Skip to content

¿Qué es lo que cambia?

2013 noviembre 24
por Iker Sagasti

El GBC perdió un partido que tenía ganado y el hecho de haber perdido no cambia la realidad de que el equipo demuestra ir por el buen camino. A la vez, el hecho de haber jugado un partido serio y consistente durante más de 35 minutos no cambia el hecho de que perdimos un encuentro que teníamos en nuestra mano. Ambas circunstancias son compatibles al cien por cien y ni creo que todo sea magnífico y maravilloso, ni tampoco que por perder tengamos que hablar de un desastre total. Pero lo cierto -y no pasa nada por decirlo- es que el partido lo perdemos nosotros. Por errores y por malas decisiones. Lo tenemos controlado y cuando se nos presenta la oportunidad de sentenciarlo cavamos nuestra propia tumba. Errores son los que comete David Doblas con los cuatro tiros libres y ese inverosímil campo atrás, sí. ¿Pero como puede ser que esos dos saques de banda acaben en manos de David? Ellos encantados, tapando a nuestros tiradores más fiables y concediéndonos la opción que para los tinerfeños era más rentable ya que no quedaba otra que mandarnos a la línea de tiros libres. La gestión de estas decisiones es muy mala. También es cierto que cuentas con que Doblas no vaya a fallarlo todo, pero… así fue y lo que pudo haber sido un estímulo más que positivo se convierte cuando menos en dudas.

Tuvimos la posesión para ganar y la fallamos, habíamos logrado llevar a una situación favorable para nuestros intereses, sí, es cierto. Pero utilizarlo como excusa o como pretexto a mí sinceramente me suena a discurso mediocre. Yo prefiero ser exigente con el equipo porque éste era una partido para ganarlo (el mismo GBC se encargó de demostrarlo) y no se hizo, así que en ese sentido la crítica me parece necesaria.

Pero este discurso de sobreprotección al equipo, de mirar para otro lado si hacen las cosas mal y si dices que algo no es positivo berriche al canto, creo que tiene que acabar. Y si no, basta con mirar a dónde nos llevó la temporada pasada. Lo que está bien está bien y lo que está mal está mal. Y hay que decirlo. Y perder ayer, además de ser un pena, una decepción y todos los eufemismos que se nos ocurran para suavizar el asunto, no cambia que fue una cagada bastante importante y un frenazo en nuestras aspiraciones de progresión. Si jugamos un buen partido y perdemos, ¿qué es lo que cambia? Pues que no hemos sido capaces de hacer lo más importante: sumar la victoria. Porque hasta donde yo sé, además de divertirnos con el equipo, ganar viene siendo un objetivo bastante decisivo.

El pensamiento más a futuro deja signos para seguir esperanzados y otros para seguir con dudas, es así, no es que en Tenerife hicieramos un partido brillante, pero sí serio, apañado, consistente. Lo mejor es que conseguimos estar dentro del partido, incluso dominándolo durante los cuarenta minutos, eso en una pista tan complicada con la canaria, es algo a elogiar. El partido estuvo muy encorsetado, no hubo espacio para florituras, el scouting condicionó lo que estaba sucediendo. En estas circunstancias, los detalles lo son todo y nos lo estábamos llevando en ese apartado hasta los fatídicos minutos finales.

Con Hanley y Neto en crecimiento continuo de su juego, el equipo gana muchos enteros. Son Ramsdell y Winchester los que no acaban de salir del mar de dudas en el que están inmersos. Y realmente son ellos dos los que faltan para que la rotación sea redonda, para que la maquinaria acabe de funcionar como un reloj. El caso es que son dos piezas fundamentales: el llamado a anotar, a finalizar y el cuatro supuestamente titular. Hay que subirlos al carro porque su aportación es escasa, irregular y menor de lo que necesitamos de ellos.

Voy a darle la vuelta a la pregunta inicial. Si estamos recorriendo el camino que se antoja adecuado y el baloncesto que practicamos, sin ser esta vez brillante, sigue dando muestras de solidez y eficacia. ¿Qué es lo que cambia por perder? En ese sentido, no debería cambiar nada en cuanto al convencimiento de que hay que seguir por ahí, pero siempre dándonos cuenta de que hay que dar otro paso al frente, que hay dos partidos -el del Joventut y el de Tenerife- que no sólo estábamos en disposición de ganarlos, sino que tendríamos que haberlos ganado. Dos victorias son muchas y déjenme a mí de teorías presupuestarias y de dónde nos sitúa supuestamente eso en la clasificación, eso son pamplinas; si estamos en ACB es para competir y esos dos partidos, cuando llegó la hora de verdad, no supimos atarlos. Eso, hay que mejorarlo ya. Porque el juego va por buen camino y eso es fantástico, pero hay que ganar los partidos. Los grandes jugadores son los que deciden en esos momentos y los grandes equipos los que saben sacarlos adelante. Si no se quiere ser un gran equipo y con “perdimos pero mira que bien hemos jugado y casi nos lo llevamos y todo” es suficiente, de acuerdo, pero no cuenten conmigo para ese discurso y filosofía… yo pienso exigirle más. Y se atrevan o no a verbalizarlo, perder este partido que tan bien estábamos llevando y perderlo de esta manera es un cagada. Y espero más de este GBC, espero que siga siendo capaz de jugar bien al baloncesto, pero además que tenga lo que hay que tener para ganar partidos sobre todo cuando los tiene encarrilados.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: ACB Photo

El tuerto es el rey

2013 noviembre 11
por Iker Sagasti

Disculpen que no comparta la euforia que ha envuelto a la última victoria del GBC. Lo verdaderamente extraño es que comienzo a advertir en el equipo el conocimiento del camino a seguir y la capacidad de recorrerlo; pero Bilbao Basket representó el sábado el auténtico país de los ciegos y el GBC se quedó en un tuerto que allí reinó. Y digo tuerto con todo lo de incompleto que eso conlleva porque después de una brillante, brillantísima primera mitad, los dos últimos actos del encuentro dejaron el trabajo a medias. Se ganó el partido sufriendo más de la cuenta cuando el equipo estaba jugando para firmar un sobresaliente; sin embargo, mediada la segunda parte -más o menos cuando se sienta Robinson- el ataque que estaba marcando unos niveles de riqueza asombrosos se volvió plano, se convirtió en previsible y desembocó en una sucesión de unos contra uno sin ventaja, sin sentido y sin peligro alguno. Fue frustrante porque el apagón ocurrió después de muchos minutos de fabricar canastas sencillas, posiciones libradas y ventajas evidentes. La defensa bilbaína estaba a merced de la excelencia del GBC hasta que los guipuzcoanos dejaron de hacer lo les venía funcionado para no proponer prácticamente nada y facilitar mucho las cosas al rival. Lo cierto es que la seriedad en defensa y la dureza mental cuando todo se ajustó fue positiva y tranquilizadora, aunque nunca debimos llegar a esa situación… fue como un pequeño chasco después del festival de la primera mitad.

La sensación que me quedó es como la del padre que sabe que su hijo podía sacar un diez en un examen y le trae un seis, ha aprobado pero esperas más de él.

Sin restar mérito a todo lo bueno que mostró el GBC, he de decir que Bilbao Basket me dejó una sensación terrible de equipo endeble, destacando en lo negativo en el apartado defensivo. Dicho esto, Gipuzkoa Basket tuvo la pericia de que se jugara el partido que más les interasaba a los donostiarras y que más incomodó resultaba para los bilbaínos. Defensivamente el GBC marcó la diferencia, lo estaba haciendo también en el apartado reboteador durante la primera mitad y ello le ayudaba a dominar a su antojo el ritmo de partido, pero cuando flojeó en los tableros después del descanso el ataque pagó el precio en cierto modo; aunque esa no fue la razón principal de la caída de rendimiento ofensiva. Nos olvidamos de compartir el balón y de buscar ventajas.

Lo que sí resultó del todo decisivo fue la supremacía de Jason Robinson en la batalla del puesto de tres. Era una de las principales claves del partido, quien saliera vencedor del duelo J-Rob contra Alex Mumbrú, daría a su equipo una ventaja importante y ésta fue a parar hacia el lado local. Robinson está demostrando ser el líder que este equipo necesita, el Panko de hace dos temporadas si se me permite la expresión. No por coincidencia de puesto pero sí de rol, de peso específico en el particular universo de la plantilla. Robinson es clave, su influencia sobre el juego resulta meridiana, tanto con o sin balón su influjo en el equipo es total y jamás está rehuyendo la responsabilidad de los balones que queman. Su llegada al equipo se puede calificar ya como un acierto absoluto. Y es que el jugador sobre el que recae este papel para un equipo como el GBC puede resultar la diferencia entre jugar con lluvia o bajo el brillo del sol. Me explico. Panko, Woods y Robinson han sido en la era Sito Alonso los llamados a ejercer de ‘jugador franquicia’ por así decirlo; cuando esta figura ha rendido a alto nivel, el resto de actores de nuestra película, sean coprotagonistas o papales de reparto, han desarrollado su función más cómodos y de manera más eficiente; mientras que cuando el sol de ese jugador llamado a alumbrar al equipo no ha brillado, el resto han tenido que sobreactuar y cumplir tareas que en principio no estaban llamados a realizar y por lo general, hemos naufragado. Por esto, la presencia de Jason Robinson me seduce sobremanera y me invita a pensar que una de las piedras más importantes para que nuestro edificio no se tambalee está colocada correctamente.

Mi otro motivo principal para el optimismo se asienta en la dinámica del equipo. Se percibe el buen rollo, se palpa un vestuario alegre, unido, cohesionado, bien estructurado, con papeles definidos, con jugadores satisfechos con su función y motivados para llevarla a cabo. Dos saltos importantes, éste y el anterior al que me refería con J-Rob, marcan un abismo de mejora respecto a pésima temporada pasada. Y además, somos conscientes de lo que somos y no tenemos una frontera inalcanzable que franquear o un pozo abismal del que salir. Es mucha menos presión con la que lidiar porque cada paso al frente es un triunfo. En cuanto a la operatividad del vestuario, esa evidente unión, no quiero dejar de destacar a dos jugadores que en este asunto me parecen completamente vitales: Mikel Motos y Jon Cortaberria. Lo de Mikel se resume en dos circunstancias muy sencillas que sirven como metáfora tanto dentro como fuera del campo. La primera son los convincentes seis minutillos que juega el día del Joventut. Y digo minutillos porque prácticamente cualquier otro jugador en seis minutos no le da tiempo a demostrar absolutamente nada si tan solo dispone de estos y no más; pero Motos logra que cada segundo suyo sobre la pista valga oro, que cada acción en la que se vea implicado suponga su cien por cien y esto le da muchísimo al equipo, tanto por lo que el propio jugador suma como por lo que contagia a los demás; no sólo mantiene el nivel de intensidad sino que lo eleva. Y en lo que respecta a fuera de la pista, simplemente ver su actitud en el banquillo y la felicidad con la que sale del vestuario al acabar el partido por el hecho de haber ganado a pesar de no haber jugado prácticamente nada, me parece de quitarse el sombrero. Y Corta, en su función de trabajo sucio y de pegamento en el equipo, ídem de ídem, otro valor añadido que no se refleja en las estadísticas.

Aunque quizá lo que más me alegró e ilusionó de este último partido fue la entrada en escena de Raúl Neto. Evidente paso al frente, convincente salto en sus prestaciones; lideró al equipo, marcó la pauta, protagonizó acciones decisivas. Éste sí es el Raúl Neto que esperamos y no es casualidad que su mejoría vaya ligada a la del equipo. Su actuación fue una de las mejores noticias.

A la irrupción de Neto, debemos sumar la de Hanley que en absoluto es baladí. Su aparición en los dos últimos partidos ha ofrecido una profundidad a la rotación interior que se estaba demandando a gritos; suma en el rebote, finaliza, está más concentrado en su función; en resumen, da lo que de él se demanda. Y junto a Hanley, de la mano viene su compañero de puesto, un Ramsdell que acertado de cara al aro parece un jugador completamente distinto al menos en el apartado confianza.

Y ya son tres jugadores más que a los que están rindiendo bien regularmente. Diría incluso que la mejoría de Winchester es evidente, después de los dos desastres frente a Valencia y Joventut, ha firmado dos partido sólidos en Barcelona y en el derbi. El problema sigue estando en que David está muy solo en el puesto de cinco para ciertas tareas y eso que su labor es encomiable y su actuación sólida (salvo por las faltas tontas que de vez en cuando sigue regalando). Doblas está a un gran nivel, pero creo que es un pensamiento general es que para marcar las diferencias ahí dentro no hay nadie más.

Hete aquí, que con todo esto nos encontramos 2-3 tras cinco jornadas, un buen resultado que podría ser mejor pero que seguramente hubiéramos firmado antes de comenzar la temporada. Lo más importante al margen de esos dos triunfos es que se comienza a vislumbrar ese camino adecuado para poder prosperar. Se comienza a hacer muy evidente en cuanto a trabajo, espíritu, actitud y todo lo que a esto rodea; ahora hay que comenzar a definirlo claramente en cuanto a juego. Porque veníamos de dos de cal (Barcelona lo considero cara a pesar de la derrota) y dos de arena y en derbi dimos también una dosis de cada lado de la moneda… imponiéndose el positivo y siendo capaces de atar la victoria cuando las cosas se pusieron feas, pero sin olvidar que durante la segunda mitad mostramos muchas carencias, especialmente en ataque y reminiscencias de nuevo en el rebote, que no podemos obviar si queremos seguir creciendo.

La victoria está bien, sí; las sensaciones son positivas, pero no fue un partido redondo ni encuentro motivos para ningún tipo de euforia o de celebración desmedida. Para mí, la segunda parte fue un toque de atención importante, un recordatorio después de demostrar de lo que somos capaces, de que si nos despistamos podemos perder con cualquiera. En el país de los ciegos que supuso Bilbao Basket nos bastó con ser tuertos para reinar, ahora tenemos dos pruebas importantes visitando a Murcia y Canarias, donde si queremos sumar algo va a haber que dar lo mejor durante los cuarenta minutos de cada partido. Van a ser medidas interesantes de donde está este GBC, que nos ha demostrado que puede brillar a un alto nivel, pero todavía debe convencer demostrando esa solidez de juego durante todo el partido.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka / Imquiality

Menuda basura de partido

2013 octubre 28
por Iker Sagasti

Tenemos problemas. La primera jornada mostramos oficio y seriedad, la segunda encajamos una paliza en Valencia casi intrascendente, pero en esta tercera cita el GBC naufragó irremisiblemente y mostró trazas de equipo con graves carencias, algunas que comienzan a convertirse en un hábito y otras que van poco a poco aflorando pero todas ellas asustan bastante. Habrá quien se aferre, a modo de venda en los ojos, a que tuvimos un tiro para ganar, pero dentro de que la victoria era muy importante, no es el qué sino el cómo lo que de verdad me hace echarme a temblar. Sinceramente, al Joventut le bastó con lo justo para ganar, no necesitó hacer maravillas y esto es así porque el partido de GBC fue malo de solemnidad, fue un partido para tirar directamente a la basura, diría que para olvidar pero eso sí que me parecería error, mirar para otro lado, tomarlo como un accidente que incluso se pudo ganar, olvidarlo y seguir adelante. De eso nada, de accidente nada, un toque de atención en toda regla y en mi opinión, todas las alarmas tienen que estar encendidas porque por este camino nos va a costar mucho volver a ganar. Así a botepronto vamos a Barcelona, nos visita Bilbao y viajamos a Murcia… jugando de esta manera no tenemos opción de ganar ninguno de estos partidos. Así que ya podemos espabilar.

No se me ocurre cómo un equipo puede ganar como visitante en ACB con un 17% en triples y sin hacer niguna otra cosa de manera excepcional. Tengo la sensación de que el Joventut se marchó de San Sebastián con una victoria casi de regalo, desde luego que no les hizo falta dar lo mejor de sí mismos para sumar el triunfo; sin restar méritos a la Penya, que desde luego lo mereció mucho más que el GBC, pero muchísimo más, en este caso el resultado es mucho más demérito de Gipuzkoa Basket.

No creo que absolutamente nadie disfrutara del juego que ofreció el GBC. Se está hablando mucho del desacierto de cara al aro, sobre todo de ciertos jugadores y claro que sí, pero esto va mucho más allá. Empecemos por lo que comienza a ser un elefante en el salón: el fracaso en el rebote. Partido tras partido estamos suspendiendo la asignatura reboteadora, un mal que por desgracia contagia otros muchos aspectos del juego y entre otras cosas nos priva de la posibilidad de imprimir cualquier tipo de ritmo al partido más allá del que le interesa a nuestro rival. No es que perdamos la batalla por el rebote, es que nos están dando auténticos baños, nos dominan, nos anulan, nos esquilman. Contra Cajasol fue el mayor lunar y nos quedamos con la sensación de ojo con esto. Contra Valencia el problema fue incluso mayor pero como nos aplastaron prácticamente en todo pues como que tampoco acabamos de encender la luz roja… pero es que después de otro roto más, en este caso de la Penya, tenemos que empezar a calificar el rebote como un grave problema de este GBC. Grave y decisivo, porque como decía, mediatiza por completo nuestro juego y condiciona nuestras opciones.

Y siendo el rebote un problema grave y evidente, lamentablemente no es el único. Cuando veo el ataque de nuestro equipo no dejo de atisbar que nos cuesta anotar. Estamos consiguiendo alrededor de 65 puntos por partido, exiguos 65, escasos y a todas luces insuficientes. No es un diagnóstico complicado afirmar que necesitamos meter más puntos y coger más rebotes para poder ganar partidos. Se dice muy fácil, pero ahora mismo parece difícil de conseguir. Centrándonos en la poca producción anotadora, acudir al desacierto es el camino corto, claro que estamos fallando más de la cuenta, ¿pero cuáles son los motivos? Para empezar estamos siendo previsibles. Lo somos cuando solamente tenemos un jugador capaz de generar puntos en la pintura, no sólo porque se vigila más en este caso a Doblas, sino porque a la vez el rival está considerando poco peligrosos a otros jugadores en ciertas situaciones y las defensas oponentes pueden doblar marcajes, mandar ayudas o cargar la atención en otros jugadores -además de David, otros referentes anotadores- sin que esto les suponga un riesgo excesivo para su aro-. El resultado de esto es que nuestro jugadores llamados a tirar y por tanto a anotar más, se ven con muchas más dificultades para encontrar posiciones libradas y a la vez mucho más incómodos cada vez que buscan la canasta, mientras que a la vez encontramos otras posiciones claras pero no suelen ser las manos más apropiadas en el lugar más propicio. Es decir, hay jugadores a los que les dejan tirar, hay jugadores a los que les dejan recibir en ciertas posiciones y el rival prefiere tener a los referentes atados en corto a costa de sacrificar otras situaciones de las que no estamos sacando ventajas. Esto nos desequilibra y nos atasca en ataque.  Tenemos trabajo en este aspecto porque realmente nos está costando sumar puntos con fluidez.

Pero no es el único problema ofensivo. El ritmo está siendo un problema, nos está costando mucho imponer el tempo que más nos interesa, por no decir que no lo estamos consiguiendo. Y es aquí cuando quiero sacar a la palestra las prestaciones que está ofreciendo Raúl Neto. Entiendo que todos esperamos mucho del brasileño esta temporada, yo al menos sí que lo hago. Y de momento me encuentro muy decepcionado por lo que está mostrando, Neto está muy lejos del nivel que puede dar, no marca la diferencia ni genera juego para él ni para sus compañeros. Ya le superó Satoransky, pero es que Guillem Vives se lo comió con patatas. Contra la Penya nunca fue dueño de lo que estaba pasando, incluso (y esto me preocupa mucho más) durante la segunda parte, cuando el partido estaba decantándose, se le vio poco centrado, obcecado, diría casi desquiciado. Me costó mucho reconocer al jugador que nos viene enseñando durante los dos últimos años, de momento, está lejos del jugador que puede llegar a ser. Sigo pensando que es capaz de marcar las diferencias y liderar este equipo, sin embargo por ahora no lo está consiguiendo. Se espera mucho de él y no está respondiendo.

La verdad, da la sensación de que el que se va a ir a los Utah Jazz es Javi Salgado, porque el capitán está dando absolutamente la talla, es muy responsable de que tengamos una victoria en el casillero y volvió a ser decisivo ante la Penya para mantenernos en el partido y darnos opciones de victoria. De hecho, estuvo a punto de conseguirlo y falló, pero si nos volvemos a ver en una situación similar yo no dudaría ni lo más mínimo en volver a darle la bola y la responsabilidad. No creo que haya una sola cosa que achacar a Salgado, en mi opinión estuvo soberbio guiando al equipo y tirando del carro… personalidad en dirección, carácter para tomar tiros importantes y anotarlos y tomando además buenas decisiones. Pero estamos en lo de siempre, no podemos permitirnos que Javi esté tan solo, porque fueron el y Robinson los que sustentaron al equipo, si queremos prosperar necesitamos a más gente sumando y tirando del carro.

Por último, vamos con los dos jugadores a los que están apuntando todos los dedos acusadores. Anthony Winchester y Charles Ramsdell. Voy a decirlo el día que hace 0/8 en tiros, a mi Winchester es un jugador que me gusta y al que creo totalmente válido para el GBC y para cumplir ese papel de responsabilidad anotadora en el GBC. Es completamente cierto que su partido ante la Penya fue horrible (exactamente igual que el que hizo en Valencia), estuvo ansioso, acelerado; no encontraba su sitio en el ataque y se precipitó varias veces y después, cuando tuvo tiros cómodos su cabeza ya no estaba en su sitio. Pero con un poco de confianza nos va a aportar lo que de él necesitamos: puntos. Y lo va a hacer con solidez y regularidad. No pronostico que vaya a ser ya mismo, pero con un poco de paciencia nos va a dar mucho. Con Ramsdell tengo más dudas. Por lo visto hasta ahora, está lejos de lo necesario para un puesto tan importante como el de cuatro titular, está siendo superado una y otra vez y no está colaborando en casi nada más allá del rebote. No está acertado en el tiro y no es capaz de sumar puntos desde el ala-pívot, generando un agujero anotador en el puesto que Julen Olaizola no puede tapar y Will Hanley no lo sabemos porque en los dos últimos partidos ha jugado seis minutos en total.

En resumen, si en el primer partido encontré razones para ser moderadamente optimista, ahora mismo se me están quitando a la fuerza. Diría ahora que estoy moderadamente preocupado, pero no es así, estoy preocupado de verdad y me da que o mucho cambian las cosas en cuanto al juego o no vamos a saber lo que es ganar un partido mínimo en un mes. Ojalá me equivoque y el equipo sea capaz de perseverar, de progresar y de jugar de otra manera, porque desde luego que así nuestras posibilidades son escasas. Aún es pronto para realizar valoraciones absolutas y para poder emitir sentencias; pero, guste o no, contra el Joventut jugamos una basura de partido y por lo visto hasta la fecha, una certeza sí tengo: Tenemos problemas.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka / Imquality

Lo tiras por la borda

2013 octubre 20
por Iker Sagasti

Dice Quique González en una de sus canciones que “hay veces que lo bordas y veces que lo tiras por la borda”. Esta afirmación condensa las dos últimas temporadas del GBC y, a la vez, resume los dos primeros partidos. Tras la victoria ante Cajasol encontramos argumentos para ser moderadamente optimistas y con el serio correctivo que encajamos este pasado fin de semana en la Fonteta, encontramos razones para estar moderadamente preocupados. Pienso que a pesar de los 29 puntos de desventaja, no hay que tirarse de los pelos; la ACB es cada día una liga más bipolar, donde las diferencias entre ‘ricos’ y ‘pobres’ son cada vez más acusadas y no debemos olvidar que Valencia Basket es hoy en día la alternativa más fiable a Madrid y Barça en la ACB. Que nos gane con solvencia no debe ser ninguna sorpresa, más me preocupa el cómo, no sé si al resto de aficionados les pasó, pero al menos yo sentí bastante impotencia comprobando que Gipuzkoa Basket -salvo en breve lapso de tiempo al inicio del tercer cuarto- no tuvo ningún tipo de argumento para plantar batalla a los taronja.

Realmente no es complicado analizar este encuentro y sus porqués. Todo parte del potencial de uno y de otro, es decir, lo que el dinero puede comprar en uno u otro caso y en esta ocasión estamos hablando de una especie de batalla entre David y Golitat. Es muy relevante poner esto en contexto porque hay ciertas cosas que se pueden exigir a un equipo y otras que no, no es lo mismo una lucha de tú a tú o enfrentarse a un taque contra piedras y palos. Por eso creo que no deberíamos ser muy apocalípticos a la hora de criticar.

Dicho esto, lo que tenemos que hacer es observar qué hicimos mal y qué podemos mejorar. Antes de referirme a cuestiones de juego propiamente dicho, voy a hablar de algo que tuve en la cabeza durante todo el encuentro: Sito Alonso siempre ha pretendido que su equipo muestre, en cuanto a trabajo y pelea, en cuanto a actitud, una misma línea de no rendirse y no aflojar jamás. Creo que hay tarea por delante en ese sentido, porque hubo momentos en los que realmente nos pasaron por encima.

Por otro lado, para mí todo partió de la defensa. No fuimos capaces de incomodarles de ninguna manera, ni dentro ni fuera, su intensidad era muy superior a la nuestra y eso sí que no es una cuestión de plantilla, presupuesto o calidad… en deseo y ganas no debería ganarnos nadie y Valencia lo hizo de manera neta. Las tempranas faltas de Doblas condicionaron nuestra actuación atrás, nos hicieron más blandos, provocaron un desbarajuste en la concepción general de lo que pretendíamos hacer atrás, pero sea como fuere, estuvimos completamente superados por el ataque valenciano. Y en ataque, tres cuartas partes de lo mismo: ellos agresivos, mordiendo en cada una de nuestras posesiones, obligándonos a jugar a nueve metros del aro, donde en absoluto eramos peligrosos y colapsando nuestra circulación, ralentizándola y negándonos posiciones cómodas de tiro.

Un problema que ya se repite por segundo partido consecutivo y que en esta ocasión fue mucho más acusado y determinante fue el asunto de rebote. Nos hicieron polvo en ese aspecto, si conseguíamos encadenar alguna buena defensa, todo se echaba por tierra por culpa de concesiones reboteadoras que le daban al equipo naranja oportunidades que ya de por sí estaba demostrando no necesitar, si además contaba con ellas, pues bueno, te meten una paliza.

En resumen, Valencia Basket hoy en día es mejor equipo que Gipuzkoa Basket con mucha diferencia. Y lo demostró durante todo el partido. No hay explicaciones mucho más complicadas a las que aferrarse.

Individualmente, Raúl Neto fue la noticia más positiva, se pareció mucho más al jugador que debe ser y fue el único capaz de crear quebraderos de cabeza en el equipo rival. El brasileño porfió en busca de involucrar al resto de sus compañeros, se comportó como un auténtico base y ejerció de líder luchando contra la corriente. Fue lo que más me gustó del partido del GBC. En el otro lado, un Winchester incómodo y superado en ambos lados de la cancha. Y sobre David Doblas, sólo diré que si cabe esta temporada su preponderancia en el juego del equipo, su influjo, su importancia son decisivas. Es sin duda el jugador clave porque hay ciertas necesidades que sólo puede cubrir él. Y aunque perseveró durante el encuentro, desgraciadamente sus cuatro faltas condicionaron el partido. Las dos primeras por tempranas y las dos siguientes por innecesarias y inapropiadas (fueron regaladas). Esa carga le condicionó en defensa todo el partido, a él y al equipo en general.

Por lo demás, el partido no tuvo mucha más historia y nos plantamos después de dos jornadas pensando que el GBC hay veces que lo borda y veces que lo tira por la borda. No sabemos aún a qué atenernos, porque en la primera fecha sus prestaciones estuvieron a la altura y en la segunda jornada, ni mucho menos. Pero no ha pasado nada raro, hemos ganado un partido, buen ganado dicho sea de paso y hemos perdido otro, de mala manera y recibiendo una paliza. Pero es que estas diferencias de puntos están de momento a la orden del día en la ACB porque las diferencias en la liga son reales y evidentes. La próxima jornada será una buena vara de medir para saber dónde estamos y hacia donde vamos, porque la visita de la Penya es una prueba de exigencia después de ver cómo casi sorprenden al Barça. Tengo muchas ganas y todavía más curiosidad por este próximo partido y comprobar qué GBC nos vamos a encontrar.

De momento, lo importante es seguir avanzado y si la pasada semana no debimos lanzar las campanas al vuelo, ésta no debemos alarmarnos en exceso. No es agradable que te pinten la cara de esta manera, pero lo decisivo ahora no son esos 29 puntos de diferencia encajados, si no la reacción, la evolución, la respuesta del equipo la próxima jornada. Cada día es importante y necesario para prosperar en esta temporada, tenemos mucho que demostrar y si queremos ser un equipo fiable y efectivo, es necesario que todas las consecuencias de esta derrota vayan por el camino de la reacción y el desquite y no por el lado negativo. Seguimos intentando descubrir a este GBC… que primero lo borda y después, lo tira por la borda. Veamos que es lo siguiente que va a enseñarnos.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: ACB Photo

Sito, dimisión

2013 octubre 13
por Iker Sagasti

Esto no puede ser. Sito, dimisión; pero Sito, Germán Cea, Antonio Alonso, Lolo, Txakar y todos y cada uno de los responsables de este sinsentido. Aquí hay unas tradiciones y hay que respetarlas. Por no hablar del orden establecido. No puedes llegar y jugar este partido absolutamente sólido y mostrar un grupo tan cohesionado, operativo y solvente… y encima ganar. Aquí de toda la vida sabemos que el primer partido estamos abocados a perder; además, he observado que un buen puñado de los medios especializados y grandes expertos, ponen al GBC en la cola de la clasificación y nadie da un duro por nosotros. Por no recordar que somos el hermanito pobre y del que todo el mundo pasa entre los equipos vascos. Pero luego te sientas a ver el partido y lo visto sobre el parqué me sugiere algo bien distinto. Me ha gustado mucho el equipo del GBC y el baloncesto mostrado. Así no hay quien se aclare. Así que dimisión en bloque y punto.

Quiero hacer hincapié en una circunstancia: El hecho de haber ganado. Resulta sencillo caer en la cuenta de que ganando o perdiendo, el equipo ha desprendido una imagen muy positiva, que sería igual de real con un uno o con un cero en el casillero de victorias. Sin embargo, la capacidad ganadora marca la diferencia. Jugando bien puedes ganar o perder, pero ese escalón de más que te da un carácter ganador, esa especie de obsesión por no dejar que se te escape el triunfo es fundamental. Y nace del grupo, es el equipo el que decanta los partidos. He aquí el quid de la cuestión: El equipo; su espíritu, su dinámica, su empeño por no dejar escapar el partido. Esa es la auténtica clave y más si no te sobra el dinero para comprar talento y superestrellas. La fuerza está en el grupo y en su convención y desde luego que el GBC ha mostrado es extra que te saca de la mediocridad. Porque al ganador no lo define el número de victorias, sino las ganas de ganar.

En una ACB donde la clase media-baja está tan igualada, detalles tan importantes como esos son los que separan el estar bailando en el filo de la navaja o aspirar a soñar con una vida mejor. En el caso de Gipuzkoa Basket, elegir que tu fuerza parta del grupo se me antoja la decisión más inteligente posible. Apostar por un colectivo unido, convencido de lo que hace, donde los papeles están perfectamente definidos supone que todos los jugadores empujen en una misma dirección y no sólo eso, sino que lo hagan de una manera mucho más eficaz. Es precisamente esa idea lo que más me ha convencido de lo que hemos podido advertir en el primer partido oficial. Y datos como las 15 asistencias repartidas hablan bien a las claras de que compartir ha sido un verbo predominante a la hora del qué hacer con el balón, mientras que esas cinco perdidas de balón resaltan la seriedad en el juego por parte del GBC.

El GBC no firma en esta primera cita un partido perfecto, lógicamente hay errores que corregir y una enorme capacidad de progresión en su juego. Sólo faltaba. Pero el equipo sí que enseñó una solvencia colectiva que resulta muy convincente; que ilusiona. La manera de hacer las cosas, los mecanismos… la impresión era que estuviera en un buen o mal momento de partido, el equipo sabía dónde iba y cuál era su camino para llegar allí. Es algo que ofrece tranquilidad. Tengo la sensación de que es la primera vez desde que Sito está en San Sebastián, que el equipo llega al inicio liguero en el punto en el que al entrenador le gustaría.

Y creo también que lo que pretende proponernos este GBC le gusta mucho al aficionado guipuzcoano; le convence, le ilusiona. Es un equipo sacrificado, sin complejos y con la voluntad de dejarse la piel y practicar un baloncesto atractivo-efectivo. A la primera de cambio, hemos visto una rotación de ocho más dos. Donde seis jugadores se mueven entre los 17 y los 25 minutos, dos (Doblas y Robinson) pasan de largo de los 30 y dos más, los de casa, echan una mano con un puñado de minutitos donde por cierto lo han dado todo y no han desentonado en absoluto.

Sensaciones es una palabra que estoy repitiendo mucho y es que al menos yo, de momento, no me atrevería a hablar de ninguna certeza. Todo son intuiciones e impresiones. En un partido poco se puede sentenciar, pero sí se pueden advertir dinámicas, esperando con impaciente expectación a ver cómo se desarrolla el crecimiento del equipo. Lo que yo veo, lo que intuyo, es un importante liderazgo de Doblas y Robinson, huele a que con los bases, por ahí pasa el grupo de ‘capos’, de ‘sheriffs’ de este grupo. Y me gusta porque Tanto David como J-Rob destilaban aplomo sobre la pista, contagiaban serenidad. El partido de Doblas es sencillamente impecable, hace de todo y todo bien. Deja que el partido le llegue, sin impacientarse, percute en ataque, anotando, sacando faltas y con buenos porcentajes de campo y de tiros libres. Ofrece una buena aportación en el rebote y además reparte juego desde el poste bajo, no limitándose a acabar, sino permitiendo que el juego fluya desde el interior. No se puede entender la victoria ni la buena imagen en cuanto a baloncesto del equipo sin atender al partido del cántabro. Y una cosa más, sabiéndose fundamental, se guarda regalar faltas tontas… su partido me ha parecido inteligente y maduro. Una roca en la que apoyar al GBC.

Y desde el perímetro, la combinación Robinson-Winchester, carburando y complementándose a las mil maravillas. Aquí encontramos esa definición de roles, Robinson aportando en múltiples aspectos del juego, sumando para el grupo, mientras que el jugador llamado a ejecutar, a finalizar… pues eso, Bang Bang. Resulta edificante comprobar que cuentas con un tipo que sólo tiene una cosa entre ceja y ceja: la canasta. Es una referencia necesaria, que conoce su papel, no le tiembla el pulso para cumplirlo y está muy bien rodeada. Porque si hablamos de líderes y de protagonistas, en esta vocación de que el grupo sea lo primordial, los llamados a bregar también han estado a la altura. Korta, Hanley, Ramsdell… como una trituradora, sin parar de producir y luego salen Mikel y Julen y hasta elevan el nivel de intensidad. En cuanto a colectivo, el GBC ha brillado, ha impuesto su ley en cuanto a ritmo, a nivel de esfuerzo, desde la defensa: solidez, eso es lo que transmite.

De todas maneras, no quiero caer en la autocomplacencia y como hemos ganado todo es muy bonito y ya está todo el trabajo hecho. Porque nada más lejos de la realidad. No podemos permitirnos sufrir tanto en el rebote, debemos cerrar nuestro aro porque por un lado, el buen trabajo defensivo se ha ido al garete un buen puñado de veces. Y después, hasta en dos ocasiones -una en al final del primer cuarto y otra antes del descanso- el dominio en el juego que ha mostrado el GBC no se ha visto recompensado en una buena renta de puntos, que quizá estaba merecida pero que no se ha sabido ganar.

Luego, he tenido una sensación rara en el tercer cuarto, como de ligera deriva, me ha resultado el único momento en el que no eramos dueños de lo que estaba pasando. Aunque por otro lado nos hemos sostenido bien en ese momento (la buena defensa, culpable de ello) y hemos alcanzado el último cuarto donde de nuevo el partido que se jugaba se parecía mucho más a lo que nosotros queríamos. Lo voy a decir desde ya, esta temporada le voy a exigir mucho más a Raul Neto, creo que es un fantástico jugador y le pido un paso adelante. En esta primera cita no lo ha dado del todo. Que se me entienda, no digo que haya jugado mal, claro que no, digo que no ha jugado lo suficientemente bien, le pido sobresaliente en evaluación continua, porque creo que puede darlo. Pero en la primera cita, no. Así que más, Raul, puedes más.

Confieso que me ha despistado un poco la rotación de los bases, llegando al último cuarto con muy pocos minutos para Javi, pero me la envaino porque en el último parcial, un Salgado fresco y decisivo ha sido fundamental para la victoria.

Y nada, por primera vez desde que jugamos en la ACB estamos 1-0. Insisto en que esta victoria y el hecho de ganar son muy importantes, tenía la sensación de que este primer partido podía ser definitorio en cuanto a muchos asuntos relacionados con el provenir del Gipuzkoa Basket y en todos ellos el equipo ha prosperado: Ha sido capaz de que se jugara el partido que más le interesaba, la rotación ha tenido sentido y se ha sabido cerrar un partido que no tenía nada de sencillo. Por eso, misión cumplida y a seguir trabajando por esta senda. Hablando en la cancha, siendo el baloncesto nuestro mejor argumento… Porque si nos tenemos que guiar por lo que se espera de nosotros, entonces, hay que pedir la cabeza de Sito. ¿No somos uno de los equipos con menos presupuesto de la ACB? ¿No es verdad que nadie da un duro por nosotros? ¿No eran éstas unas condiciones poco propicias para recobrar la ilusión perdida? Este no es el guión que nos estaban marcando… y encima, se le ocurre poner a tres guipuzcoanos al mismo tiempo en pista. Habrase visto. La pena es que no había ni seis mil personas en Illumbe, porque hablando en serio, ha sido muy divertido y agradable ver jugar al GBC, se ha reconocido claramente al equipo, su juego y su voluntad. Si queremos ser lo que parece que nos dicen que tenemos que ser, si queremos ser mediocres y pusilánimes, entonces sí, fuera Sito y todos los responsables de que las cosas se estén haciendo con tanto sentido. Si la intención es otra, si queremos marcar nuestro propio camino y llegar hasta donde seamos capaces por el camino que más nos convence… entonces vamos a seguir así. No creo que sea momento de lanzar ninguna campana al vuelo, creo que la mesura que muestra el equipo es la adecuada; pero sí que opino que hemos sentado las bases de algo que nos puede ir muy bien, que puede funcionar y que nos llevará donde tenga que ser, pero sacando lo mejor de lo que tenemos. Buen trabajo, sigamos avanzado. Me empieza gustando mucho este Gipuzkoa Basket.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka / Imquality

Un genio perdido en Gipuzkoa

2013 mayo 24
por Iker Sagasti

“El elogio discrimina el talento. Si te debilita es que eres un necio. Si te responsabiliza, entonces estás en el buen camino”. Gorka Nuñez.

 

He escrito muy pocos artículos monográficos en este blog. Recuerdo uno sobre Jordan, otro acerca de Petrovic y la temporada pasada, Sitofilia. Y llevaba unos meses dándole vueltas a dedicarle uno a Gorka Nuñez… Hasta que la situación me ha invitado a no posponerlo más. ¿Quién es Gorka Nuñez? Para los que están dentro del mundillo del basket la respuesta es muy sencilla y va acompañada de respeto y admiración; pero para los que no le conocen, haré un pequeña presentación: Gorka Nuñez, además de tener su propia empresa relacionada con la preparación física, es el encargado del desarrollo de la condición física en la cantera del Laboral Kutxa Baskonia, también del Easo, del Zarautz y hasta el viernes 24 de mayo era el preparador físico del Ampo Ordizia, encargado del primer equipo y de la cantera. Bajo la tutela de Gorka, se desarrollaron y se desarrollan, entre muchos otros, Darío Brizuela (Estudiantes), Mikel Motos (GBC), Julen Goia (Biarritz Olimpic de rugby), Laura Arroyo (Hondarribia-Irun), Devon Van Oostrum (Laboral Kutxa) y otros nombres que no se nos deben olvidar como Daniel Barbieri (MVP del último Campeonato de España junior de baloncesto) o Ilimane Diop (perla de la cantera baskonista que con Gorka ha ganado más de 20 kilos de masa muscular en los últimos tres años). Este verano se sumará algún jugador más del Estudiantes. Todos los jugadores que entrenan con él, están deseando hacerlo; por la seriedad y el cariño con el que trabaja y, por supuesto, porque no son tontos y ven que mejoran (he visto jugadores que no saltaban ni un listín de teléfonos, hundirla sobrados después de un tiempo trabajando con Gorka).

Vamos que si yo tuviera un equipo de primer nivel en la élite, en el deporte que fuera y que además, contara con una cantera para desarrollar, haría cualquier cosa para que el encargado de la parcela de la condición física fuera responsabilidad absoluta de Gorka Nuñez.

Estamos hablando de un genio. No de un buen preparador físico, no. De un genio, un innovador, un revolucionario. Que no le vale con lo que ya está hecho y siempre está pensando, soñando en cómo mejorar, en cómo llegar un poco más lejos, en cómo provocar que los deportistas a su cargo tengan más y mejores armas para ser los mejores en lo que hacen. Hace no mucho, cambió la manera de calentar en baloncesto, logrando mejoras cuantificables y demostradas científicamente. Siempre va un paso más allá, no vale con mejorar en el entrenamiento, consigue recrear situaciones reales con las que un deportista se va a encontrar en competición para que, llegado el momento, pueda aplicarlo de la manera más efectiva posible.

Escucharle hablar significa aprender, porque no sólo es una eminencia en su campo, sino que la pasión y la ilusión que desprende se contagia… Es un inconformista, que huye de convencionalismos y del “esto vamos a hacerlo así porque se ha hecho todavía vida”. Siempre se pregunta por qué y no para de estudiar hasta que encuentra la respuesta y la aplica. Vive en una constante búsqueda de la excelencia, es un ‘loco’ de lo que hace y está loco por lo que hace; por eso mientras otros se quedan parados, estancados en lo establecido, él avanza, descubriendo el terreno virgen de lo que está por hacer. Si le has visto trabajar, le admiras. Es inevitable. Nunca le vale bien, bien es el enemigo de mejor. Sólo bien es el enemigo de mejorar.

Y otro dato que no falla, todos los jugadores que pasan por sus manos mejoran. Y no únicamente eso, le escuchan. He sido testigo de cómo un puñado de jugadores calificados como díscolos, etiquetados como problemáticos, dispersos, cuyos entrenadores renegaban de su actitud… caer en manos de Gorka y comportarse como los más aplicados, serios, esforzados, ilusionados. Y es que la actitud del líder se refleja en los individuos del grupo. Y la actitud de Gorka Nuñez no puede ser más incluyente, porque a él se le nota que disfruta con lo que hace, que le apasiona y causa ese efecto en los deportistas a su cargo. Él siente constantemente mariposas en el estómago mientras está trabajando, pero además las pone en formación de combate y se las pasa a los que tiene a su alrededor. Cuando lo ves desde la barrera, como me ha pasado tantas veces a mí, sólo puedes quedarte con la boca abierta, observar y aprender.

Pero claro, nos topamos con el problema. Los genios, los fuera de serie llamados a revolucionar, a cambiar las cosas para mejor, suelen toparse con el muro de la incomprensión. Y esto a Gorka le viene pasando toda la vida. Lo que pasa es que no se queda parado lamentándose, pelea para derribar esas barreras. Ya lo consiguió hace años con el baloncesto guipuzcoano, donde su manera de trabajar hoy en día es hábito y con fantásticos resultados, dicho sea de paso. Pero ahora el muro con el que se ha encontrado tiene que ver con todo lo que huele a antiguo y a cerrado, a mal ventilado, dentro del Ampo Ordizia. El club del Goierri hace muchas cosas bien, pero por desgracia, hay asuntos en los que vive en la edad de piedra y lo peor es que parece querer seguir ahí instalado. Dos años de Gorka Nuñez en el club, dos títulos. Y lo que es mucho más valioso, una evolución física gigantesca en la cantera, un cambio de hábitos, una nueva cultura del entrenamiento que quien no la vea es que está ciego. Pero esto se acabó. Gorka Nuñez no va a seguir allí y honestamente, no le auguro un buen futuro a un club que utiliza como pretexto y como excusa para prescindir de alguien el argumento de que es “demasiado profesional”. Cuando ese es el planteamiento, el que debería hacérselo mirar no es el objeto de la crítica (que más que crítica es un halago), sino el sujeto que la formula, ese sujeto desgraciadamente está condenado a la mediocridad perpetua.

Lo que sucede es que cuando te enteras de estas cosas la sensación de desazón, de no comprender cómo funciona este mundo, de rabia contenida, de enfado, de frustración y de más cosas que no sería elegante del todo nombrar; es inmensa y es terrible. Tenemos la suerte de contar en nuestro territorio, en Gipuzkoa, con un número uno, con un fuera de serie y hay quien no lo sabe o no lo quiere ver. Es de aquí y tiene la capacidad y la voluntad de hacer que nuestros equipos y deportistas progresen más y mejor… ¿Cómo no lo podemos aprovechar? Ya podemos espabilar, porque igual que lo vio Baskonia y lo puso a trabajar con su cantera, va a llegar un día que alguien muy grande de fuera, que se entere de su existencia y se lo lleve lejos de aquí. Esto que voy a decir lo sabemos muy pocos, personas contadas con los dedos de una mano me temo, pero hace no mucho tiempo los San Antonio Spurs de la NBA vieron a ver cómo trabaja Gorka Nuñez. Y esto no lo sabe nadie porque el propio Gorka, lejos de buscar la promoción personal y el autobombo, optó por la discreción, la humildad y que fuera su trabajo el que hablara por él. Pero ya no lo aguanto más, los San Antonio Spurs, señores, esos que van a jugar la final de la NBA esta temporada…  Ya podemos enterarnos en casa antes que los de fuera, porque Nuñez está destinado a algo muy grande y yo prefiero que eso sea con algún equipo de nuestra tierra antes que tener que admirarle desde la distancia. Como siempre, sucede ese asqueroso hábito de valorar más lo de fuera que lo de casa. Está en nuestra mano.

Una filosofía que pasa por un positivismo irrompible, por la consciencia de quién es y la falta de límites a la hora de soñar en quién se puede convertir; que pasa por no dejar nunca de creer, por aspirar siempre a más, a mejor; por la humildad que supone estar en constante aprendizaje, por ser consciente de que el que piensa que ya lo sabe todo está condenado a no avanzar; que se mueve por retos, por objetivos que superar a diario; que se sustenta en no poner excusas, en la voluntad de escuchar más, de exigirse más a sí mismo para provocar que lo de su alrededor hagan lo mismo… Que cree en sí mismo, dueño de su destino, en sus decisiones, en su esfuerzo, en su futuro; que quiere observar más y hablar menos, sonreír más, compartir y sumar. Con los pies en el suelo, trabajador, sencillo, optimista, metódico y por encima de todo; valiente, paciente, decidido y soñador; ese es Gorka Nuñez.

 

Gorka es una de las personas de las que más he aprendido en mi vida y a las que más admiro. Sé que su destino es triunfar, ya lo está haciendo, y sólo deseo que lo haga en casa y no se lo lleven, porque él es una de las razones por las que creo firmemente que el deporte guipuzcoano está capacitado para aspirar a la excelencia. Gorka es un genio perdido en Gipuzkoa, por favor que Gipuzkoa no pierda un genio.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

La leyenda del equipo que olvidó su nombre

2013 mayo 6
por Iker Sagasti

Cuando algo malo sucede, puedes dejar que ello te defina, que te destruya o en cambio puedes hacer que te vuelva más fuerte.

 

Érase un equipo de baloncesto que sabía muy bien lo que quería. Un club serio, cargado de ilusión, dispuesto a crecer a su ritmo, sin gastarse el dinero que no tiene y consolidándose en la élite a base de hacer las cosas bien, trabajando muy duro y aprendiendo de sus errores. Llegó a la ACB y a la primera de cambio pagó su inexperiencia. Logró volver más fuerte, encontró la solidez y al mismo tiempo, la mediocridad. Y cuando la llama comenzaba a apagarse, un giro del destino propició la temporada de nuestros sueños, aquello con lo que siempre habíamos soñado, no sólo por el quinto puesto, sino mucho más por la identidad adquirida y la ilusión desbordada. Sin duda el cómo fue mucho más determinante que el qué. Desde entonces, el Lagun Aro GBC fue, por así decirlo, víctima de su éxito. Sus jugadores estrella encontraron destinos económicamente más interesantes (ni uno de ellos para triunfar, dicho sea de paso), se desmanteló así un equipo inolvidable para la afición guipuzcoana y se vivió un ‘expediente x’ en torno a la renovación del entrenador que había revolucionado el destino del Gipuzkoa Basket. A la vez, el grifo del dinero público limitó su flujo, llegando el anuncio de su bajada de caudal trágicamente a destiempo -casi en el mes de agosto-, enviando directa al sumidero la primera participación europea del baloncesto guipuzcoano desde los años 70, además de toda la planificación deportiva realizada durante los meses anteriores. Alerta roja y prisas por doquier. Plantilla de circunstancias en todos sentidos, equipo incompleto y lleno de carencias. Una de ellas, quizá la más importante, se convirtió en una rémora no resuelta hasta el comienzo de la segunda vuelta: el escolta anotador, el to go guy, la vía abierta más importante en un equipo que hacía aguas por todas partes. Y que el club, con sus escasos recursos, trató de taponar de todas las maneras dentro de sus limitadas posibilidades. Hasta 16 jugadores han tenido contrato con el GBC esta temporada. Salgado, Neto, Doblas, Ibekwe, Woods, Rubio, Olaizola, Motos, Paunic, Finley y Papamakarios, además de la espalda rota de Lofton, la falta de palabra de Luther Head, el insomnio de Taylor, la horchata de Kuksiks y un ex jugador llamado Korolev. Y el resultado conseguido por este equipo ha sido el descenso.

Es un hecho. El Lagun Aro GBC ha descendido de categoría. Es cierto que la coyuntura actual del baloncesto de élite en España puede premiar la seriedad y el rigor de un club como Gipuzkoa Basket con la permanencia en ACB. Es un pensamiento edificante, advertir que el buen hacer del GBC pueda tener esa recompensa; sin embargo, sin lo deportivo nada tiene sentido yen  ese aspecto, el equipo ha fracasado. Pero, ¿Es la temporada un absoluto, rotundo e indiscutible fracaso? A primera vista, lo parece. Pero vamos a intentar analizar un poco más en profundidad y ver dónde nos lleva. En este caso, el descenso -el qué- desgraciadamente tiene más peso que el cómo. Pero el cómo importa y mucho, dice quiénes somos como equipo y como club.

Creo que la primera asignatura pendiente para el GBC tiene que ver con el verano, nos estamos acostumbrando a periodos estivales convulsos, llenos de episodios extraños, sobresaltos y diría incluso que con su parte de oscurantismo (primera acepción en la RAE). Quieras que no, es algo que afecta decisivamente al desarrollo de la temporada. Hace dos años quedó en anecdótico mal arranque de campaña, que la catarsis posterior hizo olvidar, pero fuimos tarde y lo pagamos, Ajinka, Adeleke y Ogide aparte. Luego todo salió bien. Mejor que bien. Pero esta temporada no, esta temporada nos ha costado, a la postre, un descenso. Esta vez, todo se fue torciendo y llegamos con graves déficits sin los que es imposible explicar lo sucedido después. Una de las claves para que esto no vuelva a suceder es hacer los deberes en verano, me parece que es algo que todos tenemos que aprender, porque por un lado, el verano se presenta incluso más complicado que los anteriores y otro factor a tener en cuenta es que si Sito Alonso sigue siendo el entrenador, su estilo de juego y las reglas inherentes a éste, requieren un trabajo previo importante si queremos llegar preparados al inicio de temporada.

Desembocando de un verano lleno de problemas, nos encontramos con una primera vuelta tétrica, terrorífica, desoladora. En la balanza que ha decantado el destino deportivo del equipo a la LEB, lo sucedido en la primera mitad de la temporada sin duda es lo que más pesa. Tres victorias y lo que es peor, la desaparición absoluta de los valores, la filosofía y el espíritu que definen a este equipo y este club. Los propios pesos pesados del vestuario lo reconocían públicamente, Doblas y Salgado lo decían de una manera muy gráfica. “El equipo no hace lo que Sito nos pide que hagamos”. El GBC era incapaz de sobreponerse a los problemas, incapaz de reaccionar, ni de lejos luchaba hasta su último aliento. Ni rastro de su alma, el equipo olvidó su nombre. Irreconocible, no quedaba nada de lo hace no tanto nos había sacado de la vulgaridad para convertirnos en un equipo diferente, especial. Fue entonces cuando empezó a cimentarse el descenso.

Y después llegó la reacción,  el golpe sobre la mesa. El equipo se reveló contra lo que estaba pasando y llegó a cambiar su condición de colista por el abandono de los puestos de descenso. Pero la realidad es que sucedió tarde, el agua estaba al cuello y el peso de la presión pudo más que el empuje del equipo. Pero lo realizado, para mí, no fue en vano. Ser capaz de recuperar tu identidad, retomar la ilusión, transmitirla, creer de nuevo y hacer creer no me parece en absoluto baladí. Es una inversión muy importante. Sobre todo para una afición que esta temporada ha dado una exhibición asombrosa. Esto es algo espectacular. La afición del GBC, esos cinco o seis mil que son realmente incondicionales, han dado una lección de perseverancia, de orgullo, de optimismo… de carácter. Ellos han tirado del equipo cuando los jugadores no podían. Es lo único donde no se puede poner ni una sola pega a la temporada. La grada ha sido un diez. Habrá quien opine que debería haber sido más crítica con el equipo, pero yo veo que lo ha sido, dónde y cuándo debía serlo. Durante los cuarenta minutos que dura el partido se ha dedicado a animar, después yo he escuchado, leído y visto a una afición consciente de lo que pasaba y crítica con su equipo. Como debe ser.

Por desgracia, de la constancia de la grada no ha quedado ni un ápice para el equipo. Este equipo no vale. No es que lo diga yo, son ellos los que se han encargado de demostrarlo. Aquí cuenta desde el primer partido de la temporada hasta el último, valen lo mismo y es por ello por lo que deben ser juzgados. Por el qué (ocho pírricas victorias) y el cómo. Y ahí existen dos fases totalmente diferenciadas de la temporada, pero cuyo resultado es a todas luces insuficiente. La reacción, la capacidad de levantarse cuenta, pero también debe contar lo anterior. Es un logro no haberse dejado llevar por el fracaso, pero es que ellos mismos son responsables de haber llegado a esa situación. Qyntel Woods personifica este asunto a la perfección; se ha rehabilitado como jugador, ha sido capaz de alcanzar un nivel óptimo de juego, pero no me vale. Sinceramente, ¿cuántos partidos buenos ha firmado? ¿Cinco, seis, siete? No sirve. Por mucho que su tope sea mucho más alto que el de otro, no sirve absolutamente de nada si no es capaz de ofrecerlo regularmente. Y es que veníamos de un tipo que nunca falla, Andy Panko no tendrá ni de lejos la calidad y el talento de Woods, pero es infinitamente mejor jugador de baloncesto, vamos, años luz de diferencia para mí. Por mucha condición de NBA y mucho talento y lo que quieras que tenga Qyntel, dame a Andy y dime tonto. También es cierto que no podíamos tener a Panko este año, pero de cara a la próxima temporada necesitamos extracomunitarios mucho más sólidos.

Creo que es la plantilla la que debe asumir la responsabilidad casi absoluta de lo que ha pasado. Este equipo no vale. De lo que tenemos, me quedo con Doblas, Salgado, Neto, Papamakarios y Paunic… y quizá no con todos. Hablo de la rotación principal, no incluyo a Julen y Mikel, a ellos no hay que tocarlos, que sigan creciendo. Pero son los únicos que me valen, el resto, carretera. Es curioso que David Doblas haya protagonizado la temporada más regular de su carrera, diría la mejor, pero como éste es un deporte de equipo, considero que su mejor año fue el anterior. En cualquier caso estos cinco me parecen un tesoro y quizá no podamos quedarnos a todos (partido de la base de que sigamos en la ACB). De los demás no me vale ninguno. Se puede pensar en Finley, claro, pero es que su adaptación al puesto de escolta me parece circunstancial, es un base y para jugar al dos quizá haga falta otra cosa, pero bueno, habrá que ver.

Es ahí donde yo creo que hay que tocar, porque de juego, de idea, de filosofía, de idiosincrasia, tal y como yo lo veo, no hay que cambiar absolutamente nada. A mí me gusta lo que proponen Sito Alonso y su cuerpo técnico. Me gusta su manera de entender, interpretar y aplicar el baloncesto y me gusta su carácter; creo que es una de las claves para sacarnos de la mediocridad cuando no tenemos los medios económicos para otra cosa. Desde mi punto de vista y hasta donde yo sé, han hecho todo lo que estaba en sus manos para sacar al equipo del pozo en el que estaba, han encarado la situación de la mejor manera posible y en ese “entender, interpretar y aplicar el baloncesto” ha fallado lo tercero. Aunque sea sin dinero, hay que confeccionar un equipo que se ajuste a los parámetros de este club y cómo quiere hacer las cosas.

Y en lo que al club respecta, lo mismo que digo del cuerpo técnico. No puedo pedirle más. ¿Que se gasten el dinero que no tienen para estar más arriba? No, gracias. Los responsables del club no han perdido la calma, han hecho todo lo que está en su mano para ayudar al equipo y ha mostrado su total confianza en los que estaban. Más no podían hacer. Ahora tendrán que depurar lo que no sirve para jugar aquí y acertar en lo que traigan, pero es muy fácil de decir y no tan sencillo de conseguir. Gipuzkoa Basket tiene mucho trabajo por delante desde ya. Mantener la plaza en ACB, asunto en el que por suerte su impecable comportamiento le ofrece muchas posibilidades; mantener al entrenador y los cuatro o cinco jugadores válidos de la plantilla y reforzarla de manera adecuada y a tiempo. Este verano va a ser fundamental para el futuro del Gipuzkoa Basket y me tranquiliza mucho ver cómo se ha madurado como club respecto al anterior descenso, que fue de frenopático, puro desquicie y alguno lanzando la mierda contra el ventilador.

Entonces el GBC tuvo que reinventarse; ahora no, ahora por suerte hay unas bases sentadas muy importantes en cuanto a identidad y a saber lo que se quiere y eso es mucho terreno ganado. Hay que potenciar los valores que nos llevaron al éxito y que estoy convencido que pueden devolvernos a un estado que nos llene por completo a todos. No hablo de un puesto en la tabla sino a una imagen del equipo, una imagen que cuando el GBC transmite me da igual que quede quinto o decimoquinto, pero que pasa por no dejar de luchar, por no rendirse, por la voluntad de practicar un baloncesto eficaz y a la vez, atractivo, un juego capaz de engancharnos, emocionarnos; la convicción de superar los límites que se le ponen por delante, de superarse a sí mismo. Ese GBC es posible y creo que la paciencia y buen hacer del club y el trabajo de Sito Alonso durante la temporada para recuperar su equipo, aunque no tengan el premio de la salvación, no caen en saco roto. Creo que valen de mucho y suponen si no los cimientos, el agujero donde depositarlos para volver a construir con solidez un proyecto exitoso. Es un mal momento, pero eso no significa que absolutamente todo sea un fracaso ni que haya que mandarlo absolutamente todo a paseo. Hay motivos para el optimismo, hay mucho a lo que aferrarnos y siguiendo convencidos de lo que queremos y poniendo los medios y el trabajo para lograrlo, los buenos momentos no están tan lejos. Pero empecemos desde ya, esta temporada nos ha enseñado mucho, aprendamos la lección y vamos a trabajar, vamos a crecer. Por ese camino, en ACB o LEB, me sentiré identificado con este GBC, sea donde sea, estaré a su lado y apoyándole.

 

Cuando algo malo sucede, puedes dejar que ello te defina, que te destruya o en cambio puedes hacer que te vuelva más fuerte. Tengo claro cuál es la opción que debemos tomar; que nos haga más fuertes, que nos sirva para aprender y para estar más unidos. Si es así, algo muy bueno habremos sacado de esta temporada.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: ACB Photo.

El invierno se acerca

2013 abril 15
por Iker Sagasti

No me entiendan mal, sé que estamos en primavera; a lo que me refiero es que vienen tiempos duros para Gipuzkoa Basket, complicados, tanto en lo deportivo y lo institucional. El final de temporada se presenta arduo y el verano va a ser muy, pero que muy largo sea cual fuere la situación en la que acabemos. Hablando claro, sólo un milagro evitará el descenso deportivo del Lagun Aro GBC, no estamos descendidos de manera matemática pero diría que sí virtualmente. Cinco jornadas por disputar y a tres partidos de la salvación, me temo que es hora de ser realistas. Dicho esto, me parece determinante evitar el último puesto, es muy importante porque aunque yo soy partidario de que el que baje sobre la cancha, no se quede en la categoría mediante los despachos, tampoco voy a mirar para otro lado en cuanto a la situación del baloncesto actual. No hay garantías de que los dos equipos que consigan el ascenso de LEB vayan a consumar esa llegada a la ACB; ni siquiera es seguro que todos los clubes ACB vayan a seguir compitiendo en la máxima categoría -ojo, incluido el GBC-, porque eso, de todos los escenarios posibles, lo único que me parece absolutamente imprescindible es que Gipuzkoa Basket siga existiendo y compitiendo al máximo nivel posible. Tal y como están las cosas, se puede pensar que para existir y no correr peligro de seguir haciéndolo, hay que estar en ACB… porque si ahí ya es difícil conseguir apoyos económicos, en la LEB el grifo podría estar prácticamente seco de euros. Desde la derrota ante el Cajasol hasta que arranque la próxima temporada, en mi opinión, la lucha principal es sobrevivir, sostenerse como sea.

Digo esto porque empiezo a aceptar que en la pista, ganar los cinco partidos no los vamos a ganar. Que si los ganamos estaré encantadísimo de reconocer mi error, pero aunque me cueste (que me cuesta y mucho), el descenso deportivo y la decepcionante temporada que eso conlleva son una realidad. Por el qué y también por el cómo. Lo cierto es que la reacción del equipo a base de carácter y baloncesto, una reacción que comenzó a fraguarse justo antes del parón de copa y se hizo efectiva tras el mismo, fue convincente pero a todas luces insuficiente, estéril. Son 34 partidos los que conforman una temporada, alcanzar el nivel competitivo que buscas y para el que estás capacitado sólo durante esa fase de la temporada no ha valido. Y confieso que cuando ganamos en Fuenlabrada me convencí de que nos íbamos a salvar, pero no va a ser así. Es complicado de aceptar y hay muchos factores que entran en juego y que sirven para explicarlo, pero es cruel que después de tocar el cielo con los dedos la pasada temporada, ahora nos vayamos al infierno de esta manera.

Lo dije hace un par de semanas y sigo pensando igual, era nuestro juego, nuestro baloncesto el que nos iba a salvar o a condenar, era lo que de verdad importaba para definir nuestra situación en la tabla. Y las dos últimas jornadas no hemos sido el equipo que veníamos siendo sobre la cancha y para mí la mayor deuda baloncestística del GBC ha sido con el colectivo. Cuando mejor han ido las cosas es cuando el equipo más ha mostrado la faceta grupal y es algo que he echado de menos en las dos últimas citas. Nervios atenazando y el equipo no alcanzando su nivel de los anteriores partidos… y eso que el balón muchas veces llegó a las manos adecuadas y eso que en defensa se hizo un trabajo serio; pero claro, la defensa acaba cuando tienes el balón y el rebote ofensivo nos hizo polvo.

Tengo la horrible sensación de que este equipo daba para mucho más, para muchísimo más y ahora estamos en una situación desesperada y con mucho en duda de cara a un futuro a corto, medio y largo plazo. El caso es que es así y si lo que quieren es buscar culpables, conmigo no cuenten. Yo estoy pensando en las posibles soluciones, sólo en eso. Porque culpables, responsables… todos. ¿Señalar con el dedo? Si a alguien le consuela, adelante. Pero opino que es perder tiempo y energía que debemos invertir en afrontar lo que tenemos por delante. Va a ser muy duro, va a hacer mucho frío y tener que salir de ésta. Pienso que lo mejor será estar lo más juntitos posible, para empezar diciendo que no tengo ninguna duda de que somos muchísimos los que tenemos claro que vamos a seguir al lado de Gipuzkoa Basket, apoyándole sea cual fuere la categoría en la que juegue la próxima temporada. Ahora hay que tirar para adelante, hay que observar lo que se ha hecho mal y aprender de ello. Vienen tiempo difíciles, se trata de apretar los dientes y superarlos. Es lo que toca. Subsistir es el objetivo, hoy en día, tal y como está el deporte profesional sobrevivir es un gran logro, tenemos que ser capaces. Y por eso más que nunca digo, que soy del GBC, que lo seguiré siendo y que estoy dispuesto a pasar por los tiempos malos, por el invierno que se acerca, porque estoy seguro de que volverá a brillar el sol. Ahora bien, toca abrigarse y guardar provisiones.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: Ortzi Omeñaka. @ortziomenaka

Todo lo demás no importa

2013 marzo 31
por Iker Sagasti

Seguimos una semana más en los puestos de descenso, quedan siete partidos, de los cuales seis son contra equipos en puestos de playoff y  el otro, un duelo a vida o muerte con el Cajasol de Sevilla. Vistas ciertas actitudes no podemos esperar ninguna mano en los choques que juegan nuestros rivales directos y además tenemos que aguantar que Martín Beltrán se siga pensando que Illumbe es el Club de la Comedia, aunque sus arbitrajes de risa aquí no le hagan gracia a absolutamente a nadie. Todo esto está fuera de nuestro control, pero la buena noticia es que nada de esto tiene relevancia. No la tiene porque el Lagun Aro GBC ha dejado hace tiempo de ser un perro flaco, ha encontrado su identidad, su efectividad y demuestra estar dispuesto para superar cualquier adversidad. Tiene a todo el equipo subido al carro, mejor dicho, tirando del carro. Es el juego el que habla por el Lagun Aro GBC, un juego configurado por el equilibrio en todas las posiciones, que cuenta con infinidad de recursos para encontrar el aro en ataque y ha encontrado el ajuste y la intensidad necesaria. Eso es lo que gana partidos. Es lo que nos va a sacar de los puestos de descenso. Es el juego de Gipuzkoa Basket lo que vale; todo lo demás no importa.

Con este baloncesto, con esta capacidad colectiva potenciando todos los aspectos, el GBC ha sido capaz de ganar todos sus partidos en casa desde el parón copero; desde entonces ha ganado cinco de siete partidos y además de sumar la victoria, ha conseguido arrebatar el average perdido contra Valladolid, Manresa, Fuenlabrada, Murcia y Canarias. Quizá no le valga para alcanzar a alguno de estos equipos, pero sí que ha valido para reforzar una identidad y una imagen de equipo determinado a sobreponerse a todas las adversidades y luchar hasta su último aliento. El Lagun Aro arrastra las penurias de una primera parte de temporada en la que todo se torció, pero no ha puesto excusas sino soluciones. Ha subido su nivel de juego de una manera tan radical que cuesta creer que éste sea el mismo equipo que se asemejaba a un juguete roto en las manos de todos sus rivales y encaja palizas por doquier. Y es que de hecho, no es el mismo equipo y no sólo por el cambio de piezas – que sí- sino por su mentalidad, su mentalidad es ahora mismo de acero. No creo que nadie pueda decir que no esté haciendo sus deberes. Lo hace y además, con nota.

El quid de la cuestión, la madre del cordero, el meollo del asunto es el juego, el baloncesto. Todo lo demás no vale absolutamente para nada. Es el basket que está practicando el que está sacando del atolladero al Lagun Aro GBC y va a ser su juego el que le termine de salvar. El cambio es abismal en todos los sentidos. Hoy en día tenemos todo el paquete. Dos anotadores fiables en Qyntel Woods y Morris Finley, que suponen una amenaza constate y un foco de atención permanente en las defensas rivales. Dos jugadores llamados a marcar las diferencias que lo están consiguiendo. Antes, no teníamos ni uno solo de estos. Porque Woods estaba pero no era ni la sombra del jugador de baloncesto que es ahora. Es un éxito personal, colectivo de un equipo que no le ha dado la espalda y del cuerpo técnico empezando por Sito Alonso que cuando nadie creía en él -porque absolutamente nadie lo hacía-, él sí que creyó. Y de Eugenio Rodríguez que cambió por completo su deplorable estado físico por un jugador que ahora marca las diferencias en ese sentido. Pero el verdadero responsable es el propio Q, que asediado por las críticas, perseveró, no se dejó llevar y hoy en día es uno de los mejores extracomunitarios de la toda la ACB. Seamos sinceros, si nos dicen esto en los primeros meses de la temporada, no nos lo creemos de ninguna manera. Ahora mismo tenemos una de las mejores parejas de extracomunitarios de toda la competición, cosa que para un equipo del poder adquisitivo del GBC es muy importante.

Pero tan importante como eso, es haber configurado, haber logrado confeccionar un grupo que es capaz de ejecutar con precisión un juego donde lo coral es lo que importa, donde el colectivo es el protagonista. Esa ha sido la característica principal en la que se ha empeñado Sito Alonso para el GBC desde que está en San Sebastián. Y contra todas las dificultades, Sito ha cogido un equipo que estaba roto mentalmente y perdido baloncestísticamente y le ha enseñado el camino. Un camino que por un lado ha llevado al GBC a ganar cinco de siete partidos, ganando por una media de casi trece puntos por victoria y anotando más de 85 puntos en todos esos triunfos. Un camino que ha conseguido que un equipo que no encontraba ningún tipo de solución eficaz en ataque, un juego al que le costaba fluir, salir de los bases o encontrar un equilibrio entre la pintura y el perímetro, se haya tornado ahora en un baloncesto en el que compartir es el verbo que mejor define el juego del GBC, en el que los bases mandan, proponen, disponen y surten de balones a sus compañeros, anotando cuando el guión lo exige.

Un pívot titular que se ha hecho dueño de la pintura y es un ancla interior que genera ventajas para sí mismo y para sus compañeros, porque David Doblas está explotando su juego de espaldas -uno de los mejores de toda la ACB- para anotar y también para pasar el balón cuando resulta oportuno, eso sin olvidarnos de su paso al frente en rebote (porque en defensa ha estado enorme la temporada entera). Junto a él, aparece un Ibekwe renacido, que vuelve a comandar el juego por encima del aro. Y para completar el juego interior, un Guille Rubio que se ha encontrado a sí mismo y al que se reconoce cómodo en las tareas de brega y esfuerzo. No se nos puede olvidar que cuando esto no funcionaba, nuestro juego interior era un solar y no por demérito de los que jugaban dentro sino por carencias en el juego colectivo de las que los pivots eran quizá la mayor de las víctimas -llevando ellos su parte de responsabilidad-. Ahora también son responsables de que el juego funcione, pero es una cuestión de retroalimentación.

Tenemos una pintura sólida, pero estaba hablando de equilibrio, porque en el perímetro las cosas también han cambiado radicalmente. Finley aparece como la figura que se buscó desde el principio de temporada para concretar un buen paquete de sistemas que el estado físico de Lofton, la falta de palabra de Luther Head y la morriña de Taylor no fueron capaces de satisfacer. Este hueco, no ocupado con eficacia hasta la llegada del de Alabama, ha sido uno de nuestros mayores problemas durante toda la temporada, por no decir el peor. Con el sitio cubierto, Papamakarios no tiene que realizar tareas que no estaban encomendadas a su rol y ahora puede desempeñar ese papel cómodo, hasta arriba de confianza y así no sólo da lecciones constantes de defensa si no las ofrece también de tiro con los pies en el suelo. Y con un jugador al que buscar y un tirador fiable, la tarea de chico para todo de Ivan Paunic encaja a la perfección en una rotación exterior por fin completa. Y claro, con esta rotación rotunda y completa, los bases se pueden dedicar a hacer jugar al equipo.

La conclusión es sencilla: el juego del GBC funciona. Y ese es el principal argumento para creer que va a conseguir salvarse. Hace ya muchos meses que escribí que Sito Alonso estaba ante el mayor reto de su carrera hasta el momento. Coger un equipo deshecho y convertirlo en lo que es ahora. Y a falta de siete partidos, sin mirar el resultado en el marcador sino en la cancha, puedo decir que lo ha conseguido, ha triunfado en una tarea que tenía aspecto de imposible. Que el GBC juegue de esta manera es un éxito, porque es lo que de verdad importa, es el principal argumento para conseguir los resultados en la tabla, que son los que nos van a dejar en la ACB. Pero no creo que haya nadie que esté viendo jugar al GBC últimamente que no le vea capaz de salvarse. Ha sumado, jugando de manera brillante, cinco triunfos en siete partidos… y quedan otros siete. Observando el baloncesto del Lagun Aro GBC, yo le veo capaz. Sigamos por este camino porque es el baloncesto que pueda practicar el que va a dejar al GBC en la ACB y no otro cosa; porque al fin y al cabo es lo que marca la diferencia… y todo lo demás no importa.

 

Iker Sagasti. @sagastiker

Fotografía: Oskar Moreno / ACB Photo

 

Calor histórico

2013 marzo 27
por Iker Sagasti

Hacía mucho tiempo que no escribía de NBA por aquí y supongo que simplemente he encontrado la excusa perfecta: una conversación, un debate acerca de los imponentes Miami Heat ha ejercido como la chispa adecuada, como el catalizador necesario para pasar un buen rato hablando de baloncesto. El culpable de todo esto no es otro que Javier Gómez, director general del Breogán de Lugo, antiguo profesor de la Universidad de Santiago, erudito de este magnífico deporte y al que me permito considerar mi amigo. Después de un comentario que dejé sobre estos Heat como uno de los mejores equipos de los que he podido ser testigo, Javier escribía esta brillante reflexión en su blog:

http://gotasdetinta.galiciae.com/?p=286

Pocas pegas se pueden poner a este vistazo a la historia, a esta revisión enriquecida con una opinión bien argumentada, un artículo del que yo he aprendido una barbaridad; aunque me gustaría introducir algunos matices.

Lo primero que voy a hacer es reafirmar lo que ya dije. Si te gusta el baloncesto no te puedes perder a estos Miami Heat. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores equipos de los que yo jamás haya sido testigo. Y si consiguen el anillo, opino que no habrá habido nada igual desde los Bulls del 72-10. Y pienso que el paso de los años les colocará en ese lugar -siempre y cuando alcancen la meta final del anillo-. Y me parece que se está obviando una singularidad de estos Heat, que reside en que están en disposición de dominar la liga durante un periodo extenso de tiempo sin un pívot dominador. Todos los dueños de la NBA durante la larga historia de esta liga atesoraban en sus filas un center relevante, desequilibrante. Desde Mikan, pasando por Russel, Chamberlain, Alcindor/Jabbar, hasta Shaquille O’neal, e incluso Reed y Olajuwon, cuyos equipos se engarzaron dos anillos en ambos casos. Sólo una excepción ha sido capaz de regentar la NBA con cruel tiranía: los Chicago Bulls de Michael Jordan.

Desde ahí, desde esos Bulls, y siempre desde mi punto de vista, hay dos equipos que me atraparon por su juego a pesar de que no fueron capaces de alcanzar la excelencia competitiva: Los Sacramento Kings de 2002  cuyo baloncesto de gourmet tocó con los dedos la gloria de la que se quedó a un par del peldaños y los Phoenix Suns que siempre tuvieron en San Antonio su baño de realidad. Precisamente los dos verdugos de estos paraísos del baloncesto vistoso fueron los amos en el ínterin entre aquellos Bulls y estos Heat. Siendo sincero, aquellos Lakers nunca me enamoraron, nunca terminaron de convencerme, jamás descubrí en ellos la emoción que me provocaba ver a los Bulls y que de nuevo comienza a nacer en mí cuando veo jugar a los de Southbeach. Es esa mastodóntica e insultante superioridad en su juego. Los Lakers de principios de milenio jamás la tuvieron. Contaban con el O´Neal más determinante y aun así, racaneaban.

Los Spurs se me antojan un caso diferente, especial. Su excelencia quizá nunca fue tan aguda, tan acusada, sino más bien crónica. Si no me equivoco, los tejanos acumulan con ésta catorce temporadas consecutivas superando las cincuenta victorias, algo que nunca nadie hizo antes y su botín han sido cuatro anillos como cuatro soles -aquello de que en año impar ganaban los Spurs- con el denominador común de contar con el mejor ala-pívot de la historia de este deporte y un genial estratega sentado en el banquillo. San Antonio adaptó (y adapta) su juego a las necesidades del guión y ha sido capaz de ganar matando partidos y dinamizándolos también. Alcanzando un nivel baloncestístico muy destacado y por cierto muy apreciado en Europa debido a su gusto por compartir el balón y circularlo en busca de la mejor opción de lanzamiento; jamás lograron someter al resto de la Liga de una manera tan absoluta como antaño hicieron Celtics y Lakers en los 80, los Bulls en los 90 y como hoy en día empieza a hacer Miami.

Porque lo de Miami es imponente. Comparto por completo que habiendo visto jugar a Michael Jordan no puedo decir que haya presenciado un jugador mejor que él, ni creo que lo vaya a hacer. Pero LeBron es el más asombrosamente completo. Esa definición de “un hombre que reúne el cuerpo de Karl Malone, las habilidades anotadoras de Bernard King, los fundamentos defensivos de Scottie Pippen, la plasticidad matadora de Dominique Wilkins y los talentos para pasar de Dennis Johnson” la comparto de manera absoluta. Diría incluso que mejor defensor todavía. La premisa de que todo se basa en su superioridad física, a estas alturas me produce hilaridad. Honestamente no creo que nadie que le esté viendo jugar regularmente pueda afirmar esto con argumentos. Su progreso es tan constante como evidente. A su ya amplio abanico de recursos, donde para mí por encima de todo ha mejorado en la toma de decisiones y destaca en su capacidad de finalizar y también de pase; esta temporada ha añadido algunos nuevos como el juego de espaldas al aro (que trabajó en verano con Olajuwon) y su enorme progreso en el tiro de larga distancia. Debe ser el físico lo que hace que meta prácticamente el 40% de los triples que tira esta temporada. O ese game-winner en Boston de hace unos días, con una perfecta parada y tiro, también debió ser puro físico. La supremacía de LeBron James en el baloncesto actual es descomunal, imperial. Es el ‘alpha dog‘ sin que absolutamente nadie pueda discutírselo. Ni Durant, ni Kobe. Lo único que le faltaba llegó cuando llegó el anillo: la paz interior, la tranquilidad que suponía librarse de toda la basura que arrastraba todo lo que con ‘the choosen one‘ tenía que ver. Una vez liberado de ese peso, ha aparecido el LeBron en absoluto preocupado por demostrar lo que fuere, sino del todo determinado por ganar.

Y a su amparo existen estos Miami Heat que si ningún equipo derrota (y hablo de NBA Finals, no de winning streak) pasaran a la historia como uno de los mejores equipos de este deporte. Pero también al calor de Wade y Bosh. Creo que no se puede discutir que la formación de este equipo fue controvertida, pero en cambio no creo que le falte nada de legitimidad. Respecto a la reunión de talento, es importante advertir varias cosas. Históricamente los Lakers han tirado de caché para hacerse con los mejores pívots de la Liga, desde Wilt, pasando por Jabbar, Shaq y hasta Howard. Los Rockets protagonizaron un intento parecido con la incorporación de Barkley y Pippen a un equipo que ya contaba con Olajuwon, pero sucede que fue escalonado a la vez que fallido y por supuesto no ha pasado a la historia más que por su fracaso. A los Celtics les salió bien y añadieron otro anillo. Pero claro, esto es otro nivel.

Aunque a decir verdad, parece que se nos olvida que Chicago, esos Bulls del 96, contaban con tres jugadores tan excelentes como estos Heat. Citamos a Jordan y Pippen, pero además estaba Dennis Rodman. Lo que pasa es que su especializado talento suele obviarse, cuando a mí, salvando las distancias, me recuerda mucho al sacrificio, renuncia y contención de Chris Bosh, que me resulta decisivo para que la maquinaria Heat funcione. Su sorda entrega no recibe más que críticas y hasta burlas, pero esa renuncia al ego vale anillos. También parece que Wade está quedando ensombrecido, sin embargo su temporada es sobresaliente, sobretodo desde el menosprecio del que fue objeto por parte de Charles Barkley, que ejerció como un wake up call que ha disparado al escolta nacido en Chicago en el momento más oportuno.

Con estos tres encajando a la perfección es el equipo y su excelencia lo que de verdad nos ocupa. El predominio exterior en la configuración de la plantilla a mí lo que me parece es lógico. Con tus dos principales jugadores siendo de lo mejor del planeta en cuanto a penetración a canasta y resultando ambos feroces finalizadores, no quieres tráfico en la pintura, lo que necesitas son tiradores efectivos con los pies en suelo desde el perímetro. En cuanto a la riqueza táctica, a la de los Bulls de Jordan me remito, que contaban con un ancla interior primero en Cartwight y después en Longley, aunque su importancia palidecía respecto al cuatro de turno, Grant y Rodman, respectivamente. Y en el caso de Miami, Bosh. A los Heat les falta un pívot como Dios manda y el sacrificio de Bosh en cuanto a la ganancia de peso va destinado a paliar esa carencia. Él es la referencia interior, cuando no lo está siendo LeBron de manera puntual. Porque al resto no les pidas maravillas de espaldas al aro. Sin embargo creo que la riqueza táctica no sale tan mal parada; el balón se mueve, circula, encuentra manos adecuadas en posiciones libradas, cotas sublimes en el penetrate and pitch… Y como pasa siempre cuando tienes un jugador tan superlativo, el resto ejercen el papel de planetas girando entorno al sol que es LeBron. Aunque éste, lejos de lo que se le acusaba en otra época, comparte el balón, decide con acierto y renuncia al egoísmo. Lo que pasó con Jordan y los Jordaniares tuvo su reflejo en los Lebrons de Cleveland. Pero como pasara en el primer caso, también se ha construido un equipo rodeando a James, lo que pasa es que en este caso ha sido en otra franquicia.

Miami tiene al mejor protagonista, a los dos mejores partenaires y después, a un elenco de secundarios que saben cuál es su trabajo y lo aplican con eficacia. Chalmers, Battier y Haslem ya estaban, la llegada de Andersen y un Allen ávido de anillos supone la guinda del pastel. El equipo funciona, juega y aplasta. Estéticamente calificaría a Miami como una deliciosa apisonadora. En cuanto a los rivales, cierto es que su mayor oposición se encuentra en la otra conferencia, con las facilidades que eso conlleva. No creo que muchos imaginen un camino complicado para Miami hasta la final y será allí, lógicamente, donde encuentren su rival más peligroso. Aunque ojo con esto, porque el año pasado los Celtics con Rondo y Garnett con el traje de superhéroes enfundado, fueron los que les brindaron la mayor oposición. Parece que ahora el Este no cuenta con algo así y tendrán que ser Thunder o Spurs los encargados. Aunque a día de hoy, no les veo capaces.

Luego, los playoffs son otra historia y no habrá que perderse detalle en esta edición. Porque creo que lo único que separa a estos Miami Heat de la leyenda son las dieciséis victorias en postemporada que significan el anillo. Por juego, por el influjo que ejercen en la liga, por su insultante superioridad, por que no es nada sencillo conseguir que una fórmula de esta magnitud funcione (no podemos obviar el mérito de un infravalorado Spoelstra); los Miami Heat de esta temporada, a mi modo de entender, son uno de esos equipos llamados a vivir para siempre en la historia más brillante de la NBA; como aquellos Lakers del 72, los Sixers del 81, los Celtics del 86, los Lakers del Showtime y especialmente, los Bulls del 96, desde los cuales, no me parece que haya existido ningún otro equipo del calado de estos Heat. Ahora bien, serán primero ellos mismos y después el paso del tiempo, los encargados de corroborar si esto es o no una realidad. Por lo pronto, creo que hemos pasado un buen rato charlando de baloncesto. No me parece mala recompensa de cualquiera de las maneras.

 

Iker Sagasti. @sagastiker