EN EL SENO DEL PRINCIPIO

EN EL SENO DEL PRINCIPIO


Y el Omnipotente pudo.

y lo podido reveló al que pudo.

El Poder testificó de Sí,

y el todo fue podido.

*

El todo testificó de la plenitud del que atribuye,

y el atributo fue destello del que pudo.

Y el destello era Luz,

y la Luz era Gloria,

y la Gloria era Vida eterna y engendrada,

y cual engendrada sin principio,

entonces, sí, substancia;

y en la Substancia, Imagen.

La Imagen engendrada,

inmanente y sin principio,

el Rostro del Omnipotente.

*

Y la Gloria compartíase en el Seno bajo el sello;

y por decirlo así,

una costilla le cubría.

*

Y el Poder operó,

y he aquí, nos movemos tras Su operación.

Y por Su Logos, eterno y engendrado,

el todo fue podido del Creador.

Y el Logos hubo hablado,

y Su ejército podido.

El universo fue podido,

el invisible y el visible,

y el Hombre fue podido;

y los que después pudieron,

pudieron porque fueron

ellos mismos, sí, podidos.

Y el Omnipotente Mismo se posee desde Sí,

y se revela,

y camina,

respira,

se regocija en el júbilo de Su absoluta libertad.

*

El misterio de Su Ser emitía susurros

cuando todo era oscuro,

cuando todo era nada.

Y cuando era de noche,

Su Ser se movía y palpitaba.

El Inmutable se movía.

El Altísimo velaba y conocía;

era como si esperase para hablar.

Y esperaba con amor,

sin esperar.

*

El Altísimo callaba,

porque calla cuando ha de callar

y habla cuando quiere hablar.

Aunque en Sí Mismo hablaba,

para nosotros callaba.

Calla cuando quiere;

enmudece de Sí.

Y habla cuando quiere;

y cuando habla, habla de Sí,

porque conoce,

porque puede,

porque está,

y así es.

*

Y cuando calla reposa,

y cuando habla,

Su reposo habla con Él.

De Él testifica

porque Suyo es el Reino.

Por Él opera

porque Suyo es el Poder.

Para Él participa

porque es Uno y es Padre;

es Uno con Su Hijo,

y es Uno con Su Espíritu.

Suya, de Dios, es la Gloria;

Suyo es el derecho

porque todo lo pudo.

El Reino, el Poder y la Gloria,

la Raíz, la Savia y el Fruto

del Árbol de la Vida.

*

Y el Fruto es pan del inocente

que recibe la gracia de la Savia.

Y la Savia es mediadora.

*

La Raíz,

desde la Semilla eterna de una Voluntad eterna,

promulgó al Árbol de la Vida.

*

Y la Semilla eterna

conservaba el germen de la Vida eterna.

Y era ese el misterio de la perpetuidad;

la eternidad del Ser que da.

*

Y el Omnipotente pudo,

y lo podido reveló al que supo.

El todo podido

reveló una parte de lo conocido;

y el todo conocido pertenece al Omnisciente.

*

Y el Omnisciente se conoce

también a Sí Mismo y en pleno.

Y Suya era la Mente,

Imagen Suya y Gloria,

Igual a Dios, Persona,

el Hijo cual Persona,

el Verbo que antes era, y es, y que será.

Pues si personas fueron

algunos de Sus destellos creados,

persona habría de ser

El que dio a reflejar.

Si personas descúbrense

los que descubren,

Persona habría de ser El que dio a descubrir.

*

El reflejo anunció lo reflejado

y la parte anunció al todo,

y el todo Al que lo supo y pudo.

*

Y sobre la parte operaba la influencia del todo,

porque fue Uno el que lo supo y pudo.

La parte, pues, testifica del todo,

como el iris del ojo del estado del cuerpo.

Y en la oreja se lee lo que pasa en el resto,

y las agujas punzan donde han de punzar.

Y leen los hombres en las manos

y en el rostro leen,

y leen en los pies,

y leen en la frente,

y en muchas partes leen.

*

 Y cuando se vierte el gene,

se vertió la especie;

y en la especie viene de la vida su cual.

Y por la vida corre Aquel que la sustenta,

y aunque es Otro, sin embargo sustenta,

vivifica, condesciende y soporta.

La voluntad de Dios es amor condescendiente,

la Fuerza de las fuerzas,

el Gran Rey cual Persona,

el Altísimo.

Destellos, pues, del Eterno

testimonian del que en todas partes está,

el Omnipresente.

Y el Omnipotente pudo porque dio para estar.

Y está el Omnipotente en lo que pudo,

y en lo que supo estuvo,

y en lo que sabe está.

Y todo lo que sabe lo sabe desde Sí,

y nadie se lo cuenta.

Al todo atribuyó.

Atribuído es el todo;

atribuido del que lo pudo.

*

Y porque el Alto pudo,

el Alto es;

y porque es, está.

*

Y la Fuerza era,

y las fuerzas fueron;

y estuvieron las fuerzas allí donde estuvieron.

Y fueron las fuerzas respuestas obedientes,

del Eterno atribuidas,

de Su Voluntad vivificadas.

Y esa Voluntad se conocía a Sí,

y estuvo en lo que quiso,

y en lo que quiere está.

*

Conoce también lo que reprueba,

y no lo reconoce;

ejercita paciencia y lo soporta,

soportando hasta el día en que revelará

lo que aborrece y odia,

lo que repruebe;

mas esperra para mostrar Su ira.

Con Su sentencia se dará también a conocer.

Y ese día que tan solo Él conoce,

nos lo muestra viniendo,

viajando por los hilos del tiempo,

trayendo el sonido de Su libertad de Ser.

Y escogió Dios participar,

participarse todo;

amarnos como al Hijo,

amar, de Sí entregar.

Que se pueda así como Él pudo;

que se conozca así como Él supo;

y que se esté donde Él está.

Y se entregó en el Hijo;

en Él y por el Hijo.

*

Y de Dios éste Hijo

se encaminó al Calvario

y se entregó en la Cruz

para llenarlo todo,

para brindarlo todo,

cual carne y pan, comida,

cual sangre y vino, celestial bebida,

humanidad gloriosa compartida,

Divinidad humanizada, asimilada,

y tras resurrección envió Su Espíritu,

derramándolo todo,

tomando de lo Suyo y repartiéndolo;

dándonos lo que pudo,

lo que supo y donde estuvo.

Y ya no somos muchos, aunque muchos,

sino que somos Uno.

Y con Él somos Uno

y el Uno está en los muchos.

*

El Inmutable es;

se mueve donde está;

palpita en Su respiración.

Esencialmente es,

eternamente está.

Y hace existir lo que de Suyo da.

Y como Libre respira,

y como Libre exhala;

y cuando exhala ama

y cuando exhala juzga.

Ama y juzga.

Cuando escoge ama,

y cuando ama perdona,

y cuando ama guarda.

Y cuando guarda

es porque también reprueba.

Cuando reprueba advierte,

y entonces espera y calla.

Soporta con paciencia y acumula.

Los que tuvieron ser no deben pervertirlo,

porque no escaparán al dolor del torcido.

¿Cómo escapar del que ama?

El ser que ha sido amado

solo puede sufrir cuando se aleja.

Sufre porque es amado y a ese Amor desecha.

La Luz Pura desecha y bebe oscuridad.

Su ser, que era un regalo,

arranca del estado de su felicidad

aquel que al Señor deja.

LLamado fue a la vida y creado de la nada;

a la gloria invitado, pero se rehusó.

¿Cómo podrá escaparse si estaba diseñado

para un Amor eterno ahora olvidado?

Vagará en el absurdo,

sufrirá en el tormento,

odiará lo que busca porque era para el cielo,

y ahora lo que encuentra, solo oropel, estiércol,

recordarale siempre su esclavitud buscada;

creatura de la nada que así se corrompió.

*

Cuando el Señor reprueba,

advierte y después calla;

espera y acumula de fuego eterno ascuas.

Como si grita y clama,

cual mujer que está de parto;

Omnipotente clama,

y cuando clama engendra,

y cuando engendra estalla;

estalla lo que mata

y lo que mata deja;

lo que a pesar de Su amor,

por mal le deja.

Entonces con justicia es que mata,

y a Su pesar lo mata.

Y mientras mata guarda,

y mientras guarda ama,

y siempre está presente,

así sea cual justicia.

Y así es.

Porque ama reprueba

y el infierno es amor que reprueba,

que no dice amén a la monstruosidad humana,

mas que le acerca por lo menos la justicia,

ya que desechó la gracia.

A no todos, pues, mata,

sino que como ama, escoge y guarda.

Y cuando mata y guarda

revela lo que quiso desde Su libertad.

Lo que reprueba Él mata;

lo soporta y lo mata;

con doble muerte mata;

lo pesa en Su balanza

y lo que sentencia mata.

Y mata porque guarda

lo que escogíó para Sí.

¿Y quién le impedirá?

porque no hay nadie como Él.

*

Ocultábase Uno solo bajo el sello;

Uno solo callaba cual Simiente eternal;

Uno solo prohibe lo del bien y del mal.

Y en Su fidelidad diseñó a la inocencia;

y ésta era semejante.

Imagen, semejanza, espejo a reflejar.

Cuando no había culpa

preparó una moral en libertad.

La libertad fue amor, participar;

matrimonio perfecto a realizar.

Y el Hombre es la escogida,

el Hombre la casada,

el Hombre la querida y perdonada,

un óvulo para Su misericordia

que ya estaba guardada,

siempre lista y preparada

desde la eternidad.

*

Empero la simiente

de la astuta serpiente

conocerá el divorcio;

permitiósele un día adulterar, perversa;

que entonces se conozca de Dios la Santidad;

la Santidad escogida desde la eternidad.

*

El Fuego de esta Gloria

a la banal serpiente

un día consumirá.

¿Y qué dirá?

su canto es un lamento;

no halló felicidad.

Por los siglos de los siglos se atormentará.

Dragón que en el abismo escogió su morada

fue el padre de esos hijos de locura insensata;

quisieron el espanto

y el espanto ha venido a recibirlos.

Aunque ilusos quisieron

cambiarle el nombre a los abismos,

a los abismos mismos

no pudieron cambiar.

Tan solo con palabras

no se puede trocar

la horrenda consecuencia

de fatal realidad.

Conocieron, quisieron,

entonces a enfrentar.

*

Esta es, pues, la historia

como de un caballo blanco

que viene cabalgando

desde la eternidad.

Un jinete invisible le alimenta,

un jinete invisible guiando va.

El jinete invisible en el visible va:

el Logos engendrado desde la eternidad.

De Dios la Plenitud del Atributo Excelso

engendró ante Su espejo a Aquel que les Igual,

y exhalándose Mismo como Amor allí estuvo

compartiendo la Gloria que le es esencial.

*

El Dios invisible se reveló en Su Imagen

y era el Verbo que como Primogénito

rasgó la oscuridad,

alzándose en Su nombre

para con Él crear.

Su corazón cargado de todo Su poder

y un misterio secreto y glorioso por traer.

Un fiel motivo eterno le movía.

Desgarró el sello el Altísimo

y el velo de Su Ser comenzó a descorrer.

Y era Uno, el Padre,

con Él también el Hijo

y el Espíritu Santo.

Creación bajo el manto;

nido de amor y reino.

*

La nada fue vencida en el principio

porque tan solo era el silencio del Ser

mientras estaba oculto callando bajo el sello.

La esencia operó en la costilla

y la existencia nació cual la mujer.

Y era Uno solo el Ser Divino, y Uno es:

el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo;

pero tenía un motivo: se quería casar,

engendrar muchos hijos para participar

de ese Amor tan profundo que de Su intimidad

la plenitud mismísima quisiéranos brindar;

derramarse en el vierntre de Su gloria,

preñarla de la Suma de Sí,

y así engendrar eternamente,

sí, cual respirando siempre,

el reposo de la realización.

*

Y fue la realidad la hija de la dicha del reposo.

Y el reposo satisfecho satisfizo.

La Voluntad vivificante se derramó en deleite

y la esposa viviente, Su costilla de antes,

nada por el Eterno amada,

descansó en el reposo derramado.

*

Y el Logos, Atributo eterno y engendrado,

de la Divina Especie conteniendo en Sus lomos,

habló, mandó, ordenó,

con plenitud y fuerza,

y una vez más la tierra fue segura testigo

de una nueva creación.

Y muriendo ella misma abrasada de un fuego,

volverá placentera a ser como el Edén.

La Vida se esparció en destellos

y el Uno se representó.

El Poder invisible regalado en el Logos

actuó cuando Él habló,

y el efecto visible

correspondió obediente

a la Causa Viviente;

sí, con fidelidad.

El Poder de la Causa fortaleció al efecto

y el poder del efecto se llegó a difundir

y enredose en los ciclos de la perpetuidad;

ya nunca cesará, mientras mi Dios lo quiera.

Se difundió el poder en dimensiones,

y en cada dimensión estaba Dios, y está.

¡Personas!, ¡maravillas!,

¡hermosísimas joyas del arte espiritual!

De la fuente del Logos salieron como arroyos,

volando serafines, brillando querubines,

arcángeles y príncipes, y de ángeles millares,

y aunque cual llenos mares,

cada uno por nombre

fue querido y amado,

como todos llamado

a vivir, a gozar, también participar.

Océanos cantantes

que elevan su alabanza

como nubes del cielo

y derraman cual lluvia

todo el ser y el sentido

a los pies del que merece

suprema adoración.

El ciclo del amor cantaba ya,

y en cada dimensión un ciclo.

Y ciclos hubo grandes y pequeños

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SÍNTESIS DE LA ECONOMÍA DIVINA


SÍNTESIS DE LA


ECONOMÍA DIVINA

El depósito de Dios


Para
seguir el contexto de la economía de Dios, comenzaremos haciendo un
rápido panorama con el fin de tener una síntesis o quintaesencia. Todo
comienza con Dios, el cual es el origen de todo.

Pero
El no es un Dios indefinido, sino un Dios que se ha revelado, el cual
se agradó en habitar en Su Hijo Jesucristo plenamente. La plenitud de
Dios el Padre mora en Su Hijo y se ha revelado a través de Su Hijo
Jesucristo, y Dios se ha dado a conocer específicamente en Jesucristo.
Luego, el Padre y Jesucristo enviaron el Espíritu Santo. El Espíritu
Santo viene en el nombre de Jesucristo, el cual a su vez vino en el
nombre del Padre. Todo lo que es del Padre y del Hijo, lo toma el
Espíritu y lo da a la Iglesia. En consecuencia, el Espíritu Santo ha
entregado un depósito a la Iglesia. Es lo que la Biblia llama el buen
depósito, o el depósito de Dios.



Este
depósito es todo lo que el Señor es, todo lo que el Señor ha hecho,
todo lo que el Señor ha revelado a lo largo del período de la
revelación proposicional de la Biblia. Este depósito de Dios es
entregado a lo que la Biblia llama el ministerio. El ministerio es el
depositario del depósito de Dios. El ministerio en general es el
ministerio del Nuevo Pacto, el ministerio de la Palabra, o del
Evangelio, el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la
justificación, o de la justicia, el ministerio del Espíritu. Ese
ministerio no se refiere tan solamente al de alguna persona en
particular, sino al ministerio de todo el Cuerpo de Cristo, el cual
está representado en los ministros. Todo el Cuerpo de Cristo, todos los
santos, tienen que trabajar en la obra del ministerio. Dentro del
ministerio, el apostolado es el que lleva la responsabilidad de ser
pionero. La Biblia dice:

“…primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen
milagros, después los que sanan…” (1 Co. 12:28).

 Cuando
dice primeramente, significa que los pioneros para entregarles el
depósito de Dios en el ministerio, son los apóstoles. La obra de los
apóstoles está relacionada con eso. La obra es una palabra que usó el
Espíritu Santo, cuando el presbiterio de la iglesia en Antioquía,
profetas y maestros, estaban ministrando al Señor, dijo el Espíritu
Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he
llamado” (Hechos 13:2). Notemos que Bernabé y Saulo ya eran ministros,
ya eran profetas, ya eran maestros cuando estaban en la iglesia de la
ciudad de Antioquía, estaban trabajando, y su apartamiento para la
obra, no era para el ministerio, pues ellos ya estaban en el ministerio
siendo profetas y maestros trabajando en la iglesia de Antioquía, y ya
llevaban varios años. Pero fueron separados para la obra apostólica.
Probablemente ellos ya habían estado ministrando algunos años a la
iglesia en Antioquía cuando el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a
Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.



Tal
obra consistió en evangelizar en muchos lugares de todas aquellas
regiones, discipular para el Señor a los evangelizados, fundar y
establecer con ellos las respectivas iglesias de sus localidades, una
por localidad, enseñándoles, instruyéndoles, poniendo en orden los
asuntos, corrigiendo las deficiencias, reconociendo y nombrando los
presbiterios en esas iglesias, y algunas veces inclusive corrigiendo a
los ancianos que pecaban en las iglesias, y tratando dentro de la
comunión apostólica los asuntos que surgían en la obra. Todo aquel
trabajo fue llamado de la obra. Dentro de todo aquel trabajo de la
obra, existe “la escuela de la obra”, cuya función es entregar el
Consejo de Dios. En Hechos 19:9,10, dice: ” 9…y separó a los
discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.

10Así
continuó por espacio de dos años…”. De ahí viene la palabra escuela.
Esto aconteció en la ciudad de Efeso; Pablo transmitiendo todo el
consejo de Dios. Tal trabajo fue llamado por Pablo en Mileto, delante
de los ancianos de la iglesia de Efeso, como el anuncio de todo el
Consejo de Dios, cuando en Hechos 20:27, les dice: “Porque no he
rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”. Es de este concepto
bíblico de donde sacamos la expresión la escuela de la obra. De la obra
porque fue dentro de la obra apostólica que el apóstol hizo uso de la
escuela Pablo permaneció dos años allí enseñando, dialogando,
transmitiendo y anunciando todo el consejo de Dios. El consejo de Dios,
es la visión general de la economía divina, del evangelio del Reino.




El depósito de Dios y el ministerio


Notemos
que el ministerio no consistía simplemente en anunciar un pequeño
mensaje aquí y otro allá, sino todo el consejo de Dios. El apostolado
es comisionado con la economía divina. Pablo hablaba que la economía
divina le había sido encomendada. Todo el consejo de Dios, es el
propósito de la escuela de la obra. Pero la escuela de la obra en sí
misma no es el objetivo final. Ella trabaja para que el consejo de Dios
sea trasmitido a las iglesias de las localidades. Los apóstoles no
fundaron denominaciones, ni trabajaron denominacionalmente, sino que
fundaron una iglesia por localidad, sujeta a Cristo como cabeza,
inclusiva de todos los hijos de Dios, y abierta a la comunión del
Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo no permitió a los apóstoles
establecer sucursales denominacionales de su propia misión, sino
trabajar en función del Cuerpo de Cristo, edificando la iglesia en cada
localidad dentro de la comunión universal en Cristo Jesús.



Ellos
no fundaron cada uno su misión. No encontramos en la Biblia una misión
de Pablo, y otra de Apolos, y otra de Cefas; y cuando los creyentes en
Corinto quisieron dividirse en misiones y denominaciones, el Espíritu
no se los permitía. ¿Cómo van a decir ustedes: yo soy de Pablo, yo soy
de Apolos, yo soy de Cefas? No, ellos trabajaban para el Cuerpo. En
Corinto los hermanos querían dividirse según la misión de los diversos
líderes, unos de Pablo, otros de Apolos, otros de Cefas, otros
pretendiendo únicamente ellos ser de Cristo, en actitud exclusiva,
entonces el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribirles y corregir tal
situación. Tal corrección del Espíritu en las Escrituras sigue siendo
válida hasta hoy. Los apóstoles trabajaron para el Cuerpo. Tal Cuerpo
se manifiesta en candeleros, los cuales son las iglesias de las
localidades. Un candelero por localidad o municipio, según el
Apocalipsis y todo el resto del Nuevo Testamento. El trabajo de la obra
es en función de las iglesias locales para que estas sean establecidas
y edificadas. Mas también las iglesias locales tienen su respectiva
función. Ellas no deben vivir bajo la improvisación. Ellas deben
comprender para qué fueron plantadas por Dios en cada localidad. Ellas
deben saber en función de qué existen. Ellas existen en función de la
economía divina, es decir, el programa de Dios que desarrolla el
propósito eterno de Dios. Eso es lo que se llama la economía divina.
Las iglesias locales existen para contener y expresar a Dios,
desplazando al enemigo. En ellas debe desarrollarse el programa de Dios
que busca cumplir el propósito eterno del Altísimo.



Dios
tiene un objetivo, un propósito eterno. Para desarrollarlo, El ha hecho
un programa administrativo. La Iglesia es el vehículo de Dios que
desarrolla el programa divino. Las iglesias son edificadas para llevar
adelante el programa de Dios, que cumple el propósito de Dios, y que
consiste en la economía de Dios. La economía divina se relaciona al
misterio de Dios que estaba escondido, pero que ahora han sido
manifestado a la Iglesia. Hemos visto que los misterios como un
desmenuce o desglose de todo lo que tiene que ver con la economía
divina.



La
economía divina se relaciona a todo el programa del plan eterno de
Dios. Se relaciona con Dios mismo y con Su pueblo, aun los israelitas y
las naciones tienen un lugar en el programa de Dios. Pero precisamos de
un resumen, de una quintaesencia de la cosmovisión, una síntesis, una
idea básica que nos permita resumir en qué consiste la economía divina
y sus principales elementos, de modo a conducirnos según Dios; pues
hemos leído todos esos pasajes, hemos visto en forma panorámica todas
las cosas y misterios de que consta, pero necesitamos de una síntesis
que nos permita ver en qué consiste todo eso; luego ver los elementos
principales de esa síntesis, que son los que van a justificar el plan
orgánico de la Escuela de la Obra.




La quintaesencia


¿Cómo
podríamos hacer una declaración sintética de aquello en lo que consiste
la economía de Dios? De la forma más simple y resumida, ¿en qué
consiste la economía de Dios? Podríamos decir que la economía de Dios
consiste en el Dios trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), dispensándose
o administrándose o entregándose a sí mismo al hombre tripartito
(espíritu, alma y cuerpo) y corporativo, para ser contenido y expresado
corporativamente, habiendo tratado con Su enemigo. Dios el Padre
revelado a través del Hijo. El Hijo, portando al Padre, habiéndose
encarnado, vivido, muerto, habiendo sido sepultado, habiendo
resucitado, ascendido, sido glorificado, estando intercediendo,
habiendo derramado Su Espíritu, el cual tiene lo del Hijo, que tiene lo
del Padre, lo que El es en esencia, lo que Dios ha hecho, y lo que ha
dispensado al hombre. Dios en Cristo se dispensa, por una parte, al
hombre individual, a cada persona creyente en Jesucristo, en su
espíritu, en su alma, en su cuerpo, regenerando, renovando y
glorificando. Mas no solamente a cada uno individualmente, sino
haciendo también de todos los creyentes en Jesucristo, nacidos del
Espíritu, un solo Cuerpo, un solo y nuevo hombre corporativo.



Este
Dios completo, en naturaleza y economía, lo que en El es comunicable, y
lo que El hizo a través del darse por medio del Espíritu, que toma todo
lo que es y ha hecho para cada uno de los creyentes, formando un solo
Cuerpo, este Dios completo, pues, se contiene y se expresa en ese
Cuerpo y desde ese Cuerpo trata con su enemigo, aplicando a la Iglesia
la victoria de Cristo. Primero trató en Cristo con Su enemigo. Y ahora
a través del Espíritu por la Iglesia. Todo ese programa de Dios no es
tan sólo temporal, sino que tiene una culminación, una expresión
completa. Después de este intento de declaración mínima y sintética,
veamos ahora algunos de los principales elementos aquí percibidos. El
primer elemento es Dios. En la consideración del Dios trino ya tenemos
el contenido de por lo menos tres importantes materias en pauta, o aun
cuatro en un plan orgánico:



La
Teología Propia, o propiamente dicha, que se ocupa de manera particular
de Dios mismo, considerando lo que Dios es según su propia revelación.



Por
su parte, la Divina Teleología se ocupa de los objetivos de Dios, del
propósito eterno de Dios, de Su beneplácito, de Su voluntad, del
designio de Su voluntad, de Su presciencia o conocimiento anticipado,
de Su predestinación, de Su consejo determinado, de Su ordenación, de
Su preparación de antemano.



La
Cristología tiene que ver con quién es el Hijo de Dios, cómo es divino,
cómo es humano, en qué consistió la kenósis (χηνσις) o despojamiento,
la encarnación, la concepción virginal y el nacimiento, el vivir humano
suyo, la cruz, la obra de la cruz, la resurrección, la ascensión, la
intercesión sacerdotal, el señorío, Su retorno, etcétera.

Porque
el dispensarse de Dios es principalmente por amor eterno de Dios; El
Padre amando, queriendo, conociendo, dirigiendo, determinando,
escogiendo, predestinando, etcétera. Entonces, el Hijo viniendo a hacer
la voluntad del Padre, encarnándose, santificándose, muriendo
propiciatoriamente, resucitando, etcétera.



La Pneumatología, por su parte, trata del Espíritu Santo.


Y
entonces viene a continuación en esta consideración de los elementos
incluídos en la economía divina, la Soteriología, que trata todo lo
relativo a la salvación. Del griego soter [Σοτερ], salvador, y sotería
[Σοτερ?α], salvación. Es el dispensarse de Dios; es todo el proceso de
salvación, tanto la obra objetiva del Señor como la aplicación de esa
obra completa; cómo de aplica esa obra al hombre tripartito.



La
Antropología trata del hombre tripartito, otro importante elemento de
la economía divina. ¿Quién es el hombre? ¿Para qué fue creado? ¿Cómo
fue creado? ¿De qué partes se compone? ¿Cómo funcionan su espíritu, su
alma, y su cuerpo? ¿Cómo afectó el pecado a cada una de éstas tres
partes del hombre? ¿Cómo opera la salvación en el espíritu, en el alma
y en el cuerpo? Todo esto a nivel individual y a nivel general.



La
Hamartiología (del griego hamartía [?μαρτ?α], pecado) trata del mal y
del pecado. Tiene sus raíces en la Satanología y la Demonología. La
hamartiología trata de aquello que enfrenta la soteriología.

Entonces,
con la salvación corporativa se llega a la Eclesiología. ¿Cuál es el
lugar de la Iglesia en el plan eterno de Dios? ¿Cuál es la naturaleza
de la Iglesia? La eclesiología trata, pues, de todo lo relativo a la
Iglesia, su tipología, profecía, aspectos, gobierno, vida práctica,
historia, etcétera.



Pero
la Iglesia no es el asunto final. Después viene el aspecto milenial del
Reino y luego la Nueva Jerusalén y todo tipo de culminación. Todo el
desarrollo histórico y el sentido profético de la Biblia tiene una
consumación: la economía del cumplimiento de los tiempos. Y de eso
trata la Escatología.



Vemos
entonces que todas las materias de la Teología Sistemática están
involucradas en el desenvolvimiento de esta pequeña síntesis. Al
considerar la declaración acerca del Dios Trino dispensándose al hombre
tripartito y corporativo para contenerse y expresarse corporativamente
habiendo tratado con Su enemigo, encontramos allí a la Teología, la
Teleología, la Cosmología (que trata de la creación), la Angelología,
la Satanología, la Demonología, la Antropología, la Hamartiología, la
Cristología, la Pneumatología, la Soteriología, la Eclesiología, la
Escatología. De manera que la Teología Sistemática debe servir para al
desenvolvimiento de la Sístesis de la Economía Divina. Todas estas
materias no deben ser consideradas sueltas, sino en función de la
economía divina. Nunca se debe perder de vista la línea central. Todas
estas materias simplemente profundizan en los elementos coherentes de
la única economía divina.



El
primer elemento a profundizar en esta síntesis es el Dios Trino, pues
lo esencial y fundamental es Dios mismo. Lo que Dios ha querido es
manifestarse El mismo, darse a conocer y hacer contener Su gloria
expresa. En la consideración de este principal asunto tenemos que ver
lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo, de Su ser, de Sus
atributos, de la razón profunda de Su Nombre y nombres, Sus objetivos,
y entonces los pasos que ha realizado. ¿Quién es El para sí mismo? ¿Qué
ha hecho en función de nosotros? Es decir, ¿qué es la Trinidad
esencialmente? y ¿cómo ha operado económicamente en la administración
de Dios? Estamos viendo ahora el simple panorama, la introducción.
Deben ser administrados los misterios de Dios. Lo que ya hemos recibido
de Dios, lo que hemos oído, lo que ya hemos digerido, tenemos que
administrarlo, trabajarlo y ponerlo a funcionar, pero a la vez tenemos
que seguir alimentándonos.




El Señor se dispensa en función del matrimonio


El
segundo elemento en esta síntesis, después del Dios Trino, es el
importante concepto de dispensar. La palabra dispensación es muy grande
y significativa. Dispensarse significa administrarse a sí mismo de una
cierta manera, tomar de sí mismo y entregarse, y lo que Dios ha hecho a
través de Su amor eterno y Su propósito, a través de Su revelación,
encarnación, la muerte de Cristo, la resurrección, el derramamiento del
Espíritu. Todo eso fue hecho a nuestro favor y para Sí mismo. Un
matrimonio. Para ese matrimonio el Verbo de Dios se encarnó, vivió,
murió, resucitó, ascendió a los cielos, intercede, gobierna, envió al
Espíritu, va a volver. Todo eso es el dispensarse de Dios. El Espíritu
enviado y derramado tiene que hacer muchas cosas, entre ellas,
importantes son, regenerar, renovar, transformar, configurar,
glorificar, todo por medio de Sí mismo en nombre del Hijo y del Padre.



Como
resultado de este dispensarse de Dios al hombre tripartito, resulta la
Iglesia. Tenemos que entender que la Iglesia no es simplemente una
organización, ni una denominación, sino un organismo vivo, vivificado
por este dispensarse de Dios; y por eso aparece como un candelero en
cada población. Todo esto está relacionado con el Misterio de las Siete
Estrellas y los Siete Candeleros de Oro, lo cual a su vez es una
expresión bíblica del Misterio de Cristo: la Iglesia. Necesitamos de
todo el misterio de Dios consumado, de la Iglesia, del Reino, de la
Jerusalén de Dios, de la consumación final.



La
Escatología y la Eclesiología, en la economía divina, provienen de la
Teología, la Teleología, la Antropología y la Soteriología mediante la
Cristología y la Pneumatología. El hombre tripartito y corporativo es,
pues, el objetivo de este gran dispensarse de Dios en amor, por Cristo
y el Espíritu, en función del matrimonio místico.



Todo
el carácter y la obra del Padre se ha revelado a través de Jesucristo.
Y todo lo que el Padre ha revelado y hecho a través de Jesucristo, es
entregado por el Espíritu. Así que el Espíritu es el que contiene todo
lo necesario, todas las bendiciones espirituales en Cristo Jesús, para
que los escogidos de Dios en Cristo antes de la fundación del mundo,
puedan alcanzar el propósito de Dios. Como está escrito en Efesios
1:3,4: “3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que
nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en
Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para
que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor…”. O sea que
Dios puso en Cristo todas las bendiciones necesarias para que los
escogidos puedan alcanzar el propósito de Dios. El propósito de Dios es
la propia expresión gloriosa y amorosa de Dios. Lo que Dios quiere es
expresarse y darse plenamente. Expresarse dándose. Pero esa
manifestación tiene sus etapas.



Después
de la creación, primeramente Dios se reveló un poco a través de los
profetas. En Hebreos 1:1-2 dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y
de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en
estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó
heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. O sea, que el
Padre se ha ido revelando poco a poco, progresivamente, en el Antiguo
Testamento, hasta completar Su revelación en Cristo. Ahora el Hijo ha
hecho también un trabajo. El Hijo, el Verbo de Dios, se despojó a sí
mismo, y como hombre se santificó por nosotros. El dijo: “…y por
ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean
santificados en la verdad” (Juan 17:19). Quiere decir, que para que los
escogidos puedan alcanzar lo que Dios ha propuesto, era necesario que
el Hijo lo alcance primero como hombre. Dios debía obtener en Cristo
como primicia los que Él quiere obtener del hombre. El Señor Jesucristo
llegó a ser el hombre que Dios quería.



Ahora
Dios toma para nosotros a Su Hijo Jesucristo mediante Su despojamiento
(kenosis, [χ?νοσις]), concepción y encarnación, nacimiento y vivir
humano, en función de nosotros, santificándose por nosotros para el
Padre, consiguiendo en Sí mismo un hombre perfecto para
perfeccionarnos. Dios toma este Hombre perfecto en el cual está
plenamente contenido y expresado, y lo entrega, por el Espíritu, para
que se forme en nosotros, habiéndonos perdonado y limpiado por la
sangre de Su muerte en la cruz. Así, pues, que el Espíritu toma lo que
es del Padre y del Hijo y comienza a ministrarlo y repartirlo entre
nosotros.



La
materia que trata de lo que el Espíritu Santo es y hace, es, pues, la
Pneumatología. Todo lo que el Padre trabajó primeramente en uno solo,
en Su Hijo Jesucristo, el Espíritu tiene que reproducirlo en un Cuerpo
místico. Este es el orden que aparece en la Biblia. Cristo, las
primicias. Luego, los que son de Cristo en Su venida. Entonces el fin,
cuando el Hijo entregue el Reino a Su Padre para que Él sea todo en
todos (1 Corintios 15:23-28). Estos versos demoran siglos aún en
desarrollarse.



Hay
un orden el cual comienza con Cristo cual las primicias. Dios se
revela, se contiene, se expresa y trata con su enemigo, primeramente a
través de un solo hombre, el Primogénito, Su propio Hijo Jesucristo,
para que en todo tenga la preeminencia. Tal es el contenido de la
Cristología. Mas Dios quiere que su Hijo Jesucristo sea “el primogénito
entre muchos hermanos” (Ro. 8:29). También en Hebreos 2:10-18 dice:
“10Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por
quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a
la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de
ellos. 11Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son
todos. Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre. 18Pues en cuanto él mismo padeció
siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.



Dios
quiere que Su Hijo místicamente “se case”. Dios quiso hacerle bodas a
Su Hijo. Dios quiso darle a Su Hijo una esposa, la cual es la Iglesia.
A tal Cabeza quiso darle un Cuerpo. Dios quiere que Su Hijo tenga la
preeminencia, y para eso creó el universo para que Su Hijo sea el
heredero; y a este heredero le dio coherederos, la Iglesia, la esposa.
Cristo, las primicias. Luego los que son de Cristo en Su venida. Los
que son de Cristo son la Iglesia. Primeramente la salvación, y entonces
la maduración de la Iglesia hasta ser manifestada con Él en gloria,
hecha semejante a Cristo poco a poco desde ahora hasta que Él venga.




Misterio de Dios, Cristo; misterio de Cristo, la Iglesia


Primeramente
fue Cristo solo. Cristo, las primicias. Este Cristo, quien es el Señor
Jesús, murió, resucitó, ascendió, envió del Padre Su Espíritu, se
incorporó en la Iglesia, y la purifica, la santifica, la regenera, la
renueva, la transforma, la configura a Su propia imagen y la glorifica.
Dijo Pablo a los Colosenses 3:4: “Cuando Cristo, vuestra vida, se
manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en
gloria”. Entonces puede verse la segunda parte del misterio.

La
primera parte es el misterio de Dios: Cristo. La segunda parte es el
misterio de Cristo, la Iglesia. Esto se corresponde con la declaración
bíblica: “Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su
venida” (1 Co. 15:23). La expresión “los que son de Cristo”, abarca
todo la historia de la Iglesia. Cuando Cristo viniere, culmina la
segunda etapa de la manifestación de la gloria de Dios, con la
manifestación gloriosa en la segunda venida de Cristo. Primeramente
Dios es invisible. Juan escribió que “a Dios nadie le vio jamás; el
unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”
(Jn. 1:18).



Cristo,
las primicias. Jesús dio a entender a Pedro que como el Padre le reveló
quién era Jesús, ahora Él le diría quién era Pedro. Tú eres una piedra
de un edificio, eres de mi Cuerpo. Es como si le dijera, Yo mismo me
multiplico; Yo soy un grano de trigo, pero la vida de este grano de
trigo se va a multiplicar en muchos granos de trigo semejantes. De
aquel que era uno van a haber muchos. Yo soy, puede decir Jesús, el
Primogénito y ustedes son los hermanos del primogénito. Yo soy el
esposo y ustedes son la esposa. Yo soy el heredero y ustedes son los
coherederos. Yo soy la cabeza, y ustedes son el Cuerpo”. Todo esto es:
Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en Su venida.



1
Corintios 15:24 continúa: “…luego el fin,…”. Mas también este fin
tiene varias partes, pues está escrito: “…cuando entregue el reino al
Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y
potencia”. En esta última expresión del verso vemos lo relativo al
enemigo. Dios en Cristo por el Espíritu conteniéndose y expresándose en
la Iglesia, habiendo tratado definitivamente con Su enemigo, y
alcanzando la culminación gloriosa de la Nueva Jerusalén. He aquí la
síntesis de la economía Divina. Primeramente Cristo venció El mismo la
muerte gracias al Padre; pero ahora, por el Espíritu, entrega Su
victoria a la Iglesia. El Espíritu toma lo que es de Cristo para
nosotros.

Y
así como Cristo nació de Dios por el Espíritu, así también nosotros
hubimos de nacer otra vez, ahora por el Espíritu de Cristo, ya no de
carne ni sangre, sino de Dios. Y así como Cristo creció en estatura, en
gracia y sabiduría, habiéndose santificado por nosotros, y habiendo
vencido las pruebas por nosotros y para la gloria del Padre, y habiendo
sido perfeccionado hasta la medida de un Varón perfecto, así también
nosotros tenemos que crecer en Cristo, viviendo por y en Su virtud.

Tenemos
que madurar en Cristo, viviendo en unión con El hasta ser configurados
a Su propia semejanza. De tal manera Cristo tiene que ser contenido y
expresado en el Iglesia, tal como el Padre es contenido y expresado en
Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. El Cristo de Dios es
corporativo (1 Corintios 12:12). La Cabeza es Jesucristo y el Cuerpo es
la Iglesia. Primeramente Dios se reveló en Cristo, pero ahora Cristo se
contiene y se revela o se expresa por el Espíritu en la Iglesia, según
Su Palabra, las Sagradas Escrituras.




La Iglesia está gestando el Reino futuro


Pero
el asunto no termina en la Iglesia, pues también dice la Escritura:
“Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad,
sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la
creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la
libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:20-21). Así que
después de la obra del Señor con la Iglesia, viene la manifestación
gloriosa del Reino. Por eso es que después del período de la Iglesia,
Dios juzga a los que no querían que El reinase. Entonces se manifestará
el Reino con aquellos que fueron facultados para juzgar mil años. Luego
Cristo entrega este Reino al Padre. El tiene que someter al Padre todas
las cosas. El Padre hace todo para el Hijo, y el Hijo hace todo para el
Padre.



El
Padre dio al Hijo una esposa y el Hijo se presenta a Sí mismo tal
esposa gloriosa, mas también la devuelve al Padre en sujeción, con toda
la creación, para que Dios sea todo en todos, habiendo juzgado al
enemigo. Entonces el fin incluye el Reino. Cristo las primicias, luego
los que son de Cristo, en su venida, entonces el fin. El período de la
Iglesia es como la gestación del Reino. El Reino de los cielos tiene
una parte en la Iglesia y otra parte en el Milenio. Y entonces, cuando
entregue el Reino al Dios y Padre, será para que Dios lo sea todo en
todos. Dios contenido y expresado corporativamente, no solamente
durante el período de la Iglesia, ni solamente durante el milenio, sino
también en la Nueva Jerusalén, la cual aparece conteniendo la gloria de
Dios. En la Nueva Jerusalén vemos la gloria y la plenitud de Dios
contenida y expresada en su consumación final. Dios incorporado en las
criaturas, los hijos, el pueblo de Dios. La gloria de Dios
transparentada a través de la nueva creación. Por eso la Nueva
Jerusalén es diáfana y cristalina, pues por ella pasa sin distorsión la
gloria de Dios participada.



Jesús
dijo: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así
como nosotros somos uno” (Jn. 17:22). Primero están el Padre, con el
Hijo y el Espíritu Santo, Dios solo en unidad, pero Dios quiso integrar
Su creación a esta felicidad. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree…” (Gé.
1:26a). Luego que el hombre cayó, Dios manifestó Su determinación de
redimirlo, y aun de recompensarlo por las obras hechas en la gracia de
la redención en Cristo. Y determinó Dios conseguir Su propósito. En el
fin vemos a Dios plenamente expresado, habiendo tratado con Sus
enemigos, con toda rebelión, con todo aquello que Dios reprueba en el
universo. En el fin tenemos todas las cosas reunidas en Cristo, en la
economía del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los
cielos como las que están en la tierra.

 Tenemos que ver, pues, el gran programa de Dios en síntesis, para
después
hacer el desglose de los elementos de esa síntesis. La síntesis es
necesaria, para no perdernos durante la consideración de los detalles.
Es la síntesis la que permite colocar en su lugar y aprovechar los
detalles. La síntesis es la visión de la línea maestra del plan de
Dios. Es la panorámica. Dios está incorporándose. Jesús lo simbolizó
como una vid. “Yo soy la vid verdadera”. Es como una vida a la cual
comienza a salirle ramas y a extenderse por la tierra. Cuando vemos la
Nueva Jerusalén, en ella está el trono, y bajo la autoridad de Dios
está el fluir de Dios, el río de Su Espíritu, que es aguas de vida
fluyendo a través de aquellos que se someten a la autoridad de Dios.

Si
no nos sometemos a la autoridad de Dios, no tenemos el fluir de Dios,
pues el fluir de Dios viene de debajo del Trono de Dios. Tenemos que
someternos a la autoridad de Dios, estar debajo del Trono de Dios, para
recibir el fluir de Dios.



A
lado y lado del río de Dios está el árbol de la vida, el cual es uno
solo, pero a lado y lado del río, porque es una vid que desciende con
el río desde el trono de Dios para dar vida a la ciudad de Dios, que es
la esposa. Tenemos allí al Padre revelado en Su naturaleza divina, en
el oro de la Jerusalén Celestial. Tenemos al Hijo revelado en la vid
verdadera, que es el árbol de la vida, con toda la Iglesia, la cual es
las ramas de la vid, llenando toda la Jerusalén de Dios. Vemos allí la
incorporación y manifestación de la gloria de Dios. El Espíritu es el
río de Dios descendiendo por en medio de la calle de la ciudad de Dios,
la cual es el camino, que es Cristo, que nos trae a Dios y nos alimenta
de El, y también nos aproxima a Él y nos introduce en El. La calle va
descendiendo desde la cima del monte de Dios, cuya anchura, longitud y
altitud son similares. Es Dios dispensándose a sí mismo en vida, luz y
gloria, incorporado y manifestado a través del Cordero-Lumbrera y de Su
esposa hecha transparente, diáfana y cristalina, de tal manera que al
verla, se ve a través de ella la misma gloria de Dios. En Apocalipsis 4
se presenta el Señor como una piedra de jaspe. Pero en Apocalipsis 21 y
22 es la Nueva Jerusalén la que aparece como una piedra de jaspe. La
gloria de Dios que estaba oculta solamente en El, y que el Padre
compartía con el Hijo en el Espíritu, Dios quiso revelarla
corporativamente, puesto que Él es trino, e incorporar a esta íntima
comunión divina Su nueva creación.



Ciertamente
que hubo rebelión en la creación, pero a su debido tiempo trató con
ella. Por eso en el fin de Apocalipsis ya no hay más maldición. Allí
vemos a Dios plenamente revelado, incorporado, contenido, expresado,
habiendo tratado con Sus enemigos. Vemos allí la máxima consumación de
la manifestación eterna de la gloria de Dios. El hombre fue creado a
imagen y semejanza de Dios, para ser el vaso corporativo que contiene a
Dios. El hombre como género. Por eso la corporatividad. El canal por el
cual Dios se expresa. Esto llega a acontecer primero con la Iglesia en
Cristo, y tras Él, entonces, el resto de la creación será libertada de
la esclavitud de corrupción, con gloriosa libertad de los Hijos de Dios
(Romanos 8:21). El enemigo es entonces totalmente vencido y juzgado y
el poder de Dios hecho notorio. Cristo las primicias, luego los que son
de Cristo en Su venida.

Luego
el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, para que Dios sea
todo en todos. Entonces, pues, la creación misma será libertada de la
esclavitud de corrupción para participar de la libertad gloriosa de los
hijos de Dios. Esta es, pues, la voz de la Iglesia desde la Palabra
Santa.

———

Gino Iafrancesco V., 1992, Bogotá, Colombia.

PARA USTED MISMO / lo mínimo que quisiera decirle a todo hombre


PARA USTED MISMO

 

Lo mínimo que quisiera decirle a todo ser humano

 

Un ¡alto! puede salvarle la vida.

Dios desea comunicarle algo, antes de que usted siga de largo, y se pierda definitivamente.

No está en sus manos su futuro. Un minuto para atender a Dios, aquí y ahora, puede significar su salvación eterna.

Dios sí sabe de qué necesita usted ser salvo, aunque usted por ahora no lo sepa.

Dios lo hizo a usted con un propósito, y ahora interviene en su vida para hablarle.

El Dios de la gloria,
Creador único de todas las cosas, se ha revelado a los hombres mediante
Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es el eje y la explicación de todas las
cosas. Él es la Luz, la única que puede alumbrarle realmente.

Dios le ama y le
comprende. Porque lo ha pensado a usted desde antes, fue porqué lo
creó. Y ahora mismo le ha encontrado para hablarle, pues le ha estado
buscando, aunque usted no se ha dado cuenta.

Él quiere decirle que está dispuesto a perdonarle todo pecado, y justificarle, con base en los méritos de Su Hijo Jesucristo en Su sacrificio en la Cruz.

El Hijo de Dios, que
llegó a ser un hombre verdadero, y el Mesías profetizado de la
historia, ha pagado en la Cruz el precio de todos los pecados de usted.

Al tercer día resucitó
y se presentó vivo ante muchos testigos, pues Dios lo levantó de entre
los muertos para mostrar que Él es Su Hijo y que ha recibido Su
sacrificio en expiación por los pecados de todos los hombres, para que
quien le creyere y le recibiere sea eternamente salvo por la fe en Sus
méritos y en Su nombre.

Si usted cree y por Su
gracia lo decide, puede invocar ahora mismo a Dios en el nombre de
Jesucristo, y decirle de todo corazón que usted reconoce que ha pecado
mucho, pero que por Su gracia se arrepiente de todos sus pecados, y que
usted lo recibe a Él como su Salvador y Señor, como el Hijo de Dios
completamente resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra
del Padre, aceptando con toda fe el sacrificio que Él hizo por usted en
la Cruz, de manera que Su sangre le limpia de todos los pecados por la
fe.

Jesús dijo en Su Palabra:

Ninguno que a Mi viene Yo lo hecho fuera”,

Venid a Mi todos los que estáis cargados, trabajados y cansados, y Yo os haré descansar“,

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; Nadie viene al Padre sino por Mi“.

Jesucristo ha
resucitado de entre los muertos ante testigos, y ante quienes mostró Su
gloria; y ¡está vivo!; ¡está ascendido a la diestra del Padre! y conoce
todos los secretos de su corazón, pero le ama y desea salvarlo.

Dios desea que usted mismo se pronuncie definitivamente por Su gracia.

Hable con Él en el
nombre de Su Hijo Jesucristo, recíbalo por la fe de todo corazón, y
encomiéndele en Sus manos todo su ser, su pasado, su presente y su
futuro eterno. Si usted lo toma en serio, Él también lo tomará a usted
en serio y le será fiel a usted y a su fe. Él es la misma Fidelidad
Divina encarnada, el Testigo Fiel y Verdadero.

Reconcíliese ahora
mismo con Dios por medio de la fe en Jesucristo; arrepiéntase, pídale
perdón y crea. No permita que su orgullo y necedad le arrebaten la
salvación eterna prometida por Dios a los que creen en Su Hijo. Pídale
perdón y misericordia. Él será justo en perdonarle, pues Jesucristo ya
pagó el precio de sus pecados y usted cree y lo recibe de parte de
Dios, de todo corazón. 

No se haga el inocente, ni sea descuidado, porque entonces sus males le alcanzarán.

La manifestación del
reino de los cielos profetizada, está más cerca que nunca. Jesucristo
regresará pronto, vendrá por segunda vez como lo prometió, y hará
juicio. Los acontecimientos de este siglo, cada vez más dolorosos, son
las señales profetizadas por Él que anuncian Su cercanía.

Él ha dicho que si alguno no está con Él, entonces está contra Él. ¿De parte de quién está usted?

No sea tibio.
Comprométase en serio con Jesucristo, pues Él mismo le ayudará a
hacerlo. Hable con Dios ahora mismo desde lo más profundo de su corazón
y reciba Su ayuda. Confíe en Él, pues nunca ha defraudado a nadie que
en verdad le busque y le reciba. No depende de nuestros métodos , sino
de Su misericordia, gracia y justicia. Justicia por que yá pagó por
usted con Su propia muerte y usted le ha creído.

La manifestación,
pues, del reino de Dios está cerca, y el sistema actual de esta mundo
se acaba. No se obstine en seguir sus propios caminos hasta el
infierno. ¡El infierno sí existe! ¡Muchos lo conocen y no es ninguna
broma!

Vuélvase a Dios por Su gracia ahora mismo. El temor reverente de Dios es la sabiduría.

No confíe en sus
propias promesas. Confíe en la ayuda que Dios da a los débiles. Confíe
en Su misericordia, gracia y justicia, sin falsedades ni posturas.
Exprésese tal como ustted mismo es. Dios, que lo creó, le entenderá
mejor que usted a sí mismo.

¡Escúchele ahora! El
mañana no es suyo, y la eternidad es irrevocable. No arriesgue su
futuro eterno en su insensatez. Sea sabio. Atienda la Palabra de Dios
que está en la Biblia, Las Sagradas Escrituras, que por inspiración
divina escribieron los profetas y apóstoles del Señor.

Lea atentamente la
Sagrada Escritura, pidiéndole a Dios que por Su Santo Espíriru le ayude
a entender. Considere a Jesucristo muy atentamente.

No se engañe a usted mismo, porque la muerte le espera seguramente cuando y donde usted menos lo espera y ni se lo imagina.

No se deje engañar por
los hombres, ni por su propia torpeza. Sólo Dios te puede dar vida
eterna, por medio de Su Hijo y Su Santo Espíritu. Busque directamente a
Dios, a quien hallará en Su hijo Jesucristo, comforme a las Sagradas
Escrituras. Sea honesto y Él será fiel con usted.

Él le está ofreciendo
el perdón de sus pecados, para limpiarlo mediante la fe con la sangre
de Su Hijo Jesucristo. También ha prometido venir entonces a morar en
su espíritu, por medio del Espíritu Santo, para regenerarle, renovar su
alma, vivificarle en las debilidades, inspirarle, enseñarle,
comunicarle todo lo que Él es y ha hecho por usted; también para
corregirle y fortalecerle interiormente para el supremo bien.

Usted mismo sería culpable, si rechaza o rehúsa esta bendición. El remordimiento le perseguirá siempre.

Dígale, pues, a
Jesucristo, que usted cree en Él, por Su gracia, y le recibe, y de todo
el corazón le entrega su vida. Pídale también con confianza que le guíe
a usted y a los suyos. No espere a los demás. Recíbale usted primero,
para que los suyos lo reciban más fácil. 

Sea bautizado en
Cristo. Sea un verdadero cristiano. Forme parte de la familia de Dios,
que es una sola, formada por todos sus verdaderos hijos, aquellos que
le creen y han sido perdonados de sus pecados, al ser comprados
eternamente por la sangre de Cristo, y regenerados para siempre por Su
Espíritu.

Reúnase con cristianos
genuinos para agradecer y adorar a Dios, y aprender considerando Su
Palabra, Las Sagradas Escrituras, y para animarse para hacer el Bien
con la ayuda de Dios. Prepárese para la manifestación del reino de Dios
que está cerca. 

No se deje distraer,
ni arrastrar por el diablo. Enfóquese de lleno en Jesucristo, y
conocerá de verdad a Dios, Su amor, Su plan y Su propósito.

Dios quiere que usted
le conozca verdaderamente como a Padre, y se goce con Él, y con lo que
Él ha hecho, y con lo que se ha propuesto hacer con los que le aman y
reciben con confianza.

Jesucristo interviene. Su Espíritu se está moviendo y actuando.

No todo será siempre
guerras, masacres, alborotos, terremotos, hambres, desastres,
enfermedades, injusticias, violencia y maldad. Estos son los estertores
finales de este sistema del mundo, los dolores de parto cada vez más
frecuentes e intensos por la maldad en la tierra. Alboreará, y pronto
se verá la manifestación del reino de los cielos con la segunda venida
de nuestro Señor Jesucristo. Espérelo. Viene pronto.

Encare la vida con la
ayuda del Divino Espíritu. Mejórela desde ya con Jesucristo. Su
confianza en Él le permite salvarle. Su incredulidad y rebelión le
deshonran y harán que permanezca sobre usted la condenación eterna.

Usted no está sólo.
Dios está con usted y por usted; pero usted debe recibirlo por Su
gracia. Nosotros, los cristianos, también estamos por usted. Decídase.

Este mensaje delante de usted, significa que usted ya ha sido llamado. No tenemos excusa.

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Gino Iafrancesco V., 1985, Facatativá, Cundinamarca, Colombia.

Diario Vasco

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