Diario Vasco
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La iraní del Trueba
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Carlos Elorza | 02-08-2006 | 17:24

 


 



Desde hace unos diez días se proyecta en los cines de Gros “La Isla de Hierro”, una peli iraní. Participó en la Quincena de Realizadores de Cannes del año pasado, los programadores de festivales tan prestigiosos como Toronto o Telluride le hicieron un hueco, ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Gijón, llenó el Principal en el Encuentro de Cine y Derechos Humanos de Donostia, la crítica le da muchas estrellas, pero a pesar de todo, muchos aficionados al cine con prejuicios no se animan a pagar los casi 6 euros de la entrada (sí, sí, ya estamos al borde de las 1.000 pelas por película).




Y es que sobre todos estos factores a su favor, sigue pesando para algunos una losa: la peli es iraní. El reparo no tiene nada que ver con el racismo, sino con experiencias previas con el cine de ese país. Es innegable que es un cine que muchas veces suple su falta de medios con  talento, sensibilidad y capacidad de sugestión, pero también a menudo pide al espectador occidental mucha más paciencia y atención de la que está acostumbrado por culpa de la obviedad y la velocidad del cine y la televisión que vemos habitualmente. Es decir, para muchos el cine iraní es el arquetipo de la peli lenta y aburrida que no se entiende y que sólo gusta a los críticos y a minorías muy reducidas. Para muestra, Kiarostami el director iraní más famoso y premiado, pero también uno de los más exigentes para el espectador.




Sin embargo, “La isla de hierro” sin ser una obra maestra, se merece una oportunidad. Es una buena opción para públicos más amplios. A diferencia de lo que muchos esperan en el cine iraní, es una peli en la que continuamente ocurren cosas, llena de personajes y situaciones reconocibles, con imágenes muy poderosas y momentos de tensión casi insoportable. Además quien haga una lectura más profunda puede ver en ella una alegoría de la situación actual en Irán, cargada de símbolos y poesía, pero es posible disfrutar de “La isla de hierro” sin pensar en todo esto.


 


Sin lugar a dudas, mucho más estimulante que “Poseidón”, el otro barco que también se hunde, éste por la zona del Antiguo.

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