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Lawrence

Pete Astor y el mejor disco que no aparece en las listas
Ricardo Aldarondo 04-01-2012 | 3:16 | 5

Uno diría que Songbox de Pete Astor, es uno de los mejores discos de 2011 y que igual no ha habido ninguno tan redondo, tan ajustado. Pero no aparece en ninguna lista. Bien es verdad que podría estar en las listas de hace cinco o diez o quizas 20 años, pero no porque su contenido sea viejo, sino más bien atemporal. Y no es Pete Astor un desconocido, aunque sí un músico que se queda en los márgenes, como recogido. Sú música es tan normal que podría gustar a todo el mundo, y tan especial que solo alcanza, por las razones que sea, a unos pocos.

Hubo un tiempo en que The Weather Prophets, el grupo con el que despuntó Pete Astor, era todo un hype. Su mini-lp Diesel River (1986), Mayflower (1987) y Judges, Juries and Horsemen (1988) no fueron gloria de un día: tres discos impecables con un pop británico refinado y melancólico, pero recio, cargado de aromas americanos, muy sutiles. Nada de country & western, a pesar de la cazadora de ante y flecos de Pete (o Peter) en aquella época.

Sus canciones eran mucho mejores que, por ejemplo, las de R.E.M. Pero las cosas a veces quedan así de mal repartidas. Y a pesar de contar en un principio con el impulso de Creation, el sello con el que Pete Astor ya había grabado sus primeras canciones con su grupo inicial The Loft, The Weather Prophets pasó pronto a diluirse entre la frondosa amalgama de nombres que la Gran Bretaña de mediados de los 80 dio entre el pop de guitarras más imaginativo.

Pete Astor merecería tener, al menos, el reconocimiento y aprecio como songwriter de un Lloyd Cole. Pero ni eso, aunque sus canciones y su gusto interpretativo estén al menos a la misma altura (y tengan muchas similitudes en alguna canción: The Perfect Crime). Uno diría que no tiene nada que envidiar a Leonard Cohen, incluso. Pero el mundo no está de acuerdo.

En los últimos 23 años, Astor ha alternado discos en solitario como Submarine (1990), Zoo (1991), Paradise (1992) y God & Other Stories (1993), todos estupendos, con dos grupos orientados a una música más instrumental, electrónica y experimental, por decir algo, aunque siempre manteniendo el tono casero y cálido, y aún cantando en ocasiones: The Wisdom of Harry y Ellis Island Sound. Discos de aún más restringida y curiosa edición y distribución, que reflejan a un Pete Astor que hace lo que quiere, con la tranquilidad, al parecer, de ganarse la vida como profesor.

Con Songbox recuperamos, seis años después de Hal’s Egg (2005) al cantautor sencillo, de voz apegada, afectuosa, susurrante, pero nada quejumbrosa. Y otro puñado de sus canciones ajustadas, perfectas en sus modestas aspiraciones, con esas melodías que siempre encuentran un momento para pasar de lo normal a lo especial, de la modestia a la excelencia.

Once canciones que te cautivan enseguida, unas a la primera, otras a la tercera, hasta demostrar una coherencia total. No hay un momento de desperdicio o duda, no decae la inspiración. Una instrumentación básica se engalana con algún detalle siempre inesperado: esta vez sobre todo flautas, fagots o clarinetes, también pianillos o voces femeninas que redondean con distinción sin igual lo que en manos de otros serían cuatro acordes básicos.

Songbox comienza con la nostálgica, solitaria y grave Dead Trumpets y la absoluta delicia de Tiny Town y sólo con eso se intuye que Pete Astor, como los grandes, solo hace un disco cuando sabe que tiene material de la más alta calidad. Es difícil a estas alturas hacer una canción distinta sobre la manida palabra de cuatro letras que ni siquiera nombra, pero lo consigue con las más sencilla expresión en Four Letter World. En Dunce y Tree of Birds, clama en busca de un poco de esperanza “cuando todo es feo aquí”, pero como siempre, en voz baja, sin pretensiones, sin exigir nada. Otras veces la melancolía tiene dejes irónicos: esos coros de Slip Away, otra de las mejores, que parecen transportarte a algún vídeo eurovisivo en blanco y negro de los 60, una sensación que reaparece con cierta frecuencia en las canciones de Pete Astor.

Es Songbox un disco para guardar y volver a abrir, y descubrir una y otra vez. Y como pequeño tesoro, se presenta en una caja de cartón de embalar, que contiene el disco como tal, y un segundo CD en el que diversos músicos amigos reinterpretan las canciones en el mismo orden. Están Darren Hayman, Pete Greenwood, The Raincoats o Piano Magic, ninguno consigue ni de lejos redondear las canciones como ya lo hace el propio Astor en el primer CD, pero algunos apuntan matices interesantes.

Además, la caja contiene doce postales, con dibujos o una foto de Pete Astor con su perro por un lado, y las letras de cada una de las canciones por el otro. Un conjunto de sensaciones que no te dará ni el Spotify, ni el iTunes, ni el Youtube. Y por el precio de un CD normal.

Cuando hace un par de meses hablamos aquí del estreno de Lawrence of Belgravia en Londres, ya contamos que allí vimos en la sala, asistiendo a la premiere, a Pete Astor con su aspecto de tranquilo profesor, como viejo amigo de Lawrence (Felt/ Denim / Go-Kart Mozart) que es. Ahora, como conteniéndose un poco la risa de la situación, Lawrence entrevista a Pete Astor sobre su disco en un vídeo en dos partes. Dos amigos, dos perdedores aparentemente, pero qué par de talentos, y cuánto ganamos con sus canciones.

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En la premiere de 'Lawrence of Belgravia' (Felt / Go-Kart Mozart) en el Festival de Londres
Ricardo Aldarondo 24-10-2011 | 2:20 | 0

Quienes conocen a Lawrence, o alguno de sus tres grupos que desde los 80 ha liderado (Felt, Denim y Go-Kart Mozart) saben de la enorme importancia que ha tenido el músico de Birmingham para el pop británico más imaginativo y para el ‘indie’ más auténtico, aunque su figura siga siendo culto de minorías, adoración (justificada) de iniciados. Es injusto, porque él siempre ha soñado con ser una estrella del rock. Y sigue aspirando a ello.

Conociendo su insólito devenir (delicado e introspectivo en su juventud, que no bebía ni fumaba y era capaz de echar a un músico porque su imagen le disgustaba; anacrónico heroinómano a los 40 y casi homeless durante un tiempo, con escasas apariciones en la prensa musical) los fans no imáginábamos que se fuera a realizar un documental sobre él. Pero ha ocurrido, se titula ‘Lawrence of Belgravia’ (en juego con el barrio londinense donde vivió durante una buena época), lo dirige Paul Kelly y se presentó en premiere el pasado viernes en el London Film Festival. Como estábamos por allí, y gracias a la pericia de mi amigo José Manuel Caturla que compró a tiempo las últimas entradas (los tres pases estaban agotados muchos días antes del estreno y se planeaba añadir un cuarto), fuimos a la premiere de ‘Lawrence of Belgravia’ en la sala principal del British Film Institute que impulsa el London Film Festival.

La primera incógnita era si Lawrence acudiría al estreno. Conociendo (o eso creíamos) su talante esquivo y tímido, pensábamos que no. Pero allí apareció, con la misma cazadora amarilla que llevaba el año pasado en el concierto de Go-Kart Mozart en Madrid. En el hall se encontró con algunos de los músicos que le han mostrado rendida admiración en estos años, y que incluso le han ayudado a salir adelante. Vimos a Peter Astor (ex The Weather Prophets, con su pinta de profesor, que lo es ahora, compaginando con sus esporádicos discos en solitario y proyectos más experimentales como Ellis Island Sound), al guitarrista de Cornershop, Ben Ayres, y a los componentes de St. Etienne, cuyo sello Heavenly Records ha producido el documental.

Lawrence se mostraba encantado de ser el protagonista del evento, saludaba a unos y otros y estuvo dispuesto al autógrafo, aunque lo que más le interesaba era convencernos de que nos suscribiéramos al libro que se va a publicar sobre Felt si hay suficientes interesados y cuyas postales publicitarias se repartían a la entrada. Pero ya lo habíamos hecho antes.

El documental es espléndido, aunque bien es verdad que se necesita estar introducido en el personaje para disfrutar plenamente de él. Porque ‘Lawrence of Belgravia’ no es una biografía al uso, ni un repaso a la historia de los tres grupos básicos de su protagonista, ni ordena datos ni repasa discografías. En sintonía con la escasa inclinación de Lawrence por la nostalgia, la película de Paul Kelly refleja su vida actual, cómo se muda de un piso a otro, la preparación del nuevo disco de Go-Kart Mozart que saldrá en enero (seguido de un mini-Lp en primavera) y ensayos y actuaciones del grupo, visitas a amigos y conocidos (desde una tienda de vinilos de segunda mano, a otra de sombreros) y referencias nada convencionales a asuntos como la heroína o la industria del rock.

La única imagen de Felt aparece en los títulos de crédito finales, aunque hay muchas referencias al grupo en las declaraciones de Lawrence que en su mayor parte no son producto de la típica entrevista, sino el relato en primera persona de sus gustos, su forma de pensar y su permanente e inteligentísima ironía. Cuando se entrevista con periodistas, más que declaraciones pomposas se extraen las divertidas situaciones que Lawrence crea y que le retratan muy bien.

El documental desmonta en buena parte la imagen esquiva, tímida y huraña que nos hayamos podido crear de él en estas tres décadas. Con ese aspecto frágil y despistado, es tremendamente agudo en sus reacciones: el público se partía de risa con sus irónicas e ingeniosas respuestas y reflexiones, y con su extraña mezcla de ‘outsider’ y virtual estrella del rock.

‘Lawrence of Belgravia’ también sirve para recordar lo excelentes que son muchas de las canciones que ha hecho con Go-Kart Mozart y Denim, aunque parezcan proyectos más livianos y sigamos teniendo más mitificada la época de Felt. Un grupo que no consiguió el éxito masivo como otros grupos independientes de los 80, de New Order a The Smiths (aunque estaban a su altura en calidad y capacidad de influencia), simplemente porque a John Peel no le gustaban y no los programaba, según asegura Lawrence sin asomo de rencor. Y cuenta cómo John Peel le devolvió con una nota poco amable el primer disco autoproducido de Felt, ‘Index’. Y muestra el ejemplar.

Paul Kelly ha hecho un trabajo muy imaginativo y peculiar, creando situaciones y montajes para retratar a un personaje insólito de una manera distinta, tan cautivadora como reveladora. Lawrence es retratado, más que con veneración, con respeto y admiración por su inteligencia y su sentido artístico realmente único. El músico es indisociable de la persona, con un encanto enorme que se refleja en los rostros de todos los que le rodean. Aparece en situaciones con algunos de los muchos grupos actuales que han mostrado su admiración por él, como Belle & Sebastian y St. Etienne, pero no usa en absoluto el cliché de la vieja leyenda sostenida por las nuevas generaciones. No cuento más detalles por no aumentar los spoilers.

Tanto Lawrence como Paul Kelly tuvieron un coloquio al final de la proyección con uno de los programadores del London Film Festival, en el que el público pudo preguntar, sobre todo a Lawrence y mostrar su entusiasmo por el documental, acorde con la enorme y merecida ovación que se produjo al final de la proyección. Ahora a esperar que se publique pronto en DVD. Y con subtítulos.

Añado vídeos de dos de mis (muchas) canciones favoritas de Felt. El vídeoclip de fan de la primera contiene algunas raras fotos, en la segunda basta con la portada de ‘Forever Breathes the Lonely Word’, protagonizada por Martin Duffy (hoy en Primal Scream), que en la canción interpreta el órgano de forma gloriosa y memorable, como en toda la segunda etapa de Felt.

Y aquí, el link al artículo que publiqué en la revista Rock de Lux cuando Felt anunciaron su separación, rescatado hace poco por el blog ‘Cuando éramos alternativos’.
http://cuandoeramosalternativos.blogspot.com/2010/03/felt-rockdelux-67-septiembre-1990.html


El crítico de Rock de Lux José Manuel Caturla departiendo con Lawrence

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