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Discos

‘Psicosis’ en plan folk o las per-versiones de Bill Frisell
Ricardo Aldarondo 05-04-2016 | 7:19 | 0

Sinuoso, flotante, como de country espacial, el sonido de la guitarra de Bill Frisell puede envolver y transformar casi cualquier cosa dando brillo nuevo a lo más barrido. Este Don Limpio soñador pero con nervio sigue siendo de lo más gratificante y sorprendente que aflora por los territorios del jazz (por decir algo), con periodicidad constante. Su ya larga obra, tres decenas y media de discos propios y un centenar largo de colaboraciones, es espléndida, siempre distinguida.

Su último quiebro lleva un título bastante manido, When You Wish Upon A Star, y contiene una propuesta aparentemente tan poco original como tomar algunos temas de películas y reproducirlas a su modo. Pero todo convencionalismo acaba ahí. Era de esperar, por otro lado, sabiendo cómo se las gasta Bill Frisell quien, sin recurrir a la facilona táctica de ponerlo todo patas arriba, consigue que el concepto de ‘versionear’, tan cansino en los últimos tiempos, vuelva a ser excitante y hasta deslumbrante.

Tómese Psicosis, por ejemplo, la archiconocida creación de Bernard Herrmann, que aparece aquí en dos temas. Si parecía imposible imaginarla de otro modo que con la tensión casi histérica de las cuerdas originales, Bill Frisell y su quinteto la reubican en una especie de folk levemente balcánico sin estropear nada del original y consiguiendo una nueva perspectiva para esa música imperecedera. La toma y reconquista de El padrino es otra revelación.

En compañía de músicos también extraordinarios como Eyvind Kang a la viola (otro de los habituales en la órbita de John Zorn, pero ya con mucha vida propia) o la cantante Petra Haden (una de las hijas de Charlie Haden, con la que Frisell ya hizo un disco a dúo), en When You Wish Upon a Star aparecen también canciones de origen cinematográficao tan versioneadas como esa de Pinocho que da título al álbum, Moonriver o la maravillosa The Shadows of Your Smile que figuraba en los títulos de crédito de una película a reivindicar, Castillos en la arena, de Vincente Minelli. Pero todas ellas, sobre todo la última, suenan tan nuevas como necesarias.

Para completar, Bill Frisell rescata con imaginación la sintonía de la serie de televisión Bonanza y su propia composición para el corto Tales From the Far Side. Un gozo de principio a fin.

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Tracey Thorn sola, un recopilatorio con sentido
Ricardo Aldarondo 07-12-2015 | 6:21 | 2

No entiendo, y me asombra, que en estos tiempos en que se supone que no se compran discos porque la gente prefiere el zapeo y accesibilidad del streaming, o las marejadas del pirateo, se sigan vendiendo y produciendo en gran cantidad y con despliegue publicitario, discos recopilatorios. Me refiero sobre todo a los socorridos ‘grandes éxitos’, que siguen en los grandes escaparates aunque sea con anzuelos como un segundo disco de rarezas o conciertos, o dos o tres temas nuevos del grupo separado hace tiempo. Y también a esa estridencia infumigable de los discos que antes llevaban la pegatina de ‘anunciado en TV’, subproductos salidos de programas de efímero éxito, contenedores a granel de las canciones de éxito del año y demás. Hoy cualquiera se puede hacer su playlist de favoritas, y si se trata de ‘grandes éxitos’ su disponibilidad será total, lógicamente. Pero ahí están los recopilatorios más banales coupando anuncios, vitrinas, espacio vital.

Pero como siempre hay una balsámica excepción a la regla, Tracey Thorn acaba de publicar uno de los pocos recopilatorios que no solo tienen sentido y merece pagar por ellos: se podría decir que es absolutamente necesario, para los oyentes que han quedado fascinados por su voz y su elegancia en las tres últimas décadas, y para completar el rompecabezas de su carrera. En el caso de Tracey Thorn, una panorámica era pertinente, sobre si como esta se dedica a lo menos evidente, a lo periférico y sin embargo importante. Desde su efímero inicio con Marine Girls, en su gloriosa (doble) etapa en Everything & the Girl, la electroacústica y la electrónica, y en su no menos brillante aunque demasiado esporádica carrera en solitario, Tracey Thorn se ha caracterizado además a lo largo de los años por colaborar con muchos otros grupos. Y, sea casualidad o buen gusto, siempre con artistas y en canciones que han quedado como algo especial, memorable.

La personalidad de su voz, por muy tímida que parezca, traspasa fronteras. Estilísticas, sobre todo. Sólo así se entiende que haya tanta coherencia entre sus colaboraciones con grupos tan distintos como Working Week, Massive Attack o The Style Council. ‘Solo: Songs and collaborations 1982-2015′ mezcla temas propios y colaboraciones con otros, en una secuenciación que ni siquiera es cronológica, pero describe una sinuosa línea de sensibilidad, buen gusto, emociones y coherencia.

Desde las fabulosas ‘The Paris Match’ de The Style Council y ‘Venceremos’ de Working Week (con la colaboración también de Robert Wyatt), que merecían quedar resaltadas como hitos de su carrera aunque oficialmente pertenezcan a otros hasta canciones de su última etapa tan notables como ‘Oh, the Divorcees’, o ejemplos de su importante disco navideño como ‘Joy’, entresacando un tema como ‘Small Town Girl’ de su primer disco en solitario, el de 1982 ‘A Distant Shore’, o una pieza de su breve banda sonora para ‘The Falling’ que publicó en un EP, consigue un recorrido gozoso de principio a fin. Otra joya: su versión de una de las maravillosas canciones que cantaba en su casa Molly Drake, la madre de Nick Drake, y que afortunadamente fueron recuperadas. ‘How Wild The Wind Blows’ es sobrecogedora en la versión original de Molly Drake, y sólo Tracey Thorn podía estar a la altura.

El segundo disco es más electrónico, empezando por ‘Protection’ de Massive Attack, la canción en la que muchos escucharon su voz por primera vez, y su siguiente colaboración con el grupo. Su etapa más clubber, aparte de la propia deriva de Everything But the Girl, resulta más pesada y, curiosamente, resiste peor el paso del tiempo, o eso nos parece, tanto en remixes de otros a partir de sus temas, como en sus aportaciones a la electrónica de Adam F, Tevo HowardTiefschwarz. Aún así, el conjunto es sustancioso, espléndido.

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Marcos García, codirector de ‘Vinyland’: “Todos los padres deberían educar musicalmente a sus hijos”
Ricardo Aldarondo 26-12-2014 | 11:54 | 3

Cualquiera que sea aficionado al rock y aledaños en Gipuzkoa sabe que Bloody Mary, en Irún, es, más que una tienda de discos, un tótem, una referencia ineludible como lugar de peregrinaje para el coleccionista de discos, un incansable dinamizador de la música en todas sus facetas. Juancar García, siempre sonriente detrás del mostrador, no solo vende discos, organiza conciertos y giras de grupos de todas las latitudes que alimentan buena parte de la escena local y más allá.
Bloody Mary cumplirá 25 años en 2015, y ese ha sido uno de los detonantes de una película muy especial que se gesta en los últimos meses en Gipuzkoa, ‘Vinyland’. Está escrita y dirigida al alimón por Mikel Insausti, toda una institución de la crítica de cine vasca desde las páginas de Gara, y el joven de 19 años Marcos García, hijo de Juancar, pero ya autónomo como cineasta. En esta docuficción, narran la historia de un coleccionista de discos, José Luis Olabeaga, aficionado apasionado a la música y personaje ineludible del ambiente musical local.

Mañana se desvelan las primeras imágenes, con el estreno del trailer de ‘Vinyland’, en una fiesta que se celebra en Psilocybenea (Hondarribia) a las 22.00 horas, con la actuación de Kurt Baker Combo y The Lie Detectors.

Esta entrevista es un complemento al reportaje que publico hoy en El Diario Vasco sobre ‘Vinyland’, con más información sobre la película.

-¿Qué estudios estás haciendo en París y cuales han sido tus primeros pasos con la cámara y el montaje?

-Lo llaman “Estudios cinematográficos y audiovisuales” y en la universidad en la que estoy intentan juntar lo teórico con la práctica. Yo siempre grababa los conciertos de mi padre, y hacía muchas fotos. Con 14 o 15 años descubrí el programa Movie Maker en el ordenador y empecé a hacer montajes de todo tipo: con vídeos, fotos, música… Luego hice cursillos de cortometrajes en Irun y Donosti , y fui a la ESCAC en 2012 para hacer un corto.

-La afición por la música está claro de donde te viene, ¿y la del cine?

-De las primeras películas que vi, estoy seguro que fue una de Hitchcock, y no me di cuenta de la importancia de este maestro hasta mucho tiempo después. Siempre me ha encantado ver pelis, porque disfruto mucho, y desde el principio fue mi madre la que me aconsejaba y me enseñaba películas, pero llegó un día en que pensé: sería genial que yo pudiese crear una película, y compartir esa historia con los demás. Desde que estoy en París, ya hace un año, siento que veo de manera distinta las películas y he descubierto muchísimas películas gracias a la Cinemateca Francesa. Esto ha reforzado mi pasión por el cine totalmente, y me ha ayudado a entender que el cine no es sólo un espectáculo, sino un arte.

Marcos García, codirector, y José Luis Olabeaga, actor de 'Vinyland'

 

-¿Tu padre te ha inculcado grupos y discos en plan maestro adoctrinador o te ha dejado ir descubriendo a tu aire?

-Yo creo que al principio sí fue un “maestro adoctrinador” pero en el buen sentido. Creo que todos los padres deberían educar a sus hijos musicalmente. Los primeros discos que me dijeron de escuchar fueron de los Hi-Risers y Los Straitjackets con 11 o 12 años. Yo, como soy curioso, en la tienda me fijaba en las portadas de los vinilos y le preguntaba a mi padre, y él me enseñaba. Estuve muy enganchado una temporada con los Ramones y los Clash. Mis padres, no me enseñaban digamos los grupos que todo el mundo conocía (los Rolling Stones, o los Beatles, por ejemplo), pero me han descubierto grupos maravillosos como Gun Club, Reigning Sound, The Flamin’ Groovies, Nikki Sudden, etc. Luego, he ido descubriendo por mi cuenta (T.Rex, Jack White, Bowie, Lou Reed, Elvis Costello, Patti Smith, New York Dolls…), escuchando, pero también leyendo libros.

-¿Qué significa la película para ti desde un punto de vista personal y afectivo, en relación a tu padre y la tienda?

-Que mi primera película se llame ‘Vinyland’ y trate sobre el coleccionismo de vinilos, me hace mucha ilusión. Bloody Mary cumplirá en 2015, 25 años, y “Vinyland” homenajea a la tienda de mi padre juntando música y cine. Dos pasiones sin las cuales no podría vivir, y de las que cada día me alimento intensamente. La película será una experiencia asombrosa, como ver un concierto. Y desde que lanzamos el Facebook de ‘Vinyland’, me entusiasma ver los comentarios de la gente y el interés que demuestran.

-¿Es atrevido dirigir un largometraje con 19 años?

-Yo creo que da igual la edad mientras lo hagas con pasión, ganas y confianza en uno mismo. Xavier Dolan es el ejemplo perfecto, y mira dónde ha llegado. Yo he dedicado el verano entero a ‘Vinyland’ y en vacaciones la estaré montando. El rodaje ha sido una experiencia inolvidable y ha reforzado mi pasión por ser cineasta. También es importante la curiosidad, por eso voy a la Cinemateca de París y veo todas las pelis que puedo.  El año pasado mismo, fui a ver todas las películas de los Coen en una retrospectiva que organizaban. También voy a masterclases: tuve la suerte de escuchar a Ken Loach, William Friedkin, Abel Ferrara, y dentro de poco a Francis Ford Coppola!!

-Por lo que me han contado, la estructura narrativa y visual va a ser bastante especial. ¿Cómo la ves tú?

-Digamos que tiene una estructura poco convencional, pero lo más novedoso, es que no hay casi nada de diálogos, la música es la que habla por sí sola, y evidentemente la selección de temas está siendo estudiada rigurosamente. Viendo algunas tomas de noche me ha gustado mucho el color que captó la cámara, y visualmente quedará algo muy vistoso.

-No ha habido financiación alguna, y todo lo habéis hecho con ayuda de los amigos. ¿Ha complicado eso el rodaje?

-Yo creo que lo ha facilitado ya que hemos hecho con lo que teníamos y lo hemos aprovechado al máximo. Eso sí, hemos estado todo agosto sin parar de rodar y yendo de aquí para allá. Hemos rodado en tiendas de discos, salas de conciertos, bares, ferias… Fue cansino, pero ya tengo ganas de repetir con otra peli. Lo que sobre todo ha habido es un ambiente muy bueno entre los actores y nosotros. En general la mayoría de los personajes hacían de ellos mismos, lo cual les facilitaba, y daba mucha más naturalidad.

-Alguna anécdota o curiosidad del rodaje, en qué situaciones te has sentido más cómodo, alguna cosa que te hayas quedado con ganas de hacer…

-Me he sentido cómodo pero algunas veces con un poco de estrés y nervios, pero eso es lo fundamental en un rodaje, y más en un rodaje como el de ‘Vinyland’. Hay demasiadas anécdotas que podría contarte, pero te puedo decir que algunos actores necesitaron dobles para las escenas de alto riesgo! José Luis es el que está repleto de anécdotas, cuando acabábamos la jornada de rodaje le llevábamos de vuelta y por el camino nos contaba una cantidad de historias…

-¿Qué tipo de cámara has utilizado, profesional o amateur?

-He utilizado una Canon prestada por mi tío, ya que tiene una resolución y calidad muy alta.

-¿Hay alguna película o cineasta que te haya inspirado para tu película?

-Antes del rodaje tenía claro que quería hacer unos planos de vinilos como el principio de ‘Only Lovers Left Alive‘ de Jim Jarmusch, pero no tenía en mente a un cineasta en particular, excepto, quizás a Buñuel para una escena. Mirando el material grabado nos dimos cuenta que algunas tomas recordaban al cine de David Lynch. Como el guión ya estaba escrito, digamos que no me venían inspiraciones directas de directores y películas, estaba más pendiente en como Mikel Insausti y yo íbamos a captar la escena.

 

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Manett en un campo de libros: el disco y el concierto
Ricardo Aldarondo 10-12-2014 | 5:55 | 0

Creímos que harían cuatro o cinco canciones en formato menor por cumplir el protocolo de la presentación del nuevo disco. Pero los getxotarras Manett se marcaron todo un concierto de una hora (o más) con abundantes sorpresas, revelador del gran abanico de posibilidades que esconden tras su humilde y afable actitud.

Manett presentaba el viernes pasado su segundo disco en Moonpalace Records, otra joyita táctil y sonora, en un entorno igualmente cercano y exquisito, la librería Garoa de San Sebstián en uno de sus múltiples e incesantes actos. Ya habíamos escuchado, degustado y disfrutado a fondo ese álbum titulado Caravan que se abriga en una portada hecha a mano, como es habitual en el one man label Juanra Moonpalace. Pero esta vez en tricromía y con estampados muy definitorios del contenido: sencillez y artesanía, paisajes country americanos y encanto clásico ensoñador. Así son las canciones de Manett, pero con múltiples variedades: si en principio pueden encuadrarse en el alternative country, tiran para muchos lados inesperados, a veces se vuelven genuinamente británicos en una vertiente más pop, y así Calexico se abrazan con Teenage Fanclub, por citar alguna referencia. Pero no hay impostura, todo fluye con naturalidad bajo la voz cercana y envolvente de Diego, magníficamente secundada por los coros. A resaltar aquí lo bien que suena el disco, con una calidad, calidez y naturalidad raras en estos tiempos. Incluso el escollo que a algunos nos supone que canten en inglés grupos de natural no anglosajón (ya lo comentamos con motivo del primer disco), las canciones y el buen hacer (además de una pronunciación que creo que pasaría todos los certificates) se imponen por sí mismos y aportan toda la credibilidad necesaria.

Escuchen aquí el disco entero con placidez, degustando varias veces canciones estupendas, como Harmless, la de la chica de la línea de transporte público Line, Frontier que ni siquiera importa que suene demasiado a Calexico o el magnífico cierre con Carousel. Ahí están al detalle, en su justa medida, los arreglos de trompeta, armónica y coros en primoroso acabado.

Pero en directo, en formato íntimo (que no acústico) sin batería, Manett demostraron que esas canciones funcionan igualmente al desnudo y sin los controles medidos al máximo del estudio. Con el talante de quien toca en el salón de una casa para los amigos, con gracia y no sólo sensibilidad (a destacar las réplicas verbales como-quien-no-quiere-la-cosa del bajista-trompetista-ukelelero Raúl) y la entrega de las grandes ocasiones, no sólo hicieron la mayoría de las canciones de Caravan, también acudieron a algunos de los temas de su primer álbum, e incluso en el bis rescataron una canción de su primera maqueta. Y aún más, se descolgaron con una versión preciosa de la canción de Juanito Valderrama que Antonio López y Enrique Gran entonaban en el El sol del membrillo, aquel Ramito de mejorana. Aquí está el inédito:

Otro de los mejores momentos fue al final, cuando aprovecharon ese “thank you” que se dice en una de las mejores canciones del disco, Carousel, para despedir al centenar de agradecidos y complacidos asistentes.

Y aquí otros dos momentos del concierto:


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Barzin: serenidad veraniega en dos discos, y cita mañana en Igeldo
Ricardo Aldarondo 18-04-2014 | 1:52 | 4

Barzin actúa mañana sábado 19 de abril en Igeldo, en un lugar y a una hora poco común: a las 12.00 horas en Undermount, el antiguo gallinero al borde del mar acondicionado como “vivero cultural”, así lo definen. Y conviene no perderse esta oportunidad de escuchar en directo a uno de los cantautores más sensibles, cálidos y evocadores que se pueden encontrar actualmente.

Conocí la música de Barzin por la amable insistencia de Juanra, del recoleto sello donostiarra Moonpalace Records, que tenía una devoción por él que necesitaba contagiar a otros. Una vez que consigue que lo escuches, ya te conviertes en otro proselitista de Barzin.

Juanra, en su Moonpalace Records, ha conseguido además publicar un EP exclusivo, con cinco temas inéditos de Barzin, que se presentará y estará disponible también mañana en Igeldo (y en la web de Moonpalace Records y que viene a ser inmejorable complementeo del LP To Live Alone In That Long Summer, publicado el mes pasado, uno de los álbumes a considerar en lo mejor del año, que constituye el regreso del cantautor canadiense después de cinco años.

“El perezoso verano vuelve a mí /Todas esas chicas adorables y esos chicos solitarios / pronto llenarán las calles” (Lazy Summer). Palabras como esas definen el espíritu de un disco en el que “love” y “summer” (o “spring”) reaparecen continuamente, como si las nueve canciones de To Live Alone In That Long Summer pertenecieran a un solo relato. Con un protagonista siempre pensando en la persecución del sublime amor veraniego y en la melancolía de no haber alcanzado el fulgor buscado. Nada de beach boys y brillos del sol: el tono ocre predomina en los ritmos serenos y la voz aterciopelada, sencilla y sincera, de Barzin, que por momentos puede evocar a Al Stewart en sus espléndidos comienzos folk, antes de convertirse en un megaventas.

Todo en las canciones de Barzin es sutil y delicado, pero con un trasfondo emocional de alta intensidad, incluso doloroso a veces. “Miras dentro de las casas / para ver cómo viven los otros / Cometes los mismos errores / y el conocimiento / siempre llega demasiado tarde”, canta en Stealing Beauty. No son lamentos dolientes, sino un cierto estupor ante la belleza y el dolor de la vida. Y los sencillos y certeros arreglos de viento y cuerda, que nunca se hacen presentes, simplemente envuelven las canciones en un manto de calidez inmejorable. He aquí dos de las mejores de To Live Alone in That Long Summer, aunque la unidad y calidad de todo el disco hace casi imposible destacar una sobre otras.



Y el Moonpalace EP no se puede considerar de ninguna manera una recolecta de sobras o rarezas, sino otro disco impecable y cautivador, complemento o no del Lp. La canción que lo abre, Sad and Beautiful World, es quintaesencia del actual Barzin en todo su esplendor, con un ligero viraje country gracias a esa slide guitar. There Will Be Time For es la continuación perfecta en tono y tempo. Pero además aparecen sorpresas tan estimables como el delicioso (casi) instrumental Boxes of Poems, con su encantadora caja de ritmos primitiva. Y, como en el LP, este Moonpalace EP se cierra con placidez absoluta en otra emocionante pieza, It’s Come To This. Aquí se puede escuchar el EP completo.

Cuenta Juanra en la presentación del EP: “Por fin, muchos son los años que han pasado desde que conocí a Barzin, allá por el 2003 escuchar su primer disco fue una especie de revelación, revelación y enamoramiento de unas canciones que han ido evolucionando con los años, de la áspera desnudez de su primer disco a los maravillosos y certeros arreglos de los últimos trabajos. De unas canciones que jugaban con el silencio y el minimalismo a otras que buscan la belleza sirviéndose de unos arreglos certeros y justificados que aportan una luz, un cierto optimismo a unas canciones que en estos once años de carrera no han perdido ni un ápice de eso que las hace tan especiales, emoción e intensidad”. Pues eso.

Hay que recuperar los tres primeros Lps de Barzin (todos menos el segundo en el mismo sello, Monotreme Records): Barzin (2003), My Life in Rooms (2006) y Notes to an Absent Lover (2009). Pero lo urgente es ver y escuchar sus canciones en directo, mañana en Igeldo. Y además viene con banda.

 

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