Diario Vasco
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Vivir con estrés
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Ainhoa Cilveti | 19-09-2017 | 16:13

Vivir una situación de estrés es negativo por sí sola, ya que la tensión que se soporta es grande y hace que la persona se sienta mal en ese momento. Si este momento se alarga, si no se trata de vivir una situación de estrés, sino de padecerlo una larga temporada, o lo que es peor aún, acostumbrarse a vivir con él, no sólo nos perjudica en el entorno en el que lo padecemos, sino que trasladamos sus consecuencias a todos los aspectos de nuestra vida.stres_655x492

Cuando una persona padece durante mucho tiempo una situación de estrés termina de alguna manera habituándose a ella, pero esto no quiere decir que pueda soportarlo durante mucho tiempo sin padecer consecuencias posteriores o que el acostumbrarse indique que pueda soportarlo durante mucho tiempo. Llega un momento, que el cuerpo nos avisa de que la situación se está prolongando demasiado con signos de cansancio o padeciendo cualquier síntoma que perjudica a nuestra salud. Algunos de los síntomas más comunes suelen ser dolores musculares, de espalda, dolores de cabeza o insomnio. Sufrir estas consecuencias hace que aún nos resulte más difícil aguantar la situación de estrés, lo que se convierte en una espiral negativa de la que nos cuesta cada vez más salir.

 

Por otra parte, cuando llega el fin de semana o las vacaciones, el propio cansancio de soportar el estrés nos impide disfrutar de estos momentos ociosos plenamente, lo que suele llevarnos a encontrarnos más frustrados y no haber conseguido ni descansar bien ni desconectar. Para disfrutar adecuadamente de nuestro tiempo de descanso y divertimiento, debemos tener un mínimo de energía, y cuando alguien se encuentra durante mucho tiempo soportando niveles de estrés altos, se encuentra que no tiene fuerzas ni para divertirse.lidiar-con-el-estrs-735x400

 

Por lo tanto, tenemos que mantenernos muy firmes a la hora de aceptar vivir con estrés, ya que como he dicho al principio, no sólo nos afecta en esos momentos determinados, sino que va a ir extendiéndose y perjudicando todos los ámbitos de nuestra vida, incluso a aquellos que nos resultan agradables. La última decisión de cómo queremos vivir depende de nosotros, y aunque no siempre es fácil poder hacer lo que queremos debemos aprender a valorar lo que deseamos y defenderlo de forma contundente, ya que nuestro tiempo y la forma de vivirlo sólo depende de nosotros.

 

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