Diario Vasco
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Cambios versus estabilidad
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Ainhoa Cilveti | 04-04-2017 | 15:15

Vivimos en una sociedad en la que los cambios nos suponen un gran esfuerzo, aparte de hacernos sentir que nuestra vida se tambalea y que suponen el fin de una etapa, algo que no llevamos muy bien. Cualquier cambio nos produce estrés y sensación de pérdida del control de nuestras vidas, lo que nos lleva muchas veces a aferrarnos a lo que tenemos sin atrevernos a avanzar por miedo a que algo cambie, por lo tanto, a estancarnos. Sin embargo, hay otro tipo de sociedades, como puede ser la estadounidense en la que el cambio es algo natural, lo que les permite tener mucha más movilidad a lo largo de sus vidas, tanto geográficamente como a nivel afectivo.

A consecuencia de la crisis, muchos jóvenes se han visto “obligados” a desplazarse a otros países para poder acceder a un puesto de trabajo, o muchas veces a unas prácticas que les permitan tener experiencia laboral y en un futuro les ayude a encontrar un trabajo. Estas salidas se han vivido por parte de sus familiares como una contrariedad que origina que la familia tenga que separarse, y la separación se percibe como algo negativo. Es verdad, que no siempre esta salida obligada ha sido en casos de personas jóvenes, también se ha producido en padres/madres de familia que se han visto obligados a separarse de sus hijos para buscar un modo de alimentar a sus familias. Las separaciones cuando los hijos son pequeños no son recomendables, ya que estos necesitan tener cerca a sus padres, sin embargo, el que un hijo se vaya de casa a partir de una edad deberíamos considerarlo como un movimiento positivo, ya que va a ayudar a que el joven madure en un entorno diferente al suyo, y por tanto, se enriquezca a nivel personal y profesional de otras culturas y formas de trabajar. Entonces, ¿Qué nos lleva a ser tan negativos ante estas ventajas?

Nuestra cultura nos ha enseñado que estar unidos nos proporciona estabilidad emocional, nos hacemos emocionalmente fuertes con los nuestros, ya que nos apoyamos en la familia y en los amigos, frente al individualismo de otras sociedades más abiertas al cambio. Por lo tanto, no debemos pensar en qué tipo de sociedad es mejor que otra, sino en tomar la parte positiva de cada una y aunarlas para avanzar también como sociedad. Los cambios pueden ser buenos, y si los acompañamos del apoyo de nuestros seres queridos, van a resultarnos más fáciles de gestionar, por lo que estaremos más abiertos a cambiar y a probar nuevos retos.

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