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Sun Kil Moon

Sun Kil Moon en París: el extraordinariamente talentoso y conmovedor cantautor vs. el no tan atractivo bromista provocador
Ricardo Aldarondo 26-03-2014 | 3:52 | 14

Cuatro meses después del post en Mon Oncle titulado Los ocho nuevos discos de Mark Kozelek, el aparentemente hiperactivo aunque permanentemente soñoliento cantautor publicaba otro disco más, ahora bajo el alias Sun Kil Moon que se supone corresponde a una banda, pero sigue siendo su dominio acompañado, a veces, por músicos cambiantes. Y si los tres discos en estudio, de esos ocho contando varios live y una banda sonora, eran extraordinarios, Benji es una obra maestra. Parece que por fin se le está reconociendo: yo esperaba que el año pasado su disco con Jimmy LaValle, Perils From the Sea, tan bueno como el actual Benji, estuviera en lo más alto de las listas de lo mejor del año, pero no ocurió así, inexplicablemente. Como mucho, algunas revistas incluyeron su disco junto a Desertshore. Ahora parece unánime la opinión de que Benji es lo mejor que ha aparecido de momento en este 2014. Sin duda, pero también lo era Perils From the Sea en 2013, creo.

La conjunción que ha conseguido Kozelek en estos dos discos, entre una letras-relato que confiesan episodios de su vida (alguno también de su imaginación) como una biografía expresada con lenguaje natural, y unas melodías emocionantes, aún más de lo que suele conseguir habitualmente con su particular voz, alcanza lo extraordinario. Uno se mete en cada una de las canciones como en una película, un libro de relatos y una confesión de amigo al mismo tiempo. Las largas letras encajan de manera tan inexplicable como perfecta, marcando de forma definitiva la diferencia entre un cuento literario y lo que él hace, unas canciones insólitas, amables y bellas, pero alejadas de la clásica estructura de estrofa y estribillo.

Muchas veces ha defendido en solitario las canciones que ha grabado con otros, engalanadas en el estudio, desnudas en directo. Pero ante el extraordinario Benji, y al anunciar algunas fechas en Europa acompañado por Steve Shelley (en un principio, aunque finalmente fue sustituido por Eric Pollard, batería de Retribution Gospel Choir), y el minimalista teclista Chris Connolly, había que aprovechar la ocasión para ver a Kozelek en grupo. Las canciones de Benji, sus arreglos escuetos pero fundamenteales, lo merecen.

Y el sábado pasado veíamos a Sun Kil Moon en París, en un precioso teatro antiguo de music-hall, Le Divan du Monde, con desgastados dibujos exóticos en las paredes que parecen, también, cargadas de historiasUn lugar que te permite estar en primera fila, apoyado en el escenario, casi metido en él. Con el peligro que supone, lo sabíamos, en el caso de un concierto de Kozelek, al que ya había visto antes en seis ocasiones, con Red House Painters o solo, pero no había comprobado la deriva extrañamente provocadora que ya mostró en el pasado mes de octubre en Madrid y Barcelona.

Pero dejemos eso para después. Porque el concierto empezó con recogimiento casi religioso (como siempre en total penumbra y con la prohibición expresa de fotos y vídeos), con Carissa, quizás la más conmovedora, si se pueden establecer clasificaciones, de las canciones de Benji. La historia de la prima segunda de Mark, que murió con 35 a causa de la explosión de un aerosol sonó impresionante, a pesar de algún desajuste en la afinación. Sobre los arpegios a la guitarra clásica característicos del Kozelek de la última época, la suavidad a la batería de Eric Pollard, y sus coros angelicales, creaban un extraordinario ambiente. Chris Connolly se ocupaba de emular los bajos con la mano izquierda del teclado o de crear sonidos de fondo, nunca en primer plano. Y en el centro de la escena, un guitarrista, al que Kozelek presentó como Vasco, y del que dijo que se había incorporado al grupo en el anterior concierto. Vasco se ocupaba de dibujar detalles improvisadamente entre la suavidad reinante, casi siempre con acierto y gusto, o de hacer algún solo cuando se lo ordenaba el jefe (“esta no se la sabe Vasco, así que hará un solo en medio”, dijo en varias ocasiones, después de asegurar que no tenía ni idea de cuál era el apellido de Vasco, e incluso preguntar si alguien del público lo conocía). El grupo enlazó con Truck Driver, la canción en la que Kozelek cuenta la también trágica historia de su tío, que murió de la misma forma que Carissa, años antes.

Y Kozelek ya empezó con su discutible concepto de interacción con el público. Tras preguntarle a la chica rubia del extremo izquierdo cómo se llamaba, “Geraldine” y dedicarle una sonrisa, y alguna alusión a su novio, inició el leit-motiv de la noche: “¡No veo más que tíos mayores en primera fila! No sé por qué vienen a verme siempre tantos tíos y tan viejos”, y cosas así. Los aludidos sonreíamos con complicidad. De momento. A la siguiente canción volvió a atacar: “¿Es que no hay mujeres aquí? ¿Cómo lo hacéis para f*ll*r en esta ciudad?”, y cosas parecidas en un tono de enfado supuestamente simulado. Con la ambigüedad de ser un borde o estar de broma, o las dos cosas a la vez. También le preguntó a la chica rubia cuál era su canción favorita y ella no supo o no quiso decir un título: “Lo imaginaba”, respondió con cortante ironía. El novio estuvo más espabilado y le dijo que su mejor disco era el último, lo cuál complació a Mark, claro. También que respondiera “34 años” cuando le preguntó su edad. También debía verle viejo a primera vista. Kozelek se puso definitivamente plasta, y dejó de tener gracia, cuando presentó I Love My Dad. “Esta canción está dedicada a mi padre, que tiene 81 años. Más o menos la edad que tienen estos”, mientras nos señalaba los que estábamos en la frontera de los 40 y los 50. O sea, como él. ¿Es un modo de tratar de asumir que ya no es joven y por tanto tampoco su público? ¿Lleva mal no ligar en cada ciudad como antes? ¿Pretendía que nos fuéramos de ese sitio, o que le respondiéramos? Casi nadie lo hizo, porque la cosa no daba más de sí. Hasta los músicos, mientras mantenían una sonrisa congelada, parecían estar deseando que se dejara de chorradas y se pusiera a tocar. Pero él aún dedicó un tiempo a comentar que los del balcón parecían invitados con máscara como los de Eyes Wide Shut. De dominar el inglés y la lengua afilada como él, podíamos haberle comentado que está gordo, y que cuando cantó sin la guitarra temimos seriamente que los botones de la zona abdominal salieran disparados hacia nosotros.

Esta forma de actuar, que ya parece que se ha convertido en un show establecido (va diciendo cosas parecidas en cada ciudad) es incómoda, y extraña, sobre todo por el brutal contraste que supone con el resto de la velada, lo importante: un concierto extraordinario, de una sensiblidad y emoción constante, muy variado en los matices e incluso en la forma de las canciones para lo que suele ser la peculiar cadencia de Kozelek. Choca muchísimo que alguien que se entrega de esa manera en cada interpretación, que con los ojos cerrados se expresa como buscando la máxima emoción, y consiguiéndola, y se entrega en todo lo que canta y toca, pase en un instante a convertirse en el gracioso del bar con tendencia a la bronca. Aunque siempre se escude en la suposición mediante sonrisa de que ‘estamos de broma’. Sólo he visto un caso parecido en John Martyn, que también pasaba en un instante de la impresionante delicadeza y elegancia de sus canciones, a las intervenciones burdas de hooligan. En otros momentos Kozelek sí estuvo realmente gracioso, como cuando, mientras afinaba la guitarra, un espectador pegó un inesperado berrido, “Maaaark!” y él, impasible, levantó la mirada y le dijo: “Me estás asustando”.

Afortunadamente, a la quinta canción se concentró casi exclusivamente en la música. Y fue desgranando la mayor parte de Benji. Tras la devoción por su madre y la preocupación por que un día le falte en I Can’t Live Without My Mother’s Love, el relato de sus primeras experiencias sexuales (el primer beso, el primer polvo con el Animals de Pink Floyd sonando en el tocadiscos o acostándose con dos amigas a la vez) en Dogs, que sonó muy cañera, o el sorprendente y casi eufórico rock & roll que es la mencionada I Love My Dad.

En Richard Ramirez Died Today of Natural Causes, atacó casi con furia el retrato del psicópata asesino, uno de los dos temas del disco en los que Kozelek bordea el rap con un borbotón de palabras de apasioanante narrativa. Sorprende que en directo pueda recordar y nunca trabarse con tan extensos textos, y cantarlos con tanta convicción. La triple añoranza de Micheline (de una vecina “cuyo cerebro iba un poco más lento que los demás”, de su amigo Brett y de su abuela) se unió al recuerdo del primer visionado en la adolescencia de la película de Led Zeppelin I Watched the Film The Song Remains The Same, otro de los momentos en que la voz de Kozelek alcanzó lo sublime con la ayuda de los muy trabajados coros de Pollard.

Tras desperezarse como si se acabara de levantar de la cama, dio por concluido el repaso a Benji, y atacó con una versión de Hey You Bastard I’m Still Here, de su disco con Desertshore, de inesperada contundencia, mucho más que en el disco, casi desgañitándose con la voz: el esfuerzo terminó en ovación. Pidió silencio porque “esta es una canción muy importante”. Y vaya si lo era: Gustavo, la historia del chico que contrató para que le arreglara la casa, con una melodía que pone la piel de gallina. Sustituyendo la electrónica del original por la rítmica naturalista de Pollard, fue otra cumbre emocional del concierto.

Claro, que desconcierta un poco que quien acaba de interpretar algo tan íntimo y conmovedor y te ha mantenido esos cinco minutos en la gloria, suelte tras afinar cuidadosamente la guitarra: “Uf, me estoy aburriendo. ¿Por qué no me contáis algo? Y además tengo ganas de mear”. Seguía de broma, claro. “¿Cuál queréis que toquemos?”. “Haz una mezcla de todas”, se le ocurrió decir a una chica. “¡Que te jodan, ¿tú qué te crees? Ven aquí y toca tú la guitarra”. Todo con una sonrisa cómplice, claro. Y con el público riendo. Por si acaso. Ejem.

Vuelta a la más exquisita delicadeza con Caroline, otro trasvase natural de la electrónica de Jimmy LaValle a la acústica de Sun Kil Moon. Y el reto se convirtió en proeza con By the Time That I Awake, con Eric Pollard sustituyendo la caja de ritmos original por un impecable trasunto de drum’n’bass hecho con la batería. Espléndido. Se seguía confirmando, para quien no lo hubiera adivinado en disco, que Perils From the Sea tiene canciones tan extraordinarias, y tantas, como Benji. Otra ovación, especialmente para Pollard.

Kozelek, que no suele repetir el repertorio de una noche a otra, iba eligiendo algunas canciones sobre la marcha, y dando instrucciones a Vasco si era una de las que no se sabía el guitarrista, algo cohibido ante la sorna del jefe. Pero todo era placidez y armonía en cuanto empezaba a sonar la música.

The Moderately Talented Yet Attractive Young Woman vs. The Exceptionally Talented Yet Not So Attractive Middle Aged Man, sin duda uno de los títulos de canción más locos de la historia, sirve para hacer un equivalente con esa esquizofrenia escénica de Kozelek, pero sonó celestial antes de la primera despedida, con Katowice or Cologne.

Con esa mirada soñolienta que acostumbra a tener, estirándose y rascándose los ojos como un niño, haciéndose el cansado, no escatimó en el bis. Primero él solo con la guitarra, en su faceta más Andrés Segovia, con la compleja pero acogedora melodía de Black Kite y, en la misma línea, Elaine. Y sin respiro, atacó That Bird Has A Broken Wing, que terminó abruptamente (otra de sus costumbres cuando toca solo) antes de levantarse de la silla y desaparecer sin mirar al público.

Pero, en su contraste infinito, volvió a salir con el grupo, para dar otra de cal y otra de arena en lo afectivo. “No te voy a olvidar, Geraldine”, a la chica de la derecha, “siempre os llevaré conmigo también a vosotros, los de Eyes Wide Shut“, continuó con creciente sorna, “y a todos estos viejos”. Anunció Livingston Bramble y cuando uno de los ‘viejos’ de primera fila no pudo contener un espontáneo “¡all right!” de agradecimiento, Kozelek se lanzó con su artillería sarcástica. “All right, ¿eh? Te has excitado, verdad?”, poniendo tono de machito, y haciendo un inequívoco gesto con el antebrazo, mientras el hombre ponía cara de póker y, quizás se mordía la lengua. Y a continuación la canción de Kozelek & Desertshore en la que cita a Neils Cline (“por supuesto que odio a Neils Cline”, recalcó con más coña antes de empezarla) sonó en una inesperada versión lenta y atmosférica. Dos horas de concierto, musicalmente extraordinario, por momentos sublime. No está mal para un genio tocapelotas.

P. D.: En esas circunstancias, con la penumbra y la prohibición expresa por doquier de filmar y fotografiar, era suicida atreverse a sacar la cámara. Apenas lo hice para sacar esas oscuras instantáneas. Pero alguien sí se atrevió, desde el balcón al parecer, y ha colgado la preciosa Carissa en Youtube.

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Los ocho nuevos discos de Mark Kozelek
Ricardo Aldarondo 15-10-2013 | 7:49 | 0

Este post se ha ido posponiendo durante casi un año. Y no sólo por falta de tiempo y diligencia del escribiente, como tantos otros, sino por culpa del protagonista: cada vez que uno reunía los datos y los pensamientos sobre “el nuevo disco de Mark Kozelek“, el artista que antaño nos pareció indolente y contemplativo ha demostrado ser uno de los más prolíficos de estos tiempos, con una capacidad colaborativa digna de Elvis Costello, y entrando en una madurez que lejos de aplacar su inventiva le revela con un talento inagotable. Así, hemos acabado reuniendo los ocho “nuevos discos” publicados desde la anterior aparición de Kozelek en Mon Oncle hace sólo 15 meses. Los repasamos, más o menos, en orden inverso de publicación, dejando para el final el apartado de discos en directo.

Hay que señalar que la obra de Kozelek se ha dispersado o multiplicado, según se mire, en diversos nombres. Si se suponía que Sun Kil Moon era su banda actual, una vez aparcados los Red House Painters, y que publicaría bajo su propio nombre los discos más solitarios, ahora todo está trastocado: alguno de los últimos discos de Sun Kil Moon lo ha hecho prácticamente solo, y para el próximo anuncia en cambio un buen número de colaboradores. Cuando se asocia con Desertshore, está en parte recuperando a Red House Painters. Y en directo sigue tocando casi siempre solo, con repertorio de cualquiera de sus encarnaciones, y de sus múltiples y muy personales versiones de otros.

En realidad en el recuento hay cierta trampa: sólo tres de los ocho discos son nuevas creaciones en estudio. ¿Solo? Tres discazos en un año ya es algo insólito, cuando muchos son incapaces de sacar uno solo. Y luego están los cinco ‘complementos’.

 

1. Mark Kozelek & Desertshore: Mark Kozelek & Desertshore. Agosto 2013.

Ya había colaborado esporadicamente en los dos discos anteriores del grupo (instrumental) de Phil Carney, el que fue guitarrista de Red House Painters. Pero esta vez la cosa rodó como bola de nieve. Prácticamente ya en el estudio, preparando alguna aportación vocal, Kozelek acabó poniendo letra y voz a las diez canciones de Desertshore. El resultado, además de fresco y perfectamente cohesionado, parece convertirse en la continuación de los Red House Painters de Songs For A Blue Guitar, es decir, con menos tiempos lentos y más guitarras, tanto de riff como de orfebrería. Y con el piano del otro fundador del grupo, Chris Connolly, que a veces con un solo detalle obra maravillas que iluminan toda una canción: véase Sometimes I Can’t Stop.

Kozelek despliega todo su arte melódico, con más potencia y proyección que en los últimos años, y sigue en estado de gracia para crear letras. A veces literalmente: en la cautivadora Livingston Bramble se atreve con unos versos impagables: “Puedo tocar como Fripp / o como Johnny Marr / Puedo hacer giros como Jay Farrar /…/ Pero odio a Nels Cline”. Y en el siguiente estribillo, otro gracioso juego de apellidos: “Puedo tocar como Malcom y Neil Young”. No cabe esperar que se esté metiendo con el guitarrista de AC/DC ni con el autor de Harvest, con lo que los admira, pero lo de Jay Farrar les ha sentado más bien mal a sus fans, que lo han calificado de chulito para arriba. Y lo del guitarrista de Wilco…pues parece bastante claro. Aunque luego Kozelek le ha quitado hierro diciendo que lo improvisó en el estudio porque hacía rima con otra estrofa anterior (jo jo) y no puede haber sino un punto malévolo en ese solo ruidoso que suena a continuación, clara parodia de los de Nels Cline. Y encima el siguiente tema se titula Hey You Bastards, I’m Still Here

Pero aparte de ese peculiar sentido del humor (por si alguien dudaba que lo tuviera quien siempre parece tan melancólico y ensimismado), Kozelek y Desertshore han hecho un gran disco, potente y directo en canciones como Seal Rock Hotel, que pasa de los tiempos lentos y apesadumbrados de los primeros Red House Painters (You Are Not of My Blood y Sometimes I Can’t Stop), al alegre country rock de Don’t Ask About My Husband, que casi podría ser un single de éxito, para cerrar con la emotiva balada de corte clásico, Brothers.

Una pega: el CD se editó inexplicablemente en edición limitada y ¡estaba agotado el día de su publicación! Una política que parece bien absurda y reprobable por parte del sello de Kozelek, Caldo Verde Records y su brazo comercial, Sign Reverse. Que en estos tiempos en que es tan difícil vender discos, nos aboquen incluso a los mayores fans a pagar un dineral en ebay por una copia, o descargárnoslo gratis, no parece muy lógico ni loable. No hace falta advertir que hemos optado por lo segundo.



2. Mark Kozelek & Jimmy Lavalle: Perils From The Sea. Abril. 2013.

La auténtica joya del trío de discos en estudio, y el álbum que de momento uno ve como el mejor del año. La sorpresa ya fue mayúscula de entrada: Mark Kozelek, últimamente enfrascado en su guitarra clásica cual Narciso Yepes, se descuelga de pronto con un disco en colaboración con un autor de música electrónica, el Jimmy Lavalle de The Album Leaf. Mano a mano los dos. Uno con la voz y letras, otro con los cachivaches y sus beats y sus organillos. Y el resultado es ese milagro que se da en pocas colaboraciones: las dos personalidades están preservadas y en primer plano, y el conjunto es tan insólito como revelador.

La base musical es de corte minimalista, pero melódica y rítmica: algunos sonidos pueden recordar incluso a The XX o Beach House momentáneamente. Las canciones no se adscriben directamente al formato pop, pero tampoco se alejan. No hay ‘solos’ en los detalles instrumentales, ni adornos, solo una base tremendamente cálida y rica en su sencillez, sobre la que Kozelek se explaya solo con su garganta. Y cómo. Su peculiar voz adopta unos tonos más variados (es curioso cómo juega todo el rato a pasar de notas graves a otras agudas en una nueva vuelta de tuerca a la ‘letanía’ que a veces le caracteriza) y crea así unas melodías absolutamente subyugantes.

Todo eso está al servicio de unas letras prodigiosas. En forma de relatos con tinte autobiográfico (lo sean o no: en el caso de You Missed My Heart está claro que no y él mismo explica que parte de un sueño), Kozelek impresiona en lo literario con unas historias conmovedoras, pero también por la forma de relatarlas, la musicalidad de las palabras y la contenida emoción de las confesiones. Las seis primeras me parecen magistrales (las canciones, no sólo las historias): el dolor de un hermano que perdió la cordura o el contacto con su entorno en What Happened To My Brother; el arrepentimiento por una moneda antigua que de chaval le robó a su madre, y que era el único recuerdo del abuelo en 1936; el destino de un inmigrante ilegal mexicano que le iba a arreglar la casa, Gustavo, con una deriva que evita el lagrimeo ante el desfavorecido; el agotamiento de las giras por medio mundo en soledad en Baby In Death Can I Rest Next To Your Grave, el repaso a los seres queridos en Ceiling Gaizing, mientras mira al techo en la cama en medio de la noche, y la tan aterradora como emotiva circunstancia onírica de You Missed My Heart, en la que varía la frase del título en función de cada uno de los tres personajes del drama, de modo tan sutil como emocionante.

Es por tanto Perils From the Sea un disco a degustar como antes, detenidamente y leyendo las letras y siguiendo cada palabra. Aunque yo lo escuché primero varias veces sin atender a las letras y me atrapó totalmente solo con sus sonidos. Pero algunas frases cazadas al vuelo denotaban el tesoro literario y emocional que había en ellas, en un disco que por su planteamiento electrónico y austero pudiera parecer frío y calculado, pero es todo lo contrario. Casi todas las canciones rondan los siete minutos, se extienden como merecen las letras y como pueden mantener sus preciosas melodías. Y el colofón es prometedor como su título: Sometimes the Wonder of Life Prevails, con uno de esos finales que te dejan con la sensación de haber cerrado una obra maestra.



3. Mark Kozelek: Like Rats. Febrero 2013.

Ha desplegado muchas veces Kozelek su afición a las versiones, incluyendolas entre sus propias composiciones, dedicando discos enteros a adaptar el repertorio de AC/DC o Modest Mouse hasta hacerlo irreconocible, tomando algunas de las peores canciones de Paul McCartney (Silly Love Songs) y Genesis (Follow You, Follow Me) y convirtiéndolas en maravillas, o mejorando claramente el repertorio de su querido John Denver. También se ha caracterizado por exhibir valentía y descaro reinvindicando el rock progresivo de su adolescencia y nombres muy poco ‘cool’ en su entorno ‘indie’, como Yes, Thin Lizzy o Michael Jackson, de nuevo con extraordinarios resultados.

En el álbum The Finally ya hizo una mixtura de versiones. Ahora dedica Like Rats a otra docena, tan estimulante en las elecciones como en las reproducciones, para interpretarlas básicamente solo con su guitarra. Empezar con dos canciones de grupos hardcore tiene su aquel: I de Bad Brains y Like Rats de Godflesh. Sus fans serían los primeros en tener dificultades para reconocerlas. También vuelve sobre Yes y Genesis: de los primeros, la muy apropiada y sentimental Onward; y del último álbum que hizo Peter Gabriel al frente de Genesis, esa obra maestra titulada The Lamb Lies Down On Broadway, una de sus canciones más sencillas, la preciosa Carpet Crawlers, que realmente parece hecha para que la cante Kozelek, con comienzo a capella. Conmovedora, de nuevo.

El disco tiene total coherencia con los materiales más dispares: también hay una de Ted Nugent, la disco music despojada de Right Back Where We Started From de Maxim Nightingale e incluso es capaz de llevar a su terreno con toda naturalidad la denterosa Young Girls de Bruno Mars (para orientarnos, canción que suena en los desfiles de Victoria’s Secret, según hemos podido descubrir con infinito asombro). Puro Kozelek pintado por otros.



4. Mark Kozelek: On Tour, A Documentary – The Soundtrack. Noviembre 2012
La banda sonora del documental que se publico el año pasado, y del que ya hablamos aquí, dejando constancia de sus muy solitarias giras. Recoge tanto temas de los discos originales en estudio, como tomas de conciertos y grabaciones en la habitación del hotel, entre ella Logroño Piece, Vigo Piece y Seville Piece.

 

5. Mark Kozelek: Live at The Palladium (Malmö). Mayo 2013.

Kozelek ha cogido por costumbre editar unos discos en directo de tirada limitada que no los vende, sino que los regala por un corto periodo de tiempo en su web, CaldoVerdeRecords, al hacer cualquier pedido de otro disco. Son grabaciones de conciertos completos, realizados en Europa en solitario, bastante parecidos por tanto entre ellos, en los que la recuperación de tal o cual canción puede ser el mayor aliciente. Este es el último de ellos. Contiene la versión de Green Hell de The Misfits, y dos de las canciones más recordadas y eternas de Red House Painters, Summer Dress y Katy Song.

 

6. Mark Kozelek: Live at Phoenix Public House Melbourne. Febrero 2013.
En este destaca la versión con guitarra de You Missed My Heart, garantizando así que sigue siendo una extraordinaria canción sin la otra mitad del dúo, Jimmy Lavalle, ni electrónicaY también la joya que abría el último disco de Sun Kil Moon, I Know It’s Pathetic But That Was The Greatest Night Of My Life, y otra de las más especiales de Red House Painters, Mistress que, como las demás, Kozelek siempre interpreta de forma diferente.

 

7. Mark Kozelek: Live at Mao Livehouse Shangai & Beijing. Noviembre 2012.

También aquí hay versiones de Mistress y You Missed My Heart, pero destaquemos tres incursiones en el primer Lp de Sun Kil Moon, Glenn Tipton, Carry Me Ohio y Duk Koo Kim, una de las piezas que reflejan el interés de Kozelek por el boxeo, y especialmente el de los campeones coreanos.

 

8. Mark Kozelek. Live in Copenhagen. Octubre 2012.

El repertorio incluye la mentada Follow You, Follow Me de Genesis, una de sus versiones que prefiero; una canción tradicional, Get Along Home, Cindy; una recuperación del último disco de Red House Painters, Void, y una de sus más bonitas canciones, Alesund, para cerrar.

Por si fuera poco, Kozelek ha lanzado en su sello últimamente los nuevos discos de Heirlooms of August (Down at The 5-Star), el grupo del que fue bajista de Red House Painters, Jerry Vessel, y de Advance Base (The World Is In a Bad Fix Everywhere), el último proyecto del hombre que se hizo llamar Casiotone for the Painfully Alone, y en realidad se llama Owen Ashworth.

Y aún hay más: ya está anunciado para febrero de 2014 el nuevo disco Sun Kil Moon. Se titula Benji, y en él Mark Kozelek estará acompañado por Steve Shelley, Jen Wood, Will Oldham y Owen Ashworth. Los títulos de las canciones se anunciarán en diciembre. Genio y finura.

No se vayan todavía: en los últimos meses Mark Kozelek también ha depositado en internet dos canciones, una dedicada a su padre, y otra a su madre, en ésta acompañado en los coros por Will Oldham. Se pueden escuchar, con las historias de sus respectivas razones, en estos enlaces.

Brothers

I Can’t Live Without My Mother’s Love

 

 

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Otro verano otoñal con Sun Kil Moon
Ricardo Aldarondo 22-06-2012 | 12:32 | 2

Teme uno siempre que el siguiente disco de Mark Kozelek o de Sun Kil Moon, que ya son prácticamente lo mismo, sea el de la decepción; que ese tono aparentemente monocorde y lánguido en su forma de cantar, acabe resultando cansino y que sus arpegios en bucle se revelen demasidado parecidos unos a otros y que su melancolía en voz baja terminen por desfallecer; que se atasque en su propio ensimismamiento. Y sin embargo…

Si el anterior Admiral Fell Promises resultó extraordinario en su austeridad de guitarra española y arpegio clásico, Among the Leaves es más diverso, y plentamente inspirado. Y de nuevo publica en verano otro disco plenamente otoñal. Incluye algunas piezas muy cortas, como la inicial I Know It’s Pathetic But That Was The Greatest Night Of My Life (sí, dura más el título que la canción; y sí, es un título muy Morrissey, aunque hay otro más largo, The Moderately Talented Yet Attractive Young Woman vs. The Exceptionally Talented Yet Attractive Young Woman Vs. The Exceptionally Talented Yet Not So Attractive Middle Aged Man, que por cierto suena muy cercano a la primera etapa de Red House Painters). Y combina con otras más extensas que mantienen esa solemnidad a lo Andrés Segovia, preciosidades como The Winery.

Sin atender a medidas, disfrutando de todo su esplendor, Among the Leaves parece un disco tan inmediato como duradero. Habrá que incluir una vez más a Sun Kil Moon entre los discos del año… Y Among the Leaves entre las grandes obras de Kozelek… Y ya van unas cuantas.

He aquí tres canciones del disco, aunque solo la tercera corresponde a un vídeo oficial, Black Kite, estrenado ayer mismo por Pitchfork.


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