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Categoría: Lugares
La boda de Demetrio y Hermia. Sueño de una noche de verano.

El menú de la boda de Demetrio y Hermia

Hace unos días me llegó la invitación a una boda, cual fué mi sorpresa cuándo ví que la boda era en el parque de Cristina enea.

Éste es uno de mis lugares favoritos de San Sebastián, tanto es así que puedo encontrar la paz en él, tener mis rincones favoritos y además una vez he sido madre lo puedo compartir con mi txiki y sigue siendo, espero que por mucho tiempo, reducto de donostiarras ¡Qúe suerte casarse en Cristina enea! -pensé en ese momento.

Demetrio y Hermia llevan un mes intentando casarse, un día y otro y otro, todos ellos con sus 250 invitados de rigor. El menú de la mano de Bokado, una delicia.

Un menú de amor, ternura, lujuria y todo lo relacionado con ese sentimiento que a veces sale de las entrañas y otras del corazón. El novio recibe a los invitados, los camareros reparten vino, la gente va tomando asiento…

El menú empieza con con un cóctel de bienvenida, un chip de patata de aperitivo, curioso y original aunque su nombre no lo sea. A continuación pudimos degustar tres ensaladas que representan las fases del amor.

 

 

La mirada, el beso y la pasión representadas en tres ensaladas diferentes

Ensalada de txangurro representando la mirada. Esas primeras miradas que hace que sintamos el estómago como cuando subimos a una montaña rusa.

Ensalada de aguacate es el beso. Suave, untuosa, fresca, sorprendente como un primer beso.Ese toque chispeante que puede producir un beso de la persona amada lo encuentras en la ensalada en forma de peta zetas.

Ensalada de brotes, mango y toque de frambuesa. La interpretación de la pasión en un rollito según Bokado.  El menú da paso a la carne, al sentimiento carnal que nos puede invadir cuando alguien despierta nuestros sentidos mas primarios. Bokado lo representa en forma de cordero lechal con patatas. Tierno, sabroso, pecaminoso.

Cordero lechal asado con patatas.

 

Tarta de manzana. La fruta prohibida.

 

Terminamos con una tarta de manzana, la fruta prohibida.  Todo tiene sentido en este menú que nos hace sentir, degustar y disfrutar. Mojar los labios, cerrar la boca para que te invadan las sensaciones, para dejar que nuestro cuerpo goce.

Una vez terminado el banquete llega la novia con el revuelo de cualquier boda. La alcaldesa, de esas de hoy en día, de las que se tienen que quitar a los periodistas y sus incómodas preguntas sobre comisiones, sobres o demás tejemanejes de los políticos de antaño que siguen viviendo de nosotros todavía.

Todo lo que viene después es simplemente mágico, cómico, artístico y sumamente especial. Recorrer el parque siguiendo esos paraguas iluminados, esos farolillos en mano de los 250 invitados para encontrar escenarios que acompañan a un parque tan maravilloso.

La historia te engancha, la interpretación te sacude, los bailes y las voces te enamoran. Sublime, encantador, esa sensación de estar viviendo algo único y vivirlo con cara de niño pequeño degustando un helado de chocolate por primera vez.

Escenario de piano. Sueño de una noche de verano.

Los 250 invitados a la boda reímos, callamos, aplaudimos y sobre todo disfrutamos y mucho. El amor está en el ambiente, de manera espontánea o provocada. Bailarines en puertas iluminadas, bebés que pasean con la magia de un susurro, pianos, almohadas, lámparas que bajan del cielo, corales de niños, voces femeninas al piano… Todo directo al corazón.

Queda año, quedan cosas por vivir de este año de capitalidad cultural pero a una servidora le ha quedado la sensación de haber protagonizado lo mejorcito del año. Tengo una memoria bastante selectiva, por no decir que muchas veces se me olvidan las cosas. Esas que se me olvidan en un 99,99% se que es porque no son cosas importantes y mis sistema lo echa directamente a la basura. Esta experiencia se que es de las que no olvidaré nunca, imposible olvidar algo tan bello.

 

 

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Keler Pintxo Week. Que no se diga que no se puede ir de pintxos.

Ya se que es oír: “pintxos en Donostia” y todos o muchos caen en lo mismo -qué caros son los pintxos en tu ciudad-. Lo he oído muchas veces y este es un tema en el que otro día profundizaré con mucho gusto y hablaremos de lo que debería o no debería ser un pintxo, de la honestidad de muchos hosteleros y la falta de sentido común de otros. La verdad es que es un tema peliagudo y desde el verano pasado navegan por la red docenas de tickets de indignados por sentirse atracados a mano armada (en muchos caso no me sorprende).

Hoy os traigo buenas noticias, se puede ir de pintxos y de cervecitas con la tranquilidad de saber que a 10€ se le puede sacar un partido impresionante, más de lo que te puedas imaginar. De la mano de Keler podemos disfrutar del 3 al 12 de junio y con la participación de mas de 30 locales donostiarras, de cuatro pintxos y dos cervezas Keler de 33cl.

Ensaladilla del Bar Ezkurra

No está mal la oferta, además esta 5ª edición y el conocimiento de cómo han funcionado las anteriores, hacen que la confianza en el buen hacer de los hosteleros está asegurado. No queda ahí la cosa, además de poder alegrar estómago y mente podemos juzgar y poner en valor nuestra opinión votando a los mejores pintxos. El jurado seremos nosotros y este voto hará que formemos parte de un sorteo para una cena en Arzak.

Si todo lo que os he contado no es suficiente para que estéis deseando ir a tomar una Keler fresquita con unos buenos pintxos meteros en en  la página de Facebook de Gastronosfera y haceros a la idea de todo lo que podéis disfrutar.

Ostras de Kata4

Esta gente de Keler y muchos hosteleros donostiarras marcan casi el inicio del verano y el fin de la operación bikini, porque señoras y señores no creo que una lechuga pueda poner la misma sonrisa en tu boca como lo puede hacer una cerveza fresca, buena comida y sobre todo buena compañía, esto último lo tienes que poner tú. No debe ser mala cosa cuando en anteriores ediciones unas 12000 personas han participado de una de las cosas que mejor sabemos hacer los vascos, comer, beber y disfrutar.

Pulpo del Mesón Martin

Coged el catálogo y organizaros una ruta, o varias que hay mucho para probar y para disfrutar. Delimitado en tres zonas como el Centro (San Marcial, Bar rojo y negro, Iombi, Kata 4, Boulevard y mesón Martín), Gros (Zinema korner, Vinorelas Wine shop, la piazzeta, ama-lur, bodega donostiarra, café kursaal, ramuntxo berri, Tomás Gros, ViuraII, Txartela, Motoclub, Gaztelutxiki, restaurante Khaki Campbell, the Caledonian, Senra, Ezkurra y Bar Oscar) y Parte Vieja (Ambigú, Sport, Bokado San Telmo, Txuleta, Txoko, Etxaniz y Dakara bi), la oferta es variada y muy atractiva.

Vinagres de la Bodega Donostiarra

Así de interesante empieza el mes de junio para ir abriendo boca y ponernos nerviosos por la proximidad de la época estival. Se me olvidaba, para los frikis (no se sientan ofendidos que yo soy una de ellas)que les guste sacar fotos de lo que comen y compartirlo en redes sociales también tendrán premio. Beban coman y disfruten que la vida pesa demasiado como para no quitarse la mochila de vez en cuando.

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Hostelería para mujeres. Un vino por nosotras.

Llevo un tiempo pensando en este tema. ¿Tiene  las mujeres un espacio concreto dentro del mundo de la hostelería? No he formulado bien la pregunta, ¿hay locales exclusivos y pensados para mujeres? Me lo pregunto además en uno tiempo que la diferencia de género está empezando a ser una brecha en la sociedad. Una no sale mucho la verdad pero si que de vez en cuando puede coger con ganas una cena de chicas, con sus confidencias, sus risas cómplices y ese colegeo y camaraderia que entre nosotras también existe. Nos rodea un “conflicto” entre ellos y ellas, los problemas siempre son los mismos pero con diferentes nombres. Los oyes aquí y allá, todo tipo de estereotipos se sirven en bandeja de plata como si tuviera que ser así por que ya está servido o por decreto ley de un partido con mayoría absoluta

Lo veo en mi ciudad, creo que en un lugar como el País Vasco donde ellos tienen su habitat natural, las sociedades gastronómicas, nosotras empezamos a encontrar el nuestro. Lo veo, lo siento y lo vivo. Locales pensados para nosotras, que no se confundan, no pone ningún prohibido hombres ni nada parecido, no hace falta por que se nota, se intuye y al final es.

Nosotras caminamos hacia delante, tenemos que cambiar para que ellos y la sociedad se den cuenta de que este cambio es inevitable, que ni tan siquiera se pueda nadie plantear esto como un pataleta sino como algo que llega para quedarse.

Campofrío ha vuelto a dar en el clavo y su anuncio a parte de tener la esencia de lo que expongo en este post es sincero, directo y sobre todo real.

Deliciosa Calma

Deliciosa Calma de Pavofrío. Anuncio de Campofrio.

Siempre preocupadas por todo como si el mundo fuera a dejar de girar por que nosotras paremos a tomarnos un vino. Como si ellos, desde su cómoda y educacional posición, fueran tontos, mancos o incapaces de asimilar que el vino se hizo para todos como una bebida divina que hace que la risa salga mas fácil y la sinceridad sea la única forma de conversación.

Somos diferentes, faltaría más, pero esa diferencia sólo nos tendría que llevar a pedir blanco o tinto, gustarnos más los platos decorados o un chuletón sobre una tabla de madera, un vino en vaso o en copa (en copa siempre, el glamour no hay que perderlo nunca). La diferencia no tendría que ser un peso a la espalda de presión social por estar siempre perfectas, por tener siempre la responsabilidad de niños, casa, compra, estereotipos, maternidad, vida sentimental, laboral y todas esas cosas que se nos exige como si nosotras no pudiéramos ni plantearnos que quizás no queramos casarnos, ni nuestro sueño sea encontrar el marido perfecto, tener muchos hijos y una casa muy grande para limpiar. No creo que el estar siempre perfectas sea sano por que a veces tenemos ojeras o sí, hemos engordado por que hemos comido y bebido con alegría. Ellos echan cupelita, “¡ay esas cervecitas!” pero nosotras no llegamos a la operación bikini.

foto de lariojana.com

Por no ponernos a hablar de la legalidad, de esas parte en la que en este santo país ser madre y trabajadora es como pensar que hay vida en otros planetas (debe haberla sí pero ni puta idea). Queremos que las mujeres tengan hijos pero luego ahí se las apañen como buenamente puedan, al fin y al cabo siempre lo han hecho (mi abuela trabajaba más que mi abuelo aunque ella fuera ese sexo débil que alguien algún día se le ocurrió colgarnoslo en un cartelito a modo de cencerro). Ser mujer y tener que demostrar más para cobrar menos, que nos hayamos acostumbrado no quiere decir que ésto no tenga que cambiar.

Avanzamos aunque sea poco a poco y somos capaces de pintarnos el ojo y dejar a los niños con él para irnos a tomar unos vinos, somos capaces de mirar a otro lado cuando vemos a alguno salir de la caverna, incluso somos capaces de reírnos de ello por que sabemos que este tema tiene los días contados. Somos capaces de vivir sin darle más importancia. Podemos pedir una cerveza y él un refresco aunque siempre se le pondrá a él la cerveza sin preguntar, somos capaces de educar a ellas para que puedan sentirse libres y a ellos para que sepan que la libertad es cosa de todos.

Me gusta ver locales agradables donde nosotras (y ellos por qué no) encontremos nuestro espacio, para esos vinos y esas confidencias, para esos platos decorados o chuletones sobre tablas y esos mojitos, esos cócteles en copa con el glamour que nos merecemos. El mundo tiene que cambiar, al menos el nuestro cercano, somos muchas, demasiadas para que la marea pueda con nosotras.

 

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La alimentación como asignatura

Ayer mi hija una vez más expuso a la hora de la cena sus quejas sobre la comida del comedor del colegio. En su día escribí el artículo ¿Sabemos lo que comen nuestros hijos en el colegio? (enlace del post), realmente lo escribí por mi preocupación de esas cinco comidas semanales que hacen cientos de escolares todas las semanas. He de decir dos cosas que ocurrieron después de escribir éste artículo que os cuento, la empresa que nombro se puso en contacto conmigo para enseñarme cómo trabajaban, poco pude ver porque a la hora que me citaron ya habían cocina absolutamente todo. Todo muy limpio y muy recogido eso si. Las explicaciones de ciertas especies de pescado, por ejemplo, no fueron para mi demasiado convincentes. También tengo que decir que otras si las entendí y valoré.

Lo hablo en el patio del colegio a las cinco y es verdad que la mayoría nos preocupamos por las “mates” o como va en inglés, pero qué han comido y cómo lo han comido para la mayoría de los progenitores es secundario. En su día me plantee solicitar comer un día con mi hija en el colegio pero después de tocar las puertas oportunas no fué posible. Ahí, con ellos sería la mejor manera de contaros qué se come y cómo trascurre ese momento que es compartir mesa. Eso si, tengo aleccionada a mi pequeñaja para que analice, saboree y si es necesario se queje de lo que ella considere oportuno. A veces por ser pequeños no se les tiene en cuenta, mi hija si es capaz de valorar si algo está salado, muy cocinado o si sabe a algo que no debería saber, para eso comparto cocina con ella en mi casa.

Imagen de Diariocompostela.es

En esta última valoración voy a argumentar este tema de la alimentación como asignatura. Primero me he ido a rastrear las redes y leer sobre lo que todos intuimos. La OMS prevé que la tasa de obesidad infantil casi se duplique en 10 años. En España el 67% de los niños tiene sobrepeso y el 8,94% son obesos. Esto a niveles ya no pido humanos, porque esa parte la clase política de este país hace mucho que lo ha perdido, pero a niveles económicos que es lo que realmente importa a los mandatarios, puede subir el coste de la seguridad social en un alto porcentaje. La gran responsabilidad, quitando la carga genética (esto ya es cuestión de suerte), es nuestra, de los padres, de los adultos que nos hacemos cargo de la alimentación de ellos.

En muchas ocasiones hablo con progenitores de esos pequeños seres, sobre qué pescado comprar, qué está de temporada o cómo cocinar algún alimento en concreto. En el caso de los pescados el desconocimiento ya no solo es de qué especie es cada una sino de valorar qué pinta tiene que tener un pescado fresco, que variable de precios y cuándo son las temporadas. Cómo cocinarlos ya sería el último paso. Pasa con las verduras, hay para muchos grandes desconocidas, si lo son para nosotros está claro que en rara ocasión haremos que nuestros peques las prueben. Lo veo en mi pequeñaja, la información siempre juega a nuestro favor, desde hablarles de los beneficios de ciertos alimentos o formas de alimentarse hasta llevártelos al mercado para que se vayan familiarizando con pescados, carnes, verduras y todo tipo de alimentos tan necesarios para que crezcan sanos.  El colofón ya seria ponerles un delantal y cocinar con ellos, pero no magdalenas o galletas que también pero darle a las verduras y ese tipo de alimentos que no siendo tan divertidos podemos que de esta manera el niño o niña en cuestión le de una oportunidad.

En mi casa siempre funcionó el cuento de Los arbolitos que nos ayudan a que nos crezcan las ramas (brócoli), Las zanahorias que un día quisieron ser naranjas y El secreto que esconden las berenjenas. Todo esta en nuestra mano y cómo se que muchos ni tenéis tiempo, ni ganas o tenéis falta de conocimientos y viendo que este está empezando a ser un problema muy serio creo que habría que darle cabida a la alimentación en los colegios. No se qué puerta habría que tocar, que corazoncito sensibilizado con este tema desde instituciones como Gobierno vasco habría que encontrar, lo que si se es que ellos tiene que aprender que para crecer, vivir y disfrutar hay que saber comer. Que para estudiar hay que estar bien alimentado y que todo lo que aprendan ahora, degusten y saboreen estará en su base de datos de por vida. No sólo de matemáticas vive el hombre ni la mujer.

 

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¿Está Donostia preparada para la cocina internacional?

Nos gusta la cocina, la mesa y el buen comer en ésta ciudad, no me cabe la menor duda. Además somos comensales exigentes y estamos puestos en lo último, en clasicísmo y vanguardia. Nos hacemos los expertos, incluso nos gusta alardear de los productos que somos capaces de conseguir. La autenticidad de lo que comemos, dónde compramos e incluiso cómo lo cocinamos. Nos gusta ser una tierra dónde el disfrute de la cocina incluso se interioriza mucho antes que en otros muchos sitios. La gastronomía ha llegado hasta hacerse un hueco en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, por no decir que el congreso Gastronomika es con toda probabilidad el mejor en el panorama internacional. Recuerdo siendo adolescente como nos retábamos en la *cuadrilla (*dícese de ese grupo de personas que comparten amistad, vaso de cerveza, charla, fútbol o lo que haga falta pero siempre con ese toque a familia, a familia de la que se escoge) cada vez que hacíamos una cena, no valía cualquier cosa comprada en el supermercado. Cuándo en nuestra mesa se sentaban invitados venidos de otros lugares no daban crédito que no sucumbiéramos a pizzas y demás alimentos más habituales en esas edades. Gracias a esto hemos ganado en charlas al calor de los fogones, intercambio de recetas y he de confesar que gracias a estas cenas y a estos platos compartidos una servidora terminó siendo bloggera.

Tánto nos gusta la cocina y los buenos manjares que hay algo que siempre ronda mi cabeza. He estado estos días de congreso intentado recordar cuántos restaurantes de cocina internacional ha podido haber en Donostia las últimas dos décadas, San Google no tiene mucha idea y de lo poco que he conseguido recordar  e incluso preguntar a ciudadanos de buen comer que me he encontrado estos días por el Kursaal la información es mínima. Recuerdo siendo bien pequeña un hindú situado cerca de la plaza Easo, lo recuerdo como un libanés que tan solo duró unos meses, un mejicano en la parte Vieja donostiarra, un alemán situado en el barrio de Gros, un argentino en el centro y así hasta unos cuantos locales de restauración de cocina internacional que no han tenido un hueco en esta ciudad que disfruta casi como ninguna de su gastronomía. Me hace pensar que quizás nos gusta nuestra gastronomía, que quizás para lo demás tan sólo le damos la mínima oportunidad y esa mínima oportunidad se reduce a ir una o dos veces a un local dónde no te sirvan comida tradicional de aqui.

Choribao de Estanis Carenzo

No pasamos del chino de toda la vida o japonés,que si que tengo que dar la razón a los que ahora estaréis pensando que con la moda del sushi, ramén y demás manjares asiáticos unos pocos se han hecho hueco entre los locales de la ciudad, y del italiano que su mayor riesgo es echar rúcula a la pizza una vez horneada. Este tema no se queda sólo en el tema de los restaurantes, se hace casi imposible acceder a ciertos ingredientes que facilmente se pueden encontrar en otras ciudades. No hace falta que busques nada complicado, con que quiereas unas flores de calbacín en Donostia estás fastidiado.

Rapán de Vladimir Mukhin

No es que me de pena porque lo que el cliente pone o quita es totalmente lícito, por eso soporto ese horrible Mc. Donalds en pleno Boulevard. Este último lo podríamos considerar cocina internacional porque adiósgracias su “comida” no tiene mucho que ver con nuestra tierra.

Me parece curioso que tan abiertos que somos para poder sostener tanto local de restauración con o sin estrellas de esas tan famosas siendo arriesgados y capaces de fusionar cocinas de diferentes paises no seamos capaces de soportar un restaurante ruso, indú, alemán o de dónde sea que quieran venir.

Cada vez que me ponen un choribao como el de Estanis Carenzo (argentino), un rapán de Vladimir Mukhin (Rusia), cada vez que siento la fortuna de poder degustar platos de otros paises me asalta la pregunta, ¿está Donostia preparada para la cocina internacional?

 

 

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El verano de los tickets

Con el inicio del cole el verano va llegando a su fín, éste ha sido un verano que marcará un antes y un después en nuestra ciudad. La lectura es clara y el agobio al andar por ciertas zonas de Donostia también. No recuerdo notar esa necesidad de no ir a ciertos lugares por el tumulto de visitantes, grupos de japoneses, estadounidenses y demás nacionalidades que pueblan este planeta loco, seguir a un guía con paraguas en alto es algo que no había vivido en mi ciudad. Estaréis pensando que esto es bueno para una lugar turístico y que seguramente hay un amplio sector hostelero y comerciante que están encantados de la vida. No lo pongo en duda y me alegro por todos esos ingresos extras que tienen muchos de los taberneros, lo que no me alegro tanto es por ese frote de patitas al mas estilo mosca que se han marcado mas de unos cuantos. Cuando el número de incautos sube también lo hacen los que se creen con la “libertad” de dejar el buen trato a un lado y les da alas para hacer de su tabla de precios una manera de timar a la nueva clientela y lo que es peor, a la clientela habitual, ésa que cuando las hordas de turistas se vayan son los que irán a sus establecimientos.

La época estival empezó con un ticket que todos conocemos. El Bar Ambrosio ha dado para mil chistes y memés pero no ha sido el único que ha naufragado en su intento de engañar a pobres incautos.  Esa factura abrió la puerta y dió alas a una clientela que se ve mas segura mostrando sus quejas en sus redes sociales, escondidos en sus cuevas en vez de plantar cara a los jetas y cara duras. Está claro que esa inocente foto, esa llamada de atención llegó lejos y creó cátedra. El verano ha estado plagado de proclamas en contra de los que se creen capaces de robar caña en mano, y no caña de pescar sino de esas que en la mayoría de los sitios no saben ni tirar, ni tan siquiera nosotros sabemos pedirlas porque la caña de bar en bar fluctua más que el Ibex35. La verdad es que este no tiene intención de ser un post de paredón, ni tan siquiera hoy es el día de abrir la caja de Pandora pero si de hacer un resumen del primer verano del boom turístico, de esa sensación de tener que pedir con un deje vasco en los bares para no sentirse timado.

Tickets mejores y peores. Una pincelada del verano que hemos vivido.

He ido una media docena de veces a la Parte Vieja donostiarra, he ido y todas ellas he salido con la sensación de no reconocer un  lugar muy apreciado por mi. Quizás una deba darse cuenta de que tarde o temprano esto iba a pasar, que una ciudad como la nuestra no se puede quedar al margen de esas listas de famosas publicaciones que nos ponen en el punto de mira, en el disparadero turístico. Está claro que de este verano en adelante todo irá a más y que esas avalanchas humanas cámara de fotos en mano y plato de pinchos cobrados antes de la cuenta irá in crescendo.

He vivido todo tipo de experiencias hosteleras estos meses, algunas malas, otras caras y menos mal muchas agradables y honestas. Recordaré el agradecimiento de una camarera de un famoso restaurante de la Parte Vieja por atender por fin (literal) a gente de aqui. La cara de amargura de otra de otro muy conocido lugar cuando la mesa de al lado nuestro pidió ketchup para comer con su chuleta y lo peor que me llevo es el pagar por comer un pincho malo en un plato sucio. Ésta última experiencia es la que me hizo no volver a pisar la Parte Vieja, muy a mi pesar, tan solo para ir al mercado y a mi pescadería favorita.

 

 


Plato sucio en el Galtxagorri. Ni bebí vino ni comí mahonesa.

 

 

 

 

 

Volveré por Octubre a darles una segunda oportunidad y me la jugaré a que me cobren los hielos de un café, una caña a mas de tres euros o una croqueta a dos cincuenta. Un día hablaremos de ello, hablaremos largo y tendido del abuso en forma de pincho de chatka sobre pan malo o la audacia de unos cuantos de cobrar por estar en un lugar concreto o de formar parte de ese postureo que ya nos hace famosos. Hablaremos del porqué de una croqueta congelada a precio de foie o porqué los rissotos son ese riesgo añadido del cual una nunca desiste en encontrar algo tan auténtico como ese que mis papilas gustativas guardan en la memoria desde mi última visita a Italia. También hablaremos de los lugares mas alejados del tumulto que he descubierto, lugares nuevos para mi, muy recomendables y auténticos. El otoño es largo, os iré contando.

Seguid compartiendo en vuestras redes sociales por que parece que para algunos el cara a cara de toda la vida no les hace caer del guindo y allí arriba se siguen frotando las patitas como esas moscas molestas del verano.

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