Diario Vasco
img
Etiquetas de los Posts ‘

Nosferatu

Un top 10 para el ciclo Max Ophüls de Nosferatu
Ricardo Aldarondo 27-11-2013 | 1:58 | 0

Comenzó el pasado miércoles el ciclo Nosferatu dedicado al cineasta Max Ophüls, un repaso a toda su obra que ocupará los miércoles del Principal de San Sebastián hasta finales de mayo. Toda la información sobre las películas y las fechas que se proyectaran está aquí, en la página web de Donostia Kultura. No hay que olvidar tampoco el estupendo libro de la colección Nosferatu que ha coordinado Carlos Losilla, una aproximación al cineasta desde muy diversos ángulos a través de artículos de diversos autores, entre los que me cuento, y que se puede comprar aquí, además de en librerías especializadas.

Pero ante alguna petición expresa he elaborado algo así como las diez imprescindibles de Ophüls. Porque uno creía que, siendo Ophüls uno de los grandes maestros indiscutibles de la historia del cine, su obra sería más conocida. Pero en la primera sesión, en la que se vio la última película que hizo Ophüls, Lola Montes, se pudo ver a cinéfilos bien cultivados y de abierta curiosidad que sin embargo nunca habían visto una película de Ophüls, o incluso a otros de cierta edad que a pesar de haber aprovechado las ocasiones en que sus filmes se han visto en televisión, no habían logrado ver más de cinco o seis de las películas que hizo el cineasta alemán afincado en Viena hasta que Hitler le obligó a huir como judío perseguido. Hace dos o tres décadas, cuando Televisión Española era una maravillosa filometeca de cine de calidad para todos, se podían ver con cierta normalidad al menos las películas de la segunda parte de la carrera de Ophüls. Ya hace muchos años que no, proscrito como está prácticamente el cine en blanco y negro de la televisión, y casi todo el clásico. Así que la ocasión que brinda Nosferatu es emocionante. Aunque también ha habido ocasión en los últimos años de disfrutar algunas de las mejores películas de Ophüls en excelentes ediciones en DVD de Versus, Le plaisir y Madame De…, con libretos explicativos y complementos audiovisuales muy valiosos, o por parte de Bang Bang, en el caso de Almas desnudas (The Reckless Moment).

Dos salvedades: elijo diez porque se me pidió recomendación de las imprescindibles y por aquello del número redondo. Pero prácticamente toda la obra de Ophüls es de mucha altura, no hay etapas de bajón, y sólo las dos primeras películas son algo más impersonales, aunque disfrutables. Y otra, importante: no he incluido Lola Montes, porque ya se proyectó la semana pasada, pero indudablemente tiene que estar en los primeros puestos de lo mejor de Ophüls.

1. Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948)

Una de las historias de amor más hermosas, elegantes, acongojantes, desgarradoras y sutiles que ha dado el cine. Lo es ya su argumento, obra del gran Stefan Zweig. Pero si se puede considerar obra maestra la novelita corta, lo es también en su terreno la película en la que Max Ophüls despliega por primera vez en todo su esplendor su inigualable expresividad con los grandes movimientos de cámara. Una película con dos protagonistas extraordinarios, Joan Fontaine y Louis Jourdan, que resulta tan conmovedora por lo que cuenta (el recuerdo de una mujer de lo que fue un amor tan fugaz como intenso, el milagro de que dos personas hechas la una para la otra coincidan o no en un tiempo y un lugar) como por la propia evolución de las imágenes, por el puro disfrute de los encuadres, las miradas, la perfecta armonía entre los decorados, los personajes y los movimientos de cámara, algo por otra parte común a las otras obras maestras que Ophüls haría después. Sencillamente sublime.
Letter from an Unknown Woman

2. Madame de… (1953)

El crítico Andrew Sarris dijo que era la película más perfecta jamás realizada, aunque ese tipo de maximalismos pueden perjudicar a un film que simplemente se sitúa también entre las cimas del melodrama de todos los tiempos. Un gran retrato de mujer, la esposa de un general con el que convive sin amor (magnífica la secuencia que los muestra cada uno en su alcoba) y la historia de unos pendientes que hacen un rocambolesco recorrido, paralelo a los amores furtivos de la protagonista y el esposo. La secuencia inicial con el recorrido por el joyero de la adinerada mujer mientras habla para sí misma, hasta que se enfrenta al espejo, ya es una maravilla. Otro momentazo es el encadenado de bailes en el salón de la mujer y su amante para mostrar el afianzamiento de su relación.
Madame de...

3. La ronde (1950)

Otro de los grandes autores de la vivísima cultura vienesa de las primeras décadas del siglo XX, Arthur Schnitzler, ideó esa estructura circular para su obra de teatro, en la que un personaje se relaciona amorosamente con otro y éste con el siguiente. Así se construyen una serie de pequeñas pero intensas historias concatenadas, de amor y desamor. A pesar de ese origen teatral, como en el caso de Stefan Zweig, Max Ophüls consigue que el resultado sea absolutamente cinematográfico y que todo encaje en ese ritmo de vals que parece recorrer muchas de las películas del director, con más melancolía y seducción que euforia danzante.
La ronde

4. Almas desnudas (The Reckless Moment, 1949)

De las cuatro películas que realizó en Estados Unidos (más una quinta que no terminó), dos se inscriben de una forma muy particular en la estética del cine negro, aunque sin abandonar su corazón de melodrama. Esta es estupenda, aunque también la otra, Caught (1949). Demuestra cómo Ophüls, después de haber huido de Austria, pasando por Italia, Francia y Holanda (y realizando películas en esos países) logró adaptarse a la industria de Hollywood manteniendo sus propias señas de identidad como en Carta de una desconocida, pero también entrando en el cine de género y evitando el producto rutinario o aséptico. No sólo la presencia de Joan Bennett puede hacer recordar al cine de Fritz Lang, también el peso del destino y el ambiente opresivo y sin salida para su protagonista, una madre que intenta salvar a su hija cuando el novio de ésta aparece muerto. La vi por primera vez en televisión hará unos 30 años; llegué con la película ya empezada unos minutos, pero la imagen de esa madre burguesa buscando con una linterna en el embarcadero, y haciendo lo que hace a la mañana siguiente, tenía algo hipnótico que me atrapó de inmediato y me mantuvo mucho tiempo deseoso de poder ver la película otra vez desde el primer fotograma. La ocasión tardó años en llegar.
The Reckless Moment

5. Le plaisir (1952)

Partiendo de un escritor muy distinto, Guy de Maupassant, Ophüls realiza una película en la línea de La ronda a merced de su personal estilo, de nuevo engarzando tres historias distintas a través de la búsqueda del amor sublime y los placeres de la vida. Una película admirada por Stanley Kubrick y Todd Haynes, dos de los muchos cineastas devotos de Ophuls influenciados por su manera de filmar. De hecho, la relación materno-filial de Almas desnudas (The Reckless Moment) puede recordar un poco a Mildred Pierce, la novela de James M. Cain que Todd Haynes llevó de forma magistral al formato miniserie. y en una de las historias de Le plaisir hay un baile de máscaras que indudablemente debía fascinar al director de Eyes Wide Shut. Todo conecta.
Le plaisir

6. De Mayerling a Sarajevo  (De Mayerling à Sarajevo, 1940)

La vida aristocrática en el final del imperio austrohúngaro y el modo en que cambió esa sociedad con su decadencia y la llegada de la Primera Guerra Mundial, a través de una relación amorosa a contracorrienote de las normas imperantes. Pura elegancia formal, la que luego heredarían el Luchino Visconti de El Gatopardo o el Joe Wright de Ana Karenina.
De Mayerling a Sarajevo

7. La mujer de todos (La signora di tutti, 1934)

La película que Ophüls hizo al refugiarse en Italia huyendo de la ascensión de Hitler al poder se construye como un gran flashback a partir del intento de suicidio de una estrella de cine. Con esa técnica de recuperar el pasado que tantas veces utilizaría luego el cineasta, se reconstruye la azarosa vida amorosa de una mujer, marcada por la tragedia y el éxito al mismo tiempo, y con una relación con un joven y su padre, nada menos. Aparte de esos atrevimientos morales para la época, La mujer de todos ya contiene ideas visuales esplendidas, como la utilización de la impresión de los carteles de la actriz en el final.
La signora di tutti

8. Amoríos (Liebelei, 1932)

Tras sus tres primeras películas más balbuceantes, Liebelei supone el afianzamiento en lo que serían su estilo y sus temas favoritos: la Viena imperial, una relación amorosa furtiva, y la incursión en el melodrama contenido y elegante a partir de otra obra de Arthur Schnitzler.
Amoríos

9. Yoshiwara (1937)

Entre las películas menos conocidas de su primera etapa, Yoshiwara es también una de las más curiosas de su filmografía, rodada en Francia, aunque ambientada en Japón. Una mujer joven de clase alta pero obligada a prostituirse por la ruina de su familia, un oficial ruso que la enamora y un conductor de rickshaw fascinado por la chica y tratando de salvarla. La vida como representación, una idea recurrente en del cine de Ophüls, aparece en primer plano en la llamativa secuencia en la que los protagonistas imaginan su futuro.
Yoshiwara

10. Komedie om Geld (1936)

En esa etapa menos conocida de los años 30, la obra de Ophüls también incluye esta comedia que, como la posterior La conquista de un reino (1947), una aventura de capa y espada, se encarga de recordar que  el cineasta no sólo practicó el melodrama. Sarcasmo en torno a la crisis, los bancos y el paro, su temática tan de actualidad nos recuerda la gloriosa frase que 20 años más tarde Ophüls incluiría en Lola Montes (1955): “Los banqueros envejecen menos que sus clientes”. Por eso y por todo lo demás, Ophüls aparece como un cineasta absolutamente vigente, y cuyo cine se puede disfrutar una y otra vez, porque está cargado de belleza, ideas y sentimientos.
Komedie om Geld

Nosferatu: Ophüls from Donostia Kultura on Vimeo.

Ver Post >
Sobre Jesús Franco: una revista, una aventura y el electroshock de Klaus Kinski
Ricardo Aldarondo 03-04-2013 | 11:33 | 0

Tres apuntes dispersos en la muerte, ayer, de Jesús Franco:

1. La entrevista. Extraigo un par de preguntas de la entrevista que le hice a Jesús Franco en la Semana de Terror de San Sebastián de 1998, publicada en El Diario Vasco el 1 de noviembre de ese año:

-Igual es que en su momento era usted un pionero y ahora está en la generación que le corresponde.

-Te agradezco mucho que me digas eso porque así es como me siento. He nacido diez años antes de tiempo, por lo menos.

-¿Klaus Kinski era feroz?

-Qué va. Le he visto alguna crisis de cólera, pero no le he sufrido ninguna. Pero, claro, es que estaba loco de verdad, y de vez en cuando tenía una crisis. Entonces yo le decía: “Klaus, cálmate, hacemos un plano más y te invito a un electroshock, que te va a venir como dios”. Y ya se ponía a reir.

La entrevista completa se puede leer aquí:

 

 


 

 

 

 

 

2. La revista. En 1991 aún era poco frecuente oir hablar de Jesús Franco y reivindicarlo con orgullo. Sí lo hacían Carlos Aguilar y Ramón Freixas, que ya había estudiado minuciosamente su obra y tratado de recomponer su dispersa y vasta filmografía. Eran los primeros tiempos aún de la Unidad de Cine del Patronato de Cultura de San Sebastián y José Luis Rebordinos ya la dirigía. La revista Nosferatu estaba aún en sus primeros (y muy cotizados) números, y durante un breve tiempo tuvo otra revista hermana llamada Dezine que editó unos pocos números en torno a otras programaciones de cine que se hacían en el Principal, entre ellas las primeras ediciones de la Semana de Terror. En el equipo de redacción de ambas revistas estábamos unos cuantos, Jesús Angulo, Txema Muñoz y uno mismo entre ellos, y Rebordinos decidió acometer un ciclo de quince películas sobre Jesús Franco. Sara Torres facilitó que dos de los ilustres sobrinos del cineasta, Javier Marías y Ricardo Franco, escribieran sobre su ‘tío Jesús’ artículos que, sobre todo el de Marías, han reaparecido luego en libros recopilatorios y revelaron la personalidad en la vida familiar, juvenil y personal de Jesús Franco. Con los años, muchos jóvenes seguidores le acabaron llamando ‘tío Jess’: una legión de sobrinos en forma de fans, para los que Jesús Franco siguió siendo el fascinante relator, el divertido sabio, el maestro iniciático en el entusiasmo por una cultura popular y vivida a tope. Esa revista, el número 4 de Dezine, titulada Jesús Franco, francotirador del cine español‘, sigue siendo hoy, creo yo, un completo acercamiento al cineasta (aunque falten sus últimos 22 años de actividad, claro), ilustrado con algunas fotografías y carteles publicadas de forma desinhibida y natural por una institución municipal, cosa que hoy sigue sorprendiendo. Las de Historia sexual de O, por ejemplo.

He aquí la portada y el sumario de un número hoy descatalogado, por supuesto:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. La aventura. La obra de Jesús Franco está lógicamente marcada por su tendencia al terror y el cine erótico, o porno. O incluso por sus coqueteos en su última época con el rock ‘indie’ en Killer Barbys. Pero queremos rescatar aquí una película mucho menos improbable en el imaginario de Jesús Franco, y que sin embargo encaja perfectamente en su pasión eternamente juvenil por la literatura y el cine. Se trata de Un capitán de quince años, versión de la novela de Julio Verne, y que fue una de las nueve películas, nueve, que hizo en 1974. Una película aparentemente de mayor empaque, una de aquellas coproducciones europeas, en este caso hispano-francesa, que en los años 60 y 70 sacaban adelante muchas películas de aventuras que alimentaban los cines de barrio. Un capitán de quince años es, por tanto, una adaptación muy en serio, aunque con la limitaciones presupuestarias y la libre puesta en escena propia de Jesús Franco: los planos de la nave parecen sacados de algún barco-museo y las escenas de acción están montadas a trompicones. El momento de máximo peligro, cuando los protagonistas están a punto de caer con su balsa por una catarata, se resuelve con un par de planos disimulados entre el ramaje, y el tiroteo tiene tanto desparpajo como un complicado sentido de la orientación. Pero al menos transmite una pasión por la aventura y un deseo de ofrecer un viaje iniciático, con tintes de melodrama paterno filial, que entonces era posible destinar a la chavalería. Su protagonista, José Manuel Marcos, quizás relacionado con el productor del filme, Arturo Marcos, no parece que volvió a actuar en ninguna otra película. Eran otros tiempos en un cine español cargado de productores emprendedores que podian encontrar una receptividad para una película como esta: se estrenó en seis cine de Madrid, al menos, y tuvo un total de 258.662 espectadores, nada menos.

 

Ver Post >

Otros Blogs de Autor