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Escribir es vivir

Estos dos vocablos se convierten en un binomio indisoluble en la figura del gran escritor y humanista José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013). Define su obra con la palabra “autenticidad”, término que también se le podría atribuir a su persona.

Madruga para escribir, porque es cuando las ideas le vienen, y escribe sobre una tabla apoyada en los brazos del sillón. ”La lentitud mayor sin ordenador me acerca más a mi propia obra y la hace más mía. (…) La tremenda facilidad para corregir que ofrece el ordenador destruye los pequeños defectos que son esenciales para el estilo de cada uno y que dan vida a la obra. No me interesa tanto la “perfección” que se logra a cambio.”

Escribe por una necesidad interior y eso le lleva a vivir lo que ha escrito. Nunca ha trabajado buscando fama o dinero. Y es que el éxito le llegó en los años ochenta cuando llevaba desde los cincuenta publicando. Lo que sí ha necesitado siempre es la respuesta de los lectores, ser querido. Porque ese trabajo solitario del escritor lo compara al naufrago que escribe desde una isla, y la botella que lanza al mar considera que es la novela.

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El párrafo como órgano facilitador de la lectura

El párrafo es una unidad puente entre la oración y el texto. Constituye una parada que permite a quien lo lee descansar en el recorrido de la lectura. Cuando se termina un párrafo se usa el punto y aparte, lo que equivale al final de esa unidad informativa, a esa corta pausa en la lectura y también a un pequeño resumen que hace el lector antes de continuar.

Estrella Montolío es quien ha examinado el tema en profundidad y de cuyo análisis nos hemos servido. Licenciada en Filología Hispánica, Doctora en Filología Hispánica por la Universitat de Barcelona y profesora titular en esta misma universidad. Tiene un dominio profundo del lenguaje, de donde procede su capacidad para comprender el proceso de comunicación de manera global. Del libro más conocido entre sus estudiantes hemos extraído toda esta información: Manual de Escritura académica y profesional (Ariel Letras, 2014, volumen I). Contiene muchos temas interesantes (puntuación, acentuación, cohesión, planificación, léxico…) y necesarios para cualquier escritor que cuide su escritura. No sólo se analizan los contenidos, sino que hay abundantes ejemplos y ejercicios para aprender. Nosotros únicamente nos hemos detenido en el tema relacionado con el párrafo y titulado: “El párrafo en la escritura del siglo XXI: una unidad adaptativa”.

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El corrector de textos en el punto de mira

Con este artículo queremos ensalzar ese oficio histórico que surgió con la aparición de la imprenta y para el que hacen falta una gran concentración y muchos conocimientos generales y que ―a la vista de los errores que, diariamente, aparecen en las ediciones tanto de prensa como de libros― está en horas bajas: el corrector de textos.

Vamos a comenzar por traer a colación una de las premisas que se lanzaron en el X Seminario internacional de lengua y periodismo: Los correctores hacen mejores escritores y periodistas. Según lo vemos nosotros, un texto bien escrito es la mejor tarjeta de presentación tanto para un particular como para el más laureado de los literatos.

El 27 de octubre se celebra su día, el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Fue instaurado en el año 2006 por la Fundación Litterae de Argentina y se puso en honor al pensador y humanista Erasmo de Rotterdam por coincidir con su natalicio. Desde entonces hemos visto cómo este oficio ha ido evolucionando o, mejor dicho, se ha especializado en función de su objetivo: corrector de estilo, verificador de hechos y lector de sensibilidad, que está haciendo fortuna últimamente.

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Bob Dylan y su Nobel

Son mis canciones literatura?” Tras la aprobación del Premio Nobel de Literatura, el propio Robert Allen Zimmerman (su admiración por el poeta Dylan Thomas le llevó a adoptar el seudónimo de Bob Dylan) se manifestó así. En ese momento, muchos consideraron a Leonard Cohen como un candidato más acorde, puesto que él declaró que nació con la ambición de ser escritor. La polémica está servida; si el mismo premiado se lo cuestiona, ¿qué no dirán los demás? Nuestra intención es presentar todas las voces que han expuesto algo significativo al respecto.

He aquí las opiniones de los que se expresaron a favor de la concesión del premio: “El Nobel de este año está justificado y es merecido. Este premio significa una necesaria apertura conceptual, en un sentido antiacadémico y moderno”, lo sentencia el poeta Juan Bufill. “A ver si recordamos que la poesía de los trovadores toda fue escrita para ser cantada. Y nadie lo discute», indica Pere Gimferrer. Otro escritor, Joan-Lluís Lluís, recalca: “Me satisface enormemente porque así que sea un poco más fácil defender que la canción no es solo un estilo musical sino un género literario completo». Lorenzo Silva ha indicado que él no dirá que no tenga mérito literario o que no merezca recibir el Premio. Y Jaume Subirana está convencido de que “a veces está bien aceptar que la literatura puede ser (y quiere ser) más cosas que lo que nosotros creemos o de lo que nos gusta”.

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El arte de ser escritor

Este título tan rimbombante corresponde al libro escrito por Ramón Sanchís Ferrándiz, que pretende ser algo más que un manual de escritura creativa. Su autor es ingeniero de profesión y miembro del Instituto Internacional Hermés para el estudio e investigación de las ciencias humanas. Se declara amante de las humanidades y también apasionado de la escritura desde que era adolescente. “Escribo por una necesidad interior, vocacional, y atávica que no puedo evitar. Su unión con la escritura y la lectura lo refleja en los talleres que ha impartido. Es profesor titular del taller “El libro Durmiente” que comparte título con el Club de Lectura fundado por Marcos Rodes.

El arte de ser escritor (Brainbooks, 2015), en su segunda edición, está compuesto por dos volúmenes: el primero analiza las técnicas propias de la narrativa (descripciones, construcción de personajes, del argumento y la trama, de las escenas, el ritmo y el tono, la intriga y el suspense, la estructura de los cuentos y las novelas, etcétera); el segundo versa sobre las técnicas básicas de la escritura (composición de un texto, de las frases y los párrafos, uso de los verbos y los signos de puntuación, errores frecuentes al escribir, etcétera) con una serie de ejemplos sobre cómo ha de redactarse un artículo, una nota de prensa, una columna periodística, una reseña crítica, un informe, una crónica, etcétera”.

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La invasión de los neologismos

Hecho: El español es la lengua oficial de más de 20 países: Argentina, Bolivia (junto con el quechua y el aymara), Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guinea Ecuatorial (junto con el francés), Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay (junto con el guaraní), Puerto Rico, Perú (junto con el quechua y el aymara), República Dominicana, Sahara Occidental (junto con el árabe), España (junto con el catalán, vasco y gallego), Uruguay, Venezuela.

Hecho: Junto con el árabe, chino, francés, inglés y ruso, el español es uno de los seis idiomas oficiales de la Organización de Naciones Unidas.

HechoTras el chino mandarín, es la lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como lengua materna (472 millones). Y la tercera, en Internet.

¿Por qué, entonces, el nuevo diccionario de la RAE ha retirado 1.350 términos antiguos que ya no se usan, pero ha admitido 5.000 nuevos, muchos de ellos procedentes del inglés? Pues, principalmente, por dos causas: porque el inglés es la lengua más usada en Internet (26,3 % del total), a pesar de ser la lengua materna de solo 375 millones de personas, y porque tiene el honor de utilizarse como lengua internacional de la ciencia, lo que da como consecuencia la inevitable importación de muchos términos de ese idioma a todos los demás, incluido el nuestro.

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La literatura juvenil a debate

Como se puede comprobar en los listados de libros más vendidos que aparecen en Internet, los términos de literatura infantil y juvenil están profundamente unidos en el panorama editorial español. Si a esto añadimos que muchos piensan que la literatura juvenil es un fenómeno inexistente fruto de los mercados y las editoriales, nos damos cuenta de lo difícil que es analizarla por separado.

Con la obra Matilda, de Roald Dahl pasa algo muy curioso. Es uno de los 100 mejores libros juveniles de todos los tiempos, según la revista Time y sin embargo ese libro, y en general toda la obra de Roald Dahl (con cuya mención le homenajeamos en el centenario de su nacimiento), es muy leída también por adultos. En ocasiones así, las etiquetas pueden estar de más y en literatura, como vemos en este caso, únicamente son útiles para distribuir los libros en las librerías.

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Escribir novela negra

Estas tres palabras contenidas en el título del libro desvelan su interior. Se dan consejos sobre la escritura de la novela en general y sobre la novela negra, en particular. Se analizan varias novelas para mostrar todos los recursos que ayudarán al futuro novelista. El autor del mismo es el fecundo escritor británico H.R.F. Keating (1926-2011). Es quien, tras crear un gran número de clásicas novelas de detectives, publicó varios ensayos relacionados. Además fue presidente de la Crime Writers’ Association entre 1970 y 1971 y presidente del Detection Club entre 1985 y 2000.

Keating insiste en que una novela negra tiene como finalidad el entretenimiento y como tema principal el asesinato en todas sus variantes. Es además una ficción que antepone siempre el lector al escritor; hay un pacto invisible con él, un pacto con el que se trata de no engañarle, de jugar limpio. En ese pacto está el que dentro de los posibles sospechosos se esconda el asesino. Este tipo de novelas resultan atrayentes porque tanto el crimen como el mal existen. El mal es lo que más fascina al ser humano, se manifiesta en nuestra propia naturaleza o surge en las relaciones entre los seres humanos.

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La RAE, una gran tortuga laboriosa

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, Dislate significa “disparate” y Arcaísmo, “elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. De dislates, arcaísmos y torpes definiciones está el DRAE lleno, en opinión del escritor mejicano Juan Domingo Argüelles. Si sus más de 600 académicos (contando las veintidós corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española) se dedicaran a revisar el diccionario, que en su edición compacta tiene 2349 páginas, no tocaría a más de cuatro páginas por académico. No parece ardua esta tarea si tenemos en cuenta el lema que acuñaron allá por 1715: limpiar, fijar y dar esplendor.

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Estilo rico, estilo pobre

Este es el título de un libro que ha sido todo un hallazgo. Nos ha abierto los ojos y nos ha hecho estar alerta ante lo que leemos y escuchamos. Cada vez que nos ponemos a redactar un artículo, ¡miedo nos da! escribir cualquier frase. Ojalá todas nuestras palabras sean las adecuadas para hacer un pequeño resumen de lo que contiene. Está dirigido a esas personas que realmente se preocupan por la forma de expresión, por escribir sin muletillas, con las palabras exactas y necesarias.

El español no es la lengua materna de Luis Magrinyá (Palma de Mallorca, 1960) y esa distancia que mantiene de observador y aprendiz le ha valido para darse cuenta de todos los errores que se cometen. Filólogo, traductor, trabajó en la RAE y es escritor de varios libros de cuentos y de una novela.

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