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Documentales

Marcos García, codirector de ‘Vinyland’: “Todos los padres deberían educar musicalmente a sus hijos”
Ricardo Aldarondo 26-12-2014 | 11:54 | 3

Cualquiera que sea aficionado al rock y aledaños en Gipuzkoa sabe que Bloody Mary, en Irún, es, más que una tienda de discos, un tótem, una referencia ineludible como lugar de peregrinaje para el coleccionista de discos, un incansable dinamizador de la música en todas sus facetas. Juancar García, siempre sonriente detrás del mostrador, no solo vende discos, organiza conciertos y giras de grupos de todas las latitudes que alimentan buena parte de la escena local y más allá.
Bloody Mary cumplirá 25 años en 2015, y ese ha sido uno de los detonantes de una película muy especial que se gesta en los últimos meses en Gipuzkoa, ‘Vinyland’. Está escrita y dirigida al alimón por Mikel Insausti, toda una institución de la crítica de cine vasca desde las páginas de Gara, y el joven de 19 años Marcos García, hijo de Juancar, pero ya autónomo como cineasta. En esta docuficción, narran la historia de un coleccionista de discos, José Luis Olabeaga, aficionado apasionado a la música y personaje ineludible del ambiente musical local.

Mañana se desvelan las primeras imágenes, con el estreno del trailer de ‘Vinyland’, en una fiesta que se celebra en Psilocybenea (Hondarribia) a las 22.00 horas, con la actuación de Kurt Baker Combo y The Lie Detectors.

Esta entrevista es un complemento al reportaje que publico hoy en El Diario Vasco sobre ‘Vinyland’, con más información sobre la película.

-¿Qué estudios estás haciendo en París y cuales han sido tus primeros pasos con la cámara y el montaje?

-Lo llaman “Estudios cinematográficos y audiovisuales” y en la universidad en la que estoy intentan juntar lo teórico con la práctica. Yo siempre grababa los conciertos de mi padre, y hacía muchas fotos. Con 14 o 15 años descubrí el programa Movie Maker en el ordenador y empecé a hacer montajes de todo tipo: con vídeos, fotos, música… Luego hice cursillos de cortometrajes en Irun y Donosti , y fui a la ESCAC en 2012 para hacer un corto.

-La afición por la música está claro de donde te viene, ¿y la del cine?

-De las primeras películas que vi, estoy seguro que fue una de Hitchcock, y no me di cuenta de la importancia de este maestro hasta mucho tiempo después. Siempre me ha encantado ver pelis, porque disfruto mucho, y desde el principio fue mi madre la que me aconsejaba y me enseñaba películas, pero llegó un día en que pensé: sería genial que yo pudiese crear una película, y compartir esa historia con los demás. Desde que estoy en París, ya hace un año, siento que veo de manera distinta las películas y he descubierto muchísimas películas gracias a la Cinemateca Francesa. Esto ha reforzado mi pasión por el cine totalmente, y me ha ayudado a entender que el cine no es sólo un espectáculo, sino un arte.

Marcos García, codirector, y José Luis Olabeaga, actor de 'Vinyland'

 

-¿Tu padre te ha inculcado grupos y discos en plan maestro adoctrinador o te ha dejado ir descubriendo a tu aire?

-Yo creo que al principio sí fue un “maestro adoctrinador” pero en el buen sentido. Creo que todos los padres deberían educar a sus hijos musicalmente. Los primeros discos que me dijeron de escuchar fueron de los Hi-Risers y Los Straitjackets con 11 o 12 años. Yo, como soy curioso, en la tienda me fijaba en las portadas de los vinilos y le preguntaba a mi padre, y él me enseñaba. Estuve muy enganchado una temporada con los Ramones y los Clash. Mis padres, no me enseñaban digamos los grupos que todo el mundo conocía (los Rolling Stones, o los Beatles, por ejemplo), pero me han descubierto grupos maravillosos como Gun Club, Reigning Sound, The Flamin’ Groovies, Nikki Sudden, etc. Luego, he ido descubriendo por mi cuenta (T.Rex, Jack White, Bowie, Lou Reed, Elvis Costello, Patti Smith, New York Dolls…), escuchando, pero también leyendo libros.

-¿Qué significa la película para ti desde un punto de vista personal y afectivo, en relación a tu padre y la tienda?

-Que mi primera película se llame ‘Vinyland’ y trate sobre el coleccionismo de vinilos, me hace mucha ilusión. Bloody Mary cumplirá en 2015, 25 años, y “Vinyland” homenajea a la tienda de mi padre juntando música y cine. Dos pasiones sin las cuales no podría vivir, y de las que cada día me alimento intensamente. La película será una experiencia asombrosa, como ver un concierto. Y desde que lanzamos el Facebook de ‘Vinyland’, me entusiasma ver los comentarios de la gente y el interés que demuestran.

-¿Es atrevido dirigir un largometraje con 19 años?

-Yo creo que da igual la edad mientras lo hagas con pasión, ganas y confianza en uno mismo. Xavier Dolan es el ejemplo perfecto, y mira dónde ha llegado. Yo he dedicado el verano entero a ‘Vinyland’ y en vacaciones la estaré montando. El rodaje ha sido una experiencia inolvidable y ha reforzado mi pasión por ser cineasta. También es importante la curiosidad, por eso voy a la Cinemateca de París y veo todas las pelis que puedo.  El año pasado mismo, fui a ver todas las películas de los Coen en una retrospectiva que organizaban. También voy a masterclases: tuve la suerte de escuchar a Ken Loach, William Friedkin, Abel Ferrara, y dentro de poco a Francis Ford Coppola!!

-Por lo que me han contado, la estructura narrativa y visual va a ser bastante especial. ¿Cómo la ves tú?

-Digamos que tiene una estructura poco convencional, pero lo más novedoso, es que no hay casi nada de diálogos, la música es la que habla por sí sola, y evidentemente la selección de temas está siendo estudiada rigurosamente. Viendo algunas tomas de noche me ha gustado mucho el color que captó la cámara, y visualmente quedará algo muy vistoso.

-No ha habido financiación alguna, y todo lo habéis hecho con ayuda de los amigos. ¿Ha complicado eso el rodaje?

-Yo creo que lo ha facilitado ya que hemos hecho con lo que teníamos y lo hemos aprovechado al máximo. Eso sí, hemos estado todo agosto sin parar de rodar y yendo de aquí para allá. Hemos rodado en tiendas de discos, salas de conciertos, bares, ferias… Fue cansino, pero ya tengo ganas de repetir con otra peli. Lo que sobre todo ha habido es un ambiente muy bueno entre los actores y nosotros. En general la mayoría de los personajes hacían de ellos mismos, lo cual les facilitaba, y daba mucha más naturalidad.

-Alguna anécdota o curiosidad del rodaje, en qué situaciones te has sentido más cómodo, alguna cosa que te hayas quedado con ganas de hacer…

-Me he sentido cómodo pero algunas veces con un poco de estrés y nervios, pero eso es lo fundamental en un rodaje, y más en un rodaje como el de ‘Vinyland’. Hay demasiadas anécdotas que podría contarte, pero te puedo decir que algunos actores necesitaron dobles para las escenas de alto riesgo! José Luis es el que está repleto de anécdotas, cuando acabábamos la jornada de rodaje le llevábamos de vuelta y por el camino nos contaba una cantidad de historias…

-¿Qué tipo de cámara has utilizado, profesional o amateur?

-He utilizado una Canon prestada por mi tío, ya que tiene una resolución y calidad muy alta.

-¿Hay alguna película o cineasta que te haya inspirado para tu película?

-Antes del rodaje tenía claro que quería hacer unos planos de vinilos como el principio de ‘Only Lovers Left Alive‘ de Jim Jarmusch, pero no tenía en mente a un cineasta en particular, excepto, quizás a Buñuel para una escena. Mirando el material grabado nos dimos cuenta que algunas tomas recordaban al cine de David Lynch. Como el guión ya estaba escrito, digamos que no me venían inspiraciones directas de directores y películas, estaba más pendiente en como Mikel Insausti y yo íbamos a captar la escena.

 

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Rescatando sombras, salvando cines // Atlántida Film Fest (3)
Ricardo Aldarondo 24-04-2014 | 11:11 | 0

En el Atlántida Film Fest de Filmin hay una sección, Reflejos, dedicada al cine dentro del cine, a documentales sobre distintos aspectos de la historia, creación, distribución o exhibición cinematográfica. Entre ellos, estos dos:

RESCATANDO SOMBRAS, de Julián Franco Lorenzana.

La foto de una antigua lata con la película que contenía convertida en una especie de arcilla quebradiza, por efecto del tiempo sobre los materiales que se utilizaron en distintas etapas del cine, llama la atención a cualquiera que se interese y se duela por la pérdida y deterioro de buena parte del cine, sobre todo en las primeras décadas de su historia. Rescatando sombras aborda la restauración de películas, el rescate de films mudos, la investigación desesperada en pro de su salvación, pero también toca muchas más cosas, y esto va en su detrimento. En solo una hora, además de centrarse en la función y todo lo que contiene y preserva una filmoteca, se dispersa en otros aspectos  del cine, desde cómo se financia una película y las ayudas oficiales disponibles, a un repaso (somero, claro) a movientos como el expresionismo alemán y la nouvelle vague, o el espacio que ocupa una película en el imaginario colectivo, en los ‘textos’ que necesitamos para vivir. Demasiados palos, que van surgiendo de manera caótica saltando de uno a otro de los entrevistados.

Pero Rescatando sombras tiene un buen punto de partida e interesantes aportaciones cuando se centra en lo que interesa en este caso, el asunto filmotequero. Todo se cuenta desde el punto de vista de Ana, una vigilante de origen latinoamericano que en la Filmoteca Española se va dejando empapar por el misterio que desprenden las latas de película en los almacenes y el ambiente del lugar y sus actividades, que va fascinando poco a poco a una mujer que, confiesa, sólo iba al cine el domingo al estreno más taquillero, y se empieza a interesar por los clásicos, la versión original subtitulada, y los debates cinéfilos. Es una bonita manera de introducir al neófito en las funciones y atractivos de una filmoteca, en la maravillosa labor que realizan y en esa joya que es el cine Doré, con las enseñanzas de Antonio Santamarina. También son interesantes las explicaciones de Álvaro del Amo sobre la tecnología del pasado y el presente, y la dificultad de combinarlas; o el relato de la labor de locos que es buscar, ordenar y restaurar fragmentos de películas rescatados de la primera época del cine, como explica Luciano Berriatúa. Otras aportaciones no carecen de interés, pero como decíamos, se desvían a terrenos que debían formar parte de otros documentales. Que solo con la labor filmotequera, y sus devotos, había para más de una hora de fascinación sobre los orígenes y deterioros del cine. Aún así, aporta buenas ideas, conocimientos y sensaciones.

 

 

REEL DREAMERS, de Silvia Angrisani y Lorenzo Cioffi.

Jugando con la fonética del inglés para equiparar el rollo de película con el real y efectivo anhelo de estos soñadores, y a pesar de ser una producción italiana, Reel Dreamers se centra en los cines independientes que permanecen en funcionamiento en París, desafiando a todas las batallas, crisis y cambios de paradigma del medio. Yonquis del cine, y no sólo de las películas, sino de sus rituales y su técnica, que heredaron un cine de su padre, o se enteraron de que se vendía una sala en ruinas y la compraron para ofrecer a sus clientes sus películas queridas como quien invita al salón de su casa a los mejores amigos para darles una cena exquisita.

Programan lo que otros no quieren y que ellos convierten en joya a apreciar: películas de reestreno, minoritario cine de autor, sesiones especiales como la de Rocky Horror o clásicos de Fritz Lang. Y, como dice uno de ellos, no dividen las películas en antiguas y nuevas, clásicos y estrenos, sino en películas buenas y malas. “Y procuramos dar las buenas”, dice riendo. Esos pequeños cines maravillosos, y sus divertidos, entusiastas y un poco frikis dueños, son capaces hasta de ponerse en la calle a reclutar clientes, en una escena costumbrista que es de lo más gracioso de un filme que en solo 40 minutos da una panorámica de la efervescente actividad cinéfila de París, que aún permanece viva y fascinante, y de unos modos de vida alternativos o a contracorriente, que tan necesarios son.

Ah, y se destaca en el documental que el Ayuntamiento de París cuida como oro en paño los cines y su diversidad, o al menos es consciente de la importancia que tienen para la idiosincrasia de la ciudad. Y temen e intentan evitar cualquier cierre. Como en España…(ejem).

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Donald Rumsfeld y Noam Chomsky, autorretratos a través de otros // Atlántida Film Festival (1)
Ricardo Aldarondo 21-04-2014 | 12:18 | 0

En el Atlántida Film Festival, el festival al que se asiste en internet, con una programación de películas aún inéditas en España (incluídos algunos estrenos mundiales) y disponibles por poco dinero, se pueden ver dos películas de directores ilustres que indagan en la personalidad y obra de dos personajes más ilustres aún, y famosos e influyentes. Ambos trabajos, muy diferentes, se basan en una larga entrevista. Ambos personajes se autorretratan a través de su conversación con los directores. Una de las dos, curiosamente, es prácticamente una película de animación.

THE UNKNOWN KNOWN, de Errol Morris.

Donald Rumsfeld, el mago de las palabras. En realidad este hombre fue Secretario de Defensa de Estados Unidos en los años 70, con Gerald Ford, y luego con George W. Bush (entre otros cargos), responsable por tanto de las operaciones en Afganistán y la invasión de Irak. Pero aparte de las armas a gran escala, le gusta jugar con las palabras, al parecer. Y repite como una especie de mantra, entre infantil y arrogante, lo que considera un inteligentísimo análisis del poder de la información, combinando en distinto orden las palabras del título, lo sabido y lo desconocido, para plantear incógnitas sobre lo que conocemos y lo que creemos conocer, lo que desconocemos que conocemos y conocemos que desconocemos. Eso le intriga y fascina muchísimo, y forma parte de su verborrea, que Errol Morris, avispado, paciente y austero director de documentales que ya hizo algo parecido con otro secretario de Defensa en Rumores de guerra (2003), deja que fluya con libertad y tranquilidad.

Y así, a medida que Rumsfeld va contando su vida, y su trabajo como agente de un modo u otro de buena parte de los conflictos internacionales de las cuatro últimas décadas, se va retratando. Realmente no desvela gran cosa: la revelación es precisamente el asombro que produce que un hombre con ese poder hable con esa frivolidad por un lado, y con una especie de vehemencia vacía, un tono de aparente seguridad para dotar de firmeza a frases aparentes que en realidad carecen de significado relevante. Y más que esconder la verdad, que se supone que también, da la impresión de que Rumsfeld tampoco es capaz de hacer un análisis profundo, claro y certero de la política, las decisiones relevantes, la responsabilidad.

Errol Morris intercala otras declaraciones, las realizadas por Rumsfeld en ruedas de prensa durante sus mandatos, en las que abundan las evasivas, los trabalenguas, la retórica vacía con tal de no contestar a los periodistas. Porque calla lo que sabe, o porque no sabe. Y siempre con una sonrisa, entre cínica y bobalicona. Esa sonrisa permanente, que determina la frase del cartel, tan demoledora: “¿Por qué sonríe este hombre?”. Y al final, en la respuesta a la última pregunta que le hace Morris (“¿por qué aceptó participar en esta película”?), se resume perfectamente la estupefacción que produce el personaje.

 

IS THE MAN WHO IS TALL HAPPY?, de Michel Gondry.

Curiosamente, también la película sobre el filósofo y activista Noam Chomsky encierra un cierto trabalenguas en su título, parte de las teorías del protagonista sobre el lenguaje y el conocimiento. En lo que Michel Gondry subtitula como “una conversación animada” (otro juego de palabras), el director de ¡Olvídate de mí! (2004), La ciencia del sueño (2006) y Rebobine, por favor (2008) toma una decisión curiosa, y coherente con su mundo de fantasía artesanal y algo infantil que desplegó en las dos últimas de las películas citadas: aunque filmó la entrevista con una pequeña y vieja cámara, apenas incluye imágenes de esa conversación. La película se articula con el sonido de la entrevista sobre un abigarrado en incesante encadenado de dibujos en forma de animación primaria, en parte heredera del Yellow Submarine de The Beatles y con trazo como de rotulador escolar, que van creando imágenes como el borbotón del pensamiento, a medida que Chomsky elabora sus teorías sobre la evolución de los seres humanos, la vida y la muerte, lo heredado y lo aprendido, la genética, la ciencia, la intuición, las creencias, el lenguaje, la comunicación y otra serie de temas más o menos filosóficos.

A pesar del colorido, la gracia y la efervescencia de los dibujos de Gondry, las dos vías del relato pueden resultar algo áridas, tanto la visual, por pura acumulación, como las ideas que vierte Chomsky, y también Gondry, que van de lo concreto a lo conceptual, de las certezas a las preguntas sin respuesta, o las respuestas más intuitivas que certificadas. Pero la imperfección de la forma es parte del propio relato: Gondry incorpora sus obsesiones por terminar el peculiar documental mientras está rodando otras películas de ficción que hizo simultáneamente, The Green Hornet (2011) y La espuma de los días (2013), y trata de explicar a posteriori los malentendidos que se crean en la conversación, cuando hace sus preguntas a un Chomsky que a veces parece salirse por la tangente cuando le conviene o no tiene una respuesta concreta. Pasando de lo abstracto a lo terrenal, hay un pasaje muy bonito sobre la relación con su mujer, desde que ella tenía 19 años hasta que murió. Y hay muchas ideas, cuestiones eternas, que plantean al espectador interesantes dilemas; otras se pierden en la nebulosa de lo inabarcable. También hay muchos momentos de regocijante imaginación y gracia en los dibujos animados, en una película peculiar, algo farragosa, pero estimulante para los sentidos y la razón.

 

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Secretaria, secretaria, la que convive con los Beatles y luego calla
Ricardo Aldarondo 14-01-2014 | 3:57 | 6

La historia de The Beatles está muy trillada, sí. Y tampoco atrae mucho la búsqueda de nuevos datos hurgando en las más recónditas relaciones de los cuatro mitos con cualquiera que se cruzara en su camino. Y sin embargo Good Ol’ Freda, el documental sobre la secretaria de The Beatles que se vio en el festival Dock of the Bay, tiene razón de ser, interés y sentido. Y acaba cautivando. Freda Kelly será un personaje conocido para los más obsesivos y detallistas fans, pero a muchos devotos de The Beatles nos había pasado desapercibida. Sin embargo Freda siempre estuvo ahí: primero como seguidora de ese grupo de chicos de su ciudad que tocaban en The Cavern y a los que iba a ver una noche tras otra, y con los que charlaba después o incluso le acompañaban en alguna ocasión a casa. Luego, como secretaria del club de fans oficial de los Beatles, cuando fue contratada con solo 17 años, y trabajó en las oficinas de Brian Epstein hasta poco después de la separación del cuarteto.

 

 

 

 

 

 

 

Lo bueno es que en Good Ol’ Freda esta mujer ahora sexagenaria, con toda su humildad y discreción, se convierte en un personaje protagonista en sí mismo. Es su historia lo que cautiva, por encima incluso de lo que pueda contar sobre las intimidades de Paul, John, George y Ritchie, como ella llama a Ringo. Porque desde que dejó ese trabajo a principios de los 70 (continuó por poco tiempo en Apple después de la separación de los Beatles) hasta ahora, Freda apenas había contado todo lo que vivió junto a los cuatro de Liverpool, ni siquiera a sus más allegados. Tenía un montón de cajas con cartas, discos, fotos, fanzines, autógrafos y mil cosas más en el altillo de su casa, pero “no había mirado todo esto en 40 años”, confiesa. Su propia hija explica que nunca le dio mucha importancia a ese pasado, y que hay mucha gente que le conoce en su entorno diario y no tiene ni idea de esa historia de su juventud. Y sin embargo ahora que se ha decidido a contarlo todo para el documental, Freda habla con enorme cariño, naturalidad y detalle de esos diez años en los que estuvo codo con codo con el grupo que revolucionó la relación entre el músico y su audiencia, entre otras muchas cosas.
Freda se casó y tuvo hijos y continuó con otros trabajos de secretaria. Y nunca olvidó pero tampoco buscó provecho a todo lo que había vivido con los Beatles. Y ahora lo hace de una forma discreta y elegante, que sin embargo aporta un punto de vista único sobre el ascenso y la personalidad de quienes provocaron la beatlemania, y de alguna manera te hace vivir en el centro de ese huracán. Freda habla con sinceridad pero sin morbo, describiendo hechos y formas de ser sin necesidad de buscar escándalos ni impactantes revelaciones. El documental es sencillo, todo basado en el relato de Freda, que cuenta todo muy bien, y algunos otros personajes importantes en aquel momento. Y hay una enorme trabajo de documentación: a pesar de que de los tiempos de The Cavern no quedan más que unas distantes imágenes en movimiento y sin sonido, y aunque solo se escuchan un par de canciones de The Beatles posteriores a Love Me Do, casi cada detalle del relato tiene su documento fotográfico, de manera que la historia se visualiza muy bien y no es el consabido encadenado de bustos parlantes.

La eficiencia con la que llevó el club de fans, que provoca divertidas anécdotas sobre las hazañas de las fans y de la propia Freda para conseguir que los Beatles le firmaran incansablemente los autógrafos que le pedían sus seguidoras, va destilando muchos detalles sobre la forma en que funcionaba entonces el mundo del rock y la cultura popular, y cómo se fue creando ese fenómeno de las estrellas de la música y los ídolos pop. Freda siempre se consideró una fan más, una especie de infiltrada en el corazón del objetivo. Y así trabajó. Pero al mismo tiempo manteniendo una asombrosa fidelidad al compromiso de discreción y a su afecto por los cuatro Beatles, como personas y no como mitos, y por sus familias, con las que Freda también tuvo mucha relación y para las que funcionó como nexo.

Aunque el entrevistador le deja hablar con traquilidad y sin presiones, en un momento no puede evitar la pregunta, al ir comprobando su grado de amistad con cada uno de los cuatro, a los que quería por igual o cada día a uno más que a los demás, alternativamente, según confiesa. “¿Pero en algún momento llegaste a tener una relación íntima con alguno de los cuatro?”. Ella, que ya ha explicado previamente que valora mucho la privacidad y cree que las personas famosas tienen derecho a mantener una vida íntima, esboza una sonrisa ligeramente picarona y responde: “Eso lo guardo para mí”. Como cantaban Mocedades: “Secretaria, secretaria / la que escucha, escribe y calla / la que hizo de un despacho tu morada / casi esposa, buen soldado, enfermera / y un poquito enamorada”. 

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Julio Bustamante ilumina la Valencia ensombrecida
Ricardo Aldarondo 10-01-2014 | 2:21 | 0

Era una asignatura pendiente. Aunque muchas veces he leído las devociones y llamadas de atención de Rock de Lux hacia la figura de Julio Bustamante, nunca había terminado de investigar en su trayectoria. La ocasión brindada por el festival donostiarra Dock of the Bay, al proyectar ayer el documental Bustamante Perkins fue todo un descubrimiento. Una epifanía, que dicen ahora. Iluminador en diversos sentidos.

Bustamante Perkins es una delicia de película, no hace falta que te guste o conozcas al personaje retratado. Enseguida te introduce en la vida cotidiana, tan normal y tan milagrosa, de un cantante-compositor (cantautor no le encaja bien, porque su música tiene tantas raíces en el pop y el rock como en otros géneros, del folk a la canción brasileña o francesa), difícil de definir y de describir, a pesar de ser tan accesible y habitual como cualquier ciudadano que pasea por la calle o por la playa.

Sin grandes pretensiones artísticas, pero con una distinción alcanzada desde la misma sencillez que practica el personaje retratado, los directores Pep Garrido y Xesc Cabot logran una descripción tan exacta como libre del mundo poético, artístico, vital y cotidiano de una cierta bohemia bien entendida, como amor al trabajo bien hecho, a la vida, al disfrute del día a día al margen de las imposiciones, pero sin ocultar los sacrificios que también conlleva una entrega a la coherencia artística y personal.

Con unas entrevistas muy naturales y bien seleccionadas (qué bien le definen tanto los críticos de música de Rock de Lux Santi Carrillo y Eduardo Guillot como los amigos y colaboradores), evitando el simple diálogo de bustos parlantes, Bustamante Perkins está llena de momentos bonitos, cálidos, divertidos y emocionantes. Destila un respeto por la música del autor que, aunque resulte paradójico, no suele ser frecuente en los documentales musicales, y aunque por cuestión de tiempo no se pueden dejar siempre las canciones enteras, los fragmentos están bien seleccionados y montados, guardando todas las esencias de las canciones.

Nos sorprendió en el coloquio brevísimo (se imponía la siguiente sesión) pero muy fructífero, que los directores explicaran que todo se filmó en una semana, porque la naturalidad y el detallismo del acercamiento a Bustamante en su intimidad parece que solo se puede lograr con mucho tiempo de trabajo y filmación. Lo que dice mucho en favor del talento del director y del propio Bustamante, siempre con el humor sutil a punto para contrapesar su sensibilidad. O de complementarla.

Aparte de frases y situaciones memorables, hay unas cuantas secuencias musicales a retener. Una de ellas es la interpretación junto al grupo Fred i Son de la canción Avions, en la que destacan las preciosas guitarras y la imaginativa línea de bajo además de la propia creación de Bustamante, claro, en esta actuación:

También es emocionante la versión que hacen de Sur del corazón, en el salón de la casa de Bustamante, como un ensayo entre amigos (e incluyendo como bajista al hijo de Bustamante), en la que destaca la voz y la presencia de Montse, con el sol mediterráneo inundando la estancia. Esa canción definió también lo especial que fue la proyección en el Trueba de San Sebastián. Porque en Sur del corazón Bustamante lleva quince años cantando la frase “Me gustaría visitar Euskal Herria pero nadie me ha llevado hasta allí arriba / Tengo un disco de canciones en euskera / que despierta en mí esa fantasía”. Pero hasta que lo hizo ayer el Dock of the Bay nadie había traido a Bustamante a San Sebastián, donde según explicó, su padre pasó la guerra. Y ese momento de la canción, claro, provocó sonrisas cómplices entre el público. No está esa secuencia en Youtube, pero sí  la preciosa canción contenida en su disco Entusiastas.

Y otro momentazo del documental es la canción que Bustamante dedicó a su madre, Adelina, montada con imágenes de ella sacadas de las películas familiares en Super 8, otro material que los directores utilizan magníficamente a lo largo de toda la película. Lamentablemente no puedo poner la canción porque no está en Youtube, se incluyó en su disco Con tal de volar.

Sin apenas citarlo expresamente, Bustamante Perkins define a la perfección una de las cosas que representa el cantante-compositor, dibujante y filósofo Julio Bustamante: la luminosidad, placidez y calidez mediterránea de Valencia, tanto a través de su urbanismo tradicional como de sus playas, el reverso total de la siniestra, tumoral y delirante Valencia definida y difundida a los cuatro vientos por los políticos que la han gobernado en los últimos años. Una luminosa Valencia, la que entrega Bustamante Perkins y todo su contenido, que reconforta y tranquiliza, muy evocadora.

Luego Bustamante dio un concierto en el Bukowski al que, muy a mi pesar, no pude ir. Eso lo tendrán que contar otros…

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