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Fecha: abril 24, 2014
Rescatando sombras, salvando cines // Atlántida Film Fest (3)
Ricardo Aldarondo 24-04-2014 | 11:11 | 0

En el Atlántida Film Fest de Filmin hay una sección, Reflejos, dedicada al cine dentro del cine, a documentales sobre distintos aspectos de la historia, creación, distribución o exhibición cinematográfica. Entre ellos, estos dos:

RESCATANDO SOMBRAS, de Julián Franco Lorenzana.

La foto de una antigua lata con la película que contenía convertida en una especie de arcilla quebradiza, por efecto del tiempo sobre los materiales que se utilizaron en distintas etapas del cine, llama la atención a cualquiera que se interese y se duela por la pérdida y deterioro de buena parte del cine, sobre todo en las primeras décadas de su historia. Rescatando sombras aborda la restauración de películas, el rescate de films mudos, la investigación desesperada en pro de su salvación, pero también toca muchas más cosas, y esto va en su detrimento. En solo una hora, además de centrarse en la función y todo lo que contiene y preserva una filmoteca, se dispersa en otros aspectos  del cine, desde cómo se financia una película y las ayudas oficiales disponibles, a un repaso (somero, claro) a movientos como el expresionismo alemán y la nouvelle vague, o el espacio que ocupa una película en el imaginario colectivo, en los ‘textos’ que necesitamos para vivir. Demasiados palos, que van surgiendo de manera caótica saltando de uno a otro de los entrevistados.

Pero Rescatando sombras tiene un buen punto de partida e interesantes aportaciones cuando se centra en lo que interesa en este caso, el asunto filmotequero. Todo se cuenta desde el punto de vista de Ana, una vigilante de origen latinoamericano que en la Filmoteca Española se va dejando empapar por el misterio que desprenden las latas de película en los almacenes y el ambiente del lugar y sus actividades, que va fascinando poco a poco a una mujer que, confiesa, sólo iba al cine el domingo al estreno más taquillero, y se empieza a interesar por los clásicos, la versión original subtitulada, y los debates cinéfilos. Es una bonita manera de introducir al neófito en las funciones y atractivos de una filmoteca, en la maravillosa labor que realizan y en esa joya que es el cine Doré, con las enseñanzas de Antonio Santamarina. También son interesantes las explicaciones de Álvaro del Amo sobre la tecnología del pasado y el presente, y la dificultad de combinarlas; o el relato de la labor de locos que es buscar, ordenar y restaurar fragmentos de películas rescatados de la primera época del cine, como explica Luciano Berriatúa. Otras aportaciones no carecen de interés, pero como decíamos, se desvían a terrenos que debían formar parte de otros documentales. Que solo con la labor filmotequera, y sus devotos, había para más de una hora de fascinación sobre los orígenes y deterioros del cine. Aún así, aporta buenas ideas, conocimientos y sensaciones.

 

 

REEL DREAMERS, de Silvia Angrisani y Lorenzo Cioffi.

Jugando con la fonética del inglés para equiparar el rollo de película con el real y efectivo anhelo de estos soñadores, y a pesar de ser una producción italiana, Reel Dreamers se centra en los cines independientes que permanecen en funcionamiento en París, desafiando a todas las batallas, crisis y cambios de paradigma del medio. Yonquis del cine, y no sólo de las películas, sino de sus rituales y su técnica, que heredaron un cine de su padre, o se enteraron de que se vendía una sala en ruinas y la compraron para ofrecer a sus clientes sus películas queridas como quien invita al salón de su casa a los mejores amigos para darles una cena exquisita.

Programan lo que otros no quieren y que ellos convierten en joya a apreciar: películas de reestreno, minoritario cine de autor, sesiones especiales como la de Rocky Horror o clásicos de Fritz Lang. Y, como dice uno de ellos, no dividen las películas en antiguas y nuevas, clásicos y estrenos, sino en películas buenas y malas. “Y procuramos dar las buenas”, dice riendo. Esos pequeños cines maravillosos, y sus divertidos, entusiastas y un poco frikis dueños, son capaces hasta de ponerse en la calle a reclutar clientes, en una escena costumbrista que es de lo más gracioso de un filme que en solo 40 minutos da una panorámica de la efervescente actividad cinéfila de París, que aún permanece viva y fascinante, y de unos modos de vida alternativos o a contracorriente, que tan necesarios son.

Ah, y se destaca en el documental que el Ayuntamiento de París cuida como oro en paño los cines y su diversidad, o al menos es consciente de la importancia que tienen para la idiosincrasia de la ciudad. Y temen e intentan evitar cualquier cierre. Como en España…(ejem).

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