Diario Vasco
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Bob Dylan y su Nobel

Son mis canciones literatura?” Tras la aprobación del Premio Nobel de Literatura, el propio Robert Allen Zimmerman (su admiración por el poeta Dylan Thomas le llevó a adoptar el seudónimo de Bob Dylan) se manifestó así. En ese momento, muchos consideraron a Leonard Cohen como un candidato más acorde, puesto que él declaró que nació con la ambición de ser escritor. La polémica está servida; si el mismo premiado se lo cuestiona, ¿qué no dirán los demás? Nuestra intención es presentar todas las voces que han expuesto algo significativo al respecto.

He aquí las opiniones de los que se expresaron a favor de la concesión del premio: “El Nobel de este año está justificado y es merecido. Este premio significa una necesaria apertura conceptual, en un sentido antiacadémico y moderno”, lo sentencia el poeta Juan Bufill. “A ver si recordamos que la poesía de los trovadores toda fue escrita para ser cantada. Y nadie lo discute», indica Pere Gimferrer. Otro escritor, Joan-Lluís Lluís, recalca: “Me satisface enormemente porque así que sea un poco más fácil defender que la canción no es solo un estilo musical sino un género literario completo». Lorenzo Silva ha indicado que él no dirá que no tenga mérito literario o que no merezca recibir el Premio. Y Jaume Subirana está convencido de que “a veces está bien aceptar que la literatura puede ser (y quiere ser) más cosas que lo que nosotros creemos o de lo que nos gusta”.

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El arte de ser escritor

Este título tan rimbombante corresponde al libro escrito por Ramón Sanchís Ferrándiz, que pretende ser algo más que un manual de escritura creativa. Su autor es ingeniero de profesión y miembro del Instituto Internacional Hermés para el estudio e investigación de las ciencias humanas. Se declara amante de las humanidades y también apasionado de la escritura desde que era adolescente. “Escribo por una necesidad interior, vocacional, y atávica que no puedo evitar. Su unión con la escritura y la lectura lo refleja en los talleres que ha impartido. Es profesor titular del taller “El libro Durmiente” que comparte título con el Club de Lectura fundado por Marcos Rodes.

El arte de ser escritor (Brainbooks, 2015), en su segunda edición, está compuesto por dos volúmenes: el primero analiza las técnicas propias de la narrativa (descripciones, construcción de personajes, del argumento y la trama, de las escenas, el ritmo y el tono, la intriga y el suspense, la estructura de los cuentos y las novelas, etcétera); el segundo versa sobre las técnicas básicas de la escritura (composición de un texto, de las frases y los párrafos, uso de los verbos y los signos de puntuación, errores frecuentes al escribir, etcétera) con una serie de ejemplos sobre cómo ha de redactarse un artículo, una nota de prensa, una columna periodística, una reseña crítica, un informe, una crónica, etcétera”.

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La invasión de los neologismos

Hecho: El español es la lengua oficial de más de 20 países: Argentina, Bolivia (junto con el quechua y el aymara), Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guinea Ecuatorial (junto con el francés), Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay (junto con el guaraní), Puerto Rico, Perú (junto con el quechua y el aymara), República Dominicana, Sahara Occidental (junto con el árabe), España (junto con el catalán, vasco y gallego), Uruguay, Venezuela.

Hecho: Junto con el árabe, chino, francés, inglés y ruso, el español es uno de los seis idiomas oficiales de la Organización de Naciones Unidas.

HechoTras el chino mandarín, es la lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como lengua materna (472 millones). Y la tercera, en Internet.

¿Por qué, entonces, el nuevo diccionario de la RAE ha retirado 1.350 términos antiguos que ya no se usan, pero ha admitido 5.000 nuevos, muchos de ellos procedentes del inglés? Pues, principalmente, por dos causas: porque el inglés es la lengua más usada en Internet (26,3 % del total), a pesar de ser la lengua materna de solo 375 millones de personas, y porque tiene el honor de utilizarse como lengua internacional de la ciencia, lo que da como consecuencia la inevitable importación de muchos términos de ese idioma a todos los demás, incluido el nuestro.

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La literatura juvenil a debate

Como se puede comprobar en los listados de libros más vendidos que aparecen en Internet, los términos de literatura infantil y juvenil están profundamente unidos en el panorama editorial español. Si a esto añadimos que muchos piensan que la literatura juvenil es un fenómeno inexistente fruto de los mercados y las editoriales, nos damos cuenta de lo difícil que es analizarla por separado.

Con la obra Matilda, de Roald Dahl pasa algo muy curioso. Es uno de los 100 mejores libros juveniles de todos los tiempos, según la revista Time y sin embargo ese libro, y en general toda la obra de Roald Dahl (con cuya mención le homenajeamos en el centenario de su nacimiento), es muy leída también por adultos. En ocasiones así, las etiquetas pueden estar de más y en literatura, como vemos en este caso, únicamente son útiles para distribuir los libros en las librerías.

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Escribir novela negra

Estas tres palabras contenidas en el título del libro desvelan su interior. Se dan consejos sobre la escritura de la novela en general y sobre la novela negra, en particular. Se analizan varias novelas para mostrar todos los recursos que ayudarán al futuro novelista. El autor del mismo es el fecundo escritor británico H.R.F. Keating (1926-2011). Es quien, tras crear un gran número de clásicas novelas de detectives, publicó varios ensayos relacionados. Además fue presidente de la Crime Writers’ Association entre 1970 y 1971 y presidente del Detection Club entre 1985 y 2000.

Keating insiste en que una novela negra tiene como finalidad el entretenimiento y como tema principal el asesinato en todas sus variantes. Es además una ficción que antepone siempre el lector al escritor; hay un pacto invisible con él, un pacto con el que se trata de no engañarle, de jugar limpio. En ese pacto está el que dentro de los posibles sospechosos se esconda el asesino. Este tipo de novelas resultan atrayentes porque tanto el crimen como el mal existen. El mal es lo que más fascina al ser humano, se manifiesta en nuestra propia naturaleza o surge en las relaciones entre los seres humanos.

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La RAE, una gran tortuga laboriosa

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, Dislate significa “disparate” y Arcaísmo, “elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. De dislates, arcaísmos y torpes definiciones está el DRAE lleno, en opinión del escritor mejicano Juan Domingo Argüelles. Si sus más de 600 académicos (contando las veintidós corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española) se dedicaran a revisar el diccionario, que en su edición compacta tiene 2349 páginas, no tocaría a más de cuatro páginas por académico. No parece ardua esta tarea si tenemos en cuenta el lema que acuñaron allá por 1715: limpiar, fijar y dar esplendor.

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Estilo rico, estilo pobre

Este es el título de un libro que ha sido todo un hallazgo. Nos ha abierto los ojos y nos ha hecho estar alerta ante lo que leemos y escuchamos. Cada vez que nos ponemos a redactar un artículo, ¡miedo nos da! escribir cualquier frase. Ojalá todas nuestras palabras sean las adecuadas para hacer un pequeño resumen de lo que contiene. Está dirigido a esas personas que realmente se preocupan por la forma de expresión, por escribir sin muletillas, con las palabras exactas y necesarias.

El español no es la lengua materna de Luis Magrinyá (Palma de Mallorca, 1960) y esa distancia que mantiene de observador y aprendiz le ha valido para darse cuenta de todos los errores que se cometen. Filólogo, traductor, trabajó en la RAE y es escritor de varios libros de cuentos y de una novela.

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La novela romántica española

Estamos en Europa finales del XVIII y principios del XIX. Un sistema liberal defiende la soberanía popular y las libertades individuales de pensamiento y expresión. Aparece una sociedad de clases que aúpa a la burguesía al poder y se lo niega a la nobleza. Irrumpen las máquinas y los inventos con la revolución industrial y el capitalismo se consolida. El racionalismo entra en crisis y surge un nuevo concepto de cultura y de pensamiento, más idealista, siguiendo los pasos de Hegel y dejando de lado las enseñanzas de Kant.

En este ambiente socio-político surge el Romanticismo literario. Un movimiento cuya característica principal es el exceso. En todo. Más que una tendencia literaria o artística, el Romanticismo fue un concepto de vida distinto. Se buscaba el idealismo extremo, exagerado, que en muchas ocasiones sufría un violento choque con la realidad miserable y materialista del momento. Esto causaba una gran decepción interna que llevaba a los escritores, con frecuencia, a acabar con su propia vida. De hecho, la mayoría de los románticos murieron jóvenes. Buscaban, en su forma de expresarse, un lenguaje que sorprendiera al lector. De ahí la utilización de un léxico sonoro, una rica adjetivación, abuso de exclamaciones interrogaciones e hipérboles. Es decir, todo aquello que sirviera para enfatizar las emociones.

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Claves para escribir un buen cuento

Escribir un cuento no es difícil siempre que se tenga una historia que contar y cierto conocimiento de los recursos narrativos. Pero si se trata de escribir un “buen” cuento…, eso ya es harina de otro costal. Qué mejor que ir pasito a pasito, dando pautas.

El cuento como tal tiene vida propia; los personajes en
él inmersos deben, al menos, dar la ilusión de tener
una voluntad ajena de la del autor o del mismo lector.
Ese es el signo de un gran cuento, un microcosmos
encerrado en las hojas de papel (J. Cortázar).

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La inspiración y el estilo

Nos hemos atrevido a profundizar en el escritor Juan Benet (1927-1993). Sobre este “autor por horas” ―como él se autodefinía― que escribió tanto y que cultivó diferentes géneros (novela, relatos, ensayo, teatro…) existen miles de artículos, entrevistas… Pero tal vez no se conozca su afición a la pintura, su personalidad, su estilo singular… sepan que su nombre debe pronunciarse con el acento en la segunda ′e′. Y, por qué no decirlo, sus metáforas rebuscadas, su dificultad, su aridez y su complejidad de pensamiento.

Juan Benet era ingeniero (“una profesión noble, no como otras”, en su opinión) y tenía fama de antipático ―aunque Javier Marías decía de él que “era el hombre más gracioso y encantador de la tierra”―. Pero aquí nos vamos a ocupar de su faceta de escritor, o más precisamente de ensayista literario con el libro que publicó en 1965 La inspiración y el estilo. Pensamos que para conocer a un escritor hay que leerle. De ahí que nos hayamos limitado a extraer fragmentos donde define y comenta estos dos pilares de la escritura.

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