Es el cambio climático, me dice una amiga desde Madrid, que acaba de ver la película de Al Gore. Dice que hace un tiempo espléndido en la capital y que ya no llueve. Se prepara para acudir a la exposición de Picasso y a la de Modigliani. En Donosti tampoco llueve y como exposición podemos visitar la de Carmelo Ortiz de Elgea, que comparte cartel en la sala Kubo con Basterretxea. En un documental que se proyecta en la sala, el pintor alavés habla de su proceso creativo. Los reyes le trajeron una caja de pinturas y allí empezó todo. Buscó los colores en la naturaleza y en ella se quedó. Como forma de trabajo, Ortiz de Elgea toma apuntes de los paisajes. Pero la obra final sale de su interior.
Fue mi hermana la que me lo prestó, con la autoridad de las hermanas menores. ‘Toma. Está en inglés y es fácil de leer’. Yo había ojeado 'El niño con el pijama de rayas' en un vips y de estar la familia algo más en la tienda, me lo acabo. O eso pensé entonces. Pero me llegó, sin pedirlo, en la versión original. Añoré la traducción por aquello de la economía de esfuerzos pero me mantuve. Me he acostumbrado a la escritura de John Boyle. Pero quien no se hace a su nueva casa es Bruno, el protagonista. Acaba de charlar con la asistenta. Y descubre que ésta tiene pensamientos y emociones. Que no está en el mundo sólo para cuidarles. También observa lo mal que le trata su hermana Gretel. Pero no sabe si disculparse por ello. Bruno tiene siempre este tipo de dudas.
Lo cantó Sabina. ‘Hoy que el público empieza a hacerme caso, ya no dice que pinto tan bien como Picasso’. La pareja Clinton daba palmaditas en el hombro a su contrincante Obama, hasta que los resultados le empiezaron a serle favorables. A la candidata (lo diferente) le ha salido un contrincante igualmente exótico (un candidato negro). Nadie se atreve a hablar de lo que les hace distintos, porque los mejores presidentes son los que hablan para todos los públicos. Pero bajo el manto de la elegancia formal quedan las pasiones sin digerir. Y cuando éstas se despiertan hay que echarse a temblar. Al final, la batalla electoral de los demócratas no se ganará por una cuestión de talento sino de talante. Ya lo dijo algún gregero, la ética es siempre estética y la mejor estética es siempre ética. O algo parecido.
Hay algo en el cine de Ang Lee, que mosquea. Y sería interesante descubrirlo. Una gran historia, como la de los vaqueros enamorados, llegaba a enervar por el uso de la muletilla ‘fucking’, que en versión doblada reducía a nada el diálogo entre los amantes. De su ‘Deseo, peligro’, hay algo que deja frío al espectador entregado. ¿Falta emoción en la decisión final de su protagonista masculino? ¿Trasmite poco la heroíca decisión de ella? Y una curiosidad: ¿Por qué es tan recargado el anillo si tan buen gusto demuestran todos los trajes de la película? ¿Por qué en una escena el estampado del vestido de la chica cambia? ¡Ay, esos bonitos trajes y esas caras maquilladas en en el moroso dominó chino! ¡Y esos paisajes nevados con los vaqueros cabalgando en silencio por la montaña! Y ¡glup! esas apasionadas escenas con ropa rasgada. Pero a ver.... ¿Por qué unas películas salen redondas y otras no?
El actor José María Pou sólo acepta personajes que cambien en el transcurso de la obra. La fiesta de San Sebastián ha demostrado que hasta la herencia de Sarriegui puede evolucionar. Los arreglos de las bandas a la festejada música recuerdan las versiones de canciones clásicas con las que los músicos huyen del aburrimiento. Pero la fiesta nos ha ofrecido otros ejemplos. El de Isabel Verdini, que se propuso que su sobrina con síndrome de Down bailara. Y lo ha logrado para esa niña y para más bailarinas que van camino de profesionalizarse. Otro, el de las tamborradas que han incluido aguadoras en sus filas (ampliación de la subvención, mediante).Y uno más, el de Cristina Garmendia, que dijo aprender de sus fracasos para lograr sus brillantes resultados en biotecnología. Ahora que hasta los caldereros tienen reina hay quien se mantiene fiel a la tradición. Ocurre cada año en la cena de Gaztelubide. ¿Para cuándo el cambio?
Para los chicos que tienden la ropa con o sin un breve delantalito y celebran los consejos de administración en el txikipark. Y para las chicas que han roto el cascarón...