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Fecha: abril 21, 2014
Donald Rumsfeld y Noam Chomsky, autorretratos a través de otros // Atlántida Film Festival (1)
Ricardo Aldarondo 21-04-2014 | 12:18 | 0

En el Atlántida Film Festival, el festival al que se asiste en internet, con una programación de películas aún inéditas en España (incluídos algunos estrenos mundiales) y disponibles por poco dinero, se pueden ver dos películas de directores ilustres que indagan en la personalidad y obra de dos personajes más ilustres aún, y famosos e influyentes. Ambos trabajos, muy diferentes, se basan en una larga entrevista. Ambos personajes se autorretratan a través de su conversación con los directores. Una de las dos, curiosamente, es prácticamente una película de animación.

THE UNKNOWN KNOWN, de Errol Morris.

Donald Rumsfeld, el mago de las palabras. En realidad este hombre fue Secretario de Defensa de Estados Unidos en los años 70, con Gerald Ford, y luego con George W. Bush (entre otros cargos), responsable por tanto de las operaciones en Afganistán y la invasión de Irak. Pero aparte de las armas a gran escala, le gusta jugar con las palabras, al parecer. Y repite como una especie de mantra, entre infantil y arrogante, lo que considera un inteligentísimo análisis del poder de la información, combinando en distinto orden las palabras del título, lo sabido y lo desconocido, para plantear incógnitas sobre lo que conocemos y lo que creemos conocer, lo que desconocemos que conocemos y conocemos que desconocemos. Eso le intriga y fascina muchísimo, y forma parte de su verborrea, que Errol Morris, avispado, paciente y austero director de documentales que ya hizo algo parecido con otro secretario de Defensa en Rumores de guerra (2003), deja que fluya con libertad y tranquilidad.

Y así, a medida que Rumsfeld va contando su vida, y su trabajo como agente de un modo u otro de buena parte de los conflictos internacionales de las cuatro últimas décadas, se va retratando. Realmente no desvela gran cosa: la revelación es precisamente el asombro que produce que un hombre con ese poder hable con esa frivolidad por un lado, y con una especie de vehemencia vacía, un tono de aparente seguridad para dotar de firmeza a frases aparentes que en realidad carecen de significado relevante. Y más que esconder la verdad, que se supone que también, da la impresión de que Rumsfeld tampoco es capaz de hacer un análisis profundo, claro y certero de la política, las decisiones relevantes, la responsabilidad.

Errol Morris intercala otras declaraciones, las realizadas por Rumsfeld en ruedas de prensa durante sus mandatos, en las que abundan las evasivas, los trabalenguas, la retórica vacía con tal de no contestar a los periodistas. Porque calla lo que sabe, o porque no sabe. Y siempre con una sonrisa, entre cínica y bobalicona. Esa sonrisa permanente, que determina la frase del cartel, tan demoledora: “¿Por qué sonríe este hombre?”. Y al final, en la respuesta a la última pregunta que le hace Morris (“¿por qué aceptó participar en esta película”?), se resume perfectamente la estupefacción que produce el personaje.

 

IS THE MAN WHO IS TALL HAPPY?, de Michel Gondry.

Curiosamente, también la película sobre el filósofo y activista Noam Chomsky encierra un cierto trabalenguas en su título, parte de las teorías del protagonista sobre el lenguaje y el conocimiento. En lo que Michel Gondry subtitula como “una conversación animada” (otro juego de palabras), el director de ¡Olvídate de mí! (2004), La ciencia del sueño (2006) y Rebobine, por favor (2008) toma una decisión curiosa, y coherente con su mundo de fantasía artesanal y algo infantil que desplegó en las dos últimas de las películas citadas: aunque filmó la entrevista con una pequeña y vieja cámara, apenas incluye imágenes de esa conversación. La película se articula con el sonido de la entrevista sobre un abigarrado en incesante encadenado de dibujos en forma de animación primaria, en parte heredera del Yellow Submarine de The Beatles y con trazo como de rotulador escolar, que van creando imágenes como el borbotón del pensamiento, a medida que Chomsky elabora sus teorías sobre la evolución de los seres humanos, la vida y la muerte, lo heredado y lo aprendido, la genética, la ciencia, la intuición, las creencias, el lenguaje, la comunicación y otra serie de temas más o menos filosóficos.

A pesar del colorido, la gracia y la efervescencia de los dibujos de Gondry, las dos vías del relato pueden resultar algo áridas, tanto la visual, por pura acumulación, como las ideas que vierte Chomsky, y también Gondry, que van de lo concreto a lo conceptual, de las certezas a las preguntas sin respuesta, o las respuestas más intuitivas que certificadas. Pero la imperfección de la forma es parte del propio relato: Gondry incorpora sus obsesiones por terminar el peculiar documental mientras está rodando otras películas de ficción que hizo simultáneamente, The Green Hornet (2011) y La espuma de los días (2013), y trata de explicar a posteriori los malentendidos que se crean en la conversación, cuando hace sus preguntas a un Chomsky que a veces parece salirse por la tangente cuando le conviene o no tiene una respuesta concreta. Pasando de lo abstracto a lo terrenal, hay un pasaje muy bonito sobre la relación con su mujer, desde que ella tenía 19 años hasta que murió. Y hay muchas ideas, cuestiones eternas, que plantean al espectador interesantes dilemas; otras se pierden en la nebulosa de lo inabarcable. También hay muchos momentos de regocijante imaginación y gracia en los dibujos animados, en una película peculiar, algo farragosa, pero estimulante para los sentidos y la razón.

 

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El concierto idílico de Barzin, entre el monte y el mar
Ricardo Aldarondo 21-04-2014 | 1:34 | 0

Los asistentes tuvieron la sensación de haber participado de un privilegio, uno de esos planes casi casuales que salen modélicamente bien, un concierto dentro de un todo idílico. A las doce de un soleado mediodía, entre el monte y el mar, en Igeldo, y con una música preciosa.

¿Qué hacía un cantautor canadiense y su banda en un gallinero de Igeldo? Barzin y su impecable grupo se dejaron llevar. Buena parte del público tampoco sabía muy bien a dónde iba, ni conocía a los músicos: Undermount, gallinero reconvertido en centro cultural, al lado del observatorio meteorológico de Igeldo, es aún un lugar en nacimiento y a descubrir; y Barzin, que acaba de publicar su cuarto elepé, el magnífico To Live Alone in That Long Summer, (véase el anterior post) es aún tesoro de minorías.

Además, el canadiense ha publicado un EP exclusivo en el sello donostiarra Moonpalace Records. Y de él interpretó Sad and Beautiful World, tras comenzar, como en el LP, con All the While y Without Your Light. La luz estaba presente desde el principio: el sol de mediodía que entraba por las ventanas, sin ocultar los árboles, la hierba y el mar que nos rodeaban; la blancura de ese acogedor salón casero que es Undermount; y la luminosidad, con sus claroscuros, de la canciones confesionales de Barzin, envueltas en un manto cálido con el vibráfono y la voz femenina, la slide guitar y en general la perfecta economía de medios que gestiona magníficamente la banda, mientras Barzin Hosseini interpreta sus letrs con sencillez y entrega conmovedoras.

Su cancionero es ya amplio y de mucha altura todo él, pero Barzin acudió a una de las canciones de Jason Molina, con su alias  Songs: Ohia para hacer una versión sublime de Cross the Road, Molina.

También acudió a sus anteriores discos para recupera Let’s Go Driving o Past All Concerns, antes de volver a las composiciones recientes, como You Were Made For All This, In the Dark You Can Love This Place y It’s Hard To Love Blindly.

En ese acogedor salón casero que es Undermount, con sus sofás y su mueble bar, casi lleno de curiosos que salieron rendidos a los músicos y el lugar, todo resultó radiante como el sol de esa mañana de sábado que se rubricó con la cautivadora Queen Jane.

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