Diario Vasco
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Categoría: hosteleria y niños
La alimentación como asignatura

Ayer mi hija una vez más expuso a la hora de la cena sus quejas sobre la comida del comedor del colegio. En su día escribí el artículo ¿Sabemos lo que comen nuestros hijos en el colegio? (enlace del post), realmente lo escribí por mi preocupación de esas cinco comidas semanales que hacen cientos de escolares todas las semanas. He de decir dos cosas que ocurrieron después de escribir éste artículo que os cuento, la empresa que nombro se puso en contacto conmigo para enseñarme cómo trabajaban, poco pude ver porque a la hora que me citaron ya habían cocina absolutamente todo. Todo muy limpio y muy recogido eso si. Las explicaciones de ciertas especies de pescado, por ejemplo, no fueron para mi demasiado convincentes. También tengo que decir que otras si las entendí y valoré.

Lo hablo en el patio del colegio a las cinco y es verdad que la mayoría nos preocupamos por las “mates” o como va en inglés, pero qué han comido y cómo lo han comido para la mayoría de los progenitores es secundario. En su día me plantee solicitar comer un día con mi hija en el colegio pero después de tocar las puertas oportunas no fué posible. Ahí, con ellos sería la mejor manera de contaros qué se come y cómo trascurre ese momento que es compartir mesa. Eso si, tengo aleccionada a mi pequeñaja para que analice, saboree y si es necesario se queje de lo que ella considere oportuno. A veces por ser pequeños no se les tiene en cuenta, mi hija si es capaz de valorar si algo está salado, muy cocinado o si sabe a algo que no debería saber, para eso comparto cocina con ella en mi casa.

Imagen de Diariocompostela.es

En esta última valoración voy a argumentar este tema de la alimentación como asignatura. Primero me he ido a rastrear las redes y leer sobre lo que todos intuimos. La OMS prevé que la tasa de obesidad infantil casi se duplique en 10 años. En España el 67% de los niños tiene sobrepeso y el 8,94% son obesos. Esto a niveles ya no pido humanos, porque esa parte la clase política de este país hace mucho que lo ha perdido, pero a niveles económicos que es lo que realmente importa a los mandatarios, puede subir el coste de la seguridad social en un alto porcentaje. La gran responsabilidad, quitando la carga genética (esto ya es cuestión de suerte), es nuestra, de los padres, de los adultos que nos hacemos cargo de la alimentación de ellos.

En muchas ocasiones hablo con progenitores de esos pequeños seres, sobre qué pescado comprar, qué está de temporada o cómo cocinar algún alimento en concreto. En el caso de los pescados el desconocimiento ya no solo es de qué especie es cada una sino de valorar qué pinta tiene que tener un pescado fresco, que variable de precios y cuándo son las temporadas. Cómo cocinarlos ya sería el último paso. Pasa con las verduras, hay para muchos grandes desconocidas, si lo son para nosotros está claro que en rara ocasión haremos que nuestros peques las prueben. Lo veo en mi pequeñaja, la información siempre juega a nuestro favor, desde hablarles de los beneficios de ciertos alimentos o formas de alimentarse hasta llevártelos al mercado para que se vayan familiarizando con pescados, carnes, verduras y todo tipo de alimentos tan necesarios para que crezcan sanos.  El colofón ya seria ponerles un delantal y cocinar con ellos, pero no magdalenas o galletas que también pero darle a las verduras y ese tipo de alimentos que no siendo tan divertidos podemos que de esta manera el niño o niña en cuestión le de una oportunidad.

En mi casa siempre funcionó el cuento de Los arbolitos que nos ayudan a que nos crezcan las ramas (brócoli), Las zanahorias que un día quisieron ser naranjas y El secreto que esconden las berenjenas. Todo esta en nuestra mano y cómo se que muchos ni tenéis tiempo, ni ganas o tenéis falta de conocimientos y viendo que este está empezando a ser un problema muy serio creo que habría que darle cabida a la alimentación en los colegios. No se qué puerta habría que tocar, que corazoncito sensibilizado con este tema desde instituciones como Gobierno vasco habría que encontrar, lo que si se es que ellos tiene que aprender que para crecer, vivir y disfrutar hay que saber comer. Que para estudiar hay que estar bien alimentado y que todo lo que aprendan ahora, degusten y saboreen estará en su base de datos de por vida. No sólo de matemáticas vive el hombre ni la mujer.

 

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¿Un niño en un restaurante es como un pulpo en un garaje?

Me he propuesto que mi pequeña de cinco años , en la medida que mi sueldo me lo permita, conozca la buena gastronomía de la que estamos rodeados. No me refiero a llevarle a comer unos cuantos pintxos, ella ya es habitual de esta manera de ocio y de hecho tiene sus favoritos de los cuales un día os hablaré, sino a ir a esos restaurantes con o sin estrella pero de los que el buen hacer es tan básico como la buena materia prima que trabajan. Cada loco con su tema, los hay que se dejan una pasta para llevar a sus hijos a ver un partido de fútbol (soy futbolera y no me parece mal) y yo decido barrer para casa y ofrecerle culturizarse en el plano gastronómico.

Me pareció buena idea empezar por Casa Urola, ella ya conoce sus pintxos y siempre va encantada. Así que le dije aqui a mi colega (o mi marido como lo queráis llamar) que llamara y reservara una mesa para cenar. “Una mesa para tres a las nueve” le dije. “¿Tendremos que avisar de que vamos con una niña?”. “¡No!, vamos tres personas” le contesté. No entiendo cual es la razón para avisar que vas con niños, ¿acaso no son personas?. Sólo se me ocurren unos cuantos casos que nos obliguen a avisar que vamos con una pequeña persona y  no de tamaño, que muerda, que grite a lo loco o que uno de sus hobbies sean tirar comida al resto de los comensales a la par que uno de los hobbies de sus padres sea no educarle, todos estos casos suelen pasar cuando sacas a tus hijos poco de sus jaulas (ironía modo on).

Esto me hace recordar una historia de mi tierna infancia. Mi padre nos quiso invitar a comer un domingo a un famoso restaurante donostiarra, de esos con estrella y cuando vieron que éramos dos adultos y dos niños nos dijeron que para este tipo de mesas (¿ese tipo de mesa? todavía no lo pillo) era recomendable sentarse a la una. ¿ Será que pensarán que los niños tienen algo contagioso? Creo que pagan justos por pecadores y que por unos cuantos padres inconscientes que nunca llevan a sus hijos a ninguna parte y ni mucho menos suelen ser muy fans de educar a sus hijos,  un día deciden que se los van a llevar a un restauante, hacer esto es como sacar a un mono de su jaula y esperar que se comporte, pagamos todos.

Tengo un amor odio por los restaurantes que ofertan menú infantil entre sus propuestas, siempre con lo mismo para elegir: macarrones, croquetas, pechugas de pollo y patatas fritas, además por un no módico precio de al menos diez/doce euros (para un plato lleno de fritanga me parece un timo). Digo amor-odio porque no se si esa es la manera de introducir a los niños en la aventura de los nuevos sabores y texturas, además la mayoría de los locales que ofertan este tipo de menú fácilmente podrían poner medias raciones de cualquiera de sus platos para los más pequeños de la casa ya que no suele ser comida demasiado complicada. Claro está que para eso has tenido que enseñar a tus hijos a comer correctamente o al menos a que prueben toda clase de alimentos. No me cabe la menor duda de que para los progenitores de esos pequeños proyectos de personas es más fácil darles lo que les gusta en vez  de retarles a probar cosas nuevas (a mi me costó lo mío pero hoy me siento orgullosa de mi pequeña Chicote).

Laia salía aleccionada de casa, le expliqué que íbamos a un restaurante elegante y que ella se tenía que comportar como una señorita, sabía que al margen de ese terreno incontrolable que siempre tiene un ser humano de cinco años ella iba a dar el resto porque el hacerla sentir importante es de lo mas grande que puedo hacer por ella. Otro de los temas que se nos escapaba de las manos era el trato que iba a recibir mi pequeña por parte del personal del restaurante, en este caso aprobaron con nota. Nos trajeron la carta y aunque ella todavía no sabe leer de una manera fluida fuimos leyendo y eligiendo los platos que íbamos a disfrutar, lo que sin ella hubiéramos hecho en diez minutos nos costó veinte pero esos diez minutos extras son muy importantes. Las camareras siempre dispuestas y haciéndola partícipe, también es verdad que mi pequeña está acostumbrada a ir a cualquier parte y eso ayuda mucho.

Nos encantó Casa Urola. Mi pequeña degustó fuie micuit casero, pulpo a la parrilla con papada ibérica y berza y mero asado con guarnición de verduras. Nos ofrecieron medias raciones para ella, le preguntaron una y otra vez qué tal estaba todo y si le estaba gustando la comida. Mi niña no molestaba y en mi han encontrado una clienta feliz y satisfecha. Fantástica cena, maravilloso restaurante y ademas kidsfriends que se diría en plan moderno, yo lo diría en plan: “aquí los niños son un comensal más”.

Espero poder llevarla a más sitios de estos con cierta solera y escribirlo por aquí por que ella es mi pequeña Chicote, con el criterio de un ser humano de cinco años que no vale menos que el mío, al contrario es mas sincero y mas directo que cualquier crítica gastronómica que te puedas encontrar por ahí. Entre el foie, el pulpo, las kokotxas a la brasa, el mero asado, el rape negro a la brasa y el postre de fresas “Txomin Etxaniz” mi pequeña se queda con el pulpo y eso suave que había (=papada ibérica), además del aceite eco fantástico que nos pusieron para degustar con su pan.

Laia antes de irse repartió besos para todas las camareras, si me descuido entra hasta la cocina, se lo merecían, el trato fué excepcional. La lectura de esos besos de mi pequeña hace que su nota sea un 9.

 

 

 

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¿Qué comen nuestros hijos en el colegio?

Llevaba tiempo queriendo saber qué come mi hija en el cole. Tan importante es qué ha aprendido nuevo cada día como saber qué ha comido y si le ha gustado. Mi pequeña Laia esta hecha una pequeña Chicote (dícese de aquel con el morro fino y la lengua afilada) y se de buena tinta que esta hecha una sacafallos. A punto he estado en mas de una ocasión de preguntar en secretaría si cabía la posibilidad de comer un día con ellos, tan sólo por salir de dudas de si esos casi seis euros que pagamos a diario son dignos de nuestros pequeños comensales. Leo el menú y he de reconocer que hay platos que me ponen los pelos como escarpias y que aunque en un ejercicio de autoconvencimiento intento pensar que todo esto esta pensado, examinado y bien ejecutado hay una parte de mi que sabe que una pizza o un pescado cocinado cinco o seis horas antes de comerlo no puede estar bueno.

Nos preocupamos de cómo van en mates o si aprenden a leer correctamente pero no nos paramos mucho a pensar qué comen y de que manera. Nos cuentan que estos menús están analizados por nutricionistas y profesionales del sector alimentario (no lo quiero poner en duda), me asaltan mil dudas cuándo leo nombres de pescados como Tilapia o Granadero. Está claro que con toda probabilidad no sepáis qué clase de pescados son estos, de hecho suele ser una pregunta habitual de padres y madres a las cinco en el patio del cole. De verdad, de corazón (de este corazón de pequeña cocinera que sufre por estos pequeños) no creo que ninguno de ustedes vayan al mercado a adquirir ninguno de estos especímenes, ni tan siquiera los imagino en un restaurante eligiéndolos para su menú diario. Pero no echamos cuenta de que ellos, esos pequeños pedacitos de nuestro ser coman esos productos que desconocemos, nos conformamos con pensar que será bueno para ellos. Ni un pescado traído de África ni uno que su máxime sería dar sabor a un fumé son dignos de un menú que nos cuesta unas cuantas docenas de euros al mes. No encuentro ese equilibrio necesario de pescado azul, blanco, carnes rojas y blancas. Sería maravilloso que verduras y primeros platos fueran tratados con cariño y mimo en las cocinas de los centros educativos. Sería maravilloso que la comunidad educativa se tomara en serio el tema de la alimentación porque al fin y al cabo es parte de su formación y crecimiento. Este tema preocupa, sobre todo para padres y madres que como yo no les queda otro remedio de dejarlos y confiar en que comerán correctamente.

Askora en un ejercicio de transparencia elaboró una campaña para que todo esto no fuera un misterio y tuviéramos que confiar en ellos como si de un algo divino se tratara. Etxean By Askora es una campaña de publicidad o un tanteo de un mercado abierto que son las casas dónde no se cocina. Cogí el folleto con la desconfianza de la calidad de una Tilapia y mal pensando que era muy probable que la comida que llegaría a mi casa no se parecería a lo que come mi pequeña.

Teníamos la opción de cuatro menús, nuestra elección fué el menú “Julen”. Crema de calabacín local y ecológica con patata alavesa, hamburguesa con salsa de tomate casero y ecológico y yogurt local. Difícil engañarnos en mi casa. Me costó que mi peque fuera capaz de probar la comida porque lo que había despertado su interés se esfumó al oir: “comida del comedor en casa”, salió despavorida como si un calambre recorriera su cuerpo al grito de “noooooooo”. Conseguí convencerla y mi pequeña  Chicote me argumentó porque esa comida no era como la del comedor con frases como: “las hamburguesas del comedor no traen esa salsa, es mas naranja. El puré no es tan claro y no sabe así y el yogurt del comedor no es tan rico”. Mi traducción es: “hemos cocinado mejor para que creas que tus hijos comen bien”, lo que me hace llegar a la conclusión de que quizás coman peor de lo que pensamos. El puré estaba sospechosamente engordado con alguna fécula o patata deshidratada, harina de maíz o similar. La hamburguesa tenía una salsa de tomate mas que digna que me quedó muy claro que NO es la que les  ponen el el colegio y el yogurt, ¡ay el yogurt! sin marca comercial, apuesto que de marca Goenaga no es el Danone que les dan a nuestros hijos.


Hubiera estado bien. Hubiera estado pero que muy bien ese ejercicio de transparencia de verdad. Me gustaría que se cocinara en los colegios, pagaría por ello. Al igual de interesarnos por el proyecto educativo de un centro también nos tendríamos que preocupar cómo se alimentan nuestros hijos en el cole. Debería importarnos, deberíamos plantearnos que ese dinero que pagamos mensualmente podría tener mejor destino. Esto no tiene nada que ver con una empresa o la otra, desde Askora hasta Auzolan me parece que las cosas se podrían hacer mejor y como padres está en nuestra mano hacer lo posible para cambiar las cosas.

Un niño bien alimentado será un niño sano y feliz. Un adulto que se preocupa por la alimentación de sus hijos es una persona responsable con el futuro de sus pequeños.

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Niños y hostelería. Un mercado por descubrir.

Hace ya bastante tiempo empecé a leer sobre un grupo de restauradores (los llamaré así por que se destacaban por formar parte de esa élite de cocineros que son casi parte del star sistem) que querían poner un distintivo en sus locales a modo de “prohibido perros”  y hacer lo mismo con esos locos bajitos (no hablo de señores de mala leche de baja estatura, hablo de niños). No es porque una sevidora sea madre por que antes de tener a mi pequeñaja pensaba lo mismo que voy a exponer hoy. Será que lo he mamado desde bien pequeña porque mis padres nos llevaban a todos los sitios a mi hermano y a mi con la consecuencia de que sabíamos comportarnos en todo lugar a dónde nos llevaban, no sé si muchos adultos pueden presumir de los mismo. Mi madre siempre nos cuenta cómo mi padre una vez quiso invitarnos a comer en un restaurante con estrella (de esas del star sistem que os comentaba) de mi querida Donostia, pero al vernos a mi hermano y a mi (y eso que somos bien guapos los dos) no les pareció muy buena idea que comiéramos en su local porque podíamos molestar a los demás clientes, teniendo en cuenta que ésta era una época dónde mi hermano y yo podíamos haber salido como salmones ahumados de ese restaurante en cuenstión no se quién molestaba más, un adulto con su gran Cohiba después de comer, con dos copas de más levantando el volumen o mi hermano y yo, que esa señorita a la que no le pareció bien que comiéramos allí no nos conocía de nada. La verdad es que la duda es tan grande como la capacidad de aquel cocinero a preparar platos maravillosos.

Me cruzo a diario adultos insolentes, voceras, maleducados, agresivos, malhumorados pero nadie quiere hacer un distintivo para que esos adultos no entren en locales de restauración, será por que la mayoría de ellos se mimetizan con la gran simpatía (ironía on) de los camareros que nos podemos cruzar por la hostelería de la ciudad. Me da pena que no vean que hay un mercado abierto, que hay familias todos los fines de semana en busca de un local dónde adultos y niños puedan comer y disfrutar de un buen rato de ocio. Encima lejos de darse cuenta y ponerle solución se ponen a pensar cómo poder prohibir la entrada a sus futuros clientes. Nadie te puede asegurar que ése niño que entra en tu local a comer o pasar un buen rato vaya hacerlo de manera adecuada, un adulto ¿sí te lo asegura?. Cuándo eres padre tu vida da un giro de 180 grados poniéndo todo tu mundo patas arriba, entre las cosas que cambian es la manera de moverse por la ciudad en busca de ese ratito de ocio hostelero compartido. Padres que nos vemos obligados a tachar de nuestra lista de must locales en los cuales sabemos que nuestros pequeños no podrán disfrutar de un buen pintxo o una buena comida adecuada para ellos. Quiero pensar que todos los que desprendéis esa fobia por los niños es porque realmente pensáis que todos son como esos pequeños demonios que salen en Super Nanny, nada más lejos de la realidad porque cómo hay adultos para todo, niños también.

Hay pocos, pero haberlos haylos unos cuantos hosteleros que se están dándo cuenta de este mercado por descubrir que os cuento. Para muestra el restaurante de Iñigo Lavado en Ficoba (Irún) que cuenta con un   txiki park con cuidadora que hace que el disfrute de las familias sea para todos. El pasado domingo allí fuimos 5 adultos y 2 niños a descubrir su Singular Food, todos disfrutamos de la oferta diferente y divertida del este peculiar local. Desde la entrada y la manera de hacer tu pedido de comida todo es diferente, una oferta económica y de buen gusto, un local acogedor y como os comento, dónde los más pequeños no sólo tienen un menú para ellos sino también un espacio para su entretenimiento con cuidadora incluida. Os lo cuento por que se que muchos buscáis todos los fines de semana un lugar dónde ir con la familia, éste os lo recomiendo totalmente. Un menú de fin de semana de 7€ para niños y 19€ para adultos con una variedad de platos diferentes y bien elaborados. Entrar y empezar a divertirte cogiendo la carta y un lápiz para hacer tu pedido, sentarte y esperar a que te sorprendan y poder tomarte el café con la tranquilidad de saber que tus pequeños comensales están disfrutando en un espacio para ellos. Con niños o sin niños, la oferta de Iñigo Lavado es sin duda una buena y diferente propuesta.

Sé que muchos no sorpotáis a los niños y que os encantaría un veto para ellos. Pensad que si tuviéramos que vetar todo lo que no nos gusta quizás no habría islas desiertas suficientes en el mundo para hacernos ermitaños. Nunca olvides que un día hasta tú fuíste un niño de esos, que aunque te parezca mentira pasaste por esa obligada etapa de la vida  y eso no te quitó las ganas de comer, degustar y disfrutar de la gastronomía. Tampoco ser niño te quitó las ganas de conocer ni la memoria de sentirse bien en un lugar y que ése lugar, si fué bueno, irá contigo a lo largo de la vida. Hosteleros pónganse las pilas que no está el patio para cerrar la puerta a nadie.

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