Diario Vasco
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Pretendientes muy atractivos: crónica extendida de The Pretenders en Jazzaldia
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Ricardo Aldarondo | 23-07-2017 | 10:22| 0

Miles de personas se congregaron el viernes por la noche ante la llamada de The Pretenders, en el momento álgido y más multitudinario de la gran fiesta de apertura de la 52 edición del Jazzaldia que ha sido el Jazz Band Ball en la playa de la Zurriola.

Con rotunda y juvenil energía rockera salió al gran Escenario Verde la carismática Chrissie Hynde al frente de una de las bandas más fundamentales en el pop-rock desde finales de los años 70. Flanqueada por Martin Chambers en la batería, el único ‘pretendiente’ que ha permanecido desde los inicios, los habituales James Walbourne (guitarra) y Nick Wilkinson (bajo), más el teclista Carwyn Ellis, capaz de colorear de pop elegante y distinguido cualquier cosa que caiga en sus manos, Chrissie Hynde se mostró imbatible. A sus 65 años conserva su estilazo, la pose entre seductora y retadora y una voz en plena forma.

Su reciente y consistente álbum ‘Alone’ sirve como tarjeta de presentación para recordar que a pesar de ocho años de ausencia la banda está de regreso con cosas nuevas que contar. Pero Hynde y los suyos limitaron a dos la presencia de nuevas canciones para abrir el concierto, que centraron en un soberano recorrido por sus contundentes y variados éxitos de todas las épocas.

El cielo se mostraba ya a salvo de lluvias y con las últimas luces del día, y ante un gentío que invadía arena y terrazas, salió Chrissie Hynde con sus Pretenders y una camiseta de Elvis, cinturón de tachuelas y pantalón vaquero ajustadísimo. Y plenamente rockera. Tras ‘Alone’ y ‘Gotta Wait’ del último disco entro de lleno y sin descanso en una traca de ‘hits’ de los años 80, que empezó con la efusiva ‘Message To Love’. Con el ritmillo de ‘Don’t Get Me Wrong’ comenzó el bailoteo, las palmas y los coros del público mientras Hynde exclamaba “¡fantástico!” asi en castellano.

Dedicaron la primeriza ‘Kid’ al guitarrista James Honeyman-Scott, uno de los dos miembros originales  que murieron a causa de las drogas en el primer esplendor del grupo. Su melodía guitarrera en esa canción permanece inmarchitable. Como en la otra perla que vino a continuación, ‘Talk of the Town’.

Chrissie se descolgó la guitarra eléctrica, con la que había acompañado el primer tramo con energía en la rítmica, y entonó la espiritual melodía de ‘Hymn To Her’, solo acompañada por el eclesiástico órgano y con su voz tremendamente expresiva.

No se olvidó Hynde de las composiciones de Ray Davies, su primer marido y líder de The Kinks, que Pretenders hicieron suyos en sus dos primeros discos, y ofreció un ‘Stop Your Sobbing’ que acabó alargando la nota final como para demostrar hasta qué punto está aliada con la eterna juventud.

Tras ‘Let’s Get Lost’ se aceleró el ritmo vaquero con ‘Boots of Chinese Plastic‘. Fue casi mágico cómo la aparición de los colores del crepúsculo entre las nubes coincidió con la maravillosa melodía de ‘Back On The Chain Gang’.

Otro tramo cañero con ‘Night in My Veins’ y un pelotazo como ‘Brass in Pocket’ se transformó en pleno anochecer en la emotiva y solidaria balada ‘I’ll Stand By You’. Sin necesidad de montajes de ningún tipo, sin forzar la natural interacción con el público, apoyándose solo en un glorioso repertorio en fluida y sentida interpretación, Pretenders se pusieron también vaqueros en ‘Thumbelina’ con Carwyn Ellis en la acústica y James Walbourne exprimiendo la velocidad de su punteo hasta el delirio. Enorme ovación al terminar, claro.

Pero James siguió a tope en ‘Mystery Achievement’ , que fue enlazada con los festivos coros de ‘Middle of the Road’ que el público entonó en total complicidad, mientras Chrissie atacó con la armónica que se sacó del bolsillo trasero del pantalón.

Pletóricos de principio a fin, The Pretenders volvieron para un generoso bis, de nuevo instalados en los inicios del grupo, con ‘The Wait’ y la arrolladora ‘Precious’. Precioso, si, y de altísima calidad rockera y de colectivo gancho popular, fue lo que hicieron The Pretenders en una de las más gozosas noches playeras del Jazzaldia.

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León Benavente, la furia amigable que iluminó Intxaurrondo
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Ricardo Aldarondo | 05-06-2017 | 10:54| 0

Dudé si ir al concierto de León Benavente, no porque no supiera que el suyo es de los mejores directos que puede dar ahora mismo el rock español, sino porque todo no puede ser. Pero por casualidad me encontré en la mañana del sábado con Gregorio Gálvez, que se confesó inmediatamente fan total y versado, y me incitó a no perdérmelo. Como Gregorio, 40 años después del apogeo de Club 44, sigue siendo maestro que enseña, orienta y guía y, sobre todo, contagia pasión, fui a Intxaurrondo, cuando en la taquilla estaban con el cartel de ‘sold out’ entre manos. Antes habían actuado los donostiarras Pet Fennec pero lamentablemente no pude verles.

Y como vienen contando las crónicas durante el año largo que el cuarteto lleva de gira imparable, lo de León Benavente fue arrollador, eufórico, pasional, excitante, tan feroz como, sobre todo, amigable. Fue curiosa la división involuntaria, pero feliz, que un problema técnico ocasiónó en el concierto. En la primera parte, se confirmaron todas las bondades que proclamaba Gregorio: ese sonido con aroma a los 80, pero de un modo radicalmente distinto a lo que se suele definir como sonido de los 80. Y en absoluto mimético. Una cosa es que a veces te vengan a la cabeza The Psychedelic Furs o The Sound o Devo o Killing Joke, o en general lo que se dio en llamar post-punk en su vertiente más sofisticada y con adornos techno, o que cuando se sueltan la melena logren la energía de The Clash. O que la determinación y la altura artística de todo pueda medirse con la de unos Radio Futura, o que las intermitentes proclamas un poco surrealistas evoquen a las de Aviador Dro o que los fantásticos bajos de Eduardo Baos rescaten por todo lo alto el importantísimo papel que ese instrumento tuvo en los grupos de aquella época. Pero no hay nada de revival o nostalgia en León Benavente, solo una forma de hacer rock que es necesaria y perfectamente contemporánea y que no se adscribe a ningún estilo concreteo, solo denota una cultura musical importante y una personalidad propia como único faro.

Abraham Boba, con esa rara combinación de teclista y ‘frontman’ que no para quieto, tiene un sentido artístico que pocos cantantes poseen: en la forma de decir las letras tan trabajadas y sugerentes y a veces políticas sin partido; en la expresividad de los movimientos; en la perfecta combinación de sensibilidad, proclamación y furia. Cuando coge las maracas nos damos cuenta que comparte esa vis escénica con un Nick Cave; de nuevo, sin mimetismos.

Decíamos que hubo una primera parte, ya contundente e incontestable, con temas como Se mueve, Ánimo valiente, Revolución o Rey Ricardo. Hasta que hubo que interrumpir una canción, Estado provisional, que habían dedicado a Pedro San Martín, el bajista de La Buena Vida que falleció hace seis años, y que tenía tantos amigos en la música que son continuos los homenajes y recuerdos. Y, por cierto, uno le veía un considerable parecido físico a Abraham con Pedro: esos rizos medio canosos.

De pronto el equipo exterior no sonaba, el público hacía gestos o bramaba “¡que no se oye!”, y los técnicos recomendaron parar. Fueron cinco minutos de espera, y el cuarteto salió de nuevo en plan ‘os vais a enterar’. Arrolladores, implacables, contagiosos de una furia alegre y desbordante, enlazando sin descanso Gloria, Celebración y La palabra. Comunicación total con un público que se sabe buena parte de las letras, porque son complejas pero también tremedamente adictivas y sugerentes.

El funk de Maestros antiguos (“tengo la suerte de ser viejo”, canta Abraham: la reivindicación de una cierta edad frente a la imperante falsa juventud de hoy es otro de los activos de León Benavente) y de Aún no ha salido el sol fue otro ejemplo de cómo saben mantener la melodía y el refinamiento vocal y los matices de intensidad incluso cuando se ponen más brutalmente cañeros.

Y como estaban de celebración, por el año y pico que llevan de gira con su segundo álbum, porque había metido en Intxaurrondo más del doble de público que cuando tocaron hace tres años, porque estrenaban un equipo de luces que se gradeció mucho en unos tiempos en que pocos grupos cuidan ese aspecto (la austeridad económica, claro) y porque era el cumpleaños de dos de los componentes del equipo, nos regalaron la fabulosa versión que de vez en cuando hacen de Han caído los dos de Radio Futura, con la incorporación de dos de los técnicos de sonido a la guitarra y el teclado. Aquí está al completo.

El final fue apoteósico, con Abraham como un iluminado de nuevo bajando entre el público, y ejercitando ese contacto directo que tanto le gusta, tocando la nariz a unos, abrazando a otros, poniéndose cabeza con cabeza en plan carnero vacilón con el fotero. Y Ser brigada fue un himno colectivo, enloquecedor y feliz. Gregorio tenía razón, una vez más, y me ganó para la causa.

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Cracker: Disfrute al natural
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Ricardo Aldarondo | 07-05-2017 | 7:21| 0

(Versión ampliada de la crítica publicada en El Diario Vasco el 6 de mayo de 2017).

Músicos: David Lowery (voz, guitarra), Johnny Hickman (guitarra, voz), Bryan Howard (bajo), Carlton (Coco) Owens (batería), Matt ‘Pistol’ Stoessel (guitarra steel). Primera parte: Los Bracco. Lugar: Centro Cultural Intxaurrondo, San Sebastián. Fecha: 5 de abril de 2017. Asistencia: 250 espectadores.

La acumulación de conciertos en la noche del viernes y el hecho de que algunos espectadores llegaban del de Loquillo explicaban el vacío inicial. Pronto la sala alcanzaó buena entrada y ambiente cálido,  que Los Bracco ya se encargaron de cimentar, contundentes y convincentes como siempre, con su estupenda ración de rock & roll versátil, hasta el soul- funk de SayonaraTraficantes.

Los californianos Cracker nos desarmaron y conquistaron desde el primer instante y por el flanco más melancólico: salieron solo David Lowery con guitarra española, Johnny Hickman acariciando la eléctrica y Matt ‘Pistol’ Stoessel con la steel y emocionaron con la bella y grave Dr. Bernice y la versión del Loser de Grateful Dead que ya grabaron hace años. Y desde ahí todo fue un crescendo en magnífica progresión, aumentando la pasión, la electricidad y la intensidad con un repertorio excelso, con la naturalidad de los maestros avezados y la autenticidad de quienes se han pateado musicalmente todas las esencias clásicas y contemporáneas de la música americana, con la frontera como inspiración.

Desde la perfecta sencillez de Where Have Those Days Gone al country de Mr. Wrong, la caña de Teen Angst (What the World Needs Now) -en la que al batería se le saltó un palillo por los aires, cuestión que resolvió sin fallar ni un solo golpe-, esa habilidad para crear estribillos acogedores aunque no facilones como en The Golden Age o el acercamiento grunge de Low, su mayor y primerizo éxito aunque no desde luego su mejor canción, lo de Cracker fue un disfrute permanente. Tanto cuando cantaba el serio Lowery (qué saber estar tan impecable con sus camperas) como cuando tomaba el protagonismo en la voz Johnny Hickman, en California Country Boy y Wedding Day, brillaban las melodías y los sentimientos. Y las guitarras: los punteos de Hickman, al que se veían disfrutar en primera línea, sobre todo en el largo y excitante solo de Sweet Potato o con los riffs hard de Sweet Thistle Pie, y el dominio en la steel de Stoessel, que tanto juego ambiental dio. A veces uno sucedía al otro, no en duelo, sino en éxtasis matrimonial. Mientras tanto, el bajo de Bryan Howard era como un martillo pilón forrado de tercipelo, mientras él hacía muecas en el momento más desenfadados de la noche, con ese look a contracorriente del resto del grupo, como salido de una banda jamaicana.

No se olvidó Lowery de su primera banda, Camper Van Beethoven: de aquel notable álbum debut de 1986, Telephone Free Landslide Victory, que en España publicó en su día Nuevos Medios, recuperaron Take The Skinheads Bowling, que encajó perfectamente en el repertorio multidireccional de Cracker. Otro rescate sugerente fue Pictures of Matchstick Men de Status Quo.

Campechanos como ellos solos y también elegantes, dando la sensación de que se encontraban muy a gusto y disfrutando tanto como el entregado y conocedor público, y beneficiados por un excelente sonido durante todo el concierto, ni siquieran echaban mano de ‘roadies’ : Lowery fue dos veces al backstage a por otra guitarra pateando ruidosamente sobre el escenario con sus botas granates, mientras Johnny se reía preguntando en alto “where is Danny?”. Al supuesto roadie se le oyó tropezar o caer del cielo a un lado del escenario, pero ya Lowery se había colgado la otra guitarra.

Get Off  This, Euro Trash Girl, One Fine Day o Gimme One More Chance formaron parte de la traca final, antes de regresar al formato acústico con Around the World. Dos horas gozosas de principio a fin.

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El paseíllo de Loquillo por el Kursaal
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Ricardo Aldarondo | 07-05-2017 | 1:34| 0

Loquillo abarrotó en la noche del viernes el Kursaal en San Sebastián, “la ciudad que ha conquistado mi corazón”, según expresó el cantante sobre su lugar de adopción desde hace años. A lo largo de casi dos horas de concierto, el cantante barcelonés mostró una vez más su dominio del escenario, su bagaje polifacético dentro se su amor por el rock & roll y acompañado de una banda sólida y dinámca, desgranó con potencia y elegancia algunas canciones de su último álbum ‘Viento del Este’, y muchos de sus éxitos.

Durante la interpretación de ‘Carne para Linda’, Loquillo recorrió los pasillos del Kursaal y cantó entre el público. También sonaron ‘El hombre de negro’, ‘Cruzando el paraíso’, ‘Memorias de jóvenes airados’ o ‘La mataré’, antes de acometer en el largo bis algunas de sus perlas de sus inicios, como ‘Quiero un camión’, ‘Esto no es Hawai’ y ‘Rock & Roll Star’, para terminar con ‘Cadillac solitario’.

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De Popocho a Havoc: reunión espontánea de las generaciones del Donosti Sound (y más)
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Ricardo Aldarondo | 24-04-2017 | 7:27| 0

Fue algo parecido a una reunión histórica, como sin querer. Era la presentación de los discos de Puskarra y Aristogatos, con los que Subterfuge Records emprende la loable y casi milagrosa misión de recuperar el primer Donosti Sound y otros comienzos de la estela del pop-rock donostiarra que nació hace unos 40 años y ha sido cultivado en distintas mutaciones. La cita era en Beltza Records, la tienda que Luis ha mantenido a flote e imbatible desde hace unas tres décadas, con especial devoción por los grupos locales.

José Luis Argomaniz (Puskarra) departiendo con Juancar Landa (Jocano); en medio, Irantzu Valencia (La Buena Vida) abraza a Carlos Galán (Subterfuge); y a la derecha con gafas blancas, Havoc.

No había más llamada que el reclamo de los lustrosos discos que reúnen todo el material inédito rescatable de los primeros tiempos de Puskarra y seis canciones halladas ‘in extremis’ de uno de los primeros grupos en que creció Mikel Erentxun, Aristogatos, algo parecido al germen de Duncan Dhu.

Pero quisieron acercarse en la plácida tarde soleada otros músicos, amigos y curiosos, testigos de la época (1978-1982 es el periodo que abarcan esas grabaciones) o herederos de cierto espíritu que va perviviendo con todas las mutaciones y todos los reciclajes de la etiqueta Donosti Sound que se quiera. Y todo con el maestro de ceremonias perfecto, Gregorio Gálvez, nuestro John Peel total, que ha ido empujando desde sus programas de radio en Radio Popular, sobre todo con su legendario ‘Club 44’, a todas y cada una de las generaciones de la música donostiarra.

Y como quien no quiere la cosa, entre besos, abrazos y presentaciones mutuas, frente a Beltza Records se fue congregando una pequeña pero más que simbólica representación de todas las generaciones del pop-rock donostiarra, toda vez que Havoc, el eslabón más actual, apareció en escena desde el primer momento con total implicación e interés por sus mayores, aunque no se identifique con la famosa etiqueta (como casi todos los grupos a los que se le ha aplicado, por otra parte).

Foto: Iñaki Estévez

Cuando apareció de pronto Popotxo, todo elegancia y simpatía, como siempre, el arco se completó. Faltaría alguna representación del pre Donosti Sound, de Brakaman o Negativo. Y tantas bandas más que dejaron su huella en las distintas épocas, claro. No es que fueran muchísimos músicos los presentes, pero sí estaban al menos representados los distintos eslabones, y esa congregación intergeneracional no creo que se haya dado nunca antes: Popotxo como estandarte de la ORQUESTA MONDRAGÓN que comenzó precisamente haciendo performances surrealistas en el programa de Gregorio Gálvez; el primer y auténtico Donosti Sound, con PUSKARRA casi al completo (solo faltó el batería José), y algún miembro de MOGOLLÓN y UHF; de los casi coetáneos ARISTOGATOS estuvo Mikel Arzallus (que luego formó parte de INSIGNIFICANTES), MIKEL ERENTXUN viajaba desde Sevilla y no pudo llegar a tiempo. De esos primeros 80 hubo incluso representación punk, con la presencia de Nando, guitarrista de NO y de los aún activos y combativos SPEED; y de cantautor a contracorriente, con Juancar Landa, de IGUALES Y TÚ y SANCHÍS Y JOCANO. También estaban componentes de la ‘generación perdida’ del 84-86, los que no consiguieron grabar ningún disco, aunque bien lo hubieran merecido, como OTOÑO FIEL, LOS ÚLTIMOS y LA VIEJA ESCUELA. Del llamado Donosti Sound de finales de los 80 y primeros 90 llegó al menos Irantzu Valencia, de LA BUENA VIDA, y JOSERRA SENPERENA, quien además de colaborar con ellos como arreglista y teclista, ya empezaba en esos años 90 con sus primeros discos en solitario. Cerrando el círculo hasta la actualidad, además de HAVOC, hay que contabilizar a RAFAEL BERRIO protagonista en casi todo ese arco temporal y ahora en su mejor momento artístico. Mención especial merece CHELI LANZAGORTA, que ha formado parte importante de todos esos eslabones (como parte de la Orquesta Mondragón, Puskarra, Amor a Traición, La Buena Vida y, pronto, Amateur), como músico y diseñador. Y además también acudieron técnicos de luces (Javi Beristain y Ramón Setién)  y sonido (Luis del Campo), y el promotor Iñigo Argomaniz (de Get In) que tanto ayudaron a poner en pie aquellos conciertos autogestionados y montados hombro con hombro, además de otros actuales como Iñaki Estévez de Nordika. (Probablemente me deje alguno de los presentes, cualquier aportación será bienvenida).

Y así fue (en parte) la presentación de los discos de Puskarra y Aristogatos…

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