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Victoria Eugenia

Chavales divertidos, avispados y conmovedores en el Festival de Cine y Derechos Humanos
Ricardo Aldarondo 10-04-2014 | 4:20 | 0

En la recta final del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián aparecen dos películas que conviene no pasar por alto, ambas muy diferentes, pero con adolescentes como protagonistas y con un rigor y una capacidad de emocionar nada desdeñables. Y obra de mujeres directoras.

The Selfish Giant (hoy jueves, 22.30 horas, Teatro Victoria Eugenia) es el segundo largometraje de la directora británica Cli0 Barnard, ya muy valorada con su anterior The Arbor. Curiosamente, ahora Arbor es el nombre de uno de los protagonistas, un chaval hiperactivo, que crea problemas en la escuela, amigo incondicional del mucho más tranquilo y sensato Swifty, y avispadísimo a la hora de buscar chatarra y vendérsela a un negociante poco escrupuloso. Así, ambos pueden ayudar a sus pobrísimas familias. El chatarrero tiene además unos caballos que fascinan a Swifty.

Pero en ese entorno degradado, de supervivencia día a día en lo económico y en lo afectivo, no reparte Clio Barnard sentimentalismo ni poética: la espléndida, verdadera interpretación de los chavales; la capacidad de la directora para crear imágenes visualmente bellas e impactantes sin recurrir al esteticismo; y la sutil pero firme amistad que se va destilando, redondean una película austera y conmovedora, ajustada y calladamente emocionante.

(Quien no pueda verla en el Victoria Eugenia la tiene también en Filmin, dentro de la programación del Atlántida Film Festival)

También Piratas y libélulas (mañana viernes a las 16.30 horas en el Victoria Eugenia) ofrece mucho más, y distinto, a lo que puede parecer en el primer enunciado. Chicos y chicas en un instituto de un barrio conflictivo de Sevilla que se apuntan a unas clases de teatro, con una profesora que tiene un tesón y una perspicacia encomiables para llevarse a su terreno. Y su terreno es el de empujarles a expresar sus miedos y anhelos y su forma de pensar, sobre la violencia y la venganza, en lo general y en lo particular de su duro entorno, mientras reconvierten Romeo y Julieta a lo que ellos viven: una enseñanza con la que no conectan y el enfrentamiento, o no tanto, entre payos y gitanos. Porque se verá que esa división no es tan facilona como la pintan.

El documental es sencillo de factura pero muy perspicaz para captar la gracia innata, la sinceridad y el saber estar ante las cámaras de esos chavales que producen momentos divertidísimos y tiernos, también algunos desoladores, sobre todo cuando la realidad en off se cuela en sus vidas, y en el argumento de la película. Piratas y libélulas será muy útil para profesores, educadores y padres, pero va mucho más allá de la herramienta para concienciar en las aulas, y se convierte en un apasionante relato sobre las oportunidades en la vida, la dificultad de crecer, y la búsqueda de uno mismo; así en general, y no sólo para payos y gitanos. Porque lo que ahí va surgiendo es universal y atemporal, como el propio Shakespeare. O como Los Shespir, que es el nombre que adopta el grupo teatral.

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Mikel Azpiroz en la Sala Club: nocturna placidez
Ricardo Aldarondo 04-04-2014 | 10:56 | 0

Crítica del concierto de Mikel Azpiroz publicada en El Diario Vasco el 31 de marzo.

En el espacio de cinco días, Mikel Azpiroz tuvo tres conciertos completamente distintos: el viernes tocaba en Sevilla como teclista de Duncan Dhu, el sábado presentaba en el Victoria Eugenia de San Sebastián su intimista disco de piano solo Gaua, y el miércoles volcó el fragor organístico de Elkano Browning Cream en Le Bukowski. Tremendo abanico musical.

Lo de la sala Club era especialmente atractivo: en ese espacio recogido y acogedor brillaba el gran piano de cola sobre el que Azpiroz podía volcar la enorme paleta de colores de su disco Gaua. Una colección de piezas para piano publicada ya hace un año, pero que solo había podido presentar en San Telmo durante el pasado Jazzaldia.

Como una suite unitaria, enlazando con advertencia previa todas las piezas aunque en un orden distinto que en el disco, Azpiroz fue desgranando una obra que merece más atención de la que ha tenido hasta ahora. Más que nada porque puede complacer a muchos que quizás en otros tiempos compraron y exprimieron The Köln Concert de Keith Jarrett, por ejemplo, o el primer y mejor George Winston. Y más.

Hay una intención atemporal que abarca más de un siglo, en el recorrido de composiciones del propio Azpiroz, cuyas influencias se intuyen pero no se imponen. Del impresionismo de Debussy, al blues más esquinado, de los aromas exóticos de otras tierras, también vascas, a ligeras derivas vanguardistas, Gaua pasa por multiples estaciones sin conformar compartimentos estancos. Y todo fluyó en la sala Club, en piezas tan melodiosas y bellas, de vocación nocturna pero no lánguidas, como Gaueko Arimak o Eulieta interpretadas con pasión y precisión, con un sentido espontáneo de la partitura, que un público de muy distintas edad y condición disfrutó de principio a fin.

He aquí los minutos finales del concierto:

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Un recuerdo de Kevin Ayers en San Sebastián y diez adorables canciones
Ricardo Aldarondo 22-02-2013 | 4:53 | 9

“I’m naturally lazy, but what can I do / I’m happy dreaming and it’s good for my health”, cantaba Kevin Ayers en Am I Really Marcel?. O sea que, antes de que Rafael Berrio compusiera su oda a La desgana, Kevin Ayers ya se proclamaba de natural irremediablemente vago y soñador y consideraba eso muy bueno para su salud.

La salud de Kevin Ayers no le permitió vivir más de los 68 años que tenía cuando murió el pasado lunes, en la cama: no se despertó del sueño nocturno, lo que parece encajar con su filosofía de vida. Pero su talante extrajo las mayores virtudes de una cierta joie de vivre, del espíritu del bon vivant, de la plácida contemplación del discurrir de la vida en una casita frente al mar, en un soleado día del Mediterráneo, con una copa de vino en la mano, y una chica a la que cantar. Esa es la imagen que forjaron muchas de las canciones del Kevin Ayers que nació con el sonido Canterbury en los años 60, compartió espíritu romántico, humor dadaísta y talento a raudales con Robert Wyatt y Daevid Allen (con quienes fundó Soft Machine), influyó notablemente en el espíritu psicodélico británico de los 60, y pasó muchas temporadas en el sur de Francia y en la baleárica Deiá que le proporcionaba esa placidez de aristócrata hippie.

La ironía inteligente británica y la calidez del sol mediterráneo: una combinación perfecta para que a lo largo de más de 40 años, aunque con irregular constancia, Kevin Ayers produjera algunas de las canciones más hermosas y se convirtiera en una gran poeta del rock minoritario, o algo así.

De su gusto por ese romantismo dadaista y multicultural dan cuenta títulos tan evocadores como Bananamoon, Tojours la voyage o Yes We Have No Mañanas (So Get Your Mañanas Today). Las cronologías, la importancia de discos como Joy of A Toy (1969), Shooting At the Moon (1970), Whatevershebringswesing  (1971) o The Confessions of Dr. Dream (1974), quizás su disco más oscuro, en el que invitó a cantar a Nico o los muy notables elepés de madures Falling Up (1988), el mejor con mucho de los tres que grabó en España, Still Life with Guitar (992) y The Unfairground (2007) y otros muchos detalles de su errática pero fundamental carrera, ya constan en las enciclopedias.

Para uno, que escuchó por primera vez Bananamour en la adolescencia y en un lugar tan adecuado como Altea gracias a un amigo, y que en estas décadas no ha dejado de adorar sus canciones, fue casi un milagro que en 1995 Kevin Ayers viniera a San Sebastián. Aún tenía entre manos su estupendo disco Still Life with Guitar (1992). Tardaría quince años en grabar el único que hizo después y que ya es su despedida por todo lo alto, The Unfairground (2007). Venía Kevin Ayers a San Sebastián para dar un concierto en Lugaritz, la Casa de Cultura del Antiguo, que entonces aún estaba recién abierta y tenía entonces bastante y muy interesante actividad de conciertos: poco después actuó ahí John Zorn.

Foto: Postigo

Pudimos entrevistar a Kevin Ayers de la manera más adecuada: sentados en la terraza del mítico Guria, el bar del Victoria Eugenia, en una mañana soleada bajo una sombrilla, y en relajada conversación con una copa de vino en la mano. El rubio bardo se mostraba tal como nos lo imaginábamos: afable, educado, también algo reservado, con su puntito lazy. Aquí está lo que escribí al día siguiente en El Diario Vasco:

 


El domingo 7 de mayo de 1995, Kevin Ayers dio su concierto en Lugaritz acompañado por otro guitarrista, repasando en plan tranquilo y cálido algunas de sus mejores canciones, desde la melancólica Thank You Very Much a la marchosilla Salesman o la etermamente preciosa May I? y Lady Rachel. Esta fue la crónica del concierto que publiqué en El Diario Vasco:

Aunque cueste elegir, hago aquí un hit parade personal de las canciones de Kevin Ayers. Podría ser otro: a pesar de no ser nada prolífico, tiene demasiadas canciones buenas como para escoger solo una decena. Pero estas son las que más me apetece escuchar ahora mismo.

1. May I?, del Lp Shooting at the Moon (1970). Una de las canciones más bonitas que un chico haya compuesto por admiración a una chica. La letra es un prodigio de sencillez y delicadeza. “¿Puedo sentarme a tu lado y mirarte? / Me gusta la compañía de tu sonrisa”. Esta versión es de la época en que se grabó el disco, con los músicos que formaban parte del grupo personal de Ayers: Mike Oldfield, a quien descubrió cuando solo tenía 17 años, y que aquí toca el bajo (en el disco también la guitarra) y Lol Coxhill a los instrumentos de viento, que luego tendría su peculiar carrera entre el pop y la vanguardia con un punto excéntrico: véase su traje.


2. Shouting in a Bucket Blues (1973), del Lp Bananamour. Uno de los más grandes clásicos de Ayers, ejemplo de su vena más electrica y blues-rockera. De nuevo he escogido una versión televisiva, por la rareza del vídeo, aunque me gusta un poco más la versión de estudio.


3. Thank You Very Much (1992), del Lp Still Life With Guitar. Incomprensiblemente no estaba en YouTube esta preciosidad de canción (hemos tenido que subirla), que certificaba la buena forma a la que retornaba Ayers, y que ya se vio en el álbum Falling Up (1988), después de unos años 80 bastante desastrosos, en los que grabó un disco con bases electrónicas producido por Julián Ruiz que no podía ser más equivocado, Diamond Jack and the Queen of Pain (1983). Pero Thank You Very Much es Ayers en estado puro.


4. Cold Shoulder, del Lp The Unfairgound (2007). Mi canción favorita de su último y muy buen disco, en el que colaboraban algunos de los músicos jóvenes en los que ha influido Ayers, muy notablemente en Gorky’s Zygotic Minci y su lider Euros Childs. También colaboraban Norman Blake y otros miembros de Teenage Fanclub y The Ladybug Transistor.


5. Whatevershebringswesing (1971), del Lp del mismo título, en su primera época en el mítico sello Harvest. De nuevo Mike Oldield aporta un precioso solo de guitarra, un par de años antes de su multimillonario debut con Tubular Bells. Los coros son una maravilla.


6. Hymn, del Lp Bananamour. Las armonías vocales son el fuerte de esta canción, otro prodigio de sencillez, con Robert Wyatt acompañando en las voces.


7. Everybody’s sometime and some people all the time blues, del Lp June, 1, 1974. En esa fecha Kevin Ayers dio un concierto mítico, en el que estuvo acompañado, agárrense, por Brian Eno, John Cale, Nico, Robert Wyatt, Mike Oldfield y algunos de sus músicos habituales de la época, el locuelo Ollie Halshall, Archie Leggatt y la extraordinaria vocalista Lisa Strike, entre ellos. Se publicó en disco una parte del concierto, con versiones tan hermosas como esta, de una canción originalmente incluida en The Confessions of Doctor Dream and Other Stories.


8. Didn’t Feel Lonely ‘Till I Thought of You, del Lp The Confessions of Doctor Dream and Other Stories (1974). Otra reunión histórica, en el programa de TVE Musical Express, Kevin Ayers con su entonces fiel Ollie Halsall, más Andy Summers, que ya había sido músico de acompañamiento de Ayers antes de formar The Police. Pero esta actuación es de 1981, o sea, cuando Andy Summers estaba en la cresta de la ola con The Police, y recuerdo esta emisión en TVE como todo un acontecimiento. La canción es también una de las básicas del repertorio de Ayers, en su faceta más rockera, y contiene aquí todo un duelo de guitarras.


9. The Best We Have, del Lp Falling Up (1988). Gracias a Grabaciones Accidentales, que le rescató de su desorientación ochentera, Ayers pudo grabar de nuevo canciones tan buenas como esta, o la siguiente en el disco, Another Rolling Stone, también muy recomendable.


10. Tojours La Voyage, del Lp Sweet Deceiver (1975). Otra de sus canciones más melancólicas, dulce y triste vals, muy apropiado para decirle adiós.

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Calexico: una de cal y otra de éxito
Ricardo Aldarondo 12-11-2012 | 3:40 | 8

Un placer, de nuevo. Era la segunda vez que Calexico pasaba por el Victoria Eugenia, con todas las entradas vendidas desde días atrás y, si bien quizás la primera resultó algo más impactante por lo novedoso, el sábado el grupo de Joey Burns (voz y guitarra) y John Convertino (batería) volvieron a entusiasmar y con buenas razones. Se les podía poner pequeñas objeciones, y empezamos por ellas porque son pocas y de escasa importancia: un exceso en la guitarra rockera de Depedro en un par de momentos; y otro exceso también en la invitación a dar palmas y a ‘levantar’ con gestos al público. Ambas cosas innecesarias: la primera porque ya tienen suficiente fuerza las canciones de Calexico tocadas con esa pasión sin necesidad de elevar un punto más la electricidad; y la segunda porque el público ya traía el entusiasmo puesto y lo volcó en cuanto el grupo lo mereció, que fue todo el rato, y en crescendo.

Empezaron con Epic, la primera canción de Algiers, pero a diferencia de Tindersticks y Damien Jurado (otros admiradores del Victoria Eugenia que han pasado por el teatro este año), Calexico no tenía intención de repasar entero el nuevo disco. Y a la segunda canción, Across the Wire, ya estaban picoteando en el pasado y visitando uno de sus mejores discos, Feast of Wire, con las trompetas, uno de los puntos fuertes de Calexico en directo, llamando a las puertas del paraíso fronterizo-musical. Las nuevas canciones de Algiers, un disco correcto y agradable pero que no sobresale entre la producción reciente del grupo, encajaban bien en el repertorio conocido: nada de bajón momentáneo y a esperar el siguiente éxito. La suavidad de Fortune Teller y el tono trágico de Para se sostuvieron muy bien frente a los pasajes más tex-mex y spaghetti western, entre ellos el gozoso y emocionante instrumental Minas de cobre con ovaciones entre cada una de sus breves partes.

Algunas canciones aparecían con arreglos distintos: Two Silver Trees sonó más oscura, con los coros cambiados en el estribillo; y en la inevitable (afortunadamente) Alone Again Or de Love, elevaron el protagonismo de las palmas aflamencadas desde el principio. La voz de Joey Burns sigue cautivando en cada frase. La elegancia con las escobillas del muy alto pero muy agachado en el sillín John Convertino permanece tan inmaculada en el trote como en el paso lento. El teclista tuvo un par de momentos estelares realmente brillantes, con deriva latina energética, y los dos trompetistas hacían que todo brillara más, no solo soplando, sino multiplicándose: Martin Wenk cantó los coros y tocó la trompeta, la guitarra, el vibráfono, el acordeón, la armónica, un tecladillo que hacía sonidos raros y alguna percusión. Un fenómeno, aparte de transmitir un entusiasmo natural al tocar, en perfecta armonía con Jacob Valenzuela, que se contagia al público.

Como en la anterior visita, el español Depedro se sumó a la alineación de Calexico como un músico más. Y, quitando el detalle comentado al principio, ejerció de importante apoyo a la eléctrica y aportando con bastante presencia su bello tono de voz en los coros y frases ocasionales en castellano.

Depedro esta vez no ejerció de telonero, ese lugar lo ocupó un cuarteto de Oregon, Blind Pilot, que superó por completo, y en solo media hora, el estatus de entretenedores-hasta-que-lleguen-las-estrellas. Con unas canciones y unas melodías que, sin salirse por ningún lado de los márgenes clásicos del country folk, eran una delicia. Sobre todo por la bella voz del cantante Israel Nebeker y unas armonías vocales junto a la chica Kati Claborn y el contrabajista Luke Ydstie que provocaron ovaciones al término de algunas canciones, y cuando el público les despidió como si fueran las estrellas de la noche.

Y el bis de Calexico comenzó precisamente con la suma de los componentes de Blind Pilot, para demostrar el potencial vocal de ambos grupos en celestial armonía, con esta preciosa versión de Look at Miss Ohio, de Gillian Welch.

Como demostrando confianza en sus nuevas canciones, no dejaron de hacerlas en los bises: siguieron con Sinner in the Sea, antes de terminar con el esperado subidón enérgico, a tráves de Güero Canelo (otra de Feast of Wire) con solos breves de cada uno, las presentaciones de rigor, y el público en intensa comunión con una fiesta de fronteras, hermandades y mezcolanzas, que incluyó la cuña del Desaparecido de Manu Chao sin necesidad de cambiar de acordes.

Para el segundo bis tenían muchos hits festivos en la recámara a los que poder acudir, pero prefieron una despedida tranquila, la misma del nuevo álbum, The Vanishing Mind. A la salida, el puesto de ventas de discos estaba desbordado, los de Blind Pilot se hacían fotos con los nuevos fans, y nos quedamos con las ganas de saber cuántos discos se habían vendido. Pero por la cantidad de vinilos bajo el brazo que vimos, hicieron buena caja. Se ve que algunos grupos venden más al final de los conciertos que en las tiendas, virtuales o no.

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Tindersticks elogia al público de San Sebastián y publica su concierto en el Victoria Eugenia
Ricardo Aldarondo 24-10-2012 | 11:34 | 4

“Tuvimos la oportunidad de tocar en San Sebastián ante un público absolutamente maravilloso”, escribe David Boulter, teclista del grupo británico Tindersticks, en referencia a su concierto del pasado 23 de marzo en el teatro Victoria Eugenia. Tan orgullosos están de aquella jornada, que los practicantes del pop-rock dramático y exquisito, pieza fundamental en el indie de las dos últimas décadas, han decidido publicar buena parte de ese concierto como segundo disco en la reedición de su último álbum en estudio, The Something Rain. El nuevo disco Live in San Sebastián 2012 también se publicará suelto en vinilo, y en una edición en CD independiente que solo se podrán comprar en sus tours y en su web.

Foto:  El Humilde Fotero del Pánico

David Boulter relata con detalle los recuerdos de aquel día en San Sebastián en la página web de Tindersticks. “Había sido la perfecta tarde de viernes. Estábamos contentos de volver al Victoria Eugenia. Habíamos llegado después de viajar toda la noche en el bus, y nos fuimos a ver a la playa para ver el mar, donde nos deshicimos de los zapatos y los calcetines, y nos remangamos los pantalones. No hay nada como andar descalzo por la arena y patear el agua del mar para deshacerte de la claustrofobia del bus”.

“Cuando volvimos al teatro”, sigue relatando Boulter, “parándonos para mirar la puesta de sol, sabíamos que ese día no iba a ser parte de la rutina. El tour había empezado poco a poco. Pero cada día sentíamos que crecíamos y que la música se volvía más poderosa. Algunas noches fueron especiales. Para mí, San Sebastián lo fue tanto por el día como por la noche. Puede que no seamos la mejor banda del mundo, pero a veces podemos ser la h*****!”.

No estuve en el concierto, pero algunos amigos que sí estuvieron me dijeron que fue realmente bueno, y así lo relataba El Humilde Fotero del Pánico en su web, repleta de fotos tan excelentes y ‘extasiadas’ como la que le hemos tomado prestada.  Sí estuve en el Victoria Eugenia unos cuantos años antes, en 1999, cuando Tindersticks actuó con Arab Strap como teloneros, en otro concierto memorable. Y que al parecer ellos también recordaban.

Boulter no especifica el tracklist del disco, pero he aquí una de las canciones grabadas en San Sebastián, incluyendo la música y el ambiente previo al concierto.

 

Además, para acompañar esta edición, Tindersticks presenta un nuevo video de una de las canciones del disco.

 

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