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Categoría: Consejos para escribir
El oficio de traductor

Hoy, 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo, se celebra el Día Internacional de la Traducción, una iniciativa anual que rinde homenaje a los traductores y reconoce su papel esencial en la transmisión del conocimiento. Es una fecha oportuna para investigar su labor y reconocer su mérito, muy poco valorado en un mundo cultural sometido a la egolatría de los escritores consagrados.

Cuando nos disponemos a leer un libro, por lo general, ninguno de nosotros se plantea si está traducido o no. Mientras lo leemos o al finalizarlo, si no nos ha gustado, entonces buscaremos culpables o decidiremos no volver a leer a ese autor. Pero también existe la posibilidad de que no esté bien escrito o de que, quizá, no esté bien traducido. A veces, basta con cambiar de editorial para que esa obra nos entusiasme: el traductor es otro.

Detrás de la creación de una novela no sólo está el escritor, en ocasiones, también el traductor, ese eslabón invisible al que debemos agradecer su esfuerzo para acomodar el contenido de la obra a nuestro idioma. Porque todos sabemos que entender un idioma no es suficiente para trasladar lo literario, es decir, esa forma determinada, única en cada escritor, que nos hace vibrar, recordar y sobre todo deleitarnos con lo que estamos leyendo. Si somos capaces de diseccionar cada paso que conlleva esta transformación o acomodación de un idioma a otro, comprenderemos mejor el trabajo de estas personas. Porque aquí nos incumbe la traducción literaria y esta no es una tarea banal.

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El párrafo como órgano facilitador de la lectura

El párrafo es una unidad puente entre la oración y el texto. Constituye una parada que permite a quien lo lee descansar en el recorrido de la lectura. Cuando se termina un párrafo se usa el punto y aparte, lo que equivale al final de esa unidad informativa, a esa corta pausa en la lectura y también a un pequeño resumen que hace el lector antes de continuar.

Estrella Montolío es quien ha examinado el tema en profundidad y de cuyo análisis nos hemos servido. Licenciada en Filología Hispánica, Doctora en Filología Hispánica por la Universitat de Barcelona y profesora titular en esta misma universidad. Tiene un dominio profundo del lenguaje, de donde procede su capacidad para comprender el proceso de comunicación de manera global. Del libro más conocido entre sus estudiantes hemos extraído toda esta información: Manual de Escritura académica y profesional (Ariel Letras, 2014, volumen I). Contiene muchos temas interesantes (puntuación, acentuación, cohesión, planificación, léxico…) y necesarios para cualquier escritor que cuide su escritura. No sólo se analizan los contenidos, sino que hay abundantes ejemplos y ejercicios para aprender. Nosotros únicamente nos hemos detenido en el tema relacionado con el párrafo y titulado: “El párrafo en la escritura del siglo XXI: una unidad adaptativa”.

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El arte de ser escritor

Este título tan rimbombante corresponde al libro escrito por Ramón Sanchís Ferrándiz, que pretende ser algo más que un manual de escritura creativa. Su autor es ingeniero de profesión y miembro del Instituto Internacional Hermés para el estudio e investigación de las ciencias humanas. Se declara amante de las humanidades y también apasionado de la escritura desde que era adolescente. “Escribo por una necesidad interior, vocacional, y atávica que no puedo evitar. Su unión con la escritura y la lectura lo refleja en los talleres que ha impartido. Es profesor titular del taller “El libro Durmiente” que comparte título con el Club de Lectura fundado por Marcos Rodes.

El arte de ser escritor (Brainbooks, 2015), en su segunda edición, está compuesto por dos volúmenes: el primero analiza las técnicas propias de la narrativa (descripciones, construcción de personajes, del argumento y la trama, de las escenas, el ritmo y el tono, la intriga y el suspense, la estructura de los cuentos y las novelas, etcétera); el segundo versa sobre las técnicas básicas de la escritura (composición de un texto, de las frases y los párrafos, uso de los verbos y los signos de puntuación, errores frecuentes al escribir, etcétera) con una serie de ejemplos sobre cómo ha de redactarse un artículo, una nota de prensa, una columna periodística, una reseña crítica, un informe, una crónica, etcétera”.

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Claves para escribir un buen cuento

Escribir un cuento no es difícil siempre que se tenga una historia que contar y cierto conocimiento de los recursos narrativos. Pero si se trata de escribir un “buen” cuento…, eso ya es harina de otro costal. Qué mejor que ir pasito a pasito, dando pautas.

El cuento como tal tiene vida propia; los personajes en
él inmersos deben, al menos, dar la ilusión de tener
una voluntad ajena de la del autor o del mismo lector.
Ese es el signo de un gran cuento, un microcosmos
encerrado en las hojas de papel (J. Cortázar).

1.- Selección. En primer lugar hay que tener una noción del tema, de lo que queremos contar. En este punto destacamos como primer requisito esencial: la selección. La regla de oro del arte literario es omitir, decía StevensonEs primordial elegir aquellos datos que son relevantes para la historia. En nuestra cabeza bullen muchas ideas, grandes temas, pero no vale todo; sólo aquello que llegue, incluso, a obsesionar. El conjunto de elementos que el autor tendrá que volcar sobre el papel (los personajes, los eventos y la atmósfera…) puede provocar molestia y angustia. Por eso afirma Cortázar que escribir es de alguna manera exorcizar.

2.- Unidad. Una vez que tenemos claro este punto, hay que centrarse en contar una única historia, un único tema, y hacerlo de manera concentrada ―ya que disponemos de muy poco espacio― para conseguir que cada descripción, cada escena aporte un nuevo dato que, a su vez, genere la intensidad narrativa que necesitamos.

3.- Tensión interna. Esa intensidad crea una cierta atmósfera y la tensión interna hace que el lector se pregunte qué sucederá a continuación. Hay que evitar la mala intriga, esa que proviene de la sucesión absurda y accidental de acontecimientos. Cada línea tendrá que añadir información, será necesario seleccionar los acontecimientos, disponerlos en el sentido que más convenga a la trama para acceder al resultado final; ese del que, en palabras de J. Cortázar, se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco.

Pero antes hay que escoger el punto de vista narrativo adecuado al desarrollo de la historia, analizar cómo se puede contarla, las distintas posibilidades disponibles, fijar dónde se coloca el narrador y qué puede expresar desde esa posición. Pensar en el tiempo, cuándo se van a desarrollar los hechos: en presente o tal vez convenga que el narrador lo cuente desde el pasado, conozca toda la historia y haya sido testigo de los acontecimientos. Y también tener en cuenta el espacio narrativo en el que se mueven los personajes y que aparecerá más o menos descrito en función de la importancia de la vida que practican.

Recordé que siempre me han irritado los relatos donde
los personajes tienen que quedarse como al margen
mientras el narrador explica por su cuenta (J. Cortázar).

4.- PrefiguraciónLa prefiguración nos prepara, sin saberlo, para el final, nos insinúa lo que va a suceder, pero escatimándonos el desenlace. Son pequeños hilos que el escritor va tirando. Aquí entra en juego la importancia de las repeticiones que dan continuidad a la trama. Para conseguir que la historia se proyecte en la mente del lector de un modo ligado y continuo, las repeticiones harán que la atención del lector se deslice de una frase a otra y de una acción a otra, sin un especial esfuerzo por su parte.

5.- Verosimilitud. Es necesario detallar con precisión cada escena para crear dentro del cuento un marco espacio-temporal reconocible o al menos muy bien definido, con el fin de persuadir al lector de que la historia es posible y, por lo tanto, de que el conjunto de la trama adquiere verosimilitud.

6.- Mostrar en lugar de decirLos buenos escritores pueden decir casi todo lo que tiene lugar en la ficción que escriben, salvo los sentimientos de los personajes. Esta cita de Gardner expresa muy bien la idea de que los sentimientos no hay que explicarlos, sino que deben ser sugeridos mediante acciones de los personajes para que el lector los perciba sin filtros.

En resumen, un buen cuento debe ser breve, de intensidad creciente, debe producir en el lector una gran impresión y todo, en él, ha de ser significativo y verosímil. Esas son las cualidades que califican a un buen relato para que resulte inolvidable, para que el lector se adentre en él y le deje huella.

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Pautas de escritura literaria

Construir un relato no es tarea fácil. Escribir es algo más que utilizar los dedos de tu mano en el teclado del ordenador. Hasta que no te pones a ello, no eres consciente del gran abismo que hay entre lo que tienes en la mente y lo que has plasmado en la hoja. Ese paso es el primer obstáculo al que te debes enfrentar. Luego llegará la buena utilización del lenguaje, la claridad de ideas, la necesidad de transmitir un mensaje, condición que todo relato ha de de poseer. Pero no te desanimes. Todo lo contrario. Lo fundamental es que tengas seguridad en ti mismo y que seas consciente de que cuanto más leas y escribas, mejor. La práctica constante te ayudará.

Quizá tú eras de los que creías que escribir sólo está al alcance de unos pocos iluminados que han sido tocados por la gracia del talento. Pero un buen día te armaste de valor y te sentaste frente a la pantalla con una idea muy clara incrustada en tu mente: “Tengo algo que decir… y lo voy a decir”. Entonces te diste cuenta de tu yerro ─si fuiste capaz de superar el tormento del comienzo─, descubriste que, con algo de esfuerzo, el parnaso no es un club cerrado de privilegiados, sino a asequible a quien lo persigue… y te sentiste reconfortado.

Porque, como dice Enrique Vila Matas. “Escribir vale la pena, no conozco nada más atractivo que la actividad de escribir, aunque al mismo tiempo haya que pagar cierto tributo por ese placer”. Entrarás así en el ámbito privilegiado de los que se han percatado del poder mágico que ofrece la literatura para crear un mundo a tu medida, para exponer a través de los personajes tus opiniones y tu manera de entender la sociedad en que vives.

1.- Lo más importante

Escribir la historia tal cual te viene o tal cual la tienes planeada en tu mente. Una vez escrita, déjala reposar y a los días léela buscando una cierta distancia, es decir, pensando: ¿qué pone aquí? ¿qué es esto que estoy leyendo? Esta distancia te hará colocarte en el lugar del lector.

Contar lo justo. No es bueno querer contar todo. Evita insertar todas las ideas que tienes en la mente, no quieras meter todas en la misma historia. Ahora puede ser el momento de tachar, eliminar lo sobrante, lo que está de más, lo que no aporta, lo que se repite.

Escribir de forma literaria. Es importante no olvidar que hacer literatura es, por encima de todo, imaginar. Porque si uno opta por contar sus historias, por decir lo que piensa y no piensa, por filosofar e intentar convencer a los otros, entonces se convierte en ensayista sin querer, y lo malo es hacerlo sin querer.

Sugerir. Trata de no mencionar los sentimientos, que sean los propios personajes quienes los demuestren y que sea el lector el que deduzca su estado de ánimo.

2.- Lo que no debe faltar

Claridad. Tienes que comprobar que la historia se entiende, que se sigue sin problema. Que haya claridad en lo que se cuenta y que se cuenta lo imprescindible.

Sencillez. Empieza por la sencillez en la trama y en el lenguaje. Luego irás complicando ambas cuando adquieras mayor destreza. Excluye lo barroco, lo abstracto… porque puedes cansar al lector.

Originalidad. Es el sueño de todo escritor. A veces está más cerca de lo que piensas. Todo está escrito, sí. Todos los temas están tratados, sí. Pero la originalidad puede venir de lo que cuentas dándole, por ejemplo, un punto de vista distinto. También se puede ser original en la forma de contar. “La originalidad de un autor no reside tan sólo en su estilo sino en su manera de pensar y en sus convicciones” (Anton Chejov).                       

Verosimilitud. Como tú también sabes, cualquier asunto es susceptible de ser tomado como tema central de nuestro relato y será la manera de moldearlo, la forma de tratar ese contenido esencial, lo que podrá despertar y mantener en el lector algún efecto. Procura que tus palabras parezcan una gran verdad, que lo sean, realmente, a los ojos del lector.

3.- A tener en cuenta:

Perspectiva narrativa. Adecúa lo que cuentas a quién lo cuenta. Echa mano de las diferentes posibilidades que te ofrece la técnica narrativa: externos a la historia o que formen parte de ella.

Tiempo. Objetivo (si es vital para la trama, sírvete de todas las posibilidades que te brinda el calendario, las referencias meteorológicas…) o subjetivo (a través de paradas de tiempo, flash backs…)

Personajes. No metas personajes  por meter, dales un papel, el lector debe ver la necesidad, el hueco, que ocupan en la historia. Además, trata de no demorar la presentación al personaje principal; facilítale el camino al lector que busca identificarse con él. “En  los cuentos, no son lo principal el mundo exterior, ni la narración interesante de vicisitudes históricas, sociales, sino el hombre interior, su pensamiento, su sentir, su voluntad” (Leopoldo Alas “Clarín”).

DiálogosIntenta que un diálogo no se convierta en un monólogo; que el primer personaje que tome la palabra no la suelte y acabe hablando él solo. Sírvete del estilo indirecto cuando lo que dicen los personajes no tiene mayor relevancia y, por lo tanto,  se puede resumir.

4.- Y también

Ajustar. Ten en cuenta que muchas veces cada trama tiene una forma determinada para ser escrita. Búscala, no te quedes con lo primero que te venga, hazla encajar.

Repeticiones. En esto hay una máxima: no importa repetir si se repite lo importante. Y siempre teniendo en cuenta que esa repetición aporte algo nuevo.

Un todo. Es primordial que siempre tengas presente que la historia es un todo; un conjunto en el que nada tiene que faltar ni nada tiene que sobrar.

Déjate aconsejar. Permite que los demás lean tu escrito y bríndales la oportunidad de que te ayuden a mejorarlo. Invítales a que te comuniquen su verdadero parecer; escucha lo que te sugieren y ponlo en práctica, siempre y cuando sean personas bregadas en el tema.

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