Diario Vasco
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Desde Cannes con amour (5): Recuerdos de Shangai
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Ricardo Aldarondo | 23-05-2010 | 13:01| 0

No hemos hablado aquí de la película de Jia Zangke, ‘I Wish I Knew’. Está en la sección Un Certain Regard, y no en Oficial, a pesar de que se trata de uno de los realizadores más interesantes de hoy, desde que ganó en Venecia con la espléndida ‘Naturaleza muerta’. Se podría pensar que lo han dejado en Segunda porque ‘I Wish I Knew’ es, más o menos, un documental, pero ‘24 City’ era bastante similar, y sí optó a la Palma de Oro. Jia Zhangke sigue muy preocupado por la evolución, o destrucción, del paisaje urbano en China. Y por las historias y sentimientos que entierran los viejos edificios que caen en favor de la colmena hipertecnológica. Ahora se centra en Shangai, para reunir, de forma desordenada, intuitiva, más sentimental que racional, historias, recuerdos, traumas personales, y una admiración-fascinación-rechazo hacia la enorme urbe. Mezclando entrevistas a gentes de distintas edades y procedencias, fragmentos de otras películas (desde filmes olvidados de los años 40 al ‘Suzhou River’ de Lou Ye) e imágenes muy sugerentes de la ciudad (con la actriz Tao Zhao paseando por ella), construye una panorámica melancólica de la ciudad, en buena parte con los testimonios de quienes sufrieron la llegada de la Revolución Cultural y tuvieron que emigrar o soportar todo tipo de penurias. Es una película interesante, aunque encorsetada por la acumulación de entrevistas y un ritmo algo monótono. Seguimos a la espera de que Jia Zangke alcance las cotas de emoción de “Naturaleza muerta”.

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Desde Cannes con amour (4): Iñárritu, Trapero, Frears, Godard
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Ricardo Aldarondo | 18-05-2010 | 13:22| 0

La incógnita era: ¿podrá superar Alejandro González Inárritu su divorcio con el guionista Guillermo Arriaga con el que logró fama y respeto con ‘Amores perros’, ’21 gramos’ y ‘Babel’? La respuesta es, básicamente, sí. En ‘Biutiful’ demuestra de nuevo que es un director con mucho talento, creador de imágenes fascinantes y subyugantes y buen director de actores a los que pone siempre en situaciones tensas, a veces extremas. En ‘Biutiful’ ya no hay ruptura de tiempos, ni desorden en la narración, sólo un prólogo y epílogo atemporales. Pero lo básico del cine de Iñárritu sigue ahí. Vaya por delante que uno nunca se termina de emocionar con las desgarradas tragedias del cine de Iñárritu, sólo ‘Babel’ me convenció a pesar de su artificiosidad. En ‘Biutiful’ vuelven a acumularse las desgracias, en una Barcelona deprimida, angustiosa, exageradamente oscura, que hasta en la plaza de Cataluña parece haber miseria y desolación. En ‘Biutiful’ hay de todo: tráfico de drogas, explotación laboral, paternidad desesperada, enfermedad terminal, adulterio con muy mal rollo, inmigración apaleada…Iñárritu global y defensor de los desasistidos y perdedores. Todo tiene ese look un poco impostado como para que funcione la denuncia social, pero los fans de su cine volverán a salir conmovidos. A uno le cuesta llegar a ese éxtasis, pero reconozco que es un cineasta con un estilo y un mundo muy propios. Y que le ha dado a Javier Bardem otro papelón que será admirado internacionalmente. En el pase de prensa de ayer ya hubo aplausos para su nombre en los títulos de crédito iniciales.

Diez minutos después de terminar ‘Biutiful’, en otra sala del Palais, empezaba ‘Tamara Drewe’, de Stephen Frears, que está fuera de concurso. Con el corazón encogido por Inárritu y la lengua fuera por la carrerita para cambiar de sala, recibimos con gusto una comedia de enredo pequeña pero ingeniosa, que se desarrolla en una insólita Inglaterra fantasiosamente soleada. Basada en un cómic de Posy Simmonds y sin estrellas en su reparto, se inicia en una curiosa granja con encanto en la que se alojan escritores para encontrar un lugar de paz donde terminar sus novelas. Cambios de parejas, frustaciones, el batería de una banda rockera y dos adolescentes del pueblo que lo lían todo, dan para hora y media larga con momentos muy divertidos y un humor negro de línea clara. Un oasis entre tanta película dramática y/o sesuda.

‘Carancho’ es la palabra que utilizan los argentinos para referirse al buitre. No al ave, sino al tipo sin escrúpulos. Es la nueva película de Pablo Trapero, el de ‘Familia rodante’ y ‘Leonera’, con un tema muy original: al parecer en Argentina hay todo un negocio con las primas de seguros que se cobran por accidentes automovilísticos, y una especie de abogados tramitan los asuntos y se llevan un buen pellizco. Toda una mafia, con sus peligros. Es una película que lleva al Iñárritu impactante de ’21 gramos’ a un terreno más efectivo y natural. Todo se desarrolla entre los casos que llegan al hospital, la violencia entre los implicados en el negocio, y los choques de coches, pero tanta sangre e impacto emocional no se ve gratuito, sino la materia para un thriller dramático de tensión creciente y muy bien construida, con impresionantes actuaciones de Ricardo Darín y Martina Gusman (ambos recientes visitantes del Fesitval de San Sebastián). Una de las mejores películas que se han visto hasta ahora en Cannes, aunque está en Un Certain Regard.

Y lo de Godard…pues lo que sólo puede hacer él. En un crucero, imágenes de sus distintas dependencias, con personajes inconcretos que van y vienen (entre ellos una Patti Smith que parece un zombie paseando su guitarra) y frases inconexas y referencias político-sociales más bien abstractas. Se llama ‘Film Socialisme’, está rodada en vídeo digital (en algún momento de la proyección la imagen se pixeló) y tiene secuencias como aquella en la que dos mujeres se sientan a una mesa y una suelta una perorata sobre la geometría. La otra le responde: “Do re mi fa sol la si”. La cosa podría durar una hora  como seis. No había subtítulos en inglés, sólo palabras sueltas a modo de subtítulo poético o así. Otra boutade de Godard que a última excusó su presencia en Cannes con una carta en la que decía que no podía venir por “asuntos griegos”. Como nadie pretende entender a Godard, y sólo es posible amarlo u odiarlo intuitivamente, no pasa nada.

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Desde Cannes con amour (3): Surfeando en dos olas
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Ricardo Aldarondo | 17-05-2010 | 21:20| 0

Pasó el fin de semana. Menos mal. Durantel sábado y el domingo, media Francia se concentra entre la rue d’Antibes y la Croisette. No hay forma de dar un paso, es una masa que no sabe muy bien a dónde va, aunque lo que quiere es simplemente estar. Ver, no ven mucho. Los que quieran entrar a una película, se integrarán en las hordas de homeless de la cinefilia que, con smoking si la sesión lo requiere, persiguen a los acreditados de todo tipo en busca de una invitación (no hay entradas a la venta). Hoy tres chicas cantaban a grito pelado “une invitation, s’il vous plait” con distintas melodías. Pero ni por esas. No conseguían la preciada entrada de papel carísimo y dorso metálico. El fin de semana es ese momento extraterrestre en el que puedes ver tres Porches seguidos, de color rojo y con matrícula de Dubai, delante del hotel Grey d’Albion (y no es de los más lujosos). O recrearte la vista con la pasarela en que se convierten las dos calles principales de Cannes, en la que la belleza y la horterada se van de la mano, y a veces se fusionan irremediablemente.

Mejor huir hacia los aledaños del Festival. Nos colamos en una sesión de mercado (no era difícil, sólo había media docena de espectadores en una mini-sala) para ver un documental muy interesante. Se titula ‘Two in the Wave / Deux de la vague’ y la ola del título se refiere a la Nueva Ola francesa. Y los dos son Jean Luc Godard y François Truffaut. La historia de su amistad, su colaboración en diversas películas con Jean Pierre Leaud como tercero en discordia y su dramática y radical separación. Además de imágenes de películas fundamentales como ‘Los 400 golpes’, ‘Á Bout de soufle’ o “Masculino, femenino’, hay muchísima documentación en imágenes de la época, entrevistas, objetos, etc. (qué buenos son los franceses y anglosajones en esto). Es una placentera y nostálgica sensación ver en pantalla a Truffaut y Leaud en 1959 en Cannes, entrevistados en la misma calle que acabas de atravesar para ir a ver el documental. Juntos, Godard y Truffaut incitaron a la suspensión del Cannes de 1968 porque no tenía sentido celebrar el glamour mientras en París se estaba produciendo la revolución estudiantil y obrera. Luego Godard se radicalizó, empezó a hacer películas-manifiesto, y cuando Truffaut realizó su hermoso canto al cine ‘La noche americana’, Godard lo puso a parir en una revista, acusándolo de traidor, entre otras cosas. Truffaut le respondió con una carta de 20 folios. Y no se volvieron a ver nunca más. Pero lo más bonito de ‘Deux de la vague’ quizás sean los títulos de crédito finales, la prueba de casting de Jean Pierre Leaud para ‘Los 400 golpes’: un chaval sonriente, lleno de vitalidad, descarado y casi retador, responde a las preguntas del director. Un descubrimiento, un inicio de una gloriosa colisión de talentos. 51 años después, Godard presentaba de nuevo en Cannes su última película, ‘Film Socialisme’, pero de eso hablaremos mañana.

Otra ola. Y otro documental. ‘Hollywood Don’t Surf’ repasa cómo se ha tratado el surf en el cine americano. Desde las encantadoras (y denostadas por los surferos) películas con Frankie Avalon, en las que los actores movían el cuerpo con los brazos abiertos, de lante de una pantalla en la que se reproducían las olas, hasta la hermosa ‘Endless Summer’ y sobre todo la estupenda ‘El gran miércoles’, que centra más de la mitad del metraje. Más interesante probablemente desde el punto de vista cinéfilo que del surfero, es un documental muy ameno, ágil y divertido, con entrevistas a Tarantino, Spielberg, John Milius y los tres actores de ‘El gran miércoles’, entre muchos otros. Gary Busey y William Katt se conservan muy bien y son muy ingeniosos. A Jan Michel Vincent, lo dejan para el final: la imagen de alguien que ha pasado de ser el colmo de la belleza másculina a un rostro absolutamente derrotado, con una voz rota de nonagenario y una mirada triste (a causa del alcohol, las drogas y una vida de autodrestrucción y mala suerte como pocas), impresiona y emociona. Distintas caras de la ola, y la contraola.

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Desde Cannes con amour (2): Woody Allen y Mike Leigh
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Ricardo Aldarondo | 16-05-2010 | 00:59| 0

Cannes se suele vanagloriar de sus descubrimientos, pero de momento estamos viendo mucha apuesta sobre seguro. Los autores consagrados repiten sus señas de identidad. Será la crisis: por si acaso, hagamos lo que funciona. Oliver Stone: segunda parte de ‘Wall Street’. Mike Leigh: otra reunión de personajes con problemas que hablan, se abrazan y se consuelan en ‘Another Year’. Sin llegar a la altura de “Secretos y mentiras’, también aquí el trabajo con una galería de actores espléndidos y el tiempo que se toma para ir desgranando los sentimientos de todos ellos, son las bazas infalibles.

Woody Allen y ‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’: otro cuento moral, más ligero y conformista que ‘Match Point’, que trata de observar lo que ocurre con una serie de parejas de una misma familia, que se rompen y buscan una nueva opción, entre la comedia ligera y el drama suave, y con un conglomerado de cosas perfectamente reconocibles de su autor, entre ellas una medium de pacotilla. Un valor seguro para fans de Woody Allen, que no descubre nada nuevo, pero se sostiene con unas cuantas situaciones desternillantes, una galería de actores que están muy bien (Naomi Watts, Josh Brolin, Anthony Hopkins y también Antonio Banderas) y algunas amarguras que van por dentro. Pero Woody Allen viene a decir, basándose en Shakespeare, que en esta vida sin sentido, quien mantiene la ilusión, incluso más allá de lo razonable, es el que lo lleva mejor.

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Desde Cannes con amour (1)
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Ricardo Aldarondo | 15-05-2010 | 00:04| 0

En la revista ‘Le Film francais’ aseguran que es mas rápido llegar a Cannes en tren que en avion. Se ve que el experto en transporte que tal cosa afirma no ha comprobado empíricamente su teoria. Y que no tiene ni idea del caos tercermundista que caracteriza el sistema ferroviario de su pais. A uno, que tardó 17 horas en llegar de Hendaya a Cannes, y que tuvo que coger seis trenes, seis (cambiando en Bayona, Pau, Toulouse, Montpellier y Marsella), para hacer el trayecto, le entra la risa. Locomotoras que se paraban (al menos dos), descarrilamientos, atrasos, estaciones sin escaleras mecanicas ni personal que ayudara a las masas de gentes que vagaban de un tren a otro, vagones que se quedaban sin luz al arrancar el convoy…y todo en un solo día y en un solo eje ferroviario. Nada más antiglamouroso que venir a Cannes por vía ferrea. Papa ven en tren en tren suena en Francia a película de terror. Porque todo esto debe ser habitual, según contaba la muy gala compañera de asiento. Quizás no esté bien hablar de todo esto en un blog con nombre francés, pero es que viajar a la costa en los tiempos en que Jacques Tati filmaba ‘Las vacaciones de Mr. Hulot’ y ‘Mon Oncle’, debía ser otra cosa. Aunque las locomotoras probablemente sean las mismas.
 
Con tanto retraso no vimos la subida de escaleras del equipo de ‘Robin Hood’. Para los interesados en el comentario de alfombra roja, la descripcion era unánime: el glamour de Russell Crowe era genuinamente cervecero, Cate Blanchett es altísima, y no había la mas mínima comunicación entre ambos. Algo ha pasado en ese rodaje.
 
Siguiendo con los mitos reciclados, hoy hemos visto la segunda parte de ‘Wall Street’, trabajo alimenticio de Oliver Stone. Si decimos que lo mejor de la película esta en la forma de filmar los edificios de Nueva York para cubrir las transiciones entre secuencia y secuencia, no queremos decir que lo demás sea malo, sino igualmente funcional. El hombre que abrazaba a los bomberos donostiarras podría haber sacado mejor partido a la idea de situar la accion en el inicio de la actual crisis mundial. Y en lugar de tirar por el melodrama familiar y resolver la intriga económica dándole a dos teclas de ordenador, cabía esperar un poco más de mala leche contra el sistema económico que ha montado todo esto. Este no es el Oliver Stone combativo. Insistimos, lo mejor esta en los márgenes de la película. Los edificios de Nueva York, las canciones de David Byrne y Brian Eno, las apariciones del cada vez mas mermado pero imbatible Eli Wallach y una Susan Sarandon que casi entra en la categoria de cameo. Aunque para cameo el de Oliver Stone, que aparece dos veces como un Hitchcock sin carisma.

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