1.- Pablo Vicari, el premiado cocinero argentino que decidió lanzarse a la aventura en el Bukowski lo ha dejado. Parece que no ha encontrado acomodo esa curiosa mezcla de cocina, música y copas. Es una propuesta única y se da en muchas ciudades, ¿será verdad eso de que aquí somos tan diferentes? La gran diferencia de "aquí" son los precios astronómicos de los locales (alquiler y/o compra) que obliga a quedarse con la parte más rentable del negocio, esa es la lógica y tiene poca diferencia.
2.- El equipo de Rubén Trincado y Asier Abal se ha hecho cargo del Pasus de Zizurkil. Intentarán sujetar mejor los precios, harán una carta de vinos más racional e intentarán hacer del Pasus un local más popular, todo eso sin descuidar la cocina que es su fuerte. Que lo lleven a buen término.
La costumbre de pedir un "cavita" a los postres viene de lejos. Antiguamente los cavas hacían lo que podían con su calidad y había mucho disfraz entre seco, semi seco e, incluso, dulce. Un buen chute de azúcar al líquido podía enmascarar muchas imperfecciones y, además, el postre era un buen momento para darle al cava y a la celebración.
Con el paso del tiempo llegó la calidad de la uva, de las levaduras y del trabajo en bodega, llegó el Brut y el Brut Nature y aunque el cava se puso en otra división siguió sacándose al final de las comidas, junto con el postre al grito de "un cavita".
Hoy en día hay grandes cavistas que se dedican a recuperar la tradición y que con una gran nostalgia hacen cavas dulces para el postre, incluso hay quien te cuenta que en su casa, su madre les pide que hagan esos cavas porque los recuerdan de jóvenes.
Yo voy a recomendar uno que me ha impresionado hace bien poco. Parxet Cuvee Dessert, con ese nombre no hay duda de dónde lo quieren posicionar, es un cava rosado hecho con la uva pinot noir, tiene un gusto muy afrutado y entra ligero y, evidentemente, dulce. En este caso lo dulce no tiene nada que ver con disfrazar la calidad. En torno a los 10 euros es muy recomendable y seguro que sorprende al final de una comida.
Ustedes pueden tomar los cavas según y cómo les apetezcan, pero esta es una recomendación después de probar mucho. Hay un sitio para cada cosa y cada cosa debe estar en su sitio. Si quieren cava al final de una comida y en medio de los postres prueben con este.
No me gustan las guías de vinos. Suelen ser tediosas y aburridas. Nunca he sabido la diferencia entre un vino de 94 y uno de 92 puntos. Uno no sabe en qué condiciones se ha catado cada vino (cata a ciegas sí, pero directamente de la botella o decantados, cuánto tiempo llevan abiertos, a qué temperatura). Encima llevan publicidad que las hacen, cuando menos, sospechosas.
Pero creo que esta guía sí es recomendable. La Guía de Vinos 2008 de Viandar, la guía de vinos de Mikel Zeberio. Más de 2500 vinos catados y sólo aparecen algo más de 600 que merecen más de 80 puntos. La gran diferencia es que el prólogo se dedica a una serie de artículos escritos por profesionales del mundo del vino que van desde un distribuidor, las copas para el vino o el diseño gráfico de etiquetas. Los capítulos dedicados a cada región los introduce un profesional de la zona hablando de las características de cada una. Las bodegas no son una mera descripción fría de datos prácticos sino una descripción personalizada de cada una y de quién está detrás de los vinos.
Las puntuaciones siguen siendo puntuaciones y no hay grandes sorpresas con respecto a otras guías. Sí se descrubren vinos nuevos (busquen un vino llamado Lusía) aunque uno no sepa ni dónde comprarlos. Y, para ser sinceros, aparece publicidad de vinos que no aparecen en la guía por no haber cumplido con los 80 puntos.
Mikel Zeberio es de fiar y su empeño en ser didáctico hace que la guía merezca la pena.
Platos y noticias que tienen que ver con los cubos.
Siguiendo el paseo por los asiáticos ha tocado el Tsi Tao con una presentación de platos espectaculares. Dejadme que los recomiende, porque sorprendieron a todos los que estábamos en la mesa:
La sopa Dobin en tetera. Es un caldo de gambas y almejas con mucho sabor a mar, ligeramente picante que, además, se puede aderezar con un gota de limón para completar la algama de sabores.
Un sashimi de bogavante. El bogavante crudo con la carne cortada en pequeñas raciones para cogerlas con los palillos. Exquisito y muy sorprendente. La cabeza va aparte. En lo que a la cabeza se refiere le saco más partido al que se pasa por la plancha. Pero el resto es muy recomendable.
Y un plato que aún no está en carta: la lubina de doble rebozado con una fuerte salsa agridulce de frutas. De acuerdo, no gusta a todo el mundo por los contrastes tan fuertes que lleva pero eso es precisamente lo que valoré del plato. Y la lubina se presenta de una manera muy curiosa.
Y las "noticias de los cubos" es porque los propietarios del Tsi Tao ponen en marcha un proyecto frente a los cubos del Kursaal con un cocinero de Barbate y, evidentemente, con la cocina gaditana. Pronto veremos mucho atún rojo y fritos con un servicio que no dejará indiferentees a nadie. Se espera para el mes de septiembre, pero no digan que no lo sabían.
Se llama Bodegas Regalía de Ollauri y se fundó en el año 2004 de la mano de una de las familias más importantes de La Rioja, Azpilicueta. Es una bodega moderna, diseñada por el arquitecto navarro Javier Arizcuren de acuerdo con las tendencias más actuales.
Lo que interesa de verdad es el vino que hacen, Marqués de Terán. Probado el Cosecha Especial 2006 es un vino de rioja clásico pero con el suficiente toque de modernidad. Hecho con técnicas muy modernas pero al estilo francés, fruta muy presente y el toque de madera es muy justo. Quizás para mostrar su clasicismo se queda en los 13 grados, como los de antes y apetece beberlo sin que te anestesie la boca. Pero en color tiene un rojo picota muy intenso lo que da idea de su carácter frutal. En boca se queda lo suficiente como para disfrutar de él como un gran vino. Y, lo más sorprendente, su precio: no pasa de los 20 euros. Muy recomendable.
Después de muchos años de hacer crítica musical para el DV, el maestro Elexpuru me enseñó hace ya muchos años (hacia el año 85) que el mejor camino hacia la buena vida empezaba por la publicidad y por eso me hice publicitario. Julio Camba me ilustró la manera de disfrutar de las cosas pequeñas y grandes que te da una vida. En el 92 me caí en una cuba de buen vino y se hizo la luz: existían más zonas vinícolas que no fueran Rioja, desde entonces mi obsesión me lleva a difundir la buena nueva sin descanso.
En el programa Keridos Monstruos de Mitxel Ezquiaga abrimos una sección llamada La Buena Vida en la que se presentaban restaurantes, vinos y otros elementos del disfrute. Al mismo tiempo hice un programa de televisión centrado en la cocina y los vinos que se llamó Sopa de Ganso (el guiño a los Hermanos Marx es, fundamentalmente, porque Groucho y Yo fue un libro que me enseñó que en esta vida lo peor que se puede hacer es tomárselo todo demasiado en serio). Hace ya un año ese programa de TV se trasladó a Punto Radio y en el suplemento mensual sobre gastronomía que edita El Diario Vasco escribo de restaurantes y vinos.