Diario Vasco
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Categoría: Cultura y democracia
El poder de la información

Supongamos que mandan a un periodista a cubrir una charla de un autor de prestigio. Supongamos que el tema de la charla no se toca más que de refilón. Supongamos, también, que para escribir el artículo echa mano de sus mejores dotes de redacción. Imaginemos, ahora, que nosotros hemos asistido a la misma charla y al día siguiente leemos ese artículo, lo que provoca que, en nuestro estado de ánimo, se genere una reacción en cadena: sorpresa, incredulidad, consternación, auto convencimiento y, al final, enfado.

Sorpresa, porque con solo cuatro datos, pero bien distribuidos y en párrafos perfectamente desarrollados, ha expuesto el tema.

Incredulidad, ya que no se puede expresar mejor; ha puesto en práctica todas las tácticas narrativas:

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Competencia lectora. Un pulso al informe PISA

Me ha gustado mucho Matilda,
porque es buena, pero pícara.

Este es el comentario de un niño de 12 años al finalizar la lectura de Matilda, de Roahl Dahl. Muestra perfectamente que ha entendido el alma y el carácter de la protagonista de la novela y, lo que es mejor, nos ha transmitido el gusto que ha sentido al darse cuenta de ello. Si lo tomáramos como una recomendación literaria, sería insuperable. En cuanto a competencia lectora se refiere, estaríamos rozando la excelencia.

Pero esto no es lo normal. La competencia lectora de los alumnos españoles está algo más alta que la media europea, pero por debajo de los países más desarrollados, de acuerdo con el informe PISA, correspondiente al año 2105:

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Preferiría no leer

Instructivo, atrevido, sincero, irónico y divertido, pero sobre todo afilado con las verdades absolutas. Así se muestra, en este ensayo, Víctor Moreno: navarro de Alesués-Villafranca, Doctor en Filología Hispánica, escritor, crítico y profesor de instituto que, además, es colaborador asiduo en radio, prensa y revistas de literatura.

Para muestra el título, Preferiría no leer (Pamiela, 2105), y un extracto del índice:

Primera parte: Saber leer no basta para hacerse lector

Una cita de Unamuno.
¿Por qué no quieren leer los adolescentes?
Las preguntas de nunca acabar.
¿Es necesario evaluar todo lo que se lee?
El contagio de la lectura.

Segunda parte: Valores “desagradables” de la lectura

El valor “desagradable” de la soledad.
El valor “desagradable” del silencio.
El valor “desagradable” de la autonomía.

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La lectura en el siglo XXI

Cuánto ha llovido desde aquel primer códice ―lo más parecido al libro de hoy en día― que encontramos en la Edad Media. Dejó de ser un rollo continuo para convertirse en un conjunto de hojas cosidas con forma rectangular. Desde ese momento fue posible acceder directamente a un punto preciso del texto. Después, poco a poco, vinieron las mejoras: la separación de las palabras, las mayúsculas y la puntuación; y más tarde las tablas de las materias y los índices, que facilitaron muchísimo la búsqueda de información.

Hoy, en el siglo XXI, hemos cambiado nuestra forma de leer y de mirar. Ahora, además de libros, leemos y miramos pantallas. Esto altera irremediablemente nuestra concepción del hecho lector y nuestra aprehensión de conocimientos, porque la pantalla no es solo un cambio de soporte, sino una profunda modificación en el modo de organizar los contenidos.

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La RAE, una gran tortuga laboriosa

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, Dislate significa “disparate” y Arcaísmo, “elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. De dislates, arcaísmos y torpes definiciones está el DRAE lleno, en opinión del escritor mejicano Juan Domingo Argüelles. Si sus más de 600 académicos (contando las veintidós corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española) se dedicaran a revisar el diccionario, que en su edición compacta tiene 2349 páginas, no tocaría a más de cuatro páginas por académico. No parece ardua esta tarea si tenemos en cuenta el lema que acuñaron allá por 1715: limpiar, fijar y dar esplendor.

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El futuro de las pensiones

El mundo de la cultura anda un tanto “revueltillo” desde que la Inspección de la Seguridad Social ha empezado a investigar las declaraciones fiscales de los artistas y creadores jubilados. Es sabido que algunos de ellos cobran una pensión de jubilación y, al mismo tiempo, reciben una remuneración en concepto de “derechos de autor”, lo cual sólo es posible si los ingresos obtenidos por tal concepto son inferiores al SMI (salario mínimo interprofesional), que actualmente es de 9.172,80 euros anuales, tal y como establece el decreto ley 5/2013.

La disposición entró en vigor el 17 de marzo de 2013, ya que, hasta esa fecha, las dos percepciones eran compatibles sin ninguna limitación. Ahora, si un ciudadano de más de 65 años quiere seguir ejerciendo su profesión ―no sólo la de escritor―, lo puede hacer, pero ha de renunciar previamente a la mitad de la pensión que le corresponde y darse de alta en la Seguridad Social  cotizando un 8% como “cuota de solidaridad” y un 1,35% para cubrir la contingencia de accidente laboral. Y si no la hace, perderá su pensión de todo un año, cada vez que perciba por cualquier concepto unos ingresos superiores al SMI.

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