Internet en la tele, o la tele en internet

El pasado lunes tuve la ocasión de participar en la jornada Going Local de la Comisión Europea, en una interesante mesa redonda sobre la convergencia entre TV e Internet. Junto con la parlamentaria europea Izaskun Bilbao, la directora de la unidad de convergencia de medios de la Unión Europea Lorena Boix, Lontzo Sainz de EITB, José Luis García López de la SETSI y Helena Cebrián de la Asociación de Usuarios de Medios de Madrid, tratamos de exponer los principales retos que plantea la progresiva convergencia de medios que se está produciendo en el ámbito audiovisual.

Retos profundos y complejos que merece la pena acometer ahora que la parte de la tarta que representa el mercado audiovisual online es aún pequeña, aunque se encuentra en plena aceleración. Los datos apuntan a que el mercado de películas y series vía Internet tuvo un tamaño en Europa de 364M de euros en 2011, lo que representó un pequeño aún 3,8% sobre el total del mercado audiovisual, pero creciendo casi un 42% respecto a 2010. En 2012 el crecimiento se ha acelerado de forma importante, y al mismo tiempo las proyecciones auguran un importante aumento de usuarios de vídeo online en todo el mundo, pasando de los 792M de consumidores en 2011 a los 1.500M en 2016.

Actualmente existen regulaciones distintas para TV y radio por un lado, e Internet por el otro, debido al mayor control y capacidad de elección que el usuario tiene sobre los servicios accedidos a través de Internet, lo que motiva una legislación menos estricta en este caso. Sin embargo, por la propia evolución de la tecnología y los hábitos de consumo y visionado, ambos tipos de servicios convergen y compiten cada vez más en la misma pantalla, a veces incluso ofreciendo por dos canales de distribución un mismo contenido, y frecuentemente con destino al mismo público objetivo. Así, ya hoy existe una creciente gama de servicios audiovisuales ofrecidos desde televisores conectados a Internet (según algunos estudios un tercio de los hogares dispondrán de uno en 2017), servicios OTT (Over The Top) a través de decodificador (como Netflix o Hulu), o directamente accesibles en Internet desde nuestro ordenador o dispositivos móviles, con un tipo de consumidor cada vez más multidispositivo e interactivo.

Esto da pie a que nos planteemos preguntas, como suele decirse, de “pantalón largo”. ¿Se justifica que el nivel normativo siga siendo diferente? ¿Qué distintos tipos de prestadores de servicios y contenidos audiovisuales deben estar sujetos a la regulación? ¿Se puede verdaderamente regular Internet? ¿Cómo gestionar el hecho de que muchos proveedores OTT (Over The Top) sean de terceros países y al no estar establecidos en Europa resulte difícil regularlos? Y si bajamos aún más al detalle, ¿cómo debe ser el marco normativo que asegure una adecuada gestión y desarrollo de aspectos tan sensibles como el pluralismo de los medios, la libre circulación de contenidos, la diversidad cultural, la protección del consumidor especialmente en lo relativo a datos personales, los contenidos publicitarios, la interoperabilidad (entre normas de radiodifusión + TIC + telecomunicaciones), los derechos de autor o la fiscalidad?

Definitivamente, no existe respuesta sencilla para preguntas tan complejas. Cabe exigir a los legisladores y a los organismos que regulan el mercado que realicen un trabajo tan anticipatorio y eficiente como sea posible en este terreno.

Si contemplamos esta convergencia desde el punto de vista de los modelos de negocio, creo que podemos decir sin miedo a equivocarnos que las oportunidades para nuestras empresas son tan grandes como las amenazas. Si hablamos de las primeras, la no existencia de fronteras para la prestación de servicios audiovisuales puede permitir el desarrollo de modelos de economía de escala. Se producirá también una mayor  necesidad de anchos de banda e infraestructuras, y existirá un terreno fértil para la innovación en productos, servicios, dispositivos y nuevos contenidos. En la vertiente de las amenazas destacaría dos: la primera, que el fragmentado mercado europeo quede a merced de las empresas estadounidenses, no preocupadas por “banalidades” tales como la diversidad de lenguas o la existencia de diferentes legislaciones; la segunda, que los reguladores del mercado y la competencia no logren reconducir el que importantes jugadores en este mercado (por ejemplo Youtube, ergo Google) disfruten de una posición dominante (50% del mercado publicitario online en España, es decir unos cuantos cientos de millones de euros, ó 95% de cuota de búsquedas), pagando impuestos en Irlanda.

Creo que merece una especial mención lo relativo a la protección de los menores en este nuevo panorama audiovisual convergente. Parece clara la necesidad de unos criterios de clasificación y calificación de contenidos audiovisuales comunes, al estilo de lo que ya se hizo en el campo de los videojuegos con PEGI (Pan European Game Information), un sistema de clasificación por edades para ayudar a los padres a elegir los juegos de ordenador más apropiados para sus hijos.

Termino este post recordando que desde el nacimiento de la primera estación de radio de carácter regular, la 8MK de Detroit en 1920, hemos visto transformarse aquel salón de casa en el que la familia se reunía en torno a una radio, en uno en el que el padre ve un espectáculo deportivo en la televisión, al tiempo que la madre organiza el próximo viaje familiar en su portátil, mientras el hijo mayor ve su serie favorita en un tablet y la pequeña de la casa ve vídeos, fotos y comentarios de sus amigas en una red social. Dejo una pregunta en el aire: ¿volverá a reunirse la familia en torno a una pantalla como consecuencia de la convergencia entre televisión e internet? 

 

¿Por qué STARTinnova?

A veces tengo sensaciones encontradas sobre el emprendimiento. Diría que se ha convertido en una especie de lugar común, un mantra como ya lo fue el de la innovación, siguiendo esa característica tan propia de nuestra forma de ser que nos hace creer que si repetimos muchas veces una palabra acaba por convertirse en realidad el concepto subyacente. Nada más lejos de la realidad: la construcción de una sociedad emprendedora requiere de mucho más foco, de mucha más inversión, de mucha más reforma estructural en ámbitos clave como la Universidad, o de mucha más coordinación entre agentes de lo que hasta la fecha hemos sido capaces de poner en funcionamiento, por citar algunos de los aspectos clave. Además de tiempo, claro está. Bastante tiempo.

Sin embargo, creo que uno de los ámbitos más productivos en los que podemos actuar con independencia (o incluso a pesar) de lo mencionado en el párrafo anterior es el de los jóvenes en edad escolar. Sembrar en ellos la inquietud por desarrollar sus propias ideas y proyectos es un trabajo con retorno social indudable, tanto si se ven abocados a ello como consecuencia de no poder incorporarse al mundo laboral por cuenta ajena, como si lo hacen por propia inquietud y convencimiento. Creo que nos falta dar ese paso: incorporar el impulso de comportamientos emprendedores en el tejido escolar, de manera que esos chicos y chicas puedan decidir poner en marcha sus propias empresas cuando les llegue el momento de tomar una decisión sobre su futuro profesional. Y eso pretende en definitiva STARTinnova, iniciativa que hemos lanzado hoy.

Como las cosas raramente se producen porque sí, hay que decir que llevábamos bastantes años trabajando en el fomento de valores en nuestra juventud, mediante iniciativas como Klik eta Klik/Navegando Juntos, que debutó en el año 2003 para sembrar en cerca de 20.000 jóvenes de 14-15 años la preocupación por los problemas sociales de su entorno, el trabajo en equipo, el espíritu crítico y la necesidad de contrastar distintas fuentes de información, o la necesidad de confiar en su propia visión para tratar de mejorar las cosas. A raíz del brutal impacto de la crisis y dada la composición de nuestro tejido empresarial, con una mayoría de pequeñas empresas de menos de 10 trabajadores que generan una parte muy sustancial del empleo, comenzamos a trabajar en el fomento de comportamientos emprendedores (fantástico concepto que aprendí de Paul San Sebastián de Innovandis), tanto en Klik eta Klik como a través de iniciativas como Optimismo Digital, la competición de startups tecnológicas del #CICD, o dando visibilidad a emprendedores jóvenes y sus proyectos, como es el caso de Txomin Jauregi y Deskontu, Ainhoa Lete y Donewtech, Jesús de la Fuente y Graphenea, Goio Telletxea y Ana Malagón de La Personnalité, Imanol Abad y Trourist, o Félix Vela e Israel Rondón de Forvo, entre otros. Y desde luego, tratando de llevar a cabo también una labor aglutinadora de los distintos agentes que están trabajando para, cada uno desde su óptica y con sus herramientas, forjar una generación de jóvenes emprendedores.

STARTinnova es el paso natural resultado de todo ello, paso dado con la ayuda y complicidad de la Universidad del País Vasco y de Tknika, así como con el impulso de la patronal guipuzcoana ADEGI y de la empresa Fagor. De momento 130 chicos y chicas de 16-17 años participarán en la primera edición que arranca mañana, espero que –si lo hacemos bien y aporta valor- dentro de poco no sean un centenar sino miles de futuros emprendedores.

Recordando a Vint Cerf y sus consejos para Gipuzkoa

En 2009 tuve la inmensa suerte de lograr que Vint Cerf, gran profesional y mejor persona, padre de internet y vicepresidente de Google, hiciese un hueco en su agenda para participar en los premios diariovasco.com reflexionando sobre las oportunidades que ofrece la red a regiones pequeñas como Gipuzkoa. En estos tiempos difíciles en los que a veces es necesario recordar que las crisis también son períodos de oportunidades, uno vuelve a encontrar inspiración en este video con su intervención (en inglés). Desde aquí un saludo para él y para su encantadora esposa Sigrid.

Diario Vasco

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