Diario Vasco
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Desde Cannes (5): El pulso de Iggy
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 01:20| 0

No contento con haber aportado la película más redonda de la competición de este Cannes que ya entra es su recta final, Paterson, Jim Jarmusch presentaba ayer fuera de concurso otra película, un documental sobre “la mejor banda de rock & roll” de la historia, The Stooges. Con ese convencimiento, y armas para demostrar que si no fue la mejor, la banda despegó Iggy Pop como un cohete peligroso es, desde luego, única, mítica y con una capacidad de influencia a posteriori abrumadora.

En su faceta de amante de la música y documentalista, Jarmusch vuelve a volcar su maestría. Como concepto de documental, ‘Gimme Danger’ es casi clásico: una entrevista actual sin desperdicio a Iggy Pop es la columna vertebral (no torcida, como la del protagonista), de un relato modélico, con un montaje de imágenes admirable, rápido y conciso, pero que evita la tan habitual acumulación que aturde. Jarmusch revela como un grupo que ni siquiera tuvo el reconocimiento posterior de The Velvet Underground, rompió todos los esquemas, con un desafío sin igual a todo lo establecido. Y además sin ninguna intención política, social o trascendental. Abocados al peligro, empujados por un nervio eléctrico, capaces de hacer con dos acordes música de vanguardia.

Las zambullidas de Iggy en el público que él inventó, su frotamiento con el escenario hasta sangrar o los visibles desfases con las drogas darían para mucho morbo, pero Jarmusch abomina del espectáculo gratuito: esto es rock & roll salvaje auténtico y desde dentro. No solo hay imágenes documentales de un grupo de oscura trayectoria, Jarmusch construye con flashes de series, noticiarios o escenas de animación realizadas para la ocasión lo que Iggy y los otros miembros del grupo van contando, hasta sacar a la luz magnificament e la historia y el pulso interno del grupo y también de la época que marcaron. La forma sencilla, visual, rotunda, de explicar cómo en los Stooges está el germen del punk, entre otras cosas, resulta modélica. Y que uno de los cantantes con imagen más peligrosa y enloquecida se revele tan lúcido, preciso y apasionante en todo lo que relata, es tan asombroso como el carácter de superviviente que exhibe entre el orgullo y la risa. Ahí está, coleando en el centro de la imagen, mientras Lou Reed y David Bowie, con quienes se cruzó en un momento determinante del Nueva York de los 70, tristemente sucumbieron.

 

 

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Desde Cannes (4): De puertas afuera, Almodóvar y Laxe
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 00:13| 0

No hay más que echar un vistazo a las publicaciones francesas, inglesas o americanas que se ven aquí en kioskos o en el Festival: Pedro Almodóvar está en la portada de varias de ellas, y todas dedican un lugar preferente a Julieta en los reportajes de presentación de esta edición. Almodóvar está muy considerado, eso es evidente, en el mundillo cinematográfico extranjero. En su país, ya tal. No hay gestos de admiración y orgullo institucional-político, como sí los hay con los deportistas, aunque es evidente que Almodóvar es ‘un Rafa Nadal’ de la cultura de puertas afuera. Siempre se prefiere citarlo con cualquier cosa que no tenga que ver con sus películas, pero el manchego está en el olimpo internacional del cine. Ayer en Cannes se aplaudió su notable Julieta y dio una rueda de prensa que se disfrutó como un gran espectáculo en sí mismo.

Quiso la casualidad, o el ojo de los programadores, que a la misma hora matinal se ofreciera en otro lugar de Cannes, la Semaine de la Critique, la nueva obra de otro cineasta español (de nacionalidad, porque nació en París, circunstancias de sus padres emigrantes), el gallego Oliver Laxe. Hace seis años ya debutó en la Quinzaine des Realisateurs con Todos vós sodes capitáns y ahora vuelve a Cannes con Mimosas, que tiene poco de española y ningún apoyo oficial. Sin embargo Laxe es un eslabón más en lo que se certifica continuamente: que los cineastas españoles que trabajan en el cine más marginal o experimental son los que tienen continua y firme presencia en los festivales internacionales más destacados. Laxe, que hace cosa de un año presentó su primer filme en Los Jueves del Trueba en San Sebastián, muestra en Cannes un sugerente, enigmático y bello recorrido de una caravana que acompaña a un jeque moribundo en el Atlas de Marruecos. Una cierta idea de la fe, ambigua y abierta, conduce un relato que se apoya en escarpados paisajes y personajes desprovistos de cualquier artificio. Laxe deja puertas abiertas a la interpretación y la reflexión personal, con un filme si no místico, sí en busca de una cierta trascendencia. Y rodado con mucha valentía y esfuerzo, o eso parece.

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Desde Cannes (3): Jim Jarmusch y Jeff Nichols
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 00:33| 0

Cuando se aplica el adjetivo ‘poética’ a una película, saltan todas las alarmas. Lo más probable es que sea bella, evocadora o incluso cursi. Pero nada que ver con la poesía. Todos caemos en la tentación de ese adjetivo. Jim Jarmusch no ha hecho con Paterson una película poética, pero pocas veces el cine ha indagado de una manera tan natural y cristalina en la poesía como impulso del ser humano, de cualquiera con un lápiz y una hoja en blanco.

El argumento de Paterson se puede resumir en un conductor de autobús y una chica que hace ‘cupcakes’ que se quieren y son felices. Él además escribe poemas en una libreta. Y Jarmusch cuenta su rutina durante los siete días de la semana. Lo asombroso es la cantidad de cosas que sugiere Jarmusch a través de pequeñas conversaciones casuales de otros personajes, cómo entrecruza la vida diaria de una población que parece fuera del tiempo, sin salirse de esa pequeña rutina de la pareja, y trasciende lo anecdótico para hablar de todo lo importante desde su característico minimalismo. Su ironía refinadisima y paradójica, sus citas cinematográficas, literarias y musicales exentas de pedantería, la perfecta medición de la estructura y de cada plano tan calculados y tan naturales al mismo tiempo y el encanto permanente de Adam Driver y Golshifteh Farahani, hacen de Paterson un compendio magistral del genuino estilo de Jarmusch sin que nada aparezca reiterativo o gastado. Jarmusch sigue siendo moderno con esta delicadeza luminosa e inspiradora.

También Loving está protagonizada por dos seres que se aman y son felices. O lo serían si en algunos de los Estados Unidos en los años 50 y 60 no estuviera perseguido el matrimonio entre un blanco y una negra. El director Jeff Nichols entrega su película más convencional de estilo y con un planteamiento que podría ser carne de telefilme. Pero la sutileza y la elegancia clásica de su puesta escena hacen de este melodrama algo especial y emotivo, nada lacrimógeno. Le dirán que la ha hecho mirando a los Óscar. Pero no es un producto mecánico, ni hace de su reivindicación un panfleto.

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Desde Cannes (2): Un poco de más
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Ricardo Aldarondo | 20-05-2016 | 05:53| 0

En solo 24 horas hemos visto en Cannes tres películas en competición que rondan o superan las dos horas y media de metraje. El tiempo es relativo, y más en el cine, pues esa es su materia básica. Hay cortometrajes que se hacen largos al verlos, y en cambio las cinco horas y media de Carlos resultaban precipitadas. El cine sin gasto de película física promueve el metraje de balde. El problema, más que la duración, es que lo que se expresa en pantalla empiece a dar vueltas sobre sí mismo y surja en el espectador la temible pregunta mental, ‘¿cuando va a acabar esto.”.

Y así le sucede a uno con la muy alabada por la mayoría Toni Erdmann, que ya plantea suficientemente durante, pongamos, hora y media, su peculiar relación entre una hija ejecutiva y un padre bromista y alocado, entre un mundo frío y mecanizado y otro libre e impulsivo. Este filme alemán firmado por la directora y productora Maren Ade tiene momentos realmente divertidos, y una de sus secuencias más singulares está en la parte final (no así la más obvia del karaoke, que arrancó una ovación). Pero para entonces las reiteraciones han hecho mella en el personaje del padre, cuyas gracias acaban resultando cargantes. Aun así, muchos ya la quieren de Palma de Oro.

Algo parecido le ocurre a la película británica-estadounidense American Honey, road-movie con un extravagante grupo de jóvenes que recorren carreteras y estados vendiendo suscripciones a revistas, timando cuando puede, y en permanente fiesta. La directora Andrea Arnold tiene pericia para captar con una cámara en permanente movimiento la vitalidad juvenil, el descaro despreocupado y cierto impulso soñador alimentado por canciones que van del hip-hop al ‘Dream Baby Dream’ de Bruce Springsteen cantadas en comunidad en la furgoneta. Pero las etapas se van sumando sin que crezca una experiencia demasiado lineal y que se visualiza con mucha impostura ‘indie’ en detrimento del pretendido realismo.

En cambio el exceso de metraje de Mademoiselle de Park Chan-Wook viene de las revueltas de guion y los tres puntos de vista sobre un culebrón con maneras de thriller esteticista trufado de erotismo que resulta visualmente portentosa pero al servicio de una historia desmesurada que acumula un final tras otro. Demasiado hueco entre sus envoltorios.

La exageración, rayana en el disparate, está en la misma base de Ma Loute así que no molesta que se repita la fórmula a lo largo de su más ajustado metraje. Bruno Dumont continúa con el inesperado giro que dio en su miniserie ‘Le Petit Quinquin’, y sitúa en unos parajes costeros maravillosos, y a comienzos del siglo XX, su extravagante mezcla de una familia burguesa de veraneo, una pareja de policías más delirantes que los Hernández y Fernández de Tintín y…unos caníbales. Así, Dumont combina la comedia heredada de El Gordo y el Flaco y Benny Hill con su interés por la perversion del ser humano. Y la cosa, inesperadamente, funciona.

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Desde Cannes (1): Woody Allen, Cristi Puiu, Alain Giraudie, Ken Loach
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2016 | 01:22| 0

CAFÉ SOCIETY de Woody Allen

Esta ambientada en Hollywood, en el de los años 30, pero Woody Allen se las arregla para situar una parte de ‘Café Society’ en Manhattan y autocitarse en la era digital con dos de sus escenarios clásicos, el puente desde Brooklyn con el ‘skyline’ al fondo y el otro puente, el del lago de Central Park. Son imágenes casi anecdóticas en el conjunto del filme pero significativas como símbolo de la pátina moderna para sus temas e iconos de siempre con la que él neoyorkino despliega una de sus filosofías sencillas y complejas a la vez (el amor ideal pero imposible, los sueños irrealizables o no), rindiendo tributo al esplendor de la meca del cine en los años 30. Exuberante en decorados y puesta en escena, más rica en producción y vigor narrativo que sus últimas películas, Café Society revela también el eterno arte de Woody Allen para sacar lo mejor de las estrellas, aquí Jesse Eisenberg, Kirsten Stewart y Steve Carell.

SIERANEVADA, De Cristi Puiu

El rumano Cristi Puiu regresa por la puerta grande después de haber crecido en la sección Un Certain Regard con La muerte del Sr. Lazarescu y ‘Aurora’. Su ‘Sieranevada’ (no hay errata, es con una erre) es una de las dos películas rumanas en competición y se construye con habilidad casi por entero entrelas estrecheces de un piso donde se reúne una amplia familia para conmemorar la muerte del padre. No todo es amor en esta como en tantas familias: surgen cosas ocultas del pasado, mientras la adolescente duerme su borrachera, el matrimonio maduro saca sus trapos sucios, y los hijos debaten la situación sociopolítica. Tanto como esos temas en clave tragicómica, interesa la forma en que la cámara es testigo invisible atisbando entre puertas. Son tres horas de metraje, pero la viveza de esas relaciones dan para mucho.

RESTER VERTICAL, de Alain Guiraudie

Si el director francés Alain Guiraudie sorprendió hace dos años con el thriller campestre gay (sí, insólita combinación) de ‘El desconocido del lago’ ahora mantiene esos elementos sin repetirse y haciendo que de nuevo la intriga resida en un guión que se atreve con lo inesperado y lo inédito. Sin ser tan compacta como la anterior, ‘Rester vertical’ entrecruza temas dispersos con ingenio y atrevimiento: el lobo como miedo del guionista ante el papel en blanco, la paternidad en un mundo en que las mujeres se ausentan, la vida en el campo, relaciones bisexuales e intergeneracionales… Todo con una gran capacidad de sugerencia y jugando al desconcierto, con irónica complicidad.

I, DANIEL BLAKE, de Ken Loach

Ken Loach cosechó insiste una vez más en su propósito: defender al ciudadano y a la clase trabajadora de la presión o el abandono institucional. En ‘I, Daniel Blake, que recuerda mucho a su película de hace dos décadas Mi nombre es Joe, y no solo por el juego del título, pone en primera persona a un obrero en paro tras un ataque al corazón, que trata de lograr un trabajo o una pensión, enredado en la burocracia de los servicios sociales. Dice que ha pagado sus impuestos y muy a gusto, pero ahora que necesita la ayuda del Estado nadie parece escucharle. La solidaridad entre los desfavorecidos es la única vía de humanidad en una sociedad fría y mecánica, viene a decir Loach, que una vez más sabe cómo conmover con los problemas de ciudadanos (casi) anónimos. También recurre a la manipulación más o menos facilonda de los sentimientos, y aunque todo resulte demasiado esquemático en ese mundo de buenos y malos, es imposible no ponerse de parte de sus denuncias. Lo convincente está en la credibilidad de los actores, más que en la singularidad de las imágenes.

 

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