Diario Vasco
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Categoría: hostelería donostiarra
Keler Pintxo Week. Que no se diga que no se puede ir de pintxos.

Ya se que es oír: “pintxos en Donostia” y todos o muchos caen en lo mismo -qué caros son los pintxos en tu ciudad-. Lo he oído muchas veces y este es un tema en el que otro día profundizaré con mucho gusto y hablaremos de lo que debería o no debería ser un pintxo, de la honestidad de muchos hosteleros y la falta de sentido común de otros. La verdad es que es un tema peliagudo y desde el verano pasado navegan por la red docenas de tickets de indignados por sentirse atracados a mano armada (en muchos caso no me sorprende).

Hoy os traigo buenas noticias, se puede ir de pintxos y de cervecitas con la tranquilidad de saber que a 10€ se le puede sacar un partido impresionante, más de lo que te puedas imaginar. De la mano de Keler podemos disfrutar del 3 al 12 de junio y con la participación de mas de 30 locales donostiarras, de cuatro pintxos y dos cervezas Keler de 33cl.

Ensaladilla del Bar Ezkurra

No está mal la oferta, además esta 5ª edición y el conocimiento de cómo han funcionado las anteriores, hacen que la confianza en el buen hacer de los hosteleros está asegurado. No queda ahí la cosa, además de poder alegrar estómago y mente podemos juzgar y poner en valor nuestra opinión votando a los mejores pintxos. El jurado seremos nosotros y este voto hará que formemos parte de un sorteo para una cena en Arzak.

Si todo lo que os he contado no es suficiente para que estéis deseando ir a tomar una Keler fresquita con unos buenos pintxos meteros en en  la página de Facebook de Gastronosfera y haceros a la idea de todo lo que podéis disfrutar.

Ostras de Kata4

Esta gente de Keler y muchos hosteleros donostiarras marcan casi el inicio del verano y el fin de la operación bikini, porque señoras y señores no creo que una lechuga pueda poner la misma sonrisa en tu boca como lo puede hacer una cerveza fresca, buena comida y sobre todo buena compañía, esto último lo tienes que poner tú. No debe ser mala cosa cuando en anteriores ediciones unas 12000 personas han participado de una de las cosas que mejor sabemos hacer los vascos, comer, beber y disfrutar.

Pulpo del Mesón Martin

Coged el catálogo y organizaros una ruta, o varias que hay mucho para probar y para disfrutar. Delimitado en tres zonas como el Centro (San Marcial, Bar rojo y negro, Iombi, Kata 4, Boulevard y mesón Martín), Gros (Zinema korner, Vinorelas Wine shop, la piazzeta, ama-lur, bodega donostiarra, café kursaal, ramuntxo berri, Tomás Gros, ViuraII, Txartela, Motoclub, Gaztelutxiki, restaurante Khaki Campbell, the Caledonian, Senra, Ezkurra y Bar Oscar) y Parte Vieja (Ambigú, Sport, Bokado San Telmo, Txuleta, Txoko, Etxaniz y Dakara bi), la oferta es variada y muy atractiva.

Vinagres de la Bodega Donostiarra

Así de interesante empieza el mes de junio para ir abriendo boca y ponernos nerviosos por la proximidad de la época estival. Se me olvidaba, para los frikis (no se sientan ofendidos que yo soy una de ellas)que les guste sacar fotos de lo que comen y compartirlo en redes sociales también tendrán premio. Beban coman y disfruten que la vida pesa demasiado como para no quitarse la mochila de vez en cuando.

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¿Está Donostia preparada para la cocina internacional?

Nos gusta la cocina, la mesa y el buen comer en ésta ciudad, no me cabe la menor duda. Además somos comensales exigentes y estamos puestos en lo último, en clasicísmo y vanguardia. Nos hacemos los expertos, incluso nos gusta alardear de los productos que somos capaces de conseguir. La autenticidad de lo que comemos, dónde compramos e incluiso cómo lo cocinamos. Nos gusta ser una tierra dónde el disfrute de la cocina incluso se interioriza mucho antes que en otros muchos sitios. La gastronomía ha llegado hasta hacerse un hueco en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, por no decir que el congreso Gastronomika es con toda probabilidad el mejor en el panorama internacional. Recuerdo siendo adolescente como nos retábamos en la *cuadrilla (*dícese de ese grupo de personas que comparten amistad, vaso de cerveza, charla, fútbol o lo que haga falta pero siempre con ese toque a familia, a familia de la que se escoge) cada vez que hacíamos una cena, no valía cualquier cosa comprada en el supermercado. Cuándo en nuestra mesa se sentaban invitados venidos de otros lugares no daban crédito que no sucumbiéramos a pizzas y demás alimentos más habituales en esas edades. Gracias a esto hemos ganado en charlas al calor de los fogones, intercambio de recetas y he de confesar que gracias a estas cenas y a estos platos compartidos una servidora terminó siendo bloggera.

Tánto nos gusta la cocina y los buenos manjares que hay algo que siempre ronda mi cabeza. He estado estos días de congreso intentado recordar cuántos restaurantes de cocina internacional ha podido haber en Donostia las últimas dos décadas, San Google no tiene mucha idea y de lo poco que he conseguido recordar  e incluso preguntar a ciudadanos de buen comer que me he encontrado estos días por el Kursaal la información es mínima. Recuerdo siendo bien pequeña un hindú situado cerca de la plaza Easo, lo recuerdo como un libanés que tan solo duró unos meses, un mejicano en la parte Vieja donostiarra, un alemán situado en el barrio de Gros, un argentino en el centro y así hasta unos cuantos locales de restauración de cocina internacional que no han tenido un hueco en esta ciudad que disfruta casi como ninguna de su gastronomía. Me hace pensar que quizás nos gusta nuestra gastronomía, que quizás para lo demás tan sólo le damos la mínima oportunidad y esa mínima oportunidad se reduce a ir una o dos veces a un local dónde no te sirvan comida tradicional de aqui.

Choribao de Estanis Carenzo

No pasamos del chino de toda la vida o japonés,que si que tengo que dar la razón a los que ahora estaréis pensando que con la moda del sushi, ramén y demás manjares asiáticos unos pocos se han hecho hueco entre los locales de la ciudad, y del italiano que su mayor riesgo es echar rúcula a la pizza una vez horneada. Este tema no se queda sólo en el tema de los restaurantes, se hace casi imposible acceder a ciertos ingredientes que facilmente se pueden encontrar en otras ciudades. No hace falta que busques nada complicado, con que quiereas unas flores de calbacín en Donostia estás fastidiado.

Rapán de Vladimir Mukhin

No es que me de pena porque lo que el cliente pone o quita es totalmente lícito, por eso soporto ese horrible Mc. Donalds en pleno Boulevard. Este último lo podríamos considerar cocina internacional porque adiósgracias su “comida” no tiene mucho que ver con nuestra tierra.

Me parece curioso que tan abiertos que somos para poder sostener tanto local de restauración con o sin estrellas de esas tan famosas siendo arriesgados y capaces de fusionar cocinas de diferentes paises no seamos capaces de soportar un restaurante ruso, indú, alemán o de dónde sea que quieran venir.

Cada vez que me ponen un choribao como el de Estanis Carenzo (argentino), un rapán de Vladimir Mukhin (Rusia), cada vez que siento la fortuna de poder degustar platos de otros paises me asalta la pregunta, ¿está Donostia preparada para la cocina internacional?

 

 

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El verano de los tickets

Con el inicio del cole el verano va llegando a su fín, éste ha sido un verano que marcará un antes y un después en nuestra ciudad. La lectura es clara y el agobio al andar por ciertas zonas de Donostia también. No recuerdo notar esa necesidad de no ir a ciertos lugares por el tumulto de visitantes, grupos de japoneses, estadounidenses y demás nacionalidades que pueblan este planeta loco, seguir a un guía con paraguas en alto es algo que no había vivido en mi ciudad. Estaréis pensando que esto es bueno para una lugar turístico y que seguramente hay un amplio sector hostelero y comerciante que están encantados de la vida. No lo pongo en duda y me alegro por todos esos ingresos extras que tienen muchos de los taberneros, lo que no me alegro tanto es por ese frote de patitas al mas estilo mosca que se han marcado mas de unos cuantos. Cuando el número de incautos sube también lo hacen los que se creen con la “libertad” de dejar el buen trato a un lado y les da alas para hacer de su tabla de precios una manera de timar a la nueva clientela y lo que es peor, a la clientela habitual, ésa que cuando las hordas de turistas se vayan son los que irán a sus establecimientos.

La época estival empezó con un ticket que todos conocemos. El Bar Ambrosio ha dado para mil chistes y memés pero no ha sido el único que ha naufragado en su intento de engañar a pobres incautos.  Esa factura abrió la puerta y dió alas a una clientela que se ve mas segura mostrando sus quejas en sus redes sociales, escondidos en sus cuevas en vez de plantar cara a los jetas y cara duras. Está claro que esa inocente foto, esa llamada de atención llegó lejos y creó cátedra. El verano ha estado plagado de proclamas en contra de los que se creen capaces de robar caña en mano, y no caña de pescar sino de esas que en la mayoría de los sitios no saben ni tirar, ni tan siquiera nosotros sabemos pedirlas porque la caña de bar en bar fluctua más que el Ibex35. La verdad es que este no tiene intención de ser un post de paredón, ni tan siquiera hoy es el día de abrir la caja de Pandora pero si de hacer un resumen del primer verano del boom turístico, de esa sensación de tener que pedir con un deje vasco en los bares para no sentirse timado.

Tickets mejores y peores. Una pincelada del verano que hemos vivido.

He ido una media docena de veces a la Parte Vieja donostiarra, he ido y todas ellas he salido con la sensación de no reconocer un  lugar muy apreciado por mi. Quizás una deba darse cuenta de que tarde o temprano esto iba a pasar, que una ciudad como la nuestra no se puede quedar al margen de esas listas de famosas publicaciones que nos ponen en el punto de mira, en el disparadero turístico. Está claro que de este verano en adelante todo irá a más y que esas avalanchas humanas cámara de fotos en mano y plato de pinchos cobrados antes de la cuenta irá in crescendo.

He vivido todo tipo de experiencias hosteleras estos meses, algunas malas, otras caras y menos mal muchas agradables y honestas. Recordaré el agradecimiento de una camarera de un famoso restaurante de la Parte Vieja por atender por fin (literal) a gente de aqui. La cara de amargura de otra de otro muy conocido lugar cuando la mesa de al lado nuestro pidió ketchup para comer con su chuleta y lo peor que me llevo es el pagar por comer un pincho malo en un plato sucio. Ésta última experiencia es la que me hizo no volver a pisar la Parte Vieja, muy a mi pesar, tan solo para ir al mercado y a mi pescadería favorita.

 

 


Plato sucio en el Galtxagorri. Ni bebí vino ni comí mahonesa.

 

 

 

 

 

Volveré por Octubre a darles una segunda oportunidad y me la jugaré a que me cobren los hielos de un café, una caña a mas de tres euros o una croqueta a dos cincuenta. Un día hablaremos de ello, hablaremos largo y tendido del abuso en forma de pincho de chatka sobre pan malo o la audacia de unos cuantos de cobrar por estar en un lugar concreto o de formar parte de ese postureo que ya nos hace famosos. Hablaremos del porqué de una croqueta congelada a precio de foie o porqué los rissotos son ese riesgo añadido del cual una nunca desiste en encontrar algo tan auténtico como ese que mis papilas gustativas guardan en la memoria desde mi última visita a Italia. También hablaremos de los lugares mas alejados del tumulto que he descubierto, lugares nuevos para mi, muy recomendables y auténticos. El otoño es largo, os iré contando.

Seguid compartiendo en vuestras redes sociales por que parece que para algunos el cara a cara de toda la vida no les hace caer del guindo y allí arriba se siguen frotando las patitas como esas moscas molestas del verano.

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¿Un niño en un restaurante es como un pulpo en un garaje?

Me he propuesto que mi pequeña de cinco años , en la medida que mi sueldo me lo permita, conozca la buena gastronomía de la que estamos rodeados. No me refiero a llevarle a comer unos cuantos pintxos, ella ya es habitual de esta manera de ocio y de hecho tiene sus favoritos de los cuales un día os hablaré, sino a ir a esos restaurantes con o sin estrella pero de los que el buen hacer es tan básico como la buena materia prima que trabajan. Cada loco con su tema, los hay que se dejan una pasta para llevar a sus hijos a ver un partido de fútbol (soy futbolera y no me parece mal) y yo decido barrer para casa y ofrecerle culturizarse en el plano gastronómico.

Me pareció buena idea empezar por Casa Urola, ella ya conoce sus pintxos y siempre va encantada. Así que le dije aqui a mi colega (o mi marido como lo queráis llamar) que llamara y reservara una mesa para cenar. “Una mesa para tres a las nueve” le dije. “¿Tendremos que avisar de que vamos con una niña?”. “¡No!, vamos tres personas” le contesté. No entiendo cual es la razón para avisar que vas con niños, ¿acaso no son personas?. Sólo se me ocurren unos cuantos casos que nos obliguen a avisar que vamos con una pequeña persona y  no de tamaño, que muerda, que grite a lo loco o que uno de sus hobbies sean tirar comida al resto de los comensales a la par que uno de los hobbies de sus padres sea no educarle, todos estos casos suelen pasar cuando sacas a tus hijos poco de sus jaulas (ironía modo on).

Esto me hace recordar una historia de mi tierna infancia. Mi padre nos quiso invitar a comer un domingo a un famoso restaurante donostiarra, de esos con estrella y cuando vieron que éramos dos adultos y dos niños nos dijeron que para este tipo de mesas (¿ese tipo de mesa? todavía no lo pillo) era recomendable sentarse a la una. ¿ Será que pensarán que los niños tienen algo contagioso? Creo que pagan justos por pecadores y que por unos cuantos padres inconscientes que nunca llevan a sus hijos a ninguna parte y ni mucho menos suelen ser muy fans de educar a sus hijos,  un día deciden que se los van a llevar a un restauante, hacer esto es como sacar a un mono de su jaula y esperar que se comporte, pagamos todos.

Tengo un amor odio por los restaurantes que ofertan menú infantil entre sus propuestas, siempre con lo mismo para elegir: macarrones, croquetas, pechugas de pollo y patatas fritas, además por un no módico precio de al menos diez/doce euros (para un plato lleno de fritanga me parece un timo). Digo amor-odio porque no se si esa es la manera de introducir a los niños en la aventura de los nuevos sabores y texturas, además la mayoría de los locales que ofertan este tipo de menú fácilmente podrían poner medias raciones de cualquiera de sus platos para los más pequeños de la casa ya que no suele ser comida demasiado complicada. Claro está que para eso has tenido que enseñar a tus hijos a comer correctamente o al menos a que prueben toda clase de alimentos. No me cabe la menor duda de que para los progenitores de esos pequeños proyectos de personas es más fácil darles lo que les gusta en vez  de retarles a probar cosas nuevas (a mi me costó lo mío pero hoy me siento orgullosa de mi pequeña Chicote).

Laia salía aleccionada de casa, le expliqué que íbamos a un restaurante elegante y que ella se tenía que comportar como una señorita, sabía que al margen de ese terreno incontrolable que siempre tiene un ser humano de cinco años ella iba a dar el resto porque el hacerla sentir importante es de lo mas grande que puedo hacer por ella. Otro de los temas que se nos escapaba de las manos era el trato que iba a recibir mi pequeña por parte del personal del restaurante, en este caso aprobaron con nota. Nos trajeron la carta y aunque ella todavía no sabe leer de una manera fluida fuimos leyendo y eligiendo los platos que íbamos a disfrutar, lo que sin ella hubiéramos hecho en diez minutos nos costó veinte pero esos diez minutos extras son muy importantes. Las camareras siempre dispuestas y haciéndola partícipe, también es verdad que mi pequeña está acostumbrada a ir a cualquier parte y eso ayuda mucho.

Nos encantó Casa Urola. Mi pequeña degustó fuie micuit casero, pulpo a la parrilla con papada ibérica y berza y mero asado con guarnición de verduras. Nos ofrecieron medias raciones para ella, le preguntaron una y otra vez qué tal estaba todo y si le estaba gustando la comida. Mi niña no molestaba y en mi han encontrado una clienta feliz y satisfecha. Fantástica cena, maravilloso restaurante y ademas kidsfriends que se diría en plan moderno, yo lo diría en plan: “aquí los niños son un comensal más”.

Espero poder llevarla a más sitios de estos con cierta solera y escribirlo por aquí por que ella es mi pequeña Chicote, con el criterio de un ser humano de cinco años que no vale menos que el mío, al contrario es mas sincero y mas directo que cualquier crítica gastronómica que te puedas encontrar por ahí. Entre el foie, el pulpo, las kokotxas a la brasa, el mero asado, el rape negro a la brasa y el postre de fresas “Txomin Etxaniz” mi pequeña se queda con el pulpo y eso suave que había (=papada ibérica), además del aceite eco fantástico que nos pusieron para degustar con su pan.

Laia antes de irse repartió besos para todas las camareras, si me descuido entra hasta la cocina, se lo merecían, el trato fué excepcional. La lectura de esos besos de mi pequeña hace que su nota sea un 9.

 

 

 

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La hostelería donostiarra nos propone un buen plan

Empieza el buen tiempo, apetece callejear y tomar aire fresco. Cuándo uno pasea por las callejuelas de donostia lo hace entre diferentes ofertas gastronómicas que hace que la hora del hamaiketako (hora del almuerzo) tenga un sinfín de posibilidades. Hoy he asistido a una de esas propuestas que mueve este sector, hacen bien en no quedarse quietos a verlas venir por que al cliente hay que atraerlo, engancharlo y embaucarlo. No es tarea fácil entrar en ese bar al que nunca accediste o cambiar tu ruta habitual de pintxos, somos para eso los donostiarras más clásicos que la barandilla de la Concha.

La propuesta de la Keler Pintxo Week presentada hoy en el restaurante San Telmo es justamente eso, una propuestas de diferentes zonas de pintxos de la city de lo mas variopinta y seguro que en este arco iris encuentras una propuesta que te enamore. La zona centro, Gros y Parte Vieja hace que tengas que ir a la última página del folleto y hacerte tu ruta particular (los folletos los encontraréis en infinidad de locales). Ésta es la cuarta edición, siguen siendo fieles a lo que en un inicio fue una buena campaña de acercamiento al cliente, en esa fidelidad encuentran la gran asistencia que tiene esta iniciativa. Cuatro pintxos con dos cervezas Keler a tan solo diez euros. Una propuesta para todos, para que esos paseos por mi querida ciudad sean aún mas atractivos.

Una buena oportunidad para comprobar el buen hacer de la hostelería donostiarra, para conocer nuevos sitios o redescubrir los de toda la vida. Podemos encontrar desde el pintxo más clásico hasta alguna que otra nueva propuesta, todas ellas pensadas y bien cuidadas. Se agradece que aunque tengamos la temporada alta a la vuelta de la esquina los hosteleros nos brinden la oportunidad de a nosotros, los que llenamos sus bares todo el año podamos ser los protagonistas de esta propuesta. Al fin y al cabo lo importante es conocer y saber para siempre recordar y ese recuerdo es importante para el que pasó por aquí y mucho más para el que está aquí todo el año.

Los participantes de la IV Keler Pintxo Week a parte de degustar las creaciones de los 30 locales donostiarras participantes  podrán ejercer de jurado votando en cada local al que vayan por sus mejores pintxos. Todos los votantes entrarán en el sorteo de una cena para dos personas en el restaurante Arzak. Poco más os debería de decir para que caigáis en la tentación. El cielo está azul, el sol brilla, hace calorcito… ¿un pintxo y una cerveza?

 

 

 

 

 

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