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Ron Sexsmith

Josh Rouse y el vals de la felicidad
Ricardo Aldarondo 31-12-2013 | 1:34 | 16

Para terminar el año, y empezar el siguiente, qué mejor que un disco titulado The Happiness Waltz y que también está entre los que hemos disfrutado plenamente durante 2013. Ocurre con todos los de Josh Rouse, un cantautor que, como Ron Sexsmith (véase su post aquí), viene a ser ese fiel amigo que nunca falla y siempre está más o menos igual: agradable, cálido, dicharachero. Rouse tuvo un pequeño bajón con los dos discos en los que le dio por cantar en castellano (es de Nebraska pero lleva años viviendo en Valencia, cosas del amor al que tanto canta). En The Happiness Waltz, en cambio, está en plenitud, producido una vez más por Brad Jones, que es quien mejor ha sabido engalanar sus canciones, y acompañado por músicos diversos, entre ellos los valencianos que le han sido fieles en los últimos años, Xema Fuertes, Cayo Bellveser y Esteban Perles,  el Raúl Fernández de Refree o Paul Niehaus, tantos años asociado a Lambchop, además del propio Brad Jones en diversos intrumentos. Los dos primeros le acompañaron el año pasado en su espléndido concierto en Intxaurrondo, que ya contamos aquí.

Rouse sigue aplicando su melodiosa voz a canciones que empiezan hablando de California y terminan reclamando la primavera y dando el invierno por terminado. Pop distinguido, soul blanco, esencias de country y sonidos acústicos engalanados por pianos eléctricos, flautas y hermosas secciones de viento como la de A Lot of Magic: nada muy nuevo ni capaz de resaltar en titulares, pero Josh Rouse es de los que se defienden únicamente con el poder de captación y acogida de sus canciones, nada hay en sus pintas o en su fórmula que lo haga llamativo. Sin embargo, todo es placidez y confort cuando empieza a sonar Julie (Come Out of the Rain), Our Love o Start A Family, canciones vitalistas y melancólicas, sonrientes pero no bobaliconas, agridulces sin pasarse de nada. Los arreglos están cuidadísimos y Josh Rouse despliega buen gusto en todo lo que canta, no hay más misterio. Vale para corazones solitarios y para reuniones amistosas, es buen acompañante en el campo y la ciudad, ni peca de soberbia ni se hace el modesto. ¿Todo demasiado en su sitio? A veces es necesaria esa dulce serenidad, saberse en buenas manos, puro placer para los oídos… Cosas tan sencillas pero tan bien dichas y tan necesarias como It’s Good To Have You.



En este año, además del redondo e inmaculado The Happiness Waltz, Josh Rouse ha creado la banda sonora de la nueva comedia de Daniel Sánchez Arévalo, La gran familia española. El director madrileño es fan de Rouse y ya usó Quiet Town en su anterior película, Primos. Para La gran familia española pidió algo que el de Nebraska no había hecho nunca, la banda sonora completa. Y además de nuevas canciones, creo la música incidental, conectando su vena country con la referencia que subyace en la película de Sánchez Arévalo, Siete novias para siete hermanos, aunque el estilo musical esté más cerca de un Midnight Cowboy.

Además, se reeditan en estos días, por primera vez en vinilo, dos de los mejores discos de Josh Rouse, el retro 1972 y el definitorio Nashville.

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En esta Navidad cantemos con Nick Lowe
Ricardo Aldarondo 23-12-2013 | 3:04 | 4

Lo prometió hace meses, en pleno verano, y ha cumplido: aquí está el disco navideño de Nick Lowe. Alguno se lo tomaría como una amenaza, pero para los que amamos los villancicos (en sentido amplio, cosmopolita) tanto como las fabulosa madurez del americanizado pero genuinamente británico Nick Lowe, las expectativas no podían estar más altas. Y, como era de prever en un infalible como Nick Lowe, se han superado con este Quality Street que, al igual que ocurrió con el también espléndido disco navideño de Tracey Thorn el año pasado (aquí el comentario en Mon Oncle), funciona tan perfectamente como canto a la fiesta melancólica por excelencia como en forma de un disco más, coherente con toda su discografía. Y apto para ser escuchado en cualquier estación del año.

La portada ya es de lo más intrigante, una postal familiar con sospechas de disfuncionalidad, de semblantes muy serios y con una mamá Noel como único adorno navideño. Quality Street, que lleva como subtítulo A Seasonal Selection For All the Family, en realidad sólo contiene un villancico tradicional y univeralmente reconocible, un Silent Night, o Noche de Paz, muy graciosamente trasvasado al twist pausado. Sin embargo la Navidad aflora en el espíritu, los títulos y la temática de todas las canciones, aunque los estilos musicales son los que Nick Lowe lleva practicando con enorme talento en los últimos años, aferrado a lo clásico, devoto de las raíces de la música popular americana de los años 50 y 60 (rockabilly, pop, dudúa, swing, twist, torch songs…), pero sonando perfectamente contemporáneo.

Solo dos de las canciones están firmadas por Nick Lowe (hay una tercera a medias con Ry Cooder, la serena e intimista A Dollar Short of Happy). I Was Born in Bethelem es una delicia, quizás en parte porque el estribillo parece casi directamente sacado del If I Only Had a Heart de El mago de Oz, cantada con esa arrulladora emoción que Nick Lowe borda cuando se pone confesional. La otra, es Christmas At the Airport, que certifica la tendencia a buscar situaciones y detalles inusuales dentro de la tradición navideña que salpica el disco, y se convierte ya mismo en un clásico a añadir al repertorio navideño universal. Es la elegida para el vídeo promocional, con una encantadora animación.

Nick Lowe deja claro su afecto a la Navidad, nada de ironías, con títulos como Christmas Can’t Be Far Away, una de las impecables baladas que contiene el álbum, o el cierre con la cimbreante I Wish It Could Be Christmas Every Day que con su contagioso optimismo podría aplacar cualquier conato de discusión familiar.

Toda foto o película de los años 50 con un niño jugando con un tren eléctrico es digna de veneración, y esa imagen es la que evoca Old Toy Trains, uno de los más bonitos y emocionantes moemntos del disco: Nick Lowe al 100% aunque se trata de una canción compuesta y publicada por Roger Miller en 1967 y que yo desconocía, así que descubrirnos joyas del pasado es otro de los efectos beneficiosos de Quality Street. Algún aficionado, al parecer finlandés o así, ha creado este sencillo y adecuado vídeo con fotos:

Y Ron Sexsmith, que se está empezando a convertir en un clásico navideño (uno de sus dos villancicos anteriores, Maybe This Christmas, ya fue versioneado precisamente por Tracey Thorn), ha compuesto especialmente para Nick Lowe un Hooves on the Roof tan espléndido como todo lo que produce.

En definitiva, un regalazo navideño este Quality Street, también editado en vinilo como no podía ser menos (se reproduce a 45 rpm y suena maravillosamente), que sirve además para recordar y conmemorar el maravilloso concierto que Nick Lowe ofreció el pasado abril en el teatro Principal de San Sebastián, que en su momento comentamos aquí incluyendo algunos vídeos exclusivos de la actuación en solitario), y que sin duda tiene que estar en las listas de los mejores conciertos del año. Pero ahora es tiempo de villancicos, como este Children Go Where I Send Thee, que abre Quality Street y resume perfectamente todo su espíritu.

 

 

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Esfuerzo y logro permanente de Ron Sexsmith
Ricardo Aldarondo 25-11-2013 | 5:20 | 0

Uno tiene la sensación de que se repite cuando habla de Ron Sexsmith. Es más, se podría decir que Ron Sexsmith se repite. Pero milagrosamente esto no es un handicap, sino una bendición. Sabes que no te va a fallar, que su nueva colección de canciones va a ser otra pequeña maravilla de las que dignifican el pop como una de las más estilizadas y elevadas artes. Sabes que no podrás decir en qué se distingue el nuevo disco de los anteriores, porque no habrá un cambio radical en el planteamiento, ni ideas conceptuales de las que sirven a muchos para contar el socorrido “abro una nueva etapa en mi carrera que lo vas a flipar” al presentar cada nuevo disco. Unas veces utiliza más acompañamiento de cuerda y viento, como ahora en Forever Endeavour, otras se muestra algo más eléctrico, pero no son elecciones que cambien sustancialmente el conjunto. Siempre prevalece esa prodigiosa voz acariciante pero recia, sensible pero nada melosa, de un Ron Sexmith que va contando sus cosas, sus deseos y decepciones, pérdidas de rumbo y alegrías en compañía, entre melodías siempre maravillosas, no se sabe cómo lo hace.

Ni siquiera es fácil elegir unas canciones sobre otras, así de constante es la inspiración y la calidad que acompaña a este canadiense con una decena de espléndidos discos, que siempre ha tenido lo que se supone que hay que tener para triunfar. Pero hace tiempo que no basta con tener buenas y pegadizas canciones para ser popular; se diría que eso es casi hoy un handicap. Se han utilizado muchas de sus canciones en películas (es ideal para ilustrar historias sentimentales, sea con un punto de comedia o de drama) y ha tenido como padrinos a Paul McCartney y Elvis Costello, dos referentes claros en la base de su estilo. Han hecho versiones de sus canciones gentes tan diversas como Nick Lowe, Rod Stewart y Michael Bublé y ha cantado en dúo con Leonard Cohen y el Chris Martin de Coldplay. Pero parece que el segundo o tercer plano va a seguir siendo por siempre el lugar para un Ron Sexsmith que siempre merecerá más, pero se entrega en cuerpo y alma (¿ese ‘esfuerzo permanente’ del título?).

Y así, Forever Endeavour es otra gozada inagotable de principio a fin. Lo digo porque lo he disfrutado durante meses desde que se publicó en el pasado febrero. Y cada vez que empieza a dar vueltas de nuevo el disco suena igual de luminoso y fresco, de plácido y sentimental, capaz de evocar el soul en Blind Eye y el folk americano en Lost in Thought, pero siempre de forma muy discreta y personal. Cada melodía que puede parecer convencional en una primera escucha, pasa a ser única en las siguientes, y cuando surge cada una de las canciones sabes que te esperan tres o cuatro minutos redondos en concepto, ejecución y emoción. Como ejemplo las tres primeras canciones del disco. Sin desperdicio.



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Tracey Thorn nos trae las primeras (y fabulosas) canciones navideñas
Ricardo Aldarondo 18-12-2012 | 12:35 | 0

Dada la devoción por las canciones navideñas en general, y por los 30 años de carrera como cantante de Tracey Thorn, ya mostradas por Mon Oncle (aquí y aquí), solo podíamos recibir con júbilo la publicación de este disco enteramente navideño titulado Tinsel & Lights. También con cierta prevención: son ya muchos los discos que recorren los mismos villancicos una y otra vez, y es típico de los, y sobre todo las, cantantes en la madurez, establecer su status familiar y hogareño, y absolutamente estandarizado, con un álbum de canciones navideñas.

El resultado en el caso de Tracey Thorn no podía ser mejor. Tinsel & Lights es perfectamente navideño (para empezar porque Tracey Thorn ha comprendido que las mejores canciones navideñas son las melancólicas, el estado adecuado para estas fechas, no el de la zambomba y la estridencia gritona), y al mismo tiempo funciona como un nuevo, coherente y excelente disco de la ex cantante de Everything But The Girl, con su estilo y sus querencias habituales, aparte del entorno en rojo y verde al que hace referencia.

El repertorio es tan variado como inusual. Sólo recurre a un villancico típico, y como es uno de los tres o cuatro mejores de la historia de la canción navideña, y lo hace tan bien, queda absolutamente justificados. Nos referimos al eterno Have Yourself a Merry Little Christmas que Judy Garland cantaba de manera tan conmovedora en la película Cita en St. Louis (Meet Me in St. Louis, Vincente Minnelli, 1944), y que encaja a al perfección en la voz y el estilo suave y emocionante propio de Tracy Thorn.

Pero el disco se abre con una nueva canción de la propia Tracey, que uno ya incluye en su lista de mejores canciones navideñas de todos los tiempos, Joy. Empieza con un piano hogareño, se van sumando instrumentos diversos y (¡imprescindible!) un pequeño coro infantil. Y con la mayor sencillez se completa una canción fabulosa con todas las virtudes de los clásicos.

Luego destapa alguna canción navideña que uno no conocía y que, al menos en esta versión, es otro pedazo de villancico, Hard Candy Christmas. Acude también a compositores del pop y del rock que últimamente también han creado canciones navideñas: el Maybe This Christmas de Ron Sexsmith, otro clásico del género ya, aunque solo tiene tres o cuatro años, que Tracy también borda; uno de los mejores villancicos de los muchos que ha creado el simpar Sufjan Stevens (mañana hablaremos de su nueva tanda navideña), Sister Winter; otro de Stephen Merritt, el hombre detrás de The Magnetic Fields, Like a Snowman; y la que quizás menos encaja en este disco aunque le da un tono refrescante, el proto-rock&roll In the Cold Cold Night del hombre que comparte colores con Papá Noel, Jack White.

Del espacio temporal intermedio, entre la tradición y la modernidad, surge otra preciosa pieza, Snow, de Randy Newman, y un River de Joni Mitchell, exclusivamente con instrumentos de viento. Y hay más composiciones nuevas de Tracey Thorn, que están a la altura de toda esa excelencia, entre ellas Taking Down the Tree, en la que hace dúo con Green Gartside, cantante de Scritti Politti. En el disco también colabora su marido y otra mitad de Everything But the Girl, Ben Watt, aunque lamentablemente no canta con su preciosa voz que no se sabe por qué se empeña en no usar hace muchos años y se limita al piano y la guitarraa. Los arreglos son siempre comedidos, precisos y cálidos. Y hasta el vídeo oficial de Joy está en el justo punto de estética y espíritu navideños. Un regalazo.



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