“El elogio discrimina el talento. Si te debilita es que eres un necio. Si te responsabiliza, entonces estás en el buen camino”. Gorka Nuñez.
He escrito muy pocos artículos monográficos en este blog. Recuerdo uno sobre Jordan, otro acerca de Petrovic y la temporada pasada, Sitofilia. Y llevaba unos meses dándole vueltas a dedicarle uno a Gorka Nuñez… Hasta que la situación me ha invitado a no posponerlo más. ¿Quién es Gorka Nuñez? Para los que están dentro del mundillo del basket la respuesta es muy sencilla y va acompañada de respeto y admiración; pero para los que no le conocen, haré un pequeña presentación: Gorka Nuñez, además de tener su propia empresa relacionada con la preparación física, es el encargado del desarrollo de la condición física en la cantera del Laboral Kutxa Baskonia, también del Easo, del Zarautz y hasta el viernes 24 de mayo era el preparador físico del Ampo Ordizia, encargado del primer equipo y de la cantera. Bajo la tutela de Gorka, se desarrollaron y se desarrollan, entre muchos otros, Darío Brizuela (Estudiantes), Mikel Motos (GBC), Julen Goia (Biarritz Olimpic de rugby), Laura Arroyo (Hondarribia-Irun), Devon Van Oostrum (Laboral Kutxa) y otros nombres que no se nos deben olvidar como Daniel Barbieri (MVP del último Campeonato de España junior de baloncesto) o Ilimane Diop (perla de la cantera baskonista que con Gorka ha ganado más de 20 kilos de masa muscular en los últimos tres años). Este verano se sumará algún jugador más del Estudiantes. Todos los jugadores que entrenan con él, están deseando hacerlo; por la seriedad y el cariño con el que trabaja y, por supuesto, porque no son tontos y ven que mejoran (he visto jugadores que no saltaban ni un listín de teléfonos, hundirla sobrados después de un tiempo trabajando con Gorka).
Vamos que si yo tuviera un equipo de primer nivel en la élite, en el deporte que fuera y que además, contara con una cantera para desarrollar, haría cualquier cosa para que el encargado de la parcela de la condición física fuera responsabilidad absoluta de Gorka Nuñez.
Estamos hablando de un genio. No de un buen preparador físico, no. De un genio, un innovador, un revolucionario. Que no le vale con lo que ya está hecho y siempre está pensando, soñando en cómo mejorar, en cómo llegar un poco más lejos, en cómo provocar que los deportistas a su cargo tengas más y mejores armas para ser los mejores en lo que hacen. Hace no mucho, cambió la manera de calentar en baloncesto, logrando mejoras cuantificables y demostradas científicamente. Siempre va un paso más allá, no vale con mejorar en el entrenamiento, consigue recrear situaciones reales con las que un deportista se va a encontrar en competición para que, llegado el momento, pueda aplicarlo de la manera más efectiva posible.
Escucharle hablar significa aprender, porque no sólo es una eminencia en su campo, sino que la pasión y la ilusión que desprende se contagia… Es un inconformista, que huye de convencionalismos y del “esto vamos a hacerlo así porque se ha hecho todavía vida”. Siempre se pregunta por qué y no para de estudiar hasta que encuentra la respuesta y la aplica. Vive en una constante búsqueda de la excelencia, es un ‘loco’ de lo que hace y está loco por lo que hace; por eso mientras otros se quedan parados, estancados en lo establecido, él avanza, descubriendo el terreno virgen de lo que está por hacer. Si le has visto trabajar, le admiras. Es inevitable. Nunca le vale bien, bien es el enemigo de mejor. Sólo bien es el enemigo de mejorar.
Y otro dato que no falla, todos los jugadores que pasan por sus manos mejoran. Y no únicamente eso, le escuchan. He sido testigo de cómo un puñado de jugadores calificados como díscolos, etiquetados como problemáticos, dispersos, cuyos entrenadores renegaban de su actitud… caer en manos de Gorka y comportarse como los más aplicados, serios, esforzados, ilusionados. Y es que la actitud del líder se refleja en los individuos del grupo. Y la actitud de Gorka Nuñez no puede ser más incluyente, porque a él se le nota que disfruta con lo que hace, que le apasiona y causa ese efecto en los deportistas a su cargo. Él siente constantemente mariposas en el estómago mientras está trabajando, pero además las pone en formación de combate y se las pasa a los que tiene a su alrededor. Cuando lo ves desde la barrera, como me ha pasado tantas veces a mí, sólo puedes quedarte con la boca abierta, observar y aprender.
Pero claro, nos topamos con el problema. Los genios, los fuera de serie llamados a revolucionar, a cambiar las cosas para mejor, suelen toparse con el muro de la incomprensión. Y esto a Gorka le viene pasando toda la vida. Lo que pasa es que no se queda parado lamentándose, pelea para derribar esas barreras. Ya lo consiguió hace años con el baloncesto guipuzcoano, donde su manera de trabajar hoy en día es hábito y con fantásticos resultados, dicho sea de paso. Pero ahora el muro con el que se ha encontrado tiene que ver con todo lo que huele a antiguo y a cerrado, a mal ventilado, dentro del Ampo Ordizia. El club del Goierri hace muchas cosas bien, pero por desgracia, hay asuntos en los que vive en la edad de piedra y lo peor es que parece querer seguir ahí instalado. Dos años de Gorka Nuñez en el club, dos títulos. Y lo que es mucho más valioso, una evolución física gigantesca en la cantera, un cambio de hábitos, una nueva cultura del entrenamiento que quien no la vea es que está ciego. Pero esto se acabó. Gorka Nuñez no va a seguir allí y honestamente, no le auguro un buen futuro a un club que utiliza como pretexto y como excusa para prescindir de alguien el argumento de que es “demasiado profesional”. Cuando ese es el planteamiento, el que debería hacérselo mirar no es el objeto de la crítica (que más que crítica es un halago), sino el sujeto que la formula, ese sujeto desgraciadamente está condenado a la mediocridad perpetua.
Lo que sucede es que cuando te enteras de estas cosas la sensación de desazón, de no comprender cómo funciona este mundo, de rabia contenida, de enfado, de frustración y de más cosas que no sería elegante del todo nombrar; es inmensa y es terrible. Tenemos la suerte de contar en nuestro territorio, en Gipuzkoa, con un número uno, con un fuera de serie y hay quien no lo sabe o no lo quiere ver. Es de aquí y tiene la capacidad y la voluntad de hacer que nuestros equipos y deportistas progresen más y mejor… ¿Cómo no lo podemos aprovechar? Ya podemos espabilar, porque igual que lo vio Baskonia y lo puso a trabajar con su cantera, va a llegar un día que alguien muy grande de fuera, que se entere de su existencia y se lo lleve lejos de aquí. Esto que voy a decir lo sabemos muy pocos, personas contadas con los dedos de una mano me temo, pero hace no mucho tiempo los San Antonio Spurs de la NBA vieron a ver cómo trabaja Gorka Nuñez. Y esto no lo sabe nadie porque el propio Gorka, lejos de buscar la promoción personal y el autobombo, optó por la discreción, la humildad y que fuera su trabajo el que hablara por él. Pero ya no lo aguanto más, los San Antonio Spurs, señores, esos que van a jugar la final de la NBA esta temporada… Ya podemos enterarnos en casa antes que los de fuera, porque Nuñez está destinado a algo muy grande y yo prefiero que eso sea con algún equipo de nuestra tierra antes que tener que admirarle desde la distancia. Como siempre, sucede ese asqueroso hábito de valorar más lo de fuera que lo de casa. Está en nuestra mano.
Una filosofía que pasa por un positivismo irrompible, por la consciencia de quién es y la falta de límites a la hora de soñar en quién se puede convertir; que pasa por no dejar nunca de creer, por aspirar siempre a más, a mejor; por la humildad que supone estar en constante aprendizaje, por ser consciente de que el que piensa que ya lo sabe todo está condenado a no avanzar; que se mueve por retos, por objetivos que superar a diario; que se sustenta en no poner excusas, en la voluntad de escuchar más, de exigirse más a sí mismo para provocar que lo de su alrededor hagan lo mismo… Que cree en sí mismo, dueño de su destino, en sus decisiones, en su esfuerzo, en su futuro; que quiere observar más y hablar menos, sonreír más, compartir y sumar. Con los pies en el suelo, trabajador, sencillo, optimista, metódico y por encima de todo; valiente, paciente, decidido y soñador; ese es Gorka Nuñez.
Gorka es una de las personas de las que más he aprendido en mi vida y a las que más admiro. Sé que su destino es triunfar, ya lo está haciendo, y sólo deseo que lo haga en casa y no se lo lleven, porque él es una de las razones por las que creo firmemente que el deporte guipuzcoano está capacitado para aspirar a la excelencia. Gorka es un genio perdido en Gipuzkoa, por favor que Gipuzkoa no pierda un genio.
Iker Sagasti. @sagastiker
Cuando algo malo sucede, puedes dejar que ello te defina, que te destruya o en cambio puedes hacer que te vuelva más fuerte.
Érase un equipo de baloncesto que sabía muy bien lo que quería. Un club serio, cargado de ilusión, dispuesto a crecer a su ritmo, sin gastarse el dinero que no tiene y consolidándose en la élite a base de hacer las cosas bien, trabajando muy duro y aprendiendo de sus errores. Llegó a la ACB y a la primera de cambio pagó su inexperiencia. Logró volver más fuerte, encontró la solidez y al mismo tiempo, la mediocridad. Y cuando la llama comenzaba a apagarse, un giro del destino propició la temporada de nuestros sueños, aquello con lo que siempre habíamos soñado, no sólo por el quinto puesto, sino mucho más por la identidad adquirida y la ilusión desbordada. Sin duda el cómo fue mucho más determinante que el qué. Desde entonces, el Lagun Aro GBC fue, por así decirlo, víctima de su éxito. Sus jugadores estrella encontraron destinos económicamente más interesantes (ni uno de ellos para triunfar, dicho sea de paso), se desmanteló así un equipo inolvidable para la afición guipuzcoana y se vivió un ‘expediente x’ en torno a la renovación del entrenador que había revolucionado el destino del Gipuzkoa Basket. A la vez, el grifo del dinero público limitó su flujo, llegando el anuncio de su bajada de caudal trágicamente a destiempo -casi en el mes de agosto-, enviando directa al sumidero la primera participación europea del baloncesto guipuzcoano desde los años 70, además de toda la planificación deportiva realizada durante los meses anteriores. Alerta roja y prisas por doquier. Plantilla de circunstancias en todos sentidos, equipo incompleto y lleno de carencias. Una de ellas, quizá la más importante, se convirtió en una rémora no resuelta hasta el comienzo de la segunda vuelta: el escolta anotador, el to go guy, la vía abierta más importante en un equipo que hacía aguas por todas partes. Y que el club, con sus escasos recursos, trató de taponar de todas las maneras dentro de sus limitadas posibilidades. Hasta 16 jugadores han tenido contrato con el GBC esta temporada. Salgado, Neto, Doblas, Ibekwe, Woods, Rubio, Olaizola, Motos, Paunic, Finley y Papamakarios, además de la espalda rota de Lofton, la falta de palabra de Luther Head, el insomnio de Taylor, la horchata de Kuksiks y un ex jugador llamado Korolev. Y el resultado conseguido por este equipo ha sido el descenso.
Es un hecho. El Lagun Aro GBC ha descendido de categoría. Es cierto que la coyuntura actual del baloncesto de élite en España puede premiar la seriedad y el rigor de un club como Gipuzkoa Basket con la permanencia en ACB. Es un pensamiento edificante, advertir que el buen hacer del GBC pueda tener esa recompensa; sin embargo, sin lo deportivo nada tiene sentido yen ese aspecto, el equipo ha fracasado. Pero, ¿Es la temporada un absoluto, rotundo e indiscutible fracaso? A primera vista, lo parece. Pero vamos a intentar analizar un poco más en profundidad y ver dónde nos lleva. En este caso, el descenso -el qué- desgraciadamente tiene más peso que el cómo. Pero el cómo importa y mucho, dice quiénes somos como equipo y como club.
Creo que la primera asignatura pendiente para el GBC tiene que ver con el verano, nos estamos acostumbrando a periodos estivales convulsos, llenos de episodios extraños, sobresaltos y diría incluso que con su parte de oscurantismo (primera acepción en la RAE). Quieras que no, es algo que afecta decisivamente al desarrollo de la temporada. Hace dos años quedó en anecdótico mal arranque de campaña, que la catarsis posterior hizo olvidar, pero fuimos tarde y lo pagamos, Ajinka, Adeleke y Ogide aparte. Luego todo salió bien. Mejor que bien. Pero esta temporada no, esta temporada nos ha costado, a la postre, un descenso. Esta vez, todo se fue torciendo y llegamos con graves déficits sin los que es imposible explicar lo sucedido después. Una de las claves para que esto no vuelva a suceder es hacer los deberes en verano, me parece que es algo que todos tenemos que aprender, porque por un lado, el verano se presenta incluso más complicado que los anteriores y otro factor a tener en cuenta es que si Sito Alonso sigue siendo el entrenador, su estilo de juego y las reglas inherentes a éste, requieren un trabajo previo importante si queremos llegar preparados al inicio de temporada.
Desembocando de un verano lleno de problemas, nos encontramos con una primera vuelta tétrica, terrorífica, desoladora. En la balanza que ha decantado el destino deportivo del equipo a la LEB, lo sucedido en la primera mitad de la temporada sin duda es lo que más pesa. Tres victorias y lo que es peor, la desaparición absoluta de los valores, la filosofía y el espíritu que definen a este equipo y este club. Los propios pesos pesados del vestuario lo reconocían públicamente, Doblas y Salgado lo decían de una manera muy gráfica. “El equipo no hace lo que Sito nos pide que hagamos”. El GBC era incapaz de sobreponerse a los problemas, incapaz de reaccionar, ni de lejos luchaba hasta su último aliento. Ni rastro de su alma, el equipo olvidó su nombre. Irreconocible, no quedaba nada de lo hace no tanto nos había sacado de la vulgaridad para convertirnos en un equipo diferente, especial. Fue entonces cuando empezó a cimentarse el descenso.
Y después llegó la reacción, el golpe sobre la mesa. El equipo se reveló contra lo que estaba pasando y llegó a cambiar su condición de colista por el abandono de los puestos de descenso. Pero la realidad es que sucedió tarde, el agua estaba al cuello y el peso de la presión pudo más que el empuje del equipo. Pero lo realizado, para mí, no fue en vano. Ser capaz de recuperar tu identidad, retomar la ilusión, transmitirla, creer de nuevo y hacer creer no me parece en absoluto baladí. Es una inversión muy importante. Sobre todo para una afición que esta temporada ha dado una exhibición asombrosa. Esto es algo espectacular. La afición del GBC, esos cinco o seis mil que son realmente incondicionales, han dado una lección de perseverancia, de orgullo, de optimismo… de carácter. Ellos han tirado del equipo cuando los jugadores no podían. Es lo único donde no se puede poner ni una sola pega a la temporada. La grada ha sido un diez. Habrá quien opine que debería haber sido más crítica con el equipo, pero yo veo que lo ha sido, dónde y cuándo debía serlo. Durante los cuarenta minutos que dura el partido se ha dedicado a animar, después yo he escuchado, leído y visto a una afición consciente de lo que pasaba y crítica con su equipo. Como debe ser.
Por desgracia, de la constancia de la grada no ha quedado ni un ápice para el equipo. Este equipo no vale. No es que lo diga yo, son ellos los que se han encargado de demostrarlo. Aquí cuenta desde el primer partido de la temporada hasta el último, valen lo mismo y es por ello por lo que deben ser juzgados. Por el qué (ocho pírricas victorias) y el cómo. Y ahí existen dos fases totalmente diferenciadas de la temporada, pero cuyo resultado es a todas luces insuficiente. La reacción, la capacidad de levantarse cuenta, pero también debe contar lo anterior. Es un logro no haberse dejado llevar por el fracaso, pero es que ellos mismos son responsables de haber llegado a esa situación. Qyntel Woods personifica este asunto a la perfección; se ha rehabilitado como jugador, ha sido capaz de alcanzar un nivel óptimo de juego, pero no me vale. Sinceramente, ¿cuántos partidos buenos ha firmado? ¿Cinco, seis, siete? No sirve. Por mucho que su tope sea mucho más alto que el de otro, no sirve absolutamente de nada si no es capaz de ofrecerlo regularmente. Y es que veníamos de un tipo que nunca falla, Andy Panko no tendrá ni de lejos la calidad y el talento de Woods, pero es infinitamente mejor jugador de baloncesto, vamos, años luz de diferencia para mí. Por mucha condición de NBA y mucho talento y lo que quieras que tenga Qyntel, dame a Andy y dime tonto. También es cierto que no podíamos tener a Panko este año, pero de cara a la próxima temporada necesitamos extracomunitarios mucho más sólidos.
Creo que es la plantilla la que debe asumir la responsabilidad casi absoluta de lo que ha pasado. Este equipo no vale. De lo que tenemos, me quedo con Doblas, Salgado, Neto, Papamakarios y Paunic… y quizá no con todos. Hablo de la rotación principal, no incluyo a Julen y Mikel, a ellos no hay que tocarlos, que sigan creciendo. Pero son los únicos que me valen, el resto, carretera. Es curioso que David Doblas haya protagonizado la temporada más regular de su carrera, diría la mejor, pero como éste es un deporte de equipo, considero que su mejor año fue el anterior. En cualquier caso estos cinco me parecen un tesoro y quizá no podamos quedarnos a todos (partido de la base de que sigamos en la ACB). De los demás no me vale ninguno. Se puede pensar en Finley, claro, pero es que su adaptación al puesto de escolta me parece circunstancial, es un base y para jugar al dos quizá haga falta otra cosa, pero bueno, habrá que ver.
Es ahí donde yo creo que hay que tocar, porque de juego, de idea, de filosofía, de idiosincrasia, tal y como yo lo veo, no hay que cambiar absolutamente nada. A mí me gusta lo que proponen Sito Alonso y su cuerpo técnico. Me gusta su manera de entender, interpretar y aplicar el baloncesto y me gusta su carácter; creo que es una de las claves para sacarnos de la mediocridad cuando no tenemos los medios económicos para otra cosa. Desde mi punto de vista y hasta donde yo sé, han hecho todo lo que estaba en sus manos para sacar al equipo del pozo en el que estaba, han encarado la situación de la mejor manera posible y en ese “entender, interpretar y aplicar el baloncesto” ha fallado lo tercero. Aunque sea sin dinero, hay que confeccionar un equipo que se ajuste a los parámetros de este club y cómo quiere hacer las cosas.
Y en lo que al club respecta, lo mismo que digo del cuerpo técnico. No puedo pedirle más. ¿Que se gasten el dinero que no tienen para estar más arriba? No, gracias. Los responsables del club no han perdido la calma, han hecho todo lo que está en su mano para ayudar al equipo y ha mostrado su total confianza en los que estaban. Más no podían hacer. Ahora tendrán que depurar lo que no sirve para jugar aquí y acertar en lo que traigan, pero es muy fácil de decir y no tan sencillo de conseguir. Gipuzkoa Basket tiene mucho trabajo por delante desde ya. Mantener la plaza en ACB, asunto en el que por suerte su impecable comportamiento le ofrece muchas posibilidades; mantener al entrenador y los cuatro o cinco jugadores válidos de la plantilla y reforzarla de manera adecuada y a tiempo. Este verano va a ser fundamental para el futuro del Gipuzkoa Basket y me tranquiliza mucho ver cómo se ha madurado como club respecto al anterior descenso, que fue de frenopático, puro desquicie y alguno lanzando la mierda contra el ventilador.
Entonces el GBC tuvo que reinventarse; ahora no, ahora por suerte hay unas bases sentadas muy importantes en cuanto a identidad y a saber lo que se quiere y eso es mucho terreno ganado. Hay que potenciar los valores que nos llevaron al éxito y que estoy convencido que pueden devolvernos a un estado que nos llene por completo a todos. No hablo de un puesto en la tabla sino a una imagen del equipo, una imagen que cuando el GBC transmite me da igual que quede quinto o decimoquinto, pero que pasa por no dejar de luchar, por no rendirse, por la voluntad de practicar un baloncesto eficaz y a la vez, atractivo, un juego capaz de engancharnos, emocionarnos; la convicción de superar los límites que se le ponen por delante, de superarse a sí mismo. Ese GBC es posible y creo que la paciencia y buen hacer del club y el trabajo de Sito Alonso durante la temporada para recuperar su equipo, aunque no tengan el premio de la salvación, no caen en saco roto. Creo que valen de mucho y suponen si no los cimientos, el agujero donde depositarlos para volver a construir con solidez un proyecto exitoso. Es un mal momento, pero eso no significa que absolutamente todo sea un fracaso ni que haya que mandarlo absolutamente todo a paseo. Hay motivos para el optimismo, hay mucho a lo que aferrarnos y siguiendo convencidos de lo que queremos y poniendo los medios y el trabajo para lograrlo, los buenos momentos no están tan lejos. Pero empecemos desde ya, esta temporada nos ha enseñado mucho, aprendamos la lección y vamos a trabajar, vamos a crecer. Por ese camino, en ACB o LEB, me sentiré identificado con este GBC, sea donde sea, estaré a su lado y apoyándole.
Cuando algo malo sucede, puedes dejar que ello te defina, que te destruya o en cambio puedes hacer que te vuelva más fuerte. Tengo claro cuál es la opción que debemos tomar; que nos haga más fuertes, que nos sirva para aprender y para estar más unidos. Si es así, algo muy bueno habremos sacado de esta temporada.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: ACB Photo.
No me entiendan mal, sé que estamos en primavera; a lo que me refiero es que vienen tiempos duros para Gipuzkoa Basket, complicados, tanto en lo deportivo y lo institucional. El final de temporada se presenta arduo y el verano va a ser muy, pero que muy largo sea cual fuere la situación en la que acabemos. Hablando claro, sólo un milagro evitará el descenso deportivo del Lagun Aro GBC, no estamos descendidos de manera matemática pero diría que sí virtualmente. Cinco jornadas por disputar y a tres partidos de la salvación, me temo que es hora de ser realistas. Dicho esto, me parece determinante evitar el último puesto, es muy importante porque aunque yo soy partidario de que el que baje sobre la cancha, no se quede en la categoría mediante los despachos, tampoco voy a mirar para otro lado en cuanto a la situación del baloncesto actual. No hay garantías de que los dos equipos que consigan el ascenso de LEB vayan a consumar esa llegada a la ACB; ni siquiera es seguro que todos los clubes ACB vayan a seguir compitiendo en la máxima categoría -ojo, incluido el GBC-, porque eso, de todos los escenarios posibles, lo único que me parece absolutamente imprescindible es que Gipuzkoa Basket siga existiendo y compitiendo al máximo nivel posible. Tal y como están las cosas, se puede pensar que para existir y no correr peligro de seguir haciéndolo, hay que estar en ACB… porque si ahí ya es difícil conseguir apoyos económicos, en la LEB el grifo podría estar prácticamente seco de euros. Desde la derrota ante el Cajasol hasta que arranque la próxima temporada, en mi opinión, la lucha principal es sobrevivir, sostenerse como sea.
Digo esto porque empiezo a aceptar que en la pista, ganar los cinco partidos no los vamos a ganar. Que si los ganamos estaré encantadísimo de reconocer mi error, pero aunque me cueste (que me cuesta y mucho), el descenso deportivo y la decepcionante temporada que eso conlleva son una realidad. Por el qué y también por el cómo. Lo cierto es que la reacción del equipo a base de carácter y baloncesto, una reacción que comenzó a fraguarse justo antes del parón de copa y se hizo efectiva tras el mismo, fue convincente pero a todas luces insuficiente, estéril. Son 34 partidos los que conforman una temporada, alcanzar el nivel competitivo que buscas y para el que estás capacitado sólo durante esa fase de la temporada no ha valido. Y confieso que cuando ganamos en Fuenlabrada me convencí de que nos íbamos a salvar, pero no va a ser así. Es complicado de aceptar y hay muchos factores que entran en juego y que sirven para explicarlo, pero es cruel que después de tocar el cielo con los dedos la pasada temporada, ahora nos vayamos al infierno de esta manera.
Lo dije hace un par de semanas y sigo pensando igual, era nuestro juego, nuestro baloncesto el que nos iba a salvar o a condenar, era lo que de verdad importaba para definir nuestra situación en la tabla. Y las dos últimas jornadas no hemos sido el equipo que veníamos siendo sobre la cancha y para mí la mayor deuda baloncestística del GBC ha sido con el colectivo. Cuando mejor han ido las cosas es cuando el equipo más ha mostrado la faceta grupal y es algo que he echado de menos en las dos últimas citas. Nervios atenazando y el equipo no alcanzando su nivel de los anteriores partidos… y eso que el balón muchas veces llegó a las manos adecuadas y eso que en defensa se hizo un trabajo serio; pero claro, la defensa acaba cuando tienes el balón y el rebote ofensivo nos hizo polvo.
Tengo la horrible sensación de que este equipo daba para mucho más, para muchísimo más y ahora estamos en una situación desesperada y con mucho en duda de cara a un futuro a corto, medio y largo plazo. El caso es que es así y si lo que quieren es buscar culpables, conmigo no cuenten. Yo estoy pensando en las posibles soluciones, sólo en eso. Porque culpables, responsables… todos. ¿Señalar con el dedo? Si a alguien le consuela, adelante. Pero opino que es perder tiempo y energía que debemos invertir en afrontar lo que tenemos por delante. Va a ser muy duro, va a hacer mucho frío y tener que salir de ésta. Pienso que lo mejor será estar lo más juntitos posible, para empezar diciendo que no tengo ninguna duda de que somos muchísimos los que tenemos claro que vamos a seguir al lado de Gipuzkoa Basket, apoyándole sea cual fuere la categoría en la que juegue la próxima temporada. Ahora hay que tirar para adelante, hay que observar lo que se ha hecho mal y aprender de ello. Vienen tiempo difíciles, se trata de apretar los dientes y superarlos. Es lo que toca. Subsistir es el objetivo, hoy en día, tal y como está el deporte profesional sobrevivir es un gran logro, tenemos que ser capaces. Y por eso más que nunca digo, que soy del GBC, que lo seguiré siendo y que estoy dispuesto a pasar por los tiempos malos, por el invierno que se acerca, porque estoy seguro de que volverá a brillar el sol. Ahora bien, toca abrigarse y guardar provisiones.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka
Seguimos una semana más en los puestos de descenso, quedan siete partidos, de los cuales seis son contra equipos en puestos de playoff y el otro, un duelo a vida o muerte con el Cajasol de Sevilla. Vistas ciertas actitudes no podemos esperar ninguna mano en los choques que juegan nuestros rivales directos y además tenemos que aguantar que Martín Beltrán se siga pensando que Illumbe es el Club de la Comedia, aunque sus arbitrajes de risa aquí no le hagan gracia a absolutamente a nadie. Todo esto está fuera de nuestro control, pero la buena noticia es que nada de esto tiene relevancia. No la tiene porque el Lagun Aro GBC ha dejado hace tiempo de ser un perro flaco, ha encontrado su identidad, su efectividad y demuestra estar dispuesto para superar cualquier adversidad. Tiene a todo el equipo subido al carro, mejor dicho, tirando del carro. Es el juego el que habla por el Lagun Aro GBC, un juego configurado por el equilibrio en todas las posiciones, que cuenta con infinidad de recursos para encontrar el aro en ataque y ha encontrado el ajuste y la intensidad necesaria. Eso es lo que gana partidos. Es lo que nos va a sacar de los puestos de descenso. Es el juego de Gipuzkoa Basket lo que vale; todo lo demás no importa.
Con este baloncesto, con esta capacidad colectiva potenciando todos los aspectos, el GBC ha sido capaz de ganar todos sus partidos en casa desde el parón copero; desde entonces ha ganado cinco de siete partidos y además de sumar la victoria, ha conseguido arrebatar el average perdido contra Valladolid, Manresa, Fuenlabrada, Murcia y Canarias. Quizá no le valga para alcanzar a alguno de estos equipos, pero sí que ha valido para reforzar una identidad y una imagen de equipo determinado a sobreponerse a todas las adversidades y luchar hasta su último aliento. El Lagun Aro arrastra las penurias de una primera parte de temporada en la que todo se torció, pero no ha puesto excusas sino soluciones. Ha subido su nivel de juego de una manera tan radical que cuesta creer que éste sea el mismo equipo que se asemejaba a un juguete roto en las manos de todos sus rivales y encaja palizas por doquier. Y es que de hecho, no es el mismo equipo y no sólo por el cambio de piezas – que sí- sino por su mentalidad, su mentalidad es ahora mismo de acero. No creo que nadie pueda decir que no esté haciendo sus deberes. Lo hace y además, con nota.
El quid de la cuestión, la madre del cordero, el meollo del asunto es el juego, el baloncesto. Todo lo demás no vale absolutamente para nada. Es el basket que está practicando el que está sacando del atolladero al Lagun Aro GBC y va a ser su juego el que le termine de salvar. El cambio es abismal en todos los sentidos. Hoy en día tenemos todo el paquete. Dos anotadores fiables en Qyntel Woods y Morris Finley, que suponen una amenaza constate y un foco de atención permanente en las defensas rivales. Dos jugadores llamados a marcar las diferencias que lo están consiguiendo. Antes, no teníamos ni uno solo de estos. Porque Woods estaba pero no era ni la sombra del jugador de baloncesto que es ahora. Es un éxito personal, colectivo de un equipo que no le ha dado la espalda y del cuerpo técnico empezando por Sito Alonso que cuando nadie creía en él -porque absolutamente nadie lo hacía-, él sí que creyó. Y de Eugenio Rodríguez que cambió por completo su deplorable estado físico por un jugador que ahora marca las diferencias en ese sentido. Pero el verdadero responsable es el propio Q, que asediado por las críticas, perseveró, no se dejó llevar y hoy en día es uno de los mejores extracomunitarios de la toda la ACB. Seamos sinceros, si nos dicen esto en los primeros meses de la temporada, no nos lo creemos de ninguna manera. Ahora mismo tenemos una de las mejores parejas de extracomunitarios de toda la competición, cosa que para un equipo del poder adquisitivo del GBC es muy importante.
Pero tan importante como eso, es haber configurado, haber logrado confeccionar un grupo que es capaz de ejecutar con precisión un juego donde lo coral es lo que importa, donde el colectivo es el protagonista. Esa ha sido la característica principal en la que se ha empeñado Sito Alonso para el GBC desde que está en San Sebastián. Y contra todas las dificultades, Sito ha cogido un equipo que estaba roto mentalmente y perdido baloncestísticamente y le ha enseñado el camino. Un camino que por un lado ha llevado al GBC a ganar cinco de siete partidos, ganando por una media de casi trece puntos por victoria y anotando más de 85 puntos en todos esos triunfos. Un camino que ha conseguido que un equipo que no encontraba ningún tipo de solución eficaz en ataque, un juego al que le costaba fluir, salir de los bases o encontrar un equilibrio entre la pintura y el perímetro, se haya tornado ahora en un baloncesto en el que compartir es el verbo que mejor define el juego del GBC, en el que los bases mandan, proponen, disponen y surten de balones a sus compañeros, anotando cuando el guión lo exige.
Un pívot titular que se ha hecho dueño de la pintura y es un ancla interior que genera ventajas para sí mismo y para sus compañeros, porque David Doblas está explotando su juego de espaldas -uno de los mejores de toda la ACB- para anotar y también para pasar el balón cuando resulta oportuno, eso sin olvidarnos de su paso al frente en rebote (porque en defensa ha estado enorme la temporada entera). Junto a él, aparece un Ibekwe renacido, que vuelve a comandar el juego por encima del aro. Y para completar el juego interior, un Guille Rubio que se ha encontrado a sí mismo y al que se reconoce cómodo en las tareas de brega y esfuerzo. No se nos puede olvidar que cuando esto no funcionaba, nuestro juego interior era un solar y no por demérito de los que jugaban dentro sino por carencias en el juego colectivo de las que los pivots eran quizá la mayor de las víctimas -llevando ellos su parte de responsabilidad-. Ahora también son responsables de que el juego funcione, pero es una cuestión de retroalimentación.
Tenemos una pintura sólida, pero estaba hablando de equilibrio, porque en el perímetro las cosas también han cambiado radicalmente. Finley aparece como la figura que se buscó desde el principio de temporada para concretar un buen paquete de sistemas que el estado físico de Lofton, la falta de palabra de Luther Head y la morriña de Taylor no fueron capaces de satisfacer. Este hueco, no ocupado con eficacia hasta la llegada del de Alabama, ha sido uno de nuestros mayores problemas durante toda la temporada, por no decir el peor. Con el sitio cubierto, Papamakarios no tiene que realizar tareas que no estaban encomendadas a su rol y ahora puede desempeñar ese papel cómodo, hasta arriba de confianza y así no sólo da lecciones constantes de defensa si no las ofrece también de tiro con los pies en el suelo. Y con un jugador al que buscar y un tirador fiable, la tarea de chico para todo de Ivan Paunic encaja a la perfección en una rotación exterior por fin completa. Y claro, con esta rotación rotunda y completa, los bases se pueden dedicar a hacer jugar al equipo.
La conclusión es sencilla: el juego del GBC funciona. Y ese es el principal argumento para creer que va a conseguir salvarse. Hace ya muchos meses que escribí que Sito Alonso estaba ante el mayor reto de su carrera hasta el momento. Coger un equipo deshecho y convertirlo en lo que es ahora. Y a falta de siete partidos, sin mirar el resultado en el marcador sino en la cancha, puedo decir que lo ha conseguido, ha triunfado en una tarea que tenía aspecto de imposible. Que el GBC juegue de esta manera es un éxito, porque es lo que de verdad importa, es el principal argumento para conseguir los resultados en la tabla, que son los que nos van a dejar en la ACB. Pero no creo que haya nadie que esté viendo jugar al GBC últimamente que no le vea capaz de salvarse. Ha sumado, jugando de manera brillante, cinco triunfos en siete partidos… y quedan otros siete. Observando el baloncesto del Lagun Aro GBC, yo le veo capaz. Sigamos por este camino porque es el baloncesto que pueda practicar el que va a dejar al GBC en la ACB y no otro cosa; porque al fin y al cabo es lo que marca la diferencia… y todo lo demás no importa.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Oskar Moreno / ACB Photo
Hacía mucho tiempo que no escribía de NBA por aquí y supongo que simplemente he encontrado la excusa perfecta: una conversación, un debate acerca de los imponentes Miami Heat ha ejercido como la chispa adecuada, como el catalizador necesario para pasar un buen rato hablando de baloncesto. El culpable de todo esto no es otro que Javier Gómez, director general del Breogán de Lugo, antiguo profesor de la Universidad de Santiago, erudito de este magnífico deporte y al que me permito considerar mi amigo. Después de un comentario que dejé sobre estos Heat como uno de los mejores equipos de los que he podido ser testigo, Javier escribía esta brillante reflexión en su blog:
http://gotasdetinta.galiciae.com/?p=286
Pocas pegas se pueden poner a este vistazo a la historia, a esta revisión enriquecida con una opinión bien argumentada, un artículo del que yo he aprendido una barbaridad; aunque me gustaría introducir algunos matices.
Lo primero que voy a hacer es reafirmar lo que ya dije. Si te gusta el baloncesto no te puedes perder a estos Miami Heat. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores equipos de los que yo jamás haya sido testigo. Y si consiguen el anillo, opino que no habrá habido nada igual desde los Bulls del 72-10. Y pienso que el paso de los años les colocará en ese lugar -siempre y cuando alcancen la meta final del anillo-. Y me parece que se está obviando una singularidad de estos Heat, que reside en que están en disposición de dominar la liga durante un periodo extenso de tiempo sin un pívot dominador. Todos los dueños de la NBA durante la larga historia de esta liga atesoraban en sus filas un center relevante, desequilibrante. Desde Mikan, pasando por Russel, Chamberlain, Alcindor/Jabbar, hasta Shaquille O’neal, e incluso Reed y Olajuwon, cuyos equipos se engarzaron dos anillos en ambos casos. Sólo una excepción ha sido capaz de regentar la NBA con cruel tiranía: los Chicago Bulls de Michael Jordan.
Desde ahí, desde esos Bulls, y siempre desde mi punto de vista, hay dos equipos que me atraparon por su juego a pesar de que no fueron capaces de alcanzar la excelencia competitiva: Los Sacramento Kings de 2002 cuyo baloncesto de gourmet tocó con los dedos la gloria de la que se quedó a un par del peldaños y los Phoenix Suns que siempre tuvieron en San Antonio su baño de realidad. Precisamente los dos verdugos de estos paraísos del baloncesto vistoso fueron los amos en el ínterin entre aquellos Bulls y estos Heat. Siendo sincero, aquellos Lakers nunca me enamoraron, nunca terminaron de convencerme, jamás descubrí en ellos la emoción que me provocaba ver a los Bulls y que de nuevo comienza a nacer en mí cuando veo jugar a los de Southbeach. Es esa mastodóntica e insultante superioridad en su juego. Los Lakers de principios de milenio jamás la tuvieron. Contaban con el O´Neal más determinante y aun así, racaneaban.
Los Spurs se me antojan un caso diferente, especial. Su excelencia quizá nunca fue tan aguda, tan acusada, sino más bien crónica. Si no me equivoco, los tejanos acumulan con ésta catorce temporadas consecutivas superando las cincuenta victorias, algo que nunca nadie hizo antes y su botín han sido cuatro anillos como cuatro soles -aquello de que en año impar ganaban los Spurs- con el denominador común de contar con el mejor ala-pívot de la historia de este deporte y un genial estratega sentado en el banquillo. San Antonio adaptó (y adapta) su juego a las necesidades del guión y ha sido capaz de ganar matando partidos y dinamizándolos también. Alcanzando un nivel baloncestístico muy destacado y por cierto muy apreciado en Europa debido a su gusto por compartir el balón y circularlo en busca de la mejor opción de lanzamiento; jamás lograron someter al resto de la Liga de una manera tan absoluta como antaño hicieron Celtics y Lakers en los 80, los Bulls en los 90 y como hoy en día empieza a hacer Miami.
Porque lo de Miami es imponente. Comparto por completo que habiendo visto jugar a Michael Jordan no puedo decir que haya presenciado un jugador mejor que él, ni creo que lo vaya a hacer. Pero LeBron es el más asombrosamente completo. Esa definición de “un hombre que reúne el cuerpo de Karl Malone, las habilidades anotadoras de Bernard King, los fundamentos defensivos de Scottie Pippen, la plasticidad matadora de Dominique Wilkins y los talentos para pasar de Dennis Johnson” la comparto de manera absoluta. Diría incluso que mejor defensor todavía. La premisa de que todo se basa en su superioridad física, a estas alturas me produce hilaridad. Honestamente no creo que nadie que le esté viendo jugar regularmente pueda afirmar esto con argumentos. Su progreso es tan constante como evidente. A su ya amplio abanico de recursos, donde para mí por encima de todo ha mejorado en la toma de decisiones y destaca en su capacidad de finalizar y también de pase; esta temporada ha añadido algunos nuevos como el juego de espaldas al aro (que trabajó en verano con Olajuwon) y su enorme progreso en el tiro de larga distancia. Debe ser el físico lo que hace que meta prácticamente el 40% de los triples que tira esta temporada. O ese game-winner en Boston de hace unos días, con una perfecta parada y tiro, también debió ser puro físico. La supremacía de LeBron James en el baloncesto actual es descomunal, imperial. Es el ‘alpha dog‘ sin que absolutamente nadie pueda discutírselo. Ni Durant, ni Kobe. Lo único que le faltaba llegó cuando llegó el anillo: la paz interior, la tranquilidad que suponía librarse de toda la basura que arrastraba todo lo que con ‘the choosen one‘ tenía que ver. Una vez liberado de ese peso, ha aparecido el LeBron en absoluto preocupado por demostrar lo que fuere, sino del todo determinado por ganar.
Y a su amparo existen estos Miami Heat que si ningún equipo derrota (y hablo de NBA Finals, no de winning streak) pasaran a la historia como uno de los mejores equipos de este deporte. Pero también al calor de Wade y Bosh. Creo que no se puede discutir que la formación de este equipo fue controvertida, pero en cambio no creo que le falte nada de legitimidad. Respecto a la reunión de talento, es importante advertir varias cosas. Históricamente los Lakers han tirado de caché para hacerse con los mejores pívots de la Liga, desde Wilt, pasando por Jabbar, Shaq y hasta Howard. Los Rockets protagonizaron un intento parecido con la incorporación de Barkley y Pippen a un equipo que ya contaba con Olajuwon, pero sucede que fue escalonado a la vez que fallido y por supuesto no ha pasado a la historia más que por su fracaso. A los Celtics les salió bien y añadieron otro anillo. Pero claro, esto es otro nivel.
Aunque a decir verdad, parece que se nos olvida que Chicago, esos Bulls del 96, contaban con tres jugadores tan excelentes como estos Heat. Citamos a Jordan y Pippen, pero además estaba Dennis Rodman. Lo que pasa es que su especializado talento suele obviarse, cuando a mí, salvando las distancias, me recuerda mucho al sacrificio, renuncia y contención de Chris Bosh, que me resulta decisivo para que la maquinaria Heat funcione. Su sorda entrega no recibe más que críticas y hasta burlas, pero esa renuncia al ego vale anillos. También parece que Wade está quedando ensombrecido, sin embargo su temporada es sobresaliente, sobretodo desde el menosprecio del que fue objeto por parte de Charles Barkley, que ejerció como un wake up call que ha disparado al escolta nacido en Chicago en el momento más oportuno.
Con estos tres encajando a la perfección es el equipo y su excelencia lo que de verdad nos ocupa. El predominio exterior en la configuración de la plantilla a mí lo que me parece es lógico. Con tus dos principales jugadores siendo de lo mejor del planeta en cuanto a penetración a canasta y resultando ambos feroces finalizadores, no quieres tráfico en la pintura, lo que necesitas son tiradores efectivos con los pies en suelo desde el perímetro. En cuanto a la riqueza táctica, a la de los Bulls de Jordan me remito, que contaban con un ancla interior primero en Cartwight y después en Longley, aunque su importancia palidecía respecto al cuatro de turno, Grant y Rodman, respectivamente. Y en el caso de Miami, Bosh. A los Heat les falta un pívot como Dios manda y el sacrificio de Bosh en cuanto a la ganancia de peso va destinado a paliar esa carencia. Él es la referencia interior, cuando no lo está siendo LeBron de manera puntual. Porque al resto no les pidas maravillas de espaldas al aro. Sin embargo creo que la riqueza táctica no sale tan mal parada; el balón se mueve, circula, encuentra manos adecuadas en posiciones libradas, cotas sublimes en el penetrate and pitch… Y como pasa siempre cuando tienes un jugador tan superlativo, el resto ejercen el papel de planetas girando entorno al sol que es LeBron. Aunque éste, lejos de lo que se le acusaba en otra época, comparte el balón, decide con acierto y renuncia al egoísmo. Lo que pasó con Jordan y los Jordaniares tuvo su reflejo en los Lebrons de Cleveland. Pero como pasara en el primer caso, también se ha construido un equipo rodeando a James, lo que pasa es que en este caso ha sido en otra franquicia.
Miami tiene al mejor protagonista, a los dos mejores partenaires y después, a un elenco de secundarios que saben cuál es su trabajo y lo aplican con eficacia. Chalmers, Battier y Haslem ya estaban, la llegada de Andersen y un Allen ávido de anillos supone la guinda del pastel. El equipo funciona, juega y aplasta. Estéticamente calificaría a Miami como una deliciosa apisonadora. En cuanto a los rivales, cierto es que su mayor oposición se encuentra en la otra conferencia, con las facilidades que eso conlleva. No creo que muchos imaginen un camino complicado para Miami hasta la final y será allí, lógicamente, donde encuentren su rival más peligroso. Aunque ojo con esto, porque el año pasado los Celtics con Rondo y Garnett con el traje de superhéroes enfundado, fueron los que les brindaron la mayor oposición. Parece que ahora el Este no cuenta con algo así y tendrán que ser Thunder o Spurs los encargados. Aunque a día de hoy, no les veo capaces.
Luego, los playoffs son otra historia y no habrá que perderse detalle en esta edición. Porque creo que lo único que separa a estos Miami Heat de la leyenda son las dieciséis victorias en postemporada que significan el anillo. Por juego, por el influjo que ejercen en la liga, por su insultante superioridad, por que no es nada sencillo conseguir que una fórmula de esta magnitud funcione (no podemos obviar el mérito de un infravalorado Spoelstra); los Miami Heat de esta temporada, a mi modo de entender, son uno de esos equipos llamados a vivir para siempre en la historia más brillante de la NBA; como aquellos Lakers del 72, los Sixers del 81, los Celtics del 86, los Lakers del Showtime y especialmente, los Bulls del 96, desde los cuales, no me parece que haya existido ningún otro equipo del calado de estos Heat. Ahora bien, serán primero ellos mismos y después el paso del tiempo, los encargados de corroborar si esto es o no una realidad. Por lo pronto, creo que hemos pasado un buen rato charlando de baloncesto. No me parece mala recompensa de cualquiera de las maneras.
Iker Sagasti. @sagastiker
Nos tenemos que acostumbrar. Desde aquí hasta el final de la temporada, las leyes que van a regir nuestro destino son las de la frontera, la línea que define si estás salvado o si estás hundido, si estás vivo o estás muerto. Aunque en esa región en la que nos toca vivir, porque no existen los absolutos, porque por mucho que la clasificación diga una cosa, la realidad baloncestística de un equipo puede hablar bien claro de algo muy distinto. Eso es lo que sucede exactamente con el Lagun Aro GBC, que esta semana vuelve al descenso pero sus síntomas son de un equipo que está muy vivo, en constante crecimiento y capaz de mirar de frente y a la misma altura prácticamente a todos los equipos de la ACB. Pero las leyes de la frontera traen consigo un tipo de presión muy complicada, y más desagradable de la cuenta, que de repente nos mete en un carrusel de entrar y salir de la zona roja, que si te dejas afectar por él puede distraerte mucho de lo que de verdad debe ocuparnos: el juego del equipo.
Y en ese sentido, por mucho que perdiéramos, seguimos avanzando. La espiral de una jornada jugar GBC en casa, Fuenlabrada fuera y a la siguiente al revés; pensando en lo tuyo y de reojo en lo del otro, en mi opinión, no beneficia a nadie. Lo que vale aquí, lo que importa, es ser capaces de sostenernos en un baloncesto sólido y efectivo, que refuerce cada vez más al equipo y consiga victorias. Es lo que está pasando desde el parón copero, un periodo en el que hemos ganado todos los duelos directos y hemos perdido en Bilbao y Vitoria, con la bueña señal de que el equipo demuestra crecimiento en la derrota del Buesa Arena con respecto a la de Miribilla. Cree más y durante más tiempo. Lucha hasta el final y encuentra recursos y mentalidad donde hace tiempo no la había. Saca conclusiones beneficiosas de una derrota por otro lado lógica.
Pero del partido frente a Baskonia se pueden sacar un buen puñado de conclusiones, porque al jugar frente a un equipo que te supera en físico y recursos en la rotación, que te pone en aprietos, es más sencillo evidenciar carencias y en ese sentido, el GBC las tuvo pero también demostró ser capaz de indentificarlas y paliarlas. Para empezar, no hay que olvidar que jugábamos sin Woods e incluso en esa situación, el Lagun Aro GBC quiso ser él mismo, no tuvo complejos y fue capaz de jugar cómo más le gusta. Ahora bien, no todo fue bueno. La consistencia, ese es el caballo de batalla de este equipo. Dentro de la úberrima mejora global de este colectivo, los altibajos dentro de un mismo partido están siendo la peor herencia de la época en la que la cosa no funcionaba. Es una constante. Prácticamente en todos los partidos en lo que la faz del equipo ha dado por completo la vuelta, el mayor lunar reside en que el GBC intercala momentos brillantes, de juego pletórico en ambos lados, prolífico en cuanto a puntos, con otras fases en las que se detiene, se atasca. Parciales a favor muy destacados y apagones realmente acusados. Y claro, cuando más se ha puesto de relieve ha sido ante Bilbao y Baskonia porque equipos tan completos no te perdonan. En el resto de casos siempre hemos podido limitar daños o controlar la situación, pero el problema está ahí y debe servir como alerta para que algún día no nos llevemos un buen susto. Hay que corregirlo para dar otra vuelta de tuerca a la progresión y el empaque del conjunto.
En el lado bueno, empieza a ser una realidad palpable que en la plantilla del GBC se han apuntado todos a fiesta. Porque el día que no consiguen brillar algunos de los primeros espadas, los secundarios tomaron la alternativa sin ningún rubor y siendo muy capaces de dar la talla. Díez, Rubio e Ibekwe entre otros dieron un paso adelante. Aunque con el pívot nigeriano tengo cierta sensación de luces y sombras, de que es capaz de ayudar en muchas facetas, intensidad e intimidación por encima de todo, pero lo mezcla con despistes e incluso diría que falta de rigor táctico que le quitan solidez al equipo cuando él está en cancha. De nada me sirve que ponga el tapón espectacular si justo antes no ha cerrado el rebote o ese coast to coast por su cuenta y riesgo. Aunque para ser justos también hizo muchas cosas bien. Es sólo que tengo la impresión de equipo más compacto y sólido cuando Doblas está en cancha y echo de menos algo cuando juega Ibekwe. Y eso que éste no fue precisamente el partido del cántabro, pero yo le echo en falta en cancha cuando no está. Dicho esto, la mejora por parte de Ibekwe de unas jornadas a esta parte es enorme, está aportando más y mejor y el equipo sale ganando.
Siguiendo con lo que decía sobre que jugar contra equipo como Baskonia pone más de relieve las carencias que debes mejorar, se demuestra que cuando nos falta dominio en el rebote lo pasamos mal, por otro lado la defensa del equipo se ha desarrollado una barbaridad, pero tanto cuando nos atascamos en ataque como cuando nos rebotearon en nuestra canasta, esa resistencia defensiva, esa fortaleza, al final no era bastante. Y no hay que olvidar que en esta ocasión -y es muy raro que pase- perdimos la batalla en el puesto de base. Pasó en Bilbao, se repitió en Vitoria y es obvio que para nosotros es un factor meridiano para que la máquina funcione. Con todo, durante muchos minutos el equipo logró una tenacidad y un equilibrio en su juego que no sólo le bastó para equipararse al Baskonia, sino que incluso era capaz de superarlo -como en el brillante primer cuarto-. Fue la inconsistencia lo que nos mató.
Lo bueno de todo esto es que vamos a más, nos hemos quitado cualquier atadura en lo que a complejos se refiere, somos capaces de mostrar un ataque y una defensa que funcionan y que ganan partidos; la rotación funciona, compartimos el balón. En lo único en lo que hay que empeñarse es en hacerlo el máximo número de minutos posibles.
A decir verdad, me quedé con un sabor de boca bastante bueno después de partido. Perder nunca es positivo, pero las sensaciones que transmitió el equipo en cambio si lo fueron. En muchos sentidos este derbi se me antoja como un nuevo paso adelante y un aprendizaje que va a hacer falta de cara a los siguientes retos, porque la exigencia comienza a ser mayor cada día y el bagaje que saca el GBC de Vitoria es provechoso. Nunca se rinde, aprieta hasta el final, le da igual el marcador… son características propias del Lagun Aro y aparecieron todas. Eso debe ser un refuerzo. Porque vamos a más y de este camino ya no debemos salirnos. Canarias será la siguiente prueba, nada fácil por cierto; un partido que otra cosa no, pero no promete un juego vistoso y divertido, los amarillos van a venir dispuestos a jugar de tú a tú y a ver quién es mejor. Creo que estamos preparados para ganar esa batalla, pero no sé si somos conscientes de que es un partido con una dificultad realmente enorme y que puede marcar la diferencia para el GBC. Lo único seguro es que hay que estar preparados para no aflojar. Porque la ley más importante de la frontera en la que nos movemos es que es obligatorio darlo todo hasta el final.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Josu Izarra / ACB Photo.
Se hizo la luz. Tanto en el partido ante Murcia, como en el global de temporada. Queda mucho camino por delante y mucho que pelear, pero después de larguísimas semanas, de unos cuantos meses en puestos de descenso, sienta muy bien vernos fuera del pozo, sentir que el equipo mira para arriba y no tanto para abajo. Aunque circunstancialmente podríamos volver a pasar por los dos últimos puestos, no pasa nada, ni tendría que preocuparnos mucho, porque la dinámica del GBC -de juego y también mental- es magnífica. En las últimas cinco semanas hemos ganado más partidos que en todo el resto de temporada y de no haber sido capaces de encadenar una victoria detrás de otra, a sumar ahora tres seguidas. La cosa pinta mejor, eso es evidente, es palpable, tangible, se huele en el ambiente. Y ésta renovada energía positiva con la que avanza el Lagun Aro es sin duda la mejor noticia para las últimas nueve jornadas, porque nos hemos ganado el derecho a depender de nosotros mismos, pero no podemos obviar que aún hay que ganar muchos partidos y que el margen de error es mínimo. Aunque mínimos son también los tropiezos que está sumando nuestro equipo, sólo uno en las últimas cinco jornadas, donde sus cuatro victorias y su nivel de baloncesto le colocan a la altura de los mejores en esta fase. Puede sonar exagerado pero no creo que para nada lo sea. Por suerte, ahora podemos competir con cualquiera y los códigos que nos habían guiado a decir que hay que sacarlo todo en casa porque fuera va a ser muy difícil; realmente sí, difícil va a ser, pero estamos en disposición de mirar a los ojos a cualquiera y ganar donde sea. No me extrañaría que el conjunto que entrena Sito Alonso, tal y cómo está ahora mismo, dé algún susto y protagonice alguna sorpresa que otra.
Y eso que parece que nos hemos abonado al drama, a los nervios y a las batallas épicas. No vamos a engañarnos, de aquí en adelante ya no quedan partidos fáciles ni citas de esas que vayamos a ganar tranquilamente; pero precisamente por cómo está el GBC en cuanto a mentalidad y la manera en la que ha blindado su confianza a prueba de bombas, mirar al futuro no produce miedo sino ilusión. Y por mucho que la temporada pasada fuera un sueño y nos llevara a las cotas que tanto disfrutamos, el hecho de que esta campaña los problemas se hayan acumulado y nos veamos en un situación complicada, no nos tiene que restar ni un ápice de disfrute con el juego que ahora mismo muestra el equipo ni con la personalidad que está sacando, ni mucho menos quitarnos la ilusión, porque la batalla de este año es mucho más importante que la del pasado y si se piensa bien, más ilusionante, porque ahora mismo, tal y como está configurado el mundo del baloncesto de élite, sostenerse, sobrevivir en la máxima categoría haciendo las cosas bien es un éxito más importante que jugar los playoffs -que se lo digan a nuestros amigos de Alicante-. Seguir donde estamos es un tesoro que quizá no estamos valorando en su medida. Lo que necesitamos es continuidad, lo que nos hace falta es seguir avanzando y crecer como club. Y a pesar del sufrimiento de esta temporada, Gipuzkoa Basket está haciendo las cosas muy bien en ese sentido, destacando en la toma de decisiones en los momentos más complicados. Y digo sufrimiento por lo que hemos pasado, porque lo que es ahora mismo, al menos yo estoy disfrutando una barbaridad viendo al Lagun Aro sobre la pista.
Decía al antes que lo de ver la luz también tiene mucho que ver con el partido ante UCAM Murcia y es que tuvimos que remar mucho para salir del túnel en el que nos habíamos metido cuando llegamos a pensar que el mediodía que teníamos por delante iba a ser un plácido paseo, De eso nada. Pero en el global del partido, no sólo demostramos ser mejores -que ahora mismo creo que a todas luces somos superiores a los pimentoneros- sino que además demostramos una vez más ser capaces de remar contracorriente y salir airosos. Que somos mejor equipo lo demuestra en mi opinión el hecho de que cuando el partido se jugó con las espadas en todo lo alto, con los dos equipos utilizaban su Plan A, el GBC era netamente superior; de hecho, no daba margen de maniobra o reacción al Murcia, no tenían armas para contrarrestar nuestro juego. Y de ahí la zona, la guerra de guerrillas, el basket de las trampas y de la incomodidad. Ojo, que es algo totalmente legítimo, que esto se trata de ganar; pero, personalmente prefiero ver dos equipos dispuestos a sacar lo mejor de sí mismos y ver quién tiene más calidad, talento, baloncesto. Yo me lo pasé mejor viendo el partido ante Manresa que esta última cita, pero claro esto es ya una opinión muy personal.
Además, a Quintana le salió muy bien la apuesta. Jugó a ver si fallábamos y durante muchos minutos le salió bien. Sobre todo porque de la otra manera se habrían llevado una buena paliza. No podían aguantar ni no les quedó más remedio que tirar de algo que -como reconoció el técnico rival en sala de prensa- sacar antes de tiempo un arma que tenían pensada para un momento de partido más avanzado. El caso es que sacaron el autobús y optaron por ver si sonaba la flauta y sacándonos de nuestro confort nuestro juego se atascaba. Y realmente no fue así, no fue el juego lo que se vio afectado, fue el acierto. Teníamos buenos tiros y los tirábamos. Y no dejamos de hacerlo, Sito no quiso. No quiso decir a nadie que sabe que puede meter esos tiros que renuncie a ellos. Y durante muchos minutos esa circunstancia nos tuvo incómodos, Murcia nos ofrecía el tiro y nosotros lo tomábamos. Por eso se perdió el balance en nuestro juego, pero a la vez compramos acciones en confianza por parte del entrenador hacía sus jugadores que dieron réditos desde la recta final del último cuarto hasta la bocina final.
Y por eso Javi Salgado paso de estar en valoración negativa a acabar con 20, por eso Papamakarios pudo destrozar a los murcianos desde la línea de tres. Bueno, por eso y también por el equilibrio que ofreció Doblas, no sería justo explicarlo de otra manera. Cuando conseguimos hacerle llegar el balón dentro y aprovechar su superioridad, nuestro ataque volvió a subir revoluciones, los jugadores de perímetro se encontraron más cómodos y a Quintana no le quedó más remedio que renunciar a las alternativas zonales porque comenzaban a ser un recurso estéril. Claro que cuando volvieron a individual, la superioridad del GBC volvió a ser manifiesta. Luego el técnico visitante le echó la culpa a los árbitros, sinceramente, hay que tener valor. Te ganan por la mano, siendo mejor tú y evitando todas las argucias que sacas porque te sabes o te sientes inferior y todavía vas a culpar al arbitraje… en fin, el propio partido le quita todas las razones. Nosotros a lo nuestro que es seguir por este camino.
Y ese camino lo están marcando los líderes, los veteranos, los jugadores con capacidad de liderazgo y mentalidad de ganador. Es cierto, y además es la mejor noticia de todas, que es el equipo, el grupo en general y el hecho de que la máquina demuestre estar ahora perfectamente engrasada y funcionando con cirujana precisión, lo que está cambiado el aspecto del GBC y su situación clasificatoria. Pero dentro de una rotación con todo el sentido del mundo, la presencia y el influjo de jugadores como Salgado, Papamakarios y Doblas marca el camino para los demás. De Javi hay poco más que decir que lo escrito la semana pasada, simplemente, que dio otra lección de personalidad y carácter cuando no le estaba saliendo nada y siendo capaz de sobreponerse y nuevamente matar el a golpe de talento. Con Papamak a uno se le empiezan a agotar los adjetivos y los halagos, no se puede ser más útil para un equipo, no se puede aportar más moral y baloncestísticamente hablando, porque su valor cuando las cosas se tuercen le hace tomar tiros que requieren mucha personalidad y su acierto no hace más que subir y subir. Aparece cuando se le necesita y ya sea dentro de un mismo partido o en el momento de la temporada que lo requería, su paso adelante es algo con lo que podemos contar, es una certeza. Un dato de nada, su porcentaje de triples en los últimos cinco partidos en los que le hemos dado la vuelta a la tortilla es del 50% (14/28). Al nivel de un gran tirador cuando más falta hace.
Pero no podemos olvidarnos ya del trabajo de Guille Rubio, de la recuperación de Ibekwe, de la lucha constante de Paunic, de un Finley que siempre está ahí y no sólo para anotar… de todo el grupo en general que provoca que dé un poco menos de miedo la posible baja de Qyntel Woods. Es obvio que con el de Memphis al nivel que está últimamente siempre se le va a echar de menos, porque Q está alcanzando cotas al nivel de su calidad y talento y eso es mucho decir. Está centrado y motivado y ese tobillo lesionado nos puede privar de un arma que desde hace tiempo no encuentra respuesta en los rivales. Veremos el alcance de esa lesión, esperemos que no sea gran cosa, pero el grupo parece preparado para paliar una ausencia tan importante. Es un gran contratiempo, pero ya no podemos poner excusas. Nuestra cuota de mala suerte me parece que está cubierta para unas cuantas temporadas y aun así estamos siendo capaces de prosperar. El algo para sentirnos muy orgullosos.
Y ahora a seguir para adelante, porque se está mejor fuera de los puestos de descenso pero aquí no se puede relajar nadie porque queda mucho por hacer. Lo bueno es que el equipo transmite buenas sensaciones por doquier y convence a rabiar, incluso cuando los partidos se presentan intrincados. Facilidades a partir de ahora, ninguna, pero un equipo de garantías, preparado y mentalizado, desde luego que tenemos. Baskonia es un piedra grande en el camino, veremos si podemos moverla. Nunca hemos ganado en Vitoria y éste sería el mejor momento para conseguirlo. Nosotros nos jugamos mucho más, con ellos pensando en el Top16 y con la segunda plaza de la ACB muy encarrilada, pero claro, en casa tienen prohibido fallar. El GBC tiene que demostrar más hambre y ser capaz de jugarle de tú a tú. Estamos en disposición de hacerlo, que luego eso nos lleve a la victoria es otra historia. Pero sería tremendo, no daría vida. Si hemos conseguido que se haga la luz, un triunfo la próxima semana la haría brillar con mucha fuerza. ¿Por qué no vamos a conseguirlo?
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka
Antes de nada, Javi Salgado es muy grande; una bestia, un animal competitivo. Antes de comenzar a contextualizar nada, no puedo quedarme sin expresarlo. Un faro en la oscuridad, la calma en medio del frenesí, el que disfruta donde otros tiemblan, el que sonríe donde otros se deshacen presa de los nervios. Un ganador nato, un competidor feroz, una especie en extinción: un base de los de toda la vida. En el espacio del director de orquesta sobre la pista, donde otros se vuelven locos buscando físicos exuberantes, centímetros, músculos para llevar equipos a la deriva, aparece Javi para demostrar una vez más que a esto se juega con la cabeza.
Y es que cuando Salgado entra en estado de flujo sólo cabe ponerse el esmoquin y disfrutar de la obra.
El partido que nos regala nuestro capitán en un momento definitorio de la temporada es el paradigma de que las estadísticas, en general, no sirven para nada a la hora de explicar lo que ha pasado en un partido, es como querer entender una película leyendo sólo los títulos de crédito. Y, en este caso, las sensaciones tuvieron mucho más que decir que los números. La estadística dice que Javi firmó un discreto 4 en valoración, cuando en realidad fue quien decidió el partido, quien decantó la balanza del lado guipuzcoano y el encargado de dinamitar la moral fuenlabreña, el que les obligó a interiorizar que no podían ganar. Cuando el GBC pugnaba por romper la igualdad y el Fuenlabrada se empeñaba en engancharse, después de cada estirón visitante y respuesta local, apareció Javi para acabar con todo. Lo cierto es que el Lagun Aro venía dando muy buena espina durante todo el transcurso del encuentro, las sensaciones invitaban a creer y lo que pasó después en la lucha por el average tuvo del todo que ver que la excelencia grupal del GBC. Pero el choque lo rompe Javi.
Con 63-64 en el marcador y después de que el equipo local abortara varios intentos guipuzcoanos de poner la directa, apareció Salgado en escena. Con dos asistencias de estas de ver el hueco donde nadie más lo encuentra y después de una defensa excelente que acaba en robo y canasta de Paunic; llegó la guinda en forma de las dos jugadas del día: Primero, un truco de magia debajo de la canasta; ahora la veis, ahora no y mientras voláis, no llego al metro ochenta pero la meto sin oposición, y seguido, ese triple asesino desde el jardín de su casa. Y todo el partido saltando por lo aires. Fue un rato casi pornográfico.
Con la valoración que fuere, Javi fue el jugador del partido.
Dicho esto, sin lo que sería imposible explicar lo sucedido; el Lagun Aro GBC firmó su mejor actuación de la temporada, por el baloncesto que practicó, por las decisiones que tomó, por donde llevó el partido y por lo decisivo de la cita, donde supo navegar mientras su rival naufragó. Hay que reconocer que el equipo de Sito Alonso ha aprendido a avanzar bajo el aguacero y de las penurias, de los largos meses de penurias, el grupo ha cimentado una solidez en cuanto a mentalidad y en cuanto a basket que le ha convertido en un equipo muy difícil de batir y prácticamente imposible de derrumbar durante los partidos. Lo que más me vale de todo lo vivido después del parón copero, es comprobar que el espíritu de Gipuzkoa Basket, su identidad de no darse jamás por vencido de ir todos a una y de no dar una bola por perdida, ese equipo que tan bien nos hace sentir sigue vivo, y con eso me basta.
Volvemos a aquello que decía Sito, que si le cambias la camiseta al GBC, sigues reconociendo al equipo, sabes que esos son los tuyos por el baloncesto que practican y por cómo lo practican, dos conceptos que van de la mano.
Quizá no acabamos de darnos cuenta, pero en las últimas cinco semanas hemos ganado seis partidos: Valladolid y average, dos; Manresa y average, dos más y Fuenlabrada y average, otros dos; seis victorias en la tabla. Todo lo obligatorio de esta fase decisiva de la temporada ha caído del lado guipuzcoano con lo que ello significa. Porque seguimos en puestos de descenso y tenemos trabajo de sobra por delante. Pero no es cierto eso de que aún no hemos hecho nada. Hemos cambiado por completo nuestra vida en esta temporada. Simplemente con perder en el Fernando Martín nos quedábamos a cuatro partidos de la luz, ahora en cambio salimos del frío, húmedo y oscuro agujero de los puestos de descenso si somos capaces de ganar a Murcia y el Fuenla cae en Málaga. Hay mundos enteros de diferencia entre un escenario y otro; kilómetros y kilómetros de sufrimiento y días y días temblando. Ya no temblamos.
Y no lo hacemos porque en todo este proceso el equipo ha experimentado una evolución que se ha convertido en revolución y hemos aprendido a vivir sobreviviendo. No estamos fuera del descenso ni mucho menos salvados; las fieras siguen rugiendo pero ya hace un tiempo que nos han dejado de asustar. El equipo va a muerte y ya no se funde, ha encontrado su sitio y lo que busca se cumple sobre el parqué. Restan diez citas más en las que tenemos que seguir dando la talla, pero el caso es que el equipo ya no ofrece promesas, sino más bien garantías. Garantía de funcionamiento eficaz, garantía de todo el sentido en la rotación y en los roles. Garantía de no marcharse jamás del partido.
Y hay que reconocer que las excusas que para otros han valido a Sito no le sirven para nada; ha ido a muerte con sus creencias y con los suyos, con los que han demostrado estar ahí cuando más arreciaba la lluvia y a la larga, ese convencimiento de Sito está encontrando el rumbo para un equipo que a día de hoy puede competir con cualquiera, puede mirar a los ojos a cualquiera. Ganará o perderá, pero está en disposición de prosperar contra cualquier dificultad. Y era lo que hacía falta. Hace meses que escribí que el técnico del GBC está ante el mayor reto de su carrera, porque ha tenido todas las dificultades y más, pero las está sorteando con maestría y ahora nos muestra un equipo sólido y un planteamiento de partido asombroso. Este pasado sábado mismamente se hizo con la manija, con el ritmo que más le interesaba mientras el rival nos cosía a triples. El acierto del Fuenla ocultaba que el GBC se iba poco a poco adueñando de lo que pasaba y que sucedían los eventos tal y como más le convenía al Lagun Aro; el balón no llegaba a las manos que más daño nos podían hacer ni a las posiciones donde más podíamos sufrir. Pagamos un peaje por ello, pero con paciencia y convencimiento en lo que se estaba haciendo, los réditos llegaron y nada de esto pasó por casualidad sino fruto de un trabajo muy bien pensado y ejecutado.
Ante ese reto tan complicado, Sito y su equipo no sólo están dando la talla sino que están llegando preparados para el salto mortal de las diez últimas jornadas y además, en continuo crecimiento. Su juego cada vez tiene más sentido, cada vez más jugadores se suman en un papel adecuado para ellos. He destacado a Salgado por encima de todos porque creo que era obligatorio y de justicia. Pero el partido de Woods es impresionante, por fin está explotando regularmente ese talento brutal que atesora, está disfrutando, se nota que su cabeza está donde tiene que estar y está explotando su potencial como más necesitamos; una pena que sufriera tanto en defensa con Mainoldi, porque ello le tuvo en el banquillo más minutos de la cuenta en la segunda parte, minutos dicho sea de paso en los que Guille Rubio cumplió con creces. Lo mismo que sucedió en la rotación exterior, en la que los bases se complementaron a la perfección y la tripleta formada por Paunic, Finley y Papamakarios aportó la dosis justa de defensa, talento, puntos, trabajo… están funcionado como una unidad, conjuntada y completa. El equipo va, eso lo estamos notando cada vez con más fuerza.
Es un éxito del club, cuerpo técnico y equipo. Todos tienen su parcela de responsabilidad, pero están triunfando donde otros pierden los nervios y fracasan.
Y ahora se trata de refrendar lo conseguido. Sin duda era una fase decisiva y definitoria de la temporada la que acabamos de superar, porque el peligro de quedarnos desahuciados estaba presente, pero lo hemos sorteado y además con el mejor resultado imaginable. Es un escenario infinitamente más favorable dentro de la necesidad. Queda un mundo de trabajo y sufrimiento por delante, no podemos despistarnos con la euforia y dejarnos llevar. Seguimos en peligro y no se puede aflojar. Hay que seguir cerrando Illumbe para cualquier visitante y no bajar ni un ápice en cuanto a espíritu de lucha y mentalidad. Porque queda un largo y complicado sprint final en el que habrá momentos complicados; a penas nos hemos presentado en la frontera de la salvación, hay que cruzarla y hacerse fuertes ahí, pensar en crecer hacia arriba y no va ser un paseo por el campo. Va a haber que sufrir mucho todavía, muchísmo; pero dentro de todo esto, ver al Lagun Aro GBC que mejor conocemos y más nos gusta, me tranquiliza. Saber que sigue vivo, me basta.
Iker Sagasti. @sagastiker
Que los dos últimos clasificados de la ACB sean capaces de firmar un partido como el del sábado, dice mucho de la ACB o más bien habla de que son circunstancias especiales las que mantienen a estos dos equipos ahí abajo. Porque el baloncesto que practican GBC y Manresa es efectivo, divertido y digno de puestos mucho más holgados en la tabla. También es cierto que la mejora baloncestística del Lagun Aro en los últimos tiempos es inmensa y a la vez, que la impresión general de esta última cita no es suficiente, va a hacer falta más para seguir ganando partidos con regularidad. Al GBC le faltó consistencia durante los cuarenta minutos, no fue constante y tuvo momentos de desconcierto; la sensación durante buena parte del partido no era agradable, no ofrecía signos de solidez y sólo con fogonazos no nos va a valer. Jugamos a tirones, alternando momentos brillantes con otros de apagón, algo que hace dos semanas ya ocurrió ante Valladolid, pero que este sábado se produjo de manera más acusada. Hemos encontrado una dinámica positiva, una eficiencia en el reparto de roles que ofrece nociones de equipo entero y cómodo con lo que hace, que sabe lo que tiene que hacer y lo ejecuta con solvencia. Pero, no sé si por la responsabilidad del momento -algo compresible-, el equipo se paraliza en ciertos periodos de los partidos. De hecho, durante la mayor parte del choque ante Manresa, observamos un grupo con principios de congelación, aunque bien es cierto que entró en calor cuando más falta hacía. Entre tanto, casi nos da algo a las cerca de siete mil almas que sufrimos con el GBC hasta que llegó la resurrección. El Lagun Aro puso a prueba el corazón de su parroquia, pero afición y equipo demostraron tenerlo a prueba de bombas y precisamente a base de corazón y de una irrompible simbiosis entre jugadores y aficionados, saltó la chispa adecuada a la hora de la verdad.
Los adjetivos para calificar la victoria están ya todos escritos, a nadie se le escapa que necesitábamos ganar como a un hambriento le urge el alimento. Sin embargo no debemos olvidar que esto es una carrera de fondo y que más allá de las urgencias, lo que importa por encima de todo es el juego. Va a ser nuestro baloncesto el que nos salve o nos condene. Y el sábado en Illumbe mostramos carencias, la percepción que obtuvimos del equipo fue ciertamente más pobre que en citas recientes y no nos podemos despistar. Si esta victoria no viene acompañada o sirve como toque de atención al equipo para que no se relaje, mal vamos. En muchas ocasiones fuimos a remolque, no el marcador sino en el juego y la mejor gestión de las emociones y las decisiones en la recta final del partido nos dio la victoria. Ganamos pero no se nos puede olvidar que íbamos trece abajo en el tercer cuarto. Y pensar que los altísimos porcentajes de los manresanos fueron únicamente fruto de la inspiración sería muy inocente; hay que mejorar en defensa, hay que ajustar mejor para no permitir que los rivales encuentren con comodidad sus superioridades, porque Manresa -que dicho sea de paso es un gran equipo de baloncesto- castigó con destreza nuestros puntos débiles y logró desarbolarnos en defensa durante buena parte el partido.
Hasta el minuto 37 no logramos mandar en el marcador salvo en el periodo de inspiración de Paunic desde la línea de tres. El resto de partido, sufriendo por detrás. Finley y Papamakarios no sólo nos mantuvieron vivos en el partido, sino que nos metieron de lleno en él y no únicamente por sus canastas; atrás, ambos estuvieron en muy buena línea. La resurrección postrera se antoja imposible sin la aportación de los dos jugadores que más peso específico están soportando en el juego de perímetro del GBC desde que las cosas han cambiado para bien. Mo Finley se ha convertido en una de las razones principales para entender el equilibrio alcanzado por el equipo, era lo que hacía falta, lo que llevaba advirtiendo Sito desde que salió Lofton en verano; carecíamos del tipo al que buscar en el perímetro, en el que desembocaran ciertos sistemas y fuera capaz de marcar las diferencias y definir, resolver. Ahora ya lo tenemos y vaya si lo agradece el juego en su globalidad. Le da mucho sentido al equipo y mejora el colectivo. De Papamakarios, humildemente, me sigue sorprendiendo que haya quien cuestione la necesidad, importancia y preponderancia de Manos para el GBC. No es casualidad que siempre que el partido se aprieta, asume tiros decisivos y su porcentaje sube cuando más calienta el sol. Son unas cuantas jornadas en las que el rival está con cierta ventaja en el marcador y sus triples funden los plomos de la escapada oponente e insuflan energía en el GBC. Para mí, Pmak es un tesoro que se escapa a lo que se comprueba en la primera capa del juego, a lo que se ve a simple vista, pero que brilla con toda la fuerza del mundo en lo que subyace a lo evidente. Manos es un jugador que siempre querría tener en mi equipo.
Y si Finley y Papamak nos practicaban la maniobra de Haimlich cuando nos quedábamos sin aire, la vuelta a la vida definitiva llegaba de mano de la resurrección de Ibekwe y, por encima de cualquier otra cosa, la de Raúl Neto. Porque la colaboración de un hasta entonces gris Ibekwe, con seis puntos, buenas defensas con tapón incluido y cambio de la cara a la que nos venía costumbrando, fue una peldaño más subido, pero la entrada de lleno a la lucha por la victoria coincidió con la entrada de lleno del base brasileño en el partido. La influencia de Neto en el juego del GBC es decisiva, el equipo suele vivir al ritmo en el que se mueve Neto, su talante se traslada al colectivo y su estado de ánimo afecta enormemente al del equipo. No es casualidad que durante todos los minutos en los que el joven base deambuló taciturno por el campo el Lagun Aro estuviera a la sombra de Manresa y cuando el de Belo Horizonte despertó y entró en el partido como un rayo, el GBC comenzara a marcar la pauta. Otra cosa no, pero la confianza y el empeño de Sito no la perdió nunca y al final encontró el rédito necesario. Porque Raúl no estaba firmando un buen partido, pero su recta final fue soberbia. Premio a la templanza y fe de su entrenador. Cuando el partido se estaba decidiendo Sito fabricó un base que se sabía con la calma de que su entrenador no iba a sacarle del campo, con la confianza que eso supone y unido a un David Doblas que tuvo una tarde muy larga pero supo esperar su momento, el GBC sacó adelante una cita que se antoja determinante para el devenir de la temporada.
En descargo del Lagun Aro es necesario decir que en un partido en el que no estaba funcionando el plan A y tuvo que permanecer a la expectativa durante casi la totalidad de los minutos, el equipo supo recurrir a otras armas, como la subida del plano físico, logrando contrarrestar las acometidas de un motor turbo con el que estaba funcionando el Manresa a base de un acierto implacable, con un motor diesel que se mantuvo potente durante todo el choque y llegó más entero al momento de resolver. Así también se sacan adelante victorias, no siempre mediante el brillo y el talento, a veces hay que sacar la maquinaria pesada y el GBC supo hacerlo sin perder los nervios. Eso también tiene un mérito enorme. Aunque nos fuéramos todos a casa con el corazón en un puño…
La siguiente parada va a ser aún más exigente y va a requerir toda esa serenidad y mentalidad, pero a la vez un paso al frente en el juego, porque visitar el Fernando Martín de Fuenlabrada y salir victorioso exige a cualquiera un nivel mental, físico y baloncestístico, especialmente en lo que a la faceta de la constancia se refiere, muy alto; altísimo. Tenemos que mejorar. Tenemos que crecer respecto a este último choque porque no podemos permitirnos aflojar en los cuarenta minutos si queremos dinamitar el fortín fuenlabreño y progresar más aún en la búsqueda de la salvación. Va a ser una prueba más complicada todavía para el corazón a prueba de bombas del GBC y su afición; ahora que comenzamos a mostrar una esperanzadora solidez en Illumbe, el siguiente paso es ganar fuera y mejor si es en un duelo directo como el de Fuenlabrada. Por lo que supondría en la clasificación es otro duelo decisivo, pero también por el refrendo moral que significaría para el equipo. Si ahora somos capaces de ganar al Fuenla, realmente, vamos a ser capaces de grandes gestas de aquí a final de temporada. Pero vamos paso a paso, el siguiente es fundamental y tan complicado como conquistar el feudo que tenemos en el horizonte en un duelo directo por la permanencia. No será sencillo, pero este GBC siempre se ha alimentado de retos. Éste es uno de los más sustanciales a los que nos hemos enfrentado. Superarlo sería un regalo para todos los que están apretando para sacar esto adelante. Otra muesca más en un corazón a prueba de bombas.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka
Llega la hora de la verdad. Durante las dos próximas semanas el panorama del Lagun Aro se puede clarificar enormemente u oscurecerse gravemente. Es el tiempo de los valientes, de los que cortan el bakalao, de los que marcan las diferencias. Y el Lagun Aro GBC llega preparado para dar la talla, lo que no quiere decir que vaya a ser fácil, pero sí que el equipo está en disposición de sacar adelante la misión que tiene por delante: recibir a Manresa y visitar Fuenlabrada, sacando dos victorias que nos saquen del pozo. Hace falta, no sé si son finales, pero desde luego son dos partidos más importantes de la temporada hasta el momento. Y el hecho de haber perdido en Bilbao no nos tiene que restar ilusión, ni esperanza, ni convencimiento. Nada de eso, el GBC perdió y lo hizo de manera abultada, pero el resultado no sólo es engañoso, sino que supone un castigo excesivo para los méritos del equipo de Sito Alonso. Más allá de la derrota, el derbi sirvió para reafirmar ciertas dinámicas grupales y tendencias individuales del equipo.
Para empezar, la solidez del juego colectivo es un hecho. Se ha equilibrado, se ha encontrado un balance, se están definiendo roles de manera clara y eso ofrece comodidad y efectividad a la mayoría de miembros de la plantilla. Los dos grandes beneficiados son David Doblas y Qyntel Woods, algo que tiene todo el sentido del mundo porque ambos ejercen como principales puntas de laza, como los encargados de definir, de concretar, el juego converge en ellos y su subida en número de posesiones a su disposición (Doblas lanza 10 tiros de campo y Woods 18), además de su mayor eficiencia es una realidad que habla muy bien su pase al frente individual y a la vez de la enorme mejora colectiva. De hecho, lo primero sin lo segundo sería mucho más complicado. El balón se está moviendo mejor, más fluido, entra y sale de la zona, cruza el perímetro y llega cada vez más a las manos adecuadas en una situación librada. Eso es mucho decir y a pesar de la derrota, es algo que sucedió también en Bilbao y que tiene que dar al equipo confianza a pesar de no haber sido capaz de ganar. A mí me gustó mucho el Lagun Aro en ataque, por segundo partido consecutivo tenemos cuatro hombres por encima de los 10 puntos -un signo revelador-; en defensa en cambio sólo me gustó a ratos.
La inconstancia y la inconsistencia fueron los males de nuestra defensa. Cerramos bien el poste bajo de Mumbrú, al que Papamakarios le ganó la partida, pero permitimos demasiados tiros librados, comodísimas y demasiadas penetraciones casi sin oposición. Fallamos individualmente y esos desajustes nos mataron. De hecho creo que nuestra mala defensa la pagamos en ataque, nos hizo perder ritmo y confianza y nos impidió correr, ahogando nuestro juego dinámico. Tenemos que ponernos serios atrás para ganar partidos, más si cabe fuera de casa, nos va a dar empaque ahora que en ataque las cosas funcionan.
En cualquier caso, creo que todo lo que tiene que ver con el colectivo va a funcionar y va a ir a mejor. Más quebraderos de cabeza me dan ciertas situaciones individuales. Con Doblas, Woods, Finley y Papamakarios ofreciendo un nivel extraordinario y otros como Salgado y Panic haciendo su trabajo sin hacer ruido; otros dos jugadores clave en la rotación y en ciertas funciones del equipo están preocupantemente apagados. Lo comenté la pasada semana e insisto con más fuerza en ésta: Neto e Ibekwe están lejos de lo que deberían dar a este equipo. Para empezar, el rendimiento defensivo en Miribilla no es casualidad, porque dos puntales del GBC en este aspecto como ellos, se vieron superados, incluso desbordados. Pero no es sólo una cuestión de defensa, ni tampoco de ataque, es una cuestión más integral, de comodidad, de confianza… no es que las desprendan precisamente; no es que se les vea disfrutar ni sonreír mucho. Y hace falta que lo recuperen porque para lo que nos viene por delante necesitamos la aportación de todos, no sólo de unos pocos.
Reconozco que son dos casos que veo de manera diferente, a Neto se le espera, preocupa su bache pero me lo tomo sólo como eso y una recuperación de su confianza, autoestima o no sé como llamarlo, puede darle la vuelta a su circunstancia. Espero que lo consiga pronto porque su presencia tiene mucho influjo sobre el colectivo, tiene que ganar en dirección y tiene que recuperarse de cara al aro; pero sobre todo tiene que empezar a sentirse más confortable y transmitirlo, porque cuando él se divierte sobre la cancha y es el que marca la pauta -tanto en ataque como en defensa- el GBC lo agradece y mejora. Lo de Ibekwe me resulta más una tendencia, algo continuado de más a menos, sus números en los últimos ocho partidos son de 3.6 puntos, 2.6 rebotes y 3.2 de valoración; guarismos insuficientes para lo que tiene que aportar a este equipo y para su demostrada capacidad. No está. Y más allá de los números se le intuye apático por momentos, superado en el aspecto físico como pasó en Miribilla con Rakovic. Ocho partidos son más que suficientes para hablar de una tendencia y de un problema, porque cuando no está Doblas en cancha se nota y necesitamos un recambio de garantías que el pívot con pasaporte nigeriano no está siendo.
Si sumáramos estos dos elementos en su versión más positiva a una rotación cada vez más sólida, no sólo ganaríamos en profundidad sino que las armas sobre el parqué se multiplicarían y unas amenazas facilitarían la labor de otras. El ejemplo es Papamakarios en ataque -porque en defensa es un escándalo día sí, día también-, la recuperación para la causa del griego desde las línea de 6,75 está dando réditos al resto de la ofensiva, abre el campo, estira las rutas en las ayudas rivales y cuando le llegan, distribuye el balón con criterio y si tira solo, la mete. Resulta que el papel del tirador que abra el campo ya lo teníamos en el equipo y ha aparecido cuando Manos ha recuperado la confianza. Ahora mismo Pmak es un jugador clave en este Lagun Aro, pero clave de primer nivel.
Antes citaba a Doblas y no quiero dejar de desarrollar mejor su caso particular. El cántabro está rayando al mejor nivel de su carrera, está alcanzando un nivel que le coloca el cartel de desequilibrante y asume un peso y una responsabilidad que son una de las explicaciones de la reciente mejora del Gipuzkoa Basket. Ha tomado el liderazgo, está templado y decidido, está haciendo valer una de sus mejores virtudes: su juego de pies, al poste bajo hay muy pocos jugadores como David en toda la ACB y lo está aprovechando muy bien. Pero si explota sus virtudes, también está destacando en apartados que no son su fuerte, como ya hiciera la temporada pasada, cuando el equipo ha necesitado que diera un paso al frente en rebote lo ha hecho de forma radical, liderando al equipo en deseo y en capturas. Y lo mejor es que se le ve muy maduro sobre la pista, antes ciertos errores le sacaban del partido, ahora, ni mucho menos. El ejemplo es este último partido: dos faltas en medio campo que un jugador como él no se debe permitir, en tiempo pretéritos eran un adiós al partido, pero en vez de eso el de Pedreña se templó y no sólo aguantó el resto del partido sino que siguió marcando las diferencias manteniendo el factor mental donde debe estar. Bien por él, no se le puede pedir nada más, está fantástico; lo que hay que perdirle es más, es que siga así porque nos da la vida.
Lo mismo pasa con Woods, del que no hay mucho que decir, parece otro jugador, está centrado, motivado, ejerciendo su papel, tomando la responsabilidad, haciéndose visible para el equipo, valiente, pleno de confianza y sumando de manera constante. Éste es justo el jugador que necesitamos. Esto es lo que nos hace falta de él y así, puede jugarse 18 tiros de campo o lo que hagan falta, porque está superlativo.
Y en lo que a la lucha por la salvación en la que estamos inmersos, ni un paso atrás, esta derrota no tiene que frenarnos, no tiene que sacar nuestra vista del objetivo. Hemos perdido y también lo han hecho nuestros rivales directos, hemos perdido pero seguimos progresando. A pesar de los errores cometidos, pudimos competir de tú a tú con uno de los mejores equipos de la ACB durante muchos minutos y desde mi punto de vista, a pesar del resultado final, el partido se decidió por pequeños detalles. Lo que sí hay que hacer es endurecerse. Porque Manresa va a venir a la desesperada con sus lesiones y su necesidad, van a venir dispuestos a morir en Donosti y nosotros tenemos que soportar ese nivel. Va a ser un partido cargado de emotividad por la situación de ambos, pero va a ser nuestro. Vamos a dar otro paso decisivo, vamos a seguir creciendo. Lo hicimos ante Valladolid -que no se despiste porque el equipo pucelano puede estar en el lío- y lo vamos a hacer el próximo sábado ante Manresa. Jugando a nuestro nivel y explotando nuestra capacidad vamos a ganar este partido. Un paso cada vez, pero las dos próximas semanas tenemos que salir de las tinieblas. Primero a por Manresa y luego a por Fuenlabrada. Estamos preparados y lo vamos a conseguir. Llega la hora de la verdad.
Iker Sagasti. @sagastiker
Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka

