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Pop

Nick Lowe toma el puente con su voz conquistadora
Ricardo Aldarondo 28-03-2016 | 6:36 | 2

Nada hacía presagiar que aquello pudiera funcionar: Nick Lowe solo con guitarra acústica al aire libre y gratis, como ‘gancho’ para un festival que se presumía multitudinario, el Stop War que ha montado la capitalidad cultural de San Sebastián 2016, en medio de un puente (el de María Cristina) y de la ciudad. Pero la voz única de Nick Lowe logró ayer domingo lo inesperado: que el público estuviera en silencio y con atención reverencial (al menos en la zona más cercana al escenario), como embelesado por la delicadeza y rotundidad con que el veterano británico que fue estandarte de la new wave y se dejó seducir (para engrandecerlos) por sones americanos en la madurez, desgrana cada una de sus canciones. Todas las palabras, cada una de las inflexiones de su voz, tienen importancia y entrega por un intérprete que, sin dramatismos ni rimbombancias, canta observaciones agudas sobre el exterior ( ‘People change’, ‘What’s Shaking on the Hill?’) o el interior (‘Sensitive Man’, ‘House For Sale’, profundas y conmovedoras historias de corazones rotos como ‘I Live in a Battlefield’). Cuánta sabiduaría con tanta sencillez.

Sin necesidad de aplacar al público, simplemente envolviéndolo en su aterciopelada voz que trae ecos de todos los principios básicos de la historia del pop y el rock, Nick Lowe se movió entre el rock de ‘onemanband’ (‘Raging Eyes’) y la balada desarmante, adentrándose con toda naturalidad en el terreno del susurro, retando al viento (el mismo que fastidiaba el sonido de los vídeos de aficionados con pocos recursos) como único competidor sobre el rumor de la ciudad en momentos tan emocionantes como ‘The Beast in Me’, la canción que compuso para Johnny Cash. Como acudió a todos los momentos de su extensa (aunque no demasiado prolífica) y muy cuidada carrera, no podía faltar la imperecedera ‘Cuel To Be Kind’. Coreable, y coreada por el público, también con delicadeza.


Mientras las elegantes vidrieras de las torretas del puente ejercían de decorativas lunas artificiales, Nick Lowe no se apegó a proclamas fáciles para ajustarse al festival Stop the War. Era mucho más sutil y natural dejar fluir su ‘(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love, and Understanding’ que también Elvis Costello hizo suyo, pero que su autor contrarresta con especial refinamiento. Total, que aunque hubiera sido más deseable verle en un sitio así acompañado de una banda, lo que parecía abocado al desastre se convirtió en una hora justa de maravillosa música al viento, y en medio del puente. Sólo esa ‘old magic’ de Nick Lowe podía lograrlo.

 

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Tracey Thorn sola, un recopilatorio con sentido
Ricardo Aldarondo 07-12-2015 | 6:21 | 2

No entiendo, y me asombra, que en estos tiempos en que se supone que no se compran discos porque la gente prefiere el zapeo y accesibilidad del streaming, o las marejadas del pirateo, se sigan vendiendo y produciendo en gran cantidad y con despliegue publicitario, discos recopilatorios. Me refiero sobre todo a los socorridos ‘grandes éxitos’, que siguen en los grandes escaparates aunque sea con anzuelos como un segundo disco de rarezas o conciertos, o dos o tres temas nuevos del grupo separado hace tiempo. Y también a esa estridencia infumigable de los discos que antes llevaban la pegatina de ‘anunciado en TV’, subproductos salidos de programas de efímero éxito, contenedores a granel de las canciones de éxito del año y demás. Hoy cualquiera se puede hacer su playlist de favoritas, y si se trata de ‘grandes éxitos’ su disponibilidad será total, lógicamente. Pero ahí están los recopilatorios más banales coupando anuncios, vitrinas, espacio vital.

Pero como siempre hay una balsámica excepción a la regla, Tracey Thorn acaba de publicar uno de los pocos recopilatorios que no solo tienen sentido y merece pagar por ellos: se podría decir que es absolutamente necesario, para los oyentes que han quedado fascinados por su voz y su elegancia en las tres últimas décadas, y para completar el rompecabezas de su carrera. En el caso de Tracey Thorn, una panorámica era pertinente, sobre si como esta se dedica a lo menos evidente, a lo periférico y sin embargo importante. Desde su efímero inicio con Marine Girls, en su gloriosa (doble) etapa en Everything & the Girl, la electroacústica y la electrónica, y en su no menos brillante aunque demasiado esporádica carrera en solitario, Tracey Thorn se ha caracterizado además a lo largo de los años por colaborar con muchos otros grupos. Y, sea casualidad o buen gusto, siempre con artistas y en canciones que han quedado como algo especial, memorable.

La personalidad de su voz, por muy tímida que parezca, traspasa fronteras. Estilísticas, sobre todo. Sólo así se entiende que haya tanta coherencia entre sus colaboraciones con grupos tan distintos como Working Week, Massive Attack o The Style Council. ‘Solo: Songs and collaborations 1982-2015′ mezcla temas propios y colaboraciones con otros, en una secuenciación que ni siquiera es cronológica, pero describe una sinuosa línea de sensibilidad, buen gusto, emociones y coherencia.

Desde las fabulosas ‘The Paris Match’ de The Style Council y ‘Venceremos’ de Working Week (con la colaboración también de Robert Wyatt), que merecían quedar resaltadas como hitos de su carrera aunque oficialmente pertenezcan a otros hasta canciones de su última etapa tan notables como ‘Oh, the Divorcees’, o ejemplos de su importante disco navideño como ‘Joy’, entresacando un tema como ‘Small Town Girl’ de su primer disco en solitario, el de 1982 ‘A Distant Shore’, o una pieza de su breve banda sonora para ‘The Falling’ que publicó en un EP, consigue un recorrido gozoso de principio a fin. Otra joya: su versión de una de las maravillosas canciones que cantaba en su casa Molly Drake, la madre de Nick Drake, y que afortunadamente fueron recuperadas. ‘How Wild The Wind Blows’ es sobrecogedora en la versión original de Molly Drake, y sólo Tracey Thorn podía estar a la altura.

El segundo disco es más electrónico, empezando por ‘Protection’ de Massive Attack, la canción en la que muchos escucharon su voz por primera vez, y su siguiente colaboración con el grupo. Su etapa más clubber, aparte de la propia deriva de Everything But the Girl, resulta más pesada y, curiosamente, resiste peor el paso del tiempo, o eso nos parece, tanto en remixes de otros a partir de sus temas, como en sus aportaciones a la electrónica de Adam F, Tevo HowardTiefschwarz. Aún así, el conjunto es sustancioso, espléndido.

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Bassmatti y Gose en Igeldo, aperitivo del festival Kutxa Kultur
Ricardo Aldarondo 01-09-2014 | 4:25 | 1

Estamos ya en la semana del Kutxa Kultur, ese festival de música en San Sebastián que no se parece a ningún otro porque es difícil que alguno se celebre en un parque de atracciones y menos en uno tan increíble en todos los sentidos como el de Igueldo. Los Planetas, The Wombats, Lori Meyers, The Pains of Being Pure At Heart, Toy, Reptile Youth, Sean Nicholas Savage, Jaccob Garner y muchísimos más estarán actuando en este festival cuya primera ventaja es que se celebra de tarde a medianoche, que estás en el monte mirando a la ciudad y que puedes montarte en los autos de choque o en la montaña rusa y estar viendo a tu grupo favorito ¡a la vez!

Esta mañana se ha celebrado la presentación final a los medios, amenizados por dos de la quincena de grupos guipuzcoano que participan en los diferentes escenarios del festival. He aquí como aperitivo las dos canciones que ha interpretado Giorgio Bassmatti (que en el festival actuará con todo el equipo, como Bassmatti & Vidaur) y Gose.

El programa completo y el resto de la información, aquí: http://www.igeldofestibala.com/KKF/index.php/es/


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Bassmatti y Vidaur: la hora de los valientes
Ricardo Aldarondo 18-06-2014 | 4:46 | 0

Nada hacia presagiar en la calurosa noche del viernes pasado, y en el aún más caluroso bar, que el actuante iba a salir a escena con un gorro bien recio y ajustado, muy útil en Alaska. Mucho menos imaginaba nadie que permanecería toda la actuación, unos 50 minutos, con él encasquetado, en imposible conjunto con la camisa roja con chorreras y el pantalón vaquero. Pero así es Giorgio Bassmatti, un desafío permanente. Hasta en el vestir. Quienes sólo conozcan sus canciones por algún sistema fonográfico quizás lo imaginen como un romántico a veces meláncolico, a veces optimista. Que lo es. Pero no conocerán su buen humor, su condición de showman iconoclasta, su espíritu de we’re gonna have a real good time together.

El Dabadaba acogía a Bassmatti y Vidaur para presentar por fin su disco Melodías concertantes, que es bien bonito por dentro y por fuera, y más cuanto más se escucha y más se toca. Y era como jugar en casa, así lo declaraba el propio bardo barbado en Twitter horas más tarde de la performance: “Uno de los momentos más divertidos de mi vida. Y mira que hay… Nada como jugar en casa”. Efectivamente, Bassmatti y Vidaur se lo pasarno muy bien. Y los demás, también.

Y empezaron osados, interpretando enterita De todo, de nada, como siempre, prácticamente a capella, con algún inaudible acorde de guitarra. Luego ya entraron las bases pregrabadas, que hay que mantener los magníficos arreglos de Vidaur que engalanan orquestalmente las canciones en el disco, aunque solo puedan ser dos en escena. Pero Bassmatti y Vidaur live superponen frescura, naturalidad e improvisación sin que esas bases sean un corsé, con el Yon Vidaur reforzando las guitarras y dándoles protagonismo.

Un comienzo tan quedo se vio enseguida compensado por cosas tan eufóricas y alegres como Solo había que soplar más fuerte y su marcial comienzo, que Bassmatti aprovechó para trotar guitarra acústica en mano en el más puro David Byrne’s Stop Making Sense style. Ese esplendor melódico permaneció en Luces y cruces o en Carros y carretas, y la energía envalentonaba, vayapordiós, a los que parloteaban a volumen brutal al fondo en la barra. Nada que Bassmatti pueda temer, acudiendo también al anterior disco Apropósito, con El mejor amigo de la mujer:


Como Bassmatti es hombre de recursos, se bajó del escenario con atril y todo y, sumido en la oscuridad, sin micrófono, a pelo como los valientes, y con Vidaur como fiel escudero al fondo a la melódica, se marcó un intimísimo Y entonces ya será ideal que acalló por completo todo el local. Y como quiera que Bassmatti tuvo a bien plantarse justo delante de la cutrecámara de Mon Oncle, y componer él mismo el bonito plano (¿casualidad o posado?), disfruten aquí del resultado:

Tras repasar las siete canciones del ajustado y primoroso Melodías concertantes, no podía faltar, entre otras, el megahit DJ Invitado, con cambios en la letra para quien quiera descrifrarlos…

Y, como retando a quienes les consideran un eslabón más en la tradición indiepop donostiarra, el dúo cerró el concierto con una versión de Family, su arreglo de Carlos baila, ya exhibido en grabación hace un par de años, y que, glups, también tuvo algún cambio de letra, fruto de la fogosidad del momento:

Pero hubo más. Como artistas invitados estuvieron AMAtxu, que era lo que parecía pero no se sospechaba: una segunda versión o apéndice escuálido de AMA, solo con Javier Sánchez a la guitarra y Andoni Etxebeste a la batería. Los dos componentes justificaban los juegos de palabras del nombre con fonética en varios idiomas y desgranaron algunas nuevas canciones de Javi, en una vena de pop juvenil-maduro y amoroso, muy bien punteadas por las percusiones. El intento de meter algún bajo programado salió regulín, pero eso solo afianza las ganas de escuchar esas canciones con banda al completo, sin desmerecer las versiones desnudas y bien sostenidas que presentaron. También hicieron una versión de Magnetic Fields y cerraron con un par de extractos del disco de AMA Exposición permanente.

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Juan y Junior, ¿precursores del ‘indie’ pop español?
Ricardo Aldarondo 15-04-2014 | 4:16 | 10

Ha muerto Junior, que quizás sea ese del que hablarán las televisiones en programas sobre el lado oscuro del corazón, pero aquí lo que sentimos y añoramos es el Junior de los 60, y de un momento muy concreto: el dúo efímero pero importante que hizo con Juan Pardo. Porque Juan y Junior sólo publicaron media docena de singles y un Lp pero fueron suficientes canciones para definir un pop melódico que tiene más de un punto de contacto con lo que ha sido el pop indie español en los últimos años. No vamos a decir que ese Lp (que recopilaba muchas de las canciones de los singles) sea el Un soplo al corazón de los años 60, pero sus canciones sí pueden definir un momento concreto y un espíritu como las de Family lo hicieron en los 90. Teniendo en cuenta, claro, que Juan y Junior tuvieron toda la difusión en teles y radios, y venían precedidos de fama y grandes canciones, en Los Pekenikes y Los Brincos, otros dos de los nombres fundamentales en el pop español.

El caso es que Juan y Junior hicieron unas cuantas canciones melodiosas, herederas de The Beatles como casi todo en aquel 1967-1968, melancólicas y soleadas alternativamente, como pueden serlo algunas de La Buena Vida o los primeros Lori Meyers, incluso con un toque psicodélico que pueden emparentarlos hasta con Los Planetas (o al revés, claro) y, con bases pop-mod muy reproducidas dos décadas más tarde por Los Flechazos y Cooper, claro (escúchese la rockerilla Bajo el sol). No sé si escucharlas de niño le empuja a uno a valorarlas más o definieron ya un gusto por un pop directo, de espléndidas melodías y armonías vocales que, al fin y al cabo, es un terreno que también afectó a los comienzos de la movida madrileña, cuando se empezó a valorar el pop de los 60 que durante buena parte de los 70 había sido denostado: se pueden rastrear aquí claramente los orígenes de muchos elementos del primer Lp de Los Secretos. Y que siguen frecuentando muchos.

Por eso, he aquí un top 5 de Juan y Junior (antes de que tuvieran el giro cursi de Anduriña), comandado por la maravillosa Sol en julio, que en realidad es de Los Brincos, pero tiene todo el espíritu de lo que luego publicarían Juan y Junior. Canciones que merecen ser apreciadas y recordadas. Sirva también de despedida a Junior, aunque este Junior desapareció hace muchísimo tiempo.

1. Sol en julio.

2. La caza.

3. Nos falta fe.

4. Nada.

5. Bajo el sol.

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