Diario Vasco
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Una mirada desde el silencio de un palco
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Lorea Bakero | 28-03-2016 | 17:00

Nueve de la mañana y recién llegamos al Princesa Sofia, donde Charly Rexach nos espera para desayunar antes de la larga mañana que nos espera en el Camp Nou.

Entramos y nos sentamos, y así de fácil, delante mío quedan dos de sus mejores hombres. Empiezan a hablar de todo y de nada a la vez. Palabras aparentemente vacías, que en realidad, están llenas de comprensión. Una, muy lejos de mi capacidad de entendimiento. Falta Alexanco que está de camino. Con el esta conversación tendrá aún más sentido.

Esto ha sido un shock para vosotros y no habéis querido, o tal vez, podido hablar de esto con nadie. Comentáis que la prensa ha estado bombardeando vuestros teléfonos y que no habéis tenido el corazón para abriros. Aún no.

Os relajáis y empezáis a hablar del “flaco”, aquel hombre que tantos dolores de cabeza os dio, pero que a la vez os hizo dignos de tutear a la gloria. Ese tu a tu, tan personal, al que solo unos pocos tienen acceso.

Charly recuerda aquel martes que llegó al vestuario, después de entreno, dudando entre dos jugadores para la alineación del fin de semana. ” No pasa nada Flaco,  tienes toda la semana por delante para decidir.” Cada día de esa semana, entraría con esa misma pregunta en la boca, como si de una rutina se tratara, hasta que llegara el día del partido. “Flaco, si tantas dudas tienes, tira una moneda al aire. Que decida el azar.” Y así lo hizo, cuenta Charly. Los dos os reís con ganas.

Hablaís de su carácter, de como habíais tenido que unir fuerzas para suavizar situaciones. Ese mismo, que conseguía llevar al limite a todo y a todos. El mismo, que una vez superado, te hacía diferente. Exactamente el mismo, tan necesario para cambiar la historia del fútbol. “Si existe un paraíso del fútbol, nosotros nos hemos dado unos cuantos paseos por el. ¡Eh, Charly!”, le oigo decir a mi padre. Nos levantamos, y nos aventuramos hacia el Camp Nou. Yo, escoltada por su historia viva.

Llegamos, y nos explican como se tiene que hacer. Firmaremos en un libro de memorias y seguiremos hacia una fotografía enorme para dedicarle un minuto de silencio. Hacemos lo ordenado, y es la hora de hablar, hay un micrófono preparado para que regaléis unas palabras a la prensa. Pero no, todavía no. Os escabullís a la zona del palco, y yo por consiguiente, hago exactamente lo mismo.

Se acerca Bartomeu, que muy pendiente de todo, quiere que el día salga perfecto. Entra y sale constantemente de la sala, recibiendo a todos los que llegan, y acompañándolos a seguir las pautas del acto. Llega Laporta, y lo recibe con delicadeza. Se le ve afectado y cabizbajo. Hoy no hay barrera entre estos dos hombres. El Presidente del Barça, se muestra a la altura de la situación.

Entran en la sala Arthur Mas y el actual presidente de la Generalitat, el señor Puigdemont. Se acercan a nosotros. Mas, intercambia unas palabras de afecto con mi padre, hacia años habían trabajado juntos. Nos explica que ahora se encuentra más tranquilo. Se interesa por mi, y me pregunta por que estudio política si quiero ser periodista deportiva. Bromeo, y le contesto que yo tampoco lo acabo de entender. Puigdemont, comenta que estas semanas han sido difíciles. Primero, el incidente del autobús, el atentado de Bruselas y lo de Johan. Nos hace reflexionar a todos.

Una voz que reconozco de manera inmediata, se acerca por espalda. Me giro instintivamente. Ni más ni menos que, Florentino Pérez, acompañado por seis hombres perfectamente trajeados. Entre ellos, Butragueño y Amancio. Tardo en reaccionar, porque no es un sitio donde esperaba coincidir con ellos. Se acerca a mi padre, como si de toda la vida se conociesen “Bakero, le diste fuerte eh. No sabes ni con que le pegaste, pero la pelota fue dentro.” Bromea sobre el gol de Kaiserslautern. Me sorprende su naturalidad y su cercanidad.

Se aproximan al libro de memorias y lo firman; “Hay gente que no debería morir nunca, gente como Johan Cruyff.”, escribe Florentino. Bonitas palabras que vienen en representación del eterno rival. Tengo que admitir que me emociono, este es un gran gesto antes del clásico.

Ahora mismo, es bonito estar aquí. Es bonito ver a todas estas personalidades, de características y maneras de ver la vida tan diferentes. Todos en una misma habitación. Como siempre, Johan consigue que lo anormal sea lo normal. La naturalidad del momento, es el reflejo del cariño y el respeto que reinan este pequeño espacio del mundo. Uno tan a falta, pero a la vez, tan lleno de ti. Y una vez más, lo has vuelto a hacer. Lo has vuelto a cambiar todo.

 

Sobre el autor Lorea Bakero
Estudiante de Ciencias Políticas. Observadora del mundo y enamorada del deporte.

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