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Rafael Berrio

195 días sin Lou Reed: el homenaje de Rafael Berrio, Capsula, We Are Standard, Sonic Trash y Petti
Ricardo Aldarondo 12-05-2014 | 12:40 | 2

Tras las imprescindibles gafas negras, Rafael Berrio lo dijo: «195 días. Los he contado. Desde el 27 de octubre. 195 días sin Lou Reed». Cinco grupos se reunieron en la sala Doka de San Sebastián el pasado sábado para rememorar esa ausencia, y rendir pleitesía a las canciones del neoyorkino. Pero solo Berrio ‘fue’ Lou, sin dejar de ser Berrio.

En la abarrotada sala Doka, Petti abrió la sesión de más de tres horas con las únicas referencias de la noche al Lou de la última época, en original traslación al euskera de  Dirty Boulevard y Romeo Had Juliette. Luego los rockeros Sonic Trash se decantaron por el repertorio de Velvet Underground con espléndidas recreaciones de Here She Comes Now, Venus in Furs o Heroin. Tensión y rigor con afiladas guitarras.

Rafael Berrio, acompañado por excomponentes de UHF y Amor a Traición como Iñaki de Lucas y José Manuel Puerto, además de Paul San Martín, acometió cuatro canciones de Berlin, recreando todas las esencias de Lou Reed con personalidad propia. Desde el depresivo inicio con Berlin y la cabaretera Lady Day, tras una pequeña interrupción en las primeras notas de piano, ya que Berrio le hizo parar y con tono absolutamente loureediano, dijo: “Quiero oir el vuelo de una mosca”. El inicio de una obra magna como Berlin precisaba devoción, respeto y silencio por parte del público. (Este vídeo tiene el sonido saturado por el demasiado cercano ampli de guitarra, allá sonaba mucho mejor).

Caroline Says y How Do You Think It Feels, y una épica Sad Song de espléndido crescendo, en la que al grupo se sumaron unos coros femeninos bordaron la impersonation más sentida de la noche, fiel y libre al mismo tiempo.

Los más populares quedaron para el final. We Are Standard pidieron poca luz para la lisérgica Ocean, con el cantante utilizando un raro instrumento de fuelle, y All Tomorrow’s Parties, y luego se lanzaron a un enérgico y fiel Vicious, además de un Pale Blue Eyes poco centrado (no se puede cantar esa canción entre sonrisas cómplices) y un Waiting For My Man mucho más redondo.

Y Capsula, tras algún problema de sonido con la guitarra en White Light /White Heat que solventaron sin achantarse, arrastraron al personal en unos extasiantes y algo exhibicionistas Rock and Roll, What Goes On y Run, Run, Run, que pusieron el local a cien grados, con más furia rockera que la intensidad contenida de los originales, y con el siempre tremendamente comunicativo Martín metido entre el público y ondeando la guitarra en lo alto. Entre el fragor del personal no pude grabar un vídeo decente, pero aquí está uno que ha colgado Oihana LoVe de Run Run Run, en la que el trío estuvo acompañado por Juanjo, guitarrista de Sonic Trash.

La sorpresa final fue preciosa: Rafael Berrio cantando solo con guitarra en total oscuridad Walk On the Wild Side mientras en dos columnas montadas con cajas de cartón, los personajes de la contraportada de Transformer cobraban vida en unas imaginativas proyecciones obra de Edorta Subijana.

And the colored girls say…

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Los nuevos 'Diarios' de Rafael Berrio: la alegría de la melancolía
Ricardo Aldarondo 21-01-2013 | 2:43 | 16

La portada no deja lugar a dudas: Diarios, el nuevo disco que Rafael Berrio presentará oficialmente el próximo martes 29 en Madrid, forma un díptico perfecto con el anterior, 1971. Diarios de los últimos dos años, quizás, cuaderno atemporal con todas las intimidades propias del cantautor que, según escribió Sabino Méndez el otro día, es un cruce entre Paco Ibañez y Velvet Underground. Yo añadiría a Carlos Gardel: no hay nada de tango en estos diarios, pero el aliento trágico y la grandeza (“bigger than life”, que diría Nicholas Ray) de las letras, ese vocabulario exquisito, inesperado y certero, parecen heredar de algún modo el espíritu de quien cantó de forma tan sobrecogedora Por una cabeza. El carrusel de la vida, ese carrusel que parece evocar el inicio de Las pequeñas cosas, burla desafiante de la filosofía del conformismo y la felicidad new age, que es uno de los mejores momentos de un disco en el que Rafael Berrio se muestra más desarropado que nunca, en un sentido, y lo más engalanado posible, en otro.

Solo acompañado por piano y orquesta (o su simulacro), gozando de emerger en la ampulosidad de unos arreglos valientes y esplendorosos de Joserra Senperena, que vuelven a estar entre la chanson francesa y el toque eurovisivo (de los buenos tiempos) del llorado Juan Carlos Calderón, aunque aún con más ambición y pompa que en 1971. Eso cuando hace falta, porque en otros momentos, como la oda al vino, muy leonardcohen, de Saturno, esos arreglos se vuelven comedidos y taciturnos. Esa canción, como otras, las habíamos escuchado, con la hondura un poco irónica de cada una de sus palabras, sobre las sencillez de las seis cuerdas de la guitarra, bien eléctrica, bien española, en los esporádicos conciertos de Berrio en estos dos años desde la publicación de ese 1971 que le ha procurado nuevos y arrebatados fans, algunos ilustres, como los hermanos Trueba, en cuya librería La Buena Vida se va a presentar el disco el martes de la próxima semana.

Foto: Juan G. Andrés (Foteropanico)

En esa librería se ha filmado también el nuevo vídeo, que se estrenará en breve, consagrado a una de las canciones más bellas de Rafael Berrio, la que abre el disco, con su contradictorio enunciado: …”la alegría de vivir / la que vas perdiendo tú…”. El disco se abre con esos arpegios de romanticismo clásico, ese aliento trágico que sigue escondiendo un cierto humor, o más bien un trasfondo de resignación irónica ante las angustias vitales que interpreta Berrio como el gran personaje existencialista que es. El comienzo de En las lindes del fin es otro momento conmovedor, como el resto de la canción, de estos Diarios de confesión y clamor, permanente declaración de intenciones y valores personales (La virtud de la desgana) que abundan en emociones: con el piano y la cuerda, el homenaje a los Santos mártires yonquis se convierte en una elegía preciosa y dolorosa, tanto como la María Inmaculada que cierra el disco, a no olvidar.

Rafael Berrio se consolida como un cantautor insólito, que aspira literaria y emocionalmente a lo sublime, que repudia las medias tintas de unos tiempos que buscan paños calientes. Altura artística de quien declama con claridad y melodía cálida y cadenciosa su visión de la vida con la sabiduría de los clásicos y una mirada desafiante y firme, al frente. Si bien en las diferentes etapas de su larga en el tiempo, aunque de obra esporádica y escogida, trayectoria puede haber adoptado los ropajes de los ídolos (Lou Reed, Bob Dylan, Leonard Cohen), el apellido que aflora ya por encima de cualquier otro es Berrio, puro Berrio, y más prolífico que nunca, además. Que siga así.

Hace 40 años Rafael Berrio podría estar apareciendo en televisión, cuando las grandes canciones dramáticas encadilaban y reconfortaban a grandes audiencias, entre decorados austeros de cartón piedra pero con sentimientos muy reales y universales. Ahora, soñar por soñar, nos imaginamos a Rafael Berrio en el centro de un escenario señorial, un viejo teatro, con toda una orquesta sinfónica detrás, y Joserra Senperena al piano. Si fuera posible…

Adenda: actuación en la librería Kaxilda de San Sebastián. El 4 de febrero Berrio presentó su disco en San Sebastián, en entorno literario, como en Madrid. Acudieron músicos ilustres y amigos distinguidos como Loquillo, Mikel Erentxun, Joserra Senperena y José Luis Lanzagorta. Berrio interpretó algunas de las canciones del disco en versión desnuda, solo acompañado por su guitarra y el contrabajo de Fernando Neira. Añado abajo los vídeos, otra producción Mon Oncle, de tres de las canciones que ofrecieron, Saturno, Santos mártires yonquis y Mi reputación. También hicieron, para empezar, La alegría de vivir.

Aquí se puede escuchar el álbum completo y ver el nuevo videoclip:




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