Cuando miles de personas se ponen de acuerdo para regalar tiempo

16:15 de hoy. Un día normal, si es que alguno lo es. Suena el teléfono. Un número rarísimo que no conozco. Descuelgo.

- ¿Sí? ¿Quién es?

Ruido eléctrico. No consigo oir nada inteligible al otro lado.

- ¿A ver? ¿Quién es?

Suena un chasquido y parece que la conexión mejora algo, pero sigue habiendo un ruido de fondo terriblemente molesto.

- ¿…ñi..go? ¿E….s tú?

- Emmmm… Sí, soy yo. Pero escucha, te oigo fatal. Se entrecorta. ¿Quién eres?

- S…. …ben. ¿… yes? – alcanzo a entender.

- Oye, mira, no se oye nada bien. No me aparece en el móvil quién eres y no se entiende nada… ¿Te parece que hablemos en otro momento?

De repente, el ruido eléctrico desaparece y puedo oir con total claridad.

- ¡Iñigo! ¿No me oyes? Soy Rubén, te llamo desde Nueva York.

- ¡Rubén! ¡Ahora te oigo bien!

Rubén es Rubén Aparici, padre de Jan. Algunos/as ya sabéis quienes son, y para quienes no, os los presento.

- ¡Iñigo! ¡Lo has logrado! ¡Lo hemos logrado!

- ¿Qué?

- ¡He firmado! ¡Lo has hecho!

- Rubén, ¿qué…? – no entendía nada, o más bien no quería, no podía, asimilar lo que en el fondo sabía que Rubén estaba diciendo.

- ¡Iñigo! ¡He vendido parte de la compañía! ¡A uno de los contactos que me proporcionaste en respuesta al post que publicaste!

- ¡Rubén, no me jodas! ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Qué me estás contando?

- ¡Sí! He vendido una participación por la cantidad que necesitábamos para cubrir la minuta del Memorial, Iñigo. Jan está dentro del programa, va a comenzar un tratamiento que va a durar seis semanas y después continuaremos en Barcelona. Nos dan un pronóstico esperanzador.

No es fácil describir con palabras la conversación subsiguiente. Emoción, palabras a trompicones, risas, lágrimas, incredulidad, fe… Por lo tanto, no lo intentaré siquiera. Pero sí os diré que cuando he colgado, y tras decirle a Axun, mi mujer, que lo habíamos conseguido, he ido a mi habitación, me he encerrado en el cuarto de baño, y he llorado como un crío. De alegría por Rubén y Jan, pero también de esperanza por lo que somos capaces de conseguir si lo hacemos juntos.

(Axun, gracias por ese abrazo cómplice y en silencio).

Hace exactamente 15 días publiqué en este blog un post contándoos quiénes son Rubén y Jan. Os contaba que están en apuros y que necesitaban que les echáramos un cable. Un cable rápido porque si algo no tienen es tiempo. El tiempo es lo único que nadie te puede devolver, por eso es tan valioso. Por eso no debemos vivir nuestra vida como si lleváramos otra por estrenar en la maleta.

Hace exactamente 15 días publiqué un tuit animando a quien se sintiera concernido por la situación de Rubén a retuitear el post, a hacerlo llegar a la mayor cantidad posible de personas, a lanzarlo fuerte y rápido por la red. La red, ese sitio en el que tras cada nick, tras cada avatar, hay una persona que vive, muere, ríe, llora, ama, odia, duerme y se despierta. También lo envié directamente a algunos buenos amigos y amigas con un porrón de followers que amablemente se hicieron eco.

Los días siguientes fueron increíbles. Yo estaba terminando mis vacaciones en el Alt Empordá, y no podía levantar los ojos de la pantalla. Mi mujer, habitualmente crítica -con razón, cariño- con mi vicio con las pantallitas, tampoco. Cientos de retuits, miles de visitas al post. Rápidamente varios emails de personas interesadas en conocer información detallada de la compañía de Rubén. A los pocos días dos interesados en firme. 15 días después, un comprador.

Este post es sobre todo un agradecimiento a todo aquel que se implicó. Que no pasó. Que decidió hacer un simple gesto. Lo habéis conseguido, habéis ganado la guerra. Y Rubén y Jan, gracias a ello, han ganado una batalla. Les habéis regalado tiempo.

Y este post es también una llamada de atención sobre el enorme poder de la acción colectiva, del espíritu cívico puesto a funcionar en red. Aviso a navegantes. En unos tiempos plagados de #vamos, #podemos y #aporellos, es la demostración palpable de que es cierto, de que si olvidáramos todo lo que nos separa, lograríamos cualquier cosa gracias a lo que nos une.

Ante la imposibilidad de agradecer uno a uno los cientos de retuits y mensajes, millones de gracias desde aquí. Y un agradecimiento especial a mis amigos @yoriento, @gomezdelpozuelo, @andystalman, @abladias, @jazcarate y @loogic.

 

 

Cuando emprender se reduce a que tu hijo tiene cáncer

Estaba intercambiando con Borja Adsuara y Juanjo Azcárate unos tuits acerca de lo importante que es no planificar tanto la vida, sino vivirla intuitivamente, desde la emoción y, por qué no decirlo, la improvisación, cuando ha entrado en mi bandeja de entrada un email. “¡Hombre! ¡Rubén! ¡Cuánto tiempo!” he pensado al ver el remitente. Rubén es un joven emprendedor tecnológico catalán al que conocí hace ya una década, cuando él estaba poniendo en marcha una compañía de marketing de permisión llamada Consupermiso que posteriormente vendió a una multinacional. Yo estaba poniendo en marcha un servicio similar, y compartimos algunas reuniones tanto en Donostia como en su oficina de Barcelona. Rubén fue la primera persona que conocí que viajaba descargándose mapas y rutas a su PDA. Todo un friki hace 10 años. Tras vender Consupermiso fundó Mubiquo, una compañía de desarrollo de aplicaciones para dispositivos móviles que cuenta con un equipo de 35 personas y oficinas en Barcelona, Madrid, Murcia, Lisboa, y desde hace poco en San Francisco gracias a un programa del ICEX.

Tras la agradable sorpresa inicial, mis ojos se han detenido en el asunto del email. Un breve y lacónico “Jan” en una larga caja de texto preparada para albergar no menos de 100 caracteres me ha hecho tener un mal pálpito de forma instantánea. Ha sido como un alarido en 3 caracteres en medio de una enorme habitación vacía salvo por el eco rebotando en las paredes. Jan. ¿Qué es Jan? ¿Por qué siento que no me va a gustar saber qué es Jan?

Jan no es un qué. Es un quién. 8 años le contemplan. Jan es hijo de Rubén. La verdad es que se le parece un huevo, y es guapo el tío, aunque en estos casos se suele decir que es guapo porque ha salido a la madre. En la foto que me ha enviado Rubén, Jan aparece con una gorra de colorines calada hacia la derecha, y una camiseta marinera con rayas horizontales. Su media sonrisa resulta un tanto enigmática, casi como la de la Gioconda, y te mira a los ojos invitándote a salir corriendo con él para jugar un rato al fútbol, o para disfrutar juntos de un baño en la piscina.

Rubén me cuenta en su email que a Jan le detectaron un cáncer cerebral que han estado tratando en el Hospital San Juán de Dios de Barcelona, en principio con evolución positiva. Y digo en principio, porque ha tenido una recaída con metástasis y les han dicho que los tratamientos que pueden dispensarle en Barcelona no van a conseguir mejores resultados. A estas alturas del email yo ya estaba pensando en mis hijos y en lo que supone enfrentarse a una situación así. Imposible saberlo sin haberlo vivido en propias carnes, y tras haber dedicado cuatro años de mi vida a batallar contra el cáncer de mi primera mujer, desgraciadamente sin éxito, puedo hacerme una ligera idea. ¿Intuición? ¿Improvisación? ¿Cómo podría Rubén haber intuido algo así? No hagas muchos planes para la vida, porque la vida tiene planes para ti, suelo repetir a menudo. Y por si acaso se te olvida, un día cualquiera de agosto un email en tu bandeja de entrada parece susurrarte “¿Lo ves? Te lo dije.”

Afortunadamente, desde el Hospital San Juán de Dios les han puesto en contacto con otro centro en Nueva York, el Memorial Sloan-Kettering International Center, en el que al parecer disponen de un tratamiento monoclonal avanzado que podría obtener buenos resultados con Jan. Y hasta les han enviado la minuta: 950.000 dólares para empezar a hablar. Rubén, que conserva la mayoría de las acciones de su compañía, va a hacer lo que cualquier padre en su situación y con necesidad de liquidez inmediata haría: vender su empresa. Y me pide que le ayude a buscar comprador.

No conozco la empresa en profundidad ni he seguido en detalle su evolución, pero el balance de situación que Rubén me ha hecho llegar tiene buena pinta y la cuenta de resultados muestra una evolución positiva en los dos últimos ejercicios y una buena proyección en el ejercicio en curso. Trabajan para clientes como Shell (central en Holanda), Chicco (central en Italia), Nestlé (tanto en España como en París y Ginebra), Tous o Catalana Occidente, entre otras compañías. Exportan cerca del 80% de la cifra total de ventas y el crecimiento en ingresos y EBITDA habla de una compañía rentable que lo será aún más. Lo que estoy haciendo, aparte de contactar con amigos y conocidos empresarios que me consta que pueden tener interés en hacerse con una compañía con potencial en un mercado emergente y a buen precio, es hablaros de Rubén y de Jan movido por uno de los más elementales y primarios instintos humanos: el de la solidaridad. Porque nunca se sabe en qué esquina puede sonar la flauta, ni cuándo necesitarás que otros hagan lo mismo por ti.

La startup de Rubén se llama Jan, y es su más importante inversión así como su mayor legado. Necesita cerrar una ronda de financiación urgente. Si estás interesado/a en que te ponga en contacto con Rubén para que te envíe más información o conoces a alguien que pueda estarlo, por favor házmelo saber. Si te apetece difundir este post, también ayudará. Como mínimo, la historia de Rubén y Jan nos trae a la mente aquellas preguntas -viejas conocidas- que vuelven cada cierto tiempo:

¿En qué estoy invirtiendo mi vida?

¿Con quién la estoy compartiendo?

¿Vivo con la suficiente intensidad el presente?

¿Hago lo suficiente para demostrar a los míos que son lo más importante?

 

Fotografía de Jan, publicada con el permiso de su padre Rubén.

Fotografía de Jan, publicada con el permiso de su padre Rubén.

 

 

Hay vida después de Oferplan y el #CICD

Toca bloguear un poco tras muchas semanas sin hacerlo, sumergido primero en el lanzamiento de Oferplan y después preparando el III #CICD Congreso Internacional Ciudadanía Digital.

En el caso de Oferplan, llegábamos tarde a un terreno de juego saturado de plataformas que lo estaban haciendo bien. Deskontu, Deskontalia, Colectivia por este orden (omito otras cuatro o cinco plataformas menos relevantes) llevaban tiempo en el mercado y tocaba hacerlo muy bien para recuperar terreno perdido y aspirar al liderazgo en esta categoría. Tres meses después del lanzamiento, y tras un gran trabajo en equipo, puedo decir que estamos en cabeza del sector y que hemos recuperado con creces el terreno perdido. En el caso de algunas plataformas, hemos logrado reducir su tráfico a la mitad, en otros casos hemos forzado a la baja sus comisiones o hemos obligado a modificaciones en producto y calendarización de ofertas. Cuando tus competidores modifican su plan, es señal de que en algo estás acertando. Pero lo más relevante es que estamos ofreciendo un gran retorno al  merchant, de los mejores del mercado si no el mejor, no sólo en el rendimiento de cada oferta sino poniéndole en contacto también con clientela “nueva” que no había probado su producto o servicio.

Es muy destacable el gran trabajo en equipo desarrollado, con María Peña a la cabeza como responsable de producto, pero también con la máxima involucración de todo el equipo directivo de DV y de todas las áreas de la casa. Ahora, toca hacer tres cosas: mejorar, mejorar, mejorar.

El Congreso ha ido bien, con un crecimiento importante en relación con la edición 2012 y la sensación de que es posible seguir creciendo y aspirando a mayores cotas de calidad y ambición. Me llama la atención que por estos lares tenemos la idea de que un Congreso tiene que ser algo serio y ceremonioso. Ahí también hay espacio para planteamientos disruptivos. Por eso pongo una banda de jazz en el escenario junto a los ponentes, porque para mí este congreso es la suma de un montón de instrumentos (ponentes) que van, vienen, se mezclan, se pierden… para acabar dejando un mensaje compuesto por multiplicidad de enfoques, de matices, que apuntan en una misma dirección: transformación, cambio. Ha sido un lujo contar con Paul Mockapetris, Matt Barrie, Andy Stalman o Bruno Lanvin, figuras consagradas y ahora buenos amigos. O con Paco Polo, que en la semana de la presentación de Change.org España cogió un avión de forma intempestiva para demostrarme su amistad una vez más dando una gran conferencia. También ha habido sitio para grandes y agradables sorpresas como Garth Holsinger de Klout o Cristobal Cobo del Oxford Internet Institute. Haremos cosas juntos, seguro.

Me lo he pasado pipa, y he sufrido como un condenado para que todo saliera como estaba dibujado en mi cabeza. Ni que decir tiene que muchas cosas no salieron como estaba previsto y que hay margen para la mejora. Desde aquí mi agradecimiento a los comisarios Nacho de Pinedo, Fernando Polo, Maite Goñi, Alberto Ortiz de Zarate, Nacho Somalo y Alex Martín. Y al consejo asesor compuesto por Benjamín Lana, José Luis Pardos, Elena Gómez del Pozuelo y Daniel Innerarity. Como despedida para el post, os dejo una foto de un puñado de mentes conectadas disfrutando de la cena de bienvenida en el Palacio de Miramar de Donostia.

 

Diario Vasco

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