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Iñigo Galatas

Sopa de ganso

Venta Moncalvillo, la paz en La Rioja


Me puedo imaginar la conversación en casa de los Echapresto:

Ignacio: ·quiero montar un restaurante.”
Los padres: “Estás loco, este pueblo tiene 24 habitantes.”
I:: “Quiero que sea una referencia en La Rioja.”
LP:  Estás loco, este pueblo tiene 24 habitantes y no está de paso de nada.”
I: “Quiero hacer una cocina moderna, de autor.”
LP: “Estás loco, este pueblo tiene 24 habitantes, no está de paso de nada y a los riojanos les gusta la cocina tradicional.”
I: “Quiero hacer las cosas tan bien que me darán una estrella Michelín.”
LP: “Mujer, llama a una ambulancia, nuestro hijo está definitivamente loco.”

Pues menos mal que Ignacio Echapresto persiguió su sueño y convirtió la casa familiar con sus aperos de labranza y sus animales en un restaurante llamado la Venta Moncalvillo en Daroca de Rioja, porque este año ha conseguido su estrella Michelín.

Motivos tiene porque su cocina es consistente y lo suficientemente creativa como para impresionar. Además, mantiene su gusto por las raices lo que hace que se entienda la cocina y el producto esté muy presente. Algún trazo aún queda por ajustar, personalmente el mero asado con patatas al tomillo pareció más cocido y demasiado hecho. Lo demás fue esto:


El mejillón de roca con tres texturas de tomate fue muy interesante por la presentación y porque, el tomate le da a todo un aire de mejillón relleno.

La lengua ahumada, un plato que no te podrías creer. Suena raro pero supera todas las expectativas y reticencias. Un gran plato.

Alubia verde con verduras, huevo y trufa. Bueno, sin mucha sorpresa, a este plato basta con hacerlo con buenos productos para que sea perfecto.

El mero asado y un lomo de cordero que, como no podía ser de otra manera estando en La Rioja, estaba en su punto con una salsa sólida con mucho sabor.

Uno de los postres fue esta paleta preciosa con fresas.

El menú degustación es de 50 euros. La carta de vinos es amplia y con suficientes champagnes como para que tengan Philliponat que no suele haber en todos los sitios tan tradicionales y lejanos como este. Al ponerte el pan y el aceite en la mesa te lo ponen primero para que lo huelas y después lo escancias sobre un platillo. Y, sopresa agradable, tienen un sistema de manera que no puedes llamar ni recibir llamadas, eso sí, te llega el mensaje de que has tenido una llamada perdida, así que si tienes una urgencia te llegará el aviso y, si quieres llamar, te sales del local y hablas lo que tengas que hablar.

Pues eso, como suele decir la misma guía que les ha puesto en el mapa: merece la pena el desvío para comer ahí.

Blog escrito escuchando: Carly Simon – The Girl You Think You See

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