Diario Vasco
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Autor: Javier Arzuaga
Epílogo
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Javier Arzuaga | 28-02-2017 | 7:56| 0

“Nunca es tarde si la dicha es buena”. Así comenzó la primera entrada de este blog. Un experimento que comenzó casi dos años atrás cuando le sugerimos a mi suegro Javier, combinar dos de sus intereses – la escritura y la tecnología. El primero por habilidad – siempre había sido un gran escritor y comunicador – y el segundo por curiosidad – siempre tuvo una fascinación por la tecnología, aunque a veces fuese el interés de un explorador descubriendo una nueva especia de criatura que bien podía ser amistosa o quizás, desastrosa.
Pues trescientos diez y nueve artículos y más de mil quinientas visitas después, hoy me toca a mí, con el dolor del alma, hacer la última entrada. Esta madrugada, rodeado de su familia y seres queridos partió Javier. Cuando lo vi por última vez ayer en la tarde en el hospital, conversamos. De hecho fue él el que me pidió que lo despidiera por este medio. Lúcido como siempre, era evidente que estaba en paz, y preparado para lo que se avecinaba. Le aseguramos, sus yernos y su hijo Xabi que nos ocuparíamos de su esposa Stella y sus hijas Madalen y Maite, sus tres Amores – sus tres Torres como en una ocasión lo escuche llamarlas. También le aseguramos que nos ocuparíamos de sus seis nietos – las seis luces de sus ojos.

Pero lo prometido es deuda así que de parte de Javier, les extiendo su despedida y su agradecimiento por acompañarlo en esta aventura cibernética. Todos extrañaremos sus anécdotas, en mi caso las escritas como las verbales en persona. Pero sepan que se fue tranquilo, en paz y rodeado de sus seres queridos, incluyendo su familia en España quienes pudieron hablar con el ayer en la mañana. Siendo una persona espiritual, estoy seguro que él apreciaría sus oraciones y buenos recuerdos.

Gracias y Hasta Luego.

 

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ANTECEDENTES (no criminales) DE UN DICTADOR.
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Javier Arzuaga | 26-01-2017 | 7:55| 0

Desde la primera vez que apareció en escena me produjo cierto espanto mezclado con repugnancia. La traducción -no hablo inglés—a saltos de rana era mediocre. ¿Qué es esto? No hay coherencia en lo que dice. Pronto me di cuenta. No es el traductor, es él quien deja caer banastas de piezas inconexas. ¿No sabe hablar en público?, ¿no le enseñaron a hilar ideas? Pensé, de entrada, que no tenía nada que hacer en el cuadrilátero político, que sería desbancado rápidamente.
Pasaban los días y él seguía ahí, erre que erre. Figura extraña la suya, sus gestos, su mirada. Sus ojos, medio escondidos tras persianas, hablan tanto como sus labios, o más, ¿son una zorra que acecha en el matorral de sus cejas? Se contradice. ¿Miente? No es de fiar. Bajo su pelambre de paja seca esconde un cerebro medio desquiciado. Qué cuerpo de ideas, qué ideología y qué proyecto piensa ofrecer? Hasta el momento son frases, son burlas, son amenazas, son promesas, son ramas de un árbol sin tronco, fuegos artificiales en que los cohetes suben sin rumbo, con el objetivo único de deslumbrar y hacer ruido. No concebía que pudiera tener base popular, que se le pudiera seguir en serio. Sin embargo, otros caían o se apartaban del camino y él seguía.
No va a llegar a la meta. Es imposible. Sería un desastre. Algún día tendrá que desvelar su plan, si lo tiene, que hasta el momento no se ve ni se adivina, y explicar su poyección en la vida real del país. Pero no llegaba ese soñado día. No había trazados de camino. Una densa oscuridad. Un andar rodeado de niebla por todas partes. Me es inimaginable que cuente con respaldo. Tan voluminosa, esplendente y granítica es su mediocridad. Una mente de niño malcriado en un cuerpo gigantón de setenta años. Una pobreza espiritual que se le escurre por todos los poros, vestida de arrogancias de multimillonario. Una personalidad contrahecha. Un triste guapetón de barrio. Amenaza y miente mucho. Inconcebible, corre la recta final. Espero que tropiece y se dé un morrazo en la meta.
El día 8 de noviembre salió electo Presidente de la nación. Su hinchada aplaude a rabiar. Muchos de los opuestos piensan que ahora cambiará. Yo me inclino a pensar que no. A los setenta años no se dan cambios de personalidad como si se encendiera un fósforo, no hay trucos ni milagros que valgan, ni a corto ni a largo plazo, se es el que se es y punto. Se me encoge el estómago. El ánimo se me desinfla. Siento miedo. ¡Qué noche de zozobras y penalidades nos espera, Dios mío! El sigue impertérrito anunciando amaneceres grandiosos saliendo de un país en quiebra total hacia otro con rostro de nuevo, prometiendo solución a todos los problemas, desterrar fuera de las fronteras a cuanto indeseable halle dentro, aplastar con fuerza a todos los enemigos, donde quiera que se escondan. Me llevo las manos a la cabeza, pero si este hombre es un ignorante en política, en gobierno, en interrelaciones con otros pueblos y sus culturas. ¡Qué va a ser esto! …
Comienzo a entender que la crisis de valores que hoy vive la sociedad aquí y en todas partes, en el planeta entero, es mucho más grave de lo que yo creía. Que la tecnología globalizada va abriendo abismos entre la clase adinerada, acaparadora de la riqueza de la tierra, y la clase trabajadora y la habitualmente marginada, la pobre y la abandonada en su miseria sobre todo. Que no hay quien pueda contener la rebelión contra los sistemas políticos enraizados, contra la burocracia y contra la corrupción que nace en su entraña y va cubriendo sus muros como una enredadera asesina. Que el hombre araña de la pesadilla es producto de esta crisis.
El 20 de enero juró, puesta la mano izquierda sobre dos biblias -¡qué burla atroz!- , su cargo. Los primeros pasos como gobernante los dio entremezclados con quejas de niño caprichoso porque corrían por todo el mundo fotos y cifras que demostraban que los últimos cinco presidentes le superaban en grado de aceptación por parte del pueblo y que el último concretamente le sobredobló el número de asistentes a su investidura. Con rabietas y pataleos dijo que eso era mentira y que los periodistas son la clase más deleznable de la humanidad.
El domingo pasado El País publicó la entrevista que su director le hiciera al Papa Francisco dos días antes, a la hora en que Donald Trump era proclamado Presidente de los Estados Unidos de América. A la pregunta de las alarmas que Trump despertaba respondió que “no le gusta anticiparse a los hechos, veremos lo que hace” y pidió prudencia. Más adelante afirmó “En tiempos de crisis los pueblos buscan un salvador que les devuelva la identidad y les defienda con muros y alambres”, recordando la Alemania convulsa de la postgierra de la Primera Mundial que se dejó embaucar por Adolf Hitler. Hablando de buenos y malos en la Curia Vaticana, más buenos que malos, se inventó la maravillosa “revolución de los santos” que ha mantenido a lo largo de la historia de la Iglesia encendida la antorcha del Evangelio. Refiriéndose a su propio entorno en el que unos le comprenden y otros no, dejó caer que “alguno por ahí no está de acuerdo, y tiene derecho, porque si yo me sintiera mal porque alguien no está de acuerdo habría en mí un germen de dictador”…
El que tenga oídos para oír, que oiga. Y el que tenga entendederas para entender, que entienda.

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“DIOS NOS COJA CONFESADOS”
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Javier Arzuaga | 15-01-2017 | 11:39| 0

A siete días del paso de los Reyes Magos montados en sus camellos, las campanas de la Navidad han ido perdiendo timbre y eco. Suenan ya lejos, cada vez más lejos, perdidos en un paisaje de nieve. La Navidad se identifica con el invierno más que el invierno con la Navidad. Es porque hay dos inviernos. El primero está hecho de un frío agradable acompañado de músicas y de un fuego más rosado que rojo en la chimenea. Coincide siempre con la última semana de diciembre y la primera de enero, es decir, el tiempo de la Navidad. Luego viene el segundo invierno o la segunda parte del invierno. Este está de hecho de frío, silencio y oscuridad. Va de la segunda semana de enero hasta la tercera de marzo. Con los últimos días de la cuaresma y la Semana Santa, en el cielo va madurando la luz, ésta se hace más dorada y viene acompañada de un calorcillo pregonero del verano. No debemos olvidar que sin buen invierno no cabe esperar buen verano. La explanada entre las rocas labradas y las rocas al natural en Arantzazu debe encontrase vacía. La debe estar barriendo el viento que baja por la hospedería, cortante como una navaja fría. Pronto llegará la nieve que este año se ha retrasado. Me encuentro a ocho mil kilómetros. Me encantaría encontrarme allá despidiendo la Navidad en la octava de la Epifanía.

Otros años, al desmontar la Navidad, tanto en la casa como en el armazón románico del costillaje propio, solía sentirme acompañado y como vestido de una serena cadencia gregoriana seguida de una polifonía para voces blancas. El Oi Bethleen de Aita Donosti cantado por el coro Easo, por ejemplo. Este año más que música se escuchan presagios lastimeros aullados por una jauría de lobos desde el fondo del bosque. El nuevo año, 2017, echa a andar con paso inseguro. Los que padecemos de neuropatía sabemos qué significa paso inseguro y sensación de desequilibrio, sensación he dicho, no, realidad. Las señales que la red nerviosa envía de los pies al cerebro son débiles y confusas. La respuesta no puede ser clara, es oscura. Nos mentimos hace quince días cuando nos decíamos que ¡Feliz Año Nuevo!, ¡Happy new year! o ¡Urteberri on!. El Año Nuevo vino al mundo envuelto en una sucia capa de miedos. No por lo que vaya a suceder, que nadie sabe, sino por lo que pueda suceder, que sin saber se teme.

Políticos, sociólogos o economistas preguntados sobre las señales que trae escritas en su frente el 2017, no las ven claras. No quieren pasar como portavoces del No, negativos y pesimistas, pero tampoco se atreven a dejarse ver como abanderados del Sí, positivos y optimistas. Acaso leves impulsos de crecimiento económico en algún que otro país, dicen unos. Probablemente, un parón, vuelta a la crisis, anuncian otros. Mucho más conflictivo panorama político, con persistencia de humaredas bélicas, vaticinan todos. El hemisferio norte, definitivamente más alborotado que el sur. Los más alejados en la Oceanía nebulosa, los que mejor respiran.

Siria nunca volverá a ser lo que fue. Sigue oliendo a pólvora. Todos gritan sus razones. Todos están en lo cierto y todos cargan culpas. Y el pueblo que ni quita ni pone rey, tiene el corazón más herido que la piel. Los que vinieron de fuera a resolver problemas, los han multiplicado en lugar de resolverlos. Igual sucede en Irak y en Afganistán y en Yemén y en Somalía y en Sudán y toda la Africa subsahariana. Los pueblos huyen de sí mismos con los ojos cerrados, hinchados de llorar. No saben a dónde se dirigen. Huyen. Pero las puertas están cerradas para ti, pobre refugiado sin nombre, si lo que llevas contigo es sólo tu dolor y tu miseria.

El Estado Islámico ha declarado guerra a Occidente. La acusa de ladrona y mentirosa, de explotadora y cruel, de asesina. Y a lo que de aberrante tienen todas las guerras, han involucrado a Dios en ellas. Horror de horrores, matan en nombre de Dios. Europa tiembla ante la saña terrorista, tan rico que se vivía sin esa peste de los yihadistas, ¿pero qué les hemos hecho nosotros?, su memoria es corta. ¿Qué será de la democracia como sistema de gobierno y de vida? La amenaza le llega de fuera y germina al mismo tiempo en su entraña. Una derecha de signo proteccionista, neonazi, exige su turno, pretende gobernar. La justicia social brilla por su ausencia, gritan desde la otra acera los izquierdistas y tienen razón, aunque las cosas siguen y seguirán siendo como son. Pastizales en los que las vacas gordas engordan hasta reventar y las flacas crecen en número de día en día y son cada vez más flacas. ¿Le estará a punto de suceder a Europa este año lo que el año pasado se sucedió a Estados Unidos? ¿Quién estará al frente de Alemania y de Francia y de Holanda cuando en las iglesias se vuelvan a escuchar las notas ilusionadas de la “noche de paz”?

Aquende las aguas grandes, el Océano Atlántico quiero decir, las cerezas han caído antes de madurar. La cosechas todas se presienten inseguras. Un torbellino llamado Trump impone ley de imprevisibilidad a cuanto se mueva, en la dirección y con la fuerza que quieran soplar los vientos. Nepotismo y conflicto de intereses de puertas adentro en su casa. Leyes migratorias amenazadas, leyes de sanidad amenazadas, libertad de pensamiento y de expresión hablada o escrita prensa amenazadas en política interior. Volatilidad que nadie entiende en política exterior, en las relaciones con países cercanos, Cuba y Venezuela en concreto, y con América Latina en general. Igualmente con Europa, con Rusia, con China. Lo mismo en pactos comerciales que en militares entre naciones. Y una capa de proteccionismo absurdo, sobrepasado en el tiempo, de cuando las trece colonias exigían independencia y soberanía a la madre patria, la Gran Bretaña.

Cuando se escriba la vera historia de lo acaecido el 2016 y 2017 en los Estados Unidos de América, no será Barak Obama el que cargue a sus espaldas la mayor porción de las responsabilidades. Ni mucho menos. El pecado de Obama consiste mayormente en haber nacido con Africa presente en su piel. El Congreso, dominado por los republicanos, puso trabas a cuanto intentaba hacer el intruso, el que nunca, ni como invitado, debió dormir ni una siesta en la Casa Blanca, espacio reservado a los “blanquitos”, los pura sangre y raza llegados del Este. Trump va hacer historia, negativa posiblemente. Es lo nunca visto en política norteamericana, que los asesores y colaboradores tengan que controlar a su jefe en lugar de estar trabajando en la línea dictada por él.

Fruto más del deseo que de una expectativa racional, presagiaba alguien que Trump no llega al verano, que antes se habrá metido en arenas movedizas de las que no pueda salir y que será removido de la oficina oval. Quién lo viera salir humillado a quien a tantos humilló con su lengua descontrolada y aplastó bajo el bulldozer de su yo, descomunal e incomprensiblemente sensitivo. Dios nos coja confesados, como se decía ante un peligro grave cuando todavía se creía en Dios y en la otra vida.

Los senderos del 2017 pintan difíciles y peligrosos.


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BAILANDO EN EL TABLADO DEL TIEMPO.
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Javier Arzuaga | 31-12-2016 | 12:20| 0

“El secreto de la salud, mental y corporal, está en no lamentarse por el pasado ni preocuparse por el futuro ni adelantarse a los problemas, sino vivir sabia y seriamente el ahora”. (Buda) Es una de las tantas frases, atribuidas a sabios de distintas culturas, que en una u otra forma hacen referencia al tiempo y aseguran, sentencian más bien, que sólo el presente tiene consistencia. El pasado es irrecuperable y el futuro totalmente incierto, pues nadie sabe si amanecerá mañana. Sin embargo, bien vistas las cosas, lo verdaderamente inconsistente y liviano como el polvo es el presente. Es tiempo, pero su duración es cero. El marcador de segundos de un reloj lo visualiza a la perfección. Y la medianoche del 31 de diciembre lo aclama con estruendos de cohetes. Montados en el pináculo del año, no pertenecemos ni al que acaba de irse ni al está llegando.

Pasado+presente+futuro, enlazados, sumados, son igual a tiempo. Pero ¿qué es el tiempo? Que yo sepa, nadie lo ha sabido definir. Para mí, y para no hacerme nudos y líos en la cabeza, la forma gráfica más sencilla y más comprensible de representarme el tiempo es una de estas tres:

El tiempo es la pantalla, el escenario o la plataforma en que se van deslizando o sucediendo los acontecimientos. En esta representación el tiempo no se mueve. Lo que se mueve es la acción, es la vida. La vida propia y/o la vida colectiva. Como la pantalla en una sala de cine. Sobre ella, sobre la pantalla quieta, se desliza película de una vida, de una guerra, de una historia, de lo que sea.

O el tiempo es una cinta corrediza. Como la que en el aeropuerto, al final del viaje, va entregando las maletas de los viajeros. O el celuloide en el que se ha grabado algo, imagen grabada que podemos reproducir o volver a ver. El tiempo corre y con él cuanto caiga en sus redes.

O el tiempo es una saco enorme, cuasiinfinito, en el que va cayendo cuanto sucede y en el que irá cayendo cuanto vaya a suceder.

De lo dicho hasta aquí, lo único que está claro y se entiende a la primera es que, sea lo que sea el tiempo, como quiera que lo queramos representar para hacerlo más comprensible, está íntimamente relacionado con el acontecimiento que llamamos vida. Cierto es que una vez acaecido un hecho, éste carece automáticamente de entidad física y viene a ser irrecuperable. Una maleta perdida se recupera o puede recuperarse. Una amistad o un amor perdidos, pueden rehacerse, pero recuperarse, nunca. El tiempo y el lugar de un trozo de vida con calzones de pretérito pasado, pasado e irrecuperable es para siempre.

Sin embargo, algo que en un momento fue vida puede seguir vivo, pero con o en vida distinta, en vida que se llama memoria o historia. Contada, escrita, esculpida, pintada, filmada o grabada en alguna otra forma. En este sentido, el pasado está lleno de vida. Una vida no precisamente artificial, ya que nuestra vida, ésta que estamos viviendo, puede nutrirse de ella, como se nutre de vida el cuerpo cuando ingiera un alimento, una medicina o un antibiótico.

Reflexiones como ésta que estoy haciendo-escribiendo, ganan relieve o caen de pie en determinado días o momentos. Como éste. Son las 12.00 del mediodía del día 30 de diciembre de 2016. En 36 horas, estaremos entrando en un año nuevo, el 2017 y lo que ahora estoy haciendo será para siempre tiempo pasado. La verdad que el presente, como tiempo, es bien poca cosa. Por mucho que nos repitan que ni el pasado ni el futuro importan como el presente. El presente es como apagar de un soplo un fósforo encendido. Se apagó y el fueguito que era ya no es ni volverá a ser. Jamás. ¿Y el fósforo y el soplo y el fueguito y yo y todos y todo, caeremos también en un saco sin fondo, en el hueco negro de la nada?

Se me fue la mano, no quería decir eso, no quería preguntar eso ni meterme en esa camisa de once varas. Disculpen.

A las 12:00 de la medianoche el 31 de diciembre no pienso enterrar, no quiero enterrar, no puedo enterrar el año 2016. Sucedieron en él cosas muy bellas por las que quiero dar gracias a quien o quienes participaron en ellas. La ciencia, los científicos, han descubierto maravillas que nos estaban ocultas, gracias a las cuales le será posible al hombre protegerse en el futuro contra tal o cual enfermedad. Se ha logrado fabricar, por ejemplo, la vacuna del ébola o se han dado pasos firmes para hacerle frente en un futuro próximo al alzheimer. No sé en qué forma y medida será beneficioso para la humanidad el descubrimiento de las ondas gravitacionales, pero me dicen que sí, y lo creo y me alegro de ello y me felicito y doy gracias. Y otrosí digo con igual alegría de otros descubrimientos astronómicos y astrofísicos que no entiendo y sin entender, admiro.

En otro orden de cosas, creo, por ejemplo, que Colombia recordará el año que se va , se va, se va … como el año que no se fue, el año en que los colombianos encontraron los caminos de la paz, soltaron en el hueco negro del olvido el medio siglo de violencia, de destrucción y de muerte y aprendieron a vivir de nuevo como hermanos. Recordarán el 2016 como año de bendiciones.

Un hecho muy importante sucedido en el mes de marzo de este año que fenece es en mi mundo de valores la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris laetitica – La alegría del amor del Papa Francisco. Creo que por primera vez en la historia de la Iglesia Católica, un papa habla del amor entre hombre y mujer en términos naturales y humanos, exentos de prejuicios y de miedos. Se han abierto las puertas, se han dado pasos firmes conducentes al descubrimiento de una teología nueva y la búsqueda de un rostro nuevo de Dios. Queda a la vista un orden nuevo de valores, una moral nueva, la victoria sobre el tabú del sexo. ¡Ya era hora, Dios Santo! Visto desde otro ángulo, la Exhortación Apostólica ha destapado la olla del ultraconservadurismo que se escondía en la Curia Vaticana. Los enemigos del Papa Francisco han salido corriendo, como las cucarachas que corren espantadas por el insecticida. Cuatro cardenales amenazan o hacen amagos de amenazar al Papa, declararle hereje, destituirle. No tienen pista ni motora con que recorrerla. Al retirarse sin que nadie les empuje, facilitarán la reforma de la Curia Vaticana.

2017 hereda también del 2016 muchos problemas, algunos gravísimos. No necesito detenerme a descorrer velos. Los hechos están a flor de suelo, son más que conocidos por todo el mundo. La guerra de Siria, las facciones sirias y no sirias que intervienen en ella, las cuentas del medio millón de muertos y de los varios millones de desplazados de sus casas y de su tierra que arrastra, las ruinas que siguen humeando, es algo que no se resuelve ni zanja con un acuerdo de paz de 2×3=6, ya está, todo arreglado, a beber y a bailar todo el mundo. Y por los mismos lares, las cuevas del Estado Islámico y sus turbantes y sus barbas de terrorismo salvaje como nunca ha conocido la historia otro igual. E Irak y Afganistán y Yemen y Eritrea y Sudán y Nigeria y sigue-la-lista que les cortaron los pies y no pueden caminar. ¡Ayyy! Y los caminos y los campos de los refugiados en Jordania, en Líbano, en Turquía, en Grecia. Y las puertas de Europa, de la gran Europa, la cuna de la civilización occidental y de la “Liberté, legalité, fraternité” cerradas al dolor y la desesperación de los sin-patria …

También a este lado del Océano hay herencias difíciles de sobrellevar y reparar. Cerca nos queda Venezuela y su revolución bolivariana que le está conduciendo a ningún lado. Y aquí, en Estados Unidos, a partir del día 20 … Mientras no me demuestren lo contrario, seguiré pensando que Donald Trump es un chofer sin carnet de conducir que no va traerle a su País ningún bien y, al contrario, le va a producir muchas abolladuras y muchos desperfectos.

Lo peor de todos estos males es que no sanan por sí solos. Mucho menos sanan cubriéndolos con quejas.

¿ … ? Hace unos días, exactamente la noche del día 25, apenas pude dormir, acosado de pesadillas tontas. Me decía y me reprochaba y me repetía e insistía que los viejos, gastados, inútiles que, como yo, no rendíamos nada en provecho de nadie, estábamos de sobra, deberíamos desaparecer del mapa. No le pedí a Dios que me llevara, pero tampoco me faltó mucho. A la mañana, como de costumbre, abrí el correo electrónico a ver si alguien se había acordado de mí y efectivamente, Mirian, mi buena amiga brasilera, me saludaba desde Sao Paulo. Y me decía que la página del blog escrito el día anterior le había venido de perlas, providencial, como escrito pensando en ella, que me daba gracias por haberla escrito y que varias amigas del trabajo se la habían pedido para colgarla en sus facebooks y que siguiera escribiendo. Mira tú por dónde … Todos podemos aportar algo, una palada de arena … , o de palabras … , o de sonrisas … Podemos ser “instrumentos de la paz”, de una mejor convivencia humana …

Podría ser mi aportación al 2017 y a sus problemas heredados y a los nuevos que se le vayan acumulando.


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TRIPTICO NAVIDEÑO
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Javier Arzuaga | 24-12-2016 | 3:06| 0

I

María,
¿te has enterado?
Al mandamás de Roma le ha picado en la nariz una mosca,
quiere saber con cuántos súbditos esclavizados
cuenta su imperio romano,
tendremos, pues, que subir a Belén a empadronarnos.
¡Vaya con los caprichos tontos
de estos señores poderosos!
Esclavos nacimos tú y yo, José,
y esclavo nacerá
el hijo que llevo en mis entrañas,
¡todos los pobres nacemos esclavos!
Sólo Dios lo sabe, pero quizás sea de este nudo de esclavitudes y penas
que un día vaya a brotar la rosa de nuestra verdadera libertad.
Tranquilo, José,
subamos a Belén.

II

Llegados a Belén,
fueron de puerta en puerta,
¡un rinconcito por el amor de Dios!,
pero se les veía tan pobres y tan a punto de parir a ella…
Habían visto
un establo abandonado
cuando venían de camino.
Regresaron.
¡Ve, María,
la Señora Santa Pobreza nos ofrece su Palacio!,
y entraron.
La noche los arropó en su obscuridad y su frío.
José encendió un fueguito.
A la medianoche María dio a luz un niño.
Lo limpió y lo acercó a su pecho
a que mamara de su leche y dejara de sollozar.
Acercó su cara
a la carita de su hijo
y bajito bajito
cantaba una nana
al Ser más justo y más recto,
más sabio y más bueno
jamás nacido,
mientras todos los pobres de todos los tiempos de toda la tierra
eran invitados
a pasar y rendían pleitesía
a su Soberano.

III

María,
el ángel me ha dicho en sueños.
Toma a tu esposa y al Niño
y váyanse lejos
que aquí corren peligro.
Al rayar el alba del nuevo día,
con lo puesto y un hatillo,
dijeron adiós a Belén-Bagdad-Mosul-Alepo-El Salvador- Honduras-Mëxico
y se pusieron en camino.
Ya carecen de patria, son los desterrados.
Ya no tienen casa, son los refugiados.
Son los hijos del camino,
del campamento, del lodazal y el frío,
de las pateras,
de la verja metálica con púas de acero en la frontera,
del andar y andar sin brújula ni destino…
———
José, María y el Niño marchan de huida a Egipto…
Navidad,
estrella y esperanza en el camino.


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Sobre el autor Javier Arzuaga
Exsacerdote, excapellán de condenados a muerte, exmisionero por tierras de América. Vivo retirado con mi familia en Atlanta, EE. UU. El retiro viene a ser para mí algo así como un observatorio y un taller de montaje de palabras.