Diario Vasco
img
Etiquetas de los Posts ‘

In-Edit

El río que lleva a Bill Callahan cala hondo
Ricardo Aldarondo 19-11-2013 | 1:20 | 8

No solo en el título: la palabra river es recurrente en las letras de este Dream River, y también del anterior disco de Bill Callahan, Apocalypse. Otra que frecuenta es ride: cabalgar, en un país de silencio, como decía en el álbum previo, o sobre una flecha, como ahora en Ride My Arrow. El lenguaje de Bill Callahan se va haciendo cada vez más asombrosamente sintético y esencial: las palabras justas, la instrumentación más austera y necesaria, las melodías construidas con los mínimos elementos, con una voz grave que en un par de sílabas te deja contra las cuerdas, emocionalmente hablando.

Con Dream River , el bardo elegante y grave que con su traje y su guitarra sobrevuela la América de los lugares perdidos, los grandes paisajes y los sentimientos íntimos entrega solo ocho canciones, pero más que suficientes para completar otro disco importante, que cala hondo instantáneamente, pero tiene mucho recorrido en la belleza austera de cada uno de sus recovecos. Como los tres anteriores discos a su nombre (aparte del álbum live Rough Travel For a Rare Thing), Dream River condensa todo lo que fue probando y logrando con el sobrenombre de Smog (hay otro buen puñado de grandes obras a degustar en su discografía). Aunque siga en ese nicho sin forma pero con sus límites que es el indie, tendremos que ir colocando a Bill Callahan de una vez por todas entre la primera división de songwriters de todos los tiempos:  Leonard Cohen, Nick Cave, Roy Harper, Peter Hammill, etcétera. Aunque siga siendo minoritario.

No sé muy bien de qué hablan las letras, aunque hablen con palabras sencillas: Bill Callahan se vuelca cada vez más en una especie de jirones de imágenes evocadoras de lo impreciso. En Small Plane, una de las canciones más bonitas junto a Ride My Arrow (con su deje soul muy sutil), The Sing (aunque es en esta en la que cita a Marvin Gaye) y Seagull, sí hila algo más parecido a una historia (“Me gusta cuando tomo los controles tuyos / y tú cuando tú tomas mis controles / Realmente soy un hombre afortunado / Pilotando este pequeño avión”). Pero a veces basta con la sonoridad que da a una palabra, incluso la forma en que la acentúa o le cambia el acento: véase cómo dice barroom al comienzo de Seagull, una canción que, sorprendentemente, al cabo de un minuto se convierte en otra. Así escrito parecerá una tontería, pero es que una palabra en boca de Callahan cobra otra dimensión. Aunque no conozcas su significado. En serio. Lo mismo pasa cuando dice “as a map” en Ride My Arrow. O cuando mide el silencio que viene a continuación.


Ha vuelto a hacer uno de los mejores discos del año, pero no es fácil explicar por qué. Vuelve a ofrecer lo mismo que en los últimos discos, aunque hay matices en la instrumentación que aportan nuevo color: detalles de flauta, un instrumento bastante presente, completando las filigranas atmosféricas que emergen de la guitarra de Matt Kinsey y crean ese ambiente siempre imaginativo alrededor de la voz de Callahan y su guitarra básica. También hay órgano, piano eléctrico o violín, con intervenciones que siempre dan la sensación de crear un gran espacio con la mayor sencillez. No hay batería, solo percusión. Todo muy limpio y cálido. Lo mismo de siempre, quizás, pero es que Callahan es como esos artistas que poco a poco van depurando su obra siempre en una misma dirección, con una constancia y seguridad admirables, y siempre parecen dar en la diana, y abrir nuevas puertas.

Simultáneamente con la publicación de Dream River, más o menos, se vio en el In-Edit de Barcelona el documental Apocalypse: A Bill Callahan Tour Film. Su director Hanley Banks hace lo mejor que puede hacer un director de un documental musical: se contagia con todo respeto del espíritu del músico analizado. Y así la película es igualmente esencial y austera, minimalista en las formas y muy cálida en los contenidos. Puro catecismo Callahan. Dura poco más de una hora (ese es su único fallo: ¡te deja con las ganas de más canciones!). Se trata simplemente de acompañar al músico en su devenir por las carreteras en un tour por esa América retratada, aunque sea de forma elíptica, en sus canciones. Pero sin recurrir al anecdotario tópico (cómo elige los trajes cada noche o el intento de salvación de un animalillo atrapado en una valla son cosas importantes para definir al personaje), ni al colegueo entre músicos, ni nada de eso. Algunas declaraciones de Callahan, siempre interesantes e inusuales, imágenes paisajísticas y siete u ocho canciones en directo, filmadas con todo respeto y contención. Preciso y precioso.

Bill Callahan, que con su anterior disco dio un conciertazo en el Principal, vuelve el próximo febrero a San Sebastián. Será el 25 de febrero en el Kursaal (Sala de Cámara). Todo un lujo.

 

 

Ver Post >
Harry Dean Stanton no desvela nada, pero canta todo
Ricardo Aldarondo 07-11-2013 | 3:13 | 16

Un documental sobre un actor, con una entrevista a él, declaraciones de amigos ilustres que le conocen bien, y algunas escenas de sus películas más emblemáticas. Todo normal, simple y sencillo. Pero Harry Dean Stanton, Partly Fiction (Sophie Huber, 2o12) no es muy normal. Por Harry Dean, claro. Y porque su directora Sophie Huber ha dejado que todo se revele desde la contención y el respeto; desde la forma propia del protagonista de (no) comunicarse. Desde el comienzo, ella viene a preguntarle, “¿no te gusta desvelar nada, no?”. Y él simplemente dice que no. Nada que ver con el entrevistado huraño: el actor que impresionó a medio mundo con sus silencios en Paris, Texas, sí verbaliza que tiende a valorar mucho los silencios, cree que dicen mucho, le salen así. ¿De sus padres? Prefiere no hablar. Por miedo a que le embargue la emoción, no por despecho; muy al contrario.

En este documental que se ha visto en el festival Festival In-Edit de Barcelona, y también online durante unos días en In-Edit TV , Harry Dean Stanton no habla mucho, pero canta todo: más de una docena de canciones expresadas con una fragilidad y una melancolía ensimismada que te desarman. Tiene poca voz y menos técnica, pero la forma en que se abandona a esas melodías y esas letras, el viaje a otro mundo que delata su mirada, al que le llevan esas canciones y sus letras, resulta extraordinariamente conmovedor.

Llevaba casi treinta años trabajando en cine y televisión como secundario de presencia siempre luminosa, y cualquier cinéfilo de esa época lo tenía ya entre sus seres queridos cuando Wim Wenders le dio su primer papel protagonista en Paris, Texas (Wim Wenders, 1984)Ahora tiene 87 años, más de 200 películas a sus espaldas, un pasado mujeriego sobre el que reincide con sonrisa pícara, un bar al que va desde hace 42 años, y el convencimiento desde siempre de que en casa es donde mejor se está, porque no tienes que estar añorando tu lugar de origen.

Con sus frases escuetas Harry Dean sería un entrevistado cortante y áspero, pero su mirada y su rostro transmiten todo lo contrario: ninguna tensión con el entrevistador. Y así resulta de lo más elocuente. Con algunas frases geniales: “¿O sea que viajamos alrededor del sol a 27.000 kilómetros por hora? Eso me pone nervioso, tío”. Y en este punto es preciso enlazar con una frase de Lou Reed rescatada hace unos días por Alberto Moyano en este artículo, en su colofón.

David Lynch también le entrevista, pero como los otros ‘famosos-amigos’ que aparecen, Deborah Harry y Kris Kristofferson entre ellos, su papel está muy lejos del busto parlante laudatorio de otros documentales: entre todos consiguen expresar el especial cariño y la personalidad única que gravitan alrededor de Harry Dean Stanton. “Cuando actúa, su cara es la historia del personaje, no tiene que explicarla” (Sam Shepard). “No hablas mucho, Harry, pero cuando dices algo, todo tiene sentido” (el barman de su bar favorito).

En los fragmentos escogidos de su intervención en películas como Alien, el 8º pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), Una historia verdadera (The Straight Story, David Lynch, 1997), La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, Stuart Rosenberg, 1967) o Repo Man (Alex Cox, 1984), en una filmografía en la que también figura Los locos del bisturí (Young Doctors in Love, 1982) como recuerda Wim Wenders, prevalecen los silencios. Y sin embargo, Harry Dean Stanton: Partly Fiction, debe transmitir mucho, muchísimo, en este documental porque te dan unas tremendas ganas de pasar una tarde con él, y darle un abrazo. Aunque como expresa inmejorablemente el texto de presentación del film en el In-Edit, “el misterio no se desvela. ¿Qué le pasó a Harry Dean Stanton? ¿Qué pena lleva dentro? La verdad está en la canción”.

Ver Post >
Nos vamos al In-Edit de Barcelona sin salir de casa
Ricardo Aldarondo 25-10-2013 | 3:40 | 0

Nostálgico perdido de la edición del año pasado, que nos dio para altas experiencias cinematográficas que conté aquí y tan rocambolescos como gozosos descubrimientos musicales-amistosos que también conté aquí, vuelve el festival In-Edit de Barcelona, dedicado a los documentales de música en toda su vasta variedad. La undécima edición comenzó ayer. En toda esta década ha sido una lamentable coincidencia que las fechas del In-Edit se solapen totalmente con las de la Semana de Terror de San Sebastián, lo que nos ha impedido tradicionalmente en los dos, como nos hubiera gustado, y nos hemos quedado siempre sin el de Barcelona, dolor compensado en parte con la celebración luego en enero de ese hermano pequeño donostiarra, ya autónomo, que es el Dock of the Bay.

El caso es que ahora podemos ir al In-Edit y a la Semana de Terror a la vez, más o menos. El In-Edit tiene una faceta virtual cada vez más desarrollada. Y este año ya se puede ver casi la mitad de la programación a través de internet en la In-Edit TV. Y las películas se van estrenando online a la vez que se proyectan en la sala de Barcelona. No es lo mismo, te lo aseguro: ni por las proyecciones, ni por el ambiente, ni por los bares con discjockeys de después. Pero al menos sirve para ver algunos buenos films y conocer la siempre golosa, bien escogida y a menudo sorpresiva programación del In-Edit. Que, conviene decirlo una vez más aunque es obvio, no está focalizado ni muchísimo menos en el ‘indie’ como algunos tienden a pensar, sino que recorre los más diversos conceptos de música. Y de documental.

Coincide que casi todas las películas que más me interesaban van a estar disponibles online, así que hago este Top 10 por orden de apetencia y/o ansiedad personal de lo más interesante que podemos ver en la distancia, no del total de la programación. Una de ellas, Todos somos estrellas, se estrena hoy mismo, viernes, y otras irán estando disponibles durante los próximos días. Y permanecerán unas semanas más online una vez que haya terminado el festival real.

Los textos de cada película son los que ofrece el propio In-Edit, pero en la web tenéis más información de cada una, pongo acceso directo desde cada título. Entre las que no se van a poder ver online y apetecen un montón, dos obras de cineastas imprescindibles: la filmación de un concierto de Duran Duran por David Lynch, y Jonathan Demme contando su pasión por un músico que desconozco, Enzo Avitabile, en Enzo Avitabile Music Life. Y también un documental sobre Doc Pomus y otro sobre “la Motown de los marginados”, Stone Throw Records y… mucho más.

1. Greenwich Village: Music That Defined a Generation

Laura Archibald - Canada – 2012 – 93’

Una bella narración de bohemia sixties, espíritus libres, cafés nocturnos y cantautores. Un sonido que cambió los tiempos. Una panda (Tim Hardin, Tom Paxton, Eric Andersen, Judy Collins… ¡y Dylan, por supuesto!) y un barrio que tomaría el mundo.

 

2. Harry Dean Stanton: Partly Fiction

Sophie Huber - Switzerland – 2012 – 77’

El actor más suyo y silente de Hollywood nos rompe el corazón hablando de su periplo e interpretando algunas de sus melodías favoritas. Confesiones nocturnas, fragilidad a ojos vista, revisión de daños y un “Blue Moon” con rota voz que logra estremecer.

3. A Life In The Death Of Joe Meek

Howard S. Berger, Susan Stahman – United States – 2013 – 109’

Exhaustivo repaso a la vida del primer productor independiente del r’n'r, mago sónico y genio inglés. Se entrevista a la realeza rock (Jimmy Page, Alex Kapranos) y a la armada punk-rocker. Hay visión, locura, homosexualidad y discos extraordinarios. ¡Fans!

4. Apocalypse: A Bill Callahan Tour Film

Hanly Banks – United States – 2012 – 61’

Callahan hablándole a América. Un viaje con el hierático e introvertido músico (antes Smog) a través de fábricas, parques y conciertos. Rituales, canciones y reflexiones sobre símbolos (y sobre su país) se van deslizando por la pantalla con un fluir acuático.

 

5. Basically, Johnny Moped

Fred Burns – United Kingdom – 2013 – 77’

El punk más raro y genuino de todos. Chrissie Hyndie, Captain Sensible, Shane McGowan y Billy Childish, más los Mopeds originales, bordan un documental sobre autenticidad y demencia que avanza a ritmo de anfeta, lleno de energía e historias hilarantes.

 

6. Cortometrajes Dick Fontaine

Dick Fontaine – United Kingdom – 1968 – 77’

Fontaine examina a cuatro músicos incorruptibles (del jazz y de la vanguardia) con varias lentes: un análisis artístico de práctica/teoría (Sound???), un perfil formal (Who is Sonny Rollins?) y la captura de un momento (Who’s crazy? Ornette Coleman).

7. Finding the Funk

Nelson George – United States – 2013 – 77’

Una colorida exploración del funk de la mano de ?uestlove (The Roots). Una cruzada en busca de ese puente entre soul y hip hop donde aparecen todos, maestros (James Brown y Sly Stone, Bootsy Collins y George Clinton…) y alumnos (D’angelo, Mike D).

 

8. Todos somos estrellas

Juan José González , Salvador Sepúlveda, Salvador Marina – Spain – 2013 – 76’

Un entrañable film sobre Tabletom -grupo maldito desde 1975, herejes del rock andaluz-, pero también sobre Málaga, costo, amistad perenne y música sin precio. Con fans de antología: Raimundo Amador, Extremoduro, Kiko Veneno, Los Delinqüentes y más.

 

9. The Sound of Belgium

Jozef Devillé – Belgium – 2012 – 85’

Los belgas “trabajan duro y fiestean más duro”. Un divertidísimo viaje por la ignota infección del clubeo en Bélgica, de los organillos 20’s al hardcore 90’s, pasando por el popcorn 60’s y el newbeat 80’s, hasta la dominación mundial. Una clublandia muy suya.

 

10. The Jazz Messenger + Betty Carter

Dick Fontaine – – 0 – 96’

Dos míticos del jazz, un batería (Art Blakey) y una vocalista (Betty Carter), según Dick Fontaine. El director captura la relevancia presente y el entusiasmo perenne de dos veteranos que han escapado de la museización para codearse con nuevos talentos.

Ver Post >
Imberbes pero lúcidos Rolling Stones
Ricardo Aldarondo 04-12-2012 | 1:01 | 0

Mientras celebran su 50 aniversario en unas pocas ciudades, y siguen despertando los eternos comentarios sobre la juventud de Mick Jagger y el milagro de que sigan (casi todos) juntos medio siglo despúes, es igualmente de actualidad la verdadera juventud de The Rolling Stones, gracias a un documental salido milagrosamente de esos archivos olvidados, o simplemente cerrados voluntariamente. Charlie Is My Darling es el gracioso título de esa película filmada en 1965 pero nunca difundida, que ofrece ahora múltiples disfrutes.

The Rolling Stones hicieron en 1965 unas cuantas actuaciones por Irlanda y el manager Andrew Loog Oldham decidió que un equipo de filmación registrase el periplo, más que nada para que el grupo y su equipo se viese en el espejo. Por eso las filmaciones quedaron más o menos guardadas como material de archivo propio. Ahora Charlie Is My Darling se ha exhibido en diversos festivales, el In-Edit de Barcelona entre ellos, y casi de inmediato se ha publicado en DVD y Blu-Ray, en una edición internacional que contiene subtítulos en castellano.

El documento no es solo atractivo para fans de The Rolling Stones, también para cualquier interesado en la eclosión del pop y el rock como cultura de masas o del fenómeno fan impactando, para su propio estupor, en la cara de los artistas. Incluso es adecuado para futurólogos. Porque la ventaja de ver esas actuaciones y esas entrevistas 47 años después aporta paradojas regocijantes. Por ejemplo, Mick Jagger (ya con los labios más rebosantes de la era precirugía estética) diciendo que el pop es un fenómeno efímero, pero que ellos ya llevan quizás demasiado tiempo (tres años teniendo en cuenta que habían comenzado en 1962) y no sabe cuánto más podrán aguantar.

Brian Jones, que tanta imaginación aportó a ese periodo sesentero de los Stones, dice que prefiere no hablar de su futuro; murió cuatro años después ahogado en su piscina.

Charlie Watts, que en las siguientes décadas se confirmó como ese señor impasible sentado a la batería, ya dice a sus 24 años y en medio de la vorágine que lo que más le gusta es estar en casa. No es óbice para que alguna fan, cuando se pregunta “cuál de los Stones es tu favorito”, responda “Charlie is my darling”.

Aparte de ese juego temporal sobre el destino de The Rolling Stones, sorprende su lucidez y serenidad (no es un juego de palabras con las cuestiones del alcohol y las drogas; aquí parecen aún ‘limpios’) a tan joven edad de todos ellos, y especialmente de un Mick Jagger de 22 años. Otras secuencias ofrecen la oportunidad de verles relajados en camerinos y habitaciones de hotel, tocando por pasar el rato canciones de los Beatles con la guitarra acústica que Keith Richards parece no soltar a ninguna hora (I Feel Fine entre ellas) o Elvis Presley, con paródica imitación vocal y gestual incluida.

Pero quizás lo más asombroso es verles tocar en cines, en fila delante de un telón, mientras la audiencia no para de gritar ni un segundo: ahí se explica por qué los Beatles dejaron de actuar ante un público que no parecía interesado en escucharles. La excitación crece y aunque los movimientos de Mick Jagger no son aún más que embriones de su desbordante gestualidad posterior (apenas hay provocación sexual aún) y Brian Jones solo agita la pandereta sin más incitación al levantamiento, algunos espectadores irrumpen en el escenario. Y lo sorprendente es que, lejos del abrazo cariñoso al estilo del que pretenden los fans de Morrissey, los incipientes stonianos empujan a los músicos, los zarandean  y saltan como monos entre ellos, mientras Jagger aguanta con resignación la embestida, y Brian Jones abandona el escenario tranquilamente tratando de sujetar su guitarra y con un tipo, literalmente, subido sobre su espalda. Hay policías cerca, pero no saben qué hacer. También hay un cura muy estirado en primera fila, pero esa es otra historia.

Charlie Is My Darling se ha restaurado en su máxima duración uniendo dos montajes distintos del filme que se hicieron en su día. El DVD y el Blu-Ray contienen las tres versiones. Ah, y el documental sirve para constatar de nuevo cuán buenas eran ya esas primeras canciones de The Rolling Stones: Heart of Stone, Play with Fire, I’m Alright o, claro, (I Can’t Get No) Satisfaction.

 

Ver Post >
Me topé con Manos de Topo
Ricardo Aldarondo 10-11-2012 | 3:32 | 2

(Esto es un spin-off del anterior post sobre el In-Edit)

La situación era así: estábamos el sábado pasado después de la entrega de premios del Festival In-Edit de Barcelona en el bar donde se celebraba la despedida de la décima edición, charlando con unos y otros. Me reencontré con una de las amistades que me ha procurado esta visita como jurado al In-Edit. Y ella estaba acompañada por un chico que, antes de que hubiera tiempo para las presentaciones, me espetó “¿así que tú eres uno de los que ha dado esos premios?”, para a continuación expresar sus desacuerdos. Argumentaba sus opiniones con vehemencia, con esa confianza que da la vieja amistad, aunque no nos conocíamos de nada, y yo le contestaba con las mías. En el fragor, ibamos saltando de los documentales premiados a otros que no lo habían sido, mientras la disidencia solo iba en aumento. “No le hagas mucho caso, que le gusta incordiar”, me echó una mano nuestra común amiga, como queriendo rebajar el grado del ataque dialéctico, temiendo quizás que yo me sintiera molesto. Pero es que el tipo tenía mucha gracia. Con su barba y su pelo revuelto, defendía sus opiniones (o sea, atacaba las mías, y yo las suyas) de forma tan contundente como, en realidad, cómplice. En fin, que discutíamos con energía, pero buen rollo.

En una de sus argumentaciones, dijo como de pasada, y con inequívoca humildad: “Es que como yo tengo un grupo, me parece que está muy bien reflejado el día a día de los músicos en este documental”, o algo así. Le pregunté, claro: “¿Y qué grupo es?”, pensando en algo absolutamente amateur. “Manos de Topo”, respondió. “Hombre, pero sí es un grupo muy conocido, ¿no?”, contesté, viendo al mismo tiempo que me había metido en un callejón sin salida: sabía que era un grupo suficientemente importante de los dos o tres últimos años, los recordaba en la lista de lo mejor de 2011 de Rock De Lux, pero era incapaz de decir algo sobre ellos, sus canciones, su estilo, un vídeo, algo. Quedé fatal. Pero él, elegante, no hizo la más mínima alusión a mi imperdonable ignorancia. Seguimos hablando un poco más de los documentales, encontrando las apreciaciones que nos unían, y enseguida nos cerraron el bar y nuestra en realidad disfrutable discusión se diluyó tan rápido como se había generado, y nos perdimos de vista a la salida.

Al día siguiente me dije que debía averiguar quien era ese elemento de Manos de Topo y tratar de paliar mi desconocimiento. Busqué al azar en Google y caí en este vídeo que me dejó fascinado.

Ahí estaba mi socarrón contrincante siendo afeitado mientras cantaba de una forma como no había oído nunca. ¿Era una broma ante el terror a la cuchilla o su insólito estilo? Antes de resolver el enigma, me asombró el plano secuencia del vídeo, pasando de lo privado a lo público con participación improvisada de la gente de la calle (¡ese final con las monedas!) y lo buena que era la canción, con esa instrumentación básica a lo Modern Lovers.

Probé con otra para comprobar, ayudado por los comentarios, que efectivamente esa era la habitual (y extraña) forma de cantar de Miguel Ángel Blanca (ahora ya identificado con nombre y apellido) y que provocaba mucha adicción y algunos rechazos. Creí que no iba a ser posible empatizar con ese tono implorante y lloroso en grado extremo, pero empezó a sonar El cartero y a desfilar sus imágenes y…

…pues qué buena esta canción también. ¡Y qué letras! Hacía tiempo que no escuchaba pop en castellano con ese grado de humor surrealista, riqueza literaria, ingenio y originalidad. Y con unos arreglos instrumentales siempre inesperados, tan sencillos como certeros, muy lejos de las rutinas del pop indie español. Sublimes esos coros en el centro de la canción, y los arreglos de viento, y el xilófono. Y encima el vídeo estaba curradísimo y poseía eso tan poco frecuente, una buen idea llevada a cabo con mimo e imaginación en todos sus aspectos. Ví que estaba firmado por Kike Maíllo, el director de la película Eva, y me cuadró su altura cinematográfica e incluso el nuevo reto actoral de Miguel Ángel. Empezaba a entender el personaje: esa voz implorante, quejosa y acusadora se carga de sentido al comprobar que todas las canciones hablan de desamores y abandonos (como las de The Wedding Present) y se construyen como declaraciones desesperadas, incluso vengativas, de amores imposibles o idilios fugaces. Sorprende el dramatismo pasional de la voz en contraste con el humor, a veces descacharrante, que contienen todas las letras. Siguiendo la estela de Kike Maíllo, encontré este otro videoclip espectacular a él debido, y otra canción irresistible, Es feo.

Y otro/otra más, Tus siete diferencias

Averigüé que Manos de Topo tienen ya tres elepés (más vergüenza por mi parte por no enterarme en todo este tiempo de su existencia más allá de su nombre) y una buena legión de fans; que se prestan a la colaboración enriquecedora y son capaces de hacer con esta convicción (también aguantando un poquito la risa) una versión de Bailar pegados, de Sergio Dalma (no se pierdan el momento caricia) junto a The New Raemon.

Y aquí estoy una semana después, hecho un fan de Manos de Topo, buscando sus CDs por las tiendas (ya he conseguido el espléndido Escapar con el anticiclón, y aún me rio cada vez que leo el título del segundo disco, El primero era mejor), y deseando poderles ver en directo. A Miguel Ángel no le pienso discutir nada de nada.

Ver Post >

Otros Blogs de Autor