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Categoría: El oficio de escribir
De qué habla Marukami

De la originalidad, de los lectores, de sus traducciones, de sus inicios, del béisbol, del jazz… En su ensayo De qué hablo cuando hablo de escribir (Tusquets, 2017) el escritor y traductor japonés Haruki Murakami (Kioto, 1949) repasa su periplo literario con la intención de dar a conocer cómo una persona humilde, honesta consigo misma y con los demás, llega a ser lo que es en el universo literario.

Pocos datos asoman de su vida personal: se casó y se vio en la necesidad de trabajar; abrió un bar donde organizaba conciertos de jazz. Posteriormente acabó sus estudios universitarios de Artes Escénicas. No le gustaba estudiar, por lo que nunca se esforzó demasiado (siete años le costó terminar la carrera). Se crio en una tranquila zona residencial, en el seno de una familia pequeño burguesa de asalariados. Leer fue su gran escuela. Si no hubiera leído tantos libros, mi vida habría sido más gris, apática, deprimente, incluso. En ellos aprendió muchas cosas importantes de la vida y no halló ni competitividad, ni reglas absurdas, ni juicios de valor.

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El oficio de traductor

Hoy, 30 de septiembre, festividad de San Jerónimo, se celebra el Día Internacional de la Traducción, una iniciativa anual que rinde homenaje a los traductores y reconoce su papel esencial en la transmisión del conocimiento. Es una fecha oportuna para investigar su labor y reconocer su mérito, muy poco valorado en un mundo cultural sometido a la egolatría de los escritores consagrados.

Cuando nos disponemos a leer un libro, por lo general, ninguno de nosotros se plantea si está traducido o no. Mientras lo leemos o al finalizarlo, si no nos ha gustado, entonces buscaremos culpables o decidiremos no volver a leer a ese autor. Pero también existe la posibilidad de que no esté bien escrito o de que, quizá, no esté bien traducido. A veces, basta con cambiar de editorial para que esa obra nos entusiasme: el traductor es otro.

Detrás de la creación de una novela no sólo está el escritor, en ocasiones, también el traductor, ese eslabón invisible al que debemos agradecer su esfuerzo para acomodar el contenido de la obra a nuestro idioma. Porque todos sabemos que entender un idioma no es suficiente para trasladar lo literario, es decir, esa forma determinada, única en cada escritor, que nos hace vibrar, recordar y sobre todo deleitarnos con lo que estamos leyendo. Si somos capaces de diseccionar cada paso que conlleva esta transformación o acomodación de un idioma a otro, comprenderemos mejor el trabajo de estas personas. Porque aquí nos incumbe la traducción literaria y esta no es una tarea banal.

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Escribir es vivir

Estos dos vocablos se convierten en un binomio indisoluble en la figura del gran escritor y humanista José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013). Define su obra con la palabra “autenticidad”, término que también se le podría atribuir a su persona.

Madruga para escribir, porque es cuando las ideas le vienen, y escribe sobre una tabla apoyada en los brazos del sillón. ”La lentitud mayor sin ordenador me acerca más a mi propia obra y la hace más mía. (…) La tremenda facilidad para corregir que ofrece el ordenador destruye los pequeños defectos que son esenciales para el estilo de cada uno y que dan vida a la obra. No me interesa tanto la “perfección” que se logra a cambio.”

Escribe por una necesidad interior y eso le lleva a vivir lo que ha escrito. Nunca ha trabajado buscando fama o dinero. Y es que el éxito le llegó en los años ochenta cuando llevaba desde los cincuenta publicando. Lo que sí ha necesitado siempre es la respuesta de los lectores, ser querido. Porque ese trabajo solitario del escritor lo compara al naufrago que escribe desde una isla, y la botella que lanza al mar considera que es la novela.

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El párrafo como órgano facilitador de la lectura

El párrafo es una unidad puente entre la oración y el texto. Constituye una parada que permite a quien lo lee descansar en el recorrido de la lectura. Cuando se termina un párrafo se usa el punto y aparte, lo que equivale al final de esa unidad informativa, a esa corta pausa en la lectura y también a un pequeño resumen que hace el lector antes de continuar.

Estrella Montolío es quien ha examinado el tema en profundidad y de cuyo análisis nos hemos servido. Licenciada en Filología Hispánica, Doctora en Filología Hispánica por la Universitat de Barcelona y profesora titular en esta misma universidad. Tiene un dominio profundo del lenguaje, de donde procede su capacidad para comprender el proceso de comunicación de manera global. Del libro más conocido entre sus estudiantes hemos extraído toda esta información: Manual de Escritura académica y profesional (Ariel Letras, 2014, volumen I). Contiene muchos temas interesantes (puntuación, acentuación, cohesión, planificación, léxico…) y necesarios para cualquier escritor que cuide su escritura. No sólo se analizan los contenidos, sino que hay abundantes ejemplos y ejercicios para aprender. Nosotros únicamente nos hemos detenido en el tema relacionado con el párrafo y titulado: “El párrafo en la escritura del siglo XXI: una unidad adaptativa”.

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El corrector de textos en el punto de mira

Con este artículo queremos ensalzar ese oficio histórico que surgió con la aparición de la imprenta y para el que hacen falta una gran concentración y muchos conocimientos generales y que ―a la vista de los errores que, diariamente, aparecen en las ediciones tanto de prensa como de libros― está en horas bajas: el corrector de textos.

Vamos a comenzar por traer a colación una de las premisas que se lanzaron en el X Seminario internacional de lengua y periodismo: Los correctores hacen mejores escritores y periodistas. Según lo vemos nosotros, un texto bien escrito es la mejor tarjeta de presentación tanto para un particular como para el más laureado de los literatos.

El 27 de octubre se celebra su día, el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Fue instaurado en el año 2006 por la Fundación Litterae de Argentina y se puso en honor al pensador y humanista Erasmo de Rotterdam por coincidir con su natalicio. Desde entonces hemos visto cómo este oficio ha ido evolucionando o, mejor dicho, se ha especializado en función de su objetivo: corrector de estilo, verificador de hechos y lector de sensibilidad, que está haciendo fortuna últimamente.

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El arte de ser escritor

Este título tan rimbombante corresponde al libro escrito por Ramón Sanchís Ferrándiz, que pretende ser algo más que un manual de escritura creativa. Su autor es ingeniero de profesión y miembro del Instituto Internacional Hermés para el estudio e investigación de las ciencias humanas. Se declara amante de las humanidades y también apasionado de la escritura desde que era adolescente. “Escribo por una necesidad interior, vocacional, y atávica que no puedo evitar. Su unión con la escritura y la lectura lo refleja en los talleres que ha impartido. Es profesor titular del taller “El libro Durmiente” que comparte título con el Club de Lectura fundado por Marcos Rodes.

El arte de ser escritor (Brainbooks, 2015), en su segunda edición, está compuesto por dos volúmenes: el primero analiza las técnicas propias de la narrativa (descripciones, construcción de personajes, del argumento y la trama, de las escenas, el ritmo y el tono, la intriga y el suspense, la estructura de los cuentos y las novelas, etcétera); el segundo versa sobre las técnicas básicas de la escritura (composición de un texto, de las frases y los párrafos, uso de los verbos y los signos de puntuación, errores frecuentes al escribir, etcétera) con una serie de ejemplos sobre cómo ha de redactarse un artículo, una nota de prensa, una columna periodística, una reseña crítica, un informe, una crónica, etcétera”.

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