían The Stranglers! El cuarteto ya se había hecho mítico en la fase del punk y el post-punk, con esa anomalía que siempre tuvieron: el sonido de sus teclados casi les emparentaba con el rock sinfónico más que con el punk; eran músicos excelentes con complejas melodías, nada de raca-raca de tres acordes; y su potencia, su pegada, su patada musical representada en los movimientos de kárate del bajista Jean-Jacques Burnel, era practicamente inagualable.

Pero The Stranglers venían además en su mejor momento, cuando, por si fuera poca la evolución imparable de sus primeros elepés, demostraron ser capaces de la mayor sofisticación con un single tan inesperado e imaginativo como Golden Brown (¡una balada con clavicordio a ritmo de vals!) y su correspondiente elepé La Folie (1981) y, sobre todo, con el disco que venían a presentar, ese Feline (1983) magistral que aunaba a la perfección punch y melancolía, elegancia, comercialidad y pura esencia Stranglers.

Con un volumen potentísimo, sonaron implacables en un inicio arrollador, con temas como Nuclear Device, Toiler in the Sea, Ships That Pass in the Night o It’s A Small World. Eran jóvenes, el bajo de Burnel y la batería de Burnel eran de una rotundidad que te golpeaba en el estómago, Hugh Cornwell lideraba con su magnética seriedad a los hombres de negro y enloquecíamos ante lo que estábamos viendo y sobre todo escuchando, un temazo tras otro prácticamente enlazados, sin parar. Brutal en lo muscular, con Burnel casi literalmente convertido en un felino karateka lanzando patadas al cielo mientras tocaba su bajo sinuoso, y los teclados de Dave Greenfield llenándolo todo.

Sedujeron igualmente con su faceta sensible: la unión de tres canciones tan legendarias como Golden Brown, Midnight Summer’s Dream y European Female fue un tramo central maravilloso. Y luego volvió la caña con canciones como The Raven, Thrown Away y Tank, para acabar con Hanging Around y Let Me Introduce You To the Family y la audiencia tan en éxtasis como había estado durante todo el concierto.

Y el sonido de aquella noche mítica puede volver  hoy en Intxaurrondo. No son tan jóvenes, hace años que Hugh Cornwell no está en el grupo y últimamente Jet Black, ya con 75 años tiene suficientes problemas de salud como para no poder no tocar la batería en directo. A mediados de los 80 ya empezaron a perder la inspiración impecable que les había acompañado en su primera década y fuimos prestando con el tiempo menos atención a sus nuevos discos. Ellos siguieron adelante, con mayor o menor fortuna, y cualquiera pensaría que ya en el siglo XXI y sin Hugh Cornwell sobrevivían por pura inercia con un nuevo cantante y guitarrista, Baz Warne.

Sin embargo me llevé una enorme sorpresa en Londres en 2008, casi por casualidad, en un festival en Hyde Park donde tocaban en el escenario pequeño. Fui a verles con un punto de nostalgia y tres o cuatro de escepticismo. Y me encontré con un concierto impecable, repasando con la máxima dignidad y una potencia digna de antaño muchas de las perlas que atesora su repertorio. Seguían siendo The Stranglers en toda su autenticidad, con Jean-Jacques Burnel igualmente magnético en escena, aunque lógicamente menos saltimbanqui, un sonido potentísimo y un cantante guitarrista que sin tratar de imitar a Hugh Cornwell era un sustituto perfecto. Y poco más tarde pude confirmar en el Summercase de Madrid que no había sido un espejismo: The Stranglers sigue siendo una gran banda en directo, con un repertorio que solo crece con el tiempo. Y es curioso que los dos miembros originales que continúan manteniendo en directo, el bajista y el teclista, son precisamente los que han dado siempre el sonido más distintivo de The Stranglers.

Así que hoy, en el Centro Cultural Intxaurrondo, con la celebración del 40 aniversario de la banda, cabe esperar una ristra de hits, y también algo del nuevo álbum, Giant, porque no se dedican solo a reverdecer sus mejores tiempos, continúan haciendo discos más que dignos. Expectación máxima por tanto.

Y para los neófitos, he aquí una docena de canciones, probablemente mis favoritas de The Stranglers:

1. Midnight Summer’s Dream (1983).

2. No More Heroes (1979)

3. Golden Brown (1981)

4. Nice ‘N’ Sleazy (1978)

5. The Man They Love To Hate (1981)

6. Peaches (1977)

7. Always the Sun (1986)

8. Toiler in the Sea (1978)

9. Something Better Change (1977)

10. Nuclear Device (1979)

11. European Female (1983)

12. La Folie (1981)

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